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martes, 5 de febrero de 2008

Realidad desigual
Desde hace un tiempo, quería escribir sobre cómo la cotidianidad en Venezuela se pinta de desigualdad, y la duda sobre si nos acostumbramos a esta realidad demencial que lucha por ser normal.
En psicología social, se habla de la “naturalización de la desigualdad” cuando el sujeto o grupo objeto del trato injusto lo asume como normal, como “natural”. El apartheid, por ejemplo, buscaba que las personas negras internalizaran como “normal” que se les discriminara, y asumieran que ser negro o negra era una condición para el infortunio porque "las cosas son así" o "es el destino".
La persona que naturaliza la desigualdad, asume que lo que le pasa -quedar en desventaja- por ejemplo, la discriminación de género cuando algunos dicen que Hillary Clinton no puede ser Presidente de EE.UU porque "el país no está preparado para ello", no tiene más explicación que una cualidad personal (ser mujer). La naturalización es cuando esta afirmación no se cuestiona, sino que se toma como una verdad. Algo parecido se quiso hacer en Venezuela con la “lista Tascón”: se buscó que las personas que firmaron, internalizaran como “normal” que fuesen discriminados o discriminadas, y luego botados o botadas de su trabajo, como algo “normal” por su condición de firmantes, por ejercer un derecho.
En síntesis, la naturalización de la desigualdad apela a una condición –una etiqueta que se coloca a una persona, negro, mujer, firmante, escuálido, hordas, marginal- y no a los derechos: todos y todas tienen derechos, al margen de su condición. Los que firmaron para el revocatorio son tan venezolanos y venezolanas como los que no firmaron. Los negros en Suráfrica tienen los mismos derechos que los blancos de Iowa. Quien naturaliza, busca crear una diferencia “artificial” y la trata de legitimar como algo “normal”: la raza, la religión, la forma de pensar, las ideas políticas, etc.

Pensé que soy uno de los varios que se queja de esta realidad desigual y demencial –el recurso de la “voz” del que habla Hirschmann, porque en Venezuela, la “salida” es difícil o inexistente, y al ver estas cosas a uno sólo le queda ser un "cascarrabias", que tiene que pelear casi todo el tiempo, porque las desigualdades se multiplican velozmente en el país- pero al leer un artículo de Adrián Liberman en El Nacional del día 28-1-08 titulado, “La vejación cotidiana”, en la que el autor reflexiona sobre lo que hay detrás de la mala atención, a partir de sendas experiencias en dos conocidos restaurantes de Caracas, entendí que somos muchos los que compartimos la inquietud. Afirma Liberman que, “La mala calidad en la prestación de servicios es una expresión sintomática de la desconsideración, de esa forma de violencia pequeñita, de baja intensidad pero continuada, que caracteriza mucho de nuestros intercambios”.
Argumenta Libermann que detrás de una mala atención, está implícita una cultura de jerarquías que deshumaniza al otro, mediante el comportamiento del “perdona vidas”. Se dirá que “siempre ha sido así en Venezuela”. Seguro. Sin embargo, a diferencia de otras épocas en donde una mala atención era interpretada de manera focalizada –la persona que presta mal un servicio- hoy tiene una interpretación diferente: la remitimos no sólo a un sitio o a un tipo de individuo en particular, sino a un contexto social más amplio, a una cultura, a un estilo que parece tener seguidores en el país. Del localismo, se pasa ahora a lo general, para colocar la interpretación de una acción que uno considera desconsiderada. Una primera interrogante es por qué este cambio, de una perspectiva individual, a una perspectiva más social; por qué ya no decimos, “qué le pasa a esta persona”, sino “qué pasa en este país”.
Todos seguramente tenemos historias de este tipo que contar, algunas más bizarras que las otras. En mi caso personal, desde correos-e de trabajo o personales que se envían, y que no son contestados, aunque lo requieren; hasta experiencias ilógicas con servicios públicos, que antes no era así: por ejemplo, con CANTV, el servicio de mensajes por contestadora, era cobrado en nuestra factura telefónica, pero nunca fue activado y menos usado. Tuvo que ser retirado –he aquí lo bizarro- porque la “nueva CANTV” nunca pudo solucionar el problema para hacer funcionar la contestadora. Después, al preguntar por el programa “Internet fácil”, informaron que no tienen las computadoras por la “alta demanda” -¿No es eso una expresión capitalista?- aunque estaban ofertando el programa. Luego, al solicitar el ABA por teléfono, no se pudo hacer la solicitud porque “el sistema no funciona”. Al ir a la oficina para hacer el pedimento, me informan no hay capacidad técnica para ABA en la zona en la que vivo. Me ofrecieron el ABA inalámbrico de Movilnet, pero....falta la instalación, después de superar diversos escollos en la solicitud. Lo que es un trámite sencillo, se ha convertido en un calvario. Estas historias son comunes, y siempre ha habido calvario. No obstante, el calvario de ahora me parece demencial. Algo como lo que uno interpreta cuando escucha al gobierno hablar sobre el desabastecimiento; "señores, sabemos que hay desabastecimiento, pero no nos importa" o "señores, el Seniat cerró 10 locales, pero no nos importa si se abren otros 10 para generar empleo e inversiones". Un nihilismo kitsch.
Así con otras cosas: antes, se llamaba a La Electricidad de Caracas, y con diligencia atendían cualquier solicitud de reparación de postes de alumbrado público. Siempre hago reportes porque la calidad de vida es un símbolo de ciudadanía -un símbolo de nuestro subdesarrollo es una urbanización lujosa, pero con casi todos los postes de luz malos- y siempre venían a acomodarlo. Hice un reporte de uno dañado, pero todavía sigue allí, a oscuras. Y eso que el Presidente de la empresa eléctrica vive en frente de mi casa. La urbanización donde vivimos, tiene un buen número de calles a oscuras, sin alumbrado público. El nuevo eslogan de La Electricidad de Caracas es “Iluminando el camino al socialismo”. Con que cumplan su tarea de mantenimiento del alumbrado para la gente, uno se conformaría, porque ni mil guris pueden iluminar a este socialismo.
Igual con Hidrocapital: cuando había un desborde de aguas negras, se llamaba al 0800POTABLE, y acudían los camiones llamados “vactor” o “bagres”, con rapidez y buena atención. Hidrocapital era una empresa con una alta calidad de servicio cuando se reportaban fallas, en la época de Jackeline Farías, hoy Presidenta de Movilnet. Hice una solicitud, y vinieron, pero no con esos camiones, sino unas personas con unas especies de tubos, para un trabajo más complejo. Un retroceso: de camiones a tubos, y ya los “vactor” no los he visto más en Caracas. Hace tiempo observé dos ¿Dónde estarán? ¿Dañados, o regalados a otro país, en función de nuestra misión que es salvar al mundo?
Así con otras situaciones: ir al mercado –calvario conocido por todos y todas- y la frustración que produce ver los estantes vacíos, junto a la zozobra al momento de comprar; o algunos bancos, que regresan a épocas superadas de congestionamiento y mala atención, con el famoso “no hay línea”, y las 10 taquillas de las que funcionan 3, pero en una la persona que atiende salió a verificar una información, en la otra está una persona que vino con los recibos de toda la oficina y ya tiene una hora en la taquilla, y en la que queda, con una inmensa cola porque es la que atiende.
No he terminado de procesar todas estas experiencias de desigualdad, cuando, con asombro, leo las palabras de Chávez dadas el día 4-2-08 en las que volvió a afirmar que las FARC son “un verdadero ejército”, y hasta llegó al extremo de decir que “tienen leyes que cumplen”.
Esta noticia me empujó definitivamente a teclear este artículo, porque esta cotidianidad desigual y demencial tiene su origen en las nuevas formas de desigualdad que ha creado directamente o estimulado indirectamente el gobierno, con sus políticas públicas.
No me refiero a las desigualdades políticas –como la vergonzosa “lista Tascón” ya mencionada, cuyo autor busca ser premiado con la Alcaldía de Libertador- sino a desigualdades menos visibles, más cotidianas, que parecen “cosas naturales” o “normales”, pero que igualmente tienen el mismo efecto que todas las desigualdades: excluyen y crean jerarquías que anulan derechos, y hacen más difícil la vida de quien sufre la desigualdad, porque son estigmatizados o estigmatizadas. Podría decirse que la Venezuela de hoy, es la Venezuela de los estigmas, y el gobierno se ha convertido en un promotor nato de desigualdades de todo tipo.

Algunas de ellas. Desde las más simples, como la "desigualdad automotriz" que se genera en la compra de vehículos, entre quienes pueden y quieran pagar unos “accesorios”, y entre quienes no puedan o no quieran hacerlo. Entre aquellos que desean adquirir un vehículo de “Venezuela móvil”, y quienes puedan acceder a otros modelos; la "desigualdad televisiva" entre quienes tienen cable, y quienes no lo tienen, y no pueden ver a RCTV, por ejemplo, porque según Chávez, a TVES, nadie la ve; la "desigualdad cambiaria", entre quienes pueden acceder a dólares y quienes no; la “desigualdad cambiaria social”, porque al eliminar las terjetas pre-pago, los perjudicados son los sectores populares, no los sectores medios o altos que tienen sus tarjetas postpago; de la misma forma, al reducir el cupo en Internet de US$ 3.000 a US$ 400, se afecta a la clase media, que tenía este cupo como salida para la inflación; la “desigualdad de amistades”, entre quienes conocen a alguien en un comercio y quienes no, para conseguir algún producto escaso; la “desigualdad habitacional”, entre quienes pueden comprar una vivienda, y los que no pueden, pero tampoco les es accesible el alquiler por lo elevado, y si lo pueden pagar, no hay oferta para rentar. Hasta las más odiosas: entre los médicos venezolanos y los médicos extranjeros. Los primeros, estigmatizados en su propia tierra, los segundos, reconocidos; entre los estados fronterizos y no fronterizos. Los primeros, construidos en el discurso como “estados contrabandistas”; la “desigualdad laboral”, entre los trabajadores objeto de los caprichos de Chávez –como los trabajadores de los peajes- y quienes todavía no han sido objeto de ese difamante trato. Finalmente, parece que hay “secuestrados de primera” y “secuestrados de segunda”. Los primeros, todas las personas que están retenidas por las FARC, que son usadas por este grupo violento y el gobierno venezolano, para impulsar su proyecto político; y los segundos, que parecen no existir para el gobierno ¿Acaso el sufrimiento del secuestrado y el dolor de sus familiares es diferente, si el secuestro lo hacen las FARC o si es el hampa común? ¿Es diferente el sufrimiento de la familia Osorio Barboza, por el secuestro por segunda vez de uno de sus integrantes, Luis Osorio Barboza, raptado en noviembre de 2007, productor agrícola del Táchira -Pasteurizadora Táchira- y a la sazón compañero de estudios y amigo de quien esto escribe, de alguien que esté tomado por las FARC? Para el gobierno venezolano, la respuesta es sí son distintos. Las FARC tienen derechos, los venezolanos y las venezolanas, no. El desprecio de este gobierno por la condición humana no tiene nombre.
Las palabras de Chávez el 4 de febrero de 2008 son difíciles de analizar. Resultan, honestamente, demenciales. Son incomprensibles para mi, salvo que adelante un juego de guerra usado en la Guerra Fría llamado brinkmanship, que básicamente consiste en llevar las cosas al borde pero sin caer; de anunciar la guerra, pero sin llegar a hacerla. Por ejemplo, la crisis de los misiles en Cuba en 1962, es un ejemplo. En Venezuela, la incursión de la corbeta colombiana Caldas en el Golfo de Venezuela en agosto de 1987. O tal vez, lo que busca es nacionalizar un conflicto internacional, para fortalecerse internamente. Su debilidad interna, la protege con alianzas externas, y las estimula al provocar una dicotomía amigos de Colombia-adversarios de Colombia (ya entró Nicaragua en el grupo de adversarios de Colombia).
En el fondo, Chávez piensa infantilmente que puede chantajear al mundo: tengo petróleo y armas, me tienen que hacer caso, parece que es lo que cree va a lograr en el futuro. Apuesta a que el mundo va a entrar en crisis por la debacle hipotecaria en los EE.UU y la debilidad de dólar, junto a la no resolución todavía de los conflictos en Irak y Afganistán, y su estrategia parece centrarse en la acumulación de petróleo -la "certificación de las reservas"- y la compra de armas, para cuando llegue "el juicio final", poner al mundo de rodillas. Sueños demenciales, pero que se traducen en realidad para el ciudadano y la ciudadana de a pie.

Si este es el juego, creo que Chávez va a fracasar, pero Venezuela va a pagar un alto precio. Hasta ahora, sus intentos por usar el nacionalismo como herramienta política o electoral, no han funcionado. Sólo le permite movilizar a los más convencidos, pero no a los votantes estratégicos, y con 4 millones de votos no puede hacer nada de lo que quiere hacer. Intentó usar el nacionalismo antes del 2D, y fracasó. Incluso, llegó al ridículo del incidente con el Rey de España, al promover dentro del país “un movimiento antimonárquico”. Ahora busca emplearlo con el tema de la escasez: no hay leche por culpa de Colombia, y no como argumentaba antes el gobierno: porque los chinos e hindúes beben mucha leche, y por eso no hay.
Sus acciones producen un efecto no buscado: cohesionó apoyos políticos en Colombia y fuera de ese país, hacia Uribe. Sin quererlo, Chávez le dio tribuna a las FARC y al ELN, pero fortaleció a Uribe. Lo último, es que el Gobierno de Chile señaló que las FARC, son “Un movimiento terrorista que merece el más absoluto rechazo del Gobierno de Chile”.

Lo más grave no es la arista política de esta relación de Chávez y su gobierno con las FARC, sino el aspecto ético. La falta de escrúpulos hacia los venezolanos y las venezolanas. Cuando es un nacional que manifiesta, el gobierno no se ahorra en adjetivos como “golpistas”, “fascistas”, “lacayos”, que contrasta con el pulcro manejo verbal hacia las FARC sin ningún tipo de adjetivos, sino halagos, a pesar que este grupo terrorista dejó en ridículo a Chávez con el caso del niño Enmanuel. A Chávez no le importó ese ridículo, y persiste en una estrategia de promocionar a las FARC ¿Cuál? ¿Será desarrollar acciones bélicas hacia Colombia, junto a las FARC; la famosa “guerra de resistencia”? Resulta increíble observar de manera tan abierta el desprecio del gobierno hacia los venezolanos y las venezolanas, frente a cualquier persona de otra nacionalidad que sirva a sus intereses políticos.
Ante esta realidad, todos los escenarios se caen. Al menos, en mi caso. En el artículo “Cambio de gabinete” de este blog (día 8-1-08), argumenté que el gobierno no había cambiado de estrategia, pero sí de táctica. Sin embargo, me equivoqué. La estrategia y la táctica siguen iguales, sólo que de manera más abierta, inhumana, y demencial ¿Cómo explicar esto? ¿Cómo explicar que se regrese al expediente de Globovisión como “chivo expiatorio”? ¿Cómo explicar que se siga amenazando a los productores, cuando la inflación de enero fue de 3,4% y se mantiene la escasez? ¿Cómo explicar que se anuncien más compras de armas?
Lo único plausible que encuentro –en psicología social se afirma que “la locura tiene su método”- es que el gobierno haya decidido una estrategia de conflicto, de llevar a la sociedad a una situación terminal para tratar de imponerse. Es la razón “lógica” que encuentro para un comportamiento tan demencial e irresponsable ¿Busca el gobierno vivir su propia "Bahía de Cochinos"?
Lo que parece quedar demostrado, es que lejos de haber aprendido la lección del 2D, el No desajustó más a Chávez y a su gobierno, y consideran que aumentando las amenazas tendrán éxito. Tal vez, el gobierno quiera hacerle pagar a la sociedad el voto No, para que la gente diga, "mejor hubiera ganado el Sí, para evitar esto que vivo hoy". En otras palabras, lo que no pudo lograr por los votos el 2D, lo trata de imponer por la fuerza al generar situaciones de crisis. Otro chantaje que también fracasará.
Al gobierno parece que sólo le queda insultar y amenazar. Un Chávez -disculpen al adjetivo- patético, que sólo dice "si la oposición gana en 2009, habrá guerra" ¿Qué cree? ¿Que la gente se va a asustar y a votar por sus candidatos? Que tenga un poco de más dignidad, y compita, que tiene todos los poderes ¿A qué le tiene miedo? Chávez está como cuando uno está en el monte y tiene miedo: silba para espantar el susto, pero lo que resulta es un triste espectáculo de un Presidente que tiene poco coraje moral y humano ¿No se da cuenta que el país lo está viendo? ¿No le dice nada la cantidad de gente que salió a manifestar el día 4-2-08 en contra de las FARC en el mundo? La fotografía en la primera página de El Universal del día 5-2-08, es impresionante por la cantidad de gente que se ve. El rechazo al secuestro y la solidaridad con los secuestrados, es inmensa. No hay canje humanitario que pueda con ese sentimiento, porque el intercambio se hace por cuotas. Primero dos, ahora tres. Los seres humanos usados como “fichas” para obtener reconocimiento político. Consuelo y Clara no fueron suficientes. Ahora aceptan liberar a tres más. Seguramente saldrán voceros del gobierno venezolano explicando lo “humanitario” que son las FARC, pero que el gobierno colombiano no ofrece gestos en reciprocidad.
El colmo de la falta de escrúpulos fue escuchar de Chávez sus argumentos para decir que los secuestrados por las FARC son “prisioneros de guerra”, para favorecer su estrategia que en Colombia hay una guerra; que se enfrentan dos Estados, y no un grupo terrorista en contra de un gobierno que tiene apoyo de sus ciudadanos y de sus ciudadanas. Da vergüenza observar cómo el Gobierno de Venezuela busca promover la idea que las FARC son un Estado que lucha por causas nobles en contra del Estado colombiano, que es "terrorista". Montaigne dijo que, “Un hombre de verdadero honor prefiere perder su honor antes que perder su conciencia”. Hace rato que Chávez perdió el honor. Hoy pierde la conciencia.

La reflexión para nosotros ciudadanos y ciudadanas es ¿Qué hacer frente a este comportamiento? El punto es ¿Cómo detener una política demencial? Hoy el gobierno y Chávez no tienen ninguna restricción. La lógica de la división de poderes es que existan contrapesos para evitar situaciones demenciales. En Venezuela no hay contrapesos ¿Qué hacer? Por ejemplo, ese es el numen de la Constitución de EE.UU ¿Por qué el Presidente del gobierno más poderoso de la tierra no puede destruir al mundo, a pesar que tiene todas las bombas atómicas a su disposición? Porque quienes diseñaron esa Constitución sabían que los hombres no somos perfectos. Así comienza The Federalist Nº 10, “We are no angels...”. Hicieron una Constitución perfecta para una sociedad imperfecta, como son todas. Como sabían que un hombre con políticas destructivas podía llegar al poder, hicieron un diseño constitucional que lo evita a través de desconfiar de todos los hombres, es decir, mediante la división de poderes.
En el plano académico, Amartya Sen encontró lo mismo: halló que en las democracias no se producen hambrunas, porque su diseño no lo permite. Cuando la posibilidad de una hambruna emerge, funcionan los contrapesos y las instituciones, y se evita esa pobilidad. Sólo los gobiernos no democráticos producen hambrunas -China en los 60, por ejemplo- porque no tienen ningún tipo de control y de restricción.
El problema de Venezuela es que la democracia funciona a nivel de la conciencia ciudadana, pero no a nivel de las instituciones ¿Cómo lograr que las instituciones funcionen? Es el desafío democrático venezolano. Tal vez lo que salva al país sean sus habitantes, que son concientes, pero no será suficiente ¿Qué pasará cuando el nivel de desatino de Chávez y su gobierno llegue a niveles extremos, como parece estar llegando?
Nuestro fracaso constitucional como país es que partimos de la perfección. Somos seres perfectos, y buscamos una Constitución para una realidad perfecta, que se hace no cumplible por estar alejada de la realidad. Lo que Bolívar llamó “las repúblicas áreas” (Manifiesto de Cartagena, 1812).
De aquí que la Constitución que más ha durado en el país –la de 1961- se haya construido sobre la base de una restricción mutua –ese es el mérito del Pacto de Punto Fijo- que fue evitar la hegemonía, que es admitir la imperfección de la sociedad y de los hombres. Luego, como somos imperfectos, se hace un pacto –Punto Fijo- que tuvo como producto, entre otros, la Constitución de 1961, que hizo posible la convivencia y hallar salidas a crisis severas como la crisis de representatividad con la descentralización; la crisis política con la salida de CAP en mayo de 1993 –un error a mi manera de ver- la crisis de legitimidad con la Constituyente de 1999.

Hoy, de nuevo, regresamos a la era de perfección, que es el socialismo. Los socialistas parten que son perfectos. Por eso, presumen de una "ética especial" (Bobbio), por la que se auto-colocan por encima de los demás. Por ejemplo, el Gobierno de Venezuela se atribuye el rol de intervenir en los países que considere, pero rechaza la "injerencia extranjera" de otras naciones. Esta perfección hace que nos olvidemos de las restricciones que deben existir en toda polis. La locura se vuelve antipolítica con cara de política.
¿Cómo lidiar con un gobierno que se ha puesto como meta acabar con la sociedad venezolana, al mismo tiempo que se evita el conflicto civil o externo? Esta pregunta será la que dominará los próximos tiempos en Venezuela.