Léeme en otro idioma

lunes, 27 de octubre de 2008

Menores de edad
Así parece que se nos trata a los venezolanos y a las venezolanas. Como a menores de edad a quienes no se les pueden decir las cosas, y mucho menos, tomar decisiones. Hay que ocultar todo, o mostrar que no pasa nada.
En el mundo ocurre una discusión sobre qué orientación va a tomar la economía mundial en los próximos tiempos. Mientras unos apuestan al colapso, otros -entre los que me incluyo- ven esta crisis como un momento que será aprovechado para pensar en la humanidad del futuro, en donde habitan 6 mil millones de personas, y no como estaba diseñado el mundo, para 2 mil millones de habitantes. Hoy, somos un planeta más complejo, que requiere de nuevas maneras de ver al mundo y de novedosas instituciones para lidiar con una realidad, si se quiere, postmoderna, en la que todo se sale de los marcos en los que las cosas deberían estar.
Mientras esto pasa en el planeta, en nuestro país hay un alejamiento del tema, más allá de la propaganda. Caso opuesto, en Chile, por ejemplo, la Comisión de Trabajo y Equidad, presentó un informe de trabajo a la Presidencia de Chile, en el que proponen análisis y propuestas para abordar el tema de las desigualdades. De alguna manera, todos los países se sienten convocados a hablar y a participar en estos cambios. Lula ahora tiene una activa participación en promover la visión del Sur en los foros mundiales, como la Ronda de Doha, la necesidad de una nueva arquitectura mundial de las finanzas, y en la reingeniería de la ONU.
Para nosotros estos temas son abstractos, y preferimos poner un muro a la realidad. A veces uno piensa que los problemas de Venezuela, más que políticos, son de naturaleza psico-social o, de otra forma, que variables psico-sociales determinan una manera de hacer política, y unas respuestas. Para el tema que hablamos, la necesidad de construir una realidad paralela, que no existe, como mecanismo para evitar asumir la realidad, la verdadera, la que reclama creatividad, conciencia de dónde se está parado, y capacidad para convocar a la sociedad para afrontarla. Es decir, una de las tareas que identifica al liderazgo.
El discurso del gobierno es que no pasa nada "Estamos blindandos" ante la crisis, en esa arrogancia venezolana típica, que se cree sobrada ante cualquier cosa. La prepotencia de los petrodólares. Chávez comenzó hablando de un precio de $ 55 el barril de petróleo, para decir que aún con ese precio, "estamos blindados". Ahora, bajó el umbral a $ 7 el barril, para afirmar que "estamos blindados". Es la incpacidad de ver la realidad. Esa no admisión de los hechos, para no mostrar debilidad y no se caiga el mundo de ilusiones en que vivimos, que en el fondo revela una gran desconfianza hacia el pueblo. Hay que mentirle, y decirle que "no pasa nada" y que "estamos blindados", para mañana aplicar un ajuste económico, pero que en vez de aprovechar el momento para convocar al país, será otro ajuste fiscal que se justificará como una lucha contra "los ricos", "los especuladores", y el "derroche". Como si la gente no se fuera a dar cuenta.
En vez de decirle al país los retos que hay en materia eléctrica -algo iluso, ya que si pasa, pondría por tierra el discurso del gobierno en 10 años- la brillante idea que se le ha ocurrido a los "genios" del gobierno, es promover una ley "de racionamiento eléctrico", para evitar "el derroche". Chávez, en sus ya tradicionales chistes malos, dijo que muchas personas le "tienen miedo a los muertos", y por eso dejan encendidas las luces en las casas. Muerto va a quedar el país con tanta incapacidad y corrupción juntas. De nuevo, en vez de asumir y enfrentar un desafío, la respuesta es tratar a la sociedad como unos niños: no "derrochen" la electricidad.
Lo cumbre fue la exposición de Alí Rodríguez en la AN para presentar el proyecto de presupuesto de 2009 el día 21-10-08. El caso de Rodríguez es curioso, ya que de persona valorada por las elites -incluso, se llegó a hablar que sería el "hombre de la transición"- por su hablar pausado, ha resultado ser un ejemplar del "diente roto" de Pedro Emilio Coll. Qué hombre tan gris. Como se ha dicho en otros posts, las elites en Venezuela serán muy buenas para hacer negocios, pero pésimas a la hora de hacer política.
Al presentar las cuentas para 2009, Rodríguez pintó una realidad que no existe: inflación del 15 por ciento, crecimiento del 6% del PIB, y mantenimiento del tipo de cambio en Bs. 2,15/$. No en balde, muchos medios catalogaron esta presentación como "Alí en el país de las maravillas". Otra vez, no pasa nada. La realidad paralela ¿Cuesta tanto hablarle con los hechos al país, y pedir su concurso para encarar los problemas que tiene?
Pero esta incapacidad de hablarle de manera clara y responsable al país sobre los retos y desafíos que tiene, no se ve sólo en el gobierno. También, está presente en el mundo que podría llamarse "no gobierno".
Quien nunca haya venido a Venezuela, y de repente aparezca y vea las cuñas de la TV, llegará a la conclusión que Venezuela es un país de motorizados, peloteros, gente que hace empanadas, y familias que comen arepas, básicamente felices. Unidos. Sin problemas. No hay polarización. De nuevo, un país que existe sólo en la mente de quienes crean las cuñas, o cuñas que proyectan sus deseos sobre lo que debería ser el país o cómo lo ven. Lamentablemente, ese no es el país.
El día 26-10-08, El Universal trae una interesante entrevista a Luis Galdona, psiquiatra y analista junginao, quien entre otras cosas, dijo lo siguiente,
"E
sta crisis nos ha obligado a revisar ciertas idealizaciones que teníamos sobre lo que es ser venezolanos. Se decía que somos cordiales, hospitalarios, buena gente y chévere. Nadie puede vivir en lo chévere indefinidamente. Con la crisis nos hemos enterado que los caraqueños tenemos un lado oscuro, agresivo, destructivo y sectario. Creo que cuando salgamos de la crisis, es cuando podremos reflexionar y aprender de nosotros mismos, para volver a comenzar".
Así es el mundo que nos muestran muchas cuñas: el "chévere" indefinido. De nuevo, la incapacidad de apelar a los hechos, a mostrar los desafíos, a invitar a ver las cosas de otra manera. Esa especie de terquedad, "yo quiero ver a mi mundo como yo quiero, y nada ni nadie lo va a cambiar". Se dice que los venezolanos somos "buenos negociadores", pero más bien, lo que mostramos es una incapacidad para manejar las tensiones, el conflicto, y las diferencias, y se construye un muro de indiferencia, de "ese no es mi problema", que parece ser paciencia, pero más bien es desesperanza.
No es que las cuñas tengan que mostrar la dura realidad del país, ya que sería absurdo. En momentos de crisis, se busca el lado bonito de las cosas. El ambiente del chash del 29, fue una época de oro para Hollywood: la era de las actrices tipo Greta Garbo o actores como Clark Gable, que comunicaban el mundo deseado, bello, sin problemas, en oposición al mundo de "Las uvas de la ira" de Peter Fonda (1940). Sin embargo, a pesar que Garbo y Gable son leyendas del celuloide mundial, la película de John Ford que retrata el lado humano de la depresión en los EE.UU, es también otra joya del cine. Es decir, fue una denuncia y no una evasión.
Esta incapacidad de producir "Las uvas de la ira", y sólo tener a las Garbo y a los Gables, es una de las cosas que más me llama la atención de la sociedad venezolana. Ese miedo a la realidad, y a hacer cualquier cosa para evitarla, "el imperialismo", el consumo exhacerbado, la prepotencia, el discurso de los "echaos pa'lante", todo para no admitir lo que pasa, para mantener una realidad paralela, que no existe. El deseo de ser "chévere indefinidamente".
A veces, cuando uno ve la indiferencia que hay hacia una violencia cotidiana cada vez más letal y amplia -como la horrosa masacre de Chabasquen, en donde policías mataron a 6 menores de edad- o el conformismo que hay hacia el deterioro de los servicios públicos en el país; el convivir con montañas de basura que hay en muchas partes de Caracas, y ante eso la tranquilidad de la queja; cuando uno ve cómo casos como la perversa detención de tres ingenieros de Edelca culpados por un apagón del que no son responsables -liberados, por el potencial electoral de la detención, en contra del gobierno- la injusta detención de tres personas en Maracaibo acusados de "ataque al centinela", o la intencionada humillación a la que fue sometido el académico chileno Fernando Mires en Maiquetía; y sólo un pequeño aviso de la Asociación de Profesores de la UCV rechazando la agresión al docente, pero más nada, uno se pregunta ¿Qué realmente ha cambiado estructuralmente en la sociedad venezolana?
Después de 10 años de este gobierno, en el que ha pasado de todo, y todavía se observan comportamientos como si nunca hubiese pasado nada en el país ¿Habrá valido la pena los sacrificios que la sociedad ha tenido que hacer en esta década? En momentos, uno tiene la sensación que más allá de nuevos nombres a las instituciones, y otras caras en el poder, nada ha cambiado en el país. Se mantiene esa especie de muro para alejarse de las cosas, para evitar cambiar, y tener que pensar en el cambio. Es un muro cultural sumamente difícil de penetrar, y el gobierno no ha podido hacerlo, sino que ha tenido, como una mata trepadora, recubrir la superficie con algo que parece diferente, pero que en verdad no lo es. Un país como anclado en un tiempo que no existe, que hace esfuerzos desesperados por mantener una ilusión de lo ya ido y que no volverá.
Lo anterior lo que muestra es que si algo sigue escaso en Venezuela, es el liderazgo. El país tuvo líderes para hacer la transición de un país rural a uno urbanizado -con Rómulo Betancourt a la cabeza- pero el tránsito de la sociedad urbana a la sociedad productiva, ha estado huérfano de líderes. Betancourt supo convocar al país de su época. Hoy, no hay convocatorias, sino mensajes que dicen no enfrentes, no asumas, quédate tranquilo, "todo va a estar chévere", y eso sí, "no te metas con el poder".
Preferimos el deterioro al cambio, aunque creamos una ilusión del cambio.
¿La sociedad será capaz de parir líderes para que le den, como en el pasado, un trato de mayores de edad, y salir de esta etapa pre-política en la que vive Venezuela, de verse como un menor de edad? Es posible que el 23N esta pregunta tenga respuesta.