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sábado, 8 de noviembre de 2008

Obama
No queda más sino coincidir con Oswaldo Barreto, articulista de Tal Cual, quien dijo que Obama ya había entrado en la historia, incluso, si no hubiese sido elegido Presidente de los Estados Unidos. En sus memorias, Galbraith comenta que a los grandes presidentes, los norteamericanos los mencionan con las iniciales de su nombre: FDR (Roosevelt), JFK (Kennedy), LBJ (Johnson). El tiempo dirá si cuando termine su Presidencia, los estadounidenses se referirán a Obama como Obama o será recordado como BHO.
Aunque no soy experto en los Estados Unidos, pero sí un poco conocedor de sus elecciones –durante la pre-campaña, aposte a Hillary Clinton, y creo que hubiera sido una excelente Presidenta- la victoria de Obama parecía necesaria, no sólo para su país, sino para el mundo. Mientras el principal error de la campaña de Hillary fue apuntar a la experiencia, Obama satisfizo la principal demanda de los estadounidenses: el cambio. El famoso
Yes, we can (un Sí podemos, que el MAS en Venezuela utilizó en 1978). Necesidad producto de los 8 años del gobierno de Bush, que colocó la reputación de los EE.UU en el piso a nivel internacional. Una suerte de remordimiento colectivo que pesó sobre la conciencia estadounidense, y los llevó a votar por Obama, como una manera de expiar las culpas y sueños no realizados, acumulados durante los últimos 4 años de la administración Bush.
Sin embargo, que ganara Obama era deseado no sólo por los norteamericanos, sino por todo el mundo. Su victoria disipó en mucho el clima de tensión que hay en el planeta. Se siente un clima más agradable, un ambiente en donde los límites del pesimismo se han roto, y algunos discursos como el del Gobierno de Venezuela en contra “del imperio”, quedan desdibujados, aunque insiste en que “el capitalismo está muriendo”.

Obama no tuvo que recurrir a dos fracasados golpes de Estado para ser conocido, y luego ganar una elección. Se me dirá el ya lugar común, “que en EE.UU a los presidentes los matan, no los tumban”, pero la elección de Obama es, en la lógica de la ciencia, el “experimento” que no confirmó la hipótesis. Como la analogía de los cisnes que se emplea en la investigación científica, hasta ahora, el millón de cisnes era blanco. Pero el cisne 1.000.001 salió negro, y esto se dice sin ninguna connotación racial, y la afirmación que los EE.UU no es capaz de renovarse, no tuvo apoyo.

Pese a los pronósticos del fin de los EE.UU, lo cierto es que el mundo estaba a la espera de lo que ocurriera en el país del norte de América, y esto va a influir de manera decisiva en la sociedad del futuro. Como argumentó Roger Cohen (
The New York Times, 8-11-08), la idea de los Estados Unidos es en sí misma, una idea revolucionaria. Lo demostró el día 4 de noviembre de 2008.
El mensaje de Cohen es interesante y aleccionador, y es quizá la principal enseñanza de la victoria de Obama: el país de las oportunidades que es capaz de reinventarse a sí mismo, y lo mejor, que eso es verdad. En sus fundamentos, los EE.UU vuelve a ser el país que describió Tocqueville, en el sentido del funcionamiento de su democracia. La propia sociedad generó el contrapeso para recuperar los valores liberales que habían quedado opacados luego del 11 de septiembre de 2001. Esto es sano, y es un mensaje muy importante para el mundo: se recuperan los valores de la alternabilidad y del equilibrio de los poderes, cosa que en el Sur de América varios gobiernos enarbolan con claridad: Chile, México, y Brasil, y otros quisieran que estos valores no existieran: Venezuela, Nicaragua, Bolivia, y Cuba.

Obama parece estar al tanto de la inmensa responsabilidad que tiene. El titular que mejor describió su situación, fue el de El Mundo (día 6-11-08), “Obama con más cartas que el niño Jesús”. Ciertamente, todo el mundo va con su
laundry list, desde que quite el embargo a Cuba, hasta que ponga a punto la economía de los EE.UU. La respuesta del Presidente-electo, a partir de su discurso luego de ganar, ha sido sobria para poner las expectativas en su lugar. No se presenta como un mesías. No ha habido sobresaltos, sino una serenidad –uno de los atributos del liderazgo de Obama- en el sentido que no hay ni habrá milagros. Obama parece no querer generar falsas expectativas no sólo dentro de su país sino en el mundo, y de aquí la cautela de sus primeros movimientos. Junto a esto, está la escogencia de sus colaboradores iniciales, muchos de ellos funcionarios de la era Clinton, con lo que comunica que el tiempo para el aprendizaje no existe y como han dicho reconocidos expertos, “la transición va a ser rápida”, por lo que hay que lograr un balance entre la novedad que él representa, y la necesidad de decisiones rápidas en la Presidencia. Balance que va a ser difícil de lograr, y que siempre estará en tensión. Así podría llamarse la Presidencia de Obama: una Presidencia en continua tensión, no por los problemas –de por sí complejos- sino por las soluciones que se van a desarrollar, contra el tiempo. Parafraseando a Schumpeter quien habló de la “destrucción creativa” para referirse al capitalismo, se podría hablar en el caso del gobierno de Obama, de una “tensión creativa”, para ofrecer soluciones a los desafiantes y complejos tiempos en los que viven las naciones. Uno de los funcionarios de la era Clinton que ayuda en la transición de Obama, Leon Panetta, lo dijo claramente, “hay que abrazar al caos”.
La Presidencia de los EE.UU no es fácil. En sus memorias, Clinton describe cómo le fue difícil lidiar con grupos de poder dentro de los EE.UU, y eso que Clinton venía de ser Gobernador, y es un político de altura. No obstante, en su libro, el exPresidente consideró que Washington lo vio como a un extraño, y que muchas de sus iniciativas fueron torpedeadas por esa razón, siendo el punto culminante, el caso Lewinsky, al que Clinton calificó como “un golpe de Estado de la derecha”.

La conclusión que uno saca luego de leer las poco más de 1.000 páginas de las memorias de Clinton, es que una cosa es ganar y llegar a la Presidencia de los EE.UU, y otra es ser reconocido como Presidente de los EE.UU, no tanto por el pueblo, sino por la diversidad de grupos de interés y oficinas gubernamentales del Estado norteamericano. Es decir, no sólo reinar, sino gobernar efectivamente. A Clinton, esto le tomó casi su primer término. Al final de su segundo mandato, por ejemplo, Clinton deja ver que por fin había logrado que los militares lo sintieran como su verdadero Comandante en Jefe ¡Y había sido Presidente por 8 años! Hay que recordar que Clinton se inició en la Presidencia, con una política militar que buscó la aceptación de los homosexuales en la milicia de los EE.UU, asunto que fue criticado por los mandos, y se llegó a una solución de compromiso, pero no fue sino hasta 2000, que Clinton sintió el aprecio de los militares. A Obama le espera un camino igual. Compitió, ganó, y ahora viene el reconocimiento, que se gana con el trabajo, habilidad política, y la consistencia como Presidente de los EE.UU. Es el consejo de Clinton a cualquier Presidente. Junto a esto, el respeto a las formas, que para Clinton fue fundamental: la conciencia de los propios límites. Tal vez la sabiduría en la política sea una muy sencilla: evitar los excesos. Como dijo hace tiempo un prestigioso político venezolano, Ramón Guillermo Aveledo, “cuida de las formas, que las formas cuidarán de ti”.

Esto contrasta con los excesos. Hace días, Chávez justificó sus interminables y fastidiosas cadenas –hechas con gozo sádico- con la afirmación, “quien quiera hacer cadenas, que llegue a Presidente”, con lo que muestra su idea del poder: el abuso, el “me da la gana”, y el “calátelo”. Muy distinto a la sobriedad republicana de la Presidencia de los EE.UU, o de países como México, Brasil, o Chile.

Esto podría explicar el apuro de Obama. Tiene más presión que Clinton para lograr el cambio, pero también tiene algo a su favor: un clima más generoso en su país y en el mundo, para adelantar cambios que en la era Clinton no se pudieron lograr, como la cobertura médica universal, adelantada por Hillary, pero que naufragó atacada en las famosas cuñas de Harry y Louise. Obama arrancó su transición por donde lo hizo Clinton: la economía. El nacido en Arkansas, comenta que luego de ser elegido en 1992, hizo una suerte de retiro para preparar y analizar los ajustes al presupuesto de los EE.UU que haría, ya que en la campaña prometió reducir impuestos, generar empleos, y aumentar el crecimiento. Lo logró. Obama comienza en el mismo punto, y el tiempo dirá si es capaz de presentar un programa que reactive la economía de los EE.UU.

No obstante, lo que me llevó a escribir este artículo sobre Obama es ¿Cuáles lecciones se desprenden para Venezuela? Hay muchas, pero quiero destacar dos.

La primera, acerca de cómo se hace una campaña electoral. Confieso que no puedo de dejar de sentir envidia por la manera cómo se hacen las campañas electorales en los EE.UU, especialmente esta, ya que me dedico a la política y a las campañas, y desde 2006, no he salido de una.

En los EE.UU, fueron 21 meses de aprendizaje constante, de hacer política de verdad. Cuando la comparo con el tipo de campaña que uno hace en nuestro país, se experimenta cierta frustración. El signo de la campaña –tanto demócrata como republicana- fue la palabra innovación y tomar riesgos. Desde la estrategia sobre cuáles estados abordar para sumar delegados que hizo Obama durante la pre-campaña, hasta el lanzamiento de Sarah Palin hecho por McCain, revelan capacidad política, y menos cálculo político. Es jugar a la democracia de verdad: lanzar los dados, y esperar a ver cómo caen, para ganar o volver a jugar, y a no depender tanto de una encuesta para decidir, como aquí. Por esta razón, tengo mis reservas hacia los encuestadores, a los que consulto, pero creo que en Venezuela, el foco de la política, los políticos lo han cedido un poco a los encuestadores, así como en el pasado, lo cedieron a los medios de comunicación. En Venezuela, una encuesta dice quién está y quién no está, qué se hace y qué no se hace –con el cuento que son instrumentos científicos- y eso no puede ser en la política, que es una actividad profundamente humana, en donde lo científico tiene que subordinarse a la vivencia humana, a la apreciación del poder en un momento dado. Las encuestas son un importante instrumento para el análisis y la toma de decisiones, pero no es el único instrumento, ni son un fin en sí misma. El asumir riesgos y el seguir el olfato, son también importantes, y le dan a la política su carácter humano, y a la democracia, su atributo de incertidumbre, que hace posible su continua renovación. Una democracia basada en el cálculo exclusivamente, es una democracia anémica, condenada a la extinción. Es una política sin contenido, mecanizada, que es lo que buscaban Marx y Saint-Simon, y por eso la desaparición del Estado. Si el cálculo asume la política, se acaba la pluralidad, y es el reino de los ingenieros sociales.

La campaña Obama-McCain fue de altura, y con contención. Cuando se inclinó hacia los excesos, los propios candidatos marcaron la pauta para el regreso al debate, siendo más notable este esfuerzo en McCain que en Obama, lo que habla muy bien del primero. Fue una campaña fuerte, dura si se quiere, pero con ideas y planteamientos, y dentro del consenso básico de la sociedad norteamericana acerca de la “tierra de las oportunidades”.

Lo que más valoro de esa campaña, junto al uso de la tecnología, los discursos en momentos claves, los debates durante la pre-campaña y en la campaña, el estilo de cercanía y no de estar montados en una carroza saludando a la gente cual reinas de belleza, fue el trato dado al público elector. Un trato no de menores de edad, sino de mayores de edad, con ideas precisas, apelando al centro, pero sin renunciar a los puntos que definieron cada candidatura. Nadie renunció a sus valores, sino que los dijeron, y el reto fue cómo ver los principios desde las aristas de grupos de votantes tan diferentes.

Esto es importante, ya que en mi trabajo durante las campañas en Venezuela, es lo contrario: hay que tratar a la gente como menores de edad, con cuñas que muestran personas muy felices o de personas con carencias que reciben cosas de los gobernantes. Así se construye al pueblo en las cuñas: o niños felices –así debe ser- y adultos menesterosos, carentes, y agradecidos. Pero no hay ningún asomo de ideas, o de planteamientos de fondo que lleven a un debate. Tal vez por eso, más allá de los insultos de Chávez, la política y las campañas en Venezuela son aburridas. Tampoco son campañas de contacto más allá de caminatas, sino principalmente de carrozas, cuñas, afiches, y programas. Campañas un poco distantes de las personas, salvo contadas excepciones de candidatos que buscan contacto (Capriles, Ocariz, Rosales, Ledezma, entre algunos).

En fin, que creo que hace falta un estilo más denso y profesional de campaña, y salir un poco de los formatos de cuñas con los mismos temas (cielos azules, gente feliz y agradecida, y ninguna idea), con campañas que traten al elector como adulto, que se conviertan en debates que efectivamente busquen polarizar y diferenciarse. Tanto miedo ha generado Chávez en el país, que nadie se quiere diferenciar –algo esencial en una campaña- y todos se mueven dentro de un consenso publicitario electoral (ayudas sociales, pobres, mensajes sin mayor contenido), que nadie quiere desafiar. Aprendí que Venezuela es una sociedad altamente conservadora, cuyo radicalismo es sólo de palabra.

Luego de seguir la campaña de los EE.UU, valoro la sinceridad y el aplomo de los candidatos para mantener un ritmo tan intenso durante 21 meses, que incluyó desde cuñas hasta debates directos, en vivo.

Lo segundo, es el espíritu de cambio. Eso lo tuvimos en Venezuela, y también el aprecio al voto, algo que los estadounidenses descubren ahora, cuando los venezolanos fuimos pioneros del voto en las Américas. Hoy perdimos esa memoria, y prácticamente hay que volver a socializar hacia el voto. Otra consecuencia del gobierno de Chávez, es haber promovido en Venezuela una desesperanza aprendida de tipo colectivo, en la que algún logro de peso colectivo es imposible. Es una sociedad que sucumbió a una polarización que no tiene bases, pero que es real. No tiene bases porque el cuento racial que el gobierno maneja, es más para sostenerse políticamente. Obama o Mandela no manejaron el tema racial, y eso que los dos viven en sociedades en donde el racismo deliberado y letal, fue la norma no hace muchos años. El racismo de Chávez es un racismo de control político, que no tiene sentido en una sociedad mestiza, en donde se discrimina menos por el color, que por la conexiones o grupo al que se pertenezca. Si eres blanco y no tienes amigos o conexiones, eres un pendejo. Si eres negro y tienes conexiones, todo el mundo buscará tener tu número en su agenda
. Esa es la realidad venezolana. Se discrimina por el poder real o percibido, no por el color de la piel, pero se intenta hacer un relato de discriminación por el color de la piel.
Lo anterior ha llevado a que el país haya internalizado una gran culpa –principalmente el país de clase media, sector que sufre el mayor deterioro económico y social del país, pero del que no se habla- que la sublima en cuñas “fresas” de un país unido, pero incapaz de ver sus diferencias o sobre cómo manejar la pluralidad. La culpa lleva a que se vea un país monocolor, en donde los grises se ven como amenaza a una suerte de unidad social ficticia, más allá de los mensajes.

Obama y McCain estuvieron por encima de esto. El discurso de victoria de Obama y el de derrota de McCain, son piezas que comunican la capacidad de salir de las propias culpas, y de construir el discurso político sobre la base de una configuración distinta de los sujetos políticos, más allá de las diferencias tradicionales, y en unir, no como concesión a lo políticamente correcto, sino como verdaderas convicciones sobre lo que realmente hace grande a un país, que es su conciencia, su historia, su propio aprendizaje, su humildad, y líderes que puedan evocar esto con altura, aplomo, y sobriedad.

Hoy, carecemos de esto en Venezuela, aunque en el pasado lo tuvimos, lo que explica el tránsito de una sociedad rural a una moderna en menos de 50 años, con éxito. Hoy nos avergüenza nuestro pasado, y se trata de construir uno que no existió, y un futuro imposible, porque tampoco existirá (
Back to an imposible or not existent future, parafraseando la película Michael J. Fox, de los 80).
En el miedo a ver nuestra propia historia y realizaciones, se esconde la no aceptación de una sociedad más plural, diversa, y compleja como es Venezuela hoy, algo que Obama y McCain vieron en los EE.UU, aunque el primero con más fuerza, y la idea del cambio, fue lo que sintetizó los cambios ocurridos en los EE.UU durante los últimos 20 o 30 años. No le dieron la espalda a su historia, sino que la asumieron, y la impulsaron a una meta más alta. Tal vez por eso el consenso básico de los EE.UU ha perdurado en el tiempo. En nuestro caso, siempre inventamos la historia. Ahora, es la historia de la sociedad socialista desde los indígenas, pero que fue traicionada por una elite “apátrida” que mató a Bolívar y a Sucre. En esa búsqueda, se irán los mejores tiempos de Venezuela, y su incapacidad de entender y de vincularse al mundo, se harán mayores.

Es momento, cual paciente sometido al psicoanálisis, que verbalicemos el trauma social que ha sido inducido por el gobierno de Chávez, para elaborar una experiencia falsa pero que se vive como real –el inconsciente de un inexistente inconsciente- para darnos cuenta de lo que hemos sido, y de lo que hemos logrado como país, y podamos decir, también
Yes, we can, que en criollo quiere decir, “Sí podemos” entender al país complejo que es Venezuela hoy, pero del que no se habla, porque supone asumir un cambio de verdad, no de discurso.

martes, 4 de noviembre de 2008

Tiranía
Aunque Venezuela se ha convertido en una sociedad de lo “políticamente correcto” –sólo basta ver las cuñas de esta campaña electoral para elegir a los funcionarios regionales, la mayoría sin fuerza de diferenciación política, si se comparan con una verdadera campaña electoral, como la que se vio en los EE.UU, y que culminó el día 4-11-08- en donde se espera que la gente se de cuenta de las cosas, pero sin decirlas. La equivocada tesis del “no polarizar” con Chávez impuesta por algunos encuestadores y analistas, tiene sus consecuencias: hay que hablar en parábolas, y esperar a que las personas se den cuenta de las cosas de manera espontánea, porque “no hay que polarizar”. Lo cierto es que, al margen del lenguaje “políticamente correcto” –salvo los insultos de Chávez, quien agrede a todos, pero nadie lo toca- la forma de gobierno de Venezuela se aleja cada vez más de la democracia, para acercarse a la tiranía. Esta, entendida en su sentido más simple: el gobierno que no es de las leyes, sino del capricho del gobernante. Esto es hoy Venezuela: la tierra para complacer a los caprichos de Chávez.
Desde 1999, el capricho es gobierno, pero con los años, los endebles límites que tenía, han ido desapareciendo –la Constitución de 1999 es una lejana referencia, de la que no se habla- al mismo tiempo que la arbitrariedad va tomando más espacios en el país: ya no se trata de los “oligarcas” –quienes ahora están en el gobierno, y pelean entre ellos, como luego de la sentencia a Durán, y la “visita” a Venoco de militares: un gobierno corrupto se quiere quedar con el negocio de sus socios también corruptos ¿Quién se quedará con Venoco, ahora?- sino de los derechos civiles y políticos de todas las personas, los que se hallan amenazados, como reportan ONG con solvencia como Espacio Público.
Los incidentes pasan muy rápido, y tal vez no se vinculen por esa velocidad. Pero existen, y revelan cómo, poco a poco, la tiranía se adueña de Venezuela. Lo primero, el paquete de leyes habilitantes, que significan el desconocimiento a la voluntad expresada el 2D. Sencillamente, el gobierno, “se la pasó por el forro”, y con su tradicional caradurismo, aprobó unas leyes como si hubiese ganado el Sí.
Luego, las inhabilitaciones en contra de pre-candidatos con opción de triunfo como Leopoldo López, Enrique Mendoza, Antonio Barreto Sira, y William Contreras, imposibilitados de competir electoralmente. Prosiguió, la descalificación a las diputadas del Parlamento del Mercosur que vinieron a Venezuela a conocer este caso. Le siguió, como en cualquier país dictatorial, la solicitud de “documentos” a periodistas y políticos en el aeropuerto, casualmente, todos personas críticas hacia el gobierno de Chávez. Más adelante, comenzó el ataque a Globovisión, y la presión de Conatel sobre el canal. Después, la “olla” del magnicidio, de lo que no se ha hablado más ¿Será porque demostró ser falsa, y la gente no cayó en la trampa? Posteriormente, la vergonzosa decisión del gobierno de “echar del país” a Vivancos y a Wilkinson de HRW, por presentar su informe sobre la situación de los derechos humanos en Venezuela. Algo similar, se hizo con el profesor chileno Fernando Mires, humillado por las fuerzas de seguridad en el aeropuerto internacional de Venezuela, en La Guaira. Advertencia en términos similares se le hizo a Walessa, que la niega el gobierno, y Maduro llamó “chulos” a los parlamentarios europeos que visitaron Venezuela el día 3-11-08. Finalmente, la inhabilitación del TSJ a Eduado Lapi, candidato ganador en Yaracuy, y su candidatura había sido aceptada por el CNE, a pesar de su condición de prófugo, por lo que la decisión del TSJ sugiere, más que la aplicación del derecho, una maniobra política para sacar de la competencia al más débil de los pre-candidatos, por su condición de ausente: Lapi. Se rumora de una medida similar en contra de Salas Feo en Carabobo, un juicio en contra de Rosales, quien es Gobernador del Zulia; y ataques en contra de Morel Rodríguez, Gobernador de Nueva Esparta. Todos los nombrados, candidatos ganadores para las elecciones del 23 de noviembre.
A partir del análisis de las cifras de Seijas –el encuestador con el que trabajo y tengo acceso a sus datos completos- si las elecciones hubiesen sido el domingo 20 de octubre, la oposición hubiese ganado Zulia, Nueva Esparta, Carabobo, y Táchira. Estaría peleando en Mérida, Miranda, y Sucre. Esto sin incluir los estados de la disidencia chavista, principalmente Portuguesa y Guárico. Es decir, la oposición va a recuperar terreno, y salvo suceda algún imponderable, este será el resultado del 23 de noviembre que el gobierno quiere evitar: un país con el poder político más equilibrado, o distribuido de manera menos desigual. A falta de votos, se apela a la tiranía, y Chávez no tiene ningún escrúpulo en hacer cualquier cosa para ver si detiene una tendencia que es inevitable, y que no la podrá parar, haga lo que haga. Va a perder poder, y por eso apela a medidas tiránicas. No lo logró “por las buenas” –misiones, clientelismo, dólares baratos, corrupción, nacionalismo, créditos baratos, subsidios, etc- ahora quiere hacerlo “por las malas”: golpear a los candidatos exitosos de la unidad, para ver si la gente se atemoriza y vota por los candidatos del gobierno.
Chávez va a perder poder el 23N. De aquí que estos ataques no cesarán luego de las elecciones. Esta camorra forma parte de una manera que tiene el gobierno para relacionarse con el país. Es el “Estado policial”. El gobierno se ha autonomizado de la sociedad, y el problema para el gobierno es ¿Cómo lograr el control de la sociedad, en un contexto de menor apoyo electoral? Esta interrogante ya se responde: creando un clima de cayapa institucional, con el manejo del miedo de manera selectiva, y el uso de todo el andamiaje jurídico para crear los casos de los “enemigos de la patria”, tal como pasó con el general cubano Arnaldo Ochoa, fusilado en 1989. Como en Venezuela Chávez y su gobierno no tienen el valor para fusilar, aunque quisieran hacerlo, apelan a la tradición de los cobardes que en Venezuela caló desde antes de Chávez, que es el fusilamiento moral. Es acabar con las personas al colocarlos ante el público como unos harapos morales. Con todo esto, se quiere controlar al país. Ya no es la democracia, es la dictadura. En la primera –como sugiere Adam Przeworski- es “la institucionalización de la incertidumbre”. La dictadura, en cambio, es la “institucionalización del miedo”. Es lo que se hace en Venezuela.
Junto a lo anterior, se agrega un clima que existía previamente, pero que ahora se ve más, tal vez por el carácter mayormente represivo del gobierno: hay una suerte de atribución de sabiduría a Chávez, de infalibilidad, que nunca se equivoca, que tiene una gran estrategia. Por ejemplo, la matriz que hay en buena parte de los círculos de Caracas es que Di Martino va a ganar la Gobernación del Zulia, cuando no hay evidencias, más allá de las probabilidades, que eso vaya a ocurrir, sino que pierda. Sin embargo, esto no se cree ¿Cómo Chávez va a perder en el Zulia? Igual pasó en 2007: todos sobreestimaron a Chávez, principalmente los encuestadores, que no acertaron en sus predicciones, sino una semana antes o el mismo día, cuando –y esto es lo curioso- sus propios números decían que el No ganaba, porque desde el 13-9-07, mostraban una línea de pendiente positiva con una inclinación entre 30-35º que indicaba que, ceteris paribus, el No se impondría con no más del 53% como efectivamente ocurrió, aunque lo hizo con el 51% (de acuerdo a las cifras oficiales e incompletas del CNE).
Al mismo tiempo, con la estrategia de “no polarizar” con Chávez, se ha dejado que éste haga lo que le de la gana, y legitime los temas que considere conveniente, y eso tal vez explique la discrepancia que hay entre su evaluación y la de su gobierno: el “tipo tiene razón, pero es un desastre”, puede ser el razonamiento que se desprende de las famosas “encuestas”. Sin embargo, esta estrategia de “no polarizar” podía ser útil hasta 2006, ya que la oposición cargaba con el fantasma del 11 de abril y del paro. Pero en 2007, con una oposición dentro del juego institucional, esa acción no tenía sentido –ni la tiene hoy- pero se ha mantenido hasta la fecha. Todo el mundo habla de la “no violencia”, pero Ghandi y Luther King no pasaron toda su vida “poniendo la otra mejilla”.
La sociedad ha hecho de Chávez un Deux ex machina y esto, ahora, es peligroso, porque se le cree infalible. Cuando algunos ruedan el rumor de que el “candidato del gobierno en Chacao va subiendo”, pudiera pensarse que es una búsqueda inconsciente de la figura autoritaria ante la incapacidad para manejar la tensión que origina Chávez con su hostigamiento, que es lo que hace. Sólo hay que ver las cadenas, algunas hechas por fastidiar, como reconoció Chávez el día 30-10-08, o la del día 3-11-08. Es decir, el abuso llega a tanto y el descaro también, que ya hay un disfrute con el “joder”. En una sociedad con tendencia al sadomasoquismo como la venezolana –el disfrute con el drama, y con la tragedia ajena- no es poca cosa que se haga esto. En alguna medida, funciona. El “miedo a la libertad” de Frömm, es para muchos en Venezuela una realidad: quieren renunciar a ella, pero no saben cómo hacerlo para reducir su disonancia, y Chávez les facilita el trabajo, al crear un clima de culpabilización; “ojala gane el chavista para que la oposición aprenda a unirse”, es la justificación para claudicar la libertad individual, que para algunos luce un peso insoportable. Quieren rendirse ante Chávez, pero no saben cómo.
Lo que llama la atención son los ataques a Rosales ¿Por qué él? Es la pregunta que todo el mundo se hace. La que le hicieron a Rosales en Aló Ciudadano el día 29-10-08 –una oportuna y buena comparecencia de Rosales- pero esta pregunta no supo contestarla bien. La respuesta es muy sencilla: Rosales desafío a Chávez, cosa que en Venezuela muchos han hecho, aunque pocos con éxito.
Rosales tal vez sea uno de los mejores políticos de Venezuela, si no el mejor, pero todavía no tiene la estatura de líder, no porque no pueda tenerla, sino porque no se lo ha propuesto o no cree en eso. Por supuesto, dentro de una definición de liderazgo que indique que es igual a popularidad, o es líder quien tenga seguidores, Rosales encaja allí. Es líder en el sentido convencional del término. Pero aquí se habla de otro tipo de liderazgo: el transformador, el liderazgo de estadista, el liderazgo político. Se habla de un liderazgo que tiene su arquetipo en Betancourt, por ejemplo, o en figuras que no pudieron desarrollar su personalidad política porque murieron temprano como Alberto Carnevalli o el propio Ruiz Pineda, símbolos políticos del país, pero de los que no se analiza la esencia de sus proyectos de liderazgo.
Se habla de gente que quiera transformar una realidad para referirse al término liderazgo, no el popular o el simpático, o el que siempre está rodeado de gente que le dice lo que quiere escuchar, “los grandes amigos”; o el que dice todo lo que la gente quiere oír; los “hombres del consenso” o “populares”. En la era de la madurez de Puntofijo funcionaba este tipo de liderazgo, pero en este momento, no funciona.
Rosales ha sido exitoso en derrotar a Chávez. La gente se pregunta ¿Por qué él, y no “el pollo” o Morel? Porque “el pollo” fue derrotado en 2004, y Morel entró en 2004. Enrique Mendoza también fue derrotado en 2004. Claro, entra la importancia del Zulia en todos los sentidos. Como estado, como economía, como fuerza electoral, y como símbolo. El Zulia ha sido el estado en Venezuela que ha mantenido más firmeza ante los ataques de Chávez. Este ha ganado allí en algunas ocasiones, pero no por mucho. El Zulia ha sido consistente en su bandera anti-chavista, a diferencia de otros estados que han oscilado entre un amor a Chávez, una entrega, un desencanto, y un odio. Le han dado la victoria, y lo han castigado, pero no han sido consistentes. Carabobo, por ejemplo, “del pollo” pasó “al eructo”, y ahora como que recuperó la conciencia, y va por el desquite.
No obstante, el gobierno no deja adversario que considere como amenaza por fuera. Ya inhabilitaron a Lapi, y está la amenaza en contra de Salas Feo. A Morel –quien protestó esto- le enviaron soldados y GN para el “plan de seguridad ciudadana”. Es decir, lo intervienen lentamente. Integrantes del PPT y del PCV en Guárico y Trujillo, denuncian migraciones electorales ilegales a esos estados. Es decir, el gobierno intenta callar a todo aquel que disienta; sólo es cuestión de tiempo o de estar en la lista en el momento adecuado. De manera que con callarse, ser “políticamente correcto”, o “no polarizar”, no se garantiza nada, sino algo de tiempo. Pero si llegó el momento, el gobierno ataca sin ningún escrúpulo o moral.
El valor del Zulia no es sólo cuantitativo, sino cualitativo. Simboliza lo que no se ha podido tomar. Para un gobierno que define su estrategia política como la ideologización de todos los espacios de la sociedad y la humillación permanente como política, no haber podido entrar en el Zulia no es sólo una señal de fracaso y de frustración, sino que deja abierta la posibilidad para que puedan ocurrir manifestaciones que amenacen la estabilidad del gobierno en un contexto más exigente como el 2009. El Zulia será uno de los polos políticos luego del 23N, junto a otros polos que aparecerán en el país. Esto se quiere evitar.
La coyuntura también entra aquí: la necesidad de Chávez de convertirse en el candidato, junto a un temor –porque este es un gobierno de miedosos, aunque no lo parezca- a que se repita un 2D, y por eso la virulencia de los ataques: el miedo lleva a que se le dispare a todo lo que se vea como amenazante. La sola imagen de un 2D, es impensable para el gobierno, y por eso harán –y hacen- todo lo posible para evitar un desenlace similar.
Lo central –en síntesis- es hacer de la exclusión y la represión institucional la manera de vincularse al país: o te conformas o te “jodes”. Te “jodes” en todos los sentidos posibles, de manera que el mensaje es claro: hay que conformarse. Así se quiere que sea el 2009. Es tan descarado todo, que se le pide al país austeridad, pero el aumento de los ingresos de los “altos” funcionarios del gobierno para el 2009, llega a 77% con respecto a 2008 ¿Cómo se puede lograr vivir mejor, pero al mismo tiempo restregarle a la gente que viva peor, y aplicar un ajuste a la sociedad –eliminar exenciones al IVA, por ejemplo, no cuestionable en otras condiciones, pero sí ahora- para tener más dinero que regalar afuera? Es decir ¿Por qué la gente debe aceptar pagar más para vivir con menos calidad de vida? La única forma de lograrlo, es mediante la represión, el control, el miedo, el conformismo, y la propaganda.
Aquí entra Rosales. Le ganó al gobierno, y si bien perdió en 2006, igualmente ganó, porque su campaña colocó a la oposición en el camino correcto. Es decir, se “ranqueó” como político, pero no como líder. Esto no quiere decir que no lo pueda ser, y el gobierno lo sabe. El problema de Rosales no es la falta de astucia o de disciplina, sino que no termina de desarrollarse como personalidad política, que no se cultiva como líder. Cuando parece que se va a empinar a algo de mayor trascendencia, algo pasa, y regresa a su línea natural de político exitoso y caudillo en el Zulia, pero más nada. Hay como un miedo a crecer o una comodidad para vivir del éxito ya logrado, que no es poco, pero insuficiente. La inercia del poder.
Un país requiere algo más que astucia, disciplina, “anillos de amigos y gente de confianza”, y “bolas”, requiere de consistencia y de compromiso real con sus problemas, más allá del “yo quiero a los pobres”.
Pero el “amor a la Patria” no nace de manera espontánea, sino que se cultiva con la preparación, con la experiencia, con la propia hermenéutica de la vida. Obama y McCain –que no son los modelos ideales, pero son la noticia hoy- muestran esas ganas de cultivarse. No se conformaron con ser senadores –que en EE.UU “mandan”- y “estar cómodos”, sino que decidieron el difícil camino de cultivarse, que exige disciplina, equivocarse, aprender de la equivocación, hacer el ridículo, pasar por momentos radicales, y atemperarlos luego; en fin, crecer como persona.
El gobierno identificó el potencial de Rosales, y en un escenario para ellos de alta conflictividad política en 2009, trabajan en neutralizar los eventuales obstáculos que puedan tener. Los institucionales, ya están bloqueados. Los poderes son un esperpento constitucional. Como dijo Miquilena sobre Russian, son “unas momias”. Los militares, engolosinados con la “carrera espacial” de Venezuela, y con “nuevos juguetes” y “amigos para jugar” (los rusos). Los militares disidentes como Baduel, humillados y callados. El país productivo, contra la pared, y sólo les queda bajar el perfil y sacar alguna cuñita con la musiquita típica de los “venezolanos unidos y felices”. Si los empresarios estaban callados con el petróleo a $ 150, hay que imaginarse cómo estarán ahora que el petróleo está en $ 55.
La universidades, todavía el gobierno les tiene miedo, pero aquéllas no saben qué hacer, centradas en cuidar sus parcelas de poder, viviendo su agonía institucional. Los estudiantes, seguramente pendientes del Blackberry, y de alguna “macollita” para ver si entran en la FCU o en el CU. Los medios, críticos, pero con poca presencia (sin RCTV se siente poco esa fuerza), ya que Globovisión hace mucho o todo, pero no es suficiente con un solo canal crítico; y los impresos, críticos, aunque exploran más el campo de la publicidad comercial y del mercadeo de productos, para generar un flujo de caja aislado del clima político. Los diputados, “carajeados” por Cilia Flores. Los tipos “arrechos” de Venezuela como Rafael Poleo, quien llamaba “mangasmeadas” a todo el mundo, después del “sustico” en Aló Ciudadano, ahora, cual sabio venerable, pide que Chávez no caiga, sino que rectifique, algo que luce un poco difícil.
Quedan los partidos, los políticos, y la protesta callejera. Aunque con fallas, poco a poco dan la talla. Que se haya logrado un acuerdo en 22 estados, también aceleró esta estrategia del gobierno, porque éste apostaba a que la oposición iría desunida, y que sería fácil rebanarla como a un salami. Tampoco contaba con que la disidencia chavista cogiera fuerza, como parecen ser los casos de Portuguesa, Barinas, Carabobo, Guárico, y Trujillo. Aunque no ganen, serán una referencia en contra del chavismo autoritario y burocrático.
Tal vez una de las cosas positivas que deje este ataque del gobierno, sea que genere una identidad hacia las figuras regionales y que, por el contrario, refuerce la descentralización. Por reacción, que les de identidad, que estaba debilitada. Si se llega a la locura de poner preso a Rosales, se puede generar un estallido en el país. No se trata de Rosales, sino de la descentralización, de la pluralidad. Al cerrar todos los espacios de poder, queda uno que no se había visto, pero que ahora aparece: las regiones, la descentralización. El “cuero seco” de Guzmán Blanco. Puestas de rodillas todas las instituciones del país, las regiones están de pie. Con sus ataques, el gobierno va a solidificar más la identidad de los estados.
De acuerdo a Seijas, la oposición viene subiendo, lentamente, pero sube. Como bloque político, viene del 20% al 33 por ciento. El gobierno, viene bajando, del 63% al 53 por ciento. Es mayoría, pero ya no la 2/3 del país, como fue en 2007. En el simulacro del día 26-10-08, Chávez dijo que sacaron “casi” el 60 por ciento, que no está bien para ellos. Para ser un simulacro que fue capturado exclusivamente por el gobierno y sus candidatos, que “casi” se acerquen al 60 por ciento, no es nada para alegrarse. Tal vez el argumento de Semtei tenga base: el 23N habrá una “corrección estadística”. Ese día, no será simulacro, sino será real, y habrá que ver la participación de los electores, pero la situación en términos de fuerzas debe ser pareja: 50-50 por ciento, o alguna pequeña diferencia, pero el 60-40 ya es historia.
La estrategia del gobierno contra Rosales se concentra en cuatro niveles. Los dos primeros tradicionales, y hay dos nuevos. El primero tradicional, es la campaña sucia que adelanta ahora Alberto Nolia por el canal 8. La campaña sucia que arrancó Chávez, se centra ahora en este personaje, apoyado por declaraciones del gobierno, pero éste no se inmiscuye tanto, sino que dejó la tarea en un individuo cuestionado y cuestionable. Así lo dejó ver Chávez en su acto de Maracaibo el día 31-10-08.
La segunda, es la clientelar. El Troudi afirma que el “Banco del Zulia va por buen camino”, como una manera de ganarse a los empresarios del Zulia. El gobierno entregó becas Fundayacucho en Maracaibo, posiblemente como una manera simbólica de competir con el JEL (programa de becas universitarias de la Gobernación del Zulia).
Lo nuevo de la estrategia, es el nivel institucional. Es decir, la campaña sucia la dejan en un sujeto, y el gobierno como tal intenta darle una pulitura de “institucionalidad” a su campaña sucia, por lo que ahora se quiere construir la destrucción de Rosales como un caso jurídico, por un lado, y por el otro, se busca mostrar que aquél no ha hecho tanto como dice que ha hecho. Se le cuestiona por su trabajo, al mismo tiempo que crean todo el entramado para llevarlo a juicio, dentro de la “institucionalidad”. Aquí, se mantienen estrategias previas, como la de tratar de vincular a Rosales al narcotráfico, tarea que cumple Al Aissami, a pesar que la ONU afirmó que Venezuela desplazó a Colombia como país exportador de drogas hacia Europa y Africa, cosa que deja mal parado al gobierno.
De manera que lo paralelo es la campaña sucia, antes era la norma; pero ahora ésta es el uso de los recursos judiciales para construir el caso de Rosales, de manera de darle legitimidad ante la opinión pública, y en eso se espera que las grabaciones ayuden. No se trata de “linchar” a Rosales, sino de cumplir con las leyes, “todo dentro del respeto”, como dijo un Diputado de la Comisión de Contraloría de la AN, al anunciar la interpelación de Rosales.
Así, comienzan a activarse los distintos procedimientos “institucionales”. El Troudi anunció investigaciones a Rosales porque no ha utilizado el dinero del Fides en los proyectos para Zulia. El INTI inspeccionó las “fincas” de Rosales. Russian lanzó lo que el gobierno quiere hacer con Rosales: inhabilitarlo. En fin, se van acomodando las piezas para encallejonarlo, y llevarlo a juicio, que parece ser el objetivo del gobierno, aunque gane la Alcaldía de Maracaibo, como dijo Isaías Rodríguez (Canal 8, día 30-10-08, hora 11:30am), y también Chávez el día 31-10-08.
La segunda acción novedosa, es en el plano retórico. Como Chávez se equivocó con los insultos al Zulia, ahora trata de “darle la vuelta”, y pretende justificar su arbitrariedad como una lucha moral, “para convertir al Zulia como el epicentro de la gran batalla moral”. Busca apelar a la moral para lograr propósitos inmorales. Ya no es el magnicidio o la separación del Zulia, sino la moral, en la boca de Chávez, quien no tiene moral para hablar de honestidad administrativa. Su gobierno es un nido de corrupción, y él lo sabe. Grita, para ver si distrae, si la atención se coloca en otra parte, pero “por más que se tongonee, se le ve el bojote”. Y ese “bojote” hiede a corrupción.
Esto que hace Chávez y su gobierno, no es nuevo en Venezuela. Algo similar hizo Pérez Jiménez en 1952 –promover el temor en la sociedad- y el resultado fue el contrario: la gente votó en contra de la dictadura, y Pérez Jiménez dio un golpe de Estado para quedarse en el poder ¿Cómo votará la gente el 23N? ¿Cómo en noviembre de 1952 –desafió a la dictadura- o como noviembre de 1948 –aceptó la dictadura y la caída de Gallegos?
Aquél es el dilema político y moral de la sociedad venezolana.