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sábado, 21 de febrero de 2009

Crece, pero....¿Sabrá hacer y representar?
Los resultados del referendo del 15F con base en el tercer boletín del CNE que equivale al 99,75% de las actas transmitidas, indican que el Sí obtuvo 6.319.636 (54,86%) de los votos totalizados, y el No 5.198.006 sufragios (45,13%).
No me esparaba este resultado, pero tampoco me sorprendió ¿Por qué? Con base en los números de Seijas, para el primer corte del 22 de diciembre de 2008, el Sí estaba arriba con 48,7 por ciento, el No con 41,2% y los indecisos con el 9,3 por ciento. En el corte del 13 al 20 de enero de 2009, la cosa fue Sí 47,5% No 40,4% e indecisos 12,1 por ciento. Una semana después, en el corte del 22 al 28 de enero, la correlación era Sí 47,7% No 42,2% e indecisos 10 por ciento.
Mi razonamiento, al ver las cifras desde diciembre, fue que los indecisos jamás se movieron hacia el Sí, sino que iban al No, luego volvían a ser indecisos, y así se mantuvo hasta el ejercicio del voto simulado hecho por Seijas para el corte del 2-2-09.
Antes de esa fecha, el No subió en el lapso 22 al 28 de enero 1,8 puntos, y de los 2,1 puntos de diferencia con los indecisos al 20 de enero, ese valor correspondió al 86 por ciento. Es decir, de cada 10 indecisos, 9 fueron con el No entre el corte del 20 de enero y el corte del 28 de enero. Si esta proporción se mantenía con el 10% de indecisos restantes del corte del 28 de enero, el resultado del 15F sería parecido al del 2D de 2007: 51% a 49 por ciento. Eso pensé, pero luego del 2 de febrero, el cálculo tenía que ser otro, con el voto simulado.

En el corte del 2 de febrero sin el voto simulado, el Sí bajó al 47,5% y el No cayó al 39,5% pero los indecisos subieron al 13 por ciento, y con la proporción 9 a 1, igual se mantenía el resultado de 51% a 49 por ciento (90% de 13 es 11,7% que sumados a 39,5% resulta en 51,2 por ciento).
No obstante, en el voto simulado hecho por Seijas el día 2 de febrero –es decir, no preguntando la intención de voto, sino simulando la elección del día 15 con boletas y cajas- la relación fue Sí 50,4% No 41,9% e indecisos 7,8 por ciento.
Es decir, que de 13% de indecisos al día 2-2-09, 5,2% decidieron, y lo hicieron en una proporción 55% por el Sí y 45% por el No (de 5,3% que decidieron, 2,4% lo hizo por el No 39,5% + 2,4% = 41,9% y 2,9% por el Sí 47,5% + 2,9% = 50,4 por ciento). Si ese fue el comportamiento de los indecisos el día 2 de febrero en el voto simulado, aún quedaban 7,8 por ciento de indecisos, y era lógico aplicar la distribución 55% Sí y 45% No, ya que el voto simulado fue un ejercicio, pero más real que preguntar la intención de voto.

Así las cosas, el 55% de 7,8 es 4,29 puntos, que sumados al 50,4% da 54,69 por ciento; y el 45% de 7,8 por ciento es 3,51% que sumados al 41,9 por ciento, resulta en 45,41 por ciento. Desde el 2 de febrero, con los números de Seijas, se podía decir que este sería el resultado el 15, y así fue. Seijas acertó con precisión milimétrica el resultado que ocurriría 13 días después, ya que la diferencia del encuestador con el CNE fue, para el Sí, de -0,17 puntos, y para el No de +0,28 puntos. En otras elecciones, Seijas se ha equivocado pero aquí estuvo muy preciso, y mejor que muchas encuestadoras. Su nuevo diseño muestral para los cuasi-trackings que hace, pasó esta primera -y difícil- prueba. Es el deseo que perfeccione el método, para tener números confiables que ayuden a recuperar la reputación de las encuestas, que desde 2008 viene maltrecha.
De manera que desde el 2 de febrero, los números me decían una cosa, y yo quería ver otra.
Lo que sí nunca creí fueron los números de Datanálisis y de Consultores 21, que colocaron al No 13 y 15 puntos respectivamente por encima del Sí en diciembre, para decir al mes siguiente que el Sí había revertido esa tendencia, o como Fausto Masó (El Nacional, día 21-2-09), al decir que Chávez “revirtió en 3 meses una ventaja de 15 puntos”. No. No revirtió nada, ya que el PSUV –es decir, Chávez- sacó en noviembre de 2008 51,68% y lo que hizo fue agregar a esta cifra, 3,18 puntos adicionales tres meses después. En 2008, él endosó la campaña de gobernadores y alcaldes –muchos criticaron que él hiciera la campaña- y en 2009 también dijo que el “15 de febrero se juega mi destino político”, de tal modo que él ya venía con la posición salidora, y sumó tres puntos a su situación, pero no revirtió nada, porque en noviembre, la oposición obtuvo 41,79 por ciento. Es decir, estaba por dejado del gobierno. Así que Fausto no debe exagerar con sus loas a Chávez.
Ni siquiera el condenable atentado terrorista en España el día 11-3-04, cuyas consecuencias electorales se denominan el "efecto Atocha", tuvo el resultado de reducir dramáticamente la diferencia entre el PP y el PSOE. Antes del atentado, las encuestas daban una ventaja al PP de entre 2,5 y 5% pero el PSOE ganó con una diferencia del 7 por ciento. Indudablamente, el ataque tuvo una influencia, pero no fue la única causa para la victoria del PSOE, aunque en las encuestas de opinión se crea lo contrario. Igual con la victoria de Obama. La crisis económica seguro influyó en la clara diferencia que tuvo en el voto de los colegios electorales, pero en el voto popular, la diferencia fue de apenas 5,4 por ciento con McCain.
En Venezuela, no hubo "efecto Atocha" -gracias a Dios, y que no suceda- ni tampoco crisis económica al momento de las elecciones, sino después: la caída del banco Stanford. En mi opinión, esa supuesta "diferencia de 15 puntos" que Chávez revirtió, nunca existió, y lo que hubo fue mediciones de temas distintos en momentos diferentes, que se quieren hacer ver como que Chávez, efectivamente, redujo una diferencia inexistente, que sólo está en la mente de algunos encuestadores y analistas prestigiosos de Caracas.
No deja de sorprenderme que muchos columnistas y encuestadores influyentes de la oposición, han contribuido –creo que más que el propio gobierno- a crear el “mito del Chávez invencible”, cuando estamos ante un gobierno que usó tres cosas el día 15F: una maquinaria poderosa, una figura política que influye en sus seguidores, y una total falta de escrúpulos para usar los recursos del Estado y, como novedad, el miedo y la violencia para influir en la campaña electoral. Chávez es un político excepcional, pero no es un estadista –como es Mandela, por ejemplo- ni tampoco un genio, por más “conexión emocional que tenga con Yubileixis”, para tomar prestado el argumento favorito de los encuestadores de Caracas, y que gusta a rabiar a las elites.
No digo que estas firmas hayan manipulado números, porque no lo creo así. Sencillamente, creo que midieron una cosa en un contexto distinto al de la campaña. En otras palabras, que la reelección indefinida como tema es rechazado, pero en campaña, fue otra cosa. En sus encuestas, Seijas tiene una pregunta control que más o menos dice, “¿Cuándo debe irse Chávez?” con 4 respuestas: 2010, 2013, 2021, y luego de 2021. Para el corte del 2 de febrero, el 52,1% dijo que, como mucho, tiene que irse en 2013, y el 40,9% que luego de esa fecha. Un 7,1% no respondió. Se ve una contradicción: la gente no quiere que Chávez se eternice, pero votó para darle la posibilidad de hacerlo.
Hay muchas maneras de explicar esta diferencia, que van desde la dualidad de la cognición (no eternizarse en el poder) y lo afectivo (es Chávez), hasta que la gente realmente asume que si no lo hace bien –la tesis de Vladimir Villegas, El Nacional, día 17-2-09- votará por otra persona, y lo sacará en las elecciones de 2012.
Esta cifra de Seijas es parecida a la de Consultores 21 y a la de Datanálisis de diciembre de 2008, y lo que les critico a estas dos firmas no es el guarismo en sí –para la fecha en que los dieron, era la información disponible, a excepción de los resultados del 23N- sino los pedestres intentos para explicar el cambio un mes después, con el cuento que Chávez hizo “40 cadenas” o los famosos “ni-nis” que tal vez se inclinaron al Sí, por la cuña “del amor” que Chávez revivió en 2009 (aunque con los argumentos del No). Más sencillo hubiera sido argumentar que midieron constructos diferentes en momentos diferentes, y en situaciones distintas, en vez de dárselas de vivos –querían estar bien con el gobierno y la oposición al mismo tiempo- y lo que hicieron fue dañar su reputación innecesariamente, por lo que ahora "pasan agachados", como ya nos tienen acostumbrados, para salir luego con alguna encuesta de un tema no electoral. Para quienes hacen encuestas, hay dos reglas de oro: no hablar mucho, y no complacer intereses, que poco se cumplen en Venezuela, con excepciones.
Si alguna cosa habría que criticarle al No, fue no haber dicho algo como –a tenor de los números de Seijas- “déjalo, pero hasta el 2012” o algo así, pero de resto, creo que lo hizo muy bien. La crítica es bienvenida –y ahora salen muchas hacia el No- pero no hay que olvidar el contexto en que se desarrolló la campaña: una violencia sin precedentes en contra de los estudiantes, ya que el gobierno no pudo con los alumnos, y sólo le quedó “echar gas del bueno” y montar el show de la Sinagoga –la “paz”- y “La Piedrita”, pero ya quien dirige a esta banda armada del gobierno salió del país, junto a algo muy importante: el abuso del gobierno.
De acuerdo a la Comisión de Financiamiento y Participación Política del CNE (El Universal, día 21-2-09), al analizar la propaganda y los mensajes en la parrilla de Globovisión y VTV, concluyó que el Sí obtuvo el 90% de la parrilla de ambos canales, y el No el 10 por ciento. Por cada unidad del No, salieron 21 unidades del Sí ¿Quién puede negar el abuso? Está bien que se diga que el No “no supo estructurar un mensaje”, pero también hay que hablar del gigantesco abuso del gobierno.

Al regresar a los datos del 15F, la diferencia entre el Sí y el No, es de 1.121.630 votos, cifra similar a la diferencia obtenida entre el PSUV y los factores de la unidad en noviembre de 2008, que fue de 1.088.043 sufragios.
En valores relativos, la diferencia entre el Sí y el No es de 9,73% también similar a la de noviembre de 2008 (51,68% PSUV y 41,79% unidad, es decir, 9,89%). Si cabe la comparación, en 2008 hubo un 6,53% de no alineados (partidos distintos a los de la unidad o del PSUV), y ese porcentaje se distribuyó en 2009 en 3,34% para el No y 3,18% para el Sí, que si se suman a los que ambos factores sacaron en 2008, totalizan lo que obtuvieron en 2009. Es decir, de los no ubicados en bloques políticos grandes en 2008, a partir del resultado del 23N y no de encuestas, el 52% votó No y el 48% votó Sí.
En cerca de tres meses, el gobierno aumentó 636.482 votos, y la oposición en el mismo lapso, sumó 602.895 sufragios. En valores relativos, 11% y 13 por ciento respectivamente.
La oposición creció discretamente más que el gobierno, y eso pudiera atribuirse a la proporción de los no ubicados en bloques políticos del 23N, junto al 4% de votantes que se sumó a la participación, con respecto a 2008 (abstención = 30,08% y en noviembre de 2008 = 34,06%). Sobre el piso de la abstención de Venezuela (25% que equivale a 4.188.660 votantes), se sumaron 841.756 personas, que da cuenta del 30,08% de ausentismo el 15F. Con base en la abstención de noviembre de 2008, en febrero de 2009, participaron 676.214 personas que en noviembre no lo hicieron.
Los votos nulos llegaron al 1,68% y en noviembre de 2008 al 3,97% que se explica por la complejidad de los comicios regionales, aunque hay casos llamativos como Aragua, en donde la proporción de votos nulos en los 18 municipios del estado fue mayor que el promedio nacional. Está bien en uno o dos ¿Pero en 18? No deja de ser llamativo.
Con base en los resultados de 2007, el gobierno pasó de 4.357.264 votos a 6.310.482 sufragios, es decir, aumentó 1.953.218 votos, que equivale a un crecimiento del 45 por ciento en 14 meses. Por su parte, la oposición aumentó en el mismo lapso, 680.496 votos, que equivale al 15 por ciento. Por cada votó que sumó la oposición, el gobierno captó tres.
Esta cifra llama la atención. En 2007 con respecto a 2006, la oposición subió 246.369 votos, que significa el 5 por ciento. En 2008 con respecto a 2007, el aumento fue de apenas 81.768 votos, que equivale al 2 por ciento. En 2009 con respecto al 2008, como se dijo antes, la subida fue del 13 por ciento. La oposición sube lento, pero en 2009, subió más rápido que en 2007 y que en 2008. Para el gobierno, el aumento del 2007 al 2008, fue del 30% pero de 2008 a 2009, fue del 11 por ciento. Es decir, bajó.
En palabras más coloquiales, el gobierno creció pero parece tocar techo, mientras que la oposición crece lento, pero va rápido. El riesgo para el primero, es que alcance su cota en los 6 millones y allí se quede. Para el segundo, el peligro es que su despelote haga que su votación regrese a los 4 millones. Uno, porque ya no puede crecer. El otro, porque no quiere crecer. Un gigante que no puede ser más gigante, y unos enanos que quieren seguir siendo enanos.
La oposición es un “Tigre Asiático” que crece a tasas más rápidas que el “gigante” que es el gobierno, que sería los EE.UU. En términos de mercadeo, luce que el gobierno es un producto maduro cuyo crecimiento cada vez es menor y lograr que crezca, requiere de grandes inversiones, con rendimientos decrecientes. La oposición es un producto en su etapa de crecimiento, pero la gerencia no sabe en cuál nicho colocar al producto, y su fuerza de ventas es dispersa y son franquicias –cada quien hace lo que quiere, ya que se reparten el territorio como antes lo hacía la Pepsi-Cola- pero parece que a los consumidores comienza a agradarle el producto de la oposición, mientras que el gobierno madura en sus mercados naturales.

En líneas generales, las elecciones se desarrollaron de manera más eficiente que en noviembre, y el CNE cumplió con la promesa de entregar resultados a las tres horas del cierre, ya que el primer boletín fue luego de las 9 de la noche del día 15 de febrero (aunque la rapidez favoreció al gobierno ¿Hubiera sido igual de haber ganado el No?).
No obstante, aunque luzca una paradoja, si bien el clima de la consulta fue mejor que en noviembre de 2008 –haciendo la imposible abstracción del abuso del gobierno, que subió a la N potencia- se observa una suerte de “represión electoral”, en donde criticar al voto prácticamente es un delito de traición a la Patria, o algo por el estilo. Resalta la atención el alto número de detenidos por “delitos electorales”. En comparación con noviembre de 2008, aumentó en 35% el número de detenciones, para llegar a 276 casos. Es una cifra muy curiosa, y llama la atención que desde noviembre, no se diga nada de esto, y “pasa por debajo de la mesa”. Lo cierto es que las amenazas del general González González no funcionaron, porque la rebeldía fue mayor, a tenor de las cifras. Hubo reactancia frente a sus amenazas las que, de paso, fueron muy patéticas.
Hay casos tan emblemáticos e inhumanos como el de una señora en Zulia, de 68 años ¡detenida por romper el ticket electoral! ¡qué barbaridad! Y por eso, a la señora le dio un ACV ¿Una subversiva de 68 años? Otro caso es el de la periodista María Iguarán (del estado Sucre), detenida, puesta presa, y ¡desnudada¡
Esta dureza que raya en lo francamente inhumano y humillante en un país que dice ser democrático, contrasta con el voto por segunda vez –algo que viola la regla fundamental de la democracia de “un hombre, un voto”- de Tarek Saab e Istúriz.
De la misma forma, Ojo Electoral informó que el 16% de las mesas quedaron abiertas luego de las 6pm, aunque no había votantes. Denuncia similar hizo esta ONG en noviembre. No obstante, las auditorías mostraron que los resultados son confiables.
Sobre el comportamiento de la oposición el día de las elecciones, estuvo a la altura, en tanto los actores se movieron de manera coordinada, y hubo una perfecta sincronización de los mismos de acuerdo a la hora del proceso electoral. Las declaraciones de la mañana llamando al voto, y afirmando que “todo va muy bien”. Las reafirmaciones en la tarde. El llamado de los estudiantes. Luego, la “guerra psicológica de resultados” con el gobierno, y el posterior reconocimiento de los resultados. Todo se realizó bien y sin excesos, y esto debe ser tenido en cuenta por la oposición para el futuro, y corregir los errores que haya que solventar, y mantener lo que ha funcionado.
Esta actuación conjunta, tuvo un efecto positivo que no ha sido comunicado mucho, y es que los líderes del No en los barrios sienten un aprendizaje positivo de la experiencia electoral, que contrasta con el discurso tradicional de auto-flagelación de la oposición, como el dado por Ramos Allup el día 19-2-08, quien pareciera marcar un deslinde de la oposición o una lectura errada del contexto del país, en la falsa creencia que el que “pique adelante” es el que va a ganar. De nuevo, más que una carrera de velocidad, es una carrera de resistencia.
Esta descoordinación y “tirarse las piedras” en la oposición luego del 15F, después de una acción coordinada antes y el 15F, me llevó a escribir este post, porque creo que los retos de la oposición son dos: representar y recuperar el valor del voto, no tanto “buscar un líder” –el nuevo mantra que los gurues de siempre legitiman ahora, y todo el mundo repite- “porque Chávez ya está en campaña”. Ya lo sabemos, y también algo más: busca eliminar a los que considera competidores: López, Rosales, y ahora le toca a Ledezma.
Al margen de esto, estas dos acciones son básicas para que la oposición siga creciendo en el futuro, y pueda derrotar al gobierno con los votos.
La primera, representar, porque hay que darle un canal de expresión a los intereses de los 5,2 millones de personas que votaron por el No. En una perspectiva funcionalista, la política consiste en agregar y articular intereses diversos, y en estos 5,2 millones, hay pluralidad de intereses que necesitan ser representados. Normalmente, la oposición levanta votos, pero luego desaparece hasta la próxima elección o hasta que a Chávez se le ocurra algo, y ponga a todo el mundo a correr.
Ahora esto no puede ser. Tiene que mantener sus votos activos, y la manera es creando un mecanismo de coordinación y de representación ¿Cuál? No puede ser un partido, porque la oposición es una pluralidad de partidos. Tampoco hay un líder, y no se sabe cuándo aparecerá, porque el liderazgo no se decreta, sino que se promueve.
De manera que hay que buscar un espacio de interacción entre la sociedad y los partidos, como cabezas de las estrategias, alejados de los “poderes fácticos”, como ejecutivos de medios, que en esta elección del 15F, metieron la pata.
Aparece a la vista re-editar la Coordinadora Democrática, pero no se puede porque el momento es otro, esta instancia está asociada a un fracaso (15-8-04), y por el carácter cerrado, no abierto, que tuvo.
Sin embargo, la idea de una “coordinadora” a secas no debe ser desestimada, sino “reinventar” el concepto ¿Por qué no algo como un “congreso de los venezolanos”? Es decir, un parlamento en donde participen todos los factores que hacen vida en la oposición y en la sociedad, con la novedad que ese parlamento sea escogido por unas elecciones de base abiertas o semi-abiertas, y que ese parlamento, a su vez, escoja una directiva, y ésta interactúe con los partidos, no para imponerle líneas a los partidos sino, más bien, para servir de factor moderador, de factor impulsor de ideas. Por ejemplo, proponer un método para la selección del candidato presidencial de la oposición para 2012, que sea analizado por los partidos, y se llegue a un método de aceptación por todos, y evitar los cogollos o las famosas encuestas.

Los partidos irían a este parlamento a escuchar –no es interpelar, ya que no hay relación de autoridad- y el parlamento también escucharía a los partidos, con lo que se buscaría promover un “círculo virtuoso” en donde los partidos tomarían la decisión final, pero estarían obligados a escuchar a los 5,2 millones de personas que votaron por el No quienes tienen su representación, y eso obligaría a crear un espacio de debate en la oposición, que hoy no existe, y sólo están intereses mezquinos, que quieren figurar en 2010 y 2012, aún a costa que Chávez se quede por siempre.
De la misma forma, los que votaron No sentirán que su votó conto y cuenta para definir políticas, en una instancia más transparente que las “macollitas” en hoteles, restaurantes, u oficinas, cuyas discusiones y decisiones nadie conoce.

La segunda acción, recuperar la confianza del voto, porque en Venezuela hay una paradoja. La gente vota más, pero el voto sirve menos. Esto el gobierno lo hace para compensar la erosión del carisma de Chávez. Este, cada día, descansa más en el poder del Estado, y menos en su carisma –que se ha “rutinizado”, para usar la expresión weberiana- y de aquí que el gobierno se vuelva cada vez más autoritario y policial, porque la erosión carismática que se traduce en un techo electortal, se compensa con la coacción del Estado para mantener el poder.
De aquí que el voto valga más para la gente, pero sirva menos para el gobierno, porque políticamente no es eficaz para promover el cambio y, en la tradicción funcionalista de la ciencia política que ejemplifica David Easton, el sufragio sirve “para asignar autoritariamente los valores en una sociedad”.
Lo que hay que hacer, entonces, es recuperar la eficacia política del voto, que significa su capacidad para generar cambios políticos. Ni siquiera ha pasado una semana del 15F, y pareciera que no ha pasado nada, que no hubiera ocurrido una elección. Regresamos a lo mismo. Así fue el 23N. El gobierno viene amputando al voto, y ya sin ningún rubor, no respeta resultados, aunque gane. El 2D la gente votó por la paz, y no hizo caso. El 15F la gente hizo igual, y Chávez anuncia que “profundizará el socialismo”, cuando la gente votó por otra cosa. Así que aunque gane, no respeta el significado del voto. Si pierde, igual: lanzó 26 leyes, y desconoce y quiere exterminar a gobernadores y alcaldes de la oposición.
El gobierno le quita al voto su carácter ético y político, y quiere que sea un elemento pragmático de legitimación ya no interna –porque hace lo que le da la gana, una tiranía y un despotismo- sino externa, de manera que en el mundo se diga que Venezuela es un “país democrático”. El único límite que tiene Chávez son sus propios impulsos (su ego), y la opinión pública internacional (por ejemplo, caso anti-semitismo del gobierno).
Todos los países –incluyendo a los EE.UU- se vieron precisados a “felicitar” a Chávez, “por su triunfo democrático”, con algunas reservas de algunos países, como que “si los venezolanos quieren la reelección indefinida, es un asunto de ellos”.
Venezuela se configura como un sistema excepcional en un mundo en cambios. Una reliquia de la Guerra Fría con mentalidad de 1830, que se acepta, porque así lo decidieron los venezolanos y las venezolanas, y es lo que el gobierno quiere lograr con las elecciones. Hacia adentro, que legitimen la tiranía (hacer lo que a Chávez le de la gana, sin límites); hacia fuera, que legitimen la excepcionalidad (o supuesta) venezolana.

De manera que para recuperar la eficacia del voto, no basta con decir que se creció –que es el primer paso- sino hacer, y esta es la parte más dura. Porque hacer, supone romper con el status-quo que dice que la oposición crece, pero sin eficacia en lo real, y esto genera una zona de comodidad que nadie quiere romper, y solventa la disonancia ante la hegemonía del gobierno: crecemos, pero algún día seremos gobierno, aunque se hace todo para que nunca lo seamos. Es esto lo que hay que romper, y significa que la oposición sea oposición de verdad, no de palabra.
Lo anterior, supone que la oposición tendrá que hacer cosas y enfrentar al gobierno, y éste va a responder represivamente, porque se dará cuenta que la oposición rompe el status-quo: tiene votos, pero no puede hacer nada, a una situación de tener votos y hacer cosas.
Pero así es la oposición, como argumenta Gianfrasco Pasquino (1997), al decir que, “Las oposiciones han de contender con el gobierno en materia de reglas y en materia de política. Serán absolutamente intransigentes cuando el gobierno se proponga establecer reglas que destruyan la posibilidad misma de la alternancia. En cuanto a políticas, las oposiciones serán críticas de los contenidos que propone el gobierno, y propositivas de contenidos distintos, pero también conciliadoras cuando existan espacios de intervención, mediación, colaboración, y mejoras recíprocas. En definitiva, la buena oposición es la que sabe usar, según la enseñanza de Maquiavelo, ‘del zorro y del león’, de la astucia político-parlamentaria y de su fuerza político social(...)La oposición tiene el deber de contender con el gobierno, demostrando ser un gobierno alternativo”.

De aquí que discrepe de las palabras de Ramos Allup del día 19-2-09 –digo Ramos, porque es el que descolla ahora- quien intenta ser una suerte de Super Yo de la oposición y de la sociedad, pero al extremo, que en vez de liberar a la oposición, la castra con sus regaños altisonantes –en eso se parece a Chávez- y contribuye a anularla y a mantener el status quo que Chávez quiere.
Por supuesto, las críticas de Ramos deben ser analizadas y tiene todo el derecho a hacerlas, pero lo inaceptable es que despache con un "siempre ha sido así", el abuso del gobierno, y el descomunal esfuerzo que hizo la mitad del país para rechazar la reelección indefinida. Chávez ganó, cierto, pero le costó ganar. Esa es la verdad, y es una señal: le costará también en el futuro, y de aquí su talante autoritario, para evitar lo inevitable: que dejará el poder, y no morirá en la cama mandando, como Gómez o Castro (Fidel).
En resumen, el problema político para la oposición es ¿Es suficiente su tasa de crecimiento para recortar al gobierno la velocidad autoritaria que lleva? Si la respuesta es sí, no se impone el autoritarismo. Si la respuesta es no, el gobierno se impone. Este es el problema a resolver.
Por lo anterior, el título de este post. La oposición crece –cierto- pero ¿Sabrá hacer y representar? Es su nuevo desafío.