Léeme en otro idioma

viernes, 10 de abril de 2009

¿Qué hacer?
Tal vez sea ocioso en estos momentos, seguir terciando sobre cuál forma de gobierno impera en Venezuela.
Puede llamarse autoritarismo, dictadura, tiranía, gobierno de fuerza, democracia iliberal, democracia autoritaria, despotismo, satrapía, autocracia, personalismo, caudillismo, régimen burocrático-autoritario, etc; y si nos movemos en el marxismo, despotismo oriental. Cuál etiqueta, es lo de menos. En lo que sí hay coincidencia, es que se está ante un gobierno que no tiene ningún tipo de restricciones, y que se ha colocado al margen de la ley. No hay división de poderes real, y al seguir la tradición iniciada con la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, no hay Constitución.
En Venezuela gobierna la voluntad de una persona; voluntad que se ha erigido en aparato burocrático, ideológico, excluyente, y autoritario.
Con una realidad tan clara -y tan dura- también luce redundante hacer análisis. Ya todos saben lo que pasa –que no se quiera ver, es otra cosa- y hacia dónde se quiere llevar al país. Sin embargo, no está demás recordar lo que hace el gobierno.
De lo que se trata es de aplicar el miedo y el desprestigio al máximo: toda la gente de la oposición es corrupta, y el gobierno saca inventos, y a todo le dan espectacularidad mediática, mientras golpean con la fuerza para atemorizar y dispersar. Es quebrar la moral de la oposición y del país, y tratar que éste se someta a una dictadura.
Diosdado Cabello lo dijo claramente (El Universal, día 5-4-09): no van a dar tregua a los gobernadores y alcaldes de la oposición, van a imponer el socialismo “sin complejos”, y van a tratar de reducir el 45% de la oposición.
Lo llamativo, es que esto ocurre como reacción a las acciones de la oposición. Es decir, hay una respuesta represiva a la movilización inicial que generaron gobernadores y alcaldes de la unidad, y para anular cualquier avance de la oposición, se apela al expediente autoritario.
Como argumentó Colette Capriles (El Nacional, día 19-3-09), se busca derogar los 5,3 millones de votos de la oposición. Abolir la alternativa, porque en una competencia aún desventajosa, pero electoral, la oposición podría ganarle al “titán” que asombra a Luis Vicente León de Datanálisis. Lo que busca “el titán” de León no es nada titánico: hacer imposible que la oposición gane por la vía electoral, y apelan a la dictadura.
Como se argumentó en el post Crece ¿Pero sabrá hacer y representar? el gobierno apuesta a controlar todo para, en la próxima elección, tratar de tener una victoria 80-20. Avanzan en todos los espacios, y la agenda luce tener tres elementos:
a.-Agenda política: “quebrar” el 45% de la oposición con toda la política represiva que ahora hace el gobierno, para buscar que la gente “salte la talanquera”, y bajar ese porcentaje, sea por miedo o por conformismo.
Paralelo a esto, está la agenda de la centralización territorial, que incluye no sólo la creación de un jefe para Caracas, sino la usurpación de competencias de los estados, al quitárselas. La última, las competencias en materia de vías en 20 estados.
Si se lee la “nueva” Ley del Distrito Capital, realmente no dice nada nuevo, ni tampoco representa una innovación con respecto a lo que existe, ya que las atribuciones del Distrito Capital en la nueva ley son etéreas, y no se puede ocultar el verdadero propósito: tener un funcionario en Caracas, designado por Chávez, que “va a ejercer la tutela” sobre la Alcaldía de Libertador. Como argumentó Asdrúbal Aguiar (El Universal, día 8-4-09), la motivación de la ley parece ser quitarle recursos a Ledezma, y ponerle un jefe a Jorge Rodríguez. De resto, la ley es un catálogo de buenas intenciones que no se desarrollan –“núcleos del poder popular”- y de lugares comunes.
Se la quiere vender a los caraqueños como un acto de justicia, porque ahora “recibirán el situado”, que antes recibían otros municipios.
Aquí se ubica la cacería y humillación a símbolos de la oposición como los comisarios, Baduel, y Manuel Rosales.
Aprovecho para expresar mi fuerte solidaridad hacia Rosales, con quien trabajo desde abril de 2006, en la Sala Situacional que le ofrece análisis y recomendaciones. Aprecio su valor y perseverancia -no muy entendidas dentro de la propia oposición, que le siguen cobrando que haya reconocido que perdió en 2006, lo que revela su talante democrático- y entiendo su decisión de mantenerse en resguardo, ante un gobierno que no tiene pundonor, y que humilla a personas cercanas al entorno de Chávez, como Baduel, quien es su “compadre”. Un gobierno así, no merece que una persona asista a una citación. Entiendo la posición de Rosales, y desde aquí, le deseo mucho éxito, en la espera de volver a trabajar juntos.
Valoro también la solidaridad de Globovisión con Rosales. Ha transmitido buenos programas como “Retrato en familia” (día 7-4-09), y el día 10-4-09, repitieron el programa de Rosales con Leopoldo Castillo el día 25-3-09. La verdad es que Globovisión se las juega, y es un canal solidario. Así también se comporta hacia los comisarios.
Con aquéllos, luego de la terrible sentencia, más bien su prestigio ha crecido en la opinión pública, y esto tal vez explique las amenazas del gobierno a las esposas de los funcionarios. En los foros de internet, la generalidad de las opiniones expresan solidaridad con los comisarios.
Una “táctica” en este punto que hace el gobierno, es incentivar la vergüenza en las personas que votaron por candidatos de la oposición. La idea es ponerlos como parias morales, para que la gente sienta pena de ellos, y se desligue afectivamente de la oposición.
Así, el ministro del Interior dice que Ledezma es una “vergüenza”, o que Rosales, “de la cara por el pueblo que votó por él”, como dijo Vanessa Davies, y agregó que “da vergüenza”.
Es manipular a la gente, al crearles sentimientos de culpa, porque sus dirigentes “no dan la cara por ellos” ¿Conclusión? “Dan vergüenza”, y se espera que la gente se aleje de la oposición.
b.-Agenda de medios: una vez que la agenda política se considere lista –es decir, que no haya una oposición con fuerza- se avanzará en la agenda de los medios, que consiste en neutralizar a los medios críticos, principalmente Globovisión y RCTV, los que fueron nuevamente denunciados en Conatel por darle voz a las esposas de los comisarios.
c.-Agenda económica: de la que habla Giordani, y la que dice tomará más tiempo. Es así, ya que mientras lo político y los medios no estén bajo control total, será difícil aplicar el modelo de planificación centralizada a toda la sociedad. Esto no quiere decir que el gobierno no avance en este asunto, pero a diferencia de la agenda política que se adelanta con rapidez, en la económica, se va por etapas.
Ahora vamos al meollo del post ¿Qué hacer?
Uno de los gurúes internacionales de la sociedad venezolana –junto al chileno Fernando Mires- es el exguerrillero del Farabundo Martí, Joaquín Villalobos, hoy catedrático en Oxford.
Hace unos años, este señor dijo que la oposición había seguido una ruta contra reloj: del paro llegaron a las elecciones, y que si ese era el caso, la ruta debió ser al revés: de las elecciones al paro.
Esto se dice porque el gobierno sigue en su estrategia de control autoritario, sin ningún tipo de contrapeso interno. Sólo hace “retiradas tácticas”, para luego seguir. Ahora, lo único que parece interesarle, es tener la bendición de los EE.UU, bajo el expediente de la “excepcionalidad autoritaria venezolana”, para sentirse tranquilo. Es lo que Chávez afanosamente quiere obtener en la Cumbre de las Américas.
Si Obama acepta que Venezuela sea una dictadura, pero dentro de sus fronteras, el gobierno se sentirá satisfecho.
Hay dos opciones al qué hacer. Dejar que el gobierno se fortalezca y, definitivamente, se establezca la dictadura, y sea algo normal, como el gobierno quiere, y algunos también, más por cansancio que por convicción.
Lo otro, es oponerse y evitarlo. Es lo que hace la oposición política, pero con menos opciones, ya que la carta del paro y del golpe –Carrera Damas hace una defensa del golpe del 45; o Mandela, quien hizo una justificación de la violencia política en su juicio, por lo que hablar de un golpe de Estado no debe acomplejar a nadie- la gastó, de manera que apelar a esto ahora, debilitaría a la oposición. Sólo queda la “resistencia pacífica y democrática”, como la llaman, y hay que saberla llevar. El gobierno tiene la fuerza, pero la oposición puede tener la opinión pública, de donde puede derivar su fuerza política, para luego actuar, cuando llegue el momento, que llegará.
Si se atiene a la reciente encuesta del IVAD (Seijas), la oposición no lo hace bien. De acuerdo a los números del encuestador, pareciera que se vive en un “mundo feliz”, y lo único que perturba un poco, es la toma por el gobierno de plantas de alimentos (47,7% en desacuerdo frente a 44,4% que está de acuerdo). De resto, todo “está normal”, como diría José Vicente Rangel.
Tanto, que a pesar que a los gobernadores y alcaldes de la oposición los tienen contra la pared, un 55,1% cree que es posible un diálogo entre el gobierno y la oposición. También, a pesar que el 86,1% estima que la seguridad personal es el principal problema del país, seguido del desempleo con el 41,1% y la crisis económica con el 15,5 por ciento. Nada perturba.
O realmente la situación del país es buena y este es el mejor sistema político que hay, y la oposición equivocó el enfoque y este blog no tiene sentido; o a los venezolanos los embaucan fácilmente, y lo de “caribe” como que llega sólo a colearse y a dar “regalitos” para obtener cosas, meterse en el hombrillo, o sacar dólares, pero a más nada.
Nunca antes había habido una diferencia tan grande en la percepción de las encuestas y en la percepción de lo que pasa en el país. En la encuesta citada, en la pregunta cómo lo ha hecho la oposición en el último año, un 51,6% dijo que lo ha hecho mal, un 35,3% que lo ha hecho bien, y un 13,1% no sabe.
Esto debe llevar a pensar en la estrategia que hace la oposición, refinarla y cambiarla en lo que haya que cambiarla.
Algunas cosas pueden afirmarse.
Lo primero, es que es un acierto haberse asumido como “resistencia”, porque establece la diferencia entre el gobierno y la oposición. Al mismo tiempo, la palabra “resistencia”, supone un significado dentro y fuera del país, que ya define a un gobierno autoritario. Es un significado político. Así que el uso del término, con el agregado de “pacífica y democrática”, ayuda, en tanto comunica que se está ante un gobierno autoritario, pero que se va a luchar de acuerdo a unos procedimientos, que no son fáciles o expeditos, pero que se han asumido para la lucha.
Un segundo acierto, que no se ha desarrollado mucho, es que la lucha llevará tiempo. De alguna manera, se asume que no hay tiempos cortos, sino que hay que armarse de paciencia, y tal vez lo que proceda en este punto, es la planificación de los tiempos; la gerencia de los tiempos para no agotar los recursos en una sola acción.
Si se toma como punto de corte el cronograma electoral de 2010, quedan 20 meses. Si se ven así, puede parecer mucho tiempo, pero si se clasifican en espacios de tiempo –trimestres, por ejemplo- se tiene que hay 7 trimestres. Esto ayuda a clasificar y a gerenciar el tiempo, ya que se pueden pensar actividades para cada trimestre, con su gerencia y evaluación, de manera de tener una progresión el tiempo. El famoso Pert CPM de la Segunda Guerra Mundial, o algo parecido.
Se puede, incluso, hacer clasificaciones de actividades. Por ejemplo, tres áreas: Concientizar, Proponer, y Actuar. Con esto, se puede hacer un cuadro 3x7, en donde las actividades se crucen con los trimestres; “Concientizar x Trimestre I”, y eso da actividades, “Mostrar que la descentralización fortalece al Estado, y no lo debilita” o “Mostrar que la descentralización ha mejorado la calidad de vida de las personas”, etc. Así con lo demás.
Lo tercero, es evitar que el gobierno construya a la oposición, y que ésta sea la que se construya a sí misma. Una manera de evitarlo es no proponiendo loqueras o “regresando a las andadas”.
Si la oposición comienza a hacer propuestas extravagantes, extrañas, se irá quedando sola progresivamente, y toda la lucha se va a perder. Esto hay que evitarlo a toda costa. Hay que proponer cosas reales, sentidas, y no extravagantes.
Más bien, hay que estructurar un mensaje y su núcleo, y el Gobernador del Zulia, Pablo Pérez, dio la clave: “una estructura autoritaria”, que puede desarrollarse en los temas que manejan los gobernadores y alcaldes, pero en esos temas, y no salir a hacer otras cosas; “quien mucho abarca, poco aprieta”, muy de la sociedad venezolana que para compensar su bajo rendimiento, quiere hacer 30 cosas al mismo tiempo, y al final “ni una cosa, ni la otra, sino todo lo contrario”.
Hay que estructurar un mensaje, y repetirlo, y que se sea perseverante en eso, de manera que la sociedad diga, “si esta gente tiene diciendo eso tanto tiempo, es que algo debe haber”, y no pasar un día una cosa, y luego otra, que revela dispersión mental, y a eso la gente le huye.
En fin, que la oposición tiene que legitimar su discurso de la resistencia, para que tenga fuerza para actuar cuando llegue el momento, que va a llegar. Ahora, en 2010, en 2012, o en 2019, pero va a venir. Tiene que tener legitimidad para tomar acciones y decisiones difíciles, que tendrá que tomar.
Finalmente, hay que decirle al país que las cosas no están bien. Tal vez las respuestas en la encuesta del IVAD, sean porque no se le ha dicho al país que las cosas no van bien, porque todo el mundo quiere “quedar bien”, y nadie asume la tarea de decir lo que nadir quiere escuchar. Se crea, entonces, un falso consenso, y parece que todo está bien, y nadie lo cuestiona.
Parece llegada la hora de cambiar esto. Mientras no ocurra, la gente se va evadir del problema, simplemente por un mecanismo de protección psicológica, que evita lo desagradable.
Ahí está el papel del liderazgo ¿Quien quiere hablar de crisis económica? Hay dos opciones: o se hace como Chávez, que la evade, y pinta un “mundo feliz” –de acuerdo a la Cepal, hasta el 20-2-09, Venezuela no registra ninguna estrategia para paliar la crisis, junto a Trinidad y a Suriname- o se hace como Obama que la enfrenta, y argumenta el por qué de lo que hace.
En Venezuela, tanto el gobierno como la oposición evitan encarar los problemas, y sus comunicaciones no dicen lo que hay que decir, sino que muestran un “mundo feliz”, que parece más bien la proyección de gente que se siente culpable por no ser pobre o por ser blancos o rubios, o haber estudiado en un colegio privado. Por supuesto, son acomplejados, pero no pendejos. A la hora de casarse, buscan una miss de Osmel, que las tiene dispuestas, ahora que hasta el Miss Venezuela está en crisis, y no a la compañera de las redes populares, o a la camarada de la mesa técnica de agua.
Ahora bien, cuando hay que hablar de cosas serias y salirse de ese mundo de lugares comunes en que vive buena parte de la sociedad venezolana, la gente reacciona como menores, y no quieren que se les hablen de las cosas delicadas o que producen tensión; “cancelado y trasmutado”, dicen, “porque ahora todo el mundo está en la Cábala”, junto a los santeros. En fin, le sacan el cuerpo a los temas que implican espinas o cosas que nadie quiere escuchar.
Mientras esto sea así, Chávez reinará. Eso fue lo que hizo con las medidas económicas: evitar hablar de lo que hay que hablar, y al final, “todo es una joda”, y ese comportamiento es celebrado. Se esperaba el fin del mundo, y resultó ser un vacile.
Decir lo que hay que decir, y poner en claro lo que se juega, es lo que es liderazgo, y eso supone a veces decir lo que nadie quiere escuchar. Y parece que es lo que hay que hacer ahora: sensibilizar, porque de acuerdo a la encuesta del IVAD, parece que se vive en el mejor de los mundos ¿Es así?
Hay que ser un poco más irreverente en las comunicaciones, y hablar menos del “mundo feliz” que se ve mucho en cuñas y mensajes. Hasta Polar, atacada, todavía saca cuñas del tipo "mundo feliz". Ese “mundo feliz” parece la proyección del mundo que los hacedores de cuñas quisieran que fuera o creen que debería ser, pero no parece ser el mundo real, en donde un gobierno toma una empresa, porque le da la gana, y listo.
La oposición cae mucho en el “síndrome Polar”, es decir, el “mundo feliz” de gente ajena a todo –el paternalismo; no se puede apelar a la gente, no hay que molestarla, hay que dejarlos en su mundo, sin exigirles nada- mientras los dirigentes asumen el rol de sufridos, bajan el perfil, y ven las fotos de su familia, y concluyen, “esto lo hago por mis hijos”. El arquetipo nacional del hombre bueno, pero que sufre, acosado por los malos, pero que al final se hará justicia, y el resto, espectadores de la injusticia, pero incapaces de decir o hacer algo. Toda una novela para Venevisión.
En un tema que ocupa ahora, por ejemplo, si no se sensibiliza al país sobre el caso de Rosales, el gobierno en cualquier momento podrá detenerlo. El Zulia reacciona, porque se ha sensibilizado, y eso porque ve una gestión, porque de alguna manera han sido interpelados en su conciencia ¿Por qué defiendo a Rosales? Y es lo que debería hacer la comunicación de la oposición, interpelar a la conciencia de la gente, más que el paternalismo de evitar decirle a la gente cosas que no quiere oír, que terminan en cuñas del tipo “mundo feliz”, que muchos dicen, “¿Cuál país será ese, porque no es este?”.
En resumen, la sugerencia es que hay que ser más irreverente en las comunicaciones, interpelando la conciencia de la gente en los temas que no quieren escuchar –que significa Polar, más allá de la Harina Pan o el calendario de las “chicas Polar”, por ejemplo- o que hay una persecución en contra de Rosales, y que eso será para todo el país, por lo que nadie estará a salvo, aunque nadie lo quiera saber, o no quiere que se lo digan.
El propósito de todo esto, es crear la conciencia para cuando a la oposición le llegue la hora de tomar decisiones, que van desde hacer valer la victoria de su candidato en 2012 o en 2010, o cosas que antes se descartaban, pero que hoy pueden ser opciones: convocar una constituyente –por el camino que van las cosas, no es descabellado- o asumir la abstención, si el gobierno plantea llevar las elecciones de 2010 a 2012, con algún cuento.
Por un lado, entonces, es tomar la idea de Ledezma de una constituyente, pero que sea nacional, en el sentido de darle forma a un descontento y a una alternativa de abajo hacia arriba, que vaya confluyendo de manera natural en un mensaje, en una estructura, y que la oposición sea como la autopista, la vía ancha para que esa constituyente se encauce, circule, y tome fuerza.
Lo segundo, es construir el mensaje, la propuesta alternativa, y asumir una postura doctrinaria, “sin pendejadas”. Si se es capitalista, de mercado, o progresista, o lo que sea. Asumirlo. Dejar el “ninismo” de estar bien con todo el mundo, y comenzar a argumentar sobre otra visión, otro modelo, y que eso sirva también de paraguas a la movilización social.
¿Y cómo se hará todo esto? Lo clave, ahora, es la construcción de una dirección política. Lo que Ledezma llama la “Junta Patriótica”.
Esta junta debe reunirse y mostrarse periódicamente, y de manera inicial, dar mensajes de confianza, y serenidad, y no mostrarse alterados. Mucha “sangre fría” y comunicar al menos, una confianza inicial para evitar la desesperanza de la gente. Mensajes serios y aplomados, nada de “shows” a los que son proclives algunas personas de la oposición. Ahora es momento de articular, “no de hablar mucha paja”, que es el deporte nacional por excelencia, sino de comenzar a aglutinar sectores, a hacer el trabajo silencioso de preguntar, y de armar la Junta Patriótica, con caras visibles, pero también apoyos de sectores no visibles del país.
Los partidos deben asumir su rol de directores y articuladores, sin complejos con los “grupos de maletín”. Quien se moleste, se molestó, y ya. No es momento ahora de egos, o de “me tienen que tomar en cuenta, o si no, me porto mal”.
Pueden comenzar cambiando el día de la rueda de prensa de los lunes, a otro día. El lunes es patético, y es una herencia de la época de oro de AD y de Copei, que ya no existe. Pueden cambiar al día domingo, y hacer en vivo una respuesta al gobierno. De la misma forma, que sean ruedas de prensa en conjunto, de tal forma que el 15% o 20% de la oposición que sale en las encuestas, se vea junto y no separado. La unidad debe comenzar por lo simbólico.
Durante la resistencia en contra de Pérez Jiménez, Betancourt envía un memo al CEN (1-11-49), en el que entre otras cosas, afirma que, “Nada perjudica más a una dirección política como que se crea que vacila al trazar el rumbo. Si se traza malo, siempre hay tiempo para rectificar. Pero debe trazarlo ella, ella sola(...)Golpear juntos y marchar separados”.
No es momento de vacilar o de dar respuestas dispersas, o de múltiples vocerías. Se requiere ahora mostrar claridad y calma, como sugerían Carnevali o Leonardo, en esos años duros de la dictadura.
No se trata de recrear un pasado, sino de asumir los atributos que en otra época usaron personas para enfrentar situaciones de escasa o nula democracia. Cada época tiene su sentido, pero no hay que desechar las experiencias. Así como en el año 2002, la “moda” de los gurúes mediáticos y encuestadores de la oposición era “Yugoslavia”, y casi todos se fueron en esa línea, no había que ir tan lejos. Aquí hubo criollitos que también hicieron su “Yugoslavia” en los 50, y aunque hubo dolor y sufrimiento, se salió de la dictadura.
Tampoco desesperarse si la gente no responde, o bajar un poco el tono interpelador o moralista de la sociedad venezolana, del tipo “y qué pasa con la opinión pública”. Tampoco esto parece ser nuevo.
Durante la resistencia contra de Pérez Jiménez, una vez liquidados los principales dirigentes de AD y el PCV en la clandestinidad, la dirección la asumieron “los muchachos”, y hallaron algo parecido a lo que hoy pasa: la apatía.
Una carta del entonces Secretario General de AD en la clandestinidad, “Reinaldo” (José Francisco Sucre Figarella, Kiko), le envía a “Hipólito” (Octavio Lepage), con fecha 22-3-57, le dice, entre otras cosas, que, “(...)Y es lo que se plantea en el ánimo de muchos ¿No hemos acaso llegado a un momento en que el curso a seguir será dado por la voluntad absoluta de Pérez? Esto es delicado, pero plantea muy bien el grado de aceptación fatalista del régimen actual. Y te repito, no hay apoyo de ninguna especie, sino simplemente eso: una resignación aceitada diariamente con la dosis de bolívares, festivales, viajes, etc. Quien no tome en cuenta esto, no podrá entender la situación venezolana actual” (Archivos de Betancourt, 1953-1958). Hoy, Pérez es Chávez, y los bolívares son dólares, tal vez con mayor apoyo al gobierno, pero no más del 50% como revelan IVAD y Datanálisis, aunque ésta última en su estilo de “un tirito al gobierno y otro a la oposición”, lo llame “titán”, palabra que es la comidilla en las elites de Caracas, para variar.
De aquí la importancia de organizarse, junto a la “declaradera”. Se vuelve a Betancourt (carta a Víctor Carnevali, 1-5-56), “Cuando un equipo voluntarioso no arrea la bandera, ni tuerce la fe, ni cae en el derrotismo comodón, y cobardón, está ganada la mitad de la pelea”.
¿El propósito? Crear un gran movimiento nacional en contra del autoritarismo. De nuevo, Betancourt (carta a A. J. Blanco, 5-8-49), “I la verdad es que nosotros no podemos pensar, en estos momentos precisos, en organizar una acción violenta que venga de los cuarteles a la calle, porque la inmensa mayoría de los oficiales afectos a las ideas democráticas han sido dados de baja, o no tienen mando de tropas, o están en la cárcel o el destierro. Si no es posible organizar una acción de este tipo, si una invasión armada desde el exterior resulta un sueño disparatado, no nos queda como posible sino la acción popular de masas, constante, valiente, perseverante. Esa acción debe ser conducida hacia una encrucijada en que ya no sea tolerable por el país la existencia de un régimen de usurpación, y la cólera popular se exprese en forma tan avasallante que ya no puedan detenerla las bayonetas. Por acciones populares de esa índole cayeron Machado en Cuba; Ibáñez en Chile; Villarroel en Bolivia, y otros más de los muchos tiranos que ha padecido nuestra América”.
De nuevo, hay que hacer el trabajo de construir la base, y darle cabida y canal al descontento; darle forma, politizarlo en dos platos; para luego crear conciencia, y finalmente tomar acciones cuando el zarpazo autoritario definitivo haga su presencia en algún momento, como ocurrirá.
Es el momento de sembrar. Ya vendrá el tiempo de la cosecha. El suelo está árido, y el calor es inclemente, pero en el horizonte se otea un buen tiempo.
Hay que buscar lozanos aires y nacientes bríos, para construir el camino a la libertad.