Léeme en otro idioma

lunes, 6 de julio de 2009

Lección Persa
Entro en un tema en el cual no soy experto: Irán. Sin embargo, los acontecimientos ocurridos luego de las elecciones del 12 de junio en ese país, llaman a no obviarlos, y a fijar posición. En la era de Internet, es imposible no saber lo que pasa, y mucho menos a no tener algo qué decir.
Las enseñanzas que se derivan de este episodio las ubico en tres categorías de análisis: 1) Las relaciones internacionales, 2) Las elecciones en el mundo actual, y 3) Lecciones desde y para Venezuela.
En el post La Declaración de la Moneda (23-9-08) se dijo lo siguiente, que considero aplicable al momento que vive Irán, aunque se escribió al pensar en la stuación de América del Sur; “La Declaración ayuda a Chávez, en tanto que uno de los temores que le quita el sueño – ‘el separatismo’ o la posibilidad que su poder sea cuestionado a través de movimientos regionales, lo que él llama la ‘revolución naranja’ - es rechazado de forma clara en el documento, y éste introduce un término novedoso, que puede estarse adelantando a lo que perciben los presidentes en la región, ‘golpe de Estado civil’, y lo que está detrás de este término son las rupturas o cesiones territoriales, que es el fondo de la Declaración. Esta diferencia es relevante”.
La época de las intervenciones de un país en otro –al menos militarmente- parece haber cesado, o si ocurren, supondrán un gran consenso previo, como puede ser el caso futuro de Corea del Norte, en una eventual amenaza nuclear, o el caso de Irán, en la misma eventualidad atómica. Quedan las intervenciones unilaterales, como la que puede hacer Israel en Irán, en donde habrá un rechazo inicial, pero la situacfión se resolverá en función a cómo se desarrollen los hechos posteriores al primer ataque.
Sin embargo, parece que ante los asuntos domésticos, las intervenciones serán nulas, y a los estados sólo les queda el recurso de opinar y ejercer presión por medios diplomáticos. Este es el giro que en mi opiníón tomó la política exterior de los EE.UU recientemente. Algo como, “no intervendremos, pero opinaremos”. Claro, hay una sutil diferencia, porque el Estado sobre el cual se opina, dirá que hay una intervención, como sucede en Irán, en donde el mandatario electo Ahmadineyad, le reclama a los EE.UU su “intervención” en Irán, y les exige una disculpa.
Por su parte, Obama ha venido endureciendo más sus opiones en torno a la nación persa, y en la más reciente intervención, expresó que Mousavi había “capturado la imaginación de los iraníes que quieren abrirse a Occidente”, y elogió a la gente en la calle, “Su valentía ante la brutalidad es un legado de su duradera búsqueda de justicia. La violencia perpetrada en su contra es escandalosa”.
No obstante, la represión ha venido aumentando en Irán. Muchos de la línea dura piden la ejecución de los líderes que han encabezado las protestas, y esto posiblemente explique que las palabras de Obama suban de tono. El mensaje es que cuando sucede una crisis, no hay intervención, pero la crisis tiene que manifestarse bajo cauces pacíficos, y no se puede penalizar a quien proteste. Lo que hay es una observación mundial a que la tensión no se salga de los límites –que no sea violenta- que es lo que no ocurrió en Irán.
Igual pasó en Honduras. La crisis se salió del marco institucional, porque había un juego trancado, por motivos diferentes a los de Irán. En el país de Centroamérica, las organizaciones del país reaccionaron como un todo para evitar que se instaurara un modelo como el de Chávez, y el intento de Zelaya de proseguir con su propuesta de reelección –apenas le quedaban 100 días, y en violación al artículo 4 de la Constitución hondureña- detonó el golpe de Estado que lo sacó del poder el día 28-06-09.
Aunque hay un gobierno de facto en Honduras, esto no invalida la tesis planteada antes. El hecho que el golpe haya sido rechazado por los países de la región y las instituciones regionales, evidencia que la crisis se salió de su cauce y eso es inaceptable. Como se comentó en el post del 28 de septiembre ya comentado, se aceptan las “trompadas estatutarias”, siempre y cuando no supongan una crisis violenta. Es la crítica que se le hace a la OEA: los principios diplomáticos dan paso a situaciones de hecho; al “duelo” del que habló Consalvi el día 6-7-09.
Al momento de escribir este artículo, los hechos toman un giro interesante: las instituciones y los países condenan el golpe, y trabajan en restituir a Zelaya. En Honduras, justifican la decisión tomada, y alegan no sólo la grave violación hecha por Zelaya, sino el rechazo a un modelo que no quieren. Instituciones versus estado de necesidad. Hoy, la solución vendrá dada por la capacidad de resistir, y posiblemente por la diplomacia que parece aplicar los EE.UU, y no los intentos de la OEA de imponer a Zelaya como sea. Veremos.
A diferencia del 11 de abril de 2002, en ese país los militares no protagonizaron nada, ni estaban vestidos de gala, ni con guantes blancos –como Molina Tamayo- ni estaban diciendo que había que enjuiciar a Zelaya –como pasó aquí con Chávez- sino que bajaron el perfil. No estaban dando declaraciones o ruedas de prensa. No se vio a los civiles peleando por el poder, como aquí, y no deja de sorprenderme la unidad –incluso del partido por el cual Zelaya ganó en 2005- para aprobar la sustitución. Se fueron al Congreso, no al Palacio de Gobierno, como aquí. No derogaron poderes, sino que los afirmaron. Muy distinto a Venezuela de 2002, en donde lo que hubo fue una pelea de grupos por el botín. En fin, a pesar que los dos son hechos de fuerza, hay muchas diferencias entre abril de 2002 en Venezuela, y junio de 2009 en Honduras.
Aunque condeno el golpe de Estado en Honduras, desde un estricto punto de vista político, esto tiene un efecto demostración –si se consolida o mantiene en el tiempo- en contra del gobierno de Chávez, porque sencillamente muestra que una hegemonía puede ser desafiada, o el intento de imponer una, como fue el caso de Honduras. La gente del gobierno debería verse en ese espejo, porque en Venezuela se rompieron los límites, y si hay una crisis política, no habrá Kalasnikhov que valga al gobierno. En Venezuela, el gobierno rompió los límites, y en Honduras se quiso hacer los mismo, pero hubo una reacción frontal en contra. No será fácil imponer el modelo chavista en la región. No lo ha sido hasta ahora, y será mucho más difícil en el futuro.
La buena noticia es que quienes protesten, no estarán solos. Al menos, habrá opiniones a favor de su causa. La mala noticia, es que esto no evitará la represión. No obstante, la presencia de nuevas tecnologías ponen al descubierto cuando un gobierno se sale del manejo respetuoso de la disidencia, y eso pone un costo político importante.
Antes que el gobierno iraní reprimiera, salieron al mundo las imágenes de las protestas, y eso puso en alerta al mundo sobre lo que ocurre en la República Islámica. Lo malo de esto, es que las tiranías se cuidarán más ahora para controlar el flujo de información, porque en ausencia de intervenciones, lo que le queda a los manifestantes, es registrar lo que ocurre para colocarlo disponible al mundo, y los países y organismos mundiales puedan opinar. Si no hay información, no hay opinión, y eso es lo que hace el gobierno de Ahmadineyad ahora: controlar el flujo de información, y usar la red para los propósitos del gobierno, de manera de confundir. Afortunadamente, la información que salió antes, no puede ser neutralizada con estas acciones. Pueden evitar que se conozcan hechos nuevos, pero no pueden borrar lo que ya ocurrió. Las tiranías buscarán que nada se conozca, como pasa en Myannmar, y como quiere hacer el gobierno de Venezuela. No es casual los ataques que éste último tiene en contra de los medios. Hegemonía sin control de los medios, no es hegemonía, y lo más importante, está abierta al escrutinio mundial, que es lo que permite opinar, más no intervenir.
Lo segundo, las elecciones en el mundo actual, es más conocido para nosotros en Venezuela. Somos pioneros, pero los comicios iraníes, globalizaron lo que en Venezuela se vio como algo local, y es que las dictaduras buscan arreglar las elecciones para ganarlas con una diferencia abrumadora, de manera que nadie pueda cuestionar desde afuera, y ocurra una desmoralización adentro. Aún así, las protestas en las calles de Teherán dan un duro golpe a esta pretensión. Las elecciones a partir del 12 de junio, no serán las mismas. Especialmente para las tiranías y gobiernos autoritarios.
¿Por qué? Porque hay una legitimidad para cuestionar los abusos del gobierno. Todos los gobiernos autoritarios abusan de su poder para torcer los resultados electorales. En Venezuela se vivió en las regionales de 2008, con una de las frases por las que Chávez será recordado, “el gas del bueno”; el uso inmoral y exagerado de los recursos del Estado, y la intimidación a los votantes.
Aún así, los votantes venezolanos expresaron su opinión, que el gobierno desconoció. Pero lo que abre Irán, es que ese desconocimiento no queda impune. Los gobiernos abusadores como el de Chávez, deben contar ahora con la posibilidad de protestas legítimas para cuestionar la trampa y la coerción. Hablar de oligarquías ya no será eficaz. Esto explica los esfuerzos del gobierno para tratar de controlar todo en el país: los medios; el proceso electoral, con el proyecto de ley electoral, pero lo más importante, es la suspensión de elecciones.
El gobierno sabe que un resultado 60-40 a su favor, es difícil ahora. En el peor de los casos, será un 45-55% como ocurrió en el referéndum del 15 de febrero. Este escenario es inaceptable para el gobierno, porque significa que su hegemonía no es plena, y que en el cualquier momento, ocurrirá una transición por la vía electoral. Mi opinión es que, salvo que se imponga la sensatez en el gobierno, éste va a tratar de adulterar o forzar el resultado de una elección importante, y ahí aparecerá la crisis. Es lo que creo va a pasar, al menos con la información disponible de hoy ¿Si no respetó los votos a favor de Ledezma, por qué habría de respetar votos en contra, en un contexto más precario para el gobierno? Si lo hace, es porque un factor externo lo indujo a eso, no porque quisiera.
Finalmente, las lecciones que se derivan desde y para Venezuela. Creo que son varias.
Desde Venezuela, es que el pueblo nacional ha tenido –con todas las dificultades y fallas- una resistencia admirable en contra del gobierno, y eso antecede a las protestas en Irán. De algún modo, la sociedad venezolana ha sido pionera en las luchas callejeras. Aunque en muchas discrepo por la forma sobre cómo se llevaron a cabo, hay que reconocer esta realidad. La gente aquí tiene resistiendo 10 años, y eso es de un mérito importante. No fue, no es, ni será fácil, pero hay una voluntad para mantener el aguante.
Hacia Venezuela, es que siento respeto por el pueblo iraní, no sólo por su valentía, sino porque es un pueblo verdaderamente moderno y maduro. Salieron a las calles a defender el voto, y eso habla mucho de su conciencia cívica y democrática.
Una convicción que no se ve en otros países de la región como Siria o Egipto, que puede decirse son sociedades autocráticas, en donde una dinastía se queda en el poder, y hay una aceptación –al menos visible- de las sociedades de esos países hacia el autoritarismo. En Irán, las consignas fueron “Dónde está mi voto”, y “Abajo el dictador”, que comunican muy bien su nivel de conciencia cívica.
No quiero decir que en Venezuela no haya cultura cívica. La hay, y mucho. Lo que quiero decir es que falta como política, como maneras para hacer las cosas, como una cierta elegancia dentro de la represión, dentro de las dificultades; en fin, un saber hacer las cosas. Una cierta humildad, no la arrogancia criolla de “qué arrechos somos”, que al final se convierte en algo cursi o una torta, por decir lo menos.
Por ejemplo, quienes protestan en Irán dan motivos, y veo pocos comentarios de desprestigio, sea en palabras o pancartas. Hay civismo. Lo otro, es que no hay llamados a los militares –los dejan al margen- o frases tipo “valientes” o “hay que regalarale pantaletas a los militares”, que durante un tiempo se escucharon muccho en Venezuela.
La lección que saco es que la estatura civil, el liderazgo civil de un grupo se obtiene no sólo con ganas, sino con un saber hacer las cosas. Y ese saber supone contenidos, y maneras de expresar lo que se siente. Sugiere no una vía fácil –pedir un golpe- sino una capacidad de vencer las dificultades. Lo decía el psicólogo social francés Serge Moscovici: una minoría que sea persistente en sus puntos de vista, influye en el cambio de opinión de una mayoría.
En definitiva, el aprendizaje que saco de los hechos en Irán es que tenemos espíritu, pero no disciplina. La clave del éxito está en combinar las dos cosas. Espíritu para resistir, pero disciplina para saber hacer las cosas y ganarse al público, nacional y externo. Aunque los hechos recientes revelan que la represión y la fuerza se imponen en Irán, no hablaría de fracaso en las protestas. Mostraron espíritu y disciplina que tal vez no se vean en el corto plazo, pero en el largo, harán la diferencia a favor de una mayor democratización de Irán, dentro de sus coordenadas como forma de gobierno. Aunque esto no sea un cambio de sistema, es un giro de 180°, que indudablemente resfrescará la democracia en el mundo. Enhorabuena la lección persa.