Léeme en otro idioma

domingo, 30 de agosto de 2009

Una clandestinidad post-moderna
Uno pensaría que en pleno Siglo XXI, el tema sería la ampliación de la democracia y de las libertades en Venezuela ¿Hacia cuáles áreas llevar la democracia? ¿Cuáles libertades para el país, en el Siglo XXI?
Sin embargo, el gobierno se empeña en viajar en el túnel del tiempo. La agresión institucional que desarrolla, nos lleva a 1952, a la dictadura de Pérez Jiménez, y a plantear si en el futuro, la lucha política en Venezuela será clandestina.

Entre otras cosas, me animó a escribir este post, un artículo de Alberto Barrera (El Nacional, día 30-8-09), en el que afirma que en Venezuela no hay una dictadura, pero tampoco una democracia. Es la segunda vez que lo dice en un artículo. “Ni chicha ni limonada”, o “Ni sí ni no, sino todo lo contrario”.

Discrepo de su punto de vista. Siento que hay un prurito de mucha gente en el país para decir que estamos en una dictadura. Lo que los frena más, es que les parece contradictorio hablar de una dictadura, pero al mismo tiempo reconocen que “hay libertad de expresión”. Barrera pide romper con los esquemas tradicionales, pero él debe comenzar a hacerlo, porque por tener esquemas tradicionales, es que dice que en Venezuela no hay una dictadura, pero tampoco una democracia. Si cuestionara sus esquemas, llegaría a la conclusión que sí hay una dictadura….pero del Siglo XXI.

El esquema tradicional de dictadura supone un golpe de Estado, una junta militar, toque de queda, un anuncio con música de cámara de fondo, suspensión de garantías, y la clausura de la libertad de expresión. Así, Venezuela no es una dictadura.

Pero así como los “golpes de Estado” del Siglo XXI son diferentes a los del Siglo XX –por ejemplo, Honduras, en donde ocurrió uno, y recibe a la OEA, y hay un diálogo- así pasa con las dictaduras. No entran en ese molde tradicional, porque sería imposible hacer una en el “mundo globalizado”. En Honduras hubo un golpe, pero no hay una dictadura. Y puede haber dictaduras, sin que ocurra un golpe. Es el caso de Venezuela.

El argumento que en “Venezuela no hay una dictadura”, me llevó a pensar ¿Cómo refutarlo, cuando no es posible decir que hay una dictadura con los esquemas convencionales?

A riesgo de ser simple o apresurado, creo que lo que caracteriza a una dictadura del Siglo XXI es que es en vivo, que es una suerte de reality, y por eso no se toma en serio. No parece que fuera una dictadura.

Todas las dictaduras actuales, se establecieron antes de Internet –Corea del Norte, Zimbabue, Cuba, Myanmmar, Irán, por ejemplo- o en los comienzos de Internet, como Belarús. Pero ninguna se ha desarrollado en la era de Internet. Venezuela es el primer caso, con proto-dictaduras como la de Nicaragua, Bolivia, o Ecuador.

Al ser una dictadura en la “era de la información”, debe adaptarse a ésta, y ser vista de manera distinta a sus “primos”, las dictaduras del Siglo XX. Y lo fundamental, es que se da como si no pasara, porque la información fluye, y por eso, nadie cree que ocurre, porque se aplica el esquema tradicional: en una dictadura, no hay libertad de expresión.
No obstante, Richard Blanco es un preso político del gobierno de Chávez, aunque lo hayamos visto declarar en un video-aficionado. Este muestra una normalidad que no es: declara, pero tendrá el mismo destino que todo preso político, del Siglo XX o del Siglo XXI: el silencio.

En las dictaduras del Siglo XXI, hay una “libertad de expresión virtual”, pero que no es real, como pasa en Venezuela: los periodistas agredidos de Ultimas Noticias, son ahora los agresores. Y los “testigos” para el caso de la Alcaldía Mayor, son los “trabajadores” de Avila TV. Una venganza, sin duda.

En esto, Venezuela no ha inventado nada. Sigue la misma receta que las dictaduras pre-Internet. Lo nuevo del caso criollo, es que la justificación de una dictadura se hace “en vivo y en directo”, y pareciera que entonces se está ante un debate; ante una situación en la que “no hay una democracia, pero tampoco hay una dictadura”. Un peligroso intermedio que por estar en el medio, no se atreve a ver la deriva autoritaria del gobierno. Se auto-censura, aunque no lo reconozca, porque en las dictaduras del Siglo XXI, la represión de la conciencia es el policía. Foucault realizado. Como no se reconoce, no se conoce, y luego no existe. Entonces, hay una libertad que no es libertad, pero tampoco opresión.

¿El resultado? un argumento circular y tautológico se desprende de quienes sugieren que no hay una dictadura en Venezuela.

Ciertamente, no hay una democracia, pero sí hay una dictadura, lo que pasa es que ésta se legitima cotidianamente, al banalizarse los significados y procedimientos de la democracia.
En las dictaduras tradicionales, los símbolos de la democracia se matan con un acto de fuerza. De aquí su impacto. Era brusco. En las dictaduras del Siglo XXI, la democracia no se mata de un solo jalón, sino cotidianamente. No hay brusquedad –sólo la sorpresa de lo televisado- sino agonía. La democracia agoniza, pero no muere. Es una eterna agonía.

En Venezuela hemos perdido no sólo calidad de vida, sino libertades. Pero esto no se siente, salvo que exista algún patrón de referencia, para comparar. Por eso, cuando alguien llega de viaje, sí reconoce que hay diferencias entre Venezuela y los demás países. Lo anormal caracterizaba a las dictaduras del Siglo XX. Lo aparente normal, define a las dictaduras del Siglo XXI.

Las últimas acciones del gobierno en contra del país, muestran esta normalidad de lo anormal. Una persecución orquestada, sistemática, perversa, agresiva; orientada a neutralizar a la dirigencia política y a aterrorizar a la sociedad.

Los discursos parecen, también, normales. Una persona tan triste como la Fiscal, Luisa Ortega Díaz, se da el lujo de dar dos discursos que bien pueden ser parte de una “enciclopedia mundial del fascismo”, al decir que los medios son “organizaciones criminales”, y quien reclame, “será encarcelado”.

Ambos discursos también se apoyan en el de Rafael Ramírez, acerca de “odiar a la oligarquía”, y al de un jefe de montonera –a lo que han reducido las FAN- como Benavides Torres, que sólo busca proteger un orden opresivo. Todo ocurre en “vivo y en directo”, y todos podemos criticar esas palabras. Yo lo hago, cuando me invitan a algún medio, pero no por eso creo que Venezuela vive una “semi-democracia”. No, vive una dictadura, y lo afirmo, porque ¿Cómo llamar a una forma de gobierno en donde el poder no tiene límites, y se apoya en la represión? ¿Cómo olvidar los gritos de las familias de los 11 trabajadores de la Alcaldía Mayor, cuando se enteraron de la detención de sus familiares; un grito desgarrador, propio de un gobierno de fuerza?

La banalidad que siempre dice, “es que antes eso pasaba”, ya no sirve. No pasó en los gobiernos democráticos –y cuando hubo excesos, se denunció, y funcionó una auto-corrección del sistema- y ahora pasa de la manera más normal posible. Todo como si fuera cotidiano. No hay ruptura, sino ignorancia de los límites; que en un mundo post-moderno, sencillamente no existen porque los límites son “modernos”, y por lo tanto repudiables. La modernidad hizo visibles a las dictaduras. La post-modernidad, las hace invisibles, y por eso son más letales, como pasa en Venezuela.

Tal vez esto explique por qué a los organismos internacionales se les hace difícil caracterizarlas. El golpe de Estado marcaba un límite visible. Hoy, no es el golpe, sino que la democracia pierde su significado y es sustituida por una mezcla de ilusiones, de espejismos, que aparentan una. Es lo que Chávez hace cotidianamente: anuncia la guerra adentro, pero afuera se comporta “normal” ¿Quién puede decir que es un dictador? Es sólo una “excentricidad venezolana”.

Por eso creo que Barrera Tryska está equivocado, y sí se puede decir que en “Venezuela hay una dictadura”, y si hay que aclarar algo, es que es del Siglo XXI ¿Y qué significa eso? Que no hay ruptura, sino normalidad.
Tanta, que Barrera Tryska se puede dar el lujo de decir que no hay una, al mismo tiempo que Chávez ordena enjuiciar a Pérez Vivas, y hay una “cacería en vivo” de Oscar Pérez. Lo grande del post-modernismo: los límites se desdibujan, y se salen de los marcos. Podemos jugar con ellos, así como una persona juega con su identidad hoy día. Se podría hacer un juego parecido al “¿Quién quiere ser millonario?”; algo como, “¿Quién quiere aparentar ser demócrata?”, con comodines y todo. La falta de precisión de la Carta Democrática es un comodín que vale 50 por ciento. Lo usan mucho los nuevos dictadores.

Las dictaduras del Siglo XXI se mimetizan, juegan con las formas de la democracia, aparentan ser, con la diferencia que usan la tecnología para aparentar.

¿Qué hacer? Ya que se asume una situación parecida a la de 1952 ¿Qué hizo la gente de ese entonces para lidiar con la dictadura; una del Siglo XX?

Por analogía, lo que hicieron puede servir a la oposición y al país, para definir estrategias de acción. Este es el esquema delineado por Leonardo Ruiz Pineda en el “Libro Negro” (1952), para enfrentarse a la dictadura:

1.-Lineamientos generales:

1.1.-Ser alternativa, “fuerza emancipadora” y “bandera de liberación”.

1.2.-Buscar una alianza de clases para la acción común: definir lo que es común para grandes sectores de la población.

1.3.-Mostrar los logros de lo hecho en el pasado, “solvencia nacionalista” y “republicanismo sincero”.

1.4.-No responder a la provocación, ni desviarse de los objetivos importantes. “Desarme emocional de la intemperancia y de la pugnacidad estéril”. Oponer la responsabilidad, “a la insensata provocación”, pero “predicar sin ánimo apaciguador”.

2.-Lineamientos políticos:

2.1.-Reajuste del partido. “Análisis sensato”. Estructurarlo como una organización de masas.

2.2.-Ensanchar las zonas de influencia del partido.

2.3.-Impedir la estabilidad del “régimen usurpador”.

2.4.-Creación de las bases para estructurar un poderoso movimiento anti-gubernamental “que precipite a la crisis el gobierno de la junta”. Coordinar fuerzas políticas diferentes.

2.5.-Sofocar “toda desviación terrorista o aventurera”.
2.6.-Agitar, organizar la opinión, tonificar el ánimo popular, y robustecer la naturaleza combativa. Fortalecer el corazón para la resistencia indefinida.

2.7.-Desenmascarar pretensiones de dominio absolutista del régimen, combatiendo sus maniobras de inmoralidad política, y denunciando el tráfico ilícito con los dineros de la nación.

2.8.-Orientar políticamente al pueblo y crearle conciencia sobre su destino democrático.

2.9.-Hacer propaganda.

2.10.-Ver al tiempo como lo que es: un factor adjetivo, “y nunca el determinante primero de los acontecimientos”.

De estos lineamientos, los aplicables, se pueden adaptar a la realidad de 2009, y pensar cómo desarrollarlos y aplicarlos. Ruiz Pineda dice que lo importante es organizarse y construir una base política importante, mientras se denuncia y se agita. Es decir, una contra-hegemonía en lo estratégico; y en lo táctico, la agitación y la denuncia sobre lo que ocurre a través de la propaganda.

También, se puede hablar de una “resistencia del Siglo XXI” que tenga dos premisas para luchar en contra de las dictaduras del Siglo XXI: a.-El uso de la tecnología en todas sus expresiones, para hacer rutinaria la resistencia; y b.-El estirar los límites tal como la hace la dictadura, pero no para eliminarlos, sino para mostrar por qué son necesarios. Al salir de los límites, mostrar que hay límites.

Con la política represiva iniciada por el gobierno a partir de la discusión de la LOE, muere una manera de hacer política, y arranca otra, más exigente porque las condiciones que el gobierno impone a la actividad política son de mayor violencia.

Lo anterior sugiere dejar de ver las cosas como se viene haciendo. Como si fuese un juego normal, de leyes o reglas. No es así más: el gobierno busca crear un contexto para “forzar” a la gente a que vote por el PSUV en 2010, y por Chávez en 2012, aunque no quiera. Está ya en campaña electoral, y la idea que algunos manejan en la mesa de la unidad de una constituyente, no es que no sea una posibilidad, pero su probabilidad es baja hoy.

En otras palabras, es momento para definir una estrategia y aferrarse a ella: ganar la AN, y ahora hay que darle contenido a esta meta, y prepararse para lo peor el día de las elecciones. Estas parecieran ser el punto en donde el descontento popular se va a expresar.

Mientras, los dirigentes de la mesa no deben dejar vacíos, porque cuando hay uno, el gobierno lo llena, y eso puede explicar la caída de 8 puntos en la valoración hacia la mesa, entre otras cosas, que registra el IVAD de junio a julio. Hay que mantener una capacidad de respuesta permanente, estar siempre en la opinión pública, no dormirse; siempre en la vanguardia, en el primer lugar para decir cosas. Esto más o menos se ve, pero falta más estructura.

La mesa debe canalizar la molestia y expectativas de la gente, de manera de ir construyendo las bases de la eficacia política que serán indispensables en 2010 y 2012.

En resumen, no dejar vacíos; actuar siempre, estar de primeros; todo con miras a que se perciba a la oposición como una alternativa no sólo programática, sino que tenga eficacia.

La gente demostró en la marcha del día 22-8-09, que está “resteá”. A pesar de la lluvia y de la agresión del gobierno, la gente se mantuvo y resistió, con serenidad. También, los argumentos para ir a la marcha fueron más elaborados, y muchos mejores que en el pasado. Hay convencimiento y hay molestia. La gente está clara y aguanta. No hay que perder esta energía, sino canalizarla. Es la tarea de los políticos y de la mesa.

Que la gente sienta que hay capacidad de respuesta, más allá de declarar; que las personas sientan que hay “gente a cargo”, en quienes se puede confiar, y controlar los posibles excesos que muchos querrán para las acciones de la oposición. En la marcha del día 22-8-09, esta tensión se observó. La mayoría de la gente quiere instituciones, pero también hay la tensión de quienes buscan una salida ya, tipo golpe. Esto no puede dejarse que crezca, y hay que asumir liderazgo, para que la solución electoral –y después se asumirá lo que venga- sea la preferente, y se comience a trabajar en este tema, porque el gobierno está en campaña.

Hay que declararse en emergencia y activarse, con una meta: la AN y la Presidencia, y lograrlo por los votos. Luego, se abren otros escenarios dependiendo de la reacción del gobierno, pero parece sin duda, que el factor catalizador será electoral.
Lo post-moderno, también, no sólo sirve para apuntalar dictaduras de nuevo cuño. Puede usarse para re-pensar la democracia.