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viernes, 25 de diciembre de 2009

Caldera
Corresponderá a historiadores y politólogos, hacer un balance de la figura de Rafael Caldera Rodríguez (1916-2009), yaracuyano, político socialcristiano, quien gobernó a Venezuela en dos ocasiones (1969-1974 y 1994-1999).
En mi familia -por la parte socialcristiana, ya que la mayoría es socialdemócrata, y también hay comunistas- la figura del exPresidente siempre estuvo vinculada. Uno de mis tíos, el General de Brigada Juan Manuel Sucre Figarella, fue Jefe de la Casa Militar de Caldera, y luego, Comandante General del Ejército; ambos puestos los ejerció en el primer mandato del fundador de Copei.
En ese entonces, era un niño, y recuerdo que con un tono de auctoritas, uno escuchaba hablar en la familia del doctor Caldera y de la señora Caldera. Así, a secas: Caldera o doctor Caldera, expresado en un tono de respeto.
Su segundo mandato lo viví como adulto. En ese tiempo, mi tío Juan Manuel se hallaba enfermo -murió en 1996- y estaba hospitalizado en el Centro Médico. En una de esas visitas, conocí al doctor Caldera y a la señora Caldera.
¿Por dónde comenzar el balance?
El "primer gobierno" de Caldera se le recuerda, junto al de Betancourt (1959-1964) y al de Leoni (1964-1969), como uno de los tres gobiernos "serios" que tuvo Venezuela, luego de la caída de la dictadura el 23 de enero de 1958.
La visión convencional acerca de Punto Fijo tiende a hacer una periodización de los 40 años en dos etapas: una "buena", desde el comienzo del gobierno de Betancourt en 1959 hasta que Caldera entrega la Presidencia a Carlos Andrés Pérez, en marzo de 1974. Tres lustros de "buen gobierno".
Una segunda etapa, "mala", a partir del primer gobierno de Carlos Andrés Pérez (1974-1979) hasta que Caldera entrega la Presidencia a Chávez, en marzo de 1999.
Aunque no estoy de acuerdo con esta "periodización" entre una etapa "buena" y una etapa "mala" -esa clasificación de "buenos" y "malos" en política me disgusta, aunque gusta mucho a la gente; es una manera simple de ver la vida y, por lo tanto, atractiva- la usaremos.
El primer mandato de Caldera entró allí. Su gobierno cumplió con las reglas macroeconómicas que hicieron poisble la modernización de Venezuela desde los 50 a los tempranos 80, que describe muy bien Ricardo Haussman en un ensayo escrito en los 90, aunque otros economistas, como Leonor Filardo -también en los 90- argumentan que fue en el primer mandato del fundador de Convergencia, que una de esas reglas comenzó a transgredirse: el aumento del gasto por encima de los ingresos, regla que había sido usada por los gobierno previos (Betancourt y Leoni).
Sin embargo, en la representación social de los 40 años, el primer gobierno de Caldera es visto como un mandato "de los serios". Tal vez por eso la frustración que hoy genera la figura de Caldera en muchos: en su segundo mandato, el "hombre serio" se vino al suelo, no sólo por el contexto que le tocó enfrentar, sino por el perdón a Chávez, tema al que volveremos luego.
Lo cierto, es que la incongruencia entre el Caldera idealizado de los 70 y el mismo Caldera de los 90, no es aceptado por buena parte de la sociedad, y eso explica algunos comentarios muy acerbos hacia el ExMandatario, que se escuchan ahora, luego de morir.
No voy a ser original en destacar el principal acierto de Caldera en ese su primer período: la apertura política nacional e internacional, curiosamente de manos de un Presidente conservador, aunque con un marcado acento social en su discurso.
No fue Chávez el primero que habló en contra de las oligarquías -con la muerte del exPresidente, por casualidad, sale a flote cómo pesan los 10 años de Chávez y su desinformación o propaganda: muchos narradores de noticias o anclas, mostraron ciertas lagunas en la historia contemporánea de Venezuela, no justificable porque sean jóvenes, sino más bien, por esa laxitud venezolana de aceptar la historia según Chávez, entre los "malos" y los "buenos", aderezada por la frustración que genera el deteriorio del país; hasta Tal Cual tuvo que suprimir los comentarios en su portal web en la nota que hizo sobre Caldera por ser muy ofensivos, y eso me pone a pensar lo amargado y mezquinos que somos a veces los venezolanos, pese al hashtag de Twitter #queladilla; #queladilla la amargura y mezquindad de los venezolanos, se podría colocar- sino Caldera, quien se refería a ellas como "oligarquías económicas".
La diferencia entre Caldera y Chávez, es que el segundo es un dictador que ha creado nuevas oligarquías -comenzando por la de él y la de su familia- mientras que el primero luchó en contra de esas oligarquías con métodos democráticos. Como afirmó agudamente el comunicador Alfredo Meza en Twitter, Caldera fue el eterno candidato que nunca quiso quedarse con la Presidencia.
Se pudiera decir que Caldera hizo, a su modo, una Perestroika en la Venezuela de los 70: la pacificación.
Esa etapa de la historia fue dura. Muy dura. Tal vez no vista en su totalidad por la desinformación de Punto Fijo, y la distorsión que hoy hace el gobierno de ese momento. Como toda guerra, fue violenta, con bajas "de lado y lado", y con heridas, todavía abiertas, y visibles en muchos de los que hoy gobiernan. Una rabia que alimentan del odio, y que no es capaz de perdonar.
En un momento en que esa lucha estaba en su apogeo -derrotada política y militarmente- Caldera tuvo la sabiduría de darle una salida honorable, políticamente viable, como fue la llamada "pacificación". Caldera no tomó la vía de aplastar al adversario hasta su aniquilación total -lo que ahora hace Chávez con la oposición, y no tiene éxito- sino optó por una vía de paz: ofrecer garantías democráticas a cambio de renunciar al uso de la fuerza subversiva.
Tuvo éxito: muchas figuras de la izquierda tomaron el camino de la política. Personas de ese sector ocuparon cargos importantes, y hubo zonas "exclusivas" para estos señores: la cultura, la diplomacia, la universidad, aunque en esta última, la intervención a la UCV en 1970, es un peso político y moral muy grande para el ExPresidente.
Pero el país se institucionalizó. El PCV dejó de ser UPA, y se creó el MAS. Figuras de la izquierda entraron al Congreso Nacional, y la izquierda fue gobierno en algún sentido, con opciones importantes, y eso se reveló en las elecciones de gobernadores de 1989, 1992, y 1995, cuando figuras de esa orientación alcanzaron puestos y gobernaciones de peso. La Causa R llegó en un momento a ser una opción real de poder, que se perdió por la poca visión política de sus integrantes y la tradicional mezquindad de la polítiva venezolana, que gusta muchas veces dividir y restar, más que sumar o multiplicar. Algo parecido puede decirse del destino del MAS.
Fue un acierto esa política de amplitud -la democracia incluye, las dictaduras fragmentan, como vemos hoy con Chávez- y tuvo resultados políticos importantes.
Que la izquierda institucional no haya estado a la altura del país, y haya cedido su puesto a una izquierda stalinista, es otro asunto a analizar, pero del que no se puede responsabilizar a Caldera. Los políticos son responrables de sus actos. Deciden con la información que tienen, pero son responsables.
Hacia afuera, también operó una apertura. Con Caldera se fortalece la integración regional, y comienza la distensión con Cuba, China, y se reanudan relaciones diplomáticas con la extinta URSS. Al igual que otro conservador como Nixon, quien hizo una histórica visita a la China de Mao, Caldera también tuvo la audacia de acercarse a los adversarios políticos del país, en el marco de su política de "Solidaridad pluralista".
En su segundo mandato, el contexto político que le tocó a Caldera fue distinto. No era Punto Fijo en su etapa de expansión, de consolidación, de expectativa; sino la etapa de crisis, de cambios que la sociedad le pedía al sistema populista de conciliación de partidos (Rey).
Antes de analizar este segundo momento de Caldera en lo político, conviene ubicarlo en sus antecedentes: la segunda Presidencia de Carlos Andrés Pérez (1989-1993).
Con CAP ocurre la primera crisis importante dentro de Punto Fijo, que indicó el comienzo del fin. La crisis en el modelo de gobernabilidad era evidente.
A diferencia de Herrera y Lusinchi que no abordaron el problema de la hegemonía sino que aplicaron una política de contención que implicó la aplicación moderada (Herrera) a intensa (Lusinchi) de coerción para mantener el orden, Pérez buscó resolver el problema de la hegemonía a través de su oferta electoral, “El Gran Viraje”, pero no lo hizo políticamente, sino desde la dimensión técnica de las políticas públicas.
Pérez buscó crear una nueva correlación de poder en cuanto a políticas públicas se refiere, con el nombramiento de los llamados IESA boys, como nuevos iconos de los cambios, pero no promovió modificaciones políticas dentro de su partido, AD.
Pérez confió exclusivamente en la bondad de sus políticas y en que serían aceptadas por todos los actores sociales. No fue así. Pérez tampoco tuvo la sabiduría de construir para su gobierno una nueva correlación de fuerzas, que fuera más allá de los técnicos: incorporar a los actores políticos de la descentralización, a la sociedad, a los sectores modernizadores de AD y de otros partidos, a la nueva burguesía más capitalista y menos política que fue la que enfrentaron Herrera y Lusinchi, a los trabajadores con una definida identidad política, y al sector profesional e institucional de las Fuerzas Armadas, para crear una base política que permitiera darle viabilidad al programa de ajustes y vencer al sector conservador de la sociedad venezolana, principal perdedor del “Gran Viraje”, el cual comenzó a conspirar contra el gobierno.
A todo esto se agrega que muchas de las políticas de apertura tuvieron efectos no deseados: la apertura económica desarticuló la red social del Estado que alejó a los pobres del gobierno y los dejó sin un vínculo material y de identidad, en momentos en que más necesitaban de una política social del Estado; la entrada del capital internacional hizo que grupos locales con tradición fueran desplazados y que entraran actores internacionales pocos vinculados al país, y esto rompió el orden dentro del mundo empresarial, y una de sus consecuencias fue la lucha por el control de bancos importantes como el Banco de Venezuela y el Banco Consolidado.
De alguna manera, los empresarios leales al sistema –tipo Eugenio Mendoza y Diego Cisneros- fueron sustituidos por un nuevo tipo de actor: el empresario-político, que hacía dinero pero para desplazar o comprar a los actores políticos de Punto Fijo, y ser el verdadero poder, de forma directa. Orlando Castro es un buen ejemplo del tipo de empresario venezolano de los 90, que pueden denominarse mercantilistas-corporativos: la empresa como vehículo para el poder político, y repartirse “el lomito” del Estado venezolano. Finalmente, la descentralización también tuvo una consecuencia no deseada: rompió el tejido organizacional de los partidos, y fragmentó la fuerza política en diferentes caudillos regionales, que decidieron no atender líneas de partidos sino sus propias orientaciones.
El 27 de febrero de 1989 marca la aparición de la violencia colectiva, pero no estructurada y focalizada como la violencia política de los 60. Es la llamada “violencia loca”. La violencia se legitima como recurso para la lucha política y aquélla ya no se dirige contra un partido o gobierno particular, sino contra el propio sistema, como los intentos de golpe de 1992. La violencia se glorifica en los medios de comunicación social. En la novela Por estas calles de Ibsen Martínez (1992), el “señor de la etiqueta” –un precursor de los hoy llamados “grupos de exterminio”- se convirtió en el héroe a imitar. Una suerte de catarsis, pero contra el sistema político.
De alguna manera, Pérez cometió un severo error político: hizo un diagnóstico acertado del problema de la hegemonía, pero la solución no fue la correcta. En vez de aperturar –que era necesario si se quería reinventar a Punto Fijo- descentralizó, y se produjo tal fragmentación de poder, que estimuló una reacción de todos los sectores contra Pérez, al ser perdedores por los cambios económicos adelantados por su gobierno. Desde los más radicales, como los protagonistas de los golpes de 1992, hasta lo más conservadores, los llamados Notables, quienes hicieron de la conspiración una forma de hacer política, por cierto bastante alabada por la sociedad de entonces. Esto llevó al traste los esfuerzos de cambio, y al propio Pérez, desalojado del poder en mayo de 1993. Fue, para usar la expresión de Angel Bernardo Viso en Venezuela: Identidad y Ruptura (1983), el “Suicidio de una clase”.
El interinato de Ramón Velásquez (1993-1994) se caracterizó porque el enfrentamiento por la hegemonía fue más intenso. Se hizo más visible el deseo de sectores privados y políticos por desplazar a la elite de Punto Fijo. De alguna manera con la salida de Pérez, “se soltaron los demonios” para el control de la hegemonía del Estado y, definitivamente, Punto Fijo entró en crisis.
Del propio modelo emergieron diferentes candidaturas. Por una parte, el sector reformista, se agrupó alrededor de Rafael Caldera; mientras que los sectores “radicales” tuvieron dos candidatos: Andrés Velásquez, para un radicalismo más cercano a la izquierda, y Oswaldo Alvarez Paz, como una opción más vinculada a la derecha, a lo que se llamó “los sectores modernos del país”, cercanos a grupos económicos que de alguna manera buscaban el poder político desde 1983, pero que no querían nada con los actores políticos llamados “tradicionales”. La sociedad votó por el reformismo, que fue el catalizador para acelerar las acciones de los sectores “radicales de derecha”, evidentes en el gobierno de Rafael Caldera (1994-1999).
Antes de asumir la Presidencia, Caldera destituye al ministro de la Defensa, vicealmirante Radamés Muñoz Léon, lo que reveló que las diferencias en cuanto a la dirección de la hegemonía también estaban presentes en las Fuerzas Armadas, lo que más tarde se tradujo en la confianza a personas y no a la institución. Caldera, luego, nombra a su yerno Comandante General del Ejército, de manera de asegurar la lealtad de la fuerza más importante de las FAN.
Caldera tuvo el siguiente dilema: o cedía el poder al sector mercantilista-corporativo que eran actores políticos de hecho pero querían serlo de derecho, muy poderosos, con muchos recursos, o buscaba un acuerdo con los sectores tradicionales de Punto Fijo, para preservar el orden político.
De aquí la expresión que Caldera repetía constantemente, “En mis manos no se perderá la República”. El exPresidente no venía a resolver el problema de la hegemonía –no tenía los actores ni la capacidad para ello- sino a estabilizar al sistema político, luego de la traumática experiencia de las reformas durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez. Puede decirse que con Caldera se retoma la idea del “blindaje del Estado”, disminuida durante la administración de CAP, y comienza un proceso de recentralización del poder en manos del Estado.
Fue una época de conflicto político institucional, que llevó al uso de la amenaza y la coerción del Estado, con el propósito de reducir la capacidad de poder de los sectores privados y políticos que querían hacerse del poder del Estado, y desplazar a los actores de Punto Fijo. Caldera se enfrentó a poderes que representaron grupos de la banca, que tenían aspiraciones políticas, cuando ocurre la crisis bancaria en enero de 1994. Toma medidas como el control de precios y el control de cambios, y comienza la llamada militarización de la administración pública con el nombramiento de oficiales en el Minfra y la militarización del control del tráfico aéreo, por una huelga en este sector. Caldera amenazó “Con dar el palo a la lámpara” si el Congreso volvía a darle vigencia a las garantías suspendidas, decretada por el gobierno en 1995.
No obstante, las acciones tomadas por Caldera no fueron suficientes para traer la estabilidad buscada. El país no soportó la restricción económica y, para 1996, una crisis política estaba en puertas.
Eso, también, planteó a Caldera otro problema: la paz política en Venezuela cuesta mucho dinero. La estabilidad se logra mediante la redistribución de la renta petrolera a los “buscadores de renta”. El exPresidente respondió con una alianza con AD y el acercamiento a sectores reformistas más capitalistas, como Teodoro Petkoff, y logró un acuerdo con la tecnocracia petrolera, de manera de abordar la necesidad de dinero. La “Agenda Venezuela” y la apertura petrolera, se convirtieron a partir de 1996, en los mecanismos de contención para aplacar la conflictividad política. Caldera tuvo éxito y contuvo a los grupos mercantilistas-corporativos; por un lado, y a la conspiración de izquierda, liderada por Chávez, que buscaron tumbar a Ramón Velásquez y al propio Caldera. Salvó a la República, como dijo.
No obstante, Caldera sabía que el sistema necesitaba cambios mayores. Fue un propulsor de la reforma constitucional, intento que fue torpedeado por el establishment de la época, que hoy deben estar sumamente arrepentidos. De haberse concretado la reforma, Chávez y su gobierno tal vez serían historia o estuvieran bregando sus votos desde el Congreso o, en el peor de los casos, conspirando para dar otro golpe. La reforma hubiera catalizado un gran descontento, al precio de abrir el país a otros grupos políticos -como La Causa R- pero los grupos de poder optaron por cerrar el sistema. Pagaron un precio muy alto: el sistema lo desmanteló Chávez, y estos grupos están hoy muy debilitados.
Un punto que hay que reconocer tanto a Caldera como a CAP, es que no se pusieron por encima de la democracia. Caldera amenzó con darle "el palo a la lámpara" -no fue una expresión muy afortunada- pero no lo hizo. Pudo aprovechar la suspensión de garantías para erigirse en una especie de "Dictador romano" para salvar la República, pero no lo hizo. No se si el ExPresidente se lamentó de no haberlo hecho, pero muchos se lo habrán reclamado, pero el hecho es que dio un ejemplo de democracia: el respeto a límites. Deteriorados, ciertamente, pero límites al fin, que no violó como no lo hizo CAP, quien dijo una frase para la historia cuando lo sacaron en 1993, la cual revela ese apego, "Hubiera pereferido otra muerte".
Caldera cumplió con lo que ofreció en 1993: "en mis manos no se perderá la República", pero el país quería otra cosa: regresar a los 70. No al consumo que CAP no pudo dar -por eso se votó por él en 1988, para regresar a la "Gran Venezuela"- y al no cumplirse la fantasía del gasto, se quiso regresar a la Venezuela "austera y decente" del Primer Caldera, pero ya eso no era posible. Caldera, en verdad, no lo prometió. La gente votó por "la experiencia", por alguien que se consideró podía llevar a Venezuela a una estabilidad política. Y cumplió esa oferta. Si la gente no lo quiere reconocer ahora, es otro tema, pero no ofreció más nada durante su campaña de 1993. Y yo no voté por Caldera en esa elección. Voté por Claudio.
No obstante, ser Presidente en un país en decadencia, escindido, sin voluntad, y al mismo tiempo mantener formalidades democráticas, no es fácil. En momentos como esos, la sociedad a veces prefiere la ruptura, y por eso votó por Chávez. Pero ese balance se hará cuando a Chávez le toque rendir cuentas a la vida. Y no es ahora.
¿Cuál fue la principal debilidad de Caldera, a mi modo de ver? Le faltó grandeza. Algo que no cuadra en una persona calificada -y lo fue- como "intelectual".
Es difícil explicar esto. Por supuesto, hay atributos de personalidad que pueden dar cuenta de esa falta de grandeza -la necesidad de afecto; una persona huérfana como él- pero me concentro en los aspectos políticos para tratar de entender por qué los grandes políticos de Venezuela no dejaron escuela o liderazgos de reemplazo.
La fortaleza de la Generación del 28 fue la debilidad de las personas que integraron la Generación del 28 ¿Paradójico? Sí. Explico. Esa falta de grandeza es por la realidad en que esas personas vivieron: un país pobre, personalista, y dictatorial.
La idea de la estabilidad, la paz, el orden, definió a esa generación que vivió su niñez en un pobre país pobre, y sus padres, vivieron la realidad de las Guerras Civiles o la depauperación y tristeza del Siglo XIX venezolano.
La idea de construir un orden político estable fue el sine qua non de la generación de Caldera, y eso lo ejemplificó muy bien el Mandatario en un capítulo de Los Causahabientes; el capítulo de La Paz de Pozo Salado.
Tal vez ese objetivo de buscar un orden los llevó a no tener "descendencia política", porque eso significaba un personalismo transmutado. Rechazaron el personalismo de Gómez, por lo que no crearon descendientes, para no ser personalistas. Pero en ese tránsito, se conviertieron en conservadores. Se erigieron en una suerte de instancia final de decisión -el ejemplo de los senadores vitalicios que terciaban en la política diaria- que castró el relevo generacional. No querían tener descendientes, pero tampoco aceptaron que los "hijos" tuvieran su propia personalidad, y si algo caracteriza a la política venezolana, no es el parricidio -el asesinato de los padres- sino el filicidio -el asesinato de los hijos- y eso puede explicar por qué en Venezuela el cambio generacional es tan lento y difícil. Se prefiere matar a lo joven, para continuar con lo viejo.
Si Caldera se hubiera quedado en la "reserva", hubiera "coronado" su carrera política. En un país falto de instituciones, su voz hubiera sido ejemplo de autoridad. Debió asumir el riesgo de nuevas generaciones políticas -con sus aciertos y errores, como fue la suya- y haber servido de catalizador con la Venezuela conservadora, para darle forma a la Venezuela post-moderna.
En fin, que la falta de grandeza a mi juicio, se deriva de un conservatismo; de la idea que el país se iba a "alborotar" si se abría un poco la política a nuevos actores, incluso dentro de los partidos AD y Copei. El miedo a la inestabilidad pudo más que comprender al país que Caldera y su generación forjaron: moderno. En el fondo, nunca entendieron su principal obra política: sacar al país del atraso. El atraso se superó, pero siempre pensaron que el país podía regresar al atraso, y por eso no abrieron más. Paradójicamente, hoy estamos atrasados en lo político, con un actor que prometió abrir el sistema, y lo que hizo fue cerrarlo más, después de cambiar al elenco de protagonistas.
Sobre el sobreseimiento dado por Caldera a Chávez y a su grupo de golpistas, no lo critico, ni caigo ahora en externalizar y desplazar mi frustración, al culparlo de algo que el país le pidió.
¿Que fue un error? Claro que lo fue, y Caldera lo reconoce en su carta que dejó antes de morir, al pedir perdón. No debió ser fácil para él escribir esa palabra, pero indica que estaba consciente de lo que esa decisión tuvo, tiene, y tendrá en la vida nacional. Pero me parece cobarde de mucha gente asumir ahora el papel de víctimas, y responsabilizar a Caldera de un acto que todo el mundo le pidió ¿Por qué lo hizo?
Por dos razones. La primera -un error atribuible a Caldera- porque pensó que tal vez reviviría algo parecido a la "pacificación" de los 70. Pero no, una cosa fue "pacificar" a personas que con valor asumieron la lucha armada -un error, creo, pero asumieron su "barranco"- y otra sobreseer a una persona como Chávez, cuyo único mérito fue conspirar durante años, protegido por el "fuero militar". Quienes fueron a la guerrilla, lo hicieron con valor, pero nada de eso engalana a Chávez. La mejor evidencia es su comportamiento posterior. A Chávez le faltó el valor de muchos de los "pacificados" en los 70, y eso Caldera no lo vió. Sobreseyó a una persona sin estatura, cuya vocación principal es la de dictador. Si lo hubiese visto, no le da el perdón.
La segunda, porque el país se lo pidió. Hoy muchos se rasgan las vestiduras con esto, y dicen "no perdono a Caldera por lo que le hizo al país", pero olvidan deliberadamente que Caldera complació a sectores que pedían la liberación de Chávez. Y no eran pocos.
Por ejemplo, archienemigos de Chávez como Patricia Poleo, en ese entonces, eran abanderados de la liberación de Chávez, y lo hacían con la misma prepotencia con la que hoy lo rechazan. Igual su papá, Rafael Poleo.
Que el cálculo les haya salido mal, no es culpa de Caldera sino de todos los que pensaron que Chávez sería sólo un "muchacho de Sabaneta", al que ellos controlarían. Chávez les hizo creer eso -para mí, ese es el verdadero mérito de Chávez, junto a persistir, pero más nada, no tiene otras cosas que lo destaquen- y, al final, Chávez los desalojó del poder, como a muchos quienes creyeron en Chávez, y hoy rumian su frustración culpando a CAP y a Caldera de las decisiones que ellos tomaron.
Que en Venezuela tengamos elites mediocres, no es culpa de Caldera. Apostaron a Chávez, y se equivocaron. Ahora, me parece de muy mal gusto leer el Twitter cosas como, "no lo perdono por lo que hizo al país", para referirse a Caldera ¿Y los millones que votaron por Chávez, cuándo se van a responsabilizar de esa decisión?
Madurar no es sólo leer la página de sexo de Vanessa Davies en El Nacional, comprar Urbe Bikini, hablar de "mi pareja", ir a "El vino toma Caracas", o hablar de "temas de adultos". Madurar es asumir las responsabilidades por lo que se hace, y observo que, a pesar de 11 años de dictadura, todavía no maduramos completamente. Cuando leo estas opiniones acerca de Caldera, me entra una rabia, y pienso que nos merecemos al dictador que tenemos, y a su pandilla de ladrones.
Por supuesto, muchas otras cosas se pueden decir de Caldera. Haber construido un partido que fue referencia en el mundo socialcristiano como Copei, su participación en el diseño de las instituciones de Punto Fijo, su relación con Betancourt -que analizó en una conferencia de 1988, llamada La parábola vital de Rómulo Betancourt; parábola, casualmente, así comienza Caldera su carta que dejó antes de morir- su trabajo en el campo del derecho laboral, área en donde fue referencia; y algo que siempre me ha seducido de la generación de Betancourt, Caldera, Jóvito, etc: su estilo de vida sobrio y austero. Sin sobresaltos. Ese saber vivir y ese poder mirar a la gente en la cara cuando se deja el poder -luego de ser Presidente, Leoni iba al mercado con Doña Menca- en fin, el gesto republicano de la austeridad, que contrasta con el exceso y el boato de hoy, que se esconde en una falsa humildad.
Cuando murió mi tío Juan Manuel, en la funeraria, me sorprendió ver el carro del General Martín García Villasmil, quien fue a despedir al compañero de armas. Una verdadera "chalana". Si mal no recuerdo, un Ford 71 o 72, que manejaba 24 años después. Igual se puede decir del General Briceño Linares. Conducía otra "tarita". Mi tío Juan Manuel, poco antes, también manejaba un "catanare": un Dogde Dart 76.
En fin, que esas personas ocuparon puestos claves en momentos decisivos para el país, y con los años, uno los veía de lo más normal -aunque preocupados por el rumbo de la nación, que exteriorizaban con tristeza- tranquilos, sin excesos o lujos, sólo con la satisfacción por haber puesto su grano de arena al país ¿Cuántos generales pueden hoy exhibirse de la misma forma que lo hacían los generales Briceño Linares, García Villasmil, y Sucre Figarella? Creo que pocos. Con razón, en el Ejército -no se si de eso se habla ahora- se hablaba del "Grupo de los 8", ocho generales que eran ejemplo dentro de la fuerza, entre los que están los tres mencionados. Fue una generación hecha con una extraordinaria madera.
Ojalá si algún día me toca ocupar algún puesto o estar en una posición pública, cuando salga, pueda seguir el ejemplo que ellos dejaron, y hacer el mercado como siempre.
El tiempo colocará a Caldera en su justa dimensión. En mi caso, sin ser su admirador o haber votado por él, lo respeto como político: su perseverancia, su carácter, haber forjado la Venezuela moderna junto a otros, están por encima de sus errores, para mi. No lo culpo por haber sobreseído a Chávez. Si lo culpo de algo, es de haber sido muy conservador. Pero creyó en eso.
Mis condolencias a la familia Caldera Pietri por el fallecimiento del doctor Caldera. Me uno a las oraciones que piden descanso eterno para su alma. Valoro la decisión de su familia de no aceptar los honores como Jefe de Estado que le corresponden, por parte de este gobierno. Creo que el doctor Caldera no los hubiese querido tampoco.
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martes, 22 de diciembre de 2009

Así comienza 2010
Antes de cada proceso electoral, siempre se dice, “esta es la última oportunidad”, “ahora sí”, etc. Creo que, en esta ocasión, esta expresión es cierta, en el sentido que las rutas por las que puede caminar Venezuela ya son visibles: una dictadura “a la cubana”, con los condimentos autoritarios del Siglo XXI; o un cambio hacia una democracia que será incierta, con riesgos y amenazas por parte de quienes hoy detentan el poder.
El 26 de septiembre de 2010, son las elecciones para escoger a la nueva Asamblea Nacional que sustituirá a la vergonzosa cámara –con honrosas excepciones- que tiene el país desde diciembre de 2005. Vergüenza que tiene su origen en la disolución de los poderes que ha hecho y hace el gobierno, y en un garrafal error estratégico de la oposición, que fue no concurrir a las elecciones de diciembre de 2005, y mucho menos, haber asumido la abstención –si ese era el camino- de manera militante. La suma de estas dos causas, produjo un parlamento que pasará a la historia como uno de los peores y el más sumiso que haya tenido Venezuela.
El año 2010 va a ser un año de definiciones, que va a influir de manera determinante en el destino político del país.
¿Por qué? Por una parte, se tiene un gobierno resuelto en imponer su dictadura de corte comunista y burocrático, y el 2010 luce como el año en que el gobierno estima consolidarla, proceso que arrancó luego de la derrota de la reforma en 2007. Ya van dos años en donde se impone por la fuerza lo que no se logró por los votos, y el gobierno parece urgido en terminar de cerrar el círculo dictatorial.
Por otra parte, se tiene un país más crítico, más conciente del peligro que representa el gobierno, pero ese estado en la opinión pública, es lo que no termina de cuajar como alternativa política, que es el trabajo de la oposición y que realiza, pero muy lento.
Sin embargo, el gobierno sabe que una opinión pública crítica se manifestará en contra, tarde o temprano, y eso ocurre hoy, a cuentagotas. El apuro del gobierno es evitar que esa manifestación ocurra de forma masiva y los desaloje del poder, y lo hace clausurando la democracia. De aquí su atore por aprobar leyes, controlar cada vez más espacios de la sociedad, para tratar de evitar lo inevitable: que el país opte por un cambio. Que va a ocurrir, y el gobierno se anticipa a ese momento.
La estrategia de “quebrar” a la sociedad como lo anunció Cabello luego de la enmienda del 15F, no ha funcionado. Si nos atenemos a los “bloques políticos situacionales” de Seijas-IVAD en su estudio del 30 de noviembre, el “Bloque no oficialista” tiene una aceptación del 44% y el “Bloque oficialista”, una adhesión del 42 por ciento. No ha habido tal quiebre, y eso que el gobierno durante 2009, ha hecho de todo para tratar de romper la voluntad de cambio de una parte importante del país, y lograr su sumisión.
La preocupación es que a este 44 por ciento, comienza a sumarse sectores del país que ven que las cosas no marchan bien en el país. No significa que sean de oposición –no lo son en su gran mayoría, y tal vez no lleguen a serlo- pero comparten que el rumbo del país no es el mejor, y critican al gobierno. Se rompen los criterios convencionales de clasificación, y la idea que, por ejemplo, la clase popular es exclusiva del gobierno cede a realidades más complejas, en donde en este sector, hay preferencias políticas diversas. El chavismo puede ser la mayoría –cada vez más pírrica- pero no es ya hegemónico o único.
Ese ha sido el cambio más importante en el país desde 2006, y es lo que el gobierno trata de evitar. Que cuaje en una alternativa política, en fuerza política. Se puede aplicar en este caso la frase que utiliza el gobierno, “Lo viejo no termina de morir (el gobierno), y lo nuevo no termina de nacer (un cambio)”.
La estrategia de Chávez parece descansar en cuatro grandes líneas de acción, orientadas a evitar ese cambio.
La primera, a nivel internacional, es abrocharse a Irán, a Cuba, a la Alba; en tratar de polarizar con el tema del clima, en la creencia que eso va a salvar al gobierno, al tener “dolientes” internacionales que generen disuasión.
Al radicalizar, Chávez hace lo que mejor sabe hacer: chantajear. Algo como, “si no me aceptan, crearemos un caos mundial”. Así puede interpretarse la expresión del Presidente de Irán, de “ir juntos hasta el final”, cuando vino a Venezuela, o el regreso del cuento del “huele a azufre” para referirse a Obama, en la reciente Cumbre del Cambio Climático. También, el viaje relámpago a Cuba hecho por Chávez en noviembre. Sabe que viene un momento de inflexión, de giro, de cambio. En el fondo Chávez no se dirige al país; ni a la oposición, ni a los “chavistas moderados”, sino a los “chavistas radicales”, que quiere compactar.
El país tomó una dinámica que ya escapa a Chávez, a la oposición, y a los “ni-ni”, y esa dinámica es que se buscan nuevos horizontes. Chávez sabe eso, y su primera acción, es abrocharse internacionalmente para evitar cualquier sanción, acción, u opinión sobre su gobierno, al decir algo como, “el uranio de Irán también es mío. Tengo una bomba atómica virtual”. A esto se agrega, la mal llamada “V Internacional”, con lo que se espera sumar a partidos –se sumó, por ejemplo, el FMNL de El Salvador- para ponerle precio a cualquier llamado internacional al gobierno, cuando se plantee desconocer los resultados del 26S, si es el caso. Venezuela, junto a Cuba y Malí, votó en contra de las sanciones de la OAI a Irán por su programa nuclear. El apoyo a Irán que Chávez esperar cobrar cuando esté en aprietos. Igual hizo en Copenhage, al tratar de llevar la “voz de los pueblos del Sur”.
Chávez regresa a lo que era su estrategia internacional en 2005: apostar a una gran revuelta mundial. A un 27F global. La diferencia, es que su situación internacional hoy es más débil -Colombia, Honduras, un Piñera que ganó en la primera vuelta, un Serra en Brasil adelante en las encuestas, u Obama- y la opinión que Chávez tiene en la región es muy mala. Con decir que, de acuerdo a Latinobarómetro, Fidel Castro -quien tradicionalmente es muy mal visto en la región- tiene mejor evaluación quje Chávez.
Esta revuelta "de las multitudes" la argumentó Juan Barreto (El Nacional, día 26-11-09): la carta de los proletarios hoy son las multitudes, no la lucha de clases.
Con estas acciones, Chávez revela que ya no controla muchas variables, y que radicalizarse, es la opción que lo va a salvar, al tratar de chantajear al mundo.
Lo segundo, hacia lo interno, es aplicar la misma lógica con la que hace la milicia ¿Cuál es? Chávez desconfía de las FAN porque lo sacaron el 11 de abril. Ese miedo todavía lo tiene, y la forma que halló para bajarlo es crear a la milicia, y decirle a las FAN, “Si hacen otro 11 de abril, habrá enfrentamientos”, que es lo mismo que decir, “El Chávez pendejo de 2002 no existe”. Si se leen leyes o proyectos de leyes o acciones -LOT, consejos comunales, planificación, participación “popular”- la lógica es la misma. Promover una toma progresiva de la sociedad con cuerpos para-militares y para-estatales, para generar disuasión, al promover escenarios de conflictos.
Así, en la reforma a la Ley de Consejos Comunales –ahora es orgánica- se crean “comités de defensa integral”.
En el acto del día 28-11-09 con la Policía Nacional, Chávez indicó que este cuerpo debe tener una “ideología revolucionaria y socialista”, e instó al PSUV a crear “comités de defensa ciudadana”, que recuerdan a los CDR de Cuba. Se anunció que Freddy Bernal será el “enlace” entre el PSUV y esta policía del gobierno (El Nacional, día 29-11-09). Este diario (día 22-12-09), informó que las bases del PSUV tendrán peso a la hora de escoger a los funcionarios de la Policía Nacional.
Por eso el gobierno confisca más, y al mismo tiempo a lo que confisca, le mete su “cuerpo de combatientes” para decirle al país, “¿No quieren que Chávez siga mandando? Habrá enfrentamientos, entonces. Lo tienen que aguantar, aunque no les guste”, para lograr la sumisión del país por medio del temor al caos.
¿Busca el gobierno un escenario parecido al de 2002, con la diferencia que toma progresivamente a la sociedad?
Lo cierto, es que la estrategia parece orientada a crear una suerte de “sociedad paralela” que controle a la sociedad formal, al incorporar en las leyes figuras como “comités”, que en el fondo son aparatos de vigilancia del Estado. Ir cercando a la sociedad con un “muro de comités” que tengan un efecto disuasivo, y evite que se manifieste la protesta del país, y controlar los resultados electorales de 2010 y los demás. Así puede interpretarse el llamado que hace el PSUV a su militancia a que se integre a las milicias (El Nacional, día 24-11-09). Es meter al partido en todas las estructuras de la sociedad y del Estado.
En fin, es jugar con la amenaza de un conflicto nacional e internacional, si no se acepta la dominación de Chávez, con un “Estado paralelo” que controla y reprime a la sociedad.
Lo tercero, compactar la base de apoyo del gobierno. Esto da resultados, de acuerdo a los números de Seijas-Delphos (noviembre 2009). En general, la opinión del Bloque oficialista se compacta, y en algunos casos atrae a los “chavistas moderados”, aunque no siempre es así.
La idea de un Estado fuerte, sugiere que el chavismo se compacta y mejora dentro de su propia fuerza, pero no parece atraer a otros segmentos de la sociedad. Al contrario, si se compara con septiembre, aquellos segmentos que se vinculan a la oposición, se alejan del chavismo. Por ejemplo, en septiembre, el 20% de la clase AB se auto-definía como chavista. En noviembre, bajó al 14 por ciento. El 22% de esta clase decía pertenecer al PSUV en septiembre, pero en noviembre, la adhesión cayó al 10 por ciento (Seijas-Delphos, noviembre 2009). Los del Bloque oficialista culpan más “al pueblo” de los problemas del país en un 26% mientras que los del Bloque no oficialista lo responsabilizan en un 10,8 por ciento.
En Seijas-IVAD, se tiene que en los Bloques políticos estructurales (sin incluir la distribución de los No alineados), entre el estudio del 4 de noviembre y el estudio del 30 de noviembre de 2009, la separación entre los bloques Oficialista y No oficialista aumenta, a favor del gobierno. En noviembre 4, la distribución era 35% Oficialista, 23,5% No oficialista, y 41,5% No alineados. La diferencia entre los dos primeros fue del 11,5 por ciento. En el estudio del 30 de noviembre, la distribución fue 33,2% 21% y 45,8% respectivamente. La diferencia entre los dos bloques subió a 12,2% con una diferencia de 0,7% a favor del bloque oficialista entre el 4 y el 30 de noviembre.
En otras palabras, el gobierno se compacta en su base, la oposición se reduce un poco, y aumentan los no alineados. Esto cambia cuando se coloca las preferencias de los No alineados. Aquí los bloques se emparejan (los bloques políticos situacionales en Seijas-IVAD), lo que indica que los No alineados se mueven hacia el Bloque no oficialista preferentemente.
El público del Bloque no oficialista es mayormente Pro oposición (24,5%), mientras que en el Bloque oficialista, el público más grande es el Oficialista (33,2%). De nuevo, el gobierno compacta su base más convencida, al precio del alejamiento del “chavismo moderado”, mientras que la oposición crece en el segmento de los “opositores moderados”.
Pero en los Bloques situaciones y “pelo a pelo” –la base de cada uno- la del gobierno es más alta: 33,2% versus 19,6 por ciento. Una diferencia a favor del primero del 13,6 por ciento, que es lo que esta estrategia de radicalización del gobierno busca reforzar.
En resumen, compactación de las opiniones –más radicales en los “chavistas duros”- y externalización de los problemas en figuras como el pueblo, o las tesis sobre conspiraciones externas o internas, definen el momento actual del chavismo.
Esto puede impulsarse por la purga interna con los bancos, que aleja a grupos no chavistas del gobierno, pero que hacían negocios, y sólo queda espacio para los convencidos. Igualmente, el caso de la jueza Alfiuni, comunica un mensaje a la estructura del Estado: quien no ejecute las órdenes del poder, será severamente sancionado.
El propósito parece ser aglutinar la base del gobierno para la “tercera fase de la revolución” anunciada por Istúriz.
Los “motores” del gobierno parecen ser tres hoy: esta base del 33 por ciento, la estructura oficial de control y legalización de la dictadura (las dos “Luisas”, la Ortega Díaz y la Morales), y el aparato de los esbirros (sean las fuerzas oficiales y las para-oficiales, tipo Lina Ron o las bandas armadas).
La gran estrategia oficial parece ser construir una especie de “botón” que permita paralizar al país, cuando éste exprese su deseo de cambios, que vendrá ese momento, mediante un catalizador (una decisión del gobierno, las elecciones, una reacción interna de grupos del gobierno, o acciones exteriores como el conflicto con Colombia, Irán, con la advertencia que hizo Hillary Clinton la semana pasada; etc).
Este “botón” es el entramado legal que se construye y la represión, y Chávez espera tenerlo a punto para usarlo cuando el país se le encarate. Venezuela está entre el conformismo de Cuba o las protestas de Irán. Entre que la oposición sea purgada como hizo Fidel o se movilice como hace en Irán.
Finalmente –lo más reciente- es regresar al estilo comunicacional usado para la reforma de 2007. "Acciones populares” –por ejemplo, la inauguración de una “arepera socialista” el día 22-12-09, o nuevamente, la propuesta que quienes vivan alquilados deben ser propietarios del inmueble en donde viven, como propuso Barreto en 2005; o el teleférico gratis en navidad- que buscan mostrar un “rostro humano” del gobierno. Seguramente, en el calor de la campaña, Chávez sacará la nueva versión de "Por amor".......quiero ser dictador.........Y tal vez algunos le "compren el mensaje", pero no lo suficiente para revivir la gloria de 2006. Ese es su problema: está venido a menos. Sólo le queda, principalmente, la represión.
Al mismo tiempo, el gobierno coloca una apuesta alta al competir en el sector comercial, con el anuncio que tendrá venta de carros, de electrodomésticos, de tiendas; en fin, entrar al detal para “ganarle a la especulación”. Al menos, el plan luce ambicioso, y curiosamente y en negación con sus críticas al consumismo, el populismo se reinventa: de Misiones a bienes de consumo, como carros, TV, neveras, muebles, etc.
Un populismo, si se quiere, “focalizado”, lógica de los programa sociales del Consenso de Washington. Un gobierno que usa las prácticas del capitalismo en la creencia que lo va a acabar así. Quiere acabar con el consumo, impulsando un “consumo socialista”.
El populismo se reinventa, y ahora es “segmentado de acuerdo al target”, como una manera de compensar las carencias en políticas públicas generales y para todos, de un Estado que ya no tiene capacidad. Parece más fácil regalar una arepa que resolver el problema de la escasez de productos alimenticios o la inflación, que devora los ingresos de los sectores populares y medios.
Es más fácil regalar un carro, que tener un buen sistema de transporte público, que beneficie a todos por igual. Es más fácil dar un crédito al 6% que crear las condiciones para que la inversión prospere en el país, y que muchas PYME abran, y no cierren, como indican las cifras más nuevas del INE.
Esta parece ser la nueva etapa del gobierno “arepero”: populismo ya no “al mayor” –no hay para eso- sino “al detal”, para tratar de crear la ficción de bonanza, que en 2006 creó un barril a 120 dólares.
¿Y la unidad? El 2009 ha sido un año favorable para la unidad, aunque muchos no lo vean así.
Por una parte, aumentó su caudal de votos entre noviembre 2008 y febrero 2009, al pasar de 4,6 millones a 5,3 millones. También, se creó la Mesa de la unidad, que comunica que el tema de una oposición unida es importante. Esta instancia produjo lo que es uno de los mejores documentos políticos, que fue el comunicado del día 19-11-09 sobre las reglas de juego para la selección de los candidatos a la AN. Este comunicado, a su vez, se tradujo en unos reglamentos aprobados el día 9-12-09, tal como lo prometió la Mesa. Una buena señal en cuanto a consistencia y persistencia. Seriedad.
Finalmente, la oposición, si bien crece lentamente en la opinión pública, ha tenido más éxito en bajar la opinión negativa hacia ella. El desagrado baja más rápido que el agrado. Es algo, y muchos de los que expresaban opinión negativa, ahora son Ns/Nr. Queda el trabajo para convertirlos en opinión a favor, pero se detuvo la "hemorragia" de opinión pública negativa.
La oposición se percibe con menos desagrado, cierto, pero como dicen muchos expertos, “no capitaliza el descontento”.
En los estudios de Datos, se constató que entre septiembre y noviembre, la opinión negativa hacia la Mesa bajó 12 puntos, al pasar de 47 a 35 por ciento; también bajó la opinión negativa dos puntos (de 30 a 28%), y subieron los No sabe/No responde, que pasaron de 21 a 34 por ciento.
En Seijas-Delphos de noviembre, se halló algo parecido. Baja discretamente la opinión de quienes opinan que la oposición no es alternativa, pero suben los Ns/Nr.
Un 52,4% expresó que lo que hace la oposición no supone alternativa al gobierno. Un 23,9% dijo que sí. Cerca de uno de cada 4 dijo no saber. Con respecto a septiembre, la opinión que la oposición no es alternativa, bajó 3,3 por ciento. La opinión No sabe subió de 19,5% en julio a 23,4% en noviembre.
Sin embargo, lo que hacen los partidos de la oposición es lo que menos efectos positivos tiene sobre el país. Un 81,3% (Septiembre: 80,2%) dijo que “poco” o “nada”. Esta valoración en los partidos del gobierno es de 68,6% (Septiembre: 67,1 por ciento). Los dos aumentan entre septiembre y noviembre, aunque más los partidos de oposición. Esta tendencia viene creciendo desde julio en Seijas-Delphos.
La adhesión a los partidos de la oposición bajó entre el 4 y el 30 de noviembre. Para la primera fecha, la suma de todos los partidos de la unidad que lista Seijas-IVAD fue del 22,9%. El 30 de noviembre, la suma fue del 19,6 por ciento. Una baja del 3,3 por ciento. Los del gobierno también descienden, pero a una velocidad menor que la de los partidos de la unidad: 34,5% a 33,2% el 30 de noviembre, con una caída de 1,3 por ciento.
También en la intención de voto hay cambios que la Mesa debe analizar. En Seijas-IVAD, para noviembre 4, la intención era la siguiente: chavismo 32,4%, oposición 24,8%, independientes 31,2% y Ns/Nr 11,6 por ciento. En noviembre 30, la relación es la siguiente: 29,8%, 19,6%, 33,8%, y 16,8% respectivamente.
En tres semanas, la diferencia entre la intención de voto hacia el gobierno y hacia la oposición aumentó a favor del primero, al pasar de 7,6% a 10,2 por ciento. En ese lapso, la oposición perdió 5,2% de intención de voto, y el gobierno 2,6 por ciento. Aumentó ligeramente la intención hacia los independientes en 1,6% y la que subió más, fue Ns/Nr en 5,2 por ciento.
Una hipótesis tentativa es que la manera de hacer las cosas de la oposición que también emplea la Mesa y que es tradicional en aquél sector, que es “estar en silencio mientras se arma el rompecabezas” (en criollo, no inmiscuirse mucho en lo que pasa en el país, y dedicarse a construir las alianzas políticas para las elecciones, o una lógica que hay también, “hay que esperar a que maduren las condiciones, y eso ya pasa, y lo que hay que hacer es esperar”), parece que ya tocó techo.
Si la Mesa no revisa su posicionamiento estratégico, lo que puede ocurrir es una declinación en los valores comentados o, en el mejor de los casos, un estancamiento. La Mesa debe preocuparse cuando personas migran de la oposición a la condición de Ns/Nr. Lo más probable es que regresen a la oposición –Bloques políticos situacionales- pero pueden no hacerlo. Algo de esto pasó el 15F. Al final, los Ns/Nr se fueron con el Sí de forma mayoritaria, luego de un ir y venir hacia el No (en Seijas).
Ya la etapa de “hacer política sin meterse mucho en lo que pasa en el país”, parece haber finalizado, y se le demanda a la Mesa un cambio en la manera de hacer las cosas, porque la situación cambió. Se le pide más visión, compromiso, y liderazgo. La unidad es un objetivo muy importante y estratégico, pero ya no parece suficiente, dado el nivel que el gobierno ha impreso a la política hoy.
En fin ¿Dónde estamos al comienzo de 2010?
Ante un gobierno que avanza hacia una forma de gobierno autoritaria, sin ningún tipo de límites.
Una oposición que se articula lentamente, pero que todavía no se percibe como alternativa al modelo político vigente.
Y una sociedad cada vez más crítica hacia el gobierno, pero que no halla algún referente institucional al que otorgarle liderazgo.
El gobierno ya encontró su eje de acción, que es compactar a su base, y confiar en que el control institucional y represivo hagan la diferencia para ganar en 2010.
El escenario más probable es que lo refuercen. Aquí cabe todo, aunque hay que relativizar las opciones del gobierno.
Se espera una constituyente, pero no parece ser la primera opción, no sólo porque es riesgosa –hay que elegir a constituyentes- sino porque es más complicada, y el gobierno no la ha necesitado para agarrarse al país con un golpe de Estado en cámara lenta., como hace ahora. Eso les ha servido ¿Para qué arriesgarse, en un momento en que el país está moviéndose? Es probable, entonces y como lo revelan los hechos, que sigan con la “línea Carlos Escarrá”: seguir aprobando leyes como lo vienen haciendo para el control institucional, y dependiendo de los resultados, en 2013 preferiblemente, presentar una reforma constitucional que legitime la “República Bolivariana Socialista de Venezuela”.
Lo nuevo, es que hay que esperar actos y eventos muy simbólicos. Este es un gobierno que cree en brujos, la cábala, astrólogos, y demás especies, por lo que el aspecto mágico es esencial, y consideran que están en un momento estelar del “proceso”, por lo que querrán revivir el “espíritu de 2002”, para tomar fuerza. Si es así, esto supone que desde enero, Chávez hará actos simbólicos –el inicio del Año Bicentenario, o cosas por el estilo- y también anuncie “su declaración de guerra y el comienzo de la campaña admirable”, de manera de agarrar el ritmo desde el comienzo, como hizo en enero de 2002, con el “anuncio de la guerra” desde el Táchira. Los primeros días de enero de 2010 pueden traer actos de este tipo.
Ahora le toca jugar a la unidad. Creo que su acciones hasta ahora han sido exitosas, pero ya tocaron techo. Para ganar se requiere un cambio, y más compromiso. Un cambio que suponga involucrarse más con el país, y en arriesgar, si es el caso.
¿Qué hará la Mesa si no hay elecciones el 26S? ¿Qué hará la Mesa si se convoca una constituyente con “delegados corporativistas” (Fausto Masó, El Nacional, día 19-12-09)? ¿Qué hará la unidad si el gobierno “detiene preventivamente y por su seguridad” a integrantes de la Mesa? ¿Cómo va a reaccionar si el gobierno hace un blackout informativo el 26S?
Lo único que le queda a la Mesa, si hay un desconocimiento de los resultados o el famoso "golpe a la lámpara", es organizar una respuesta desde la calle, una respuesta internacional, y denunciar el desconocimiento. Pero para eso, hay que articular a muchos grupos sociales y de base, que hoy actúan por su cuenta. En otras palabras, hay que articular una respuesta para que cuando Chávez oprima el “botón” para apagar al país, no funcione y sea sólo click, click, click......
Nunca como antes, el destino del país está tan en juego como ahora. Tal vez 2010 no sea la última oportunidad, pero si será políticamente definidor y decisivo.
¡Feliz 2010!