Léeme en otro idioma

miércoles, 31 de marzo de 2010

El "caso Zuloaga"
Sorprende y no sorprende al mismo tiempo, la ofensiva represiva del gobierno ocurrida la semana del 24 al 28 de marzo de 2010.
Comencemos por lo más fácil: no sorprende porque, desde 2007, el gobierno usa la agresión institucional para asegurar o recuperar “espacios” o para “recuperar la ofensiva”. Con la fuerza, cree colocar el juego político en su terreno, y considera que parte con la ventaja al confundir a la oposición con una Blitzkrieg.
Es la idea de golpear para sorprender y confundir, y poner el ambiente del país y de la campaña en nivel de auto-censura y miedo, que disuada las críticas que se le harán al gobierno durante la campaña que se avecina. Que serán muchas, y serán necesarias. Nunca como antes había padecido el país de una gestión de gobierno caracterizada por la mediocridad y la irresponsabilidad. Cada día, el país toma más conciencia de la mediocridad prepotente que está instalada en las oficinas gubernamentales. El caso Falcón-PPT es uno de los tantos indicadores que revelan cansancio y, sobre todo, que no hay disposición a aceptar el sectarismo y la exclusión como política de Estado.
Pero al mismo tiempo sorprende, porque un gobierno con un nivel de cuestionamiento tan alto como el de Chávez, crea que una ola represiva lo favorece. Estas acciones tendrán el rechazo de la sociedad, como la han tenido otras iniciativas de este tipo en el pasado.
Confieso que las acciones de fuerza política hacia figuras de la oposición, me sorprendieron un tanto ¿Por qué hacerlas en un momento que no es bueno para el gobierno? ¿Cómo se decidieron? ¿Fue el alto gobierno, o grupos dentro del gobierno? ¿Hay una unidad o hay grupos que actúan por su cuenta dentro de la administración política actual?
Todas estas preguntas dieron vuelta a mi cabeza, para tratar de explicar una acción incomprensible y dañina para el gobierno, desde el punto de vista político. Por supuesto, se que el gobierno está en una etapa de declive, y la represión es lo que le queda. Lo había comentado en otra entrada de este blog (Así comienza 2010, en diciembre de 2009): Chávez apuesta a su núcleo “duro” y al control institucional, para quedarse en el poder.
Las acciones del gobierno validan la observación de Clinton en su My Life: en política, cuando se mete la pata, le tendencia es a seguir metiéndola. El gobierno de Chávez es un buen ejemplo de esto.
¿Qué comunica la ola represiva? El caso Zuloaga –junto a las detenciones de Alvarez Paz y Wilmer Azuaje- tiene muchas aristas para el análisis, desde el punto de vista de lo que comunica; de lo que deja ver cómo “técnica de represión del gobierno”.
Es lo que quiero comentar, lo que está alrededor de este caso. Lo que es latente y no manifiesto.
Lo primero que llama la atención son las condiciones para la detención de Zuloaga. A éste se le quitó la prohibición de salida del país que tenía en virtud de las “investigaciones” a la empresa de venta de carros de su propiedad. Zuloaga era para ese momento, un hombre libre. Podía salir a dónde quisiera. Sin tener que dar explicaciones. Aquí viene lo interesante: se le detiene porque “presumiblemente” se iba a “dar a la fuga”. Eso dijo la Fiscal General: que les había llegado la información que Zuloaga “se daría a la fuga”. Nunca dijo –y es la Fiscalía- la naturaleza de la información, y de dónde provino. El órgano garante de los derechos, violó los derechos de una persona sólo porque les llegó un “rumor”, un “dato”. Hasta la fecha, no han entregado las pruebas que demuestren que Zuloaga se quería “fugar”.
Lo importante es esto: cómo se quiere instalar en el país la lógica dictatorial, que consiste en que una persona siempre tiene que justificarse, explicar siempre lo que hace, por qué lo hace, en dónde lo hace, y cómo lo hace. El Estado nunca explica, sólo las personas, que deben comportarse como lo dijo Otaiza, “bajo un estado de sospecha general” ¿Dónde quedó la "presunción de inocencia"?
Zuloaga fue condenado por los voceros del gobierno sin ningún juicio o condena previa, y el propio gobierno se descubrió cuando lo detuvo. Lo querían agarrar, y se dio la ocasión en que Zuloaga saldría, y se le detuvo ¿Qué esperaba el gobierno? Que una vez acusado por los medios del gobierno, pero sin fórmula judicial ¿Zuloaga se quedara en su casa esperando tranquilamente una detención que sólo podría venir en virtud de pruebas muy claras? Lo acusaron, y el gobierno pensó que Zuloaga no haría nada. Que esperaría tranquilo “la justicia revolucionaria”.
No existe la idea de "inocencia", sino que basta un señalamiento en los medios del gobierno -que es lo que hace La Hojilla- para generar un cargo, una culpa, y es la señal para que actúen los cuerpos represivos del gobierno. Lo importante es crear en la opinión un clima de culpa, para dar paso a la campaña de desprestigio, de nuevo en programas como La Hojilla, Los Papeles de Mandinga, o las entrevistas de los "comunicadores alternativos", que lo único alternativo que tienen es que van con la misión de provocar para decir, "Ven ¿No les dije que esa persona era así?". Es toda una "industria de la degradación humana", la que se maneja desde el gobierno, a la hora de señalar a personas.
Así se quiere hacer con el país: se dice una amenaza, y la respuesta que se espera es que el país se inmovilice. Que se quede “en su casa”, porque ya el gobierno asume la “presunción de fuga” (o de “especulación”), y sin evidencias de ningún tipo, procede con la represión.
Es lo que se hace ahora con el “feriado obligado”. En 2009, cuando se decretó como “día de júbilo” el 4 de febrero, también el gobierno obligó a un cierre comercial. Hubo protestas y quejas. Ahora las hay, pero más discretas. El miedo ha avanzado en algo. El terror del gobierno se sofistica.
Chávez habló de un feriado para esta Semana Santa. Las tiendas entendieron que en un feriado, podían abrir ¿No es el momento más propicio para hacerlo, cuando la gente está en su casa, está en vacaciones? Las que abrieron, fueron obligadas a cerrar, y hubo otros comercios que ni se atrevieron a abrir, por el temor a los cierres.
Igual pasó con el edificio La Francia. Una de las cosas más humillantes que he visto. Se les expropió de manera arbitraria. El “exprópiese” de Chávez –por cierto, la mejor cuña a la propiedad privada la hizo Chávez con esto- Los comerciantes, realmente asustados, abandonan el lugar, y Chávez dijo al día siguiente que “ordenó una investigación” porque le pareció extraño que se hayan ido de esa forma.
Se fueron así porque el temor los llevó a irse de esa forma. Han visto la arbitrariedad del gobierno en otros casos –el “Método Chaz”- junto a la actuación de los esbirros apoyados por el gobierno –los que golpearon a los periodistas de Ultimas Noticias, por ejemplo- y se adelantaron a lo que podía ser la orden del gobierno, que pudo ocurrir.

Con eso se quiere domesticar a la sociedad: Chávez lanza una amenaza o algún planteamiento, y se espera que todo el mundo adopte el comportamiento de “sospechoso”, que la gente se inhiba a sí misma, que no actúe, que se quede encerrada, que abandone antes que pasen los hechos. Y el colmo, que de paso de explicaciones que la inculpen aunque no tenga la culpa. Sólo para complacer los caprichos del dictador, quien ha hecho de la amenaza una “política de Estado”.
Indudablemente, esta dictadura ha refinado mucho la represión. A la manera que plantea Foucault, busca que la gente “lleve el rolo por dentro”, y se reprima a sí misma, sólo con una palabra o un gesto de Chávez, que ya ni siquiera tiene que ser amenazante. Puede ser el anuncio de un feriado en un acto con los deportistas, por ejemplo. Los esbirros del gobierno se encargarán de la “letra chiquita”, mientras Chávez se va de viajes o desaparece. Esto último, un aprendizaje para Chávez. Antes confrontaba más. Ahora, sólo se limita a dar la orden, y su estructura la ejecuta.
No asume directamente la represión. Su aparato del miedo lo hace por él. Realmente, para eso es el MIJ. Junto a la Fiscalía, el TSJ, y la Defensoría del Pueblo, son las instancias que orquestan y justifican la represión que materializan la policía, la GNB, o los grupos violentos del gobierno. Cuando esto ocurre, Chávez se aleja, y se comporta como si no supiera nada “¿De qué me hablan?”, pudiera decir.
Otras cosas no son nuevas en la “tecnología de la represión” del gobierno: como “desaparecer” a la gente, para mostrar cómo la humillan. Eso hicieron con Wilmer Azuaje: lo desaparecieron, lo acusaron –curiosamente, el mismo esquema usado para acusar a Nixon Moreno- y luego “lo aparecen”. Pero el daño se hizo: se le humilló, y se le golpeó moralmente.
Las dictaduras buscan siempre darle carácter penal o “común” a la crítica política. Así como a los estudiantes en 2007 se les quiso tildar de “malandros” –el “gas del bueno”- la misma operación se quiso y se quiere hacer con Wilmer Azuaje, para que sus denuncias sobre la corrupción en la familia Chávez Frías, queden desacreditadas. Desprestigian a la fuente para que el contenido de lo que dice pierda credibilidad. Lo mismo que hace la dictadura de los Castro en Cuba con las Damas de Blanco, Fariñas, o Zapata Tamayo.

Lo segundo, es el despliegue hecho para detener a Zuloaga. Todo un show propio de este gobierno. En un país donde el sistema judicial da pena, y las prisiones son una verdadera calamidad, contrasta el excesivo despliegue para detener a un ciudadano, libre, que decidió hacer uso de esa libertad, y salir. No tenía impedimento para hacerlo, y pensar lo contrario, supone un prejuicio hacia esa persona, que fue lo que el gobierno demostró con su explicación para detener a Zuloaga.
El mensaje es el mismo: un despliegue de poder para mostrar cómo humillan y aplastan a una persona. Un avión que fue de Caracas a Paraguaná, y aquí, una caravana de carros hechos en “el imperio”, para traerlo a tribunales. Todo para comunicar cómo el Estado está por encima de los ciudadanos que pagan impuestos, y a los que –en teoría- debe servir.
Pero la teoría del Estado de una dictadura es distinta: el Estado no está al servicio de las personas. Está por encima de ellas. Está sobre ellas, “Nada fuera del Estado, nada en contra del Estado, todo dentro del Estado”, según la fórmula de Mussolini. Todo ese despliegue se hizo para recordarle a la sociedad venezolana el inmenso poder que tiene el Estado dictatorial que dirige Chávez, y que no tiene reparos en usarlo para humillar y aplastar a quien considere un adversario, real o potencial. El caso de la jueza Afiuni nos recuerda todos los días esta verdad.
Sin embargo, la reacción de la sociedad ante esta arremetida fue precisa. No fue masiva como muchos esperaban, pero fue contundente. La información se regó por Internet –ya se sabe para qué el gobierno quiere controlar a las “redes sociales”- y personas salieron a expresar su desacuerdo. Internacionalmente, la noticia tuvo fuerza, y es un buen indicador: la tolerancia a las dictaduras del Siglo XXI comienza a ceder. Se aceptaron los abusos de las dictaduras del Siglo XX por el marco de la Guerra Fría, pero parece que no se van a tolerar los abusos de las dictaduras del Siglo XXI. Y la de Chávez es, genuinamente, el primer intento para construir una dictadura de este tipo, en plena era 2.0. De aquí la importancia sobre cómo se reaccione a la violación de los derechos humanos que ocurre en Venezuela.
De las ONG mundiales, hay una reacción vigorosa. De organismos públicos también, como la CIDH, el Parlamento Europeo, y la prensa internacional. No por casualidad el gobierno busca desacreditar a la CIDH, bajo el esquema de siempre: la Comisión tiene algún “interés oculto”, y en personalizar el caso: “es Cantón”, y el “apoyo al golpe del 11 de abril”. Lo cierto es que la voz de la CIDH –que fue muy activa para cuestionar a las dictaduras del Cono Sur en los 70 y 80- también tiene el mismo brío para denunciar los abusos del gobierno de Venezuela.
La diferencia ahora, es que podemos enterarnos inmediatamente, a través de Internet, y también se pueden comunicar violaciones en “tiempo real”. No hay el tiempo de espera que buscan las dictaduras. Como pasa en Irán, que la censura lleva a que la instantaneidad de la represión se oculte, y las noticias pierdan su fuerza. Lo diferido debilita el valor en medios de los abusos, y por eso las dictaduras quieren controlar las redes sociales.
Lo que quieren controlar es el tiempo de lo instantáneo, de la interacción real, y pasar a un tiempo diferido, que permita que la represión se “normalice” y ocurra el alejamiento psicosocial de las personas: eso pasa en un lugar lejano, y no tiene impacto ¿Se acuerdan de Myannmar?

El gobierno está consciente de los tiempos actuales en el mundo, y justifica su dictadura, por ejemplo, con el argumento de las “normas técnicas”, que otros aplican, como se hizo para acabar de manera progresiva –por cuotas- con RCTV. No hay cierres. No hay solemnidad. Tampoco hay tragedia. Sólo el vacío de una burocracia que cumple “normas técnicas”, y unos ejecutores que son los primeros en llevarlas a cabo, impulsados por el temor que le tienen al gobierno. Son los que –sin ser una institución del Estado- explican las “normas técnicas”, por qué sale un canal y por qué se le vuelve a incorporar.
Tal vez no tengan otra salida, pero la Cámara de las “cableras” (la Cavetesu o algo así) hace un triste papel. Una especie de represor, “en grado de cooperación”, para usar el lenguaje penal que usa el gobierno, y al que nos quiere acostumbrar para hablar.

Al mismo tiempo, el país también está consciente del tiempo que le toca vivir. El crecimiento de Twitter, es un indicador. De manera no planificada, la sociedad aprende a moverse en el mundo 2.0. En parte por nuestro gusto por lo avanzado, en parte porque la represión del gobierno saca la opinión de los medios “tradicionales”, y la opinión busca canales para expresarse.
La reacción nacional e internacional obligó al gobierno a liberar a Zuloaga y a Azuaje. Pero volverá. No en balde Zuloaga dijo que se “va a defender con todo lo que tiene”. (El Universal, día 29-3-10). El país también está preparado para responder. De este ejercicio, el gobierno no salió bien librado: hizo un despliegue de fuerza, que no le sirvió. No logró intimidar más allá del miedo que ya ha logrado hacer rutina, hacer cotidiano. Es una buena señal, en momentos en que el peso del autoritarismo se siente más sobre la piel de la sociedad. También, la reacción internacional es una buena señal. Lo de Zuloaga voló, y alertó a las organizaciones que vigilan los derechos humanos.
El “caso Zuloaga” muestra que a pesar del control, la sociedad es capaz de reaccionar al usar otras vías a las tradicionales –las marchas, por ejemplo- de forma más localizada, pero con fuerza, para obligar al gobierno a retroceder en sus arbitrariedades. No es ni será fácil lidiar con una dictadura que dice que no es -y muchos le creen sólo porque hay Cadivi, la permuta, y todavía se puede viajar- pero hay capacidades, aunque el miedo les ponga un manto de invisibilidad. A pesar de esto, ahí están, y volverán a emerger con fuerza cuando el gobierno pretenda hacer su último acto: el querer quedarse en el poder, ignorando la decisión de la soberanía popular, que se expresará más temprano que tarde, por un cambio en la conducción del gobierno del país.