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sábado, 24 de agosto de 2013

Maternidad

La agresión de dos mujeres a la enfermera de la Maternidad Concepción Palacios, Milagros Franco, ocurrida el día 11-8-13 y su posterior muerte el 20-8-13, es un caso que estremece, que remueve de verdad. No solo por la forma como ocurrió -dos mujeres la agreden en el hospital cuando Franco les reclamó el mal uso del ascensor; le caen a golpes, la empujan y rueda por las escaleras, le clavan un jeringa- sino por la víctima -una profesional de la enfermería, con 25 años en la maternidad, con hijos discapacitados- y por quienes la agreden -chicas jóvenes, una de 22 años, con hijos- que pone, de nuevo sobre la mesa, que el país se ha convertido en un trapiche que traga vidas ya hechas y vidas que pudieran ser.
También impacta porque, luego de la noticia que informó la muerte de la enfermera, comenzaron a salir cabos sueltos: si la agresión fue el 11 de agosto ¿Por qué no se informó antes? ¿Qué ocurrió entre ese día y el 21 de agosto, cuando el caso se registró en la prensa? ¿Cómo fueron esos días para la enfermera Franco?
Eso es lo que impacta, lo que deja un sabor amargo de que algo no está funcionando bien en el país: el silencio que es roto por la muerte de la enfermera que a su vez disparó la protesta de los trabajadores, y esa movilización muestra una cadena de silencios, complicidades, negligencia, malas decisiones y, especialmente, la obediencia, el poder de la autoridad, que logró que un caso de esa naturaleza permaneciera en silencio durante 10 días. Nadie dijo nada y lo que catalizó el descontento acumulado fue la muerte de Franco, pero antes de eso, no pasó nada.
Por eso, este caso también me interesa como psicólogo social. 
Al ir descubriendo los hechos, no pude dejar de pensar en los estudios pioneros en el área de conformismo realizados por Solomon Asch (1955), los trabajos sobre la obediencia de Stanley Milgran (1965), o la investigación sobre la prisión de Stanford de Philip Zimbardo (1971).
Los tres tienen en común en destacar que lejos de lo que pensamos, que el mundo se divide en buenos y malos (por supuesto, los buenos siempre están del lado de quien hace el juicio y los diferentes son los malos), la gente con educación, buena y decente puede hacer cosas malas, muy malas de verdad. 
El valor de estos trabajos es destacar la importancia de las situaciones, porque siempre vemos a quien ejecuta (las agresoras), pero no la situación en que ocurre el hecho, en este caso, institucional: que hizo posible que una enfermera herida no recibiera la atención, no saliera del hospital, y solo se supiera después de su muerte, no antes, lo que la pudo haber salvado.  
Así lo recoge Zimbardo en su libro de 2008, El efecto lucifer, "La gente buena puede ser inducida, seducida, e iniciada para comportarse de manera destructiva. La principal lección que el estudio de la prisión de Stanford enseña es que las situaciones importan: las situaciones sociales pueden tener un profundo efecto en el comportamiento y en el funcionamiento de la mente de las personas, grupos, y líderes, mucho más de lo que se piensa".
Este parece ser el caso: como un hecho de violencia que ocurrió en un hospital bastante concurrido se mantuvo en silencio durante 11 días. 
No es suficiente decir que no tuvo resonancia porque no es la primera vez que algo así ocurre -manera de explicar que ya es común en el país- porque los relatos luego del 21 de agosto indican que el caso tuvo impacto dentro de la maternidad porque compañeros de la enfermera y familiares intentaron hacer algo por Franco, pero no pudieron porque la situación no lo permitió. Y por los relatos, se trata de una situación de obediencia
Si se observa la foto de esta entrada, las pancartas apuntan hacia eso, "Lo de Milagros no fue un hecho fortuito sino negligencia administrativa". La muerte de Franco disparó una situación dentro del hospital que no apareció previamente porque una cadena de decisiones y una situación la calló.
En el noticiero de la noche de Globovisión del día 23-8-13, entrevistaron a la Directora de la maternidad. Posiblemente son mis prejucios o estereotipos, pero las palabras de la directora reforzaron mi idea de la complicidad y el silencio que tuvo como resultado la muerte de una profesional, aunque el caso se verá solamente como la agresión de dos indigentes contra una enfermera. A veces lo situacional es tan difícil de apreciar, que entender la cadena de decisiones organizacionales que llevaron a la muerte de Franco es tan importante como la agresión en sí, porque en la primera es normalmente en donde la gente buena se involucra en cosas malas
La directora apareció en una bonita oficina, y ella, muy elegante. Su declaración expresó que: 1.-acudieron a las autoridades, 2.-que Franco recibió atención médica, y 3.-que quienes protestan, no tienen legitimidad para hacerlo, debido a que son una minoría (otra palabra que ya es rutina en Venezuela, para explicar y otorgar derechos, en una mala interpretación de lo que ser mayoría significa).
Esto último me parece grave, especialmente viniendo de una persona que ejerce funciones de dirección. Según su parecer, la calificación de un hecho lo da la mayoría porque si eres minoría tus vivencias, lo que sientes o lo que sufres, no tiene valor social, no tiene existencia social. 
En los minutos que la Directora de la Maternidad habló en Globovisión no aportó elementos acerca de los hechos, principalmente esto: si Franco nunca pudo abandonar la maternidad desde el día de la agresión ¿Qué pasó día a día entre el 11 y el 21 de agosto? 
El caso de la Maternidad es un trágico laboratorio, si se quiere, para generalizar hacia el país y ofrecer una vía para explicar por qué cosas horribles ocurren -otro caso, la muerte del GN a mano de sus superiores en julio de este año, también callada hasta que los familiares del joven fallecido sacan el caso a la luz pública- sin que suceda mayor cosa, más allá del lugar común que nos estamos acostumbrando.
Parece ser que el gobierno en su afán de controlar todo, creó una situación de obediencia que percola hacia todo el tejido social, en donde el poder institucional abusa de su naturaleza y se impone, para que situaciones malas que ocurren no se sepan, no se hable de ellas, y todo el mundo se conforme o vaya con el grupo. Un engranaje de la obediencia y conformismo.  
Lo que se genera es lo que en psicología social llamamos psicología de la deshumanización, que no es otra cosa que explicar cómo la gente buena y decente puede tratar a otros de forma negativa. 
Esto ocurre básicamente cuando en una situación determinada y ante un poder sin control, las personas asumen un rol que tampoco tiene contrapesos -todo parece normal, cada quien hace lo que corresponde- y allí aparece la llamaba banalidad del mal o las estructuras burocráticas de la represión que explican crímenes masivos como los campos de concentración. No es que todos se vuelven locos sino que gente muy cuerda fue colocada en una nueva situación de la que no pueden salir, pero que luce natural.
Esto puede explicar el afán del gobierno para controlar los medios de comunicación e impedir cualquier mecanismo de contrapeso o contraste. Tal vez nos quieran parte de la máquina del silencio, todos somos cómplices, también atrapados en una situación de obediencia de la que es imposible salir. 
No es que los alemanes, como dice el lugar común, un pueblo tan culto se volvió loco, sino que la solución final burocratizó la muerte y la hizo banal en su ejecución y conceptualización, y la sociedad teutona entró en un proceso que fue normal
En el caso de la maternidad el silencio se rompe por un hecho negativo: la muerte de Franco, pero eso -en términos del conformismo que vengo comentando- rompió la unanimidad creada por la obediencia: aparecen las pancartas que culpan a la dirección de la maternidad. 
Los estudios de Asch y Milgran también muestran que si bien obedecemos, también podemos rebelarnos.
Aquí entra lo que otro psicólogo social, Serge Moscovici, llama la influencia de las minorías.
Este caso de la Maternidad tiene su deriva política para la Unidad: no es solo interpelar, sino también tener sensibilidad, que el lenguaje corporal de quienes integran la Unidad comunique la capacidad de poder colocarse en el zapato del otro. 
Esto no se hace del todo en mi opinión. Por ejemplo, a Richard Mardo se le allanó la inmunidad, se dijo que hacerlo quitaba lo último que quedaba del parlamento.....sin embargo, todo parece normal. Mardo sigue entregando balones y pintando canchas en Aragua. Nada ha pasado. No ha sido lo último, y eso lleva a lo siguiente: si el punto es que nos estamos acostumbrando ¿Cómo no hacerlo si las señales que se envían desde el liderazgo es que no pasa nada, que todo sigue, y cada quien a lo suyo?
No digo que la tónica sea el comportamiento de funeraria -aunque en Venezuela, los velorios se han convertido en otro espacio para socializar, para esa necesidad de hablar hasta por los codos y ser reconocidos que hay en Venezuela- pero sí un lenguaje corporal que permita al ciudadano de la calle entender que lo que pasa no es normal o que no es adecuado convivir con lo que no es normal en términos políticos.  
Una de las cosas que más llama mi atención de Aung San Suu Kyi es ese lenguaje corporal a medio camino entre la sobriedad pero al mismo tiempo, que comunica sacrificio político y sentido de las proporciones, que comunica respeto y que hay que hacer cosas para cambiar una situación. 
Por carecer de esto la política criolla ha devenido en algo rutinario, centrada solamente en un presente que no aborda hechos sino se limita a frases tipo patria, soberanía petrolera, Chávez vive; enchufados, ilegítimo, o mentira fresca. Un lenguaje oral y corporal solo en presente, que no apunta al futuro (lo que hay que hacer) ni tampoco al pasado (para conectarse en la identidad).
Tal vez el problema es que tenemos políticos muy normales y que les gusta ser normales.  
Habría que regresar a los hechos, a su interpretación o análisis, como una manera de lograr romper en la retórica la situación de obediencia que el gobierno promueve y que hizo posible que en una maternidad que tiene cerca de 3.000 empleados, la agresión contra una enfermera con una antigüedad de 25 años, haya podido silenciarse durante 11 días, sin que ocurriera algo.
Cuando en la calle me preguntan si ya tocamos fondo, y la pregunta la veo desde este caso de la maternidad y de los estudios acerca del conformismo en psicología social, respondería que siempre se puede ir más abajo, más hacia el fondo. Nunca se toca fondo en cuanto a conformismo se trata. Esa es la mala noticia.
La buena noticia es que no tiene que ser así. Las personas y grupos también pueden romper con la burocracia que los convierte en engranajes para hacer cosas malas. Desde este punto de vista, no ser tan normales puede ser una salida. 

domingo, 4 de agosto de 2013

Momento político

El momento político venezolano cambia. En la calle uno lo siente así, y también es la conclusión que se puede obtener al analizar recientes estudios de opinión, realizados a finales de junio y julio de 2013 (en este Blog en la parte llamada Zona de descargas, te lleva a una página para que los descargues junto a estudios de este y otros años).
¿Cómo resumiría el cambio del momento político? 
El gobierno entra en una etapa de aislamiento político y la Unidad comienza a salir del aislamiento político.
Abro con el gobierno. 
A pesar de las severas críticas a cómo fue elegido, el arranque de Maduro luego del 19-4-13 no fue malo. Mostró diferencias con el estilo de Chávez. No solo las cosas comentadas en la opinión pública -reuniones con la Iglesia, acercamiento con el sector privado; muchas de ellas examinadas en el Editorial de la revista SIC digital, de finales de julio de 2013- sino en mi análisis, tres cosas que Maduro dijo revelaban ese arranque diferente.
La primera, cuando Arias Cárdenas en Zulia intentó colocar la libreta de racionamiento electrónico, la reacción de Maduro fue de rechazo público a la medida y afirmó que el problema es de producción no de control, con lo cual marcó distancia con quienes hablan del comunismo al destacar que el problema no es el control de la demanda sino la promoción de la oferta.
La segunda, con la corrupción. Si recordarán, el primer caso adelantado fue en el Indepabis. La directora de ese organismo, Consuelo Cerdada, salió del cargo. Semanas después, ofreció unas declaraciones que fueron respondidas por Maduro. Este dijo dos cosas que marcaron diferencia con Chávez: 1.-Qué él no podía intervenir en la investigación que se hacía y no debía responderle, y 2.-pero que al menos, Cerrada tenía responsabilidad política por lo ocurrido allí, porque era la directora del organismo. No me pareció una mala respuesta.
La tercera, en el conflicto universitario. En una declaración, Maduro afirmó que reconocía a la FCU, a Juan Requesens como su Presidente, y que debían dialogar. 
Otras cosas se pueden agregar para este arranque que no fue negativo a mi modo de ver: un gabinete con varias personas jóvenes (Tarazona, Benítez, Rodríguez, Villegas, Rivas, Calzadilla, entre otros), unos más nuevos, otros menos jóvenes en edad y reciclados.
Sumo un cierto tono de humildad de parte de Maduro a la hora de hablar, y hasta cierto humor con el cuento de Maburro que él mismo se mofaba de que algunos sectores lo llamaban burro. Hacía de eso un chiste, con lo que mostraba que eso le resbalaba.
Incluso, la imagen de familia me pareció buena. A pesar que Cilia Flores me genera rechazo, comunicar la familia como parte de la vida de una persona, es buen punto. El matrimonio con Cilia también fue bueno, como mensaje sobre la familia. 
Todo lo anterior se perdió. De abril a agosto de 2013 hay un giro de 180 grados. 
El discurso con tono humilde cedió al discurso de la prepotencia, con el ya agotado ellos (aunque esto también se usa en la Unidad, para referirse al otro. Es curioso, todos hablan de inclusión, pero se refieren al diferente, al otro, como ellos) y ya le agarra el gusto al poder. 
En la marcha del gobierno del día 3-8-13 Maduro comentó que luego de dejar la Presidencia regresaría al Metrobús, pero que no sabía cuándo. Ya le agarra el gusto a la idea de permanecer largo tiempo en el poder. Mala señal para un país tan maltratado como Venezuela, que requiere de otros ejemplos. 
Sus alocuciones son más desafiantes, fastidiosas, y hasta insensatas. Como decir que los culpables del robo en el Fondo Chino son militantes de Primero Justicia
El gobierno hoy es un aparato para reprimir. Es su status hoy. Nada de modelo chino. Un modelo represivo, que sigue en la idea de imponer una hegemonía, solo que ahora se nota. 
Con Chávez había represión y de la buena, pero tal vez su gracia, su carisma, hacía que el gas del bueno no se sintiera tanto o, por el miedo que Chávez logró imponer en el país, nadie quería ver y todo el mundo se las daba de ponderado y equilibrado para evitar desafiar al Gigante. Hoy no hay o menos gas del bueno pero la represión fría, calculada, es más visible y no menos dañina. 
¿Cómo explicar este giro represivo? 
Si se toman los números del 5-5-13 hasta el 26-7-13 (en IVAD) los valores del gobierno se mantienen relativamente estables, con un gran problema que no atiende. Es lo que puedo llamar crisis en la confianza de la gestión. Es la percepción que el gobierno tardará mucho o nunca resolverá los problemas del país. No se percibe salida o si la hay, se ve muy lejana.  
Para el 31-5-13 en IVAD, en promedio, 4 de cada 10 (37,8%) opinó que el gobierno no resolverá la inflación, la inseguridad, el desabastecimiento, y la inestabilidad política. 
Esta desconfianza se mantiene en julio en la misma firma. 
Un 53,5% estimó que Patria Segura no resolverá los problemas de inseguridad. Un 58,9% no tiene confianza en este plan. 
Un 58,1% mostró poca confianza en el Plan de 100 días de la electricidad para resolver el problema de los cortes de luz. 
El programa bandera del gobierno, la lucha contra la corrupción, tampoco salió bien: un 56,5% expresó que el dolo seguirá igual o seguirá empeorando. 
El 52,6% ve como poco positivo y nada positivo otra línea maestra del gobierno: el llamado Gobierno de calle
Finalmente, un 49,5% rechazó los viajes de Maduro al exterior.
Estas son las cifras que de verdad deben preocupar al gobierno. 
La crisis en la confianza en la gestión se vuelve dato duro y por eso la percepción que se tiene del gobierno: se estancó, se lo tragó la burocracia, la inercia, a pesar de un arranque que no fue malo, pero a la luz de estos números no fue suficiente, ni en la velocidad, ni en la intensidad, ni en las áreas que tocó, ni en la profundidad. 
Aquí entra el conundrum del gobierno (que se infiere del estudio Datanálisis con campo del 12 al 21 de junio de 2013): romper esta inercia pasa por una crítica abierta al legado de Chávez -quien dejó una inmensa corrupción que se traga al gobierno y a su hijo Maduro, a pesar de los intentos para combatirla- que no será aceptada por los factores de poder socialistas ni por el público chavista quien, más bien, cree que el gobierno toma un giro de derecha.  
El gobierno está atrapado en el mito, en la rigidez ideológica, y la crisis en la capacidad de la administración para resolver los problemas se hace más intensa.
Los números sugieren algo interesante en el gobierno (IVAD y Datanálisis): hay conciencia que la gestión de Maduro es distinta a la de Chávez, pero la de Maduro no termina de tener un perfil propio, por lo que la gestión de Chávez se idealiza y esto puede explicar la tensión que tiene el gobierno entre poseer su perfil o seguir idealizando una gestión que ya no puede ser y que no debe ser, porque uno de sus legados -la corrupción- hace que la gestión de Maduro tenga que ser distinta pero no se atreve a asumirlo ¿Resultado? Una tensión que deteriora y que se busca cerrar o tapar con represión. 
Esta tensión agota a Maduro. En IVAD al 26-7-13 un 43,6% opinó que Maduro botó el capital político de Chávez, mientras que un 39,4% dijo que no, y un 17% Ns/Nr. Tener perfil o no, he allí el dilema de Maduro. Debe resolver la disyuntiva. 
Hay dos motivos que estimo relevantes para lo anterior: una, en el plano de la personalidad política de Maduro, la otra, más del sistema.
La explicación de personalidad política es que parece que la soberbia del poder gana espacio en Maduro. 
Es algo propio del poder y de la política venezolana (y del mundo): la gente cambia en el poder. Creo que a Maduro le pasa algo así, y por eso mi percepción que se aísla, se desconecta de la realidad. 
No solo Maduro, todos los políticos -gobierno, Unidad, y ni ni- tienen una tendencia a ver conspiraciones o que los quieren fregar, y de allí su tendencia a encerrarse en sus macollas o con sus enchufados (que no están solo en el gobierno). 
Esa tendencia deriva de la idea que están predestinados a algo. Esto protege la salud mental, por la rudeza de la política; es un mecanismo de protección emocional. Invito a leer a Weber, sobre las exigencias de la política y quiénes pueden asumirla. 
Unos más, otros menos, pero todos tienen una tendencia a percibir conspiraciones y que los persiguen o los quieren joder. Casi todos hablan de lo que me pasaría o pasaría si me ocurre algo. La necesidad de ser el centro, el foco. En este sentido, no son valientes, porque el riesgo es parte de la profesión política y no hay que hacer alarde o decir que me pasaría algo
Hay personas que captan esta debilidad y son hábiles para acercarse a los políticos, y acceden a los círculos de poder. Son los enchufados en el sentido exacto del término, porque otros acceden, pero por otras causas (cualidades, experiencia, lealtad, seriedad, etc).
Pienso que Rodríguez Torres y su grupo estimulan esta idea de las conspiraciones. Me atrevería a decir que viven de eso. A Chávez se la aplicaron y les fue bien. 
La personalidad de Chávez era proclive a creer ese tipo de cosas -como buen narcisista ¿Qué sería del mundo sin un tipo como yo?- y se perdió la cuenta de los intentos de magnicidios, pero con eso un grupo vivió y sobrevivió a Chávez. Ahora siguen con Maduro, y regresan los cuentos del magnicidio, con los usual suspects: Posada Carriles, Uribe, y la derecha venezolana
Maduro sentirá que es el centro del mundo y debe cuidarse. Una manera de hacerlo es aislarse, buscar chivos expiatorios, y construir enemigos: la oligarquía amarilla
Rodríguez Torres y todo el aparato de inteligencia y contra-inteligencia, como con Chávez, hacen otra vez su agosto, ahora con Maduro. Felicidades Mayor General, sebines, y G2.
Parafraseando a Lord Acton, el poder no solo corrompe sino aleja, y el poder absoluto corrompe y aleja absolutamente. En ese tránsito anda Maduro desde la variable personalidad política.
La segunda, más del sistema político socialista, sugiere que el progresivo autoritarismo del gobierno responde a dinámicas internas del gobierno, a las diferencias y luchas entre grupos de poder, facciones mayormente.
No pienso tanto en las diferencias entre lo que llaman "ala civil" o "ala militar", entre Cabello y Maduro, entre Merentes o Giordani, o entre "radicales" y "pragmáticos", sino entre una estructura de gobierno y mafias de la corrupción que hoy parecen ser el peso que hunde al gobierno y a Maduro. Ni siquiera la inflación o la escasez hacen tanto daño como la corrupción, aunque no se perciba o sienta así, pero políticamente es así.

Tal vez por eso el discurso de Maduro en la marcha del gobierno del 3-8-13, desafiante contra los propios socialistas en el tema de la corrupción, como lo reveló la reseña de El Universal del día 4-8-13. 
Mi impresión es que el gobierno está consciente de la crisis en la confianza en la gestión, pero abordarla se ha hecho cuesta arriba, principalmente por la corrupción. Un ejemplo, Guayana, saqueada por mafias o las finanzas públicas, también expoliadas, y eso es una herencia de Chávez.
No es que Chávez se haya enriquecido, pero construyó una estructura corrupta que le proporcionó lealtad. El precio de la lealtad a Chávez es una inmensa corrupción que obstaculiza al gobierno socialista -en la economía, ya agotada- y las mafias se defienden, porque son redes, están extendidas. Los casos que salen en la opinión pública son apenas unos pocos, pero lo que transmiten es que la corrupción está muy extendida y que allí está metido todo el mundo, gobierno, oposición, ni nis, y lights
No sé si Maduro contaba conque la corrupción sería tan extensa y atrincherada, pero creo que hay un combate en el gobierno con las mafias que el propio gobierno creó, en la era de Chávez, lo que resta energía a la gestión, y hay una suerte de punto muerto, de agotamiento. Por ejemplo, se nota en el Sicad.....porque ¿Dónde están los dólares? Altas cantidades se las robaron, así de sencillo. 
En este contexto, Mardo es un sacrificado con fines de mensaje, para el mundo político del gobierno: golpear al adversario para mostrar que puede ir a fondo, y se complementa con las amenazas que hace Maduro -la última, el día 3-8-13, y comentada- de sorpresas contundentes a todo nivel
En síntesis, el poder y la lucha contra las mafias de la corrupción, coloca al gobierno en una política de represión para buscar chivos expiatorios en la Unidad, pero el efecto es el contrario: el gobierno se aleja del ciudadano de calle y la crisis en la confianza de gestión está en un punto elevado. En términos de opinión pública, el gobierno está en su peor momento desde el 19-4-13.
Ahora voy con la Unidad.
Si leen este Blog con regularidad, saben que participo en la Mesa, en la Secretaría Ejecutiva.
Este comentario lo hago porque son mis impresiones y análisis los que comparto, pero no la postura oficial de la Mesa, que está en voz de sus autoridades. 
Cuando afirmo arriba que la Unidad sale de su aislamiento político, es porque estimo que la política seguida antes e inmediatamente a los resultados del día 14 de abril de 2013, contribuyó a aislar a la Unidad y a Capriles. 
Estrategia que fue aplaudida por el público opositor, pero que en mi opinión no ayuda a ampliar la base social y política, sencillamente porque su techo es el propio público opositor. Para ganar, ser gobierno, y tener gobernanza para vivir y progresar en paz, ir solo al público opositor no es suficiente. 
Lo anterior no quiere decir que no sea un público importante. Lo es, pero hay que ir más allá, hacia otros públicos que también son importantes.
Entiendo que había motivos para adoptarla -desde las elecciones de 2006, se critica a la Unidad por reconocer los resultados electorales- pero en mi opinión que Rosales en 2006 o Capriles en octubre de 2012 lo hayan hecho no me pareció un error, pero la calle o la opinión opositora sí lo vio como debilidad o entrega. A eso ayudaron figuras de opinión que tienen mucho peso a la hora de construir las famosas matrices de opinión. La gente pedía bolas no una estrategia política. 
De manera que todo apuntó a que no había que reconocer el resultado en la próxima elección. El costo de opinión y político hubiera sido muy alto si se reconocía, especialmente luego que la Unidad bajó sus actividades de liderazgo a partir de octubre de 2012 y agarrara fuerza luego que Capriles aceptara competir, el día 10-3-13, pero entre el 7 de octubre de 2012 y el 10 de marzo de 2013, en esos 5 meses, la Unidad no lideró una opinión que estaba golpeada por las derrotas electorales y que no quería saber nada de reconocimientos electorales sino solo de bolas. No hizo el trabajo adaptativo -clarificar lo que estaba en juego, ayudar a superar ese desánimo- y eso favoreció el clima de opinión de no reconocer en una próxima elección, que ocurrió el 14 de abril de 2013.
En instancias de la Unidad también este tema llegó, porque los pronósticos antes del 14 de abril sugerían un escenario cerrado, al menos dos semanas antes. Mi escenario del martes 9-4-13 era Maduro 53 y Capriles 47 y mi segunda opción era Maduro 51 y Capriles 49, aunque lo veía remoto, pero sí estaba seguro que el resultado sería cerrado, ganara uno u otro.
Esto planteó el tema ¿Cómo responder? Surgieron posturas que fueron etiquetadas como "crecer" y "no legitimar", aunque a quienes formaron parte de cada etiqueta no les gustó el uso de las mismas y dijeron que estas posturas no fueron tales.
Diría que desde finales de marzo de 2013 hasta el sábado 13-4-13, el debate en instancias de la Unidad fue intenso, duro, fuerte, con argumentos de buena calidad, en torno a las dos posturas, con una discusión de altura, que no buscó quién tenía la razón o cuál postura era mejor que la otra, sino cómo responder a una realidad de resultados cerrados, que se avecinaba.
La mía fue estar en la alternativa de crecer, en la idea que un resultado cerrado (47 o 49) sería beneficioso para la Unidad y para Capriles, en tanto se mantendría la pendiente positiva de crecimiento para la primera (37, 45, y 47-49 por ciento) y para el segundo (45 y 47-49 por ciento).
Con respecto a reconocer a Maduro, mi opinión fue hacerlo, sin excluir las posibilidades de impugnar, porque es un recurso de la ley y porque la impugnación no supone suspender la elección o el resultado. Para eso se impugna, para una suspensión o repetición posterior, pero no en el momento. Mi argumento fue que se podía reconocer como se estila normalmente, el pueblo se expresó de tal forma y acepto el resultado electoral, pero la lucha sigue para que las elecciones sean menos desiguales......etc, etc, etc. La idea de hablar del ilegítimo no me pareció ni me parece hoy, buena.
Esto sugería que la respuesta debía ser crecer más, apuntar la estrategia hacia ampliar la base social y política, con unas municipales planteadas para 2013.
En los hechos, la postura de "no legitimar" fue la que llevó la delantera y marcó las acciones de la Unidad y de Capriles, digamos en mi opinión, hasta la concentración del 3-8-13, en la que creo hay un giro, a la luz de lo dicho por Capriles allí.
A mi modo de ver, la vía de hablar del ilegítimo complicó la vida a la Unidad y a Capriles, porque una vez que se asume, hay que actuar en consecuencia -fue mi argumento- y evaluar si había capacidad para hacerlo. Mi punto fue que las palabras comprometen y las dos vías son excluyentes: no se puede hablar de ilegitimidad y al mismo tiempo hablar de elecciones.
Si era ilegitimidad había que invocar los artículos 333 y el famoso 350 para restablecer la legitimidad vulnerada, lo que suponía una acción de fuerza, y la pregunta entonces ¿Tenía la Unidad la fuerza para eso?
Creo que la resolución de esta disyuntiva hizo que la Unidad gastara energías desde abril hasta ahora en tratar de combinar las dos, cosa que no es posible, y el resultado fue que si bien los números están estables -un logro, indudablemente, para todo lo que pasa- la confianza no creció y la ampliación de la base social y política se mantiene igual. 
El fondo de mi argumento era que la Unidad debía -y debe- ganar confianza en el público; su objetivo es el gran público, no solo el público opositor. Ampliar su base social y política, cosa que fue acordada en las Jornadas de la Unidad el día 13-5-13, a propuesta de los partidos que conforman la alianza. Un acierto de los partidos. 
Esto porque los pasivos políticos de 2002 a 2005 todavía caen en la Unidad. A pesar que la Mesa se creó en marzo de 2009, los pasivos de 2002-2005 se le colocan en su contabilidad política aunque no le correspondan en un sentido estricto (así como la corrupción que Chávez dejó no es de Maduro). 
Entiendo que hablar de esos años es delicado. La mayoría de la gente de la oposición está atada emocionalmente a esos años, pero no es mi caso. Asumo que estoy en una gran minoría en esa emoción.
Más bien, son años que vi en ese entonces y todavía ahora, como errores que ayudaron a Chávez. Este lo decía: el Chávez pendejo de 2002 ya no existe
La estrategia insurreccional de 2002-2005 le dio a Chávez la justificación perfecta para avanzar en su proyecto dictatorial que la muerte evitó que concluyera, aunque avanzó bastante. 
Pero hacia el país fue y es todavía un motivo para la desconfianza hacia la oposición. 
El 11 de abril de 2002 no tanto -la historia de Venezuela está llena de golpes de Estado- pero el paro de diciembre sí, por las consecuencias sobre la vida cotidiana de las personas, que todavía pagamos los ciudadanos. 
No hay mucha conciencia sobre esto, pero a partir del paro, las tendencias hacia la pobreza de la sociedad aumentaron, la gran sacrificada fue la clase media, sector que ha visto desplomar su nivel de vida. 
Es curioso ver gente que defiende una acción que lo llevó a la pobreza o al deterioro, mientras un grupo que se oponía al gobierno en ese entonces y estimularon salidas así, hoy tienen inmensas fortunas. Son de las cosas que nunca se hablarán en Venezuela, porque hay que tocar grupos y personas relevantes, y todavía somos una sociedad en la que todos se conocen y del hoy por ti y mañana por mi, pero el hecho objetivo es que la sociedad venezolana a partir de 2003, reforzó un camino de deterioro, impulsado por los controles del gobierno y justificado por el paro de diciembre de 2002. Un suicidio social fallido pero con secuelas, digamos que fue el paro de 2002.
Ganar la confianza del público es clave para la Unidad, si quiere ser gobierno (y va a ser gobierno). Mucho se ha avanzado, pero no es suficiente, a la luz de los estudios de opinión.
La Unidad y Capriles mantienen sus valores favorables en los estudios del IVAD desde el 5-5-13 hasta el 26-7-13.
Un 54% valoró positivamente el trabajo de la oposición; cifra similar opinó que la oposición tiene un proyecto de país, y un 55% que la oposición puede conformar equipos de gobierno.
La imagen favorable de Capriles se mantiene en un 50% desde el 31-5-13. Su intención de voto se mantiene estable: el 5-5-13 era de 45,8% y el 26-7-13 fue de 45,1 por ciento.
Pero hay datos que apuntan a la confianza, que hay que trabajar más, para seguir en la ruta del crecimiento.
La labor de la MUD se valora positivamente en un 57,9% al 26-7-13, pero cae con respecto al 31-5-13 que fue de 61,9% y con respecto al 5-5-13 que fue de 62,2% una baja de 4,3% con respecto al 5-5-13.
El promedio de las opiniones favorables oposición/MUD en IVAD al 26-7-12 es de 55,08% pero un 36% expresó tener confianza o mucha confianza hacia la oposición. 
El gobierno tampoco tiene mayor confianza en la firma de Seijas: 39,7 por ciento.
En Datanálisis, Maduro cae en confianza al pasar de 46,6% en mayo a 41,6% en junio de 2013 (un 68% de los ni ni no confían en Maduro). 
También en Datanálisis, la evaluación negativa de Capriles aumentó desde abril de 2013: al pasar de 43,8% a 48,1 por ciento en junio, con un 46,5% de ni ni que lo evalúan de forma negativa en junio contra un 39,8% que lo hace de forma positiva en el mismo lapso.
En esta firma, Maduro tiene una mejor evaluación que Capriles: 48,8% frente a 43% respectivamente.
La confianza hacia Capriles bajó de mayo a junio: de 42,6% a 37,6 por ciento, y un 64,3% de los ni ni no tiene confianza en Capriles.
Los diputados de la Unidad no generan confianza en el 63,4% de la población venezolana frente al 58,5% de los diputados del PSUV.
La MUD genera confianza en el 38,8% de los venezolanos, de acuerdo a Datanálisis
El punto que destaco es que si bien se evalúa favorablemente a la Unidad y a Capriles, la confianza es menor ¿Cuál será determinante a la hora del voto? 
Pienso que si la confianza es baja, la victoria se hace más difícil por lo que aumentarla es clave, y aquí está el reto para la Unidad: si el problema del gobierno es la crisis en la capacidad de gestión para la Unidad es aumentar en la confianza política que significa que un gobierno de la Unidad será capaz de gobernar en paz y con un marco predecible de reglas (esto es una debilidad de la opción constituyente, ya que muchos pueden decir y seguramente lo hará el gobierno, Ves, quieren eliminar la constitución como en 2002, para que pierdas las conquistas que lograste con Chávez en 1999, pero esto será para otra entrada del Blog. Aunque no favorezco la constituyente, me parece que lo dicho por Capriles es acertado: luego del 8D hay que explorar las opciones políticas que se abren).
Las palabras de Capriles en la concentración unitaria del día 3-8-13 fueron destacadas como relevantes. Pienso que Capriles en su proceso de crecimiento como líder político, ponderó las dos rutas y hoy favorece la ruta de crecer.
Esto lo comento porque en las reuniones de estrategia de la Mesa a las que fui y a las que Capriles asistió, mi impresión es que puede hablarse de los "Dos Henrique": uno en la estrategia de crecer, otro en la estrategia de no legitimar. En la reunión del 13-5-13 dominó el segundo, en la del 10-7-13 prevaleció el primero, lo que me parece mejor, tanto para el país como para él. Hoy puede parecer una afirmación atrevida, pero el tiempo mostrará que no es así.
En la concentración del 3-8-13, Capriles se refirió a cosas importantes como la necesidad de organizarse, la vida cotidiana, la importancia del 8D como medición para examinar qué hacer luego, la necesidad de ampliar la base social y política de la Unidad, la paciencia, la disciplina, y dos cosas también relevantes.
La primera, es que al hablar así abordar las disyuntivas, y eso es valioso, porque él podía hacerlo, y avanza en lograr un equilibrio que no es fácil entre dos posturas que no son combinables. Mientras no lo hiciera, la Unidad estaría en esa disyuntiva, como estuvo desde el 14-4-13. Decidió hacerlo y estimo optó por la que prefiero (crecer, la vía electoral).
La segunda, es que redefine la calle en otros términos, lo que ayuda a resolver la disyuntiva y combinar dos opciones no combinables en su aspecto original. Una salida no tan paretiana pero se acerca. 
Me luce que para la mayoría del público opositor la calle es una marcha como la del 11 de abril. Un espacio para mostrar fuerza. Pienso que Capriles le dio otro sentido, con el cual me siento más identificado: la calle como cotidianidad, como espacio de problemas cotidianos. Así interpreto su llamado a que la próxima concentración sea para protestar por el tema económico y la inflación.
La calle como cotidianidad estimo ayuda más en la ruta de la confianza y de ampliar la base social y política. No sé si la población quiera ahora salir para una marcha tipo 11 de abril (no lo deseo), pienso que estaría más ganada a salir para los problemas cotidianos.
Los números aportan en ese sentido y en la competencia de proyectos, el proyecto del PSUV y el de la Unidad.
En Datanálisis, un 36,8% optó por el camino que ofrece Capriles y un 36,5% por el camino que ofrece Maduro.
Llama la atención que un 46,5% de los ni ni no está de acuerdo con el modo como se formularon las opciones (camino Capriles-camino Maduro). 
En IVAD, cuando se pregunta si se quiere que el país vaya en la dirección que adelantaba Chávez o un camino distinto, las respuestas tienden a favorecer a Chávez, pero he aquí lo interesante.
Esta pregunta si se quiere es abstracta -¿Cuál camino distinto? y Chávez no está presente- pero cuando se aterriza la pregunta, es decir, entre el camino de Capriles y el de Maduro, el camino de Capriles ligeramente gana, pero en comparación al 31-5-13 la brecha se agranda al pasar de 0,50% en mayo a 1,8% el 26-7-13 entre el camino de Capriles y el de Maduro (43,5% y 41,7% respectivamente).
El objetivo es aumentar la brecha, para que el proyecto unitario tenga más solidez. 
En resumen, tanto el gobierno como la Unidad en los agregados grandes, tienen números relativamente estables. Sin embargo, tienen en común el problema de la confianza del país, pero por causas distintas aunque los dos tienen disyuntivas.
Para el gobierno, es la crisis en la confianza de la gestión y la disyuntiva es el perfil propio o no del gobierno de Maduro. Reprimir lo aísla. 
Para la Unidad, es ganar en la confianza política y la disyuntiva es crecer o no legitimar. Si se quiere no legitimar, la pregunta es ¿Hay la fuerza para derrocar a un gobierno ilegítimo?
Para hoy, diría que la Unidad gana la carrera, porque la tensión comienza a ser resuelta y un paso son las palabras de Capriles el día 3-8-13 en el sentido de crecer electoralmente hablando, que el tiempo dirá si son firmes o producto de encuestas que pueden variar. Apuesto a lo primero.
El gobierno no resuelve la disyuntiva y la vía que tomó -la represión y chivos expiatorios- más bien la va a profundizar y ayudará a que el gobierno se aísle del país. 
Lo segundo es que la Unidad abordó bien el tema municipal. 
Las primarias de 2012 fueron un paso importante cuyos beneficios se ven hoy, al mismo tiempos que la unidad se mantiene para elaborar las propuesta de los concejales. Hay que ver lo que significa ponerse de acuerdo en más de 6.000 nombres, y no la Mesa nacional sino en los estados, como ocurre. Esto se ha logrado, en reuniones intensas, de mucha duración, pero el trabajo sale y concluirá bien.
En el lado del gobierno, todavía no se sabe quiénes optarán a alcaldías y concejalías, y cómo quedan los aliados en la fórmula del PSUV, y eso que las inscripciones arrancan el día 5-8-13 hasta el 9-8-13. Hasta ahora solo se sabe que Ernesto Villegas disputará la Alcaldía Mayor de Caracas ¿Y el resto?
El país también parece volver a la racionalidad política -que perdió el 14 de abril- y luce que jugará su rol de contención: un 79,6% quiere diálogo gobierno-Unidad (IVAD al 26-7-13) y un 70,5% quiere un cambio, independientemente sobre cómo lo haga el gobierno de Maduro (IVAD al 31-5-13).
Los bloques políticos y la intención de voto para el 8D están parejos o con pocas diferencias. También es una buena noticia. Luce que el país apuesta al pluralismo.
¿Tenderá a prevalecer el equilibrio, la racionalidad? No lo sé. Es temprano. La opinión pública es cambiante, pero es lo que desearía. Los problemas siguen y se ha perdido valioso tiempo en hablar de si hay patria o que los principios no se negocian.
Hoy no me interesa ni el discurso de tenemos patria, ni el de los principios no se negocian, ni el de las bolas. Son frases de utilería para hacer ruido y mostrar gente que es arrecha y tiene bolas, pero que en nada cambian una sociedad en deterioro que habla de eso pero no lo asume. Más bien los veo como una boutade de gente que no tiene realmente problemas. 
Me interesa un país que funcione, sin estridencias o frases de utilería. 
¿Será eso lo que el país quiere? Tampoco lo sé. Solo sé que algunos números de los estudios y los cambios políticos sugieren que el esfuerzo junto a otros por mantener una opinión y postura sobre la necesidad de crecer y ampliar la base social y política, tiene algún apoyo. El desgaste en vida como precio de todo lo que vivimos en Venezuela, al menos para mi, no ha sido totalmente en vano.