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sábado, 25 de octubre de 2014

La salida de Rodríguez Torres y cambios en el gabinete


Por las reacciones en las redes sociales, la sustitución de Miguel Rodríguez Torres en el Ministerio del Interior anunciada por Maduro el día 24-10-14, sorprendió a propios y extraños. No se esperaba. Al menos, no ahora.

De las cosas que leí antes de este anuncio, la que se acercó con más precisión fue la columna de Fernando Egaña en Quinto Día de fecha 24-10-14, quien dejó ver la pronta salida de Rodríguez Torres por el conflicto con los colectivos, a raíz del enfrentamiento en el que murieron 5 integrantes de un colectivo, ocurrido el 7-10-14 en Caracas.

En mi cuenta, luego que Maduro hizo el anuncio de los cambios, la mayoría de las explicaciones en el mundo opositor giraron en torno al motivo dado por Egaña: los colectivos ganaron la partida contra el gobierno, y lograron la salida del general que despachó hasta hoy desde la esquina El Platanal.

Que la Fiscalía haya dictado privativas a 6 funcionarios del CICPC por el enfrentamiento con el colectivo que dirigía Odreman, apoya la tesis de concesiones que hizo y hace el gobierno a los colectivos para calmarlos. Concesiones al precio de generar tensiones dentro del propio gobierno. La respuesta de directivos del CICPC apoyando a los funcionarios detenidos, es una de las pocas evidencias públicas sobre tensiones y diferencias entre organismos del Estado. En este caso, entre la Fiscalía y el CICPC.  

No descarto, entonces, la explicación de complacer a los colectivos para tranquilizarlos, pero no creo que haya sido la principal causa para la salida de Rodríguez Torres. Más bien, pienso que hay una cadena de acontecimientos que llevaron a esta decisión, catalizada por las expectativas que el gobierno tiene de cara al 2015.

No dudo de la capacidad para la violencia delincuencial y política que tienen los colectivos armados por el propio gobierno, pero no percibo al gobierno en tal situación de debilidad, que uno o varios colectivos le marquen la pauta en lo que a decisiones se refiere. Si es así -como escribió una persona en twitter- roguemos a los colectivos que protesten porque no hay harina, aceite, champú, medicinas, repuestos, para que aparezcan con la misma velocidad con la que Rodríguez Torres fue destituido.

Aventuro dos hipótesis para tratar de explicar los cambios ocurridos el 24-10-14. 

Una, es la hipótesis optimista. Otra, la hipótesis pesimista.

Comencemos con la hipótesis optimista. 

Maduro considera regresar a lo que fue su estilo cuando arrancó el gobierno en abril de 2013, hasta agosto de ese año, el cual tuvo una mejor evaluación en la opinión pública, y no el estilo de ahora, que tiene valores de evaluación bajos, muy diferentes a los que logró en 2013.

Un dato para esta hipótesis. De acuerdo a la firma Datanálisis, en abril de 2013, Maduro logró tener un 55,2% de aprobación. En octubre de 2013, el valor cayó a 30,2 por ciento. 25 puntos en poco más de un año. Bárbaro.

En la entrada de este Blog titulada Momento político de fecha 4-8-13, se argumentó con base en estudios de opinión publicados para esa fecha, que el gobierno daba un giro autoritario, causado por lo que se llamó la crisis en la confianza en la gestión, carencia que Maduro compensó con darle más confianza a Rodríguez Torres y a la lógica de la inteligencia de los aparatos de seguridad del Estado: todo es una conspiración.

La paranoia es la debilidad fundamental de todo político, sea del gobierno o de la oposición. Cualquier crítica se asume como parte de una conspiración ¿Por qué Maduro sería distinto? Al contrario, luce más permeable a esta influencia porque mi análisis es que desde el punto de vista de la personalidad, Maduro transmite una inseguridad estructural que compensa con la figura de su esposa, Cilia Flores, quien le ofrece la armonía y la seguridad que estructuralmente no posee o no en las cantidades que una tarea como la Presidencia, exige. 

A diferencia de Chávez, quien asumía riesgos y por eso era carismático, Maduro se acerca más al prototipo del político convencional venezolano: lento, burocrárico, dar muchas vueltas para que nadie note las verdaderas intenciones, tratar de estar bien con todo el mundo, e ir pisando el terreno primero, antes de tomar una decisión. 

Esa excesiva confianza depositada en la visión que tiene la seguridad del Estado del mundo representada por Rodríguez Torres, con el tiempo creció y se distorsionó.

La señal de ese exceso fue el enfrentamiento con los colectivos, que pudo encender la luz roja en el tablero que el gobierno respeta y que tiene una sola regla: lo que potencialmente pueda causar tensión e inestabilidad política, es prioritaria su atención. 

Junto a esto, un factor ayudó a la salida de Rodríguez Torres. La inseguridad se mantiene y la percepción que hay (o que tengo), es que aumentó en las últimas semanas.

No es solo el asesinado de Robert Serra. Es la muerte de un dirigente estudiantil de la UNERG cercano al gobierno. Es el aumento de los asesinatos de policías, no se sabe si para robarlos o como parte de una vendetta delincuencial o política. El último caso, el asesinato de un escolta del Director del Sebin, nada más y nada menos que el organismo de seguridad del Estado ¿Qué le habrá dicho el Director de la policía política a Rodríguez Torres cuando lo vio? Especulo, "Camarada, nos están matando, y tu piensas solo en cámaras de seguridad y drones"

Todo lo anterior ocurrió en apenas 15 días. Lo que transmiten estos hechos es que la visión tecnológica de Rodríguez Torres y pese al esfuerzo que hizo el gobierno en llevarla a cabo y las inversiones en recursos que hizo y hace, este enfoque luce insuficiente para detener la espiral de la violencia, que tiene vida propia. 

También agrego a beneficio de esta hipótesis, un par de entrevistas dadas por Diosdado Cabello. Una a El Universal y otra al programa José Vicente Hoy del canal Televen. 

En sendas entrevistas, Cabello da cuenta de la tensión que supone para el alto gobierno el ejercicio del poder. No es que Cabello se sienta débil, sino que acusa recibo del desgaste que lleva el poder y que, de seguir así, comprometerá la estabilidad del gobierno.

Mi hipótesis es optimista en el sentido que los hechos comentados encendieron las alarmas en el alto gobierno y una manera que consideran puede revertir esta tendencia de desgaste que muestran las encuestas, es regresar a esos 3 meses de 2013 en los que Maduro logró tener una aceptable evaluación en la opinión pública, sin tener que apelar al llamado Dakazo, discutible en sus efectos, pero que en la representación social quedó como que eso ayudó a mejorar su imagen.  Un Maduro más seguro de sí mismo y menos influenciable a relatos de conspiraciones.

En resumen, la hipótesis optimista es back to the beginning.

La hipótesis pesimista es que el gobierno anticipa un 2015 de conflictos sociales y políticos, escenario que no es descabellado.

Un hecho se configura como el catalizador de la tensión política acumulada: la elección a la AN. No solo la escogencia de los candidatos, sino los resultados van a llevar a buscar una solución política a una situación que hoy es de desgaste, cada actor jugando al desgaste del otro, en una especie de guerra de trincheras.

Si ese es el escenario y la estabilidad política es fundamental, luce razonable hacer lo que Maduro hizo: promover el juego cerrado entre los órganos de seguridad civiles y militares, para enfrentar ese eventual escenario.

Así las cosas ¿Quienes mejores facultados para eso que Carmen Meléndez Rivas y Vladimir Padrino López?

Desde el punto de vista político, son totalmente leales al gobierno y a Maduro. Me atrevería a decir que mantienen su prestigio dentro de las FAN. 

Como funcionarios, Meléndez y Padrino han logrado en Defensa y en el CEO respectivamente, una excelente división del trabajo, en la que no se observan rivalidades, competencia para serrucharse el puesto o celos profesionales. Meléndez sabe cuál es su tarea y la hace sin complejos, e igual pasa con Padrino López. Los dos, además, están en la moda que plantea la sociedad como requisito para la política: patear calle. Lo hacen, pero la calle castrense.

Para Maduro, esa llave que se formó en julio de 2013 cuando designó a Meléndez como Ministra de la Defensa y a Padrino como jefe del CEO, quizás haya sido la mejor decisión política que ha tomado, y por eso era poco probable que los cambiara cuando los ascensos militares de julio de 2014. Pasó lo esperado en este escenario: los ratificó a los dos, y a otro oficial del perfil de Padrino y Meléndez, el general Alexis López Ramírez, pasó a retiro en julio de 2014 cuando dejó la Comandancia del Ejército, pero lo colocó cerca, como secretario del Codena y secretario del Consejo de Estado.

Si en alguna institución a mi juicio Maduro logró establecer buenos canales de comunicación, es con las FAN. Creo que Chávez no tendría nada de que quejarse en este campo, de estar vivo.

Por lo demás, una mujer en el Ministerio del Interior refrescará la imagen de un ministerio cuya imagen se deterioró severamente por los eventos de febrero de 2014. Será interesante ver el toque femenino en una cartera ejercida exclusivamente por hombres y asociada a una tarea también masculina: reprimir. 

Otro elemento que ofrezco para apoyar esta hipótesis pesimista es la doble titularidad de Padrino López. Será Ministro de la Defensa y mantendrá, al menos en las primeras de cambio, su función como jefe del CEO.  

Este dato es interesante. Chávez fue muy celoso en separar lo operacional de lo administrativo (que fue lo que impulsó cambiar la Lofan en 2005), y él se colocó como la instancia de equilibrio en las FAN.

Maduro rompe con esto y coloca lo administrativo y lo operacional en manos de una persona, con lo que comunica varios mensajes: 1.-Que tiene plena confianza en la lealtad de las FAN y en la de Padrino López, 2.-Una señal para proseguir en los cambios que ocurren dentro de las FAN, que con Maduro han avanzado bastante (me atrevería a decir, a mayor velocidad que la que tenía cuando Chávez, y el corporativismo no carismático de Maduro ayuda a ese ritmo); y 3.-Que Maduro, al menos por ahora, no visualiza un oficial que pueda estar en la misma dinámica que Padrino y Meléndez.

En resumen, Padrino y Meléndez como cabeza de ministerios con poder de fuego, ofrecen a Maduro lealtad y capacidad para responder rápido en una probable situación de crisis. Y por eso se habla de hipótesis pesimista. El gobierno se coloca en posibles escenarios de violencia y tensión de alta intensidad. Si esto ocurre, hay que tener personas de lealtad comprobada, que no estén quemados, y que puedan hacer llave para responder rápidamente a los escenarios de tensión planteados, que seguramente veremos en 2015.

El tiempo dirá la validez de estas explicaciones. Solo agrego -para cerrar esta entrada- que compruebo de nuevo que Maduro no es el pelele que retrata el discurso opositor.

Por supuesto, es la opinión de un analista que no presume ni le interesa que crean que tiene burdel político, pero el tiempo favorece la opinión que no es un pelele.

En agosto de 2013, cuando asistía a reuniones con grandes políticos y gente de gran burdel político, era común escuchar que el general García Plaza sería el hombre fuerte del gobierno.

En esa época, era rutina escuchar los cuentos de quienes presumían del burdel político, el tengo un amigo que.....les decía que García Plaza carajeaba a los ministros, y por eso sería el hombre fuerte del régimen ¿Qué pasó? García Plaza cumplió su tarea. Hoy es exministro y oficial retirado.

Luego, el burdel político dijo que Maduro no podría con Giordani. Lo sacó del gabinete y lo criticó. En el interín, también se llevó a Navarro, otro de los históricos. Después se dijo que no movería a Ramírez porque era el hombre de los reales. Lo movió a Cancillería.

Luego, la corriente del burdel político afirmó que la disidencia del chavismo y Cabello le meterían las cabras en el corral a Maduro en el III Congreso del PSUV. El Congresó lo designó Presidente del PSUV, sin un voto en contra. 

Al mismo tiempo, se decía que el poder real lo tenía Rodríguez Torres. Que sería el candidato. También era el hombre fuerte del régimen. Fue destituido, con 15 días de descanso antes de tener "otra misión", según indicó Maduro.  

Veo que ahora las nuevas barajitas para probar que Maduro es un pelele son los disidentes del chavismo y los colectivos. Veremos.

En todo caso, mantengo mi hipótesis que Maduro lentamente construye su base y estructura de poder propia. Qué hará una vez que lo logre (creo que lo logrará), es una incertidumbre.

Puede optar por un socialismo moderado o por un capitalismo de Estado despótico, en la bonita expresión de Mark Lilla para referirse a la forma de gobierno que hoy tiene China. 

Hoy, la tendencia es hacia un capitalismo de Estado despótico a la venezolana. Es decir, con desorden.

Veremos. 

jueves, 23 de octubre de 2014

¿Somos así o son las circunstancias?




La corrupción es parte de nuestras vidas. Marca nuestra identidad como sociedad, con todo lo que eso suponga.

Gobiernos vienen, gobiernos pasan, y el tema sigue allí. Cada nuevo gobierno promete su cruzada contra la corrupción. La cruzada termina en nuevos casos de dolo. Hasta el próximo gobierno, que repite el ciclo.

Chávez y su movimiento cabalgaron en la corrupción de los gobiernos de AD-Copei, para ganar en 1998. Hoy, el gobierno socialista llevó la corrupción a niveles nunca conocidos previamente: la industrializó. Corrupción C. A

Escuchamos mayormente hablar de los grandes casos -como los "20 mil millones de dólares de Cadivi"- pero en esta entrada me quiero referir a lo que cada día leo más en la prensa: la corrupción cotidiana, esa que parece inofensiva, pequeña, que no tiene efectos. Aunque los tiene y cómo.

La corrupción cotidiana tampoco es nueva en la historia de Venezuela, tal vez se le percibía inofensiva, se convivía con ella -los regalitos o cosas por el estilo- la sociedad lo tolera y en cierto modo lo celebra, esa corrupción pequeña, como parte de la viveza del venezolano. Del venezolano sabrosón que hasta no hace mucho las elites modelaban como el prototipo al que uno debía aspirar si quería sentirse aceptado y reconocido en Venezuela. Uno aprende que la ley y los procedimientos son para los pendejos, y no seguir ese prototipo como modelo, equivale a ser visto como extraño, como alejado de ese venezolano sabrosón, lo que no te hará muy popular.

Al final, comportarse de acuerdo a las normas es una decisión personalísima, y quien la tome debe saber que se expone a ser un extraño en su propia sociedad. El discurso privilegia la norma, pero el modelaje refuerza la anomia ¿Por qué sorprenderse con los niveles de transgresión que vemos hoy, si eso es lo que se ha cosechado en años?  

No sé si las personas o las elites siguen pensando que el venezolano sabrosón sea el modelo a seguir, pero me parece que la corrupción cotidiana cada día invade más a la sociedad, aunque se tenga toda la vida conviviendo con ella.

Hace unas semanas escuchaba en YouTube el análisis del padre Arturo Sosa -exRector de la Universidad Católica del Táchira-  acerca del momento político nacional, y en su exposición, Sosa comentó cómo varias personas han incursionado en el bachaqueo en Táchira, como vía para redondear unos exiguos ingresos. Y gente con profesiones que llevan a pensar en comportamientos contrarios al contrabando: docentes.

Pero también son las verificaciones a personas sobre el uso adecuado a las divisas que reciben, que hace Cencoex. También, para el uso honesto del chip de gasolina.

Sin embargo, tres noticias ponen el tema, otra vez, como asunto de interés, ahora cuando muchos nos cuestionamos ya no la política venezolana, sino su constitución más dura: su cultura ¿De qué madera estamos hechos realmente? 

La primera, es la detención del subdirector del Hospital Victorino Santaella por contrabando de medicinas. La segunda, la línea del Estado Conviasa despidió a 103 trabajadores por estar vinculados en irregularidades con boletos y equipajes.

Una empresa aérea con cerca de 1.000 trabajadores, que el 10% de su plantilla haya sido despedido por irregularidades, pone a pensar. No solo por la viabilidad de la empresa en sí, sino por el clima de Venezuela. 

Finalmente, una noticia que seguramente -como todo lo importante en Venezuela- "pasará por debajo de la mesa": el anuncio de la cadena Farmatodo de racionar la compra de ciertos artículos ¿La razón?

La empresa afirmó que contrató a Datanálisis un estudio que reflejó que el 70% de los compradores de Farmatodo son revendedores. La reventa se sofisticó tanto, que el estudio identificó tres tipos de revendedores: los que compran para revender, los que compran para que otros revendan, y los que guardan cupos en las colas que -de acuerdo a Farmatodo- se hacen todas las mañanas cuando llegan los camiones de suministros a las distintas farmacias de la cadena. 

También el estudio reportó comportamientos violentos: los revendedores amenazaron y agredieron a los dependientes de las tiendas, por controlar la venta de productos escasos.

Se impone la lógica de la escasez: si un Atamel vale en lista 5,3 bolívares, pero el llamado blister de 10 se vende en 100 o 200 bolívares (la caja, entonces, cuesta en la economía de la escasez entre 200 a 400 bolívares), alguien se llena, y de forma fácil. Igual pudiera decirse con otras cosas también escasas: el dólar, los pasajes, repuestos, y casi todo. 

¿Qué nos pasa? ¿Siempre ha sido así y ahora es que uno se da cuenta, porque estos hechos son noticia? ¿Somos corruptos por naturaleza o son las circunstancias? Esta pregunta me interpela en estos momentos, y mi respuesta es la segunda opción.

Quienes leen este Blog pueden inferir que me ubico en el grupo que ve el vaso medio lleno y no medio vacío, cuando de Venezuela se trata. El pesimismo no me parece propio de quien aspira a servir a otros. Además, desde el punto de las ideas políticas, me huele a positivismo, por lo que, inevitablemente, se concluye en el gendarme necesario, que es lo que mucha gente busca en Venezuela, de ambos bandos

No estoy en el grupo que espera el colapso. No estoy esperando el desastre producto del default, de la decisión del Ciadi, de la baja del precio del petróleo, o lo que se escucha ahora: que no habrá Navidad, o que no habrá panetones, pan de jamón, alcaparras o aceitunas. Afortunadamente, ya aparecen en las panaderías de la calle. Caros, pero allí están; panetones, pan de jamón, y ya hay lugares donde ofrecen el tradicional plato navideño, sabroso almuerzo después de una jornada mañanera de trabajo, caminando por toda la ciudad. 

No estoy en el grupo que espera el peo que resuelva nuestros problemas, y no el trabajo constante. Apuesto a la política, no al desorden o al bochinche. 

Como soy cachilapo, no puedo darme el lujo de quejarme o ser pesimista. Siempre toca estar en las trincheras o en la línea de ensamblaje. Cuando estás allí, quejarte o esperar el peo no te ayuda a hacer tu trabajo o a solventar los miles de obstáculos que hay en la cotidianidad. En esos niveles, lo que ayuda es aportar soluciones, siempre ver las cosas con la mente tipo ¿Cómo se puede resolver esto? o, por lo menos, ¿Cómo reducir los efectos negativos o el sufrimiento de una persona o grupo?

Estar todo el tiempo a la espera de un peo para regenerarnos como sociedad y comenzar desde cero, puros, me resulta igual al discurso de las técnicas de la resistencia no violenta. Cosas de gente bien que tal vez los vio en algún viaje o en el cable, pero que en el fondo, no tiene problemas reales en la vida. Cuando hay problemas de verdad y estás solo, la queja o esperar el peo que cambie la vaina, realmente no ayudan para nada. 

A pesar que el tema de la corrupción ha tenido abordaje desde la academia como parte de nuestra historia e identidad, pienso que la mayoría de las personas en Venezuela son honestas.

Si bien no puedo generalizar, pero tengo vivencias que me hacen pensar lo anterior. Por ejemplo, por trabajo, me toca caminar mucho por la ciudad y en algunas zonas en las que transito con frecuencia, con el tiempo, conozco a quienes viven en la calle. 

A pesar del tiempo que nos conocemos, quienes piden algo, lo hacen no sin cierta resistencia. Lo hacen con pena. Me parece un indicador de esa honestidad. Así lo pienso porque mi rezonamiento es que si me tocara estar en una situación así, pediría sin pena. Reclamaría por qué las estructuras de la sociedad venezolana son intrínsecamente violentas (que lo son. Este es un país de amigos y para los amigos, para nadie más, tal vez por eso su violencia que se sintetiza en la terrorífica expresión, Tal cosa -educación salud, etc- es para todos, o no es para nadie). Sería violento en mis respuestas. En cambio, consigo lo contrario: modos y razones, a pesar de la adversidad personal. 

De manera que la explicación que tengo para este aumento que se registra en la corrupción cotidiana, son las circunstancias. La más importante, una economía desfasada y un sistema de controles que en una cultura de la viveza como la venezolana y del ser alguien al precio que sea, potencian las posibilidades para entrar en la corrupción. 

En un país normal, con una economía y controles decentes, muchas personas que se meten en actividades de corrupción cotidiana (las que no exculpo ni justifico, porque los individuos deciden qué hacer con su libertad, y pueden escoger tener una vida buena, que no sé si será una buena vida, pero para mi vale), posiblemente no lo hubiesen hecho. 

¿Pero si el dólar el gobierno lo fijó en 6,3 pero en la calle está en 100, y entes públicos y particulares ya enjugan su déficit por esta vía, qué puede impedir que alguien vaya y raspe su cupo? Es lo que se modela.  

Igual con el precio de las medicinas, comida, repuestos para autos, cemento, cabillas, todo regulado, pero cuyo valor es otro en el mercado real, no en el mercado de los planificadores, donde la escasez no existe. Todo es abundancia de recursos y del hombre nuevo

¿Es o no corrupción raspar el cupo? He escuchado discusiones en la que se dan argumentos a favor y en contra. En mi caso, pienso que es corrupción y engaño pero ¿Por qué privarle a una persona el ser alguien con la divisa, si ésta viene del petróleo, y dicen que el petróleo es mio? Además, esa viveza será admirada -de forma pública o secreta- y ya no seré el pendejo que debo matarme trabajando, para tener un nivel de vida más o menos ahí

Cuando me toca este tipo de discusiones, solo expreso mi opinión que es corrupción, pero hasta allí. Sin emitir juicios de valor hacia otras personas ¿Cómo hacerlo en un país donde el sistema de precios está sumamente averiado?

Las crisis como las que vive Venezuela promueven una mentalidad del tipo, Si no soy yo, es otro, así que aprovecho. Si no aprovecho el cupo, otro lo va a hacer. Si no aprovecho mis dólares de Cencoex, otro lo hará. Y así con todo.

Lo malo de todo esto es que nos convertimos en una sociedad de pícaros y mendicantes, y refuerza en el venezolano un atributo que ya lo caracteriza: creerse el mejor, por lo que el conflicto y no la cooperación, son más comunes hoy ¿Tal vez eso explica el clima de agresión que se percibe en la calle, cuando uno camina, y lo agresivo en que a veces uno está caminando?

También la corrupción cotidiana es otra forma de polarización, de división entre los venezolanos. Los que aprovecharon, porque son astutos, tienen la paciencia para eso, o menos escrúpulos o rollos. Los que no aprovecharon porque no quieren, porque no pueden, o porque el tema abre dilemas éticos y crea disonancia. Entre unos y otros hay resentimientos: los canastilleros de la crisis  que son exitosos o los conformistas que se acostumbran, que son fracasados, pero honestos. Una degradación de Ifigenia: la tensión entre los Alonso y los Leal. 

Que sea cotidiana, la corrupción también nos cambia. No es simplemente leyes y castigo, sino que ella cambia nuestra historia y nuestra manera de relacionarnos como comunidad. Y a nosotros mismos. Ya no se trata de la corrupción de los políticos; distinta, que puede construirse como algo extraño, alejado de mi, que preserva mi pureza porque es la corrupción de los poderosos.

Tampoco la cotidiana: ya no es el regalito o la botellita que se da en Navidad. Ya es algo más industrializado. Revender en Farmatodo supone el desarrollo de una tecnología: revendores, personas que hacen cola, movimiento de los camiones de carga de la empresa, horas, sitios para llevar lo comprado, cadenas de comercialización. Ya no es una botellita, ya eres parte de una estructura que te cambia como persona. Ya se cruzó una línea de la que es difícil regresar, por más Sundee o precios justos que se busque imponer vía decretos. 

Perdimos la inocencia que creíamos tener por no ser políticos. Tal vez alguien esté matando tigritos para parapetear el presupuesto familiar y, de repente, observa que el vecino cambió su estilo de vida de un día para otro raspando cupos. Ya no son los los políticos, sino gente como uno. Tu y tus tigres. Tu vecino, en cambio, se muda para su nueva casa...

Esa mezcla nos cambió como sociedad y no nos da la excusa para zafarnos del problema. Es gente como nosotros, que tal vez conocemos, que lo hace de forma regular. Allí están ¿La banalidad del mal? No. La banalidad de la corrupción.  

Que médicos y maestros -en teoría, actividades que deben tener como norte el servicio a otros- incursionen en este dolo muestra las contradicciones y tensiones de muchas personas ¿Cómo harán para manejar esas dos personalidades? Puede que en un clima laxo como el de la sociedad venezolana (no ahora, desde siempre, alejado de cualquier criterio de disciplina o procedimientos, porque aquí todo el mundo es arrecho), tal vez no importe, pero en el agregado social sí ¿Cómo esperar tener mejores ciudadanos si quienes deben modelar esos comportamientos no pueden por tener vidas paralelas

¿Cómo distinguir el país real del país corrupción? Sería interesante aproximar el PIB de las actividades ilegales, y compararlo con el PIB normal de la economía.

Ya no seremos los mismos, así se cambie de gobierno (que hay que cambiarlo), pero sí podemos tomar conciencia de lo que esta corrupción cotidiana representa, y apelar a la Venezuela honesta. No en el sentido de los buenos frente a los malos, sino en la capacidad para resistir las pruebas que un sistema con incentivos alrevés nos coloca diariamente.

Una vía es con el modelaje. Pero no el modelaje bobo de las elites (como la Patria boba), de muchas campañas de responsabilidad social. Me refiero el modelaje real, de personas concretas con puestos de liderazgo de cualquier tipo, pero concretos, y no el modelaje mediático de una cuña o de un calendario de responsabilidad social.

La sociedad venezolana es muy dada a hablar de modelaje. Ahora le toca ponerlo en práctica.

Otra vía es internalizar la auto-regulación con información, para que no nos regulen con una captahuella o cualquier otro mecanismo electrónico para racionar el consumo. El ajuste de los tarifas a los estacionamientos es un buen experimento.

Me ha tocado -hasta ahora- pagar tres tipos de tarifas, luego del ajuste hecho el día 20-10-14. Confieso que a pesar que soy socialdemócrata -es decir, la regulación del Estado no la veo como un coco, como las elites venezolanas, aunque para este grupo, una economía subsidiada bien vale un cuadro de Adam Smith o de Hayek en la oficina o en una sala de reuniones o de junta), la tarifa más alta que he pagado me molesta. Me gustaría una tarifa única. La incertidumbre de la tarifa no me agrada (es decir, el mercado).

Bien haría Anpage si le dice a sus afiliados que publiquen en un lugar visible de los estacionamientos, el tipo de estacionamiento que es (no sabía que hay tipos de estacionamientos), la cantidad de puestos que tiene, la empresa de seguros para los usuarios, y la tarifa que corresponde, de acuerdo a la resolución oficial.

Con información, uno podrá aceptar las bondades del mercado, pero a los arrecho venezolano, no y no. Como dice el refrán, a macho, macho y medio. Si así va a ser nuestra forma de relacionarlos como sociedad, no me gusta y lo evito, pero si no queda otra...será. 

Apuesto, entonces, a la Venezuela honesta. Muchas veces, temprano caminando para ir a alguna actividad de trabajo, veo a gente como uno, también para sus labores. Algunos con su cafecito. Otros con una arepa envuelta en papel de aluminio, dándole. Otros, comprando una empanada y un café en las famosas ventas de este alimento, en cavas de anime, en alguna esquina, con una malta. Otros con sus loncheras o una bolsa de panadería, con el tradicional cachito y un cuarto de jugo.  

No pienso que esas personas acepten la corrupción cotidiana como un destino inmodificable. Nadie puede aceptarlo. Reconocer que existe es el primer paso para superar esto con lo que ya no convivimos, sino que somos y nos transformó como personas y como sociedad, aunque no lo queramos aceptar. 

sábado, 18 de octubre de 2014

Epa Jaua.....¿Qué te pasa?


El día 15-10-14 en el inicio de las actividades del Instituto de Altos Estudios Hugo Chávez, Elías Jaua sinceró lo que muchos en el gobierno dicen entre líneas o de forma indirecta.

El funcionario del PSUV afirmó que, "Debemos trabajar con la responsabilidad de sistematizar y divulgar esta enseñanza de la vocación positiva del poder, porque no podemos pensar en alternar el poder con la burguesía. El pueblo no alterna el poder con la burguesía. En Venezuela no podemos pensar más nunca que el proyecto popular, democrático y revolucionario abandone el poder”. Agregó que, "Esa línea para mi sería fundamental".

Vaya vocación positiva del poder para los destimatarios del mismo: los jóvenes, a quienes se persuade que lo mejor es mantener un status quo, y no ser críticos, atributo fundamental de la juventud y de la vida, hoy en un mundo en cambio y que necesita urgentemente personas críticas.

La frase de Jaua se manifiesta en muchas acciones del gobierno. La más importante, la enmienda a la constitución que permite que una persona pueda postularse a la reelección de forma indefinida, que fue aprobada el 15-2-09.  

Sin embargo, el objetivo de la hegemonía que apoya Jaua choca contra el espíritu de la constitución, plasmado en el artículo 6 el cual, entre otros valores políticos, promueve la alternabilidad y el pluralismo político. 

En la exposición de motivos de la carta magna, para justificar el por qué una sola reelección -antes del cambio de 2009- es para fortalecer la responsabilidad del presidente, quien al tener la posibilidad de ser reelegido o revocado su mandato, tendrá dos incentivos para hacerlo bien, porque la posibilidad de la reelección no es infinita.

Pero si la posibilidad de reelección es infinita (hasta que el eterno candidato muera), la idea de responsabilidad se diluye y, más bien, se refuerza un sistema conservador el cual, paradójicamente, no le dará oportunidades a los jóvenes a los que Jaua invita a apoyar la no alternancia. Lo que Jaua plantea es como el agua empozada: sin claridad, salvo que se le abra un cauce para que circule, que en política, es la alternabilidad, no la hegemonía.

Que Jaua haya dicho esa frase en momentos en que el país exhibe cansancio con la forma cómo se hace política en Venezuela, revela el dilema en que está el gobierno de Maduro, disyuntiva que se mantiene desde su inicio en abril de 2013.

Sortear las dificultades pasa por cuestionar los fundamentos del socialismo y lo que fue el gobierno de Chávez. Persistir en las dificultades, pasa por mantener el sistema de controles y su lógica. Ante este dilema, la solución del gobierno de Maduro es buscar un punto intermedio que muestra no funcionar: un incrementalismo en las decisiones, con apertura y controles de forma selectiva. 

Al rechazar la alternabilidad, Jaua se colocó en mantener lo que el gobierno ha hecho desde hace años en cuanto a las políticas de controles en todas las áreas se refiere, al apelar a una ideologización del pueblo que lo lleve a concluir que un proyecto popular es intrínsecamente socialista ¿Qué llevó a Jaua a esa conclusión, cuando el comportamiento electoral y los números en los estudios de opinión muestran una severa crítica a aspectos centrales del modelo socialista?

Por ejemplo, un indicador importante en IVAD -firma que usan los políticos de ambos bandos- son los llamados Bloques políticos. 

Para el estudio con fecha 29-9-14, la situación es la siguiente: Bloque oficialista 33% y Bloque no oficialista 52,5 por ciento. Es decir, una diferencia de casi 20 por ciento. Como en los mejores tiempos de Chávez, pero al revés. 

Que la oposición convierta esas preferencias en un alternativa política confiable que gane la elección presidencial, es otra cosa. Lo que estoy seguro es que la alternabilidad como valor está en el pueblo, en la gente de la calle. Y llegado el momento, la harán valer, a pesar de los deseos de Jaua.

Será interesante ver a Jaua actuar como oposición y no como gobierno

viernes, 17 de octubre de 2014

¿Incipiente teléfono rojo?



Me alegré al conocer que las bancadas de la Unidad y del PSUV en la AN, llegaron el día 14-10-14 a un acuerdo para designar a los integrantes del Comité de Postulaciones Electorales. 

Aunque el riesgo que la designación de las vacantes en el CNE la haga el TSJ todavía existe, hoy la decisión está en el campo de la AN. Es decir, en el espacio político por excelencia, del cual se espera podamos ser testigos sobre cómo se haga la selección, los debates, los criterios para escoger a los aspirantes, que es lo que fundamenta mi satisfacción, porque de haber ido al TSJ, caería en una suerte de caja negra de la que conoceremos la decisión final, pero no los procesos.

En la AN, la posibilidad que la pugnacidad política para la designación de los rectores que sustituirán a los que tienen su lapso vencido sea transparente, es mayor. Tratar de retomar cierta normalidad política, aunque sea pugnaz, hará bien a la salud institucional de Venezuela.

En un país donde mostrar satisfacción es poco menos que un agravio o apostar a la normalización choca contra el trabajo de muchos que apuestan al colapso (aunque de la boca para afuera lo niegan), alegrarse por esta noticia no es ingenuo. 

No lo es porque se pudo ir al TSJ. Dos veces Cabello dijo, como sugiriendo ese resultado, el que ríe de último, ríe mejor ¿Qué pudo haber ocurrido para que no se diera el escenario más esperado? (con lo que, de nuevo, la política sorprende, y no es "domesticable", como es el deseo de muchos).

Me luce que la incertidumbre motivó a las dos bancadas a preferir que el juego se mantuviera en la AN, para tener mayor certeza de los resultados. Una vez fuera de la AN la facultad para designar a los nuevos rectores ¿Quién influye en el proceso? Tanto el PSUV como la Unidad pierden en un escenario TSJ. Ganan los actores del gobierno o de la Unidad que actúan por su cuenta. Los "agentes libres" o "agentes con agendas propias", sean individuales o grupales. 

En la AN, la influencia de estos "agentes libres" será menor o puede ser del conocimiento público. 

También pudo influir un cierto sentido de lo institucional en un contexto el cual, como dijo Freddy Bernal a Quinto Día el 17-10-14, aquí puede ocurrir cualquier cosa, porque si la selección queda en el TSJ, el mensaje político que se envía a la sociedad es de fracaso, tanto para el PSUV como para la Unidad.

Para el PSUV y específicamente para Cabello, el mensaje es que ni siquiera pudo lograr los acuerdos para que una decisión de ese calibre quedara en el poder que preside, el poder legislativo. Para la Unidad, que ni siquiera pudo lograr o hacer esfuerzos para que la escogencia quedara en la instancia legislativa, lo que contribuiría a reducir la desconfianza del público opositor en el CNE. 

Si la escogencia se hace aceptablemente bien por parte de la AN, el CNE renovado tendrá una mayor legitimidad que el actual, y eso será fundamental para las próximas elecciones, sean del nivel que sean. 

Esta decisión también puede traer que se establezca algún canal de comunicación formal entre el gobierno y la Unidad, que hace falta. 

Seguramente, contactos entre personas de uno y otro grupo ya existen, pero lo que no hay es un canal formal, regular, con interlocutores aceptados por las partes, para llevar los mensajes e intereses de un grupo a otro grupo. 

El resultado de un canal formal es la confianza. La confianza es la base del reconocimiento. El reconocimiento, el piso para el diálogo.

Tal vez cuando se plantea que hay que retomar el diálogo que naufragó en abril de 2014, la forma de hacerlo no es la mejor. No lo es porque el contexto para dialogar ha sido deslegitimado por un discurso extremista (mayormente en la opinión publicada de la oposición), en la que esta posibilidad se niega de forma automática.

Cuando ocurrió la libertad con condiciones de Simonovis, en la entrada de este Blog, Libertad para Simonovis, expresé mi poco optimismo que ese gesto pudiera ayudar a retomar un diálogo Unidad-gobierno, por el clima destructivo de la opinión publicada en Venezuela. 

Pero también hay motivos políticos para que un diálogo hoy sea ineficaz ¿De qué se dialoga? ¿Quién es capaz de comprometer y mantener promesas? ¿Qué puede llevar cada parte a una mesa para conversar?

No hay estructuras políticas, sean partidos u organizaciones, capaces de aguantar la presión de una opinión destructiva que torpedea cualquier esfuerzo para institucionalizar. Mucho menos hay liderazgos para eso. A los dirigentes solo les queda hablar de la derecha o de patear calle, que es lo que los públicos de ambos bandos quieren escuchar. Todavía estamos en la etapa del desahogo. Hasta nuevo aviso.  

De manera que plantear hoy el diálogo como se hizo en abril de 2014 es inúltil, porque no hay condiciones para ello. 

Ahora hay que reconstruir el tejido político para que el diálogo sea viable. Una vía es a través de acciones y gestos en la micropolítica, como el consenso logrado para la designación del Comité de Postulaciones Electorales. 

Fue un consenso al que la faltó más pulitura política, pero es un gran avance dentro del estancamiento e inercia que vive la política venezolana de hoy. 

Que si la paridad debe o no debe ser el criterio, no me quita el sueño. Venezuela es un país de paridades o cuotas, en todos los ámbitos. Ese rasgarse las vestiduras de la sociedad venezolana en cosas que practica, es hipócrita.

La paridad es una realidad política, y no es lo relevante ahora. Lo importante será la calidad de las deliberaciones del comité y de la AN, al momento de seleccionar y de escoger a los rectores. 

Espero se pueda retomar algo de política en este proceso de selección, porque ya se nos ha olvidado lo que es, y la hemos sustituido por un discurso de bocones, cargado de agravios, y de facturas por cobrar, que es lo que abunda en Venezuela.

Bienvenido ese gesto de institucionalización política del martes 14 de octubre de 2014. Como se dice en la calle, esperemos se repita

martes, 14 de octubre de 2014

Pequeñas victorias



Viernes. Olvidé los sanduches de la semana que llevo al trabajo. "Rayos y centellas". En medio del camino, me di cuenta que no estaban en la lonchera. Tarde para regresar a buscarlos. Salí de la casa, absorto, pensando si conseguiría Adalat Oros

El día anterior lo busqué en varias farmacias. Caminé bastante. Locatel y Farmatodo eran campos para la supervivencia del más apto. Medicine games no Hunger games. Personas agolpadas en el mostrador, pidiendo medicinas que no hay, con récipes con interminable lista de remedios ¿Dios, los médicos no saben que hay escasez de fármacos, para qué poner a las personas en esa búsqueda? me pregunté.

Una cola kilométrica para pagar. No conseguí Adalat Oros, pero en una farmacia, hallé el genérico. Nifedipina.  Marcas comerciales hay pocas. El país genérico. En una sociedad seria, ya tendríamos un trabajo sobre el impacto de las farmaceutas genéricas en la economía ¿Generan empleos? ¿Exportan? ¿Realmente bajó el precio de las medicinas? ¿Cuál es el desempeño del genérico frente a la medicina de marca? Sí, ya sé, ahora no es momento para eso...

La escasez nos convierte en farmaceutas sin serlo. La caja de Adalat Oros refiere su principio como Nifedipino. Primera duda ¿Es lo mismo? Internet. Wikipedia. Portales de medicina. Llamadas a los médicos para preguntar y salir de dudas. 

De casualidad, esperando mi número de atención que era el 81 e iban por el 30, detallo lo que hay en la droguería. Veo, de casualidad, Paxil. Me emocioné. Ya me había dado por vencido. No lo conseguiría más, me dije hace tiempo. Compro varias cajas. La chica de Farmatodo me dice, Se lleva una buena provisión para varios meses. Sí, no sé cuándo será la próxima vez que lo vuelva a ver, le digo de vuelta.  

La escasez como la que vive Venezuela te desconcentra. Te malhumora. Te produce tensión. Te hace gastar más de lo que tienes. Pone a prueba tu solidaridad y ética. Pensaba que el viernes -soleado, con cielo azul que contrasta con el cielo gris del ánimo nacional- llegaría a mi oficina a trabajar, sin tener que salir a hacer alguna diligencia. El otro día me bañó la lluvia buscando Euthyrox. Caía agua. Sin parar. Me metí en un edificio a esperar que cesara de llover. Miré en el Bicentenario ¡No había bululú! Entré. Conseguí café, harina, aceite, leche, pasta...sin captahuellas. Pero perdí la tarde de trabajo, entre los remedios y la comida.

Tengo mucho que hacer en la oficina. La inflación también devalúa el tiempo. Lo que antes se hacía en medio día, ahora son dos días. No quiero salir de la oficina. No quiero salir a buscar cosas que no hay. No quiero ir a reuniones. No quiero ir a programas o entrevistas en medios. Quiero terminar mi trabajo. No quiero sentir más la angustia de ver que el tiempo corre y no termino, porque debo hacer alguna diligencia o ir a reuniones a hablar de lo mismo: política, no como trabajo o disciplina, sino como "peña de amigos", que abundan en Venezuela ¿Cómo ves la vaina? la gran pregunta que hacen en todas partes. Respuesta: en su desarrollo. 

No pude. Dejar de comprar una medicina u otra cosa que escasea por comodidad, cansancio, o porque hay que hacer otra cosa, significa que no la conseguirás después. Hay que comprarla cuando hay que comprarla, aunque no quieras. Contra mi deseo, el viernes no sería de la oficina, sino de diligencias. Media mañana en ir a lugares y preguntar con pena en algunos casos, con molestia en otros casos.

Recibir la misma respuesta, No hay, Tiene tiempo que no llega, Hace meses que no viene. Preguntar a dependientes malhumorados. Si son mujeres, siempre les digo un piropo, para que cambien la cara de pocos amigos que muestran. El rostro de la prepotencia venezolana que la escasez hace cotidiano. Casi siempre responden, también apenadas: Decir no hay todo el tiempo, estresa.

A veces, también uno responde mal. La escasez hace que te concentres en lo que no hay y no en lo que tienes que comprar. Me pasa que voy concentrado en comprar una cosa porque escasea...y olvido otras. Debo regresar...ah, olvidé otra cosa. Debo regresar de nuevo...llegó el desodorante, el champú, hay Agurin, hay famotidina, hay, hay...lo olvidé, debe regresar otra vez. Maldita escasez que te pone a hacer la misma cosa varias veces, hasta el cansancio. Es el reino del agotamiento. Un juego suma cero.  

Así va el país. Desplazando la frustración o haciendo catarsis con chistes malos o que revelan un país que habla de la crisis pero no la asume. Chistes inoportunos con el ébola. Estamos pelando e'bola, oigo. Risas que ahora se transforman en risas nerviosas. Autoridades sanitarias del mundo indican que el virus puede llegar a estas tierras donde se es ligero para hablar, y temeroso para enfrentar.

Más bien, admirable los miles de héroes anónimos en Africa que en condiciones de carencia de recursos, enfrentan un virus letal. No merecen los chistes malos de una sociedad de echones.

A pesar de la rudeza de esta cotidianidad a la que todos los venezolanos nos enfrentamos, las dependientes de las farmacias a las que fui exhibían un gran sentido de atender al público. No es fácil. Tener a decenas de personas en un mostrador pidiendo lo que no hay, no es sencillo. Cuando llegó mi turno, Buenas tardes, y atender con ganas. Si no hay el fármaco, buscar alternativas. En última instancia, indagar en cual farmacia de la cadena puede estar el remedio. Nada de No hay, próximo, 82, 83, 84...Admirable ese comportamiento para mi.

No sé por qué, ese día me di cuenta del sentido de la atención al público de muchos empleados de comercios, aunque casi todos los días debo acudir a buscar artículos que escasen y debo interactuar con diversidad de dependientes. Nunca me había puesto a pensar en eso.

Una pequeña victoria de la seriedad de trabajadores sobre el caos cotidiano. Pese al discurso de la catástrofe generalizada del país, tal vez estemos cambiando. Sin notarlo. Hacia otro tipo de venezolano. No es el venezolano sabrosón del discurso de las élites durante muchos años.

Hoy las élites se quejan: el venezolano se acostumbró, por un paquete de harina se cala la cola, la indiferencia del venezolano sostiene al régimen, etc, etc.

¿Pero no fue eso lo que buscaron las elites con el prototipo del venezolano sabrosón? Había gasto a granel. Era la época en que se celebraba a Pedroso. Los late shows. A los perros de la noche y la noche de perros. Con dispendio, se puede ser un perro en y de la noche o estar en una noche de perros, pero sin dólares, para muchos la existencia se transforma en una larga noche, que puede ser de perros...

Era la época en que todo el mundo resolvía y lo que se valoraba socialmente era alguien que resuelva

Hoy, molestas, las elites ya no quieren al venezolano sabrosón. Están bravas porque hacemos los que nos dijeron durante 30 años que hiciéramos: resolver. Unos mejor, otros no tan bien -como mi caso- pero, en definitiva, estanos resolviendo, haciendo una cola o buscando un producto que no hay por toda la ciudad.

Ahora, de la noche a la mañana, quieren al venezolano habermasiano: crítico, que delibera en la esfera pública, que es público y no masa, y está conciente de la racionalidad técnica de la dominación. Esa con la que dijeron durante 30 años que había que ser sabrosón no crítico. Tarde piaron pajaritos.

Al interactuar con las dependientes de las farmacias, sé que el venezolano sabrosón está siendo cuestionado como modelo, no sé si por todo el país o parte de la sociedad. Pero está siendo cuestionado.

Me luce que el país de a pie está resolviendo su identidad alejado del marco de las elites, cuyo discurso me parece se quedó en públicos cautivos, pero encerrados en sí mismos, que solo se escuchan o celebran entre ellos. 

Ojalá el comportamiento sereno pero eficaz de las dependientes de las farmacias a las que fui, sea una señal de esa nueva identidad que se construye al calor de la crisis. Y un modelo a imitar. Hará falta cuando llegue el momento de sanar las heridas y fraternizar la cotidianidad, hoy dominada por lo hostil.

A pesar que ese jueves y viernes, perdí la mañana y la tarde de trabajo buscando medicinas, me quedó la sensación que sobre las dificultades, muchas personas logran superarlas de forma constructiva, con gestos cotidianos, en lo micro.

Pequeñas victorias que pueden augurar un mejor futuro para Venezuela, alejado del discurso de la catástrofe generalizada del país.   

domingo, 5 de octubre de 2014

A propósito del caso Robert Serra-María Herrera



Escribir sobre el asesinato de Robert Serra y su asistente, María Herrera no es fácil. Las investigaciones se desarrollan, por lo que mientras no se tenga una información confiable, todo caerá en el reino de las especulaciones. Como regla general para estos casos, especular no es aconsejable. Dado el nivel de escisión del país, especular puede ser motivo para profundizar más las heridas y resentimientos, que abundan en la sociedad venezolana.  Ahondarlas es la apuesta de muchos sin querer queriendo.

En esta ocasión, se espera del gobierno una explicación completa, no solo por respeto a los dos fallecidos y a sus familias, sino al país. 

Se recuerda el asesinato de Eliécer Otaiza -a quien conocí en la época de las FAN, con aprecio- en abril de 2014. En ese entonces, Maduro dijo prácticamente lo mismo que expresó el día 3-10-14 en la capilla ardiente de Serra y Herrera: un asesinato planificado, cometido por sicarios, y el responsable es una entidad política llamada "la derecha", categoría estigmatizada en la que se mete a "Raimundo y todo el mundo" que no sea del gobierno. 

A casi 6 meses del homicidio de Otaiza ¿Que quedaron de esas acusaciones? Dos condenados -uno con una pequeña pena- y 5 acusados, pero de los autores intelectuales, de la operación, del por qué fue asesinado, no se habla. Hay condenados pero ¿Por qué mataron a Otaiza? No se dice. Silencio ¿Por qué? ¿La sociedad venezolana no tiene derecho a la verdad?

Estoy de acuerdo con lo dicho por el Ministro Rodríguez Torres. Que el caso Serra-Herrera -y agregaría, todos los casos de este tipo- no sean parte de un show mediático. Pero para que eso no ocurra, el gobierno debe suministrar información confiable, contrastable, precisa, y oportuna. Eso no ha sucedido, y por este motivo casos anteriores al de Serra-Herrera, terminaron en el reino de las especulaciones. Si no hay información confiable ¿Cómo rebatir una especulación en un país ganado a creer en especulaciones, por la incertidumbre de su cotidianidad?

Venezuela espera -y haría mucho bien a la salud institucional- que en esta ocasión, se ofrezca una información completa. No el silencio, el olvido, o acusaciones para darle fuerza al show mediático que se critica, y luego que pasa un tiempo del hecho, las acusaciones quedan allí. Con su carga de rabia, de sed de venganza. Como dice el refrán, el agua derramada es difícil recogerla.

Tampoco tiene mucho sentido escribir acerca de las causas de la violencia en Venezuela. Existe mucha bibliografía sobre el tema.

Desde el punto de vista de la psicología social, está el clásico trabajo del psiquiatra José Luis Vethencourt (1990), Psicología de la violencia

En 2003, aventuré para la revista Diálogo Político, un artículo para explicar la violencia en Venezuela, desde una perspectiva politológica. Allí, se desarrollaron 3 razones para dar cuenta de la entonces creciente violencia en nuestro país: a.-La ausencia de un proyecto nacional como garantía de seguridad interior, b.-La ineficacia del sistema judicial, y c.-La disponibilidad de armas.

Aunque han pasado 11 años, pienso que las tres causas se mantienen. El gobierno y el sistema judicial han hecho esfuerzos en abordar la ineficacia del sistema judicial, pero los tentáculos de la criminialidad son tales, que esos esfuerzos se perciben inútiles, especialmente cuando ocurren casos públicos como el de Serra-Herrera. Sin embargo, no desestimo los esfuerzos que hace el gobierno en esta área, especialmente en el tema de las policías.

Sí quisiera detenerme -es por lo que escribo esta entrada del Blog- en una variable que estimo se ha "normalizado" en la sociedad venezolana.

Cuando estudié psicología social a mediados de los 90, mi trabajo de grado fue sobre una aproximación a la "personalidad autoritaria" del venezolano en una situación de crisis ("amenaza social"). Investigación que gracias al estímulo del profesor Angel Alvarez y del editor Roger Michelena, fue publicada como libro en 1998 por nuestra Universidad Central de Venezuela, con el título, La amenaza social y el autoritarismo en Venezuela.

Fue evidente para mi en ese entonces, que la crisis que se vivió en los 90, no solo trajo desajustes políticos, económicos, y sociales, sino también desajustes en la salud mental de la sociedad. 

Luego de aplicar a una muestra la conocida Escala F (escala de fascismo potencial), las personas que resultaron con puntos altos en el instrumento, fueron invitadas a participar en una entrevista a profundidad, de forma voluntaria. La idea fue entrar en la cognición acerca del autoritarismo.

Un verbatum que se repitió mucho durante las entrevistas fue una necesidad de destrucción, y de esa forma, resurgir como sociedad, pero ahora, puros.

El argumento hallado en las entrevistas más o menos fue el siguiente, "Nuestro país está podrido, y requiere regenerarse, por lo que una extirpación, limpieza, corte, desinfectar, es necesario para regenerarnos, para purificarnos". 

En los más autoritarios, este estilo cognitivo fue una manera de manejar la incertidumbre que producía la amenaza social de los 90. La necesidad de un orden los llevó a dicotomizar al mundo entre "buenos" y "malos", y a pedir "mano dura" con metáforas médicas, que son expresiones muy cercanas a las cogniciones de los autoritarios; "El cáncer de la corrupción carcome a la sociedad, por lo que debe ser extirpado, y esto producirá dolor, pero luego del dolor, saldremos fortalecidos, curados", o cosas por el estilo, sugieren en quien lo dice, un estilo cognitivo autoritario que tiene su origen, básicamente, en la percepción intensa de caos social que se hace insoportable desde el punto de vista emocional.

El autoritarismo se alimenta de las crisis. En las crisis la moneda es la incertidumbre, y las personas están dispuestas a escuchar cualquier cosa. No es casual en tiempos así el regreso a lo mágico. 

Por ejemplo, en nuestro país, lo incontrolable de la vida por la inseguridad, ha llevado a colocar la certidumbre en la corte calé o corte malandra. En los sectores de gente bien, también opera una lógica de lo mágico.

Cuando la imagen del Arcángel Miguel fue paseada por Chacao el día 29-9-14, algunos tuiteros invocaron la protección del santo contra el maligno, término usado en sectores más boyantes para referirse al actual gobierno o al "comunismo".

Para el gobierno, la derecha; para la oposición, el maligno. Que gran necesidad de certidumbre tiene la sociedad venezolana. Agregaría, también, de liderazgos con carácter (que no se refiere a la fijación con las bolas que tienen ciertas personas en Venezuela ante lo político. Carácter es autonomía de acción frente a presiones del grupo o de elites).

Esto revela, también, lo que Vethencourt -en el artículo ya comentado- pronosticó en los 90 para la Venezuela del futuro, y se cumplió: la regresión psicológica de la conducta violenta a estadios primitivos en el cual las personas son presas, y sobre ellas se ejerce la violencia extrema, destructiva ¿Los cuerpos descuatizados pueden ser un ejemplo de esta violencia egocéntrica o grupocéntrica, que Vethencourt pronosticó en 1989?  

Otro ejemplo es la regresión del lenguaje político venezolano. No ha pasado una semana del asesinato de Serra y Herrera, y el lenguaje político ya usó expresiones como "basura", "insectos", "ratas", para referirse al gobierno o a la oposición, y culparse de las dos muertes o para construir al "otro". 

Lo llamativo es que la sociedad venezolana de 2014 se mantiene en la violencia vengativa que caracterizó a los 90, lo que muestra en buena medida, el fracaso de la política como arte de lo posible, como actividad para construir un orden político. En casi un cuarto de siglo, no se ha hecho nada desde el punto de vista político. 

Esa fue la base emocional de la Venezuela de los 90. Es la base emocional de la Venezuela de hoy, por causas distintas.

En los 90, por la crisis del sistema político bipartidista. En 2014, por la crisis de hegemonía del sistema político chavista. En los 90, era el cambio. En 2014, es la inercia. 

Ese motivo del país podrido, está allí. Se mantiene, a veces de forma latente, a ratos de forma manifiesta. 

Se mantiene porque las instituciones no funcionan. Una muy importante, la posibilidad de la alternancia en el poder, que es una válvula política vital para la paz. Cuando un grupo político asume que no podrá acceder al poder por las vías establecidas, la violencia aparece en el radar. Si ese grupo asume el camino de la violencia política, es su decisión. Como fue, por ejemplo, la decisión del Congreso Nacional Africano en los 60 para luchar contra el Apartheid en Suráfrica.

Pero la decisión puede ser no recurrir a la violencia política. Eso tiene un efecto: que grupos se sientan oprimidos, que jamás tendrán posibilidades para acceder dentro del sistema, pero deben vivir en el modelo que los excluye, degrada, estigmatiza, o humilla. La tensión que esto produce debe ser canalizada, desplazada, debe tomar forma, alguna expresión. Una vía para que esa energía acumulada salga. Aquí las instituciones son clave para que esa expresión sea sana.  

La no respuesta de las instituciones políticas -que genera incertidumbre- y la poca capacidad que tenemos como sociedad para organizarnos, me luce que trajo de vuelta un motivo ya presente en la sociedad venezolana en los 90: Destruirnos, porque no somos capaces de organizar la convivencia política. Bueno, ni siquiera eso. Ni siquiera somos capaces de reconocernos. Ni en nuestras semejanzas o diferencias. Una sociedad de trincheras, donde cada grupo está en lo suyo, sin importar el resultado global o la suerte de otros grupos.

Hoy tánatos vence a la política.

Esa búsqueda insconsciente de la destrucción, que se observa en el lenguaje deshumanizador de la política nacional, o ese deseo que se nota en personas, que ocurra un colapso en la espera que eso arregle las cosas, que lleve al país hacia algo desconocido, lo que sea, con tal de salir de esto, que me oprime, que pesa, que me consume lentamente. Es la cotidianidad pesada que busca alivio en la propia destrucción para salir de ella. 

No poder verse en el futuro -es decir, creer que el gobierno nunca dejará de ser gobierno- y tener conciencia de la propia irrelevancia como grupo o como sujeto ante un sistema que se considera hostil, invitan a pensar en la violencia. No percibirse como persona, sino como una estadística más -en el caso de la inseguridad, por ejemplo- abre la puerta a que la vida misma no tenga sentido. Es el nihilismo que se observa en sectores de la sociedad venezolana, y que se notó en los hechos de febrero de 2014.

¿Recuerdan las consignas y pancartas que decían más o menos lo siguiente, "Si la inseguridad me mata cuando salgo a la calle, por qué no morir en una marcha"? Consigna que comunica el valor 0 de la vida para quien las dice. Como no controlo mi vida, soy insignifante. No soy persona porque no soy importante, soy una estadística. La muerte es mi destino. Trataré, entonces, de buscar una muerte heroica. En la no existencia conseguiré la identidad que se me niega estando vivo. Quiero escapar de una vida que se asume miserable, en definitiva.

El conflicto político tomó esta forma, en apariencia inofensiva, pero letal en cuanto a la salud delo tejido social. Poco a poco se ha erosionado, y el resultado es una sociedad donde nadie confía, y donde la fantasía de muchos es la destrucción para quitarse la tensión que significa vivir en una sociedad en la que se es un extraño, un diferente.

Sé que esta entrada puede leerse como algo abstracto. La mayoría de los trabajos sobre el caso Serra-Herrera, abordan las posible causas del asesinato, los responsables, o la necesidad de parar el odio, de unirnos. Son perspectivas interesantes. Solo aporto la mia, que trata de decir que esa destructividad que como sociedad llevamos porque no hemos tenido éxito en cerrar heridas y resentimientos; en confrontar nuestros demonios políticos, está allí. Cuando ocurren sucesos como el de Serra-Herrera, ese motivo se hace visible. Luego, se oculta, pero sigue allí, latente. 

Me temo que para derrotarlo, hará falta algo más que discursos sobre la inclusión, que tenemos que aceptarnos, o patear calle en los barrios. 

Requerirá construir un proyecto de país donde todos quepamos, pero lo más importante, que lo sintamos así. 

Me gustaría que tuviera tres cosas: la idea de cohesión social de Tony Judt, la idea de vulnerabilidades de Martha Nussbaum -pienso que el mundo de hoy se define más por las debilidades que por la fortalezas- y la idea de capacidades de Amartya Sen

Cohesión y movilidad. Estas dos palabras me luce son claves para un proyecto de país. Y pueden ayudar a que la destructividad deje de ser una opción metafórica para escapar de las tensiones políticas, que el sistema político no canaliza. Metáfora que ahora toma forma protopolítica, y que convive con la violencia delincuencial, ya tradicional, si se quiere. 

Hace días leí en twitter una cita que se le atribuye a Mandela. La cita dice más o menos lo siguiente: que cuando el agua está hirviendo, no tiene sentido apagar la hornilla.

El agua de Venezuela tiene tiempo hirviendo. Nos hemos limitado a tratar de apagar o bajar el fuego a las hornillas ¿Qué tal si dejamos de pensar en las hornillas y pensamos en la cocina completa?

Es lo que este trágico y condenable asesinato de Robert Serra y María Herrera, me llevan a pensar, otra vez. 

Con la esperanza que la política pueda vencer a tánatos ¿Definitivamente?