Léeme en otro idioma

domingo, 22 de febrero de 2015

Golpes bajos



Uno de los temas centrales en política es la relación entre medios y fines ¿Es válido usar medios cuestionables para el logro de un fin político que se considera válido? Imagino que esta pregunta vive de forma permanente en quienes hacen o piensan en política. No sé si para la filosofía política esta interrogante está saldada. No creo. Es una pregunta cuya respuesta depende del momento y de la situación en que se hace, y quién la haga. 

“El fin justifica los medios”, gana la carrera a la hora de responderla en la opinión pública. No estoy en ese grupo, sino en otro: “son los medios los que justifican los fines”.

Medios lícitos legitiman un fin como válido, y aportan lo que considero fundamental en política: la idea de límites. Con demarcaciones, se puede generar una dinámica entre actores políticos que es tensa, pero que construye tejido político y alimenta los criterios de una sociedad para juzgar la acción de sus políticos, sin el “todo vale”. Sin límites no hay noción para delimitar lo bueno o lo malo. La libertad tiene una cara de límites que la hacen tangible, en el sentido de evaluarla, de no hacerla neutra o indiferente ante una situación.

Por ejemplo, como psicólogo social, sigo el debate que hay ahora en la psicología de los EUA sobre el manual de la CIA para los “interrogatorios”, revelado al público por el Senado de los EUA en diciembre de 2014.

¿Y qué tiene que ver la psicología con esto? Resulta que dos psicólogos desarrollaron el manual para los “interrogatorios” de la CIA, a partir de un experimento famoso en psicología social de la década de los 60: la desesperanza aprendida.

A partir del estudio pionero iniciado por Martin Seligman –cuando Seligman se enteró que su estudio fue base para desarrollar el “manual”, envió un claro comunicado de rechazo a estos profesionales y sus prácticas- los dos psicólogos contratados por la CIA teorizaron que si se promovían condiciones para la desesperanza aprendida en los detenidos, los “interrogatorios” fluirían mejor ¿Y cómo se hace eso? Por ejemplo, no dejar dormir a un detenido en una condición de “no escape”. La “teoría del manual” asume que aprenderá la desesperanza y luego, no ofrecerá resistencia al “interrogatorio”.

Los profesionales fueron contratados por 181 millones de dólares para hacer el “manual”, y cobraron 81 millones de dólares, porque la administración Obama detuvo el “experimento” ¿181 millones justifican un “manual para interrogatorios”? ¿“Interrogar” a un detenido en una condición de desesperanza aprendida, hace el fin justificable?

Los memos del Departamento de Justicia y la Casa Blanca abordaron este asunto ¿Cuándo una tortura se justifica? Y, en consecuencia, los mensajes plantearon el asunto escabroso ¿Qué entender por tortura?

Los dos psicólogos están tranquilos. Uno, en redes sociales, colocó que se dedica al kayac y actividades al aire libre. No parece tener disonancia cognitiva por sus ideas y actos, y explica sus acciones porque los “fines” –la lucha contra el terrorismo en la emergencia del 9/11- “justificaron los medios”.

¿Es aceptable lo que hicieron los profesionales del comportamiento? Tal vez desde la perspectiva del “fin justifica los medios”, sí. Había que detener los ataques terroristas o sus amenazas, en un país en shock luego de los agresiones a las torres gemelas y al pentágono en septiembre de 2001. El fin –prevenir embestidas terroristas- “justificó” el uso de ese medio -“un manual para interrogatorios”- además, fundamentado conceptualmente con un estudio de larga tradición en psicología social (en mis clases, por ejemplo, explico el estudio).

En cambio, desde la perspectiva “son los medios los que justifican los fines”, no se valida. Medios no legítimos no justifican el fin, aunque sea sentido por la sociedad -en estudios de opinión en EUA, la tortura tiene importante apoyo de la opinión pública- la protección ante clear and present dangers. Si no ¿Cómo explicar la reacción en contra, si en los estudios de opinión la tortura goza de simpatías en el público norteamericano? 

Para la cuenta del par de psicólogos, el informe del Senado norteamericano mostró que los suplicios no generaron información valiosa para luchar contra el terrorismo ¿El “fin justificó los medios”?

Esta introducción, porque comento tres casos en los que identifico la lógica de “el fin justifica los medios”, que resultan –en mi opinión- golpes bajos.

El primero, el más conocido, la reunión en febrero de 2015 de funcionarios del gobierno de Maduro con representantes de empresas españolas en Venezuela, para –de acuerdo a diversas versiones de medios- amenazarlos con expropiar sus negocios, si no presionan a los impresos españoles –ABC y El País- críticos hacia el gobierno de Maduro.

Cualquier político o gobierno no puede tener la piel delicada. Un gobierno no se pertenece a sí mismo. Un político no tiene vida privada. Su vida –o de cualquier persona pública- ya no le pertenece, aunque la reclame para sí y para su familia. Es de la sociedad, y debe asumir que será estimada, reconocida, distorsionada, juzgada, valorada, o cuestionada ¿Qué debe aguantar todo lo que se dice sobre la persona o gobierno? No, pero hay vías para responder a los excesos de los medios, y amenazar no es uno de ellos. Y menos “por debajo de cuerda”.    

La crítica, así no guste, es necesaria en una democracia, y sana para cualquier gobierno o partido. Amenazar para prevenirla, no es un medio válido. Más bien, comunica un estilo pendenciero y gansteril.

Leí un tuit que sugería cuál sería el titular producto de la reunión, “Empresas españolas presionan a ABC y a El País, para que no critiquen al gobierno de Venezuela”.

Un titular que comunica un golpe bajo. Presionar a otros para que hagan el “trabajo sucio” que el gobierno no quiere o no puede hacer.

Cosas así no se hacen, a pesar que la línea editorial de un medio no agrade. Por ejemplo, no me simpatiza la línea editorial de ABC. Me parece que es parte importante del juego de los poderes fácticos, en la estrategia de producir una crisis política en Venezuela para la esperada por algunos, “transición”.

En años previos, fui contactado por ABC para entrevistas. La última vez fue el 23-1-12, y decidí no aceptar la entrevista, pero de allí a validar la acción de amenaza contra ese periódico para callarlo, no estoy de acuerdo.

El gobierno pudo optar por la respuesta directa al impreso para responder a lo que considera son “infamias”, pero no amenazar.

Que Calixto Ortega haya declarado para desmentir las amenazas a las compañías de España, indica que el gobierno sabe que una acción así es un golpe bajo. Ortega –según nota en Aporrea de fecha 19-2-15- dijo que es “falso de toda falsedad” la información, y que en la reunión, le dieron a los empresarios fotocopias de las notas publicadas, como “pruebas”, para ver si las compañías, “tratan de hacer algún aporte”.

Según Ortega, los impresos cuestionados por el gobierno han escrito el equivalente a 900 cuartillas de “falsedades e infamias”.

Un escenario para el gobierno ¿Cuál sería su reacción si aparece una noticia en los siguientes términos? “Vicepresidente de los EUA se reunió con directiva de Citgo para amenazarlos con expropiarlos si no presionan a Telesur para que cambie su cobertura crítica sobre el gobierno de los EUA”. O en términos de lo dicho por Ortega, “Vicepresidente de los EUA entregó a directiva de Citgo carpeta con fotocopias de falsedades e infamias de Telesur contra el gobierno de los EUA, para ver si Citgo puede hacer algún aporte”.    

El gobierno tiene derecho a defenderse, por supuesto, pero debe hacerlo cara a cara, con contra-argumentos que muestren su punto, pero no usando una práctica bastante cuestionable por lo ruin y cobarde que significa.

El segundo caso es con Empresas Polar. No debe ser un secreto para nadie que Polar, como todos en este país, cada quien en su área; pasa trabajo. En este blog he escrito sobre las señales de agotamiento que se observan en esta compañía. Indicadores que todos podemos exhibir, porque a todos la situación económica nos afecta, de una u otra manera. Polar no es la excepción, y aunque la publicidad de esta empresa la vende como una corporación perfecta, sabemos que Polar no lo puede todo, a pesar que aporta muchísimo a Venezuela. No es inmune a la crisis económica.  

Parte de los problemas que tiene la organización del oso es el hostigamiento del gobierno. El día 7-2-15, en nota de prensa publicada en el portal de Polar, se informó que 10 camiones de esta empresa fueron detenidos por la GN, de los cuales 6 fueron llevados a una distribuidora de alimentos de la Gobernación de Barinas.

En una respuesta tan débil como la dada por Ortega para el caso de los impresos españoles, el Secretario de Gobierno de Barinas, Antonio Albarrán –en nota de Globovisión el día 8-2-15- explicó que la toma de alimentos como tal no ocurrió, sino que algunos productos que llevaban los camiones ya Polar los había vendido a comercios de Barinas, y ellos solo los tomaron para “redistribuirlos”, pero ya no eran de Polar, sino habían sido comprados previamente por otros.

Volvamos a los escenarios, y hagamos uno con la lógica de Albarrán. En el portal de VTV aparece una nota así, “Marina de los Estados Unidos desvió 6 tanqueros petroleros venezolanos, porque el petróleo ya había sido vendido a refinerías de EUA, pero ante las amenazas del ISIS, el gobierno norteamericano va a ‘redistribuir’ el petróleo de los tanqueros, para atender la emergencia” ¿Cómo hubiese reaccionado el gobierno de Maduro?

La acción contra Polar es una forma de golpe bajo que alimenta la construcción negativa que el discurso del gobierno hace de Polar. Mejor hubiera sido comprarle directamente a la empresa los productos, y “redistribuirlos” si es el caso, antes que hostigarla o ponerla a pasar trabajo solo porque es Polar. No es necesario humillar o poner en tensión a una persona o grupo, para el logro de un fin. No "lo justifica". Un medio no humillante sí. 

El tercer caso es un golpe bajo contra Venezuela: el dibujo del caricaturista colombiano Vladoo. No cuestiono su derecho a usar la libertad de expresión o a mostrar las dificultades que vivimos en Venezuela. Es el derecho que le brinda la libertad de expresión. Pero también uso esa libertad para expresar mi desacuerdo a que lo haga caricaturizando los símbolos de un país en términos que degradan.

No sé si por la influencia del tiempo en las FAN, pero “la patria primero” y sus símbolos en lugar preferente. Hay muchas maneras para comunicar lo que pasa en Venezuela de forma dura, crítica –hace falta crítica en el país, ya que Venezuea es una “república de amigos” en "ambos bandos"- pero sin tocar lo que forma parte de nuestra identidad de forma deshonrosa.

Es como si a un caricaturista se le ocurriera, para dibujar la realidad del narcotráfico en Colombia, sustituir el cóndor de los Andes que adorna el escudo de la hermana república, por la “virgen de los sicarios”; y el cuerno, en vez de dar oro, vierte “polvo blanco”. Creo que esto –con sobrada razón- molestaría a los colombianos, pero se pudiera decir para justificarlo ¿Acaso Pablo Escobar fue un invento, una mentira, o un guión de Tom Clancy para una película con Harrison Ford?

No soy caricaturista o humorista, pero jamás se me ocurriría hacer algo así al pueblo hermano de Colombia, porque una descalificación lleva a otra, y a otra, y a otra....hasta que se desata la agresión, que pudo prevenirse con más responsabilidad y menos golpes bajos. 

Vladdo ha hecho caricaturas críticas hacia el gobierno y hacia Maduro, pero con la que hizo con el escudo de Venezuela, se le pasó la mano y le faltó visión, porque jugar con el escudo de Venezuela en un momento en que la tensión entre los dos países puede subir y algunos empujan aires nacionalistas para calentar los prejuicios que hay entre nuestros países, no pudiera decirse que es una acción inteligente, a pesar de la fama de sagaces que tienen los caricaturistas. Con ese dibujo, Vladdo mostró cualquier cosa menos sagacidad, lucidez, o agudeza.

Un Maquiavelo mal leído y una real politik mal digerida, ganan espacio en la política de Venezuela. La idea que “todo vale” para lograr un objetivo goza de buena salud en nuestra sociedad, a pesar que ideas así explican en parte por qué la política, los políticos, y los poderes fácticos de cualquier naturaleza, reciben amplio descrédito en Venezuela y en el mundo, y parece que no se dan cuenta.

En parte se debe a que la idea de límites –lo que da su razón de ser a la democracia- la hemos perdido.

¿Estos tres casos no sugieren que es momento para recuperar esa idea?

martes, 17 de febrero de 2015

Elecciones y excepciones

Evito opinar acerca de las cosas de los estudiantes. Muchos se expresan con genuino interés hacia este grupo, pero otros aprovechan la favorable imagen que tienen los alumnos, para endosarse lo que la expresión “estudiantes” tiene en nuestra historia: atributos todos positivos. O para terciar en sus elecciones o decisiones, la que corresponde a ellos exclusivamente.

También fui estudiante y representante estudiantil. Fui crítico –y sigo siendo crítico, afortunadamente, ahora que hace mucha falta- participé en conflictos, pude actuar -ganar y perder- tomar mis decisiones; pedir consejo, pero al final, decidir. Los estudiantes que hoy actúan en un contexto diferente al que viví, también merecen la libertad para hacerlo. Opinar desde la perspectiva de lo que uno hizo y haría hoy, parece pedante y poco útil, porque cada persona y grupo vive su momento, con los retos y decisiones de su tiempo.  

Sin embargo, me voy a salir de esa política para esta entrada del blog, porque en la semana del 12 de febrero sucedió algo que me dejó un sabor amargo; un sabor que apunta a una situación que percibo desde el año 2014 con más intensidad: un discurso que apunta a la disolución del voto, de las elecciones, como valor y acto político para expresar una opinión, para el cambio, o como espacio para dirimir conflictos, y se le coloca como algo no principal, sino accesorio. Algo “que está allí, pero es prescindible”.

En el mundo opositor gana espacio un clima de opinión -muy intenso en las redes sociales- que cambió la valoración del voto: del voto pugnaz al voto ineficaz.

Pugnaz, en el sentido de la conciencia de la desigualdad en las elecciones, pero se luchaba para ganarlas. Se valoraba el sufragio y se luchaba por su eficacia.

Ineficaz, en el sentido que se percibe que el voto no cambia nada, así se gane. No se le valora y no se le percibe eficaz. 

Pero vamos a lo de los estudiantes, a lo que me dejó el sabor desagradable, relacionado con la idea anterior.

Se hicieron las elecciones para la FCU de la UCV el 30-1-15. Ganó una fórmula y otra que compitió con el mensaje central que no era de partidos, quedó de cuarto lugar.

Llega el 12 de febrero. La opción que ganó la FCU el 30-1-15, informó de una actividad para el Día de la Juventud en la UCV. Aquí está lo que me dejó el sabor agrio: la fórmula que llegó de cuarto envió un comunicado en el cual precisó que la propuesta de la FCU para el pasado 12-2-15 no respondió al “sentimiento de todo el estudiantado” y la calificó como “aquietadora de la movilización estudiantil”. Este grupo convocó a su actividad, aparte de la convocada por la FCU, el mismo 12-2-15.

Tal vez esta “doble convocatoria” se debió a la inexperiencia o falta de tacto por parte de la presidencia de la FCU para consultar a todos los estudiantes  –las famosas “muchachadas”, las que en la política venezolana ahora no solo se ven en “muchachos”, sino en otros menos “muchachos”, pero eso ya es otro tema- y el asunto no pasó de un incidente, pero el punto agrio se mantiene y es el siguiente: competiste, hiciste campaña, aceptaste las “reglas del juego”, definiste tu estrategia, tus mensajes, tu fórmula para la FCU, fuiste a debates, te entrevistaron en medios, usaste redes sociales….pero los estudiantes no te votaron sino lo hicieron por otra opción ¿Por qué hacer una convocatoria aparte, con ese tono?

En política se gana y se pierde. Si trabajas, vas a ganar. A veces se gana perdiendo. Otras, se pierde ganando. En ocasiones, se gana ganando, y en otras se pierde perdiendo.

El sabor amargo es que las elecciones parecen que no obligan. Participo, pierdo, y si algo no me gusta, hago una actividad que contrasta con lo que hacen los ganadores de la elección. Algo así como una “FCU paralela” para el día 12-2-15.

Lo que deja el discurso de la disolución del voto es que siempre habrá una excepción para saltarse la voluntad de los electores. Participar en una elección es una rutina, que siempre puede saltarse. El sufragio no resuelve, tampoco dirime, y menos obliga a aceptar lo que los votantes digan. Está sujeto al “mientras tanto” de las excepciones.

Esta práctica la inauguró Chávez cuando perdió la reforma de 2007. El famoso “Por ahora” de esa fecha y la “Victoria de mierda”, con lo cual selló su desprecio a la voluntad del pueblo que no quiso votar su reforma, a pesar que fue él quien la promovió e hizo campaña por ella.

Aparecieron las excepciones. La derrotada reforma de 2007 se aplicó de facto, vía decretos o leyes habilitantes, porque había una excepción: una “revolución” está por encima de lo que piensen unos electores que seguramente estaban “confundidos por la propaganda burguesa”.

Maduro también le agarró el gusto a las excepciones. Los electores de un estado o municipio votan por un alcalde o gobernador que no es del PSUV, pero el gobierno de Maduro les impone unos “Protectores” para saltarse la voluntad popular, que no favoreció al candidato oficialista, y se justifica con una excepción: “Es que el gobernador no trabaja”, “Es un vago”, etc.  

Pero esta disolvente “moda” llegó al mundo no gobierno: los estudiantes votaron en una elección que ningún movimiento cuestionó, la FCU ganadora decide una cosa en el ejercicio de su mandato, pero aparece una excepción para saltarse esa decisión y hacer otra actividad ¿Y así se pretende ganar confianza en el país? Imposible.

La excepcionalidad supone que el elector no es genuino en su voto, porque “está confundido”, porque “tiene miedo”, o por cualquier razón que lo presente como voluble. Un votante que no decide, sino que es maleable por poderes externos. Volvemos a 1920 o 1930: la “teoría de la aguja hipodérmica”. Las personas no piensan, no deciden, no evalúan; solo se les “inyectan” ideologías o emociones para que se comporten de una forma que no es de ellos, sino de otros. Las "teorías conspirativas" o la "propaganda subliminal", tan en boga hoy día. 

 ¿Y durante la campaña para la FCU, las opciones “no aquietadoras” de los estudiantes, no comunicaron ese atributo? Supongo que los estudiantes sabían los atributos de las opciones, y al final decidieron lo que estimaron mejor para ese grupo.

Más que brincarse la voluntad popular de los estudiantes de la UCV, la gran pregunta es ¿Por qué los estudiantes no votaron por las opciones “no aquietadoras” de los alumnos, especialmente cuando son el grupo más activo para ir a la calle?

Mi punto es que si los electores deciden una cosa, eso debe ser respetado. No hay excepciones. Si competí y no gané, no puedo esgrimir una excepción para dejar de lado la decisión de los votantes. Haz oposición, todo lo dura que quieras; pero respeta el derecho de quien ganó a hacer su gestión.

Se dirá que lo anterior es para “tiempos tranquilos” ¿Y una excepción hará que el tiempo se “tranquilice”? No parece. 

Venezuela parece avanzar hacia una suerte de pretorianismo estructural: cantidad de jefes y jefecitos que monopolizan espacios de poder (de cualquier tipo y por cualquier medio), para hacer e irrumpir cuando les de la gana, y aunque se comprometan, violan sus propias promesas cuando les conviene, porque siempre habrá una “excepción” para burlarse de los electores: la “revolución”, la lucha por la libertad, por “los caídos”, por la soberanía, por la “patria”, etc ¿Y la sociedad? Aguantando sus caprichos, y se paraliza cuando a algún jefecito o jefecita no le gusta algo.   

Insisto en un punto que he tocado en otros artículos del blog: tal vez como nunca antes –si cabe una comparación, las elecciones de 1963, serían cercanas- el voto y las elecciones enfrentan su reto más difícil: sobrevivir y prosperar al discurso de la disolución del voto. Son más los adversarios que promotores, los que hoy día tienen el voto y las elecciones.

Nadie quiere sentirse obligado, nadie quiere medirse. Muchos quieren seguir cobrando “las rentas” de un poder que seguramente no es tal a los ojos de los votantes.

Regresamos a lo básico de nuestra historia: construir un discurso sobre la eficacia del voto, instrumental y ético, ante el discurso que lo anula.

No recuerdo si lo escuché de muchacho en las reuniones familiares en las que se hablaba de política –que no para echar cuentos sobre política, que es otra cosa- o lo leí en algún libro acerca de Venezuela, pero el mensaje es que cuando Luis B. Prieto y los pioneros de la moderna educación venezolana promovieron hacerla accesible a todos, cambiaron el Mauser por los lápices como vía para el ascenso social. Venezuela dejó de ser una excepción para ser realidad tangible.

Hoy tenemos un reto similar: que no se convierta en excepción, y sea realidad tangible en estos tiempos de cambios. 

miércoles, 11 de febrero de 2015

Socialdemócratas


Soy socialdemócrata, pero cuando pienso o veo a un socialdemócrata, lo primero que viene a mi mente es gente seria, con la que se habla de temas serios.

Pedro Sánchez, Secretario General del PSOE, por ejemplo, es una persona joven, pero hoy parece un señor al que se lo tragó el status quo. Varios de los socialdemócratas venezolanos que conozco que están en sus 30, ya parecen señores de 50 o más años. Cuando me consigo a uno, me corto para hablar, porque pienso que la conversación va a girar sobre algún documental acerca de la “transición española”, sobre la “caída del Muro de Berlín”, o el último libro de Padura. Temas interesantes, pero que ya no son suficientes para el mundo de hoy. Poco se habla de innovar desde el punto de vista político, desafiar un orden de cosas, u ofrecer un sueño o una visión a las personas, más allá de hablar que la gente “no tiene comida”, “la pobreza” (en general), o cosas por el estilo.

Demasiada seriedad es el problema de la socialdemocracia, que se ve en planteamientos como los tradicionales de “un programa”, los documentos con los temas para los “grandes consensos”, o el “concretismo” de hablar solamente “de los problemas de la gente”, aunque muchos de quienes vocean este último tema, no comunican precisamente estar pasando por “los problemas de la gente”, por lo que su mensaje no siempre es creíble.

Leí varias notas internacionales luego de la concentración de Podemos en Madrid el día 31-1-15, y las reseñas indicaron que el PSOE criticó a Podemos, al demandarle que “presente su programa”. Una crítica sin sabor político. Lo de siempre; “el programa” ¿Y la visión o programa socialdemócrata cuál es?

La socialdemocracia ha tornado hacia algo conservador, cuya única meta parece ser que la vean como un “socio político confiable”, como los campeones de los “temas de los grandes consensos”, de “los temas serios” o "estar bien con todo el mundo", más que ser una alternativa real, transformadora, con coraje de visión de mundo, que pueda competir con opciones como la de Podemos, Syriza, los partidos de derechas, el socialismo del PSUV, o las opciones anti-sistema que irrumpirán en Venezuela en algún momento, si no ahora.

Del Welfare State la socialdemocracia pasó al Pragmatism State, y el cambio lo hizo con pena, con vergüenza, para no recordar su origen. Perdió las ganas para comunicar cómo puede ser un Welfare State del Siglo XXI.  

Si me ponen a escoger entre los temas “de los grandes consensos” o los “temas serios”, y una propuesta para conmover desde el plano político, para desafiar el orden de las cosas, la que seguramente no tendrá “grandes consensos”, opto por la segunda alternativa. Pienso que los problemas mundiales reclaman más pensamiento y riesgo, porque es necesario desequilibrar un status quo que crea muchas desigualdades –no solo económicas- para buscar otro equilibrio, que mejore la vida de las personas y les ofrezca una perspectiva de vida con futuro.

Mostrarse como gente “seria” no ayuda a esa meta, sino reformar dentro de una política responsable, para corresponder la confianza que dan los electores. Un reto complejo pero atractivo.

Hay alarma por Syriza o Podemos, pero la alarma no llega a cuestionar a los partidos reformistas, fuera de la antipolítica o la indignación de cierta opinión que contempla cómo “los bárbaros” se adueñan del poder, frente a la “sociedad decente”, desplazada o en vías de ser desplazada. La política del lamento, del desahogo, de la queja; “Eramos felices y no lo sabíamos”; las fotos en tuiter, “Supermercado de Venezuela en 1998”, “Tienda por departamentos de Cuba en 1955”, o cosas así. La memoria histórica que no es capaz de reinventarse, oxidada por los resentimientos y la queja permanente.   

Antes de llegar a los extremos, los pueblos dan oportunidades a la reforma. En ese sentido, la expresión de Caldera, “Los pueblos nunca se equivocan”, es acertada.

En 2004, Syriza obtuvo el 3,30% de las legislativas de ese año. 11 años después, subió al 36,4% multiplicando casi por 10 los votos que sacó en 2004. Si la coalición en el gobierno griego de Nueva Democracia-Pasok no estuvo a la altura de los cambios en Grecia, es otro asunto, pero pasaron 11 años para que Syriza llegara al poder. 

Igual puede decirse del fenómeno de Podemos. Ante el mal gobierno de Zapatero, el pueblo español optó por el PP en 2011, partido al que le toca hacer los ajustes a la economía española. Desde las generales de 1982, los electores de España alternan entre el PP y el PSOE, con una presencia discreta de la IU.

No está claro si Podemos ganará en las generales de 2015, pero el PSOE-PP han compartido el poder por más de tres décadas. Tiempo suficiente para acometer los cambios en el sistema político español. Si los electores ibéricos penalizarán al dúo partidista, es cosa de los españoles, pero tiempo tuvieron el PSOE-PP para ajustar el sistema político español a los cambios de esa sociedad.      

En Venezuela se pudiera decir que ocurrió algo parecido. El mito del “Por ahora” de Chávez esconde que aquél tuvo un pensamiento político a los dos años de recibirse como subteniente, en 1975. En 1977 aparece el EBR –Ejército Bolivariano Revolucionario- y llegó al poder por la vía electoral 21 años después, en 1998, pero antes, el pueblo buscó alternativas a (y dentro de) AD-Copei: LCR, Irene, gobernadores, “personalidades” como Caldera (alejado ya de Copei).

Si en poco más de 5 lustros que le tomó a Chávez llegar al poder AD-Copei no fueron capaces de ir más allá de la elección de gobernadores, de alcaldes, y la Copre, es otro asunto, pero también tuvieron tiempo, el de una generación completa, para cambiar al sistema político, ante una sociedad ya moderna para los 70, dispuesta a ir más allá de la democracia mínima de 1958.

De manera que la discusión "los pueblos se equivocan” es compleja, con muchas aristas, pero lo que parece quedar claro es que antes de dar el salto a opciones radicales o extremas, los partidos reformistas tienen oportunidades para cambiar, y no lo hacen, atrapados en los “temas serios”, “los temas de los grandes consensos”, y “los problemas de la gente”, pero no hay innovación. Ni siquiera en el discurso.

Pudiera decirse que “Es la innovación, estúpidos” ¿A qué me refiero con innovar?

Vamos a verlo con Grecia, de forma rápida. En vez de aliarme con el político que llamaremos Cristalopulus para esperar a que Syriza se desgaste en el poder y entre en alguna contradicción con su programa para decir, “ven, lo dije”, apostar a q ue boten a Varoufakis; y pueda ocurrir el “estallido social de los griegos” para la mágica “transición”, y mientras espero eso, lo que hago es hablar sobre “los problemas de la gente, de los griegos” mediante TV, radio, redes sociales, notas de prensa, artículos de opinión, y saber administrar mi presencia para no desgastarme y aparecer en el momento oportuno –la receta tradicional de muchos políticos socialdemócratas (y también socialcristianos)- en vez de hacer eso con Cristalopulus, haría otra cosa.

Más que alarmar sobre el “regreso de los bárbaros”, construiría la capacidad para innovar y transformar al partido y a la sociedad.

En los 80 y 90, un top advisor famoso en esos tiempos, Yehekzel Dror, me dejó de sus lecturas, la importancia de adelantarse a los hechos políticos, que es otra forma de llamar la innovación. Pienso que esa capacidad es la clave para innovar, y que toda organización política y político debe desarrollar.

Dror estaba convencido en la capacidad técnica y profesional para construir sistemas de análisis e información política, que pudieran dar cuenta y aportar elementos para comprender la complejidad del ambiente político. Una visión técnica pero importante, en tanto busca que las llamadas salas situaciones sean profesionales, y vayan más allá del press clipping o de tediosas reuniones para echar cuentos sobre política, y que eso sea la exclusiva base para hacer análisis y ofrecer recomendaciones, muchas veces sin los facts.

Pero los facts no están en un vacío social. Y aquí los planteamientos parsimoniosos de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, del significante flotante y del significante vacío. El primero como puente para llegar a la sociedad, para poder calibrar sus aspiraciones y sueños.

Entonces, le diría a Cristalopulus, que está bien, que el escenario del desgaste está allí; está bien, pero lo invitaría a que hagamos un análisis para evaluar el contexto en donde aparece y actúa Syriza; que no nos quedemos solo en el press clipping o los cuentos de reuniones políticas, y busquemos a buenas cabezas para profundizar en el fenómeno Syriza; sin sugerir una conclusión o qué esperamos ocurra, sino dejando que cada profesional elabore su tema, para luego tener la discusión política ¿Qué cosas “flotan” en la sociedad con “nombres que permanecen vacíos”? (por ejemplo, en el caso de Syriza ya en el poder o de Podemos, de llegar al poder), lo que pudiera ayudarme a esbozar una estrategia política en plazos de tiempo, y bosquejar cómo llevarla a cabo.  

Aquí entra la política y los sueños, y el compromiso entre los dos.    

Falta la pizca del sueño a tanta real politik y enredo burocrático, los que también invadieron a los socialdemócratas. Y un sueño de vida es lo que buscan los electores. Será lugar común o discurso trillado, pero la perspectiva para hacer una carrera moral mueve, y eso trasciende hablar de si se consiguen o no los pañales, o el jabón para lavar, porque no son los únicos “problemas de la gente”.

El “concretismo” hace de la socialdemocracia un mero reflejo de la sociedad, pero no su espejo y menos su conciencia. A la socialdemocracia le falta más sueño y menos “concretismo”.  

Puede ser ingenua esta visión, pero la prefiero a esperar al desgaste de un gobierno y, cuando está cerca, salir corriendo para tomarme la foto, con la excusa que la política “es una misa a cuerpo presente”. A ese “cuerpo presente” le falta diagnóstico y contexto. No es la técnica por adorar a la técnica –porque en política, se sabe que terminan en autoritarismos- sino la técnica en función de ofrecerme un diagnóstico y contexto, para ubicarme en el presente pero anticipar el futuro.  

Posiblemente la idea de Hubard del “demócrata enojado” ayude a los socialdemócratas a salir de la modorra de los “temas serios”, y puedan anticiparse a los “temas de los grandes consensos” del futuro, y en ese ejercicio de anticipación, dinamizar la acción política, para que sea seria en su concepción, pero fresca en su ejecución.