Léeme en otro idioma

domingo, 24 de mayo de 2015

¿Es posible una "tercera vía"?



Las “terceras vías” –organizaciones que irrumpen con éxito entre dos bloques políticos importantes- en la historia de Venezuela no son nuevas.

Se recuerda la anécdota que se le atribuye a Petkoff al definir al MAS en tiempos de AD-Copei, “Como un Volkswagen entre dos gandolas”. En los 90, el MAS y LCR tuvieron roles de “terceras vías”, que perdieron por falta de visión y las mezquindades propias de la política venezolana.

A la hora de votar, también hay historia sobre la intención de voto hacia “independientes”. En enero de 2010 -8 meses antes de las parlamentarias de ese año- en IVAD, la intención de voto fue: 32,6% PSUV, 20,8% Unidad, 33,1% “candidatos independientes”, y 13,5% Ns/Nr.

Si la equivalencia es posible, ese 33% de independientes fue tragado por la polarización PSUV-Unidad porque el resultado del 26-9-10 fue: 48,14% PSUV, 47,2% Unidad, 3,14% PPT, y 1,47% Otros. Sumados PPT + Otros es 4,61 por cierto.

¿Será ese el destino de las “terceras vías” en las parlamentarias de 2015? No es tema de esta entrada, sino argumentar si una “tercera vía” es posible.

La respuesta es sí. En las municipales de 2013, las organizaciones no postuladas por la Unidad o el PSUV –aunque cercanas política o doctrinariamente a los dos grupos políticos- sumaron 1.273.703 votos o 11,6% de la torta electoral municipal, porcentaje pequeño, pero que llamó la atención en ese entonces, porque no fue esperado.

En una exposición que hice en un seminario de la UCAB el día 26-2-14, formulé la misma interrogante, con un sí tentativo como respuesta. Pregunté en ese foro, “¿Quién será el Beppe Grillo venezolano? ¿Tendremos en un futuro movimientos no partidistas formados por artistas, intelectuales, anclas, profetas, que compitan con éxito con las organizaciones políticas?”.

Los resultados de las primarias de la Unidad el día 17-5-15 y la encuesta de la UCAB/Delphos Percepciones ciudadanas del Sistema Electoral Venezolano, con campo 10 al 25 de abril de 2015 y una n = 1.200 entrevistas, me llevan a pensar que el sí como respuesta, hoy es consistente.

Por supuesto, que la posibilidad de una tercera vía exista en los datos es una cosa, pero que se concrete es otra. Y si se concreta, que lo haga de acuerdo a las expectativas de quienes la esperan, también es otro asunto.

Lo anterior, porque muchos se disputan la progenitura de la “tercera vía” debido a que el olfato político les dice que por allí hay una oportunidad política que no se ha llenado. Es la apuesta que hacen Marea Socialista, el MAS, el movimiento que encabeza Ricardo Sánchez, y el activismo que promueve Claudio Fermín.

Si me preguntan, diría que estos grupos no son “tercera vía” sino descontentos con los grupos más importantes (PSUV o Unidad) que buscan “su vía” para tener sus espacios de poder para influir y negociar, que es como se hace la política en Venezuela: abre un nicho aunque sea pequeño, y lo demás viene solo ¿La meta? en algunas de estas personas, no es la AN o promover a los "activistas de abajo", sino la mira está puesta en las presidenciales de 2018. 

También, muchas de las personas que buscan la “tercera vía” son conocidos y estuvieron en posiciones de poder para hacer los cambios que hoy reclaman como si nunca hubiesen tenido poder o influencia. Ahora a un gentío le da por decir que son "cachilapos", como si la sociedad no tuviera memoria de quiénes son o de las posiciones que ocuparon. 

Pero posiblemente para la sociedad sí son “tercera vía”. Venezuela es un país tan inercial, que tal vez lo que se entienda por “tercera vía” sea cualquier movimiento o persona que canalice la molestia que hay hacia la Unidad o hacia el PSUV, sea de gente nueva o menos nueva. Cualquiera que llene ese vacío, ya es el tan codiciado por muchos outsider.

También otro problema es el contenido de la “tercera vía”. Hoy, entendería por “tercera vía” una opción de ruptura con lo que hace la Unidad o el PSUV –sean en las versiones moderadas o extremas de cada uno- no solo en el plano del discurso o la retórica “atrapa públicos”, sino en la visión y en la práctica política.

Pero también lo anterior es otro problema. Posiblemente, la sociedad no quiera una ruptura sino que las “cosas se hagan mejor”. Tal vez quiera un socialismo más eficiente, menos autoritario y menos corrupto. O un gobierno de unidad con “las caras que le dicen algo al país” y un “gran acuerdo de elites” para que el sector privado pueda trabajar, con un populismo benefactor.

Ninguna de las dos versiones cuestionaría el fondo de la economía política nacional o la forma cómo se maneja el poder en el país. Tal vez Venezuela no tenga ganas de cuestionar su naturaleza productiva como sociedad, sino lograr que el ordeño de la renta sea algo más democrático hacia la base, y si por eso los grupos de la cúpula tienen un share algo mayor al resto, no es problema, porque hay una suerte de trickle down rentístico. Y todos felices.

Pero no sigamos más. La entrada es para aportar algunos datos que sugieren que una “tercera vía” sí es posible hoy. Cómo será, quiénes la encabezarán, cuáles serán sus propuestas, sus posibilidades reales, son temas para otra discusión.

Aunque el estudio de la UCAB/Delphos no aporta en la presentación oficial los famosos “tabulados” ni el wording original de las preguntas del cuestionario, algunas conjeturas se pueden hacer, con la salvedad que no tienen la fuerza que da hacerla con los “tabulados”. Tampoco voy a tocar todos los números que tiene el estudio de opinión, aunque provoca, pero haría la entrada demasiado larga y quizás aburrida para leer.

Veamos. La UCAB sugiere que ocurre un proceso de “despolarización”, aunque si se presta atención a las categorías de la misma encuesta, más bien luce un proceso de desafiliación que de “despolarización”.

Así, la presentación dice que el 44,9% del país son los “resteados” (con la MUD o con Maduro), pero el 55% son –uso esta categoría que no está en el estudio, pero para seguir la equivalencia con el discurso de la encuesta- los “no resteados”, pero no quiere decir que no tengan una posición, es decir, los números del estudio sugieren que “están polarizados” pero no hacia los polos que dominan. Es una “opinión cimarrona”, si se quiere.  

Así, del 55% un 25,3% opinó que “Todos los políticos son iguales”, un 16,4% es “chavista no madurista”, y un 13,3% es “oposición no MUD”. Destaca el dato que uno de cada 4 venezolano no ve diferencias entre los políticos criollos.

Mi hipótesis para esta configuración de los datos es que la opinión pública hoy es monopolizada por los extremos de “ambos bandos”, con todo su “arsenal” comunicacional: medios, “matriceros de opinión”, “operadores políticos”, “bajadores de líneas de opinión”, difusores, intelectuales, opinadores, gatekeepers y “vigilantes” (para ver si la gente “se porta bien” en la opinión; los "bozales" de los que habla el "Pollo" Brito para explicar por qué dejó el programa Portada's del canal 4); y las opiniones no extremas tienen una presencia marginal o residual, pero el precio que pagan los extremos por su dominio del mercado de la opinión es la desafiliación de la mayoría del país, que se convirtió en algo como una “opinión rebelde” frente a la “opinión correcta” que imponen los extremos en su monopolio opinático.

Otro dato que me impactó bastante es la proyección a futuro en la calidad de vida de los hijos.

No tengo hijos, pero la cifra es brutal y me dejó ver lo altísimo de las expectativas negativas que hay en la sociedad venezolana. Tal vez como soy optimista a pesar de lo duro de vivir en este país y marco distancia con las opiniones destructivas que son comunes en el habla cotidiana venezolana, esas expectativas no sean tan salientes para mi, pero constatar lo que uno intuye por olfato en un estudio, pega.

Así, 41% opinó que sus hijos van a vivir “igual de mal o peor” en el futuro. 18% dijo que “igual de mal”. Un 31% que vivirán mejor. 10% que vivirán “igual de bien”. Si se redondea, un 60% proyectó un futuro sombrío para sus hijos, y un 40% pronosticó un futuro amable para sus descendientes.

Esa percepción opaca sobre el futuro puede traducirse en frustración que a su vez se desplaza como agresión. Dos casos llamaron mi atención: el comportamiento anómico de vecinos que protestaron contra la inseguridad en Palo Verde el día 22-5-15, y la intensidad de las amenazas reportadas en el caso de la muerte de la mascota “Cotufa”, ocurrida en una clínica veterinaria en Caracas, el fin de semana del 17-5-15.

Escucho o leo con más frecuencia en personas prototipos “clase media” o en urbanizaciones “clase media”, las expresiones “Nos están matando” (sea la delincuencia o la inflación) y “Nos abandonaron” (todos los dirigentes, sean del gobierno o de la oposición), que comunican una percepción de abandono, de carencia de referentes, y de una gran vulnerabilidad (el "Nos").    

Finalmente, la intención de voto para las parlamentarias. Un 54,7% expresó claramente por cuál grupo político va a votar (Unidad o PSUV), pero un 45,3% manifestó otras opiniones: un 16,4% dijo que “no votaría por ninguno” (de la Unidad o del PSUV), un 8,2% que “no iría a votar”, y un 20,7% que “no sabe”.

Llama la atención el 16,4% que opinó que “no votaría por ninguno”. También parece existir una “intención de voto cimarrona”, con menos fuerza que la desafiliación a los bloques, pero no desdeñable: cerca de 1 de cada 5 venezolano dice que “no votaría por ninguno” (de la Unidad o del PSUV).

Ahora paso a comentar un dato de las primarias de la Unidad del día 17-5-15. Al igual que en la encuesta de la UCAB, sobre las primarias hay mucho qué analizar y tela que cortar, que escapa a esta entrada. Solo voy a comentar los datos obtenidos por los partidos de forma individual.

Una de las “matrices de opinión” de la noche del 17 fue que “los moderados ganaron y los radicales quedaron debilitados”, pero al ver los números individuales de los partidos, no parece ser así.

Reitero mis diferencias con “la salida”. Durante el tiempo en el cual formé parte la Secretaría Ejecutiva de la MUD, manifesté mis diferencias con esta opción para hacer política, e insistí en concentrarse en reformar la MUD a partir del "Informe Hospedales", seguir la ruta electoral, y prepararse para las elecciones a la AN (que hoy están a la vuelta de la esquina). Cuando salí de la Mesa, igualmente expresé mis diferencias con "la salida" (en este blog, por ejemplo). Hoy las reitero. Ahora bien, los números de los partidos individuales en las primarias del 17-5-15, sugieren que “la salida” salió bien en los votos.

Veamos. Efectivamente, PJ es el partido que obtuvo más sufragios (125.916), seguido de VP (116.371), pero la diferencia entre el primero y el segundo no es mucha. Es de 9.545 votos.

Sin embargo, PJ es un partido que nace como asociación civil en 1992 y como partido en 2000. Ha tenido dos candidatos presidenciales, votos nacionales, parlamentarios, gobernaciones, alcaldías, y poder político. Voluntad Popular como movimiento aparece en 2004, se presenta en 2009, y es reconocido por el CNE en 2011, y también tiene funcionarios electos, pero como partido es mucho más reciente que PJ.

Si existiera algo como una medida de la “energía política requerida” para lograr los votos, pudiera decirse que los sufragios de PJ requirieron más “energía política” que los votos de Voluntad Popular. PJ luce un partido en su madurez, y VP luce que está en su fase de crecimiento, con una pendiente más pronunciada que la de PJ, que parece de crecimiento más discreto o estable.  

Vente Venezuela es más reciente que VP. Su tuiter data de 2012 y el CNE negó su reconocimiento con ese nombre en mayo de 2015. No obstante, obtuvo 19.679 votos en las primarias del 17-5-15. Si se busca una medida de magnitud, Vente sacó casi el 40% de lo que lograron UNT y PV (47.793 y 49.812 votos respectivamente). No obstante, estos dos partidos tienen más tiempo de haber sido fundados –PV desde 1995 con ProCa y UNT desde 1999- y han tenido candidatos presidenciales, votos nacionales, y puestos políticos.

Para dar otra medida del potencial de estos dos movimientos políticos, tomo un par de resultados individuales de las primarias.

En el caso de VP, el circuito 2 de Táchira -7 municipios al oeste del estado- Gaby Arellano fue por VP y Wilfrido Tovar fue apoyado por todos los demás partidos. Arellano ganó cómoda con el 62,95% de los votos, a pesar que Tovar tuvo el respaldo de los demás partidos.

En el caso de Vente, el circuito 3 de Falcón –donde está la capital del estado- Vente postuló a José Amalio Graterol quien perdió ante Eliézer Sirit, pero por apenas 327 votos. Sirit es diputado por el estado, Secretario General de AD en ese estado, y fue apoyado por todos los partidos de la Unidad. Graterol le ganó a los candidatos de Copei y de LCR.

Escribo de los casos de VP y Vente porque se presentan como movimientos de ruptura. Si lo son o no, es tema para otra entrada –en lo personal, no son los movimientos con los que me identifico para una “tercera vía”- pero se presentan así, y en política como en psicología social, “percepciones son verdades”. Posiblemente sus votos tengan como motivos, entre otros, que son percibidos así por buena parte del electorado opositor, y por eso, su crecimiento. 

Hoy VP me luce en vías de ser un partido de masas, mientras Vente lo veo como un partido de cuadros y de notables. Si pueden mantener la pendiente de crecimiento o caen en lo que es tradicional en los políticos venezolanos que es sobre-estimar un éxito y en jugadas audaces, perderlo todo, el tiempo lo dirá. Tampoco es objeto de esta entrada evaluar este escenario.   

¿Se concretará una “tercera vía”? Pienso que sí, aunque quién o cuál organización será la protagonista o la cabeza de esa alternativa, es difícil pronosticarlo.

Tal vez sin darnos cuenta, la sociología electoral venezolana esté dando un giro de 180 grados. No creo que sea un regreso hacia el multipartidismo fragmentado que vivió Venezuela durante los primeros lustros del experimento democrático de 1958, ni tampoco el policlasismo que le dio cohesión a la sociedad venezolana.

Si los "Volkswagen" podrán sobrevivir con éxito a las "gandolas" y eventualmente adelantarlas, es lo que veremos en los próximos tiempos. 

sábado, 16 de mayo de 2015

La economía política de la dolarización


El anuncio de Ford que venderá carros en dólares, tal vez sea la clave para entender cómo se levanta una nueva estructura económico-social en Venezuela, profundamente distorsionada, pero tal vez acorde a la realidad de un país también profundamente distorsionado, lo que evita que decisiones osadas, pero que atenúen los desequilibrios, se tomen.

Maduro perdió varias oportunidades para ofrecer soluciones que hubiesen corregido o reducido los terribles desequilibrios económicos a los que los ciudadanos nos enfrentamos diariamente. Por ejemplo, baterías para carros de 3.900 “BsF” que se venden a 34 mil “BsF”. Un mundo económico irracional.

Pudo hacerlo en 2013. También hubo otro momento en diciembre de 2014. El último tren que Maduro dejó pasar fue durante el acto del 1-5-15, en donde pronunció un extraño discurso. 

Como ocurre con la crisis, a medida que pasa el tiempo para corregirla, toma vida propia y el retorno a lo normal se hace más difícil y más irreal, lejano para la imaginación de las personas. Por eso –desde el punto de vista de la psicología social- las personas “se acostumbran a la crisis”. Pensar en un futuro mejor, requiere de un titánico esfuerzo cognoscitivo y motivacional, que la mayoría no puede hacer –porque no quiere o no puede- y lo que da equilibrio a la auto estima para la vida diaria, es “acostumbrarse”.  

La noticia de Ford confirma lo que es evidente: que el gobierno necesita dólares. Que ya no hay. Los invirtieron, los botaron, los regalaron, o los robaron, pero se acabaron. Que la época de oro de Chávez ya pasó, y que el “Pacto de los dólares” se deshizo, y este anuncio posiblemente sea un esbozo sobre cómo será el “Pacto de los dólares” de Maduro, diferente al de Chávez.

Chávez entendió que la sociedad venezolana es consumidora intensiva de dólares e importaciones baratas y abundantes. Para lograr la aceptación política, había que permitir la captura de renta.  

Chávez atragantó al país de divisas y de cuanta cosa importada pudiera traer, las dos baratas –subsidiadas; ahh…qué tiempos aquellos del 2,60- lo que, por cierto, plantea un dilema ético de cierta protesta: por ejemplo, Maduro fue caceroleado desde apartamentos de venezolanos en Panamá, durante la Cumbre de las Américas…..pero muchos de esos apartamentos fueron comprados con el subsidio cambiario de Chávez (junto a la bonanza criolla por esas tierras). Que sus dueños los adquirieron con su “trabajo” y “a mi nadie me regaló nada”, no lo pongo en duda, pero esa prosperidad venezolana en Panamá (o en otra parte), fue posible desde el punto de vista de la economía política, por una lógica orientada a facilitar la captura de la renta para lograr la estabilidad y la aceptación política, que al final Chávez logró; “Presidente Chávez”, decían enérgicos muchos de quienes en 2002 le designaban despectivamente, “el Teniente coronel”.

Del famoso “70% de popularidad de Chávez” ¿Cuánta varianza pudiera atribuirse a los efectos del “Pacto de los dólares” en la sociedad, o todo fue “el carisma de Chávez” como nos dicen los analistas?

Aún en los momentos más difíciles de su Presidencia, Chávez respetó los mecanismos para capturar rentas, vía dólares e importaciones baratas. El control de cambios y de precios vinieron en 2003, pero luego del paro promovido por la oposición. Aún así, existió la permuta hasta 2010, que tal vez fue eliminada por una razón doctrinaria –el “efecto Giordani”- pero también por una razón política: Chávez percibió que los “boliburgueses” y sus asociados "no boliburgueses", tendrían mucho poder, y ese era el límite para Chávez. Era la época en la que todo el mundo tenía "agendado" un “almuerzo” con “Perucho” (Torres Ciliberto), o un “desayuno” con “Ricardo” (Fernández Berrueco), en algún buen hotel o restaurante de la ciudad, sitios desde donde también se maneja el poder en Venezuela.

Aún con todo eso, Chávez respetó los dólares. Incluso a sus adversarios más acérrimos, les quitó el poder político o la capacidad para tumbarlo, pero les dejó los dólares (por ejemplo, Cisneros), y fue solo al final de su tiempo en vida que atacó activos de adversarios (Cedeño o Mezerhane).

Maduro piensa de otra forma. No quiere dar dólares baratos a la sociedad. Quiere controlar todos los mecanismos para la captura de rentas. Todavía no sé los motivos para esto, si son doctrinarios o si es por necesidad (no hay dólares, luego, hay que cuidar los pocos que hay para mantener la estabilidad política).

La lógica de la economía política de Maduro tiene una vía distinta a la de Chávez: a éste, que los dólares salieran no parecía importarle mucho; era parte de la dinámica para lograr la aceptación política. Para Maduro, lo importante es que entren dólares, que se evidencia en su discurso sobre lo que llamó el “cadivismo”, término que mencionó en 2013, cuando solicitó su primera habilitante.

Así, me luce que el gobierno adelanta un experimento, cuyos efectos no percibo serán buenos. Es algo como, “Un país, tres economías”, que tiene la ventaja que no asume abiertamente lo que pasa –que va acorde con la ausencia de liderazgo que hay en Venezuela- y permite diluir sus consecuencias en una realidad muy cambiante, que es lo mismo que decir más imperceptibles. 

Algo como la “modernidad líquida” de Zygmunt Bauman. Los costos sociales de un ajuste también pueden ser “líquidos”, como lo vivimos en Venezuela. Una inflación que economistas cercanos al gobierno estiman en cerca de 7% mensual, se puede licuar en tres economías, y sus efectos se viven, pero no pueden nombrarse, construirse verbalmente, porque no existen; para empezar, no hay cifras oficiales acerca de la subida de los precios. Lo que no puede nombrarse, no existe, aunque se viva.

La primera economía es la que bosqueja el aviso de Ford: la economía en dólares, en la que va a reconfigurarse el “Pacto de los dólares”, versión Maduro.

La lógica de esta economía es como no hay dólares, tampoco confianza en la economía, ni el gobierno quiere dar dólares subsidiados, los precios de determinadas áreas se fijan en dólares, con lo que luce plausible que puedan venir algunas divisas, porque el incentivo puede ser que el producto se consiga. 

La prensa informó que Ford ya tiene cerca de 1.200 pedidos para carros en dólares. Aunque esos pedidos para la capacidad instalada –añade la prensa- representan un porcentaje pequeño, sugieren que hay un público con el poder de compra para adquirirlos, sea porque compró los dólares en Simadi o “el paralelo”, o los trajo de afuera para cerrar el negocio en el país. 

En los dos casos, hay capacidad para producir bolívares –la EcoSport al cambio Simadi de 198 “BsF” por dólar, cuesta más de 7 millones de “BsF”, más de 900 salarios mínimos ¿Cuántos en Venezuela con ingresos en bolívares pueden acceder a ese carro, el más económico de los ofertados?- o se tiene el patrimonio en divisas, que permite generar dólares o recibir intereses si tengo bonos de la república, por ejemplo, y con esos intereses, poder llevar una vida en Venezuela muy por encima del promedio nacional. Por ejemplo, si voy a una emergencia en una clínica, y me cuesta “BsF” 20 mil, esa cantidad al cambio de Simadi de 198 “BsF” por dólar, son 101 dólares ¿Eso es lo que costaría en EUA, en Miami, digamos? No creo.

Es aquí en donde puede darse la corrección en el “Pacto de los dólares” versión Maduro, que no tendrá el esplendor que tuvo el “Pacto de los dólares” con Chávez. Este decía, “Te regalo los dólares, pero aceptas que soy el titán, y me llamas Presidente Chávez, no Teniente coronel”. Maduro dice, “Me importa poco si me aceptas o si me llamas Presidente, tampoco te regalo dólares; es más, trae tu tus dólares o cómpralos sin subsidios”. Este es el “Pacto de los dólares”, versión Maduro.

Aunque chocante porque crea una especie de economía “VIP” frente a otras, esta versión del “Pacto de los dólares” puede funcionar para los sectores de la sociedad venezolana que ya dolarizaron sus precios de referencia, y cualquier precio en “BsF” automáticamente lo llevan a dólares, y casi siempre dicen, “En EUA costaría más, por lo que aquí es barato”. Legalizado ya un mercado cambiario fuera del oficial, estos sectores pueden traer sus divisas y llevar su vida en Venezuela con la referencia en el valor del dólar, y acceder con más facilidad a productos o servicios que son escasos.

La segunda economía es la economía del Estado, centrada principalmente en el Welfare state socialista y lo que representa como subsidios en términos del PIB. De acuerdo al economista Guillermo Ortega, estos subsidios montan el 15% del PIB, valor alto nos dice el economista, si se comparan, por ejemplo, con el subsidio a la gasolina que es del 3% del PIB, que cifras del gobierno consolidan en 12 mil millones de dólares. Es decir, el Estado de bienestar socialista representa 60 mil millones de dólares, aproximadamente. 

Es la economía de las misiones, del 6,3 y del 12, orientada a reducir los efectos de las distorsiones de la economía nacional en todos los públicos, aunque principalmente en los públicos populares –clases D y E- en los que el gobierno tiene importantes apoyos.

Es la economía referencia desde el punto de vista político. Es decir, si el gobierno tiene que sacrificar la economía en dólares o la economía en bolívares para mantener la estabilidad política en la economía del Estado, lo hará (ya lo hace), y desde esta economía política el debate del gobierno sobre Polar, por ejemplo, puede ser en estos términos ¿Tomar los canales de distribución de Polar será factor de estabilidad o de inestabilidad en la economía del Estado y sus efectos en los públicos E y D? Si es factor de estabilidad, los incentivos para alguna acción contra Polar son mayores. Si desestabiliza, mantener el status quo puede ser la opción principal del “árbol de decisiones” de la economía política de las expropiaciones.

La tercera economía es la economía en bolívares. Es la economía en la que las distorsiones se viven con más crudeza y rudeza, y es la “más liberal” si se quiere, en tanto es un “dejar hacer, dejar pasar” porque la variación de los precios de un mismo producto puede ser irracionalmente alta. La molestia social se concentra aquí.

Es la economía que afecta mayormente a la clase media, versión democrática-liberal, y a los demás grupos cuando salen de las otras dos economías. Por ejemplo, una persona que salga de comprar en PDVAL, camine dos cuadras, y entre a comprar el mismo producto en un automercado privado.

Es la economía de quienes viven de su salario, de sus honorarios profesionales, de quienes tienen un empleo fijo o son profesionales liberales; la economía de los maestros y de los profesores universitarios, por ejemplo.

La economía política aquí es la capacidad de organización y movilización que tengan los grupos afectados para obtener del Estado o del patrono privado, mejores ingresos o algún tipo de beneficio en los contratos colectivos.

Hace unas semanas, me entrevistó una periodista de Colombia para hablar sobre política. Una de sus preguntas fue a qué cosas les tengo miedo; mis miedos. Le respondí que mis miedos no son a la inseguridad o a la represión política. Sobre la primera, porque uno ya internalizó que sale de su casa “a su cuenta y riesgo”; en cuanto a la represión, por mi manera moderada de ser en lo político y por ser un cachilapo o “Don nadie”, no soy “blanco” apetecible para la violencia política, sea del gobierno o de otros sectores, más allá de las descalificaciones rutinarias provenientes de la gente “que sí tiene dignidad”.

A continuación, le dije que lo que sí me causa miedo es la conciencia de vivir en un país escindido, fragmentado, de compartimiento; de límites, de feudos, anclado en el pasado y en sus complejos; y dada la capacidad infinita para el resentimiento que tienen todos los grupos sociales venezolanos sin excepción, estar consciente cómo mi generación lucha para no ser tragada por esos resentimientos, para aportar al país y evitar el destino de ser una suerte de “muerto en vida”, que es un escenario muy real y cercano, en un país con fama de ser un "trapiche generacional" como es Venezuela. Le dije que pensar sobre eso sí me da miedo.

Pensar en estas tres economías refuerza en mí la idea del país fragmentado, de compartimientos con identidades rígidas. Algo como la Venezuela inmediata a la Independencia. Los héroes de uniforme regresaron victoriosos, y con pocas excepciones, “ganaron y cobraron” en grandes extensiones de tierra, que a su vez repartieron de forma jerárquica en lotes para hacer allí espacios feudales, definidos por la lealtad y la poca o nula movilidad social. Luego, vino la alianza con los “doctores” y la “gente bien” –la poca que dejó la guerra de Independencia- que en parte explica la lucha política de la Venezuela del Siglo XIX.

Aunque la historia no se repite tal cual; pero no sé, me luce que Venezuela es una sociedad cada vez más rígida, donde pequeños grupos son los que deciden el destino de Venezuela, sea “el alto gobierno” o las “familias reales socialistas”, o el G7, G5, G10, G4 o G-lo que sea, en la oposición, o grupos o personas de los nunca bien ponderados "poderes fácticos"; y al resto lo que nos queda es movernos lo mejor que podamos en la economía en donde uno se ubique, y repetir la “línea” que bajan los “operadores políticos”, para mostrar que me “estoy portando bien”, y ser uno más de la corriente o del rebaño de la opinión y del comportamiento.

Tener conciencia sobre esta realidad reafirma en mi la necesidad de pensar en un proyecto nacional integrador como manera de atenuar la conciencia de la exclusión, y afirmar mis valores socialdemócratas, en tanto un Welfare state para estos tiempos, no puede ser sectario ni tampoco un país se puede hacer exclusivamente con “mi grupo” o “mi tribu”, cual feudo venezolano del Siglo XIX.

jueves, 7 de mayo de 2015

House of Cards



Terminé de ver la tercera temporada de House of Cards de Netflix. No hay duda que el drama atrapa. Vi los 13 capítulos en una semana (también ayudado por el racionamiento de agua y que no consigo la batería para el carro, situaciones que me obligan a llegar temprano a casa), y ya estoy a la espera de la cuarta temporada ¿La espigada Claire pedirá el divorcio a Francis? ¿Se caerá la tiranía de Urderwood? ¿Remy seguirá fuera de la política? ¿Podrá Stamper seguir siendo un autómata, obsesionado con probar su lealtad a Frank? ¿Resolverá Jackie Sharp quién es Jackie Sharp? ¿Dumbar logrará alienar a los votantes, al apelar a su frustración, para recortar a Underwood?

No sé de TV o cine, pero el guión de la tercera temporada me parece bien trabajado y escrito. Esta temporada me gustó más que las dos primeras, las que me parecieron algo forzadas desde el punto de vista político. Todo le salió bien a Frank Underwood; para todo tenía un plan, todo lo que quería lo obtuvo. No sé si la fortuna sea tan generosa así, incluso con Frank Underwood, cuyo rápido ascenso a la oficina oval fue la trama de las sesiones uno y dos.

La etapa tres cambió el eje del relato de la serie. Ya no son las situaciones, sino los personajes y sus dramas shakesperianos, como corresponde a una personalidad política que se respete. Personalidades complejas, con miserias y grandezas, con una gran ambición, que hace que nunca sean personajes definitivos. Cambian, se transforman, pero como la energía, no se destruyen, y a diferencia de la energía, crean. Esa complejidad interior de los personajes es el centro de la tercera temporada de House of Cards. Underwood habló menos a la cámara, como pasó en las temporadas iniciales. Comenta menos, porque no es en off, en un tiempo que se detiene, ahora es él actuando. La cámara le habla a él, para verlo en acción, no haciendo una reflexión maquiavélica con el tiempo detenido.

Underwood se convirtió en un pequeño tirano tratando de salvar su reino, porque la tercera temporada cerró con un Frank victorioso en la primaria de Iowa, pero su pequeña tiranía comienza a hacer aguas. Esta vez, la fortuna no fue generosa con el muchacho de Carolina del Sur.

Pero las alternativas a Underwood no parecen ser mejores. Heather Dumbar también calza en el prototipo de tirano. Su aspereza aumenta a la misma velocidad que la campaña presidencial, con un rostro inexpresivo, duro, sin humor, sin vida –su familia es desconocida, aunque la tiene, a diferencia de Jackie Sharp, en la que su vida familiar forma parte de la trama- asume que encarna la constitución norteamericana, y un destino manifiesto para ser Presidenta de los EUA. Dumbar nació para ser Presidenta.

Frente al corrupto de Underwood, ella se presenta como la salvadora que apela a la frustración de los ciudadanos con la política, a pesar de haber nacido en “cuna de oro”; “We have to put limits on the executive bonuses” y “We have to raise the minimum wage”, son sus gritos de batalla.

Entre el tirano que quiere quedarse en la Casa Blanca y la tirana de la "dignidad", está Jackie Sharp. Quiere ser maquiavélica; está en una posición que la obliga a hacerlo y pudiera hacerlo, pero sus dudas sobre su verdadera naturaleza como persona, hacen que al final sea manipulable por todos: su esposo, Frank, Dumbar, las circunstancias. Jackie quiere ser algo que no puede ser. A diferencia de Remy Danton –su verdadero amor- no tiene la fuerza de voluntad ni el carácter –aunque está un puesto de poder- para ser lo que ella quiere ser. Al final, siempre cede y casi siempre pierde. Queda entre dos fuegos, no satisfecha, pero sin la fuerza para imponerse o disuadir a la implacable Dumbar o al despiadado Underwood. Jackie Sharp ¿Esposa, amante, congresswoman, o pieza manipulable dentro de un engranaje político? Tal vez ni la propia Jackie lo sepa, y por eso su tensión existencial.

La temporada tres culminó con la ida de Claire, “Te dejo Francis”, fueron sus escuetas palabras. Claire siempre ha sido una bóveda de emociones, a prueba de todo. Su vida un misterio; el aborto, ¿fue una escort VIP?; su diario, el tesoro que guardó Stamper y que usó para regresar al cobijo de Underwood, como prueba máxima de lealtad al jefe, ya que Dumbar estaba dispuesta a pagar por el diario para hacer campaña sucia contra Frank.

Esa bóveda explotó en la tercera temporada. Francis y Claire no solo son esposos, son una partnership -el cigarrito que fuman juntos, luego de la jornada de trabajo, ya en casa- algo como “Francis & Claire Co” o “Underwood LLC”. Cada quien tiene su rol dentro de la división del trabajo para llegar a la Casa Blanca. Los dos se necesitan mutuamente para reforzar su seguridad y darse fuerzas. Los dos exploran con los límites, como el “menage à trois” con Meechum, en la temporada dos.

En esa exploración por los límites, está quién lleva los pantalones en la partnership, cuando increpa a Frank para que le haga el amor con una dosis de masoquismo. 

Claire siempre tuvo la certeza que gracias a ella, Francis llegó a la cúspide, pero Underwood había logrado mantener esa emoción de Claire bajo control, y tal vez pensó que al nombrarla Embajadora de los EUA en la ONU, esa emoción sería invisible. Fue al revés.

El corto tiempo de Claire como diplomática fue suficiente para remover y abrir esa bóveda ¿La llave? El activista Michael Corrigan, preso en Rusia por defender el matrimonio y los derechos homosexuales.

Underwood y el Presidente de Rusia, Petrov, negociaron la liberación de Corrigan, a cambio de importantes concesiones de Frank y unas palabras que Corrigan debió decir, benevolentes hacia Petrov, otro tirano quien, al menos, lo reconoce.

Claire le comunica a Corrigan la noticia que será liberado, pero debe decir ese discurso. Corrigan se niega. Es un activista, no es un político; no quiere ser famoso ni ser un símbolo. Asume su fatum con aplomo. Su matrimonio con otro hombre no funcionó, pero se siente llamado a dar el ejemplo de lucha por los derechos de la comunidad gay.

Claire, acostumbrada a imponerse, le dice que ella no se irá de prisión sin él. Insiste e insiste. Frank logra nuevos términos con Petrov, y cuando Claire pensaba que Corrigan estaba convencido por el nuevo arreglo, se queda dormida en la prisión. Corrigan, atrapado entre la presión de Claire y su conciencia de activista, se suicida con un pañuelo de Claire, quien no se dio cuenta, y lo supo cuando la despertaron al día siguiente.

¿Cómo es eso que alguien muera por sus convicciones, si la política es negociar? El aplomo sereno de Corrigan, quien asumió su destino al ver la muerte como liberación, le movió el piso a Claire, quien se descargó en la rueda de prensa de Underwood con Petrov para anunciar el acuerdo sobre el Valle del Jordan, incidente diplomático que agrió la recién conquistada amistad Francis-Petrov, que venía de un punto bajo.

En Claire hay algo parecido a Jackie Sharp. Hay algo en ellas que les dice, “Tienes que ser otra persona”, pero no pueden. La ambición –Claire- o la debilidad de carácter –Jackie- hacen imposible que esa “otra persona” se realice. En el pasado, también la conciencia de Claire fue interpelada, pero al final, la ambición pudo más que esa “otra persona”.

La llegada del escritor Yates para escribir el libro sobre Frank y “América Trabaja”, fue otro factor que catalizó la bóveda de emociones de Claire. Al principio, Claire no gustaba del escritor. Luego, cambió al despertarse en ella la idea que “Gracias a mí, Francis es lo que es”. Tomó conciencia de eso al leer el primer capítulo del libro de Yates. Eso desató la ambición interna de Claire, y puso de relieve el cinismo en que estaba la relación entre la rubia madura y el Presidente de los EUA, a partir de la designación de Claire como Embajadora, cuya gestión no fue exitosa. Tan fracaso fue, que Petrov -quien ve a Claire con los ojos de quien quiere solo satisfacción sexual con una madura acuerpada- humilla a Frank al pedirle la cabeza de su esposa fuera de la ONU, a cambio de algunas concesiones diplomáticas rusas.   

Se dio entre Claire y Francis algo como un “juego de tronos” metafórico y discursivo, en la que Claire reclamó a Frank su preeminencia, su rol como ductora política. Ella es el origen de la causa, pero Francis le quitó su “trono”. También la manipuló. Hizo creer a Claire y se hizo creer, que ella tenía cualidades para ser diplomática, pero al fracasar el plan para el Valle del Jordán, tomó el control de la diplomacia, pero sin la conciencia que la persistencia de su esposa fue la causa del fracaso. La humillación de Petrov le abrió los ojos al decirle que dejó de ser político para obnubilarse con las supuestas capacidades de Claire. Ella sabe que salió de la ONU por eso. Quedó al descubierto a los ojos de Frank. No hay paridad en la partnership. Ahora es Francis Solo

Los dos se refuerzan, pero el talento político es de Underwood, y si Claire lo hizo Presidente, ya no importa. También Claire puede ser expendable, si de salvar el trono se trata. 

Pero en el equipo de Frank también hay borrasca. Los staffers también viven su drama, y en el estilo de la serie, hay dos extremos con un punto medio.

En un extremo, está Seth. Es el profesional leal, pero by the book. Su gestualidad algo encorvada sugiere que es tímido. Tiene aspiraciones, se presenta ante Frank y le dice que quiere ser Chief of Staff, pero espera que Frank note sus cualidades, su currículum, y no parece dispuesto a trabar lucha o a mostrarle a Frank por qué debe ser el jefe del gabinete; mostrar “ser avispado”, algo que encanta a los políticos. La personalidad de Seth bien pudiera sintetizarse en Keep it professional.

En el otro extremo está Stamper. Es un personaje complejo desde el punto de vista psicológico. En apariencia sencillo –flaco pero de contextura fuerte, facciones duras, inexpresivo, y leal al jefe- su drama es profundo. El problema de Stamper es que no sabe amar, tal vez producto de una crianza muy rígida, de la que dan cuenta las facciones de su rostro y de la distante relación con su hermano.

En Stamper todo es tan automático, que no puede –y posiblemente no quiera- amar. En la serie, ha tenido bonitas novias, pero para Stamper, hacer el amor es también algo mecánico, de allí la fugacidad de sus mujeres, salvo Rachel Posner.  

Su hermano lo quiere, es quien lo ha acompañado en la lenta recuperación de su salud, pero es incapaz de corresponder el amor de su hermano, más allá de tener dos fotos de sus sobrinos en la puerta de la nevera. Stamper tiene conciencia de ello, pero la dureza de su personalidad no lo deja emanciparse. Resiente del abandono de Francis y Claire durante su estancia en el hospital, a pesar que velaron por él durante su convalescencia. Por supuesto, se preocuparon como se preocupa la gente con poder; “Que a Stamper no le falte nada”, pero Stamper lo que quiere es la aceptación de Frank no como leal subalterno, sino en paridad como persona ¿El padre que Stamper no tuvo? A pesar de conocer casi todos los secretos de Underwood, Stamper no ve lo esencial de Frank: no tiene amigos y en política, no acepta relaciones de paridad. El es el boss. Indiscutible. No es "el papá que no tuve".  

No es que Stamper le dispute la autoridad a Underwood. Jamás. Solo quiere que Francis lo vea de otro modo, que éste reconozca la lealtad a toda prueba de Stamper, que es lo más preciado que un staffer le puede dar a un político: su conciencia. Stamper la hipotecó a Underwood. 

Esa lealtad no correspondida en un trato más cercano, lleva a que Stamper tenga una obsesión con probar su lealtad hacia Underwood, en busca de una imposible aceptación. Solo en la tercera temporada, Stamper llamó a Underwood “Frank”, y apenas una vez, de resto "Sir". Tal vez el catalizador del drama de Stamper es un razonamiento como, “Mato y miento por ti ¿Todavía debo dirigirme a ti como Sir”?

Pero hay otro amor no correspondido en Stamper. Es Rachel Posner, la hooker que sabe mucho, y que Stamper debe ocultar. En el interín, ocurre con Rachel un proceso parecido al de Stamper con Frank, pero al revés. Stamper la ve con los ojos del protector, pero se enamora; pero no es un amor libre, sino para controlarla. Stamper es un controlador; es la persona que te dice, “Conmigo no pasarás trabajo, pero vigilo tus pasos”.

El buscó la aceptación de Rachel desde la posición de un controlador, así como busca la aceptación de Frank, pero desde la posición de subalterno. Frank es el padre indiferente hacia Stamper, y él quiere ser para Rachel, el padre castrador, para sentir tal vez que su vida tiene sentido. Que lo automático también puede ser humano y hermoso. Imposible. 

Rachel encaja en el estereotipo de la belleza norteamericana: algo rellenita en la cintura y de cara bonita –a pesar de la palidez de su piel- y no quiere control. En la temporada dos, agrede a Stamper para huir de este obsesivo y mecánico controlador, para escapar de una vida y buscar otra vida, que no logrará por Stamper. Este la busca. La secuestra para matarla. La deja ir. Se arrepiente. Regresa. La mata. Allí terminaron los sueños de Rachel; “O eres mía o no serás de nadie”.

Como Meechum, quien en esta tercera temporada tiene un papel muy discreto, Stamper vive para y por Underwood. Casi pudiera decir como Meechum que “I will take a bullet” por Francis.  

Entre Seth y Stamper está Remy Danton. Otro carácter complejo e interesante. En la temporada uno y dos, Danton fue un cabildero, también haciendo méritos en el “arte maquiavélico” que lo llevó a Jefe de Gabinete de Underwood.

Pero en Remy hay una evolución: de cabildero que viste bien y maneja carros costosos –símbolo de su integración al sistema, ya que es negro- pasó a una persona que tiene conciencia de su opresión, la que es doble. Es posible que esa conciencia haya nacido de su amor hacia Jackie, ya que los dos se complementan. La inseguridad de Jackie, refuerza las certezas de Remy. La relación entre los dos es tensa, pero una “tensión creativa” si se quiere; los dos chocan sus miedos, temores, y certezas. Todavía no sabemos que saldrá del choque de la tesis y la antítesis, en una síntesis.

Remy se sabe doblemente oprimido. Por una parte, toma conciencia de la discriminación por ser negro. En un capítulo, Remy debe llevar de vuelta a un poder fáctico que habló con Underwood en un viaje, para buscar su apoyo electoral. Remy maneja, y en el trayecto habla con el poder fáctico sobre política. Este le responde sin inmutarse, “No acostumbro a tratar temas políticos con choferes”. Ese impacto inicial fue reforzado cuando Remy es detenido por la policía por ir a exceso de velocidad, manejando un costoso Cadillac. Remy discute con los agentes. Les dice que es “alguien”, pero los agentes le responden que deben verificar. Uno de los policías es negro como Remy. En la discusión, éste busca algo en el saco, y los agentes se abalanzan sobre él, al creer que sería un arma de fuego lo que sacaría de su impecable traje. “Hermano”, le dice Danton al oficial negro. “No soy tu hermano”, le contesta el policía afronorteamericano. Suficiente para que Remy tomara conciencia de lo que ya intuía: si es negro con trajes costosos en un Cadillac, es un chofer que un "hermano" negro -el policía- no reconoce como tal.

Pero a la opresión racial, se agrega la opresión política. Remy resiente el trato despótico de Frank hacia el staff. Posiblemente, porque Remy viene de afuera, y venir de afuera e ir al mundo político, la primera baja es la libertad. El trato rudo de Urderwood a Jackie Sharp, llevó a que Remy le reclamara al Presidente, nuevamente, pero en términos más fuertes. Como resultado, Danton renunció a ser Jefe de Gabinete, pero tampoco quiere trabajar en la campaña de su amor, Jackie Sharp. Sabe que esa mezcla es peligrosa, prefiere buscar otros aires, y su novel espíritu subversivo hasta ahora se mantiene intacto.

De los caracteres de la tercera etapa, los que más me agradan son los de Remy y Rachel: concientes de las desigualdades sociales o del poder, pero sin entregarse o ceder a la lealtad total hacia el poder; buscando una mejor vida o mejor trato; contestatarios con el poder y no simples “Yes Sir” de cara a los políticos, como exclusiva vía para ascender y “ser alguien en la vida”; pero pagaron y pagan un precio alto: Rachel es asesinada por Stamper, y Remy está fuera de la política, en un futuro incierto, del cuál seguramente sabremos en la cuarta etapa.

La incipiente tiranía de Underwood no parece tener checks and balances institucionales. Es lo que deja ver la trama. El Senado interpela a Claire antes de ser embajadora y no pasa la prueba, pero al final, Frank la nombra. Los jefes parlamentarios parecen de la “vieja escuela”, no acostumbrados a lidiar con personas como Underwood más allá de decirle “no haga esto porque lo bloquearemos”, y entre los dos parece existir una subestimación y rechazo mutuos.

La justicia tampoco hace contrapeso. El magistrado Jacobs –quien parece representar el voto conciente de las decisiones judiciales- le informa a Dumbar que se va a retirar, porque su Alzheimer avanza…..tal vez se quiera metaforizar con el trastorno de Jacobs que la justicia perdió su memoria para hacer contrapeso a los excesos de Frank.

La prensa es importante en la serie. Es el verdadero check and balance que tiene Francis, pero Underwood ha logrado “meterla en cintura”, con métodos sumamente cuestionables para evitar que la prensa descubra y comunique al público el fiasco que es Frank, y todos sus trucos y actos criminales (el asesinato del representante Russo, en la primera temporada).

En la primera temporada de la serie, una periodista que quiere hacer carrera –y la fama le costó la vida- Zoe Barnes intuye que Frank es el responsable de la muerte de Russo. Underwood sabe que Barnes está tras su pista y la mata, al lanzarla a un tren del metro que llega a la estación en la que acordaron encontrarse.

Ayla Sayyad reemplaza a Barnes, y es la periodista que hace preguntas difíciles a Underwood, que colmaron la paciencia de Seth, quien decide quitarle sus credenciales de reportera adscrita a la Casa Blanca, porque "hacer preguntas difíciles a mi jefe y ponerlo en apuros para responder, no es profesional", hubiera dicho Seth. 

Sayyad es sustituida por Kate Baldwin, quien diagnóstico bien la situación de Underwood: escribe un reportaje y usa la palabra tirano. A su editor, le pareció un reportaje con más opinión que facts. No sale publicado (por los momentos, parece).

Pero a Baldwin le quedó la curiosidad para profundizar en los manejos de Frank –los fondos de FEMA para AmWorks- pero el escritor Thomas Yates entró en su vida, nada planeado, pero la personalidad de Yates la sedujo.

Yates es una mezcla de voyerista y gigolo del poder, y un insider de los Underwood –por el libro que escribe, que le da acceso preferencial para hablar con Frank- y Baldwin queda atrapada por ese personaje con una historia misteriosa –aunque también abusado sexualmente- que la seduce con su tenue voz. Pero en la seducción, la curiosidad de Baldwin por los manejos de Frank, queda neutralizada. Se acuesta con Yates, y la crítica periodística quedó sepultada en sábanas blancas donde yacen los amantes que creen que la seducción es la mejor forma para obtener lo que creen es la verdad sobre los Underwood.

Hay un personaje también con un final triste. Gavin, el geek que desafiaba al sistema craqueando la Internet, y al final termina como patriota cooperante del FBI. Gavin localiza a Rachel presionado por Stamper, y huye a Venezuela, a Puerto La Cruz –la escena parece muy estereotipada sobre cómo somos “los latinos”, un punto no a favor de la serie- para evitar revelar a Stamper la ubicación de la pelirroja. Stamper vuela a Venezuela, encuentra a Gavin, lo golpea, y obtiene la información. “Si le avisas a Rachel, estás muerto”, le dice.

Gavin es el ego, la prepotencia fanfarrona que al final se rinde ante el poder, y forzado o no, hace lo que le dicen. Del soberbio genio de la informática, lo que queda es una persona temerosa, que es chantajeada por las agencias de seguridad de los EUA. El mensaje que transmite Gavin es: "mira lo que te pasa si te metes con nosotros".    

Finalmente, está el pueblo…Ah, el pueblo, ese por el cual los políticos de todas partes dicen desvivirse, "patear calle", "comer popular", y que no duermen, preocupados por “los problemas de la gente”.

De nuevo, la trama de la serie nos ofrece tres visiones del pueblo norteamericano. En común, las tres comunican la vida dura del ciudadano promedio, pero con ilusiones para tener una mejor situación. En un caso, la ilusión es trágica. No hay afluencia en sus vidas. No hay carros costosos, trajes de firma, decoraciones minimalistas, o smart kitchens –como las de los Underwood, Stamper, o Jackie- que comunican lo boyante de su pertenencia al poder político. Los políticos son “alguien” (aunque reclaman que “vienen de abajo”), frente a los "Don nadie" del pueblo. En éste, hay confusión, melancolía, e ilusión, cada uno retratado en los tres prototipos del pueblo que muestra la trama de House of Cards.  

En la tercera temporada –a diferencia de las previas- el pueblo tiene una presencia fugaz, en sus tres personajes: la votante que Claire visita, Rachel, y Freddy.

La electora que Claire visita para asegurar su voto, impacta por la frialdad con la que dijo algunas cosas. Claire llega a su casa, y le pregunta por el apoyo a Frank –en teoría, era una casa de una “votante por Underwood segura”- pero, sorpresa, la joven mamá le dice que no, que no le gusta Underwood. Claire, sorprendida, le pide que la deje entrar, sin cámaras, sin medios, para charlar.

Allí Claire observó una de las caras del pueblo de los EUA: una madre joven, casada pero no feliz con su marido, a quien parece gustarle echar “su canita al aire”, atareada con una bebé que le consume tiempo, y la mamá comunica en su rostro confusión, agotamiento, e indiferencia.

Sin inmutarse, la madre que no quiere votar por Frank, sugiere a Claire que puede asfixiar a su bebé, “y todo terminaría”. Es decir, se acabaría la tensión de la vida. La mamá quiere escapar de una vida tensa y no feliz, fantaseando con la muerte de su hija. Buscar la vida destruyendo su vida.

Impactada por lo que escuchó, Claire abandona la casa. La joven madre le dice que votaría por Frank; que no sabe; que a lo mejor no va a votar, confusión que caracteriza a la clase media en problemas de los EUA: jóvenes, la vida es angustia, y alienados con los políticos ¿Swing voters o alienated voters?

Pero también puede ser una crítica dura con un ejemplo criminal, a la lejanía de la clase política del pueblo. Claire bajó de sus alturas para hablar con una persona que no tiene poder, y lo que encontró fue una señora atareada con una hija, y un hogar con un ambiente tenso. En el poder hay tensión, pero no privaciones materiales, que es lo que había en esa casa y Claire no lo aguantó. Moraleja: una cosa es hablar sobre “los problemas de la gente”, y otra distinta, “vivir los problemas de la gente”.

En el otro extremo de este continuo, está Rachel Posner, de quien hablé cuando abordé la figura de Stamper.

Rachel también quiere otra vida. Tanto, que se cambia el nombre, consigue una nueva identidad. Ya no se llama Rachel, sino Cassie.

A diferencia de la madre visitada por Claire, Rachel quiere una mejor vida, mediante el trabajo. No quiere emanciparse a través de la muerte, sino del esfuerzo. Labora en dos partes, en una, suda en varios turnos; vive en una pensión muy modesta, y no tiene vida social, salvo un puntual contacto con inmigrantes de México. Solo vive para trabajar, con la meta de reunir para comprarse un carro e irse a un sitio tranquilo, tipo cabaña rodeada de pinos. Otro deseo de escapar de la vida, pero a través del trabajo, del esfuerzo, de la disciplina. Rachel no completó su sueño, como dije, porque Stamper la mató. 

Finalmente, Freddy. Viejo amigo de Frank, exdueño de un restaurant de costillitas, al que Underwood iba a comer y a salirse del rol de parlamentario y luego vicepresidente, para ser él y para contarle algunas cuitas a Freddy.

Pero Freddy vende el restaurant, ya famoso porque se sabe que Francis come allí, pero gastó el dinero en el hijo, quien tiene problemas legales. Se queda en la calle, y en la tercera temporada aparece Freddy en la cola para inscribirse en AmWorks. Es 4 de julio. Es de noche. El cielo se ilumina con los fuegos artificiales que celebran la independencia de los EUA, y Freddy mira al cielo pintado de bengalas, con rostro de quien vuelve a ratificar la ilusión del pobre en la propuesta de empleo que le hace un político. Como la madre que visitó Claire y Rachel, Freddy también quiere otra vida, una mejor vida, pero a través de una ilusión en el gobierno o, al menos, en lo que el gobierno pueda ofrecer.

Aunque Freddy quiere algo mejor, es realista. Sabe donde está parado, política y socialmente hablando. Sabe que no “será alguien en la vida”, que seguirá (y morirá) en la parte baja del escalón de la sociedad. En cierto modo, la construcción de Freddy es la del receptor, la de la persona pobre que recibe beneficios o políticas del gobierno. No es Rachel quien quiere una mejor vida matándose en el trabajo o la mamá que  visitó Claire, preocupada por la hipoteca de la casa; Freddy quiere trabajar, pero con la ilusión que “sus” políticos se preocupan por él.

Con todo, Freddy está claro sobre su lugar en la escala social. Underwood invita a Freddy y a su nieto a que lo visiten en la Casa Blanca. Frank le dice al nieto de Freddy, “Tú serás Presidente de los EUA”. El nieto se ilusiona, y al terminar la reunión y salir de la oficina de Underwood, Freddy le dice al nieto, “Tu nunca vas a ser presidente” (luego, no te ilusiones, no es nuestra liga, la política no es para gente como nosotros, meros “receptores” de policies).     

¿Por qué el éxito de House of Cards, a pesar que es una serie para Internet? 

No es la primera serie que muestra dramas políticos, maquiavélicos o cínicos. En los 80, la BBC transmitió Yes, Prime Minister. También está la versión inglesa de House of Cards, anterior a la de Netflix. Pero igualmente está The West Wing. En cine, tenemos a Dave, con Kevin Kline y Sigourney Weaver, también de los 90.

Igualmente hubo series parientes de House of Cards, en cuanto al drama por el poder, el dinero, ser importante: Dinastía o Dallas.

¿Cómo explicar el paso de la política si se quiere zanahoria que muestra Dave, a la política realista y despiadada de House of Cards? Dave termina con un nuevo comienzo. House of Cards cierra con un derrumbe, o una apertura hacia otro momento, pero dramático, cuál cámara subjetiva de sus protagonistas. De la esperanza en Dave a la pérdida de la ilusión de House of Cards.

La respuesta la ofrece el creador de la serie, Beau Willimon. La revista Politico lo colocó entre los 50 influyentes en la política de los EUA, en una era de “gridlock and dysfunction”. Por allí van los tiros para explicar el éxito de House of Cards.

También me luce que la serie puede ser una manera de expresar la frustración con las expectativas que generó Obama, no tanto por las ejecutorias de Obama, sino porque el sistema parece rechazar cualquier cambio, a pesar de la constancia del Presidente de los EUA. Obama apeló a los valores durante su campaña, “Yes we can”. El sistema responde, “Don´t mess with me. You will not win”.

No es que Obama no haya hecho o logrado cambios, pero queda la percepción que pudo haber hecho más y Obama comunica ciesta frustración por eso. Si fue por su causa –jugó con las reglas, aunque luego de las elecciones de mitad del período, apuró el paso con poderes ejecutivos- o por los obstáculos institucionales, será objeto de discusión por los analistas, ahora o luego. Así ¿La serie fantasea sobre cómo sería un gobierno y la política si las reglas se llevan al extremo? (lo que hace Frank, pero ¿que debió hacer Obama, para no sentirse frustrado hoy?). 
  
Willimon dijo que él no es cínico ante la política. Que Underwood es optimista, que promueve el progreso, es una persona en movimiento. Tal vez, entonces, lo que plantea Willimon en su serie es una nueva lectura de Maquiavelo a través de un drama. Si Underwood logra que las cosas se hagan en un ambiente que parece no “querer hacer nada”, es una lógica parecida a la que usó Maquiavelo para escribir el Príncipe ¿Qué debe hacer un Príncipe para tener éxito en un ambiente político convulsionado? Ser como Underwood, pero ¿éste es Agatocles o el Duque Valentino?

Willimon dejar ver que el problema que dramatiza su serie en los EUA no es solo de ese país. En muchas partes, la pregunta se hace: cómo gobernar con gobernanza. Esto puede explicar porqué se hacen reformas electorales ahora en Chile o Italia, que buscan construir mayorías para gobernar con estabilidad o superar pasados para tener gobernanza futura, o la promesa de campaña de Hillary Clinton de ir contra los poderes fácticos, y así debilitar la era del “gridlock and dysfunction”, como caracteriza la revista Politico el hoy político de los EUA ¿Y mientras tanto, qué hacemos? Llamemos a Maquiavelo o a….¡Damas y caballeros…..Frank Underwood, El sí hace que las cosas se hagan!

En Venezuela, los Underwood criollos tendrían como eslogan para la campaña, "Underwood, tu resuelve" (así, dicho en burda e´zumbao, para mostrar que eres arrecho, y no un "borrego" expresión que escucho te dicen si no estás en una cola maldiciendo la situación).

¿Cómo puede ser la cuarta temporada? La tercera cerró con suspenso, con incertidumbre. 

Uno de los papeles de El Federalista dice We are not Angels. Sí, lo sabemos. Los personajes de la trama de Willimon no son ángeles. Lo prueban una y otra vez. 

Si se trata de la lógica de la gobernanza, entonces la cuarta etapa puede ser el paso de Maquiavelo a los equilibrios, a los límites al poder, que es la esencia de la constitución de los EUA. Tal vez Underwood reciba algo de esta medicina contra los excesos de su poder, lo que además, puede hacer un buen guión para una nueva temporada de la serie. 

No aspiro para la cuarta algo zanahoria como Dave, pero sí a que los personajes de House of Cards sean algo más que no-ángeles. 

domingo, 3 de mayo de 2015

La república liberal democrática



Normalmente, no comento los libros que leo en el blog, sino en un tuitlonger. Así lo he hecho casi siempre. Voy a romper –nuevamente, creo por segunda o tercera vez- esta costumbre porque en la Venezuela de hoy, tal vez convenga hacer de una reseña bibliográfica, una entrada para el blog. Hay buenas ideas y perspectivas en los libros que leo, que no conviene dejarlos solo en un tuitlonger, sino en un artículo mas permanente. Es una vía para compartir la emoción y aprendizaje que se tiene acerca de nuestro país, tarea siempre importante, y hoy más.

Posiblemente esta vía ayude a comprender mejor nuestra sociedad, y a ofrecer ideas en un momento que se necesitan porque la política no puede reducirse solo a “patear calle” o repetir consignas. Parte de la inercia de nuestra política que se pega en la piel, es por la carencia de ideas o si existen, no se manifiestan más allá de consignas.

Me queda la disonancia de no haber hecho esto con otros libros, también interesantes y con contenidos valiosos para compartir con los lectores del blog. Trataré de hacer reseñas con mayor frecuencia.

Entiendo que las más de las veces –la ya conocida imposibilidad del “filósofo-rey” de Platón; y sus versiones recientes de Michael Ignatieff en Canadá o Monedero en España, con Podemos- en política hay que ir “con la corriente” –aquí, hablar de “guerra económica” o “los enchufados”, por citar un par de mensajes- más que ofrecer una idea o una propuesta que al menos balbucee un futuro. Ir contra esta regla se paga caro en política, como muestran los casos de Ignatieff y Monedero.

Uno lee en medios y redes sociales artículos y las famosas “cartas abiertas” de personas dirigidas al “chavista descontento” o al “opositor desanimado”, para estimularlos a votar, pero en el tono tradicional de menores de edad –“sabemos que estás triste o decepcionado, pero…”- con el que buena parte del discurso político venezolano trata a las personas, lleno de monsergas moralistas o “del deber ser”.

El pueblo confía en el voto, buena parte de la clase política no confía. Tal vez las “cartas abiertas” deban dirigirlas a esa clase política, para invitarlos a ser más responsables o menos incoherentes (no me gusta el voto-ahora me gusta el voto-pero es solo una etapa-por lo que más adelante no me va a gustar-pero cuando las cosas no salgan como quiero-me volverá a gustar; y así, se repite el ciclo).

Por eso se aprecia un libro con ideas y maneras de ver las cosas, no solo desde la perspectiva del autor sino en una serie de documentos políticos en distintos momentos de la historia de Venezuela a partir de 1960 hasta 1992.

Me refiero al trabajo de Guillermo Tell Aveledo Coll, titulado La segunda república liberal democrática 1959-1998, editado por la Fundación Rómulo Betancourt en 2014.

El libro tiene dos partes. La primera, el análisis de Aveledo Coll sobre la construcción, madurez, y crisis de la “segunda república liberal” entre 1958 y 1998. La segunda –la antológica- con una muy buena selección de 15 documentos que retratan las tres etapas que examinó el historiador.

El profesor de la Unimet arranca su ensayo definiendo lo que es democracia liberal –el poder del pueblo pero con límites contra los abusos; por ejemplo, el pluralismo político- y aunque este sistema político es de vieja data en la teoría política, me pareció acertado que el libro comenzara de esa forma.

La razón es porque pienso que la democracia liberal es el modelo que funciona en Venezuela, y a riesgo de ser positivista, es el que mejor calza en “nuestra constitución efectiva”.

Mi cercanía también viene porque forjé una actitud positiva hacia este sistema. En casa, en las domingueras reuniones de la familia para hablar sobre política, escuchaba de los adultos y viejos la expresión “el modelo democrático liberal”, rodeado de atributos positivos. Eso me quedó.

Doctrinariamente, me parece un modelo flexible, que va más acorde a la naturaleza de la política –no es casual que Aveledo comience su ensayo con una cita de Gonzalo Barrios, quien afirmaba que la “política no puede reducirse a ecuaciones”- al buscar el compromiso entre los sueños y la realidad.

También es el más republicano y el que más cabe en los zapatos políticos del ciudadano de a pie. Es un sistema humilde, sin la teatralidad de los modelos que compiten con él. No es el "hombre nuevo" del marxismo revolucionario, el "nacionalismo" del pretorianismo, o "la dignidad" o el "honor" de modelo aristócrata. Es algo mejor: soberanía popular y pluralismo para la no dominación (pública o privada).

Este compromiso político se representa en la expresión que define la forma de Estado en la constitución de 1961, “El Estado social de derecho”; o en la constitución de 1999, “Estado democrático y social de derecho y de justicia”, bellas expresiones que a mi modo de ver, sintetizan las luchas y son la nuez de lo venezolano desde el punto de vista político.

En los hechos, este sistema ha probado ser más eficaz que las alternativas que menciona el profesor de la UCV, ya mencionadas: la marxista-revolucionaria, la pretoriana, y la aristocratizante.

La marxista-leninista es la que desarrolló Chávez y desarrolla Maduro, pero “el modelo” tiene severas fallas y se debate entre burocratizarse con la planificación centralizada, o ir a la esencia del Estado democrático y social de derecho y de justicia de la carta magna de 1999. Hoy, los hechos apuntan a la burocratización de la planificación centralizada (más controles).

Alternativas pretorianas tuvimos, tal vez la de mejor factura haya sido la de Marcos Pérez Jiménez, en una combinación nacionalismo-desarrollismo-autoritarismo-liberalismo.

Opciones aristocratizantes no hemos tenido en tiempos recientes, al menos no de forma directa (salvo que se asuma que las “luces del gomecismo”, los “intelectuales” que rodearon a López y Medina, y los “tecnócratas” de CAP II, sean formas del modelo aristócrata), pero considero que esta opción va a ser relevante en el futuro del país, con posibilidades de ser gobierno (no sé si con sentido de Estado). 

Estimo que esta corriente es la que hoy domina la opinión pública en la oposición; la “gente de la dignidad” que no conversa, dialoga, o espera, sino asume un destino manifiesto y ser mejor que el resto, con sus valores nietzschianos. Tal vez sea gobierno en un futuro, pero al final, me atrevo a vaticinar, que el Estado social y democrático gozará de buena salud, aunque el modelo aristócrata no lo quiera.

Definido el sistema democrático liberal, Aveledo Coll aborda cómo fue la “ingeniería política” para que ese sistema funcionara, sin obviar la realidad que entre sus promotores no se tenían confianza y justamente, el reto fue construir esa confianza. Otra manera de titular el libro del historiador podría ser, “La segunda república liberal o la posibilidad de la política en la Venezuela de 1959 a 1998”.

Me gustó el enfoque sobre cómo a partir de las diferencias –por eso existe la política, así como la escasez marca la existencia de la economía- se pudo construir un modelo que no fue perfecto –Aveledo destaca la tensión permanente entre el sistema y el modelo de Estado; entre participar y satisfacer- pero que logró un equilibrio en las tres luchas de la historia de Venezuela: soberanía popular, Estado social, y pluralismo político.

Otro punto a favor del autor, es la visión de esta construcción “descaraqueñizada”. Aveledo Coll destacó la importancia y el papel jugado por los estados, a pesar que en la constitución de 1961 los estados no eran relevantes en el diseño institucional, pero Aveledo comunicó una visión nacional que le da entidad a Venezuela como proyecto de todos.

Igualmente –algo poco común estos días- una visión optimista del ciudadano promedio, que contrasta con la visión más ilustrada que le atribuye poca resiliencia y conciencia histórica a los votantes, “pero la democracia liberal encara ese riesgo”. En ese riesgo, está la libertad.

Si lo leí bien, Aveledo Coll sigue la línea de los historiadores militares de Venezuela, al hablar sobre las FAN: una tensión civil-militar, que algunas veces hizo peso sobre la administración civil.

Al final, el juicio sobre la afirmación precedente viene de la percepción de los grados de tensión que existen en la relación civil-militar –presente en todos los países y sus FAN- pero pienso que Punto Fijo logró un adecuado manejo de esa tensión, y pudo superar pruebas como la lucha armada de los 60, el 27F de 1989, o los intentos de golpe de 1992. Pondría más el peso en lo civil que en lo militar, como logro del modelo democrático liberal.

Sin embargo, Punto Fijo abandonó a sus FAN, y lo que Aveledo Coll llama el “imaginario histórico militar” –siempre presente en nuestras FAN- comenzó a competir con el proyecto liberal democrático, pero ya agotado, como lo dejó ver Caldera en su discurso en el Congreso al ocurrir el intento de golpe de Estado del 4F de 1992, documento que el doctor en ciencias políticas incluyó en la antología de su libro.

Al escribir sobre la madurez y crisis de Punto Fijo, Aveledo Coll lo hace desde una perspectiva crítica –en su estilo formal y ponderado- y es un modo valioso para entender procesos, y por qué los éxitos y fracasos del sistema democrático liberal.

La tesis de Aveledo Coll es que la segunda república liberal democrática avanzó en la construcción de una democracia normal –logró, como dice el autor, “el alcance de metas largamente planteadas por la sociedad venezolana”- pero en la tensión constitutiva del sistema (entre el sistema político y la forma de Estado, y su expresión en la economía política que sustentó Punto Fijo), hubo problemas que no fueron abordados a tiempo por los actores políticos, por lo que los esfuerzos fueron tardíos, junto a una sociedad más proclive a apostar por opciones salvadoras.

Las cuatro variables –al decir de Caldera en 1992- que hicieron exitosa la segunda república liberal dejaron de funcionar: el liderazgo político no estaba unido, estaba ausente o debilitado el compromiso social de los empresarios, la partidización tocó a las FAN, y el pueblo perdió la fe en el modelo democrático liberal.

Aveledo retrató bien los problemas del sistema y la conciencia -en los documentos de la antología- sobre su existencia. Oportuno en un momento en que la sociedad quiere despachar su responsabilidad frente a su pasado.

Hoy hay algo como una “idealización a la regresiva”. Se idealiza la república liberal a pesar que fue detestada por muchos que hoy la ensalzan, así como hoy muchos idealizan un Chávez que no existió –con el cuento, “Con Chávez, esto no pasaba…o no pasaría”- tal vez para justificar la disonancia de sus silencios cuando Chávez reinaba con 70% de popularidad, e importaciones y dólares baratos a 1,60 bolívares por dólar, con los que subvencionó buena parte del "honor” nacional que hoy se siente mancillado con Maduro, y exige "una satisfacción".

Aveledo Coll destaca algo importante en su trabajo: pese a los problemas y críticos de la república liberal, ésta venció dos obstáculos. El primero, lo que Castro Leiva llamó la “antropología del pesimismo”, que atribuye pocas capacidades políticas al ciudadano común (aunque percibo un regreso de esta antropología, empujada por la situación política venezolana), y se demostró la capacidad de construcción institucional del venezolano. Lo segundo, los competidores del modelo democrático liberal aceptan la “apelación electoral a la soberanía popular”. En sencillo, aceptan el voto, aunque algunos no crean en el o lo utilicen como "medio" para otros "fines".

Esto último, para el autor, sugere que la democracia liberal corre el riesgo que el voto sea “mero trámite plebiscitario o el espacio de unos pocos”, y su adversario, “la demagogia salvadora” gane terreno –en lo personal, creo que lo ha ganado- tanto en la versión marxista-revolucionaria, pretoriana, y aristocratizante. En cierto modo, estamos hoy más cerca de lo que Betancourt llamó “los mercaderes de golpes de Estado” (de cualquier signo, con buen público).

Los retos que nos esperan a futuro para quienes creemos en el modelo democrático liberal son inmensos, especialmente porque los adversarios, al decir de Aveledo, son “tenaces y engañosos”. Y en épocas de crisis, la gente quiere dejarse engañar y seducir ¿Propuestas, programas? No, solo confirmar lo que creo, y dejarme seducir por alguna “demagogia salvadora” (sea el "hombre nuevo" de la vanguardia leninista o la “dignidad” de la “sociedad decente”).

La segunda parte del libro es la antología. De los 15 documentos que incluye Aveledo Coll, y que retratan el inicio, la madurez, y la crisis del sistema democrático liberal, me agradaron cinco.

Los dos que comienzan la antología. Uno de Betancourt, cuando firmó la ley de reforma agraria en 1960. El segundo, de Caldera, cuando se firmó la constitución de 1961.

Las dos son optimistas, comunican un país “in the making” –algo que se extraña estos días, con una opinión pública plagada de recriminaciones y de lo “mal que se pone esto”- y un acertado diagnóstico de la Venezuela de ese entonces, con entendimiento de nuestro pasado, pero con la mira puesta en la Venezuela deseada.

Me gustó más el diagnóstico de Betancourt, en el esquema del materialismo histórico del cual abrevó cuando joven, para entender las luchas sociales de Venezuela, junto a su economía política, bien planteada en otro gran documento político venezolano, el plan de Barranquilla.

Los restantes tres documentos corresponden a la etapa de madurez y crisis del modelo democrático liberal, y son de Juan Pablo Pérez Alfonzo, Carlos Rangel, y la Copre.

En común, los tres tienen una perspectiva crítica, con buenos argumentos, muchos de los cuales son válidos hoy día.

El texto de Pérez Alfonzo es de 1975, de su conocido trabajo “Hundiéndonos en el excremento del diablo”. Allí, el impulsor de la OPEP documentó las distorsiones sociales y de economía política en la Venezuela de 1975 (y antes), en lo que llamó el “Efecto Venezuela”.

De muchacho leí las críticas del exministro de Minas e Hidrocarburos, pero en ese entonces –finales de los 70- Pérez Alfonzo me pareció un señor inconforme que para protestar contra lo injusto, se fue a sembrar en El Tacal (estado Sucre). Volverlo a leer, en la distancia del tiempo y como adulto, me indica que su inconformidad no era solo protesta o majadería, sino alerta ante la desigualdad social en Venezuela, en la época en que el cielo parecía ser el límite y los dólares abundaban.

El documento de Carlos Rangel es de 1984. Comienza con una afirmación que bien pudiera ser dicha hoy y nadie sospecharía que se dijo hace poco más de 30 años: “El optimismo ha quedado desacreditado en Venezuela” (aunque no lo dijo por gusto). Eso fue en 1984. Seis lustros después, seguimos en lo mismo. Extraño país mi país, adicto a repetir procesos no siempre sanos, y parece sentirse a gusto con su repetición.
  
En casa, se veía el programa que Rangel tenía con Sofía Imber, “Buenos días” por Venevisión, y también de muchacho leí el libro por el que se conoce a este pensador liberal, “Del buen salvaje al buen revolucionario”. 

A pesar de estar en aceras distintas –él liberal, yo socialdemócrata; aunque en esa época me veía como un “leveller”- aprecié (y aprecio) de Rangel no solo su densidad sino algo poco común en Venezuela, al menos en ese nivel: poca mezquindad, como lo revelan las palabras del texto de Rangel que incluyó Aveledo Coll en su libro, al reconocer la transformación que la democracia liberal hizo en Venezuela, pero criticando lo que llamó el “ideologismo estatizador” el cual para Rangel, "(...)podría bloquear toda solución a la crisis y hasta causar el colapso del sistema democrático".

Ojalá los liberales y aristócratas de hoy, mostraran algo parecido a la densidad de Rangel y su sentido para reconocer logros que no estaban en su esquina doctrinaria. 

Finalmente, el trabajo de la Copre, de 1988. Fue el que me gustó más. Es de lectura lenta y algo fastidiosa, pero es denso y subversivo. Lo fue en 1988, y lo sigue siendo hoy.

Se entiende por qué informes de ese calibre –no solo cuando AD-Copei- no fueron más allá de algunos cambios, y la política prefiere desecharlos en el “silencio administrativo” o designando nuevas comisiones para las comisiones. Y como decía un protagonista de una serie política famosa de la BBC en los 80 en Inglaterra, “Sí, ministro”…..si en política no quieres que algo avance o quieres retrasarlo, “nombra una comisión”. Algo que gusta mucho en el mundo político criollo, las famosas “comisiones” que entregan informes que muchas veces se engavetan o pasan…a otras “comisiones”.

La selección de Aveledo Coll de los textos políticos de la Copre es impecable, en tanto su lectura da en la diana sobre la naturaleza real y no formal del poder en Venezuela. Se pudiera decir que el diagnóstico de 1988 es válido hoy, tal vez con mayor fuerza. Veamos:

“A estos núcleos de poder paraestatal no les interesa la institucionalización, pues de esa manera el poder sería ejercido desde órganos regulares del Estado, y se verían obligados a hacer valer sus influencias a través de mediaciones más complejas. Este es un hecho central que vale la pena señalar: no les interesa la institucionalidad porque de esa manera perderían el poder que ostentan”.

Lo paraestatal sigue siendo un fardo para la institucionalidad en Venezuela. Lo fue en el modelo democrático liberal, lo es -con mayor fuerza- en el socialismo del gobierno actual.

¿“Eramos felices y no lo sabíamos”? No. Otra gran mentira. “Eramos felices, lo sabíamos, pero no quisimos ver las señales de alarma para cambiar”. A la luz de los documentos de la antología del libro del politólogo ucevista, es más honesto afirmar lo segundo que lo primero.

Celebro este libro de Guillermo Tell Aveledo Coll. Bien escrito, bien documentado. Está en la línea que examina la historia de forma menos empalagosa, aunque institucional –como el texto de Urbaneja, “La renta y el reclamo”, que comenté hace unos meses en un tuitlonger- enfoque necesario en estos momentos en que confrontamos nuestra propia esencia como país ¿Cuál sociedad queremos?

Para quienes creemos en el modelo democrático liberal, este libro es un aporte para esa reflexión que necesita macerarse y traducirse en ideas políticas, las que no serán para este momento, pero que serán. Me temo que nos espera un largo invierno en el que pasarán las opciones marxistas-revolucionarias, las pretorianas, y las aristócratas, pero al final, el modelo democrático liberal estará allí. Quizás para ese entonces, la sociedad lo sepa apreciar, y sus promotores políticos tengan mayor visión y responsabilidad para cuidarlo y cambiarlo, a medida que la sociedad cambie.