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miércoles, 13 de enero de 2016

Conflicto TSJ-AN



El análisis del pulseo AN-TSJ que llegó a su máxima intensidad el día 12-1-16 y su resolución inicial el día 13-1-16, puede hacerse en dos niveles: institucional y político.

En el plano institucional, el conflicto y resolución inicial, pueden dejar una balance favorable, si aprendemos la lección.

Como argumenté en la entrada del blog “Instalación de la AN 2016-2021”, la pugnacidad y el conflicto buscan sus equilibrios, y se define el modo cómo el gobierno y la oposición se van a relacionar, ahora que la Unidad es mayoría dentro de uno de los poderes de la República, quizás el poder más importante, porque representa a todo el país.

De manera que este conflicto entró en esa gran dinámica de lo que podemos llamar la “tracción política”, y todo lo que contribuya a que la política fluya dentro de canales institucionales, es bienvenido.

La sesión de la AN del 13-1-16 transcurrió sin contratiempos, y la pugnacidad sucedió dentro de la dinámica parlamentaria (que muchas veces es pugnaz). Que el país pueda llevar sus conflictos –insisto: somos un país fracturado, y no una sociedad “unida”, pero “los malos nos dividieron; salgamos de los malos, y seremos felices”- es sano para el funcionamiento político de la nación. Que el conflicto político se haga agonal, no debe ser visto como una claudicación o “que la gente se acostumbró”.

En Letras Libres leí un provocador análisis sobre el “SOTU” que Obama ofreció el día 12-1-16. El último de su Presidencia. El análisis elogiaba a Obama porque su discurso estaba alejado del cálculo político, y más centrado en sus valores.

Esto lo tomo porque estimo que el objetivo político fundamental en la Venezuela de hoy, es lograr que el conflicto transcurra dentro de reglas. Reglas, además, que son inéditas. La situación política es otra. Esto puede parecer de Perogrullo, pero la paz en nuestro país tienes menos aliados de lo que parece. Es más fácil hablar de la paz, que hacer la paz. Por una razón política muy sencilla: si hay paz, si el país se normaliza en algo, eso implica que los adversarios se reconocen, y algunos grupos quieren que eso no ocurra, no solo porque sus proyectos son excluyentes, sino porque en esta crisis, han logrado un poder que no quieren ver disminuido.

Ver a una AN sesionando como lo hizo el 13-1-16 –la bancada de la oposición llevó su propuesta de ley acerca de la propiedad en los urbanismos de la GMVV; la bancada del GPP trajo los retratos de Bolívar y Chávez, para rechazar lo que consideran un agravio; o que se toquen temas necesarios como la situación de las universidades públicas- de forma normal, puede no gustar a cierto clima de opinión y factores de poder, porque supone diálogo y reconocimiento, así no se diga formalmente, y eso ayudará en el tiempo a reducir el incordio. Necesario, si como sociedad queremos avanzar.

De manera que es poco lo que se puede agregar o decir. Venezuela ganó institucionalmente al atajar el conflicto, y todo lo que sume a la “tracción política” para que tenga su propia dinámica –que será pugnaz- al menos en mi caso, lo apoyo. La paz bien lo vale, la paz completa, no la “paz de Pozo Salado” -que es la paz hacia donde ciertos actores políticos nos quieren llevar en el mejor de los casos- de la que escribió Caldera en su libro Los causahabientes.

El análisis político es más complicado, y tal vez más polémico, dependiendo de dónde se ubique la persona que lo lea. Trataré de ser lo menos controversial posible.

El punto político genera debate: en ausencia de contrapesos efectivos –el TSJ responde a los intereses del gobierno, las FAN participaron en un acto partidista del gobierno el día 7-1-16- ¿Tiene la oposición la fuerza para desafiar al gobierno o hacer su punto frente a la vulneración de la voluntad popular (sentencia del TSJ de fecha 11-1-16, por ejemplo)? No es si tiene el derecho a su favor, sino la fuerza ante una arbitrariedad. No es solo un asunto jurídico, sino de poder político.

De otro modo ¿El 6D se ganó una elección o fue el día en que “cayó el Palacio de Invierno”, el bunker del Führer, algo como que “Tachito” Somoza dejó el poder en Nicaragua, o fue un 23-1-58?

De otra forma: qué va mejor para los objetivos de la oposición ¿Buscar un conflicto cuyo desarrollo será incierto, o reforzar y avanzar en lo logrado el 6-12-15?

Me parece que la oposición se comportó hasta el 13-1-16 como si hubiese caído el bunker del Führer. Si ese era el caso, está bien –igual, yo no lo haría- tumbe todos los retratos y estatuas que quiera (como pasó en Venezuela, a la muerte de Gómez y a la caída de Pérez Jiménez).

Pero si lo que ocurrió es que se ganó una elección, muy importante, además ganada contra muchos obstáculos; y pasa lo que muchos llaman “transición” –tampoco creo que sea eso lo que suceda, pienso que el pueblo está en el “largo camino hacia la alternancia en el poder”, y al gobierno de Maduro lo veo como una “democracia delegativa” de tipo corporativa, para tomar prestada la expresión de O’Donnell- hay que comportarse, entonces, como en una “transición”. La primera regla en una “transición” es no fanfarronear. Hacerlo, tiene un costo político alto. Quien fanfarronea debe cumplir lo que dice. El que se siente amenazado, va a responder.

Por eso no me parecen oportunas las expresiones que si “el gobierno cambia o lo cambiamos”, “en 6 meses daremos una solución constitucional para la salida del gobierno”, “si el gobierno se convierte en un obstáculo, el pueblo lo cambiará”, porque son desafíos que activan la amenaza y la respuesta. Que el gobierno no necesita de excusas para cometer arbitrariedades, no es motivo para "ponerla de bombita". 

Más sencillo hubiese sido decir la misma noche del 6D “anunciamos que el próximo paso es una consulta de X tipo, para conocer la opinión del pueblo sobre la permanencia del gobierno”, o “la MUD se declara en sesión permanente para tratar este tema, y en una semana informaremos al país cuál vía para que el pueblo se pronuncie sobre la permanencia del gobierno”. Al menos, es algo claro. El mandato del 6D fue para tomar decisiones claras, no para seguir en la agonía política, que eran los escenarios intermedios (en los que estaban mis pronósticos; mayoría de votos para la MUD, mayoría mínina de escaños para el GPP). Los electores se obstinaron de la agonía política, y votaron por una situación política para decidir con claridad, sin tantas condicionantes, que si "cambias o te cambiamos".

No sé mucho de “transiciones”, pero de lo que sé o recuerdo, no hay nada como desafíos al gobierno que se quiere cambiar o que dejó el poder. La tan citada “transición española”, no recuerdo desafíos de Santiago Carrillo, por ejemplo. El comunista reconoció a la Monarquía y el PCE fue legalizado. Es decir, una negociación política. Que eran Carrillo y Suárez, dos políticos de nivel, bueno, perfecto. Veamos otros casos.  

También se habla mucho de la “transición chilena”. Está bien, Pinochet reconoció los resultados del plebiscito de 1988, y no se puso como el PSUV luego del 6D. Pero Pinochet se aseguró provisiones post-plebiscito para garantizar su poder: senador vitalicio y Comandante del Ejército, hasta 1998. No recuerdo que Aylwin o Frei lo hayan desafiado como Presidentes de la “transición”. No sé si dijeron, "En 6 meses, daremos una solución para que Pinochet deje de ser Comandante del Ejército". La sociedad chilena tuvo que lidiar con lo que representó el general, hasta su muerte en 2006 (todavía lidia con “su legado”).

Tampoco recuerdo que Mandela como Presidente haya desafiado al Apartheid. Perfecto, le tocó de contraparte un caballero como De Klerk, pero fue Mandela quien pidió dialogar, y lo hizo en 1985 en carta enviada a alguien no tan caballero, cuyo apodo era “El cocodrilo”: P. W. Botha.

En Venezuela, Betancourt gobernó con la constitución de la dictadura de 1953, entre 1959 y 1961. 

En un extraordinario libro publicado cuando Rómulo cumplió 50 años de vida política (en 1978), Multimagen de Rómulo –es un libro de poco texto, y muchas fotos de Rómulo en diferentes facetas- en la parte de su relación con las FAN, no aparece nada como un Betancourt que “si los milicos” o cosas de esas, sino a un Rómulo que se metió en la piel militar –saludando con aprecio a un Policía Naval, encaramándose enfluxado en un tanque, “esas vainas de Rómulo”; con la mirada de satisfacción y aprecio del tanquista- y por eso tal vez pasó del “odiado Betancourt” para las FAN de 1958, al respetado Comandante en Jefe de 1964, cuando recibió una emotiva despedida de su Casa Militar y de las FAN, a pesar que le tocó enfrentar 11 intentos armados para desalojarlo de “la silla”, algunos muy violentos como El Porteñazo (En 1962. Héctor Rondón de El Nacional ganó un Pulitzer, por la foto que le dio la vuelta al mundo, del Subteniente del Ejército Rivero Sanoja, agonizando en brazos del Padre Padilla, Capellán de la Basa Naval CA. A. Armario, en La Alcantarilla), y Betancourt no era "ninguna perita en almíbar".

Lo anterior es historia. Seguro. Pero hoy ocurre una “transición” en “vivo y directo”: Myanmar. El partido de Daw Suu –“La dama”, en la película; quien en 1992 recibió el Premio Simón Bolívar- ganó en noviembre de 2015 las elecciones parlamentarias de su país, con un valor cercano al que logró la MUD el 6-12-15: 57% y el 77% de los escaños del parlamento de Myanmar.

Hago seguimiento a esta “transición”, porque es interesante y porque el liderazgo de Daw Suu me parece se ajusta mejor a los retos del Siglo XXI.

Hasta donde he leído, no registro ningún desafío de Daw Suu a la poderosa “junta” de ese país. No dijo que había que cambiar el sistema parlamentario, por medio del cual los militares designan a dedo, el 25% del congreso de esa nación, por ejemplo. 

En Myanmar, hay algo como una "ANTV". A Daw Suu le preguntaron acerca de eso, y respondió sencillamente algo como, "Que la opinión esté toda concentrada en medios del Estado, no es bueno para la democracia".

Más bien, se reunió con los militares. Los mismos militares que asesinaron a tiros a su papá, los que la chantajearon con el cáncer terminal de su esposo, quienes le robaron la elección que ganó en 1990, quienes la encerraron entre 1988-2010, quienes promovieron que fuese inhabilitada de por vida –ella no puede ser Presidenta de su país, aunque gane- y quienes le fregaron la relación con sus hijos. Se reunieron. Créalo o no. Los rumores dicen que acordaron promover la “transición” en la nación asiática. El acuerdo –se dice- fue firmado sobre un billete de ese país.

Lo que quiero decir es que –al seguir la lógica de C. Schmitt- si se sigue la retórica de cierta oposición que plantea todo en términos suma cero, entonces, lo que hará política es la decisión para definir al “enemigo”. Así las cosas, solo queda actuar. Ni la sociedad venezolana, el gobierno o la oposición, tuvieron estómago entre el 11-12 de enero de 2016, para embarcarse en una crisis incierta. Tal vez el gobierno mostró algo más de riesgo, que tampoco debe sorprender. 

Quienes en redes sociales obstinadamente tratan de convencernos que "sí tienen estómago" frente al resto -nosotros, "los débiles"- no fueron capaces de ir más allá de escribir tuits. Ni siquiera pudieron organizar como un relámpago, un conversatorio para explicar por qué la sentencia no debía acatarse. Eso que muchas de esas personas, representan intereses muy poderosos. Por falta de recursos, no fue. 

Si no hay estómago para la distinción schmittiana “amigo-enemigo” ¿Para qué insistir en eso? ¿Sólo para complacer una opinión que lo quiere es manifestar su frustración por tantos agravios, en la espera mágica de la "crisis terminal" que produzca la también mágica "transición"? ¿Es esa la responsabilidad política, incluso en modo de Razón de Estado? ¿No se supone que no es para satisfacer agravios personales, sino razones de mayor vuelo, del Estado?

Los ejemplos previos muestran que una condición para una “transición” exitosa, es la humildad, es tragarse el orgullo. Algo difícil de hacer en una sociedad como la venezolana, acostumbrada a aplastar. Pero no seamos dramáticos: tal vez ser prepotentes, pero poco serios, hoy sea un factor de estabilidad para evitar hechos violentos. Ese sentido de supervivencia de las elites –al final, están muy bien, aún con una inflación de tres dígitos- que evita que “la sangre llegue al río”. Me gustaría que fuésemos más serios, menos fanfarrones, y más arriesgados cuando se trata de ser consecuentes con una decisión tomada, pero que no lo seamos, quizás sea mejor. Posiblemente, es lo que haga posible, a largo plazo, que nuestra sociedad pueda hacer las paces consigo misma.

Quizá la lección del 11-12 de enero de 2016 sea esa: desafiar y al mismo tiempo, pretender una “normalidad institucional”, no es posible. O es una, o es otra. A los venezolanos nos cuesta decidir, pero esta disyuntiva exige una decisión.

Que la oposición haya optado por desincorporar a los diputados de Amazonas, me parece una decisión prudente. No sé si sea buena o mala. No es una decisión con la que uno se alegre o no, aunque la hubiese tomado de estar en los zapatos de quienes dirigen la política de la oposición, pero en política, porque mantiene la majestad de la AN, y ofrece a los diputados que se desincorporan, maniobra política. Pero la reputación es importante, como saben los políticos profesionales.

Si al final se iba a aceptar la sentencia del TSJ ¿Por qué el desafío? Pudiste acatarla, y al mismo tiempo ser muy corajudo en tu parte jurídica, si fuerza era lo que había que mostrar, pero arriesgaste tu posición política en esa acción que todavía no tengo claro los beneficios. Pudiste, incluso, tener una acción para disuadir al gobierno o intentarlo.  

Por ejemplo, con el tema de “los retratos”, el esfuerzo de la oposición para dirigirse a las FAN, se vino al suelo. A lo mejor no interesa tener una política militar, bueno, está bien. Tampoco tengo claro el desafío en cuanto a su articulación. Por ejemplo, con la carta de Almagro, quien es un “check and balance”. Preferiría que no fuese así –que los venezolanos podamos resolver nuestras diferencias- pero ese contrapeso de la OEA hace falta, pero la carta de Almagro vino luego de lo que la AN dijo.     

Considero que el gobierno mostró mayor articulación y capacidad de respuesta que la oposición en este lance, y logró poner su punto (acatar la decisión del TSJ). En poco tiempo cuando salió la crisis el 11-1-16, puso a 4 figuras importantes a actuar de forma simultánea: en el ataque, Héctor Rodríguez; para presionar, a Cabello; y los “canales de comunicación” seguramente con Maduro: Istúriz y Cilia Flores. En cambio, la directiva de la AN dijo algo el 11, y lo volvió a hacer el 13-1-16.

Por cierto, llama la atención cómo Cabello atrae a los periodistas en la AN. Los "tacos" lo persiguen. Me luce que Cabello ya es nuestro "Donald Trump": siempre dirá o hará algo que será noticia.

El gran reto para la Unidad de cara al futuro, es ponerle límites al gobierno, porque éste se creerá triunfador y seguramente va a "cobrar" la decisión del TSJ del 11-1-16. El riesgo es ¿Si arriesgaste tu posición una vez, porqué no arriesgarla otra vez, si te vuelven a presionar? ¿Cuál es el límite?

La oposición brilla cuando toma el camino institucional, de las elecciones: fue muy competente para ganar el 6D, algunos de sus diputados relumbran en las sesiones, el pueblo los recibe con cariño, y muestran lo mejor de sí.

¿Qué eso supone ser “débil” o tener una “AN boba”? No, la AN debe cumplir con sus funciones, pero debe tener su hoja de ruta, y pensar su estrategia de forma responsable. Insisto en que la tarea de la nueva AN es ser cuerpo vivo, no un simple edificio, que la inercia no se la coma.

Que esa normalidad en el parlamento se retome –que será conflictiva- apuesto a que cae bien en la gente como uno: no es el Maidan o las tesis importadas de “la calle”, sino la "épica de la democracia": con el voto, otorgar el poder a un grupo político determinado para que haga su trabajo. Si la oposición se perfila como alternativa, me atrevería a apostar que el pueblo le dará el poder para ser gobierno en 2018 (o antes, si quienes empujan la tesis de la salida del gobierno antes de su lapso constitucional, que perfectamente pueden intentarlo en el marco de la carta magna, tienen éxito), sin drama, aunque las diferencias con el gobierno y el conflicto, seguirán en el nuevo gobierno.

Si las horas de tensión que vivimos entre el 11 y el 13 de enero de 2016, ayudan a que el conflicto tome cauces agonales y no existenciales, pueden ser una lección de política que nos ayude a crecer como comunidad. 

viernes, 8 de enero de 2016

Instalación de la AN 2016-2021



El día 5-1-16 se instaló la Asamblea Nacional para el lapso 2016-2021. Analizaré la instalación al seguir un sencillo esquema: a.-la instalación en sí; b.-las acciones de cada grupo político; c.-los temas de fondo de cada sector político; d.-los riesgos para cada bloque parlamentario; y e.-lo que faltó en la instalación.

La instalación. 

Me pareció buena. Aunque la noche antes rodaron las "bolas" que el 5 estallaría “la tercera guerra mundial” –aclaro: no estoy en el Grupo Catástrofe o Grupo Casandra- salvo incidentes muy lamentables con profesionales de la comunicación y algunos diputados, la instalación se concretó, con la dinámica propia de un parlamento con grupos que tienen posiciones diferentes: un conflicto dentro de lo aceptable.

Fue un acto republicano, en la medida que todos se igualaron en el hemiciclo, y lo democratizador de ese día, fue el trabajo de los periodistas, especialmente con los jefes del PSUV. Por ejemplo, Diosdado Cabello interrogado sobre diversos temas por los comunicadores, y en algún momento, un contrapunteo pugnaz, pero pienso que el funcionario público debe someterse a la libertad de expresión, y los periodistas, hacer preguntas difíciles para tener lo mejor del entrevistado. Por supuesto, hay formas de formas. El tira y encoje con Cabello lo aprecié como un momento igualador, donde una persona –por ejemplo, con el poder de Cabello- no está exento de preguntas incómodas, y responder como uno más. No aprecié bien la pregunta que se le hizo a Cilia Flores, “qué opina de los narcosobrinos”. No porque no haya que preguntarle eso –hay que hacerlo- sino por el estilo “sabrosón” de la pregunta. Entiendo que el “malandreo” y lo “sabrosón” es la moda y te “hace viral” –ya eres “una celebridad”- pero lo “cortés no quita lo valiente”. La pregunta se pudo formular mejor, y con más provecho periodístico.

La instalación arrancó puntual, poco después de las 11am, y terminó poco después de las 2pm. Sí extrañé la guardia militar que se estila para estos casos. Que la AN sea de mayoría de la MUD, no le quita majestad o importancia para no haber tenido la guardia el día de su instalación. A pesar que valoro a las FAN, aquí falló el alto mando y el mando civil.

El “acto de desagravio” de las FAN no es excusa –sin entrar en el fondo porque sería otra entrada- porque la instalación de la AN ocurrió antes de los hechos que generaron la reacción militar el 7-1-16.

Las acciones de cada bloque político. Comienzo con las del gobierno.

Hasta el momento, el gobierno aplica acciones de un bloque minoritario en el parlamento: tácticas dilatorias y obstruccionistas, de manera que los puntos se tranquen o se retrasen. El jefe del bloque –Héctor Rodríguez, en este caso- sube a cada rato para hablar con el Presidente de la AN, y cosas así. Hasta aquí, lo veo como parte de la dinámica pugnaz de un parlamento con ideas contrapuestas, que apunta a los famosos gridlocks, que pueden ocurrir en parlamentos muy idelogizados. Por ejemplo, el de los EUA, que ha llevado a que Obama, para evitar el proceso legislativo porque se tranca, usa con frecuencia las executive orders, como lo hizo al anunciar la política para reducir los asesinatos por armas de fuego, el día 5-1-16. 

Sin embargo, con el tema de los diputados de Amazonas y los “petitorios” hechos por el PSUV al TSJ el día 7-1-16 -la extraña tesis de la "reciprocidad en el desconocimiento"- las acciones del gobierno se colocan en otro nivel: de la pugnacidad política, se pasa a tratar de hacer irrelevante a la AN desde el punto de vista político, complicarle la vida, tratar de hacer de cualquier cosa un tema opinión pública, mientras trata de recuperar la ofensiva política con el cambio de gabinete, al que analizo no en blanco y negro, sino me parece que hay varios análisis en ese nuevo gabinete. Pienso que el cambio apunta a lo que puede llamarse "flexibilización muy administrada". El titular y sumario de la primera página de El Nacional y un artículo en Prodavinci los dos el 8-1-16, recogen y examinan bastante bien la lógica del nuevo gabinete.   

Diría, en dos platos, que Maduro busca recuperar la ofensiva política con el cambio de gabinete, y eso pasa porque la AN sea un espacio políticamente disminuido.

Desde este punto de vista, el reto de la directiva de la AN es evitar que la inercia se la coma. Así, Ramos Allup arrancó bien al llamar a sesiones el día siguiente, que ayuda a comunicar una disciplina de trabajo. El tiempo dirá cómo se acopla esa disciplina de trabajo. En otras palabras, que el clima de inercia, de brollo, no atrape a la nueva AN, y pierda de cara a los votantes, su simbología de cambio y su capacidad para la eficacia política y de políticas.

La oposición, en cambio, maneja acciones diferentes: en general, las acciones tienen como eje evitar caer en las provocaciones de la bancada del PSUV, y mostrar que es diferente en el ejercicio parlamentario. Esto se vio en la sesión del 6-1-16, la habilidad política con la que Ramos Allup manejó el tema de los diputados incorporados, cuando Héctor Rodríguez afirmó en cámara que habían votado, y Ramos le contestó que no estaban presentes y, en consecuencia, no votaron (el tema jurídico de las impugnaciones, es otra cosa. Si bien difiero de lo hecho por el PSUV, opino que la sentencia debe acatarse, y dar la pelea en lo jurídico, como explico más abajo).  

Los temas de fondo de cada grupo político.

En cuanto a la Unidad, desde el punto de vista político, el tema de fondo es el “cambio del modelo” o “la solución constitucional para la cesación del gobierno”.

Sobre el gobierno, su planteamiento de fondo es “la defensa de las conquistas sociales”, que se concreta en resaltar los distintos programas e iniciativas sociales que ha promovido el gobierno desde 1999.

Los retos para cada bancada parlamentaria. Observo dos desafíos para la Unidad, y uno para el PSUV.

Para la Unidad. 

El primero es cómo conciliar las dos agendas que en mi opinión se presentaron durante la instalación de la AN el día 5-1-16. Ramos Allup presentó la agenda política, Julio Borges la agenda parlamentaria y de políticas.

No es que las dos agendas se contradigan, pero el nivel de cada una es distinta. Ciertamente, política y economía están estrechamente vinculadas: para asignar recursos escasos, nos preguntamos cuál sociedad aspiramos. No obstante, no es lo mismo, por ejemplo, hablar de la propuesta de ley de producción nacional, que plantear que dentro de 6 meses habrá una “solución constitucional” para salir de Maduro y su gobierno. Hay relación, pero no precedencia. 

Si bien el nuevo mantra parece que será que “si no se resuelve lo político, no puede resolverse lo económico” –siempre el mismo juego: todo o nada, lo tomas o lo dejas, para encallejonar el debate y llevarlo a la conclusión que se espera: “es verdad, hay que sacar al gobierno”, y con eso, amarrar a las “ovejas”, a las “que se portan bien” y a las “descarriadas”- lo cierto es que adelantar objetivos tan ambiciosos en una sociedad con carencias de recursos de todo tipo, no solo va a ser difícil, sino va a generar tensión. Cómo se manejará esa tensión para evitar que esas metas no se cumplan o naufraguen en el camino, es uno de los retos de la bancada de la Unidad en la AN.

El segundo desafío es la relación AN-MUD, y si cada una tendrá su vida propia o se superponen. Antes del 6D, la MUD tenía sus espacios, su dinámica, pero luego del 6D, esto cambió. Principalmente, porque los integrantes de la instancia de decisión política de la Mesa -el llamado G4, aunque se comenta que ya es el G6- sus titulares son parlamentarios (Ramos Allup, Borges, Márquez, y Guevara; y AP y el movimiento de Guarulla), sino porque también la instancia de secretaría de la MUD –Cartaya- está igualmente en la AN, en la Secretaría de la Cámara.

¿Cómo harán para conciliar sus actividades parlamentarias con las de jefes políticos? En condiciones normales, esto no sería problema porque, justamente, es lo normal: jefes políticos son parlamentarios, pero la diferencia es que en el caso de la MUD, la instancia de decisión es pequeña –G4 o G6- y todos están en la AN.

Esta tensión fue visible en la rueda de prensa del día 8-1-16, dado que la rueda de prensa fue dada en la AN con Enrique Márquez, pero como Primer Vicepresidente de la AN y no como Presidente de UNT, y Jesús Torrealba, como Secretario de la MUD ¿Dónde termina la MUD y dónde comienza la AN, o dónde termina la AN y dónde comienza la MUD? Son límites políticos borrosos y que tal vez no tengan claridad, por lo que serán fuente de tensión ¿El G4 o G6 y la MUD formal se reunirán en la AN o mantendrá sus espacios fuera de la AN y su propia dinámica, y no será absorbida por la AN? No es lo mismo que los cuatro políticos del G4 interactúen como parlamentarios en la AN, que como titulares de una instancia partidista, en términos formales. Si es así, esto puede plantear interrogantes en cuanto a los límites. Por ejemplo, ¿La dirección del PSUV puede reunirse en los espacios de la AN, la del PCV, o la de Vente Venezuela, UNT o AD? ¿La AN es al mismo tiempo la sede de los partidos o alianzas políticas? Es como que si la sede de PSOE, por poner un ejemplo -Ferraz- estuviera en las Cortes. 

Lo anterior, sin examinar qué puede ser más eficaz desde el punto de vista de la "gerencia política" ¿La superposición de ambas instancias –AN y MUD- o que cada una tenga su espacio, y definan un mecanismo de relación política?

No sé si sea por las mismas razones que acabo de mencionar, pero Jesús Torrealba comentó en una entrevista  a AFP el 4-1-16, que la “Unidad debe reinventarse”. Si la correlación política cambió luego del 6D, así debería analizarse en la oposición, por lo que estimo oportuno lo planteado por Torrealba.

El reto del gobierno es cómo llevar el tema sobre la demanda su salida, y la realidad política de Venezuela.

Si bien el cambio de gabinete sugiere que el gobierno comienza a poner “un cable a tierra”, el discurso principal del PSUV y medios oficiales sigue igual. Parece que el 6D no ocurrió. Un contenido inelástico, que más bien lo coloca como un grupo político que no es capaz de sintonizarse con las expectativas del país, sino solo con el discurso oficial.

Aunque he expresado que no favorezco la salida del gobierno y sí el cumplimiento de los lapsos constitucionales para los cambios de gobierno (regionales, local, y nacional), que sectores lo formulen no debe ser visto con aprehensión, si se plantea desde los mecanismos que establece la constitución. Esta permite que se hable desde el revocatorio hasta una constituyente, y no debe verse como algo extraño o peligroso. El debate, más bien, es político ¿Conviene activar estos mecanismos? ¿Cuáles serán sus consecuencias? ¿Es el momento para hacerlo? ¿Qué piensan los ciudadanos?

Si están en la constitución, imagino que el constituyente los incluyó al ponderar que a un gobierno se le puede evaluar a mitad del período –un check and balance para un sistema presidencial- o que se puede cambiar una constitución, posiblemente al tener en mente que un sistema político puede perecer por tener una carta magna muy rígida. De manera que la constitución prevé mecanismos que incluyen la posibilidad que el gobierno cese antes de su mandato establecido por la propia carta magna.

Que Maduro y Tania Díaz hayan asomado que el gobierno, de ocurrir el revocatorio, lo asumirá, puede ayudarlo a llevar esta tensión, ya que se abre la posibilidad para que suceda. Que si el gobierno dice esto porque se lo “ordenaron los cubanos”, bueno, quedará para los runrunes y tuturunes, de tanto deleite y agrado en la sociedad venezolana.

El hecho que cuenta es si el gobierno mantiene lo dicho por Maduro y Díaz sobre el tema. Sabemos que el gobierno no se caracteriza por una consistencia en este tipo de promesas. Por ejemplo, firmó el acuerdo para aceptar los resultados el 6D, pero ahora argumenta para “desproclamar” a diputados, cuando en mi opinión, tiene derecho a impugnar, pero los diputados fueron electos, y en todo caso, debe irse a juicio y determinar no solo con grabaciones de llamadas, sino con evidencias de mayor peso, si procede repetir elecciones en las zonas impugnadas o no.

Finalmente, el ausente durante la instalación de la AN. La economía, sencillamente.

A pesar que se mencionó en los discursos, el tema no tuvo la entidad ni el espacio que requiere, dada su angustiosa relevancia para el país. Más se recuerdan las anécdotas de la instalación, que alguna idea económica –más allá de propuestas de leyes- porque, sencillamente, no hubo una.

No se aprovechó un momento de atención total del país en la AN, para plantear de manera didáctica y argumentada, los desafíos económicos y los compromisos que hará el legislativo, lo que ayudaría a bajar la incertidumbre y esa especie de gozo sádico con los rumores tipo "lo bueno es lo malo que esto se pone", que si "la hambruna" o la "crisis humanitaria" que vienen (y que varios desean, como profecía que se auto realiza o como prueba confirmatoria).

Esto puede poner de bulto algo que eventualmente puede ser preocupante: las prioridades post 6D para los políticos y la sociedad, divergen. No creo que sea así, pero si lo es más tarde, le restará fuerza a la AN a los ojos de la sociedad.

En síntesis, pese a que los pronósticos hoy no son los mejores -el inevitable "choque de trenes" o que "Maduro precipita el caos"- si tengo que apostar por algo, lo haría por vaticinar que lo que estamos viendo es que tanto el gobierno como la oposición se ajustan a un nuevo ambiente, a una nueva realidad política, y están en el aprendizaje para definir un nuevo patrón de pugnacidad, para manejar el conflicto, porque éste es y será inevitable. Nos acompañará por un largo tiempo. En otras palabras, se está en el aprendizaje para "regular la guerra", porque el "campo de batalla" cambió el 6D. 

Gobierno y oposición definen las reglas de las “trompadas estatutarias”, porque las reglas anteriores terminaron con los votos del 6D: ya el PSUV no tiene el control de la hegemonía o de la política, ni ya la Unidad se limita solo a crecer y a ganar espacios de forma progresiva. Hoy, es una relación entre iguales, y llegar al punto de equilibrio en esa relación de iguales que es conflictiva, es lo que estamos viendo ahora. Por eso vemos cosas insólitas.

Por ejemplo, el “acto de desagravio” de las FAN el día 7-1-16. Aunque un análisis de este “acto” sería una enjundiosa entrada, al mismo tiempo que expreso que no estoy en el Grupo Anti-FAN –que si los “milicos”, que si “envidio a Costa Rica porque no tiene ejército”, y frases afines- no me pareció correcto ese acto por varias razones, pero aquí destaco una importante: el tono del acto me lució como que las FAN se erigen como una corporación por encima de la sociedad que la creó y la mantiene con sus impuestos, y eso no es republicano ni democrático. Los principios esenciales de las FAN son “la obediencia, la disciplina, y la subordinación”. No cuestiono que los militares quieran expresar su molestia por lo que consideran un agravio -Bolívar es central en la formación militar venezolana, cosa que a los civiles les cuesta un poco entender o ven como algo cursi- pero se debe hacer por los canales correspondientes, sin tono de amenaza o actos que comuniquen "un regaño" a la sociedad y al mundo civil.

El acto del 7-1-16, pareció un acto no solo partidista en donde se involucró a las FAN, sino un ejercicio de intimidación a la sociedad y a la instancia que representa la soberanía del pueblo: la Asamblea Nacional. 

Otra cosa insólita es que una Sargento de la GN haya cuestionado acciones puntuales de nada más y nada menos el Presidente de la Asamblea Nacional de la República Bolivariana de Venezuela. Y no lo digo por la Sargento, la que en mi criterio actuó bien –pero hay que ver cómo fue el intercambio verbal, ya que el Presidente de la AN, al ser el titular de un poder electo, merece el respeto y trato acorde, aún si se excede en su comportamiento- porque no se le puede pedir a un profesional militar que anule su cadena mando porque sería anular su esencia. 

Si la cadena de mando gusta o no, si debe ser esa la cadena de mando, o si la sociedad no quiere tener unas FAN, es otra discusión, pero si tiene una, no puede anularse su principio fundamental. Una de las funciones que tiene la AN es la de autorizar el “empleo de misiones militares venezolanas en el exterior” (187.11), pero si se anula la esencia de una FAN ¿Cuál “misión militar” se va a autorizar, si es el caso? Además, son los políticos los que autorizan el empleo de las FAN -a través su Comandante en Jefe- pero si los políticos no entienden o tratan de vulnerar la cadena de mando ¿Cómo pretender tener unas FAN competentes para su misión? Hay que pensar un poco antes de hacer ciertas cosas porque como dice el dicho, "por hacer una gracia, puede salir una morisqueta".

Espero que estas “cosas insólitas” sean parte del aprendizaje, y éste sea corto –en teoría, se votó por la experiencia política- y cada grupo y persona asuma su rol y lo que va con el mismo, y también la majestad de los cargos. En criollo, que se den su puesto, que ganen en prestigio y autoridad.

Entiendo que esto tampoco será muy cool porque hay como un destape, ahora hay que ser iconoclasta o irreverente. No me molesta la irreverencia, pero si fuera menos pose o hartazgo, y más contenido o mensaje, bienvenida. Pero ¿La idea de votar no era recuperar la República y los límites al poder que encierra la noción liberal de la democracia?

Creo que volví a entender mal la cosa. Ni modo. Pero el 6 sentí satisfacción porque la AN se instaló. Ahora, a aportar para que pueda hacer su trabajo: legislar, controlar, y promover la participación ciudadana, las tres funciones que la constitución asigna al poder legislativo.  

viernes, 1 de enero de 2016

6 deseos políticos para 2016




Como dice la canción, “Año nuevo, vida nueva”, la que también se aplica a la política. Para esta ciencia o arte de las relaciones humanas en términos de poder, cada año comienza con expectativas y deseos para un mejor orden político. Si pudiera desear seis cosas para la política venezolana en 2016, serían las siguientes:

1.-Que el voto se mantenga como valor por excelencia para la expresión política
El 6-12-15 significó para muchos reencontrarse con el voto, del que se habían alejado. Pero para la mayoría de los electores, el sufragio sirvió para comprobar, nuevamente, que el voto es el mecanismo por excelencia de la sociedad para canalizar sus diferencias o manifestar sus preferencias políticas. El 6D los votantes optaron por cambiar al “gobierno” de la AN, sin echar un tiro, sin la épica dramática que para muchos debe ser la política, pero sí con serena y firme responsabilidad ciudadana. Más que transición, el elector dio otro paso en el largo camino de la alternancia, que arrancó en 2007. Además, el elector venezolano sufraga de forma muy racional –si se está de acuerdo o no con su decisión, es otra cosa- con mensajes muy claros para los actores políticos, los que muchas veces no entienden o no quieren comprender el significado de una elección. Ojalá esa racionalidad que tenemos para el voto, la tuviéramos para otras cosas. Seríamos un mejor país. 

2016 se perfila como un año de alta tensión política, y es mi deseo que como sociedad mantengamos al voto como valor al cual remitirnos para cuando el conflicto se haga intratable, que puede ocurrir, y no sería la primera vez. El voto puede ser el “intangible” que tiene un sistema político, al que acuden todos cuando sus diferencias no pueden resolverse por vías institucionales. En Venezuela, la constitución no parece tener esa fuerza como “intangible” -cada quien la intrepreta a su "real gana"- pero el sufragio sí la tiene, como lo evidenció el 6-12-15, en la que la participación se acercó al 75 por ciento de votantes.

Así como se dice que una de las funciones de un banco central es ser “prestamista de última instancia”; algo parecido con el voto, “prestamista político de última instancia”, cuando los políticos no puedan resolver las diferencias, que luce será algo frecuente en la Venezuela que viene. 

Si en 2016, la sociedad mantiene su apego al voto, sería un gran logro.

2.-Que la lucha existencial sea lucha agonal
La paz política en Venezuela es un propósito difícil de lograr. Por paz política entiendo una situación en la que la interacción de los actores políticos no supone su eliminación o anulación, momentánea o definitiva, aunque esa interacción puede ser institucional, pugnaz, o ambas (como es en la realidad). 

En nuestro país, la dinámica política consiste en eliminar o anular al adversario -ahora "enemigo"- aunque no se declare o se quiera reconocer de esa forma. Esto es lo que caracteriza a la política venezolana hoy día. Es un asunto de poder y posiciones, en su sentido más crudo, que tiene su origen en proyectos excluyentes, pero en una gran desconfianza entre los actores políticos: cada actor percibe al otro con los esquemas de “me quiere eliminar”, sin posibilidades para dialogar o, al menos, para acordar ciertos tópicos como “temas de Estado” –la seguridad, la economía, por ejemplo- que puedan tener un tratamiento menos conflictivo.

Mientras la desconfianza no ceda un poco, el conflicto existencial se mantendrá, abierto o tras bastidores. Y quienes pueden hacerlo, parece están dispuestos a seguir en la lucha existencial, al precio del deterioro y desgaste del país, de forma abierta o solapada. Es la realidad de la real politik. A diferencia de la sociedad, tienen recursos para aguantar y, en cierto modo, sus pérdidas son “socializadas” por el país, lo que es un incentivo para mantener el conflicto. En este sentido, Venezuela es una sociedad políticamente inelástica: la renta produjo y todavía produce tanto a pesar que el petróleo está en 30$ el barril que nada mueve o conmueve, y esto solo ofrece incentivos para no cambiar. Sobreviven solo los que pueden resistir, para lo cual hay que tener recursos o apoyos de algún tipo.

Tal vez por esto, los conflictos políticos duran años y décadas, y algunos, no pueden resolverse, y solo queda convivir y aminorar sus efectos en las personas, que ven perdidas proyectos de vida u oportunidades, y a las que le queda ser parte de una estadística de la crisis o caras anónimas para el reportaje de algún “ancla” o “pluma” famosa para, también, algún medio “famoso”. Como sociedad, optamos por sacrificar a una generación de venezolanos, que cambiar para tener un país más generoso. Y me parece que estamos dispuestos a sacrificar a otra generación. Lo trágico de todo esto, es que los “ganadores” con la crisis son pocos pero muy organizados, muy eficientes en el manejo de medios y “matrices de opinión”; mientras que los “perdedores” con la crisis son numerosos, pero muy desorganizados y con mucha desconfianza. 

Si en 2016, se empuja para que el conflicto sea agonal y no existencial, habremos iniciado la ruta para alcanzar la paz política que Venezuela demanda, para ser un país más fraterno con sus nacionales. 

3.-Una sociedad más crítica de sí misma
Ser intelectual no es solo ser culto o aparentar serlo, es también ser crítico sobre la sociedad en la que se vive. Un ejemplo es Susan Sontag y su artículo en The New Yorker luego del 9/11. Su cita, “And this was not Pearl Harbor” fue un revulsivo para esa sociedad. En momentos que ese país estaba conmocionado por el ataque terrorista y los llamados eran a favor de la unidad nacional, Sontag tuvo el coraje para criticar la política norteamericana y el tratamiento interno al 9/11, “The politics of a democracy(…)has been replaced by psychotherapy”, escribió su aguda pluma apenas ocurrieron los hechos. Por su crítica en un momento tan duro para su nación, fue llamada “anti-norteamericana”.

Esa es la tarea del intelectual: ser menos celebridad, y ser más crítico. No aspiro a que Venezuela sea una sociedad a lo Sontag, porque nos gustan las celebridades y no los críticos –posiblemente por eso, muchos de nuestros “intelectuales” más reconocidos, son humoristas, escritores de telenovelas, personas “de los medios”, y los encuestadores entraron en la competencia- y porque sería caer en lo mismo que se critica: tratar de “manufacturar una opinión”, en este caso, una opinión crítica, formal, seria, que no va con el espíritu de la opinión pública venezolana ni con la libertad para opinar, pero algo de crítica puede ayudar a que la sociedad venezolana funcione mejor.

Parte del “juego trancado” que hay en Venezuela es porque casi todas las organizaciones y funciones, no juegan su rol. Cada quien es “partisan” o “amigo de la causa”, y es lo que socialmente se valora y premia. No tenemos una opinión pública crítica, sino matrices de opinión que favorecen a la “causa” y a los “amigos de la causa”, que defienden. Esa es la opinión política en Venezuela, que ha sido y es así en nuestra historia. Como opinión es buena, con mejores “plumas” y “firmas” qué duda cabe, pero hoy pienso que esa opinión no ayuda mucho, salvo a reforzar posiciones y a ofrecer visiones conservadoras de la realidad. En su irreverencia –porque es una opinión ruidosa y con frecuencia despiadada, pero no valiente ni magnánima- está su carácter conservador, que no permite ver o analizar más allá de lo aceptado por los grupos que la promueven. Al final, es una opinión encerrada en sí misma: se reafirma lo que ya se cree, y los consensos son los de siempre con los de siempre. 

Aclaro: normalmente, las entradas al blog las pienso en la mente y hago un esquema mental, que desarrollo en la cabeza. Luego, me siento a escribir. El rifirrafe por lo dicho por Capriles-López Gil, ejemplifica lo comentado previamente. Lo escribí antes de este quilombo, ocurrido a finales de diciembre de 2015. 

Otra aclaratoria: quienes leen este blog con regularidad, saben de mi desacuerdo con “La salida”. Cuando pertenecí a la Secretaría Ejecutiva de la MUD (2009-2014), expresé en las instancias correspondientes, mis reservas y desacuerdo con “La salida”, antes, durante, y después. De la misma forma, expresé mis reservas y desacuerdo con la estrategia del “ilegítimo” que siguió la oposición en abril de 2013; lo hice antes, durante, y después de forma clara y argumentada, lejos del protocolo de las elites de “los hombres maduros que se miran a los ojos para decirse sus cosas”, o cuando era “seguro” decirlo, como parece ser ahora: algunos de los que con Chávez estaban callados –“la conexión emocional” y “no hay que polarizar con Chávez”, eran las consejas de ese entonces ¿recuerdan?- hoy lucen irreconocibles por lo virulentas de sus opiniones. Digan lo que digan hoy, a Chávez le tenían miedo. 

En los dos casos, expresé mis puntos de vista a conciencia que mis opiniones serían incómodas y sería etiquetado como “moderado” o “ingenuo”, pero las cosas políticas –como escribió el poeta Havel- hay que decirlas cuando hay que decirlas. En ese sentido, cumplí con mi conciencia. “Fin de comunicado”, como dicen en tuiter.

El punto que me interesa destacar de la polémica Capriles-López Gil no es lo que hayan dicho o dejado de decir. Por mi, están en libertad de opinar lo que les plazca. Leo a Capriles en su blog, y también leo a López Gil en El Nacional. Lo que llamó mi atención es que buena parte de las respuestas a este brete digital fue que “no era oportuno” o “no era el momento”, pero –este es mi punto- ¿Cuándo en Venezuela será oportuno o el momento para hablar sobre los temas gruesos? Para los “componedores de la comarca” que abundan en Venezuela, “nunca será oportuno” expresar algo crítico. Desde que tengo uso de la razón política, lo que escucho es eso: “no es el momento”. Si se hacía una crítica, era “hacerle el juego al gobierno de Copei” (o AD, o a los "subversivos"). Ahora, es “hacerle el juego al régimen”, "a la derecha", o “al enemigo” (¿).

Esta manera de enfocar la crítica tiene un miedo y un abuso. El miedo, es el temor atávico al faccionalismo de la última proclama de Bolívar o del “trienio adeco”. Como expresar diferencias “polariza”, entonces, es mejor hablar superficialmente y ser campeones de los “grandes consensos”, como si los consensos nacieran de los consensos y no de los disensos. Si la sociedad venezolana no sabe discutir o debatir –todo aquí es una herida narcisista- es otro problema, distinto a la “oportunidad” o al “momento”. 

El abuso es que como “no es el momento”, unos cuantos vivos de la política buscan controlar la opinión y lo que se dice, de manera que la opinión pública discurra por canales “consensuados” sobre lo que se va a decir. Por supuesto, la crítica también será “consensuada”: solo se acepta la crítica que agrade a los “amigos de la causa” o sea consonante con mi “república de amigos”. 

Mi otro punto es ¿Una sociedad así, puede reclamar para sí la etiqueta de democrática o liberal, como farfullan varios? Bien difícil. 

Imagino que si los “componedores de la comarca” reinaran en los EUA con la misma fuerza con la que lo hacen en Venezuela, Sontag no hubiese escrito su artículo porque “no era el momento oportuno” o tenía que hacer las críticas en una reunión privada con Bush, “para verlo a los ojos y decirle sus cosas”. Si este hubiera sido el caso ¿Con qué moral esa sociedad criticaría hoy el waterboarding usado por la CIA en detenidos para obtener información? Una opinión crítica complica el trabajo a la “sociedad de cómplices”. 

Asumir de vez en cuando el rol de Susan Sontag como opinión crítica, posiblemente ayude a destrabar temas o discusiones en el país, y a debilitar la “sociedad de cómplices” venezolana, que tal vez fue funcional en algún momento, pero hoy, es totalmente disfuncional.

En Venezuela tenemos que decirnos muchas cosas, algunas de ellas muy desagradables porque nos invitarán a confrontarnos con nuestras creencias más firmes. Hay que hacerlo, sea o no el “momento oportuno”. La AN puede ser un espacio para ello. Si fuera por mí, enfatizaría no solo su rol como espacio para legislar o controlar, sino su rol de foro, de espacio para “parlamentar”; algo como la “casa de todos”, y hacer sesiones o invitaciones para que todos los sectores del país, con la mayor amplitud posible, vayan a esa “casa de las leyes” a decirse sus cosas –si se “quieren ver a los ojos” para eso, bien- a ventilar sus agravios, pero también sus expectativas y a escuchar sus compromisos con Venezuela. 

Si en 2016 se logra avanzar aunque sea una pizca en una opinión más crítica y menos de “los amiguitos de la causa” o de las famosas “matrices de opinión”, me doy por satisfecho. 

4.-Fortalecer las instituciones políticas
Son muchas las instituciones políticas, pero me refiero a una en particular: los partidos políticos. No para intervenirlos o regularlos –iría en contra del pluralismo político y la libertad para organizarse- pero sí para promover una atmósfera de mayor competencia, y ofrecerle piso a los partidos para su desarrollo. Un sistema de partidos que sea más competitivo y tenga sus “pesos y contrapesos”, puede darle solidez a la gobernanza de un país, que un sistema en donde los partidos estén debilitados o muy cuestionados, pero sin opciones. 

Pero no solo como “maquinaria electoral”, sino como organizaciones con doctrina, con vida interna, que creo será una variable que pesará en la política venezolana del futuro. A diferencia de Punto Fijo y su idea de la “democracia mínima” en la que no había discusiones sobre valores sino instrumentales –por ejemplo, hay que dar vivienda, y menos cuál vivienda o cuál visión de lo urbano, porque “polarizaba” y hacía visible el temor de esa generación: el sectarismo del “trienio adeco”- me luce que la política venezolana del futuro tendrá más debate sobre valores, junto a lo instrumental, porque aunque lo que interesa son los “problemas de la gente”, pareciera que hay que decidir sobre las visiones para abordarlos. Partidos con mayor densidad en su doctrina (y explícita), pueden facilitar una discusión nacional más informada, aunque también más pugnaz, pero en la Venezuela del futuro, veo inevitable la pugnacidad y el conflicto en temas de política y de políticas. En dos platos, pienso que el sistema político venezolano del futuro debe construirse al partir de un reconocimiento de las fracturas sociales y políticas, y no negarlas bajo la idea de una armonía que fue rota por los “malos” (los “sospechosos habituales” para cada grupo).

Cuando escribo esto, pienso en reformas o legislaciones como las que tienen México o Colombia, que con todas las imperfecciones que exhiben, buscan promover partidos más auditables, transparentes, competitivos, pero también con capacidades para crecer, hacer política, y llevar sus ideas a la sociedad. 

El artículo 67 de nuestra constitución es un primer paso muy importante –aunque tiene cosas con las que no estoy de acuerdo- que hay que extender mucho más.

Si en 2016 el tema de la institucionalidad de los partidos es algo sobre lo que se habla, estaré complacido. 

5.-Una mayor conciencia sobre la economía política
Los venezolanos aprendemos con mucho trabajo y lentitud que tener petróleo o dinero no nos hace mejores o superiores a otros países. Los más críticos piensan que nos hacen peores, más zánganos o prepotentes (la respuesta de Rubén Blades a Ibsen Martínez). Pero no es el punto al que me quiero referir aquí. Si no toda, buena parte de nuestra historia reciente está marcada por la visión moral o antropológica del petróleo; si nos hizo “morales” o “inmorales”; si antes éramos “pobres pero felices” y el petróleo, “nos corrompió”; si es fuente de riqueza o es el “excremento del diablo”; si es todo en la economía o puede existir una economía no petrolera; si es una extensión de nuestro ser social o no. Nuestro ADN en este tema es, “Hay que sembrar el petróleo”. Generación tras generación repiten el mismo cliché: “hay que sembrar el petróleo”, “una economía productiva”, “hay que superar el rentismo”, y cuentos de ese tipo. Gobiernos van y vienen, y quedan esos lugares comunes como promesas de los aspirantes a gobernar, y de una sociedad que trabaja para tener plata y exhibirla, no para generar riqueza, que es otra cosa. 

Pero el petróleo se sembró. En todo caso, la discusión debe ser si se sembró bien o mal. Desde los años 30, el Estado venezolano hizo posible “la acumulación originaria del capital” a todo el país, sin violencia, sin tener que exprimir recursos de la sociedad. Cada quien aprovechó de acuerdo a sus talentos, habilidades, y conexiones sociales o políticas. Este modelo duró hasta Chávez, quien entendió que tener un “Pacto de los dólares” es esencial para la estabilidad en Venezuela. Tuvo éxito: del “teniente coronel” dicho de forma despectiva en 2002, al “Presidente Chávez” expresado por sus adversarios con fuerza para que Chávez lo oyera, en 2012. 

Si la sociedad venezolana decidió no invertir en la productividad y gastar más en el consumo y en un estilo de vida por encima de su nivel de productividad, es otro de los temas de los que habrá que hablar en Venezuela, así “no sea el momento oportuno”, pero el petróleo se sembró. En algunas cosas se sembró mal, en muchas otras, se diseminó bien, pero la sociedad no tuvo ni el compromiso ni la constancia para que esa buena siembra se mantuviera en el tiempo, y se esparciera en todo el país. Simplemente, la sociedad tiró por la borda sus conquistas en el frenesí de la “reclamación de la renta”. 

No digo que la arista ética-antropológica no deba continuar como parte del debate público, pero no puede ser “el” debate público. Si –como parece- vamos a vivir del petróleo por un tiempo más largo, los escenarios de precios son modestos. La OPEP prevé un barril a 80$ en 2020 y 160$ en 2040. 

Me parece que seguir con la discusión moral o antropológica acerca del petróleo, no nos sacará del brete económico en donde estamos. Cierto que hay agravios que atender, porque la renta petrolera se distribuyó de forma desigual. Todos somos “reclamadores” de la renta, pero no en igualdad, “hay unos más iguales que otros”, que por astucia, vinculaciones políticas, talento, o esfuerzo, lograron aprovechar mejor la renta petrolera que otros; unos de forma honesta, otros no. Tal vez parte de la intensidad emocional de la crisis de Venezuela, sea que grupos y personas tomaron conciencia que recibieron poco de esa gran renta petrolera, y hoy limpios o arruinados, resienten de eso, de haberse quedado fuera del reparto. 

La sociedad venezolana de forma dolorosa, toma conciencia de un elemento de la economía política: toda distribución de recursos genera “ganadores” y “perdedores”. Y la gran perdedora en Venezuela, es la clase media. Tal vez por eso la emocionalidad en la política. Es difícil ser racional cuando se conciencia que unas malas políticas públicas y una brutal exacción de rentas muy desigual, te arruinó en los años productivos de tu vida, viniendo de la cúspide. 

Muchos emporios de venezolanos afuera no solo son por “el trabajo y a mi nadie me regaló nada”, sino en mucho, por el generoso subsidio cambiario que gobiernos dieron a la sociedad para que tomaran renta. Tanto AD-Copei como Chávez. Maduro se resiste o lo hace más restringido. Buena parte de su impopularidad es porque no tiene su “Pacto de los dólares” con la sociedad, y las leyes habilitantes en tributos que anunció el 30-12-15, apuntan a que Maduro escogió la ruta de economía política de casi todos los países que no tienen abundancia de recursos naturales como Venezuela, pero la más conflictiva: los recursos se extraen, se exprimen de la sociedad, “y cada quien a ganarse lo suyo” dijo, lo que augura desde el punto de vista de la economía política, conflictos distributivos Estado-sociedad.

Por eso pienso que la discusión moral no ayudará en lo económico –al menos, en el cómo- y posiblemente sea útil para la justicia, en el tema de “los corruptos”, pero haciendo la salvedad que mientras hubo dólares y se distribuyeron con subsidios a la sociedad, a pocos importó que se los robaran o malversaran en “empresas de maletín”, porque cada quien, tomó su renta, grande o pequeña. Hoy estamos limpios, y sí importa, pero “tarde piaron, pajaritos”. El precio de la “dignidad” no puede ser 120$ el barril, como fue en un pasado no muy lejano. La sociedad debe ocuparse más por la productividad de sus factores de producción, y de “los corruptos” y "la dignidad", que se ocupe la justicia y el Poder Moral.

Más que centrarse si es petróleo o agricultura –el eterno cliché de “tenemos que producir lo que comemos”, que no parece excluyente. Según la FAO, en 2015, 8 países son al mismo tiempo grandes exportadores e importadores de productos agrícolas- la discusión sobre economía política que pienso el país merece la formulo en una pregunta ¿Cuáles arreglos institucionales para aumentar la productividad de los factores de producción que ya tenemos, para que nuestra economía tenga ingresos más balanceados en su origen, y a su vez, éstos puedan generar círculos virtuosos de producción actuales y posibles, que mejoren nuestra calidad de vida en lo cotidiano?

Esta interrogante nos ayudará a enfocarnos en las variables vinculadas a la productividad, hoy asociadas al tema del crecimiento económico -indicador que también hoy se cuestiona, pero a mi me parece relevante- y también puede darle la importancia a instituciones que hoy están atrapadas en una construcción social que las coloca con limitaciones: las universidades, por ejemplo. Viéndolas como instituciones claves en los arreglos de productividad, tal vez tengan más dolientes de los que tienen hoy, y no sean vistas solo dentro del discurso del “son importantes, pero no tienen presupuesto”. 

Una mejor ayuda a las universidades es construirlas como espacios para las humanidades y las ciencias con un aporte a su productividad o a la sociedad en su clima crítico o de pensamiento, que el discurso de “reclamar” la renta que les corresponde vía un mejor presupuesto para las universidades, que seguramente es merecido, pero ya es un discurso estático, que ya no aporta mucho. Las pone en una posición de minusvalía, del tradicional “pobrecitos”; “pobrecitas las universidades y los profesores, donde un titular gana 36$ al cambio innombrable”. 

La economía política puede ser una discusión fascinante para la sociedad, y ella en sí misma, es un tema seductor. No en balde, Adam Smith o Karl Marx siguen presentes en nuestras discusiones de hoy, y casi todo el mundo sabe quiénes son. Es porque hicieron economía política.

Esta nos va a acompañar por un buen tiempo, por lo visto. Funke (2015), argumenta que la crisis financiera tiene efectos políticos, y el más relevante es que el electorado se vuelve extremista, siendo el tiempo crítico los 5 años inmediatos, luego del comienzo de una crisis financiera. La economía política será nuestra compañera de viaje –por mí, que sea un viaje permanente- por lo que acercarse a ella, ayudará a Venezuela y a los venezolanos a estar más en paz con su realidad, que no significa aceptarla, sino que puede y debe ser cambiada, pero con conciencia de sus posibilidades. 

Si en 2016 la sociedad venezolana abraza a la economía política como parte de su discusión pública, guao, es el tema que marcará nuestro futuro. Me alegraría mucho.

6.-Una mayor independencia de la sociedad del Estado y de los poderes fácticos
¿Cómo explicar este deseo? El programa de Maduro de los martes –“En contacto con Maduro”- la emisión del 29-12-15, me permite ejemplificar la idea.

En una parte del programa, Maduro comentó un libro que le regaló Al Aissami, escrito por el famoso político chileno –secretario general del PS de Chile cuando Allende- Carlos Altamirano, titulado “Dialéctica de una derrota” (1977), que analiza el derrocamiento de Salvador Allende el 11-9-73.

Ver a Maduro hablando de un libro de los 70 –el que mostró, la tapa golpeada por el tiempo- me comunicó la imagen de una profunda desolación intelectual, que no solo es de Maduro, sino del país en general. 

No porque Maduro quiera leer a Altamirano. Es su derecho y seguramente será interesante, pero al verlo en TV, me preguntaba ¿Por qué un Presidente de la República no tiene lecturas más recientes, más variadas, y mejores? A ver, digamos, si estamos en la izquierda o en lo social; está bien, a Altamirano, pero que Maduro hubiese dicho algo como, “Tengo el libro de Altamirano, pero también el de Piketty o el de Yunus; ‘Un mundo sin pobreza”, o algo así. Pero no: Maduro atrapado en los 70, como buena parte de la clase política venezolana, “de ambos bandos” (así moleste esta expresión).

Aunque soy persona que cree en el poder de las ideas y de la persuasión, en esos minutos que observé a Maduro, conciencié lo importante que es para una sociedad tener ideas –y buenas- y una clase intelectual que las comunique con solidez. La sensación que tuve fue la que comenté: desolación, el sentimiento que existe una orfandad de ideas con densidad que tiene Venezuela, que explica en parte la percepción de vacío, de nación sin rumbo, de la incertidumbre que vivimos. 

Más allá de buenas consignas tipo “independencia y soberanía”, “la mejor Venezuela”, o “cuando hay educación, hay futuro”, la clase dirigente venezolana no parece capaz de balbucear algo más. Me atrevería a pronosticar que si preguntamos al liderazgo político menor a los 40 años, qué leen y qué han leído, las respuestas no serán muy halagadoras. "Patear calle" o visitar a "Doña Eulalia" es importante, pero no suficiente. 

Maduro atrapado en los 70, porque la sociedad no es capaz de invitarlo o persuadirlo a él y al país en general, a acercarse a nuevas ideas, a nuevos planteamientos, a nuevas lecturas. 

Me luce que se hace urgente que la sociedad delibere cómo hacer contrapeso a la etapa de la lucha armada 60-80, porque como “paradigma kuhnhiano”, domina la reflexión venezolana, sea en la “izquierda dura” –que está en el gobierno- sea en la “izquierda buena” –que está en la oposición- con consecuencias que se ven hoy día. Las generaciones que no somos dolientes o herederas de esas luchas –meritorias, sin duda- estamos determinados por la influencia de una elite –sea en su versión “dura” o “buena”- que sigue en los 70. No me refiero al contrapeso político de la “pacificación” de los 60-70, sino a un contrapeso cultural, que nunca se hizo, y que hace falta para poder romper el círculo vicioso de una sociedad que se quedó en el inconsciente del tiempo del "éramos felices, y no lo sabíamos".

Pero también creo que mi generación tiene responsabilidad en ese dominio del “paradigma de los 70”. Somos hechura de la democracia de 1958, y “hombres del sistema”: intelectuales, articulistas, periodistas, polemistas, columnistas, escritores de lo que sea (libros, discursos, ensayos), también procesados por el sistema: los mecanismos para “ser alguien”; estar en las famosas “caras que le dicen algo al país”, pero en un sistema endógeno: los premios y reconocimientos para los mismos de siempre; y los mismos de siempre se premian y también “se dan el vuelto”. Tan rutinario es esto, que todo ocurre en los mismos lugares de siempre. Una clase intelectual que no es capaz siquiera de trascender sus propios límites geográficos, es poco probable que pueda influir con sus ideas el devenir de una sociedad. Una inmensa zona de confort a la que es difícil renunciar. No pudimos plantarle cara a ese paradigma, ni ser competencia o alternativa por lo insulso de nuestras ideas: una socialdemocracia insípida, un liberalismo de consignas tontas, o un marxismo que se viste de marca, pero también atascado en el túnel del tiempo. 

A lo anterior, se agrega un clima hostil a lo intelectual, al pensamiento. El gran aporte del Britto García crítico, fue argumentar en dos tomos algo que en mi experiencia profesional compruebo: el rechazo de la clase dirigente a lo intelectual, al pensamiento. No solo rechazo, en algunos casos, desprecio. Vuelvo: ser intelectual no es llegar a las reuniones políticas con un libro sobre la “revolución francesa” o “la transición española”, sino al empotramiento del pensamiento en lo político, que no existe. Gente culta en Venezuela, hay. Pedantemente cultos, sobran. Pero no es suficiente. Hace falta algo más. 

Tal vez por lo anterior, la referencia cultural sólida de las nuevas generaciones de dirigentes, es la TV.

Sea en la versión Maduro, quien parece chapado en la “gran revista” tipo RCTV o Venevisión de los 80 –lo que trata de revivir TVES con “TVES en la mañana”- los “grandes shows por TV” de los “hermanos Sacco”, muy famosos en la tele criolla durante los 80.

Sea en la versión de los dirigentes de las nuevas camadas de la oposición, que parece que referencias importantes son del tipo “Ni tan tarde” o “Cosita rica”, aunque ya la “cosita” no está “rica”, y a varios por la viveza del “Ni tan”, ya “se les hizo tarde”.

Posiblemente esto explique la emocionalidad de la política nacional: los públicos se buscan equiparar al del “gran show por TV” o al de un “late show”. El ingenio vacío o la banalidad de ver pasar el tiempo de la televisión.

Lograr una clase intelectual con más densidad en su influencia, pasa por alejarla un poco del Estado y de los poderes fácticos. Que sea su irreverencia sea menos bravata.Que con el Estado y los poderes fácticos, sea menos dependencia y más una relación entre iguales, que Venezuela merece, dado lo complejo de lo que le tocará enfrentar ya.  

Probablemente así, Maduro y la élite en general, pueda tener ganas de buscar mejores y más actualizadas lecturas, para superar poco a poco, el “paradigma de los 70”, que hoy goza de buena salud, pero sumamente limitado para abordar la Venezuela del Siglo XXI. 

Si algo de lo anterior se avanza en 2016, me doy por servido. 

Estos son mis seis deseos políticos para 2016. Espero dentro de 366 días de este año bisiesto, poder afirmar que avanzamos algo en cada uno de ellos. Como Margaret Mead, pienso que, “Life holds a sequence of good things”

¡Feliz 2016, Venezuela!