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domingo, 18 de marzo de 2007

Dos realidades
El momento político venezolano es muy fluido. La capacidad de hacer pronósticos se pone a prueba. A riesgo de fallar en el análisis, puede decirse que en el país ocurren sincronías y asincronías políticas.
En la sincronía, es el cambio en la correlación de poder que ocurre en la coalición oficial, y en las organizaciones que buscan ser alternativa al gobierno.
En la asincronía, es la creciente distancia que se observa entre la "agenda de los políticos" y la "agenda de la gente". En Chávez, por su dogmatismo. En las alternativas, por su falta de unidad y de acción.
Sobre el primer nivel -sincrónico- es claro que Chávez impone el "partido carismático" (Panebianco, 1995), porque necesita la mayor concentración de poder posible para hacer viable el "socialismo del Siglo XXI" en el 2007. Es su objetivo. Las reacciones de cuestionamiento, principalmente de Podemos, y en medida variable del PPT y del PCV, muestran lo que es propio de los "partidos carismáticos": la centralización total y la ausencia de liderazgos primus inter pares. Chávez es único, y todos se subordinan a él. "A un padre no se le responde", expresó José Albornoz del PPT, como señal que indica que el debate político -lo que han pedido estos partidos, incluido el PPT- es sustituido por el culto a la personalidad, y el miedo al "padre castrador". De la sociedad del debate, a la sociedad del arrepentimiento.
Sin embargo, aún con arrepentimiento, hay fisuras. El discurso oficial ha privilegiado el pluralismo, la diferencia, y que "al socialismo del Siglo XXI hay que inventarlo", junto a que es "un modelo propio, que no copiará ninguna experiencia de otro país", lo que generó identidades políticas oficiales que se resisten a fusionarse -es decir, a dejar de ser lo que son- porque tienen una base política y recursos propios. Los partidos tienen historia. Son una realidad sociológica.
El MVR nunca se llegó a consolidar como un partido más allá de ser una maquinaria electoral, y eso facilitó que partidos con una identidad -Podemos viene del MAS, el PPT de La Causa R, y el PCV con una tradición histórica- construyeran espacios propios, distintos al electoralismo del MVR. En otras palabras, cuantitativamente inferiores al MVR, pero cualitativamente superiores al partido de Chávez. En una forma de gobierno que se declara "participativa y protagónica", es difícil que partidos con tradición frente a un MVR que es sólo maquinaria electoral, acepten de buenas a primeras desaparecer, por más que así lo quiera el "padre". Chávez quiere crear un partido democrático, pero donde él es el centro, y se resiste a que ocurra la “institucionalización del carisma”. La estabilidad es el final para Chávez. Nunca buscará el equilibrio. Como le confesó a José Vicente Rangel, él es un “subversivo en Miraflores”. Un partido institucionalizado, es lo menos que quiere.
El reto que tiene el trío de partidos –cada uno con sus diferencias- si quieren sobrevivir a esta crisis -y eso explica sus contradicciones- es mantener la identidad política lograda en su militancia. Por definición, un "partido carismático" no acepta competencia. Estás o no estás. El líder decide la suerte de sus miembros. No hay carrera política. Sólo incertidumbre. La suerte de este trío fue echada el domingo 18 de marzo en Aló Presidente.
Retroceder, implicaría el debilitamiento público y cese de estos partidos como fuerzas políticas con peso propio, aunque sean "perdonados" y ocupen posiciones en el gobierno. No serán nada. Mantener sus planteamientos, supone el riesgo de ser aplastados por un liderazgo carismático, pero la oportunidad de ser minorías que pueden tener peso político, en un ambiente subversivo como el que vive Venezuela. No hay que despreciar ser minoría. No es una posición vulnerable ni de debilidad. Serge Moscovici (1985) ha demostrado el rol innovador de la minoría, y sus posibilidades de derrotar a una mayoría. Eso sí, la regla de oro de una minoría exitosa es ser consistente.
Ya ocurre lo esperado: deserciones de dirigente de Podemos, dudas en el PPT, y ambigüedad en el PCV. Es la prueba que ahora van a tener Podemos, PPT, y el PCV. La consistencia los salvará. La inconsistencia, los hundirá, porque las presiones para promover las deserciones, seguirán.
En el caso de quienes se oponen al gobierno, el no actuar comienza a abrir espacios para que aparezca una vieja división: quienes creen en las elecciones, y quienes no creen en el sufragio como forma de producir cambios en el país. Esta división se refuerza por la percepción que nada de lo que haga la oposición, puede detener el rumbo del gobierno.
Ahora se ve en su crudeza los errores políticos de 2002, 2004, y 2005. Sin entrar en la discusión de estas fechas -en la que hay posiciones y argumentos que deben examinarse a favor de una y otra opinión- lo cierto es que el abandono institucional pasa factura. No hay voz en la Asamblea. Sólo hay dos gobernaciones. Pocas alcaldías y Consejos Legislativos Regionales. Lo peor, una suerte de acomplejamiento de la oposición que le impide actuar y opinar, tal vez por temor a ser señalada de haber abandonado espacios en el pasado o por creer que lo que pueda decir, "no interesa en el barrio". Todavía muchos sectores del país ven al pueblo como a Juan Bimba, con sus alpargatas y su bollo de pan debajo del brazo. Nada más equivocado. Las alternativas no atinan a descifrar cómo "entrarle" al gobierno, para ser la minoría innovadora que la oposición puede ser hoy en Venezuela.
Lo anterior tiene como consecuencia que también dentro de la oposición aparezcan diferentes configuraciones. Hasta ahora pueden identificarse tres: una, en donde está UNT y otras organizaciones más de centro-izquierda, acompañado de individualidades políticas; un frente socialcristiano, en el que están Copei, PJ, y algunas organizaciones que pueden estar allí o estar en otras configuraciones dependiendo de la situación, y que a su vez están agrupadas para actuar, es el caso de Visión Emergente, Venezuela de Primera, Fuerza Liberal, etc; y un frente crítico, en donde están AD, ABP, CNR; en fin, el “frente patriótico” que propugna Alvarez Paz.
¿En qué puede parar todo esto? En el lado del gobierno, los disidentes experimentan la presión del Estado que se ve en las deserciones y ambigüedades. Lo que les queda es resistir, por lo que la prudencia es buena consejera en estos momentos. Estos partidos tienen base, dolientes. Hasta ahora, se han separado personas que ocupan puestos de dirección ¿Qué dice la militancia? Esto será lo crucial.
Para las alternativas al gobierno, se mantiene pendiente la unidad de las fuerzas políticas, tan necesaria como difícil. Hoy hay una suerte de dispersión de fuerzas de la oposición.
¿Y qué ocurre en la sociedad? Las asincronías. Por una parte, el gobierno sigue con su agenda, pero con apoyos variables en diferentes temas, si se observan las cifras de firmas como Datanálisis e Hinterlaces. Se mantiene la percepción de bienestar en los sectores populares, pero hay opiniones críticas en torno a temas como RCTV (Datanálisis) o la reforma constitucional (Hinterlaces). Lo que parece es que se está gestando una discrepancia silenciosa de la gente que apoya a Chávez con algunas de sus políticas. Esa es lo que podría llamarse la "paradoja Chávez": empoderó al pueblo (impulsó la demanda) pero amenaza la oferta, con lo que la pendiente positiva del empoderamiento se estanca. Se quiere cambiar la idea de bienestar por la ideología.
Lo cierto es que Chávez habla como si no pasara nada. Como si los apoyos fueran totales, y no quiere darse cuenta de una realidad en la que comienza a haber cuestionamientos. Sigue con su agenda. Aunque muchos hoy ven al Jefe del Estado como si fuera un dios o un "padre" que hoy está "bravo" y no saben cómo complacerlo para “alegrarlo”, la brillantez de Chávez se ha venido opacando cada vez más, para convertirse en una persona poco asertiva y arrogante. Tal vez los sectores acomodados de Venezuela estén haciendo las fortunas que no hicieron en el pasado o haya un consumo boyante, pero eso no debe verse como una señal de buen gobierno, sino como el precio que ha pagado Chávez -o los venezolanos, con un déficit fiscal en medio de un boom petrolero, de acuerdo al Mensaje de Fin de Año del BCV de 2006- por su poca asertividad política. Cada vez es más poderoso y controla al país, y buena parte de la sociedad se le arrodilla y guarda silencio, pero en su punto de máximo poder, la entropía que genera Chávez es cada vez mayor. Tan fuerte y tan vulnerable al mismo tiempo. Es la otra cara de la "paradoja Chávez".
Es claro que Chávez continuará con su agenda, así los costos sean elevados. Hasta ahora ha podido superar las situaciones difíciles –como parece indicar el tema de la escasez en algunos rubros agrícolas- pero se observan situaciones que han excedido sus capacidades: la inseguridad y la gira reciente a países de la región, salvo avanzar en el Banco del Sur, se observó un alejamiento hacia su figura, focalizada sólo en el apoyo de Argentina, Ecuador, Bolivia y Nicaragua. Los dos últimos en un zigzagueo político.
A esta agenda dogmática, se opone la agenda de la gente, que cada vez es más visible. Todavía no es noticia, más allá de informaciones dispersas, pero que si se arman cual rompecabezas, ofrecen una realidad distinta a la concentración del poder. La principal, expresar el agotamiento que hay en el país. La cotidianidad es exigente, en un ambiente de improvisación, corrupción, y poca eficacia gubernamental en áreas sensibles. Tal vez lo más constante que ha tenido el gobierno desde sus inicios sea construir infraestructura, pero en otras áreas no. La crítica aparece, y se percibe que las instituciones no funcionan. Lo que tanto se criticó en el pasado, hoy emerge: hoy las instituciones son la calle. La gente busca los espacios públicos para expresar lo que no puede hacer por los canales normales, así sean "protagónicos".
Un gobierno que actúa con soberbia, una oposición que no acierta en una política alternativa al gobierno ¿Dará la gente la sorpresa? No se trata de desear un 27-F –lo menos deseable- pero ¿Pudiera la gente producir un resultado electoral contrario a los deseos del gobierno, con CNE y todo controlado? ¿Un referéndum con una aprobación pequeña de los puntos del gobierno? ¿Una derrota a la reforma a la Constitución? ¿Barajo en los revocatorios? Es difícil pronosticarlo. Lo que se vislumbra es que el país se halla en la encrucijada de aceptar un control total sobre la sociedad por parte del Estado, o rechazarlo. La diferencia ahora, es que aunque no lo parezca, pareciera haber mayor conciencia en sectores del país sobre los peligros de un proyecto que activó a los pobres, y hoy los quiere obedientes y sumisos. La apuesta de este análisis, es que la sociedad, a su manera, va a ponerle límites a este control ¿Tendrá Chávez la humildad para aceptarlo y la oposición la sagacidad para canalizarlo?

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