lunes 6 de julio de 2009

Lección Persa
Entro en un tema en el cual no soy experto: Irán. Sin embargo, los acontecimientos ocurridos luego de las elecciones del 12 de junio en ese país, llaman a no obviarlos, y a fijar posición. En la era de Internet, es imposible no saber lo que pasa, y mucho menos a no tener algo qué decir.
Las enseñanzas que se derivan de este episodio las ubico en tres categorías de análisis: 1) Las relaciones internacionales, 2) Las elecciones en el mundo actual, y 3) Lecciones desde y para Venezuela.
En el post La Declaración de la Moneda (23-9-08) se dijo lo siguiente, que considero aplicable al momento que vive Irán, aunque se escribió al pensar en la stuación de América del Sur; “La Declaración ayuda a Chávez, en tanto que uno de los temores que le quita el sueño – ‘el separatismo’ o la posibilidad que su poder sea cuestionado a través de movimientos regionales, lo que él llama la ‘revolución naranja’ - es rechazado de forma clara en el documento, y éste introduce un término novedoso, que puede estarse adelantando a lo que perciben los presidentes en la región, ‘golpe de Estado civil’, y lo que está detrás de este término son las rupturas o cesiones territoriales, que es el fondo de la Declaración. Esta diferencia es relevante”.
La época de las intervenciones de un país en otro –al menos militarmente- parece haber cesado, o si ocurren, supondrán un gran consenso previo, como puede ser el caso futuro de Corea del Norte, en una eventual amenaza nuclear, o el caso de Irán, en la misma eventualidad atómica. Quedan las intervenciones unilaterales, como la que puede hacer Israel en Irán, en donde habrá un rechazo inicial, pero la situacfión se resolverá en función a cómo se desarrollen los hechos posteriores al primer ataque.
Sin embargo, parece que ante los asuntos domésticos, las intervenciones serán nulas, y a los estados sólo les queda el recurso de opinar y ejercer presión por medios diplomáticos. Este es el giro que en mi opiníón tomó la política exterior de los EE.UU recientemente. Algo como, “no intervendremos, pero opinaremos”. Claro, hay una sutil diferencia, porque el Estado sobre el cual se opina, dirá que hay una intervención, como sucede en Irán, en donde el mandatario electo Ahmadineyad, le reclama a los EE.UU su “intervención” en Irán, y les exige una disculpa.
Por su parte, Obama ha venido endureciendo más sus opiones en torno a la nación persa, y en la más reciente intervención, expresó que Mousavi había “capturado la imaginación de los iraníes que quieren abrirse a Occidente”, y elogió a la gente en la calle, “Su valentía ante la brutalidad es un legado de su duradera búsqueda de justicia. La violencia perpetrada en su contra es escandalosa”.
No obstante, la represión ha venido aumentando en Irán. Muchos de la línea dura piden la ejecución de los líderes que han encabezado las protestas, y esto posiblemente explique que las palabras de Obama suban de tono. El mensaje es que cuando sucede una crisis, no hay intervención, pero la crisis tiene que manifestarse bajo cauces pacíficos, y no se puede penalizar a quien proteste. Lo que hay es una observación mundial a que la tensión no se salga de los límites –que no sea violenta- que es lo que no ocurrió en Irán.
Igual pasó en Honduras. La crisis se salió del marco institucional, porque había un juego trancado, por motivos diferentes a los de Irán. En el país de Centroamérica, las organizaciones del país reaccionaron como un todo para evitar que se instaurara un modelo como el de Chávez, y el intento de Zelaya de proseguir con su propuesta de reelección –apenas le quedaban 100 días, y en violación al artículo 4 de la Constitución hondureña- detonó el golpe de Estado que lo sacó del poder el día 28-06-09.
Aunque hay un gobierno de facto en Honduras, esto no invalida la tesis planteada antes. El hecho que el golpe haya sido rechazado por los países de la región y las instituciones regionales, evidencia que la crisis se salió de su cauce y eso es inaceptable. Como se comentó en el post del 28 de septiembre ya comentado, se aceptan las “trompadas estatutarias”, siempre y cuando no supongan una crisis violenta. Es la crítica que se le hace a la OEA: los principios diplomáticos dan paso a situaciones de hecho; al “duelo” del que habló Consalvi el día 6-7-09.
Al momento de escribir este artículo, los hechos toman un giro interesante: las instituciones y los países condenan el golpe, y trabajan en restituir a Zelaya. En Honduras, justifican la decisión tomada, y alegan no sólo la grave violación hecha por Zelaya, sino el rechazo a un modelo que no quieren. Instituciones versus estado de necesidad. Hoy, la solución vendrá dada por la capacidad de resistir, y posiblemente por la diplomacia que parece aplicar los EE.UU, y no los intentos de la OEA de imponer a Zelaya como sea. Veremos.
A diferencia del 11 de abril de 2002, en ese país los militares no protagonizaron nada, ni estaban vestidos de gala, ni con guantes blancos –como Molina Tamayo- ni estaban diciendo que había que enjuiciar a Zelaya –como pasó aquí con Chávez- sino que bajaron el perfil. No estaban dando declaraciones o ruedas de prensa. No se vio a los civiles peleando por el poder, como aquí, y no deja de sorprenderme la unidad –incluso del partido por el cual Zelaya ganó en 2005- para aprobar la sustitución. Se fueron al Congreso, no al Palacio de Gobierno, como aquí. No derogaron poderes, sino que los afirmaron. Muy distinto a Venezuela de 2002, en donde lo que hubo fue una pelea de grupos por el botín. En fin, a pesar que los dos son hechos de fuerza, hay muchas diferencias entre abril de 2002 en Venezuela, y junio de 2009 en Honduras.
Aunque condeno el golpe de Estado en Honduras, desde un estricto punto de vista político, esto tiene un efecto demostración –si se consolida o mantiene en el tiempo- en contra del gobierno de Chávez, porque sencillamente muestra que una hegemonía puede ser desafiada, o el intento de imponer una, como fue el caso de Honduras. La gente del gobierno debería verse en ese espejo, porque en Venezuela se rompieron los límites, y si hay una crisis política, no habrá Kalasnikhov que valga al gobierno. En Venezuela, el gobierno rompió los límites, y en Honduras se quiso hacer los mismo, pero hubo una reacción frontal en contra. No será fácil imponer el modelo chavista en la región. No lo ha sido hasta ahora, y será mucho más difícil en el futuro.
La buena noticia es que quienes protesten, no estarán solos. Al menos, habrá opiniones a favor de su causa. La mala noticia, es que esto no evitará la represión. No obstante, la presencia de nuevas tecnologías ponen al descubierto cuando un gobierno se sale del manejo respetuoso de la disidencia, y eso pone un costo político importante.
Antes que el gobierno iraní reprimiera, salieron al mundo las imágenes de las protestas, y eso puso en alerta al mundo sobre lo que ocurre en la República Islámica. Lo malo de esto, es que las tiranías se cuidarán más ahora para controlar el flujo de información, porque en ausencia de intervenciones, lo que le queda a los manifestantes, es registrar lo que ocurre para colocarlo disponible al mundo, y los países y organismos mundiales puedan opinar. Si no hay información, no hay opinión, y eso es lo que hace el gobierno de Ahmadineyad ahora: controlar el flujo de información, y usar la red para los propósitos del gobierno, de manera de confundir. Afortunadamente, la información que salió antes, no puede ser neutralizada con estas acciones. Pueden evitar que se conozcan hechos nuevos, pero no pueden borrar lo que ya ocurrió. Las tiranías buscarán que nada se conozca, como pasa en Myannmar, y como quiere hacer el gobierno de Venezuela. No es casual los ataques que éste último tiene en contra de los medios. Hegemonía sin control de los medios, no es hegemonía, y lo más importante, está abierta al escrutinio mundial, que es lo que permite opinar, más no intervenir.
Lo segundo, las elecciones en el mundo actual, es más conocido para nosotros en Venezuela. Somos pioneros, pero los comicios iraníes, globalizaron lo que en Venezuela se vio como algo local, y es que las dictaduras buscan arreglar las elecciones para ganarlas con una diferencia abrumadora, de manera que nadie pueda cuestionar desde afuera, y ocurra una desmoralización adentro. Aún así, las protestas en las calles de Teherán dan un duro golpe a esta pretensión. Las elecciones a partir del 12 de junio, no serán las mismas. Especialmente para las tiranías y gobiernos autoritarios.
¿Por qué? Porque hay una legitimidad para cuestionar los abusos del gobierno. Todos los gobiernos autoritarios abusan de su poder para torcer los resultados electorales. En Venezuela se vivió en las regionales de 2008, con una de las frases por las que Chávez será recordado, “el gas del bueno”; el uso inmoral y exagerado de los recursos del Estado, y la intimidación a los votantes.
Aún así, los votantes venezolanos expresaron su opinión, que el gobierno desconoció. Pero lo que abre Irán, es que ese desconocimiento no queda impune. Los gobiernos abusadores como el de Chávez, deben contar ahora con la posibilidad de protestas legítimas para cuestionar la trampa y la coerción. Hablar de oligarquías ya no será eficaz. Esto explica los esfuerzos del gobierno para tratar de controlar todo en el país: los medios; el proceso electoral, con el proyecto de ley electoral, pero lo más importante, es la suspensión de elecciones.
El gobierno sabe que un resultado 60-40 a su favor, es difícil ahora. En el peor de los casos, será un 45-55% como ocurrió en el referéndum del 15 de febrero. Este escenario es inaceptable para el gobierno, porque significa que su hegemonía no es plena, y que en el cualquier momento, ocurrirá una transición por la vía electoral. Mi opinión es que, salvo que se imponga la sensatez en el gobierno, éste va a tratar de adulterar o forzar el resultado de una elección importante, y ahí aparecerá la crisis. Es lo que creo va a pasar, al menos con la información disponible de hoy ¿Si no respetó los votos a favor de Ledezma, por qué habría de respetar votos en contra, en un contexto más precario para el gobierno? Si lo hace, es porque un factor externo lo indujo a eso, no porque quisiera.
Finalmente, las lecciones que se derivan desde y para Venezuela. Creo que son varias.
Desde Venezuela, es que el pueblo nacional ha tenido –con todas las dificultades y fallas- una resistencia admirable en contra del gobierno, y eso antecede a las protestas en Irán. De algún modo, la sociedad venezolana ha sido pionera en las luchas callejeras. Aunque en muchas discrepo por la forma sobre cómo se llevaron a cabo, hay que reconocer esta realidad. La gente aquí tiene resistiendo 10 años, y eso es de un mérito importante. No fue, no es, ni será fácil, pero hay una voluntad para mantener el aguante.
Hacia Venezuela, es que siento respeto por el pueblo iraní, no sólo por su valentía, sino porque es un pueblo verdaderamente moderno y maduro. Salieron a las calles a defender el voto, y eso habla mucho de su conciencia cívica y democrática.
Una convicción que no se ve en otros países de la región como Siria o Egipto, que puede decirse son sociedades autocráticas, en donde una dinastía se queda en el poder, y hay una aceptación –al menos visible- de las sociedades de esos países hacia el autoritarismo. En Irán, las consignas fueron “Dónde está mi voto”, y “Abajo el dictador”, que comunican muy bien su nivel de conciencia cívica.
No quiero decir que en Venezuela no haya cultura cívica. La hay, y mucho. Lo que quiero decir es que falta como política, como maneras para hacer las cosas, como una cierta elegancia dentro de la represión, dentro de las dificultades; en fin, un saber hacer las cosas. Una cierta humildad, no la arrogancia criolla de “qué arrechos somos”, que al final se convierte en algo cursi o una torta, por decir lo menos.
Por ejemplo, quienes protestan en Irán dan motivos, y veo pocos comentarios de desprestigio, sea en palabras o pancartas. Hay civismo. Lo otro, es que no hay llamados a los militares –los dejan al margen- o frases tipo “valientes” o “hay que regalarale pantaletas a los militares”, que durante un tiempo se escucharon muccho en Venezuela.
La lección que saco es que la estatura civil, el liderazgo civil de un grupo se obtiene no sólo con ganas, sino con un saber hacer las cosas. Y ese saber supone contenidos, y maneras de expresar lo que se siente. Sugiere no una vía fácil –pedir un golpe- sino una capacidad de vencer las dificultades. Lo decía el psicólogo social francés Serge Moscovici: una minoría que sea persistente en sus puntos de vista, influye en el cambio de opinión de una mayoría.
En definitiva, el aprendizaje que saco de los hechos en Irán es que tenemos espíritu, pero no disciplina. La clave del éxito está en combinar las dos cosas. Espíritu para resistir, pero disciplina para saber hacer las cosas y ganarse al público, nacional y externo. Aunque los hechos recientes revelan que la represión y la fuerza se imponen en Irán, no hablaría de fracaso en las protestas. Mostraron espíritu y disciplina que tal vez no se vean en el corto plazo, pero en el largo, harán la diferencia a favor de una mayor democratización de Irán, dentro de sus coordenadas como forma de gobierno. Aunque esto no sea un cambio de sistema, es un giro de 180°, que indudablemente resfrescará la democracia en el mundo. Enhorabuena la lección persa.

martes 23 de junio de 2009

¿Tarjeta única, o unidad y liderazgo?
En El Universal del día 22-6-09, Leopoldo López hizo tres planteamientos que merecen consideración de las fuerzas alternativas.
Debo confesar que el estilo político de López no es de mi agrado. Busca ser una especie de "Chávez bueno", con un discurso populista, y como buen populista, cree estar más allá de los partidos. López no pudo mantenerse en Primero Justicia, y su relación con UNT, es como una pareja que vive en la misma casa, pero duermen separados.
Ahora, el ex-Alcalde de Chacao plantea una dicotomía a mi juicio inexistente entre partidos y movimientos sociales, que rememora a los pensadores autoritarios ¿Para qué partidos, si son burocráticos, y lo que se necesita es un líder que tome decisiones? Algo parecido inspira a Chávez, y de ahí el parecido que encuentro entre López y Chávez. La tesis del "gendarme necesario", que es lo único a lo que parecen apostar buena parte de las elites del país.
Sin embargo, López planteó tres cosas importantes las que -como afirmó- es mejor que sean discutidas ahora, y no el año que viene o cuando se acerquen las elecciones. Puso el dedo en la llaga, y creo que sus planteamientos deben ser considerados, y no ignorados; respuesta recurrente de la dirigencia partidista cuando aparecen ideas que confrontan el status quo.
López sugirió tres cosas: primarias para escoger a los candidatos de la oposición; tarjeta única; y solicitar al CNE que organice las primarias de la oposición.
De las tres propuestas, estoy de acuerdo con todas, menos con la tarjeta única. Veamos.
Una primaria o un mecanismo que permita la participación de al menos 5,3 millones de votantes opositores, es necesario. Pretender hacer la selección de candidatos sólo con encuestas o conciliábulos políticos, es una desconsideración -por lo menos- a las millones de personas que han resistido la presión del gobierno, y que hoy la mantienen.
No se puede pedirle a la gente que participe sólo para marchar, pero luego decirle que no lo haga a la hora de escoger a sus candidatos.
Los partidos tienen que definir un mecanisno para consultar a la sociedad. Lo ideal sería diseñar unas primarias conjuntas para todos los partidos, con reglas y tiempo, para que haya una verdadera competencia y se seleccione a los candidatos que capten mejor el momento del público, y el momento político del país.
Esto no va a suceder. Hay razones para ello. De la sociedad, es que se va a organizar una consulta que no será primaria -que es una competencia entre opciones y entre liderazgos- sino una elección de base, que la ganará el favorito o el que tenga el mejor aparato, como sucedió en Aragua en 2008.
De los partidos, la idea no va a gustar a muchos, porque quita el control de postular a dirigentes, lo que significa la pérdida de poder.
Además, crea incertidumbre porque podría ganar alguien no conocido, que no sea controlable por las cúpulas del establishment político nacional.
Me gusta una primaria por varias razones. Me impresionan las primarias en los EE.UU. Creo que es una competencia lo más cercana a un juego justo. En segundo lugar, ayuda a macollar menos y a fajarse con la gente. La política venezolana es muy conservadora, muy de salón, y de acuerdos cocinados quien-sabe-donde.
Finalmente, porque soy de una generación que considera que con los actuales mecanismos políticos, no tendrá una participación política relevante, sino secundaria.
Confieso que me quita el sueño ver pasar los mejores años de nuestra generación bajo la opresión de unas estructuras políticas que jamás van a permitir la renovación, y no decir nada sólo porque uno es de la oposición. Betancourt supo deslindar, y escribió el famoso, "Con quien estamos, y contra quien estamos". Sabía que con los viejos generales liberales y conservadores, no sería posible el país moderno que era la meta en ese entonces. Tuvo que romper, incluso con personas de la talla de un Román Delgado Chalbaud. Nuestra generación tiene que tener el valor de hacer el deslinde necesario -incluso dentro de la oposición- y pueda ser evaluada no por un cogollo de conservadores, sino por el país.
Prefiero ser un "don nadie" y decir estas cosas desde un blog, a estar a la sombra de algún peso político, en silencio, macollando para ver cómo surgir, y confiar en que algún día ese benefactor, me de la oportunidad para incursionar en algo, bajo su control. Así son las cosas, pero las cosas pueden ser diferentes. Considero que este tipo de relación hay que acabarla. Le hace daño al país, y a las generaciones que se han formado.
Vargas Llosa señaló que gente con capacidades se ha alejado de la política porque la consideran despreciable. Su lugar, lo llenan los vivos de siempre que construyen un discurso que la "política es para una clase determinada de personas", y excluyen a un buen número que pudiera estar en la política. Sin embargo, con el tiempo, uno se da cuenta que estos auto-designados políticos no son líderes, sino buenos escaladores. No tienen la estatura, y por eso creo en algún mecanismo abierto que permita mostrar de qué madera estamos hechos, y no que la respuesta a esto, sea el filtro de un grupo de personas más interesadas en cuidar un orden que en cambiarlo.
Hoy el peso para una selección es la capacidad para macollar y relacionarse, y no las capacidades individuales o las ideas. Quien no macolla, no tiene vida política en Venezuela. La primaria bien diseñada, equilibria la inevitable macolla, con la puesta en escena de las capacidades personales, y si llega a concretarse, permitirá que emergan otros liderazgos, más frescos.
Ya como está diseñado el sistema electoral en el país, es bastante excluyente si no se pertenece a alguna maquinaria. Si la ley electoral se aprueba tal como está, el sistema electoral será todavía más excluyente. Será el dominio de una verdadera oligarquía, en donde unos pocos serán los seleccionados -previa aprobación de las cúpulas- aunque se mantenga la figura del "iniciativa propia".
No es que en los gobiernos de AD y Copei el sistema fuera perfecto, pero indudablemente habían mecanismos -los diputados adicionales, por ejemplo- para oxigenar el sistema.
Quienes no entraban al sistema político, tenían la posibilidad de desarrollarse en la vida privada como profesionales. Hoy, también está posibilidad está amenazada.
Si se quiere avanzar en la vida privada, hay que tener algún tipo de relación con el gobierno. En Punto Fijo, a lo mejor no eras diputado, pero podías ser empresario. En la "revolución bonita", las posibilidades para ser diputado son pocas, y para ser empresario, hay que ser amigo de "Perucho" Torres Ciliberto, Arné Chacón Escamillo, o "Alito" Uzcátegui, entre otros "boliburgueses". En lo personal, no tengo interés en ser amigo de alguno de los tres caballeros mencionados o de otros prominentes "empresarios" del gobierno.
De manera que hay que cuestionar al sistema para abrir canales de refrescamiento. Si no, esto será un juego de unas oligarquías, como ya es, envuelto en un discurso sobre la "democracia protagónica", y algunas prestaciones básicas que se recibirán del gobierno. Más nada para el ciudadano común como uno. Una especie de "ciudadanía tapa amarilla".
La mesa de la unidad está muy bien, pero son las mismas caras de siempre, que no se quieren ir, y lo peor, que no hay mecanismos para hacer que se vayan.
Una primaria ayudaría a la "circulación de las elites", para usar el término politológico. Tal vez no sea garantía de escoger a los mejores, pero sí de abrir la competencia a un mayor número de personas interesadas en participar, pero que han sido desechadas por los filtros de los cogollos. No es una panacea, pero sin duda, ayudará a promover otros liderazgos, distintos a los actuales.
Propondría no hacer una primaria para el 100% del total de los cargos a elegir por cada partido, porque sería un sueño en estos momentos; pero planteo que un porcentaje de los cargos a elegir, sean por primaria. Algo como 80% seleccionado con los métodos tradicionales (acuerdos, encuestas, etc), y el 20% escogido a través de una primaria.
Es decir, si se suman principales y suplentes, se tienen 334 figuras a votar para la AN. De esta cantidad, 67 serían producto de una primaria, y los 267 restantes, por los medios tradicionales.
Es una idea incrementalista, pero más viable y realista, porque todo el mundo dirá sí a la primaria -para quedar bien ante la opinión pública- pero le pondrán peros, y la diluirán para no hacerla.
Tal vez comenzar con una cantidad pequeña de personas seleccionadas por esta vía, haga la idea más atractiva y manejable a los partidos.
Lo importante, es que la oposición está obligada a hacer algún tipo de consulta a la sociedad para la selección de los candidatos. Ya no bastan las encuestas o el consenso. Ambos métodos, mostraron severas fallas para la escogencia de los candidatos a las regionales de noviembre de 2008.
Lo segundo, la tarjeta única. Discrepo de este planteamiento. Principalmente, porque creo que es hacer una concesión indirecta a Chávez. El es rojo, entonces quienes somos de la oposición, tenemos que ser de otro color, pero de un único color distinto al rojo.
De verdad, ya estoy cansando de esa tendencia de las elites y buena parte de la sociedad a imitar a Chávez, aunque no lo digan. Especialmente en su arbitrariedad y vulgaridad. Si son cuñas, hay que poner siempre a gente popular, porque si se sugiere hacer otra cosa, no se acepta. Las cuñas siempre son sobre lo mismo: los “pobrecitos” que son objeto de cariño de parte de los más aventajados de la sociedad. El chavismo la oposición lo entiende como un elogio al “pobrecitismo”.
Considero que es fundamental diferenciarse de Chávez, porque éste es un mediocre, aunque sea el mandamás de Venezuela. La famosa popularidad que tanto se menciona para justificar las imitaciones de Chávez, hay que descomponerla. No todo lo que brilla, es oro.
De acuerdo al IVAD-Seijas (mayo 7, 2009), la aprobación del desenvolvimiento de Chávez está en 61,2 por ciento, pero de este porcentaje, el valor más alto está en “Regular hacia bueno”, con 26,6 por ciento. “Excelente” apenas opinó el 13,9 por ciento. Dos puntos por encima de quienes dijeron “Pésimo”, que sumaron el 11,1 por ciento. A Chávez lo empujan los regulares, y debe ser frustrante que se crea un “titán”, y el valor más alto de la gente que lo evalúa bien, está en “Regular” ¿Qué le pasa al “titán”? Realmente, el "arañero" como a él le gusta llamarse, es eso: un "arañero" que ha creado una inmensa telaraña de ineficiencia, burocracia, violencia, y corrupción, que está tejiendo y envolviendo a su propio gobierno.
De manera que hay que diferenciarse. Chávez quiere uniformidad, y hasta el PPT y el PCV luchan por la diversidad ¿Por qué no ha de hacerlo la oposición? Mientras Chávez homogeneiza, la oposición pluraliza. Eso lo ofrece las diversas tarjetas que conforman el arcoiris de la alternativa venezolana. Es una fortaleza ¿Por qué desecharla sólo para complacer a quienes buscan imitar al gobierno, en la creencia que así van a ganar?
También me parece desacertado afirmar que en noviembre de 2008 no se ganaron más puestos, porque faltó algo como la tarjeta única. No se obtuvieron más puestos sencillamente porque no hubo unidad, no por la existencia de muchas tarjetas.
La unidad es la condición suficiente y necesaria para hablar de lo demás, y si ésta no se logra ¿Qué sentido tiene hablar de la tarjeta única?
Entiendo por tarjeta única una sola opción para canalizar el voto opositor en cuanto a nombre y color.
Lo importante es la unidad, no la tarjeta, y aquélla se puede lograr perfectamente, al margen de la tarjeta única. Si no ¿Cómo ganó Ledezma, Capriles, Pablo Pérez, Morel, Ocariz, entre otros? Ganaron porque fueron candidatos de la unidad, y la gente sufragó por ellos.
Además, la tarjeta única quita el incentivo a los partidos para construir su identidad y también diferenciarse.
Entiendo que López es el promotor de la onda de los “movimientos sociales” y no los partidos, aunque las dos tesis no se excluyen. Pero que los partidos puedan competir por el voto de las personas, es una buena medida del liderazgo político que tienen, y es un buen incentivo para que los partidos se diferencien sobre la base de candidatos y programas, y no sobre una tarjeta unicolor, que no dice nada, más allá de querer revivir en la oposición, el populismo que Chávez promueve dentro de sus filas, y en las que hay resistencia de los partidos aliados, y de los intelectuales del gobierno.
Argumentar que la tarjeta única es mejor porque el voto se facilita, también es engañoso. En el municipio Sucre hubo cerca de 15 votos, y ahí ganó Ocariz. La gente no es tonta: si hay un buen candidato unitario, votará por esa persona. Creo que hay que dejar de subestimar al pueblo.
Esa es la debilidad de los populistas. Su discurso siempre es "el pueblo", pero lo tratan como a un menor de edad. Sólo sirve para plebiscitar, pero no para deliberar y decidir. El populismo es insoportable, y más el "populismo posmoderno" (presencia en medios + discurso sobre lo popular + candidatos fashion).
Los partidos lo que deben es definir reglas para la competencia entre ellos, que reduzcan los incentivos para jugar “el dilema del prisionero” –puede ser con el criterio geográfico, ya que los partidos tienen sus áreas de influencia- y definir un programa básico o mínimo que les de una identidad a todos, pero que puedan diferenciarse más allá del mínimo. Un Punto Fijo y un no Punto Fijo al mismo tiempo. Es, por el programa mínimo. No es, porque acepta la diferencia, cosa que Punto Fijo no promovió por la tesis de la “democracia mínima”, importante en los días de la consolidación democrática de 1958, pero no ahora. Los tiempos cambian.
Considero que los partidos deben mantener sus tarjetas, y lo que hay que promover son las reglas de selección y cómo los partidos interactuarían entre ellos, con un continuo que va de la cooperación a la competencia. La tarjeta única los anularía, y los haría depender de un “líder carismático” –que es lo que busca López- y se estaría repitiendo el mismo patrón de Chávez, pero sin Chávez.
Venezuela requiere de institucionalización, no de más personalismo, así sea de la “gente bien” y tenga “rostro humano”. La gran lección de la Generación del 28 y la del 58, es que la clave del progreso de una país está en institucionalizar la política. Lo demás, “es pendejada”, como dice la gente en la calle.
Lo propio ahora, es que los partidos hagan un balance crítico de las fallas que hubo para lograr la "unidad perfecta" en noviembre de 2008, y aislar las variables que impulsaron la desunión en algunas partes. Analizarlas. Ordenarlas. Entenderlas. Superarlas, para lograr que en el futuro esos factores no sean obstáculos. En fin, una auto-crítica para asumir lo que no funcionó, y arreglarlo.
Finalmente, que el CNE organice las primarias de la oposición, me parece una idea aceptable.
Si el organismo electoral organiza las elecciones del PSUV ¿Por qué no hacerla con las organizaciones que representan a una parte respetable del país?
Así, el CNE se vería obligado a definirse. Si dice que no, su credibilidad se pondrá en entredicho. Si acepta, tal vez retome el camino de ser el árbitro electoral que el país espera y merece.
Desechar esta idea sólo porque “es el CNE de Chávez”, es infantil, y refuerza la minusvalía de la oposición. Que es la otra debilidad de la que hay que salir, junto a la de imitar “inconscientemente” a Chávez.
Es una realidad que el gobierno reprime, y ha creado el clima de indefensión. Pero hay que combatirlo. Una manera de hacerlo es exigiendo. Exigiendo al CNE que sea imparcial, y ayude a la oposición en su escogencia.
Mucha gente se cohíbe de exigir por temor, que es válido, pero no debería ser así. En muchas partes, escucho gente que dice que fulano de tal fue a un CDI pero es de la oposición, como diciendo que no debería ir porque eso es para los del gobierno. Están equivocados. No sólo como venezolano cualquiera tiene derecho a ir a Barrio Adentro –soy de la oposición, y he ido, y no me acompleja, y vivo "en el este"- sino porque todos pagamos un IVA del 12%
-en mi caso, aparte de esto, pago dos ISLR- de donde sale dinero que se lo roban lo regalan, pero algo irá a los servicios que todos merecemos, y a los que hay que recurrir sin complejos y sin pedir permiso.
Igual con el PPI. Es un programa del gobierno. Postulé para el mismo, y quedé. Y exijo los beneficios de ese programa. Y soy de oposición. Es mi derecho como venezolano a pedir las prestaciones que me correspondan, y a no sentirme mal o culpable por ello. Me sentiría mal si estuviera haciendo negocios con los "boliburgueses", a pesar de la repartición de dólares que debe haber allí.
Hay que emplazar, entonces, al CNE a que retome su papel de árbitro, y una manera de hacerlo, es exigiéndole que ayude a la oposición en su proceso interno, si éste llega a realizarse.
Hay que lanzarle la pelota al CNE, y no asumir la postura parcializada del organismo, y decir, “no lo pido porque no lo va a hacer, ya que responde al gobierno”. Actuar así, es reforzar la profecía que se auto-realiza. El CNE bien puede responder no, pero que no se adelante la oposición a la respuesta. Que sea el CNE. Y para eso, hay que solicitarle la ayuda.
Es importante que estas tres ideas sean analizadas y debatidas en el seno de la oposición, y no desecharlas sólo porque las planteó una persona con las que hay acuerdos, pero también divergencias. Olvidar al mensajero, y centrarse en el mensaje.
En Venezuela, todos nos conocemos, y ya uno conoce la línea de López. Al menos, en mi análisis la veo clara: tratar de lograr un liderazgo como el de Chávez, pero que no sea visto como que es de Chávez. La fórmula que ha fracasado en estos 10 años: carisma y populismo, con un agregado que es el discurso básico “de los derechos”.
De manera que entiendo lógica política de la propuesta de López: bypasear a los partidos, apelando a “las masas”, para tratar de construir la relación líder-pueblo, sin mediaciones, sólo un discurso y unas acciones "populares". Está bien. Es válido. Discrepo, pero es su derecho a plantear su estrategia en esos términos. Cree que le va bien porque sale favorecido en las encuestas.
Lo que hay que hacer es definir mecanismos para validar ideas o propuestas, y un comienzo es prestar atención a los planteamientos que se hagan, aunque uno pueda discrepar de ellos y también de quien los hace.
De parte de López, se espera que promueva una invitación a debatir de forma seria, y los planteamientos que hizo no sean parte de "un juego de guerra", orientado a ganar el favor de la opinión pública -que indudablemente favorecerá una primaria, por ejemplo- para crear un punto de tensión con los partidos, y quedar como el que quiere participación, en oposición a los partidos, construidos como entes vetustos. El "populismo comunicacional": la gente versus los partidos.
Construir un discurso de la diferencia a partir de un debate crítico, es otra manera de separarse del estilo Chávez, que ya luce muy marcado en la sociedad.