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jueves, 19 de julio de 2018

¿Hacia las tendencias en el PSUV?



La semana que viene, el PSUV hará su IV Congreso. Desde el III Congreso del PSUV realizado en 2014 –los congresos se hacen cada 4 años- se especula sobre las diferencias que hay dentro del gobierno y del partido; que la “procesión va por dentro”. Al contrario, pienso que el “alto mando” del PSUV está cohesionado, y que la esperada desde 2013 “fractura” Maduro-Cabello no va a ocurrir. Sin embargo, el clima dentro del partido puede estar cambiando, no hacia una “fractura”, pero sí hacia el surgimiento de tendencias internas que no rompan con el PSUV y el “proyecto bolivariano”, pero que tengan enfoques diferentes sobre lo que pasa en Venezuela y cómo abordarlo. Por supuesto, ninguna de estas tendencias será a favor de la “democracia liberal”. Tan solo, aperturistas o con reformas en temas, principalmente el económico.

Hay que ser prudente cuando se analiza al PSUV, principalmente porque desde el discurso de la oposición se conoce poco sobre lo que sucede en ese partido, y casi todos son especulaciones o “run runes”, que no siempre se cumplen. Hoy considero que hay un contexto para que en ese Congreso, se expresen las tendencias dentro del PSUV ¿Por qué?

En primer lugar, por la ausencia de Chávez, quien era visto como figura indiscutible dentro del PSUV, que unía a todos los grupos internos. No es que Maduro no sea visto así, pero no es Chávez. Es un primero entre iguales, y esta ausencia de Chávez pudo llevar a figuras a alinearse en grupos, para cuajar en tendencias que ahora buscan su aceptación interna.

Un segundo motivo, es el desempeño económico y la molestia popular por la crisis económica del país, que lleva a figuras del partido a examinar lo que se hace en economía, y adoptan una postura favorable a cambios, alejada de la postura oficial centrada en la “guerra económica”.

En tercer lugar, la crisis económica golpea a todo el mundo, sin distinción. Incluidos los chavistas. Este grupo observa los lujos de la jerarquía, frente a la modestia o penuria de casi todos quienes vivimos en Venezuela. El “pueblo chavista” tiene tiempo expresando sus quejas, pidiendo ser “escuchados” por la dirección. 

Finalmente, las sanciones internacionales pueden tener alguna influencia dentro del PSUV, que hayan catalizado la emergencia de las tendencias por lo que está en juego y por lo poderoso de los adversarios de Maduro (los EUA, Colombia, por ejemplo).

Una precisión. Tendencias no son lo mismo que una “fractura”. La primera es una corriente de opinión política que puede existir dentro de un partido, con los mismos deberes y derechos de todos militantes, y que persigue el poder interno. La segunda, es cuando hay una ruptura evidente e irreconciliable entre los integrantes de la dirección o grupo de personas de un movimiento o partido. Por ejemplo en lo segundo, las rupturas con Luisa Ortega y Rafael Ramírez. Lo primero, el debate Jesús Faría-Eleazar Díaz Rangel acerca del tema cambiario. 

Lo importante a resolver es si un partido con vocación hegemónica como el PSUV, aceptará grupos internos con su propia opinión. La respuesta tentativa es sí, mientras no compitan o atenten contra los intereses del grupo en el poder. En este caso, del grupo Maduro. Pero sí podrán hacerle críticas, directas –menos probable- o indirectas, que ya ocurren.

Hay que partir que el chavismo es un movimiento homogéneo. Lo que parece venir es que puede aceptar dentro de esa homogeneidad, algún grado de diversidad.

Identifico 4 posibles grupos dentro del chavismo que pueden ser tendencias reconocidas: el grupo en el poder, el grupo conservador, el grupo de la base, y los no ubicados. Se reitera que no son grupos que necesariamente están unos en contra otros. Se ven más como grupos que interactúan para preservar un proyecto de poder –el “socialismo”- pero cada uno tiene características propias. De manera que puede ser una relación consenso-conflicto intragrupal.

Sólo se comentan los grupos que están dentro del gobierno, no los que están fuera; no la disidencia. Para mi análisis estos grupos son disidencia o rebeldes, pero están fuera del poder y del proyecto “bolivariano”, que es lo que caracteriza a los 4 grupos que se describirán a continuación, que están dentro, y con sus diferencias, no van “a saltar la talanquera” hacia la oposición o hacia un espacio fuera del chavismo en el poder.  

El grupo en el poder
Es el grupo que está en el gobierno. Allí está Maduro. Tal vez estén Al Aissami, Lacava, los hermanos Rodríguez Gómez, Erika Farías, Eduardo Piñate, posiblemente Adán Chávez, García Carneiro, entre otros. Su doctrina es el poder para adelantar el proyecto político de Chávez, pero en la versión Maduro, quien le da mucha importancia a la organización de la sociedad desde el Estado. En otras palabras, lo central aquí es que el “proyecto bolivariano” se adapta a la dinámica del poder, y viceversa. Es un grupo que tiene una tensión entre el pragmatismo y el dogmatismo político: preservar la esencia del proyecto de Chávez, pero está en el poder, lo que supone concesiones y cambios de ese proyecto, más abiertos o más cerrados.

El grupo conservador
El elemento central de este grupo es que asume representa los valores de Chávez y, principalmente, del 4F y 27N de 1992. Es el grupo “militar”. Aquí está Diosdado Cabello, quien a pesar de su pragmatismo político, tiene una “línea roja” hasta donde llegan las concesiones del poder. Su meta es “hacer una revolución de verdad” sin alternancia, con todo lo que eso significa.

Este grupo es el que hace un “check and balance conservador” de los demás grupos. Es decir, cuando percibe muchas concesiones por parte del gobierno o del “proceso” en sí, Cabello sale con alguna afirmación que hace un contrapeso a lo que el gobierno hace. Por ejemplo, con la liberación de presos políticos ocurrida luego del 20-5-18. El mensaje es más o menos así, “No crean que la flexibilidad será permanente”. Es el grupo que señala “hasta aquí llega la apertura”. 
 
El grupo de la base
Los dos últimos grupos son de reciente aparición. Posiblemente, su emergencia sea por el carácter hegemónico del grupo en el poder y del grupo conservador, y posiblemente, por el conflicto político y la crisis económica que borra en la población los “buenos tiempos cuando Chávez”.

La característica central de este grupo es que quiere representar a la base chavista, con una cooptación limitada del Estado. Posiblemente, el objetivo sea que la base haga contrapeso al poder y burocracia que mandan en el chavismo y en Venezuela. El representante del grupo de la base es Elías Jaua, quien en varios artículos ha pedido que la directiva del PSUV sea seleccionada por la base, y ha aplaudido protestas o quejas de movimientos sociales chavistas. 

Los no ubicados
El cuarto grupo son los no ubicados, porque no están en los tres grupos anteriores, pero todavía no cuaja en algún grupo con estructura. Lo que tienen en común es un crítica al manejo económico del gobierno y a que Maduro no escucha. Es un grupo que quiere hacer reformas económicas de apertura. Aquí están Jesús Faría, Roy Daza, Saúl Ortega, Cabezas, entre otros. Personas que, palabras más, palabras menos y cada uno en su grado de intensidad o prudencia, dicen que el sistema económico debe reformarse y que Maduro y el gobierno en general, deben escuchar, porque no lo hacen, encerrados en su dogmatismo.

¿Qué puede ocurrir en el Congreso? De acuerdo a los estatutos del PSUV, el Congreso es “el máximo órgano de dirección del partido”. Entre otras funciones, aprueba los principios doctrinarios, el programa del partido, y hace seguimiento al mismo. En esta ocasión, el Congreso lo formarán 379 delegados postulados por la base (las unidades UBCH), junto a los “miembros natos”, normalmente figuras ya elegidas o importantes. Cerca del 50% de los 379 delegados a postular por las UBCH, serán personas entre 15 a 30 años, y mujeres.

Lo primero que hay que decir, es que el Congreso dará una muestra de unidad en el gobierno, en el partido, y en los dos. Como dijo Cabello, “Con nuestras diferencias, los chavistas estamos unidos”. Se buscará comunicar una imagen de fuerza, certeza, y unidad, de cara al país, pero principalmente hacia el mundo. Maduro saldrá ratificado, junto a las “7 líneas” que propuso. Posiblemente, las diferencias serán más sutiles o como en los congresos socialistas: todo de forma indirecta y habrá que ver la ubicación de los delegados dentro de la tarima o escenario del Congreso (muy al estilo de Fidel con “Robertico” Robaina en los 90).

Las tendencias internas se verán en la selección de los delegados, concluida el 14-7-18. Aunque el reglamento establece prohibiciones y ciertas restricciones para las figuras de poder, en otros congresos, la influencia de figuras o grupos se ha visto. Por ejemplo, de gobernadores. Hasta el momento de escribir este artículo, no hay quejas o comentarios sobre la influencia de alguna tendencia o de la estructura en el poder. Sin embargo, cuando ocurra el Congreso, las intervenciones de los delegados podrán decir cuál tendencia influye en la orientación del Congreso.

Lo segundo, serán las discusiones del Congreso, en lo que el PSUV llama el “Nuevo comienzo”. Allí se verá qué cambia de lo aprobado en el III Congreso. Si hay cambios, podrán observarse el poder de cada uno de los 4 grupos. El continuo será reforma-radicalización. Lo otro, es en la organización del partido. Se prevé aprobar una nueva estructura para el PSUV, y si la directiva la elige la base o no, lo que también dará cuenta de la correlación dentro de los grupos del gobierno.

En definitiva, mi pronóstico es que será un Congreso muy Maduro, es decir, muy conservador, dogmático, y la sociedad organizada por el Estado –como es Maduro- pero se verán señales de opiniones diversas, y posiblemente sean aceptadas sin tener que reconocerlo formalmente, como está pasando ahora. Esas opiniones se ventilan, pero desde el poder no ha habido, al menos de forma pública, una respuesta, sino que las opiniones más o menos críticas se hacen: desde las tradicionales de Jesús Farías pasando por las conservadoras de Díaz Rangel; o en columnistas que van desde Roberto Malaver hasta Maryclen Stelling. 

¿Al final del día, qué puede significar si el escenario de tendencias aquí planteado tiene base? Como expresé al inicio, no serán tendencias “liberales” ni siquiera en el sentido del “modelo Chino”, pero posiblemente se abra un poco la discusión dentro de las filas del gobierno, sin que se sienta amenazado, porque no son opiniones que buscan “saltar la talanquera”. La discusión tendrá como eje lo económico, y allí es difícil el pronóstico –al menos para mí- porque se esperarían señales a favor de algún tipo de apertura económica, pero el dogmatismo del gobierno lo impide, más ahora, que se siente estimulado por el Foro de Sao Paulo. De manera que probablemente las tendencias se reconozcan, pero como todo en el país, deberán luchar por sus espacios y narrativas, en una mira de mediano y largo plazo, con una incierta influencia: el grupo en el poder y el grupo conservador podrán hacer caso o no a las opiniones de las tendencias.

lunes, 9 de julio de 2018

AD fuera de la MUD


Me sorprendió el anuncio de AD de separarse de la MUD. No lo esperaba. Preveía que AD seguiría allí, en la inercia de la Mesa. Me equivoqué.

Escuché a Edgard Zambrano y a Henry Ramos explicar las razones para la decisión. Hay dos motivos. El primero, la Mesa no tiene eficacia política, no es capaz de hacer algo, no produce. No tiene Secretario Ejecutivo, pero tampoco capacidad de respuesta. El segundo, que AD ya no acepta ser el chivo expiatorio de la opinión opositora. Una buena parte los tilda de “colaboracionistas” y de tener negocios con el gobierno. El partido ya no tolera ataques a los gobernadores de AD, muy vituperados luego de las regionales de octubre de 2017, principalmente la Gobernadora de Táchira, contra quien la jauría de las redes sociales, se ensañó. Con los caballeros la opinión fue más benevolente, no así con la dama de los Andes. En honor a la verdad, AD no defendió a esos funcionarios, sino que los abandonó con la excusa que “se autoexcluyeron”. Muy pocos defendimos de forma pública a los mandatarios regionales. AD llega tarde en su defensa. 

La razón de la escasa eficacia de la MUD me parece el motivo de fondo para la separación de AD, sin excluir otras razones como las elecciones de concejales, previstas para el 9-12-18. 

Aunque las diferencias dentro de la oposición datan desde la llegada de Chávez en 1999 y es una historia muy larga y tediosa para contar; en tiempos recientes, pienso que la crisis de la Mesa viene cuando abrazó una estrategia –la de la “fractura”- que la hizo perder todo. De aquí su incapacidad para hacer cosas, ni siquiera designar un Secretario Ejecutivo. Seguramente cualquier nombre que se presente al G4, será vetado por alguno de sus integrantes. Se descuidó lo que llamo la “institucionalidad de la Mesa” –equipos profesionales de políticas, para elecciones, y una gerencia de la Mesa en la Secretaría Ejecutiva- y el voto, que se estigmatizó con mucha fuerza a partir de 2017, en la espera que ocurriera la tan esperada “fractura”. Las discusiones eran sobre cuál mezcla de “costos de represión” y “costos de tolerancia” era necesaria para producirla, como quien pone en práctica una receta de cocina. 

Esta estrategia de “la fractura” comenzó a ganar espacio en la oposición desde 2011. Para 2014, fue adoptada como la estrategia, y a pesar de su fracaso, todavía la oposición sigue pegada a ella, a la espera del milagro de “fracturar la coalición dominante”. Todos los grupos apoyaron esta estrategia; unos por convicción, otros porque no había remedio, y otros por el “qué dirán”. Pero la estrategia no funcionó, y el chivo expiatorio es la MUD. La alianza, en vez de cambiar, se cerró con otro “paradigma” también en crisis: “Es mejor equivocarse juntos que acertar solo”. Efectivamente, se equivocaron juntos, pero ahora quieren actuar solos para ver si aciertan.

Si hay otras razones detrás de la decisión de AD, el tiempo lo dirá, pero estimo se salen porque hay una inercia gigantesca en la oposición, no se hace nada, no se puede hacer algo. AD se sale para ver si puede hacer algo por su cuenta. 

En entradas recientes, he afirmado que el gran problema de la MUD no es estar unida, sino poder hacer algo, porque la vida política sigue. Si la oposición decidió estar en una burbuja y no “ensuciarse las manos” con la política que hay, para tener “dignidad”, eso no detendrá los días de la política. AD trata de evitar ser relegado por los hechos políticos, y busca insertarse para hacer política. En otras palabras, no desaparecer, ser tragado por la inercia, que es un ecosistema propio de los gobiernos autoritarios. El de Maduro no será la excepción. Por eso, en otros trabajos, me he referido a su gobierno como un “Escenario gomecista”, al referirme a la representación social de esa época (1908-1935) para explicar el sistema político en la actualidad, con los siguientes atributos de ese eventual “Escenario gomecista” en la actualidad: a.-Donde no hay alternancia; b.-Clima de desesperanza, de ver el tiempo pasar sin que pase algo; c.-Una sociedad cansada, rendida; d.-Donde muchos conspiran, pero fracasan; e.-La vieja oposición desaparece, y emerge otra; f.-Que es patrimonialista; y g.-En el caso de Maduro, no es liberal (para seguir el tipo descrito por Manuel Caballero en su “Gómez, el tirano liberal”). 

Aunque al salirse de la Mesa AD quiere evitar la inercia, ese puede ser el resultado, y contribuiría a separar más a la oposición. Esta es la cara negativa de la decisión de AD: hace más cuesta arriba reemplazar a Maduro.

La cara positiva es que con su salida, AD crea un desequilibrio dentro de la Mesa, que la puede llevar a reflexionar sobre sus fortalezas y debilidades. En este sentido, separarse es algo bueno, porque se ve todo a distancia. Tal vez hoy la unidad no permita ensayar cosas nuevas o cosas tradicionales, pero con algún grado de eficacia. Para innovar, hay que romper, puede ser la moraleja del comportamiento de AD. 

Lo de AD confirma lo que a mi juicio es el problema de la oposición: la eficacia, poder hacer cosas, y la pregunta asociada ¿Cómo se inserta nuevamente la oposición en la política? Opino que es a través de las elecciones, porque la “organización interna” que ahora se descubre necesita la oposición o las giras que promete Ramos Allup, son acciones que si tienen éxito, se verá a mediano y largo plazo, ceteris paribus.

Vuelvo con una afirmación ¿Cómo lograr la eficacia de la oposición? Porque ya el problema no es la unidad, ni siquiera el deslinde que ocurre desde 2014, porque tampoco funcionó. Si bien “cada partido está en lo suyo” desde esa fecha, se esperaba que las personas decidieran por alguna de esas acciones de partido, eso no pasó. El mercado no decidió, sino en la mejor tradición de la economía política venezolana, cada grupo cuidó su territorio. No hubo competencia intergrupal, y mucho menos intragrupal. Tal vez haya que replantear el tema, no es que “el mercado decida”, sino que “el mercado de la Venezuela profunda decida”, y esto pasa por meterse a fondo en la vida cotidiana, con constancia. Es aquí donde puede romperse la inercia, para tener eficacia y poder hacer cosas. Si la separación de AD de la MUD contribuye a romper esta inercia, habrá valido la pena. Si no, en un tiempo, la salida de AD de la Mesa, se habrá olvidado, y todo seguirá igual.