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sábado, 20 de septiembre de 2014

Libertad de Simonovis



Una de las cosas que me dicen cuando digo que soy politólogo es, "debes estar disfrutando con todo lo que pasa". Mi respuesta les sorprende: "la verdad no, prefiero lo aburrido de la democracia". 

Esto, porque a los cientistas políticos nos toca hacer el "análisis" de los hechos, muchas veces alejados del "lado humano de la historia", como gustan decir los periodistas. Análisis que pueden ser inoportunos porque tocan la variable poder, que en tiempos de crisis, se pueden ver como insensibles frente a un drama o situación humana. 

Me alegra que Simonovis esté en su casa junto a su familia. Pienso en ellos y en su hija, quien para su corta edad y con mucho coraje moral, mantuvo el mensaje de libertad para su papá, cuando todo se creía perdido. Bravo por ella y su constancia. Hoy debe estar muy feliz.  

Sin embargo, debo hacer el análisis ¿Por qué la libertad con condiciones a Simonovis? ¿Por qué ahora? Estas preguntas son pertinentes, porque la medida fue inesperada. Nadie apostaba por ella, mucho más luego del fracaso del diálogo Unidad-gobierno de abril de 2014.

Tanto para el gobierno como para la Unidad, Simonovis es "un punto de honor". Para los primeros, su no liberación. El 6-12-13, Maduro dejó abierta la posibilidad de una medida a favor del comisario preso. El 16-12-13, Luisa Ortega Díaz dijo estar a favor de una ley de amnistía. Pero la alegría no duró mucho. El 22-12-13, Cabello farfulló que "no hay ninguna propuesta de ley de amnistía". Todos chiton.  

Para la Unidad, también Simonovis es "un tema de principios", como declaró la Mesa el 15-5-14. En este caso, para liberarlo.   

Sin embargo, el asunto quedó congelado hasta hoy ¿Qué pasó?

Lo primero es que si bien la salida de Simonovis fue inesperada, estuvo precedida de liberaciones, con condiciones y sin condiciones.

El 15-8-14 las causas judiciales de 112 de 120 jóvenes detenidos durante las protestas en mayo, fueron sobreseídas. El 20-8-14, otros 78 jóvenes lograron la libertad plena. El 16-9-14 un símbolo de la lucha estudiantil, Sairam Rivas, fue liberada con condiciones. El 20-9-14 Simonovis también sale, con condiciones. 

Estas liberaciones las interpreto como un gesto del gobierno para plantear, de nuevo, la posibilidad del diálogo con la Unidad. Si Simonovis es un "punto de honor", su libertad con condiciones puede significar que ya ese "honor" es menos, al estar satisfechos en buena medida los objetivos de cada grupo. La Unidad, la libertad de Simonovis. El gobierno, mantener su mensaje a su público, y tal vez esto explique la libertad con condiciones.

Políticamente, no puede ser una libertad plena. Al menos hoy, porque el tema es muy sensible para las víctimas del lado oficial del golpe de Estado del 11-4-02. Para la asociación que agrupa a estas personas, la "ley de amnistía es una grosería", como afirmaron luego de reunirse con la MUD el día 24-4-14. 

La libertad plena significaría, para el gobierno, alienarse a buena parte de su base y a las víctimas oficialistas del 11 de abril, en una acción incierta desde el punto de vista político (porque puede generar rechazo en el gobierno e indiferencia en la oposición, es decir, sería peor). De este escenario -supongo- evaluaron una "medida intermedia", que les permita maniobrar por si las cosas no salen como se espera.

Ahora ¿Por qué Simonovis? Luce contradictorio, especialmente luego que Maduro el 18-9-14 denunciara una "guerra psicológica", a propósito de lo ocurrido en el Hospital Central de Maracay con la muerte de varios enfermos, por causas no suficientemente aclaradas por la Ministra de Salud.

¿Por fin José Vicente Rangel logró que su llamado a la liberación de Simonovis -tiene tiempo en eso- fuera escuchado? ¿Habrá sido una sugerencia al gobierno de Ernesto Samper, nuevo secretario de Unasur, quien expresó la posibilidad que el diálogo se reactive? Para esta "reactivación", un gesto es necesario. Ya ocurrió. A cuenta gotas, pero ocurrió. 

Tal vez nunca lo sepamos, pero el gobierno puede decir: Sairam y Simonovis están en su casa ¿Nos volvemos a sentar?

¿Cómo responderá la MUD, no los partidos que la conforman, sino el cuerpo colegiado? La respuesta escapa a este artículo, aunque no espero ni recomendaría que dijera, "vamos a sentarnos ya", pero sí un gesto que deje abierta la posibilidad para hacerlo, cuando sea el momento oportuno (que vendrá).

Otra interrogante importante es: si este es el objetivo del gobierno ¿Es posible "reactivar" el diálogo en Venezuela? 

Mi respuesta no es optimista. A pesar de estar a favor del diálogo, no ahora, también cuando "la salida" estaba en su furor, y en ese entonces afirmar estar de acuerdo con el diálogo y prepararse para las elecciones de AN en 2015, era despachado con el mote de "colaboracionista"; lo in era escribir un "tributo a la guarimba". En esos días, escribí una entrada en este Blog titulada ¿Hay salida? en la que, entre otras cosas, favorecí el diálogo y la vía electoral. No obstante, de marzo a septiembre de 2014, muchas cosas cambiaron. No hay guarimbas o son escasas. Hay otra cosa: el clima de opinión es sujeto de la censura, no solo del gobierno, sino del pensamiento extremista el que -al menos hoy- gana la guerra de la opinión pública y publicada. 

Hoy las barricadas son en la opinión. Hay guarimbas digitales en la forma de opiniones que intentan callar o que se censuren (y auto censuren) las opiniones que se salen del mainstream que no es otro que mantener al país escindido. Esto no se dice de forma abierta. Otro aprendizaje post febrero 2014 es la negación absoluta de todo lo que se hace aunque se haga. En la actualidad, para conocer las intenciones de una persona o grupo, hay que ver qué y cómo niega. Por ejemplo, muchos se "desmarcan" a la velocidad de la luz, de acciones que antes celebraban ¿Genuino cambio o manera de adaptarse a la realidad, pero se mantienen los objetivos?

En dos platos, mostrarse a favor del diálogo hoy día es moralmente más riesgoso que hacerlo en marzo de 2014, aunque no hay guarimbas. Son de otro tipo. Es un clima que pretende defender la "dignidad" pero lo que busca es una suerte de "espiral del silencio" para que no se escuchen opiniones diferentes a la que el diálogo no es posible. Y quienes así lo piensen, deberán pagar un precio moral: ser estigmatizados como "colaboracionistas", "débiles" o lo que ahora se lee mucho en twitter en cuentas de notables o eso que una sociedad perejera como la venezolana creó, personalidades: molestos por la "pasividad" del pueblo, "ya se acostumbraron", "la complicidad vergonzosa", "la indiferencia", "el oportunismo".

Personajes cómodos en sus poltronas, no solo como guerreros del teclado sino como guerreros del micrófono, molestos porque las personas no encienden un quilombo en una cola para comprar comida, medicinas, o para pagar. Estas personas ¿Hacen cola? No. Tal vez nunca hayan hecho una en su vida. Ni siquiera cuando no había escasez. Alguien las hizo y las hace por ellos. Es la frustración que se convierte en agresividad desplazada porque el ciudadano de a pie no los acompaña en sus fantasías, locuras, o en las dos. 

No entendieron ni van a entender que "ser arrecho" no es suficiente en política y menos para ganar una elección. La última lección en esto lo dio el referendum en Escocia del 18-9-14. Pero su lectura será otra: que Salmond no fue "suficientemente arrecho" o que Cameron "compró los votos al ofrecer descentralizar". 

Como decimos en psicología social, su motivación los lleva a la prueba confirmatoria y a la profecía que se auto realiza. De allí no van a salir. 

De aquí mi respuesta poco optimista a la posibilidad de una "reactivación" del diálogo. 

Desde el punto de vista político ¿Quién se va a sentar por parte de la opopsición? La MUD como tal está debilitada. Ni siquiera Secretario Ejecutivo en firme tiene ¿Van los partidos en su propia representación o en representación de la MUD? ¿Y ésta tiene fuerza política para representar a la oposición hoy?

Lo cierto es que tanto el gobierno como la oposición tendrán que ir contra sus extremos.

El primero, contra los que verán en la salida de Simonovis otra "prueba" que Maduro "traiciona el legado de Chávez" y que "ahora sí se necesita una izquierda de verdad". 

El segundo, contra los que interpretarán la libertad del exJefe de Seguridad de la Alcaldía Mayor, como una maniobra del gobierno para ganar tiempo y buscar que le laven la cara al régimen ante el inminente y tan esperado por muchos, default "¿Para qué darle un salvavidas a Maduro?", preguntarán. 

Desde el punto de vista de la opinión -que es lo que analizo en esta entrada- domina la opinión extrema, aunque no parezca, justamente por la "espiral del silencio". Si lo saco por el TL de mi cuenta en twitter, muchas personas se alegraron por la salida de Simonovis, pero otras no. Me quedó la percepción que no querían que eso ocurriera. Y de este grupo, quienes lo aceptan, le restan importancia al gesto que el comisrio esté en su casa con su familia.  

Domina, en el lenguaje de los Bloques políticos del IVAD (al 25-8-14), el 51,2% de los más convencidos, en los dos bloques. Ese 51% impone su agenda al restante 49 por ciento. Este 49 por ciento no está tan organizado como el 51% Tiene individualidades que argumentan, pero no una estructura como los primeros para promover una opinión publicada disciplinada. Por eso, hoy pierde la guerra de la opinión. 

Desde el punto de vista de la agenda, si el diálogo se reactiva ¿De qué se podrá hablar, en un clima de país más deteriorado?

No veo posible tocar los grandes temas y los aspectos sustantivos, que son dos a mi modo de ver ¿Está dispuesto el gobierno a renunciar a la hegemonía a cambio de ser un gobierno constitucional? Dos, ¿Está la oposición dispuesta a reconocer sin condiciones a Maduro y mantenerse en los mecanismos constitucionales? 

Veo imposible responder a estas interrogantes en la actualidad. No hay fuerza ni liderazgo político para eso. 

Si se "reactiva" el diálogo -espero que ocurra- lo que se puede conversar son promover condiciones mínimas para que el juego político fluya. 

Parafraseando a Zygmunt Bauman, como contexto político, Venezuela hoy es una democracia líquida. Hay procesos, pero no cuajan por lo líquido ¿Se firmó o no el contrato colectivo en Sidor? ¿Hay o no un paro laboral en Sidor? A veces parece que sí, a veces parece que no, a veces ninguna de las dos, a veces una y no la otra.  

Parafraseando a Guillermo O'Donnell, como forma de gobierno, Venezuela hoy es una hegemonía delegativa. El partido y el gobierno delegaron en Maduro la construcción de la hegemonía (el Plan de la Patria, Las cinco revoluciones), a título corporativo, no a título carismático, como fue con Chávez.

Así, no pudiendo discutir lo sustantivo y en este contexto y forma de gobierno que se crea, pudiera hablarse para que la democracia sea menos líquida -es decir, fluyan los procesos políticos- y la delegación sea menos hacia la hegemonía, es decir, que algunas instituciones funcionen teniendo al pueblo como factor de contención.

A partir de lo dicho arriba, mi agenda concreta para un eventual diálogo sería: a.-Reglas para un respeto político mutuo, que se observe en el lenguaje político; reglas para las inevitables trompadas políticas que pasa por abordar el papel de la AN como espacio para esas trompadas; y b.-Un CNE que genere confianza a todos los venezolanos, para que los electores sean los que diriman el conflicto existencial de baja intensidad que vive Venezuela en la actualidad, y lo lleven hacia un conflicto agonal. 

Debería estar en la agenda el tema del Poder Judicial, pero pienso que la sociedad civil o el pueblo (como guste), tienen la responsabilidad de llamar a este poder a cumplir sus atribuciones. Recargar un diálogo político con "una lista de mercado" es irreal y no será eficiente. Nuestro sistema político está exhausto. No hay que ahogarlo (aunque ese sea el deseo de muchos). 

La libertad de detenidos por causas políticas es un gesto positivo. Ojalá permita avanzar para que el juego político fluya y salga del estancamiento en que la espiral del silencio de los extremistas lo tiene. 

Se movió una importante pieza en el tablero de ajedrez ¿Quién hará la próxima jugada y cuál será? 

viernes, 19 de septiembre de 2014

Mal comienzo


El comienzo del nuevo Presidente de PDVSA, Eulogio Del Pino, no fue bueno. 

El día 13-9-14 dijo que "Lo que más beneficia al pueblo no es el aumento del combustible, sino ir contra las mafias"

No le resto importancia la lucha contra el contrabando que adelanta el gobierno pero ¿Es esta la declaración que se esperaría del Presidente de PDVSA para un tema tan importante como el de los combustibles?

Tomemos el valor máximo dado por Del Pino para el contrabando de combustibles: 100 mil barriles diarios. De acuerdo al Ministerio del Petróleo, para la fecha en que esta declaración fue ofrecida, el precio de la cesta venezolana era de 90,19$ por barril. Son 9 millones de dólares diarios. Son 3,3 millardos de dólares al año. 

Cifra importante ¿Pero ahora el problema es el contrabando y no el subsidio al combustible, reconocido por el propio gobierno? El 16-12-13, Rafael Ramírez informó que el subsidio anual al combustible llegó a la cifra de 12,6 millardos de dólares. Casi 4 veces el valor del contrabando que reporta Del Pino.

¿La declaración de Del Pino significa que el debate sobre el precio de los combustibles -también anunciado por el gobierno- queda en el olvido?

La afirmación de Del Pino parece apoyar lo sugerido en una entrada anterior del Blog, en El sacudón de Maduro, que el gobierno va a agotar los controles, antes de considerar otras opciones para afrontar el fracaso del modelo de economía centralizada que intenta aplicar en Venezuela.

No espero de Del Pino o de otro vocero del gobierno que anuncie con bombos y platillos que "se va a aumentar la gasolina", sin más. No espero ni deseo una "declaración neoliberal". Los argumentos dados desde los 90 para subir el precio de los combustibles no me convencen. La idea de una "justicia poética" con el aumento -como los "ricos" son los que tienen carros, el aumento es una forma de "ponerlos en cintura" y quitarles el subsidio que los favorece- tal vez en los 90 tenía algún sentido, pero hoy no mucho, a pesar que el gobierno y la new right venezolana coinciden en decirlo. Son de las famosas "matrices" que se crean, se repiten y se repiten, sin preguntarse si todavía tienen sentido decirlas.

Si se hace algo parecido a una "observación participante" en una bomba de gasolina (las he hecho, en bombas en zonas premium de Caracas) para ver la cotidianidad de echar gasolina, el argumento de los "ricos" no me luce convincente, a pesar que en los números, efectivamente, el subsidio es regresivo (de acuerdo a Grisanti, 2011 los hogares "ricos" consumen nueve veces más gasolina que los hogares "pobres").

En esas observaciones, he visto carros caros, pero también muchos carros normales y varios "catanares". Eso me llevó a pensar que si bien recibimos un subsidio, el mismo ayuda a llevar la vida cotidiana. En sentir que algo, al menos, no es caro y pese a la escasez que a veces hay en las bombas, puedo adquirirlo con facilidad. Hay una cultura del consumo de la gasolina que trasciende los números. Una subida, si bien corrige el subsidio, sí impacta en la vida cotidiana de la gente. Y bastente, diría. 

Por ejemplo, si el precio se lleva a 2,6 bolívares/litro como sugiere PDVSA, un carro que tenga un tanque de 40 litros; que llene el tanque tres veces a la semana, son 312 bolívares. Al mes, son 1.248 bolívares. Al año son 14.976 bolívares. Con el valor de 0,097 bolívares por litro (la de 95), la cuenta es 46,56 bolívares al mes y 558,72 al año. 

Para una sociedad con sueldos y salarios comidos por la inflación, en un clima de incertidumbre y escasez, 1.200 bolívares -la diferencia al mes entre el precio actual y el sugerido- en algo que ya se asume de uno porque "es mi parte del petróleo", es platica. El aumento no va a alegrar, pese al discurso que "un litro de gasolina cuesta menos que una botella pequeña de agua" o el cuento "de los ricos". 

Lo que cuestiono de la declaración de Del Pino no es el tema del contrabando -que es real- sino reiterar un "comodín" del poder venezolano: todo es culpa de un "enemigo externo". Ahora, el contrabando. No hay probemas de fondo. No hay otras maneras de ver el problema. Hay que tratar a las personas como menores, nunca decirles todo (restos del positivismo) y apelar a lo ya conocido: con más controles, seremos felices, a pesar que en la realidad, no sirvan o promuevan el contrabando que se busca erradicar. 

¿Por qué no plantear el tema en otro contexto? Pienso que la gasolina hay que subirla, no tanto porque hay que "castigar el consumo de los ricos" -parte de la quincalla verbal del populismo de la política venezolana para atrapar votos- sino porque para las finanzas de PDVSA (y para el país), el subsidio se hace insostenible, como ya vemos: caída de la producción petrolera, accidentes laborales (Amuay), corrupción, contrabando, opacidad en las cifras, pérdida de competitividad de PDVSA. 

¿Por qué no probar con medidas innovadoras para el contexto venezolano como lo hecho por Irán para subir el precio de la gasolina?

No lo veo como panacea, pero lo que rescato de la experiencia persa es lo novedoso de la solución -colocar de forma directa recursos en manos de las personas- lo que sería mucho para un país tan conservador como Venezuela. Eso sí sería un verdadero "sacudón".

Una idea así u otra novedosa rompería con lo tradicional en Venezuela: hacer aumentos, y uno se entera cuando llega a caja a pagar o cuando aparece la factura. 

Por ejemplo, la electricidad aumentó por más que quieran ocultar la subida con frases rimbombantes como racionalizar el subsidio. En casa, la factura llegó con un incremento 3 veces lo que se pagaba normalmente. Me enteré cuando la vi. 

¿Qué tal un mejor trato al ciudadano y sí, sube la luz, pero al tiempo que aumenta, hay una batida de Corpoelec por las principales vías del país para reparar las luminarias dañadas; camiones y camiones reparando las luces? Con gusto pago la racionalización del subsidio. Comunicaría que hay una consideración hacia el pueblo, que se le respeta.  

No creo que la idea aplicada en Irán le guste al gobierno -porque colocar dinero en manos de las personas es una forma de aumentar su libertad- pero le haría mucho bien a Venezuela. La discusión sobre el aumento de la gasolina tendría otro nivel; saldría de lo tradicional en el discurso político venezolano -los "buenos" y los "malos" en donde estamos atrapados por los "radicales de ambos bandos"; discurso que les permite tener ganancias políticas al controlar la opinión- y al ciudadano le daría otra entidad, otra manera de relacionarse con su principal industria. Otro nivel: ya no receptor gracias a la bondad del poder, sino sujeto de y con poder en sí y para sí. Sería una medida que promovería la igualdad, de verdad verdad.  

¿Cuándo en Venezuela nos pondremos los pantalones largos para discutir los problemas del país y sus soluciones, fuera de los lugares comunes o de lo tradicional?

¿Cuándo alguna idea, que no se limite a una consigna (gobierno) o a una frase "popular" (oposición)?