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martes, 17 de marzo de 2015

Las sanciones de Obama



Cuando en diciembre de 2014 Obama firmó la ley aprobada por el Congreso de los EUA que permite suspender visas y congelar activos en el norte que tengan funcionarios del gobierno de Maduro, en un tuitlonger escribí mi rechazo a la decisión norteamericana y argumenté dos razones. 

El día 9-3-15, Obama firmó una “orden ejecutiva” que va más allá de la ley pero que la complementa, e igualmente manifiesto mi rechazo, con las mismas dos razones que volveré a proponer en esta entrada.

La primera, que podemos llamar un “motivo nacionalista”, y la segunda, una “razón política”.

La razón nacionalista –escribí en el tuitlonger de 2014- es que los problemas de Venezuela deben ser resueltos por los venezolanos ¿Qué no hay capacidades para eso? Hay que construirlas. Para eso está la política, para analizar, estudiar alternativas de acción, y “hacerlas arte de lo posible”.

Entre una influencia externa que prometa “hacer justicia”, y “esperar” para construir una alternativa venezolana que tenga fuerza política, opto por la segunda. 

¿Qué la calificación de “amenaza” de la “orden ejecutiva” de los EUA es una decisión soberana? Claro, no lo discuto, pero es injusta. Usemos el argumento de “la casa y mis invitados: invito a mi casa a quien me da la gana”. Seguro, pero la cosa no es tan sencilla. A lo mejor “a ti te invito a mi casa”, pero “a tu hermana no me da la gana de invitarla a mi casa”. Además, “voy al banco y con la gerente, le echo paja a tu hermana y digo que es mala paga, pero a ti te sigo invitando a mi casa porque me da la gana”.

Imagino que aunque te “invite a mi casa”, que no “invite a tu hermana”, algo te debe causar. Al menos saber el por qué no la invito.

En este caso, “tu hermana” es la declaración de “amenaza nacional” en la “orden ejecutiva” firmada por Obama. La distinción entre “tu casa” y “tu hermana” se hace difícil con ese término en el medio, por lo que una “orden ejecutiva” de ese calibre no puede reducirse al ejemplo de “mi casa y mis invitados”.

Entiendo que el discurso venezolano supone que las personas no entendemos asuntos complejos, y apelan a ese lenguaje básico “de menores de edad en política”, pero son las “terribles simplificaciones” de las que hablaron Ramón Piñango y Moisés Naím en 1984, y que en buena parte, nos han traído a este rollo en que se ha convertido Venezuela. Prefiero la complejidad a las “terribles simplificaciones”, aunque las últimas “sean populares en las encuestas”.

La razón política que comenté en el tuitlonger de diciembre de 2014, es que –y lo confirmo en función del giro que toman los hechos políticos dentro de Venezuela; una vuelta que puede tener consecuencias que preocupan, a partir de los discursos de Maduro, Cabello, y Padrino López el día 15-3-15- una decisión así limita la influencia de la oposición –en este caso, la MUD- para ser el actor de peso que tiene que ser. Se refuerza el eje político entre el gobierno de Venezuela y el gobierno de los EUA; junto a los poderes fácticos, como los actores centrales. La Mesa queda más lejos en esta dinámica. Y eso no es bueno.

Lo propiamente político –la conquista de los “significantes flotantes” para promover ejes de discusión que movilicen para crecer y tener fuerza política y programática- se pone a un lado, y el lenguaje que lo sustituye es identitario; “patriotas”-“traidores” (la versión opositora de este lenguaje del gobierno es “resistencia”-“colaboracionismo”); e incluso, esencialista, “ser venezolano”-“no ser venezolano”.

De manera que ahora la tarea se complica para la Mesa: no solo recuperar el “con qué” perdido para un necesario “tu a tu” con el gobierno, sino también rescatar algún sentido de la gramática política, para evitar que el discurso político sea esencialista, todo un reto para una oposición cuyo fuerte no es el mensaje, más allá de algunas buenas consignas que tiene.

Me da la impresión que en la opinión pública hay una intuición de los peligros que abre la decisión de Obama ¿Por qué?

En diciembre de 2014, cuando la primera firma; el tono de muchos en tuiter fue la tradicional superficialidad venezolana para analizar las cosas; “Gracias Obama” tuiteaban en cantidades; no podía faltar la joda; “Firmé mareko” o “Firmé najada”…..a muchos que en diciembre del 14 ese fue su TL, en la segunda firma de Obama en marzo de 2015, noto que en sus TL la guasa cedió a la preocupación.

En el gobierno, algo parecido ocurrió. Del discurso sobrado de la “guerra de los 100 años contra el imperio” y el “país potencia”, se pasó al “¿A quién amenaza Venezuela?” y “Somos un país pequeño”.  

Hay caras serias en esta oportunidad, tal vez porque se asume –me incluyo- que la segunda firma de Obama rompió con la zona de confort y con otra “terrible simplificación” que caló en el discurso político: el gobierno (de Chávez y Maduro) habla de “conspiraciones de los EUA” pero al mismo tiempo los EUA compran petróleo, el intercambio comercial y los viajes siguen; Business as usual. Ese fue el guión hasta el 9-3-15.

No es que esto no vaya a ser así, pero podría no ser así en el futuro. Es lo que está en el ambiente, es lo que percibo. Tal vez por eso se acabó la guasa de diciembre de 2014. No sé si por un “nacionalismo tardío” en algunas personas, o por la sana preocupación que este conflicto puede escalar a cosas que ni imaginamos.

Asumiendo que lo anterior tenga algún sentido ¿Por qué Obama decidió romper la zona de confort “denuncias de conspiraciones-intercambio comercial” en la que las relaciones Venezuela-EUA orbitan (¿orbitaban?)?

He leído varios análisis domésticos y foráneos que van desde que Venezuela será la sustituta de Cuba, y con esa firma, Obama comunica a los hardliners, que si Cuba sale de la lista, Venezuela entra. Una ficha por otra ficha; pasando por las que sostienen que las sanciones buscan evitar que Venezuela sea una alternativa mundial al neoliberalismo; hasta que sencillamente las sanciones son parte de la caja de herramientas del gobierno norteamericano, y ante un gobierno antipático como el venezolano, es lo que dice el librito hay que hacer. En esta última explicación, las sanciones son una “jugada de rutina”, que se hace de forma automática, sin considerar las consecuencias posteriores (por ejemplo, que los 12 cancilleres en Unasur hayan rechazado la medida, aunque invitan a EUA a “que evalúe y ponga en práctica alternativas de diálogo con el gobierno de Venezuela”. Lo que algunos analistas llaman el backfire de la decisión).

Agrego otros motivos. Tal vez Obama firmó porque se fastidió del toma y daca Venezuela-EUA. El tit-for-tat. Maduro anunció reducción de personas de la Embajada de los EUA en Venezuela; Obama responde con una sanción a 7 funcionarios y declarar la amenaza, para poder actuar con más autonomía frente al Congreso de los EUA.  

Otra razón es porque Obama evaluó que una medida así puede romper la inercia de una historia de desencuentros que ya es permanente, para medir las reacciones en los EUA, Venezuela, y en la región; hasta donde se puede llegar y si otra relación es posible.

Así como con Cuba se hizo una movida atrevida para salir de la inercia en las relaciones, tal vez para Venezuela –donde la capacidad de maniobra es menor- lo atrevido sea esto. Al crear el conflicto –una suerte de brinkmanship- las relaciones entre los dos países pueden plantearse en otro nivel, y salir de la inercia, para algo mejor, igual, o peor (como parece ahora).

Dentro de la “política ficción” de esta explicación, no es ilógica. El día 13-3-15, Maduro afirmó que “tiendo la mano al gobierno de los EUA para que se subsane esta situación”. El día 15-3-15, Maduro precisó más su interés: la derogatoria de la “orden ejecutiva”.

Si eso es lo que Maduro quiere….¿Qué pueden obtener los EUA de Maduro, si se da un diálogo? ¿La Cumbre de las Américas, prevista para abril de 2015, será un ambiente para esto?

Finalmente, un tercer motivo. Posiblemente esta “orden ejecutiva” sea parte de un tablero más complejo –los amantes de la real politik y del maquiavelismo deben estar disfrutando porque complacieron sus peticiones- que pudo arrancar con la “Lista Clinton” de 2008….aparece la “orden ejecutiva” de 2015, inmediatamente lo de Andorra, Banco Madrid –guisadores del gobierno aparecen con la mafia rusa o china- y ahora el reportaje sobre Irán, Venezuela, Argentina, y la AMIA ¿Casualidad o la “orden ejecutiva” es apenas una medida de un juego político de mayor nivel, del cual no tenemos ni la menor idea sobre sus implicaciones (y quienes están metidos)?  

Como comenté, todo lo anterior es “política ficción”. Aterricemos en los hechos.

Junto a la “orden ejecutiva”, se publicó en la web de la Casa Blanca el background de la decisión, en la que funcionarios de Obama contextualizaron y explicaron la medida.

Lo que me quedó claro de su lectura –confirmado luego por las señoras Jacobson y Psaki del Departamento de Estado, en sendas declaraciones- es que la decisión busca que el gobierno de Venezuela “cambie su comportamiento”, especialmente al tener cerca unas elecciones, a las que el gobierno de los EUA aspira sean lo más justas y fidedignas de la voluntad del elector.

Se aspira que con esta "orden ejecutiva", al gobierno de Maduro "le caiga la locha" que abusa, y entonces, "cambie su comportamiento".

Las sanciones son una “señal” para ese “necesario cambio de comportamiento”, y eso explica por qué se seleccionaron a 7 personas que no son las fundamentales del chavismo, pero que forman parte del "engranaje de poder", aunque los rumores sugieren que en la lista de 56 personas con la visa retirada, hay altos funcionarios civiles y militares del gobierno. Un mensaje del tipo: "no tocamos a los grandes, sino a cercanos, para que entiendas que debes cambiar tu comportamiento".

Si este es el motivo principal para las sanciones de acuerdo al texto del background y las declaraciones de las funcionarias Jacobson y Psaki ¿Podrán “cambiar el comportamiento” del gobierno de Maduro?

No soy conocedor del tema de las sanciones y menos de la política de los EUA, pero en los casos de otras sanciones aplicadas por el país del norte que uno ha leído, queda la idea que las sanciones no se dan en un vacío, sino dentro de una correlación de fuerzas políticas del país sancionado, si se quiere que funcionen. Por ejemplo, Irán hoy.  

Es lo que pensaría si me tocara decidir aplicar sanciones a determinado país ¿Qué buscamos y cuál es la naturaleza de las correlaciones de las fuerzas políticas internas, para incidir sobre ellas, y evaluar si es posible cambiar un “comportamiento político” de uno o varios actores, que lleve la situación de un estado A a un estado B, sin que se desmadre? Algo como la cuadratura del círculo. 

Seguramente el gobierno de Obama tendrá un motivo que no conocemos para las sanciones, pero con la información pública disponible, me parece que las sanciones están descontextualizadas en dos variables importantes, que limitan o anulan su esperada eficacia, más allá de las personas castigadas.

La primera variable ¿Realmente el gobierno de Maduro está “en fase terminal” o “en su final” como uno escucha mucho en el mundo opositor? Aunque los que hablan de “fase terminal” no han precisado el tiempo de tal "fase", lo que uno entiende es que es pronto, y aquí debo estar en minoría, porque observo un gobierno que se consolida, lentamente –el “estilo Maduro”- pero avanza en esa dirección.

Seguramente será porque no "tengo burdel pólitico", pero las graves contradicciones del gobierno y "luchas faccionales" que uno escucha, no las observo. Hay tensiones, diferencias, problemas, pero eso no implica pronta caída.

Donde el gobierno pudiera tener problemas más adelante, es con los casos de corrupción que aparecen, con datos y nombres muy concretos, que muestran una podredumbre oficialista sin precedentes en Venezuela (por ejemplo, lavado de dólares cercanos a 2 mil millones, pertenecientes a PDVSA) ¿Las sanciones apuntan a eso? Si es así, sus efectos se verán en el momento. Pueden desprestigiar al gobierno -en un ambiente en América Latina de cuestionamiento a gobiernos corruptos o que permiten robar, por ejemplo Brasil o Argentina- o pueden hacer que el gobierno decida cortar esas fuentes de corrupción y endurecerse, pero sostenerse (algo como pasó en Cuba con el general Ochoa en 1989) ¿Aprovechará Maduro y hará una purga para consolidarse en el poder, en la línea de lo que hace Xi Jinping en China? (por lo que leo, también Xi fue subestimado en los círculos políticos de ese país).  

En conversaciones, escucho decir que este momento del país “se parece mucho al 1957 cuando Pérez Jiménez”. No sé si estas comparaciones son posibles así, pero si es el caso, no me parece a 1957, sino a los primeros años de Gómez en el poder luego de 1908, en su proceso de consolidación.

Una política de aventureros –los “cara cortada” de los que hablaba Betancourt- que conspiraban contra Gómez desde Curazao, París, Nueva York; para comprar los "Maúser con 1.000 cápsulas" y hacer una "revolución". Conspiraciones iban y venían, pero el “Benemérito” murió en su cama, en 1935. Llegó 1936, y un montón de políticos vetustos no comprendieron el país que creían con derecho a dirigir, solo porque "lucharon en guerras y revoluciones" del pasado. La realidad los sobrepasó, tanto en el mundo civil como en las FAN.  

Me luce que algo así pasa ahora: aventureros que hoy influyen mucho en la política, una oposición política que no atina la comprensión del momento actual, y una sociedad entre esas dos fuerzas, luchando, sobreviviendo, o viendo quemar sus años productivos o como generación, ante la imposibilidad de cambiar que tiene nuestra política. Si algo en Venezuela es inelástico, es la política. Es un trapiche que muele sin contemplación. Más ahora.  

Es llamativo observar en conversaciones políticas cómo mucha gente proyecta sus deseos, y sale mucho el deseo que Cabello suplante a Maduro; algo como lo que Gómez le hizo a Cipriano Castro. Hoy, muchos esperan que el “compadre” Cabello haga algo parecido.....y me temo que eso no va a ocurrir.

En varias entradas de este blog he tratado de argumentar con opiniones políticas y números de las encuestas, cómo Maduro viene tejiendo poco a poco su base de poder, y para las elecciones parlamentarias, desde el año pasado, el gobierno adelanta una estrategia de cohesionar a su base dura, la que, de acuerdo al IVAD al 17-10-14, es más del 90% del Bloque oficialista. 

Entiendo que decir esto –me pasa cuando lo explico- en el público opositor genera rechazo porque se asume que Maduro no tiene la competencia o la capacidad, pero los hechos indican lo contrario. Recuerdo que en 2013, no se le daba mucho tiempo en el poder –eso de subestimar no es nuevo, evoco que en 1999 un importante dirigente de un gran partido nacional a quien se le atribuye muchísimo “burdel político” y "maquiavelismo", me dijo que Chávez no pasaría de 4 meses- pero Maduro ya lleva cerca de 24 meses, y el plazo dado por los voceros de los poderes fácticos para un "nuevo gobierno ya" (enero, febrero, marzo), se vence. Ya vamos para abril. Me da la impresión que con Maduro se comete el mismo error de subestimación que se hizo con Chávez, y que la oposición pagó -y paga- muy caro. 

De manera que las sanciones no entran en el ambiente de un gobierno que se cae. Con problemas sí, pero no que se derrumba, y Maduro tomó las sanciones para colocarlas en su estrategia electoral: el gobierno reaccionó rápido, logró una condena de Unasur por unanimidad –aunque la reunión de Presidentes no se ha dado hasta ahora, Correa maniobró para que se diera la de Cancilleres; retraso que llevó a un encendido artículo de Atilio Borón- movilizó a las FAN, y el ejercicio militar del sábado 14 de marzo –tomado a guasa por buena parte del público no gobierno, aunque no es para menos el chalequeo, si se ve la foto de la “Combatiente Gucci” en el patio de honor de la Academia- lo legitimó nuevamente como su Comandante en Jefe, y permite al gobierno y a las FAN hacer una medición importante: la capacidad para movilizar la “unión cívico militar”. Una medida que hoy es clave saberla, dado el clima político de Venezuela, y para más adelante. Quién sabe.

Si las sanciones tendrán un efecto parecido al “Dakazo” de 2013 –no creo que ese efecto haya ocurrido, pero como decimos en psicología social, “percepciones son verdades”; y la gente cree que efectivamente ocurrió, entonces pasó; que hizo subir a un gobierno que estaba perdido y por eso el resultado de diciembre de 2013- no creo suceda. Algunos estiman estas sanciones van a ser otro “Dakazo”, pero de Obama. Ayudarán a cohesionar al gobierno, pero éste viene trabajando de forma disciplinada en su estrategia de cara a las parlamentarias, como lo hizo en 2013. Es lo importante.

Seguro que si Maduro o el gobierno suben en las encuestas, buena parte de los políticos "con burdel" y aclamados pundits van a decir, "Obama le hizo un favor a Maduro". Como argumenté, seguramente en algo ayudarán las sanciones, pero la "varianza" de la subida en los números -si pasa- se explicará mayormente por una estrategia que el gobierno definió en 2014, y trabajó en ella de forma constante. La fortuna ayuda, pero la disciplina es determinante para el éxito político.     

La segunda variable ¿Se tiene una oposición fuerte, que pueda pagar el costo de apoyar unas sanciones, pero que su endoso ayude a que el gobierno “cambie de comportamiento”?

En su momento, Mandela respaldó las sanciones puestas a Suráfrica. No solo las apoyó, cuando fue liberado en 1990, fue invitado a los EUA y allí, en una sesión conjunta del Congreso de ese país en la que habló, pidió a los EUA no levantar las sanciones porque eran factor para obligar al Apartheid a dialogar.

En Birmania, Daw Suu apoyó las sanciones impuestas al país asiático. En 2009, cuando se abordó la suspensión de las mismas, la Premio Nobel de la Paz –autorizada por “la junta” que la privó de libertad por más de 20 años- tuvo reuniones con voceros de los EUA y de la UE para hablar del tema de las sanciones.

Si la Mesa quisiera –porque en su comunicado la MUD rechazó las sanciones; último párrafo, bueno- ¿Estaría en capacidad de hacerlo? No. No tiene figuras del nivel de Mandela o Daw Suu para decir "apoyamos las sanciones, para que el gobierno dialogue", ni tampoco una organización como el CNA; o un trabajo en el exterior como el que adelantó Oliver Tambo mientras Mandela estuvo en prisión. Mandela es el símbolo, pero detrás de él, toda una organización. 

Ni siquiera las "resistencias" -si consideran que las sanciones deben ser apoyadas- han dicho algo así, más allá de tuits puntuales. 

Vuelvo con un asunto que he tratado en las últimas entradas: el problema político de la oposición es cómo volver a influenciar, a ser referencia; y para eso necesita un “con qué” para interactuar de “tu a tu” con el gobierno. Hoy la oposición es una ventaja en las encuestas, pero eso debe materializarse en los votos.

Reitero que la “orden ejecutiva” es injusta. Si los EUA querían influir, pudieron seguir la lógica de la UE con respecto a Birmania: no sanciones e influir en los países vecinos (en este caso, China e India).

No sé si el gobierno de los EUA hizo algo parecido con respecto a Venezuela, no tuvo resultados, y tomó la decisión de la “orden ejecutiva”, que el tiempo dirá cuál de las razones dadas es la que se acerca al verdadero motivo o motivos.

Lo cierto, es que estas sanciones y el clima que han generado y pueden generar en el futuro en nuestro país, son otro elemento para distanciar más a los venezolanos entre sí, en la cotidianidad, que es el mundo de la mayoría. 

Junto a las variables que nos separan, se agrega una nueva: “patriotas” versus “traidores”, como nuevas categorías para referirme al otro

¿Tendremos la fuerza como sociedad para estar por encima de ellas y no dejarnos atrapar en la dinámica de una nueva exclusión, para alejarnos todavía más de lo que ya estamos? 

sábado, 14 de marzo de 2015

La visita de Unasur

No había que esperar afirmaciones o conductas de Ernesto Samper para concluir que Unasur tiene un sesgo que no favorece a la oposición de Venezuela. Más que sesgo, diría prejuicios. Basta leer los tuits de la cuenta de Unasur en tuiter sobre la oposición venezolana, para ver esos prejuicios en 140 o menos caracteres. 

Sin embargo, “es lo que hay” ¿Qué sería ideal otro foro? Sí, pero ¿es posible hoy? No ¿Será posible en el futuro? El futuro también se construye con lo que haces en el presente.

Tal vez una de las pruebas más importantes para un político que aspira a tener calibre, es tragar grueso ante prejuicios así, pero concentrarse en lo importante, y tener el aplomo para interactuar con Samper o personas como él, sin caer en la trampa del orgullo, del cinismo, o del resentimiento.

En pleno diálogo con el Apartheid, la esposa de Mandela –Winnie- fue acusada de secuestro y robo por el “régimen”, para desacreditarla (y a él). Si Mandela hubiese cedido al espejismo de “ultrajaron el honor de mi familia” –al que muchos ceden en Venezuela- se hubiese parado de la mesa de diálogo. No lo hizo. En otro momento y por otros motivos, lo hizo, pero dejó un canal abierto con De Klerk, con la aprobación de su partido el CNA. Nunca cerró la comunicación.

En la película Selma, aún en los peores momentos –por ejemplo, cuando una bomba mató a dos niñas negras, así arranca la película- King y Johnson dialogaron. Incluso, el gobierno del tejano lanzó una “campaña sucia” contra King para desacreditarlo ante el público, y aún así, los dos políticos dialogaron. Eso es carácter en política. King no se puso con, “mi reputación es lo único que le dejo a mis hijos”, ni cursilerías de ese tipo, que se ven por estas tierras.  

Tal vez por eso, entre otras cosas, Mandela es Mandela y King es King, y no es fácil lograr un calibre político como el de los dos premios Nobel de Paz, pero son ejemplos. Se puede intentar. El orgullo tal vez no sea lo más importante en la vida o en la política, como se cree en Venezuela. Quizás la crisis que vivimos nos deje este aprendizaje.  

Noto que la sensibilidad en la calle u opinión es alta. Cualquier cosa es un casus belli o motivo de incordio, potenciado ahora por las redes sociales. Que el público sea así, se entiende -pero no se justifica- por el ambiente de crispación del país. Pero que políticos reaccionen con esa delicadeza o siempre para “los aplausos de las gradas”, sugiere que todavía nos falta nivel para diálogos complejos y política ruda, que vaya más allá de serrucharle el puesto al “compañerito” de partido o evitar que me serruchen el puesto a mi; saber cómo ascender dentro de la política; obtener lo que quiero, pero sin que nadie se de cuenta, con una “política florentina”; o buscar un “issue candente” –por ejemplo, las primarias- para ver qué obtengo.

Nuestra política gira mucho en ese tipo de cosas y “jugadas”, y menos en prevalecer con aplomo a partidas tramposas, o a grupos que juegan duro a la política. Nos falta más tesitura para este ambiente muchas veces de pillos, que hoy es global, y al que la política venezolana entró, alejada del confort de nuestro ambiente más local y “del honor”.

Muchos pedían real politik y “maquiavelismo”. Los complacieron. Nos metemos más hondo en la dinámica de la geopolítica mundial. Hubiese preferido nuestra política local, más “mundana”, pero buena parte de la sociedad quiso entrar en otro nivel político, aunque por las reacciones, noto que varios “mataron al tigre, y ahora le tienen miedo al cuero”. Un poco tarde ya para eso.  

Nos toca ver cómo salimos del brete, sin caer en el orgullo, el resentimiento, o el cinismo, que ya es común ver en la cotidianidad política venezolana.

Están bien los comentarios contra el comportamiento de Samper, pero hay que concentrarse en lo importante que es el comunicado de Unasur, el cual apunta a la nuez del problema político de Venezuela. Dice el texto del organismo:

“(…)La importancia, para Unasur, que las próximas elecciones, previstas para septiembre, lleguen a feliz término. Creemos que es el mejor escenario para que se confronten las diferencias políticas y se diriman las controversias (subrayado mío).

La Canciller de Colombia, Angela Holguín, también puso el cable a tierra. Expresó:

Creemos que las soluciones en Venezuela son decisiones que pasan por esas elecciones, esperamos que generen la estabilidad necesaria (subrayado mío).

Tengo un optimismo menos intenso que la Canciller –es decir, las elecciones pueden catalizar no una solución, sino hacerla inviable- pero coincido con su visión: salir del estado actual en donde estamos –para algo mejor o peor, no se sabe- pasa por la elección parlamentaria, con todos los riesgos y peligros que trae. Como ella, espero que los comicios brinden estabilidad, aunque esta posibilidad moleste a un gentío y grupos cuya naturaleza es el conflicto existencial y para nada aceptarán una tensión que no sea esa. Para este sector, una lucha agonal es “colaboracionista” (si es o no posible lograr una lucha agonal, es otro asunto).  

¿Cuál ventaja hay hoy para empujar las elecciones de 2015? Con dificultades y sin certezas que dure mucho, se genera poco a poco una opinión en donde hay coincidencias. Esa opinión es, “Que el pueblo decida” o “Lo que el pueblo decida”.

Aunque este contenido no es nuevo, que ocurra ahora no es poca cosa. Cómo se materializará ese clima de opinión si se sostiene en el tiempo, es en donde hay que influenciar para que sea provechoso para el país en general. Es donde se necesita el nivel de un Mandela o un King.

El gobierno lanzó su propuesta para materializar su “que el pueblo decida” el día 10-3-15, cuando Maduro fue a la AN a solicitar una habilitante.

Maduro planteó que firmaría un compromiso para reconocer los resultados electorales de las próximas elecciones. Invitó a la oposición a hacerlo.

Está bien la propuesta de Maduro, solo que es incompleta. No es la primera vez que se firma un documento así, y la experiencia es que hacerlo no garantiza acatamiento (del gobierno y de la oposición). Hay que perfeccionar la propuesta presidencial. Es aquí donde pienso que la Unidad puede ofrecer su versión del “que el pueblo decida”.

Por ejemplo ¿Por qué no plantear una carta-compromiso que sea carta-compromiso-con reglas precisas de operación?

Es decir, el gobierno quiere el compromiso de reconocimiento de la oposición como garantía, pero qué ofrece el gobierno como garantías. Aquí puede estar el punto en el cual Unasur y el mundo internacional pueden apoyar. Definir esa “zona de acuerdo posible” (las famosas ZAP).  

¿Qué es una ingenuidad? Tal vez, pero la prefiero a estar tooodooo el día descargándome a Samper o “esperando” –la pongo entre comillas porque para muchos, decir “esperar” mancilla su honor- que “pase algo” (hace un mes, Leansy Salazar, hoy la “revelación” del caso Nisman ¿Cuál será la próxima? ¿Cuándo llegará el juicio final para acabar con esto? imagino muchos se preguntan).

Por supuesto, al final queda la pregunta central ¿Las partes realmente quieren una solución? No sabría decirlo. Si me atengo al clima de opinión, diría que no. Cada quien se siente confiado en que “ganó la guerra”. El gobierno farfulla que “derrotó el golpe”, y la oposición blandea que el “el 80% rechaza la gestión de Maduro” y otros, que el “régimen está en fase terminal”. Todos se sienten ganadores y “esperan” por el hecho que catalice la implosión final. En el ínterin, nos arrastran al resto, en donde las consecuencias se ven. Ninguna buena.

Si las partes quieren una solución ¿Podrán contener o derrotar a quienes no quieren una solución? Si me atengo a los hechos, tampoco tienen la fuerza para eso. Las "gradas" mandan hoy. Quien quiera hacer carrera política, solo tiene que hacer cosas que agraden a las "gradas". El resto será suerte, talento, o las dos. 

El asunto no es un diálogo formal –cosa que la Holguín también dijo- sino acordar unas reglas para que la elección de 2015 sea lo más fidedigna posible. Esto puede ser viable, en tanto no aborda puntos más delicados, porque su propósito es uno: garantías mutuas para confiar en el ambiente electoral y sus resultados. Qué ocurra después, no parece que pueda ser abordado por las partes y tal vez sea mejor dejarlo así, por lo tanto –si se da esa conversación- es un “diálogo para la incertidumbre”, pero lo veo mejor a la política de destrucción en la que estamos inmersos, nos guste o no reconocerla.    

Desde el punto de vista de la oposición, lo anterior supone reforzar la institucionalidad de la Mesa.

Me cayó sumamente mal que el Secretario Ejecutivo de la Mesa, Jesús Torrealba, no haya sido invitado al encuentro con Unasur, sea por la “trampa” de Samper o por otras cosas “maquiavélicas” que he pensado, pero prefiero no escribirlas para no ponderar en ellas, por lo decepcionantes que son.

Torrealba representa la institucionalidad de la MUD, y eso hay que respetarlo y reforzarlo. 

En cualquier caso, se comunicó la imagen de una Unidad con una institucionalidad no muy fuerte. Eso no es bueno.

Un diálogo también se da cuando las partes tienen una institucionalidad fuerte. Si eso no ve o ni siquiera se respeta la propia institucionalidad ¿Cómo esperar que la parte adversaria te respete?

Uno de los puntos estructurales para solucionar la crisis política -y un objetivo a lograr- es que la oposición vuelva a ser interesante, sea relevante, sea un actor con influencia, y eso se alcanza al tener un “con qué”. 

Para lograr de nuevo un “con qué”, las elecciones de 2015 son determinantes. Pueden lograr que la oposición sea relevante, con capacidad para influir en el curso de los acontecimientos, y autonomizarse de los poderes fácticos y de todo el ruido del “ya viene el juicio final”, que enrarece el clima de opinión en las redes sociales (que invita a pensar sobre la "cordura" de la opinión pública en redes sociales. Por ejemplo, se habla de "la tumba" en el Sebin, y de repente sin más, se habla del vestido de la actriz X en el Oscar o en otro evento; sin una "transición" entre una cosa y otra).

Hoy la fuerza de la oposición es una opinión en las encuestas, pero que no se traduce en fuerza política concreta. La tarea es hacer de la opinión una fuerza política, y eso se logra por alguna de estas tres variables, a mi modo de ver.

La primera es organización, capacidad para movilizar. Hoy “la calle” luce sin fuerza –si más adelante cambia, no se sabe- y pienso que su mal uso y abuso la quemó, al menos ahora. Las concentraciones son discretas –como la “Marcha de las ollas vacías”- a pesar de la entidad de los temas que encabezan las convocatorias. Seguramente, la gente no va porque “están en una cola de pañales o jabón”, “el miedo”, pero también puede ser porque el formato de calle usado –sea la institucional o la barricada- está agotado, pero con un precio en vidas, pérdidas materiales, y presos, bastante alto y para mi injustificable e innecesario.

¿Qué “la calle” bajó la popularidad de Maduro de 46 a 18% y le “quitó la careta” porque “no le lavaron la cara”? Eso es discutible, pero será para otra entrada.

De manera que en la “contabilidad política”, en el “haber”, la organización y movilización luce un activo discreto. Los costos para retaliar al gobierno son altos, y hacerle contrapeso es limitado por la discreta capacidad de movilización que tiene la Unidad. Si eso cambia en el futuro, me alegro por quienes creen en "la calle".

La segunda es el mensaje. Tampoco el mensaje es muy poderoso. Sea en la versión “no salidista” que si “la educación”, “el progreso”, “hablarle a los descontentos”, o “de esto no salimos sin el chavismo”; o la versión “salidista” de la “constituyente”, la “transición”, “la dictadura”, o “el régimen”, no parece que hagan mucha resonancia con la mayoría del país. Son contenidos que están allí, pero sin la fuerza para ser contenidos que movilicen a toda la sociedad (como fue, por ejemplo, el sufragio universal en los 40 o lograr la “Venezuela moderna”, contenido que trascendió generaciones y que movilizó a la nación, tanto en el perezjimenismo como en la democracia representativa).

Sobre lo concreto, más allá de la queja; no hay propuestas y si las hay, no se comunican con la fuerza suficiente. Está bien, “la censura”, “el gobierno controla todos los medios” impiden comunicar muchas cosas; pero esto ya se convierte en excusa. A mi modo de ver, hoy las redes sociales influyen muchísimo. Tuiter no es Venezuela, pero sí crea la opinión pública de Venezuela, y allí la oposición puede influir, junto a los espacios que le quedan en los medios formales.

En lo existencial, no hay una idea de carrera moral para la sociedad, que sea alternativa a la que ofrece el gobierno (el socialismo como garantía de una vida buena). Tal vez porque –como dirían los grandes políticos y asesores- “eso no sube cerro”. No obstante, apostaría a que “los pobres” quieren escuchar algo más que hablar sobre la escasez o la inseguridad. No solo “los problemas de la gente”, sino “los sueños de la gente” también “suben cerro”, aunque políticos y asesores no lo crean.  

Tampoco el mensaje es un activo fuerte para la Unidad. Al igual que la movilización, es discreto. 

Finalmente, tiene la variable autoridad, que es el factor donde creo la Unidad puede trabajar, en estos momentos.

Se aborda por dos vías.

La primera, la institucionalidad de la Mesa. Una institucionalidad da respeto y autoridad. Si bien los partidos de la Unidad están “Cada quien en lo suyo” porque los incentivos son para que cada parte busque destacar, la Mesa es la instancia coordinadora. Que formalice procedimientos y tenga rutinas institucionales –aunque suene aburrido- da autoridad y reconocimiento, adentro y afuera. No importa si esas rutinas son sencillas, sino que se hagan de forma constante.

La segunda, las elecciones parlamentarias. Los estudios de opinión ofrecen ventaja a la Unidad, pero eso debe materializarse cuando llegue la hora de votar. La ventaja en las encuestas solo indica que la posición de la MUD es favorable en ese tema, pero no sugiere que lo que aparece hoy como ventaja, vaya a ser así el día de las elecciones. El trabajo político es lo que lo garantiza.

Un resultado satisfactorio para la Unidad en 2015, le recupera el “con qué” que había logrado tener para 2013 –alcanzado con mucho trabajo- pero que perdió en 2014, y que explica en parte por qué su influencia es discreta, y en cierto modo, ha sido desplazada por poderes fácticos y gobiernos de afuera.

Un “con qué” regresará el centro de gravedad a la política, y con ella, la oposición estará en una mejor posición para dialogar con el gobierno –si esa es la política- que hoy no quiere, no tiene interés, o quiere hacerlo pero a un precio elevado para la Unidad.

En resumen,  concentrarse en lograr una competencia electoral lo más equilibrada posible, con compromisos gobierno-oposición para la campaña electoral, y si es posible, al menos bosquejar una “hoja de ruta” para luego de la elección –por ejemplo ¿cómo será el comportamiento el día de las elecciones; en la noche y cuando llegue la “hora de la baranda”?- es lo que veo factible puede ser alcanzado con la ayuda de Unasur, posibilidad que deja ver su comunicado.

Si esto es posible, y la Unidad recupera su centro en la política llevada por el voto de los electores para interactuar de “tu a tu” con el gobierno -sería mi objetivo a lograr- entonces será Samper quien tragará grueso y Unasur ganará credibilidad ante el país no gobierno, que no la tiene hoy.