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sábado, 25 de octubre de 2014

La salida de Rodríguez Torres y cambios en el gabinete


Por las reacciones en las redes sociales, la sustitución de Miguel Rodríguez Torres en el Ministerio del Interior anunciada por Maduro el día 24-10-14, sorprendió a propios y extraños. No se esperaba. Al menos, no ahora.

De las cosas que leí antes de este anuncio, la que se acercó con más precisión fue la columna de Fernando Egaña en Quinto Día de fecha 24-10-14, quien dejó ver la pronta salida de Rodríguez Torres por el conflicto con los colectivos, a raíz del enfrentamiento en el que murieron 5 integrantes de un colectivo, ocurrido el 7-10-14 en Caracas.

En mi cuenta, luego que Maduro hizo el anuncio de los cambios, la mayoría de las explicaciones en el mundo opositor giraron en torno al motivo dado por Egaña: los colectivos ganaron la partida contra el gobierno, y lograron la salida del general que despachó hasta hoy desde la esquina El Platanal.

Que la Fiscalía haya dictado privativas a 6 funcionarios del CICPC por el enfrentamiento con el colectivo que dirigía Odreman, apoya la tesis de concesiones que hizo y hace el gobierno a los colectivos para calmarlos. Concesiones al precio de generar tensiones dentro del propio gobierno. La respuesta de directivos del CICPC apoyando a los funcionarios detenidos, es una de las pocas evidencias públicas sobre tensiones y diferencias entre organismos del Estado. En este caso, entre la Fiscalía y el CICPC.  

No descarto, entonces, la explicación de complacer a los colectivos para tranquilizarlos, pero no creo que haya sido la principal causa para la salida de Rodríguez Torres. Más bien, pienso que hay una cadena de acontecimientos que llevaron a esta decisión, catalizada por las expectativas que el gobierno tiene de cara al 2015.

No dudo de la capacidad para la violencia delincuencial y política que tienen los colectivos armados por el propio gobierno, pero no percibo al gobierno en tal situación de debilidad, que uno o varios colectivos le marquen la pauta en lo que a decisiones se refiere. Si es así -como escribió una persona en twitter- roguemos a los colectivos que protesten porque no hay harina, aceite, champú, medicinas, repuestos, para que aparezcan con la misma velocidad con la que Rodríguez Torres fue destituido.

Aventuro dos hipótesis para tratar de explicar los cambios ocurridos el 24-10-14. 

Una, es la hipótesis optimista. Otra, la hipótesis pesimista.

Comencemos con la hipótesis optimista. 

Maduro considera regresar a lo que fue su estilo cuando arrancó el gobierno en abril de 2013, hasta agosto de ese año, el cual tuvo una mejor evaluación en la opinión pública, y no el estilo de ahora, que tiene valores de evaluación bajos, muy diferentes a los que logró en 2013.

Un dato para esta hipótesis. De acuerdo a la firma Datanálisis, en abril de 2013, Maduro logró tener un 55,2% de aprobación. En octubre de 2013, el valor cayó a 30,2 por ciento. 25 puntos en poco más de un año. Bárbaro.

En la entrada de este Blog titulada Momento político de fecha 4-8-13, se argumentó con base en estudios de opinión publicados para esa fecha, que el gobierno daba un giro autoritario, causado por lo que se llamó la crisis en la confianza en la gestión, carencia que Maduro compensó con darle más confianza a Rodríguez Torres y a la lógica de la inteligencia de los aparatos de seguridad del Estado: todo es una conspiración.

La paranoia es la debilidad fundamental de todo político, sea del gobierno o de la oposición. Cualquier crítica se asume como parte de una conspiración ¿Por qué Maduro sería distinto? Al contrario, luce más permeable a esta influencia porque mi análisis es que desde el punto de vista de la personalidad, Maduro transmite una inseguridad estructural que compensa con la figura de su esposa, Cilia Flores, quien le ofrece la armonía y la seguridad que estructuralmente no posee o no en las cantidades que una tarea como la Presidencia, exige. 

A diferencia de Chávez, quien asumía riesgos y por eso era carismático, Maduro se acerca más al prototipo del político convencional venezolano: lento, burocrárico, dar muchas vueltas para que nadie note las verdaderas intenciones, tratar de estar bien con todo el mundo, e ir pisando el terreno primero, antes de tomar una decisión. 

Esa excesiva confianza depositada en la visión que tiene la seguridad del Estado del mundo representada por Rodríguez Torres, con el tiempo creció y se distorsionó.

La señal de ese exceso fue el enfrentamiento con los colectivos, que pudo encender la luz roja en el tablero que el gobierno respeta y que tiene una sola regla: lo que potencialmente pueda causar tensión e inestabilidad política, es prioritaria su atención. 

Junto a esto, un factor ayudó a la salida de Rodríguez Torres. La inseguridad se mantiene y la percepción que hay (o que tengo), es que aumentó en las últimas semanas.

No es solo el asesinado de Robert Serra. Es la muerte de un dirigente estudiantil de la UNERG cercano al gobierno. Es el aumento de los asesinatos de policías, no se sabe si para robarlos o como parte de una vendetta delincuencial o política. El último caso, el asesinato de un escolta del Director del Sebin, nada más y nada menos que el organismo de seguridad del Estado ¿Qué le habrá dicho el Director de la policía política a Rodríguez Torres cuando lo vio? Especulo, "Camarada, nos están matando, y tu piensas solo en cámaras de seguridad y drones"

Todo lo anterior ocurrió en apenas 15 días. Lo que transmiten estos hechos es que la visión tecnológica de Rodríguez Torres y pese al esfuerzo que hizo el gobierno en llevarla a cabo y las inversiones en recursos que hizo y hace, este enfoque luce insuficiente para detener la espiral de la violencia, que tiene vida propia. 

También agrego a beneficio de esta hipótesis, un par de entrevistas dadas por Diosdado Cabello. Una a El Universal y otra al programa José Vicente Hoy del canal Televen. 

En sendas entrevistas, Cabello da cuenta de la tensión que supone para el alto gobierno el ejercicio del poder. No es que Cabello se sienta débil, sino que acusa recibo del desgaste que lleva el poder y que, de seguir así, comprometerá la estabilidad del gobierno.

Mi hipótesis es optimista en el sentido que los hechos comentados encendieron las alarmas en el alto gobierno y una manera que consideran puede revertir esta tendencia de desgaste que muestran las encuestas, es regresar a esos 3 meses de 2013 en los que Maduro logró tener una aceptable evaluación en la opinión pública, sin tener que apelar al llamado Dakazo, discutible en sus efectos, pero que en la representación social quedó como que eso ayudó a mejorar su imagen.  Un Maduro más seguro de sí mismo y menos influenciable a relatos de conspiraciones.

En resumen, la hipótesis optimista es back to the beginning.

La hipótesis pesimista es que el gobierno anticipa un 2015 de conflictos sociales y políticos, escenario que no es descabellado.

Un hecho se configura como el catalizador de la tensión política acumulada: la elección a la AN. No solo la escogencia de los candidatos, sino los resultados van a llevar a buscar una solución política a una situación que hoy es de desgaste, cada actor jugando al desgaste del otro, en una especie de guerra de trincheras.

Si ese es el escenario y la estabilidad política es fundamental, luce razonable hacer lo que Maduro hizo: promover el juego cerrado entre los órganos de seguridad civiles y militares, para enfrentar ese eventual escenario.

Así las cosas ¿Quienes mejores facultados para eso que Carmen Meléndez Rivas y Vladimir Padrino López?

Desde el punto de vista político, son totalmente leales al gobierno y a Maduro. Me atrevería a decir que mantienen su prestigio dentro de las FAN. 

Como funcionarios, Meléndez y Padrino han logrado en Defensa y en el CEO respectivamente, una excelente división del trabajo, en la que no se observan rivalidades, competencia para serrucharse el puesto o celos profesionales. Meléndez sabe cuál es su tarea y la hace sin complejos, e igual pasa con Padrino López. Los dos, además, están en la moda que plantea la sociedad como requisito para la política: patear calle. Lo hacen, pero la calle castrense.

Para Maduro, esa llave que se formó en julio de 2013 cuando designó a Meléndez como Ministra de la Defensa y a Padrino como jefe del CEO, quizás haya sido la mejor decisión política que ha tomado, y por eso era poco probable que los cambiara cuando los ascensos militares de julio de 2014. Pasó lo esperado en este escenario: los ratificó a los dos, y a otro oficial del perfil de Padrino y Meléndez, el general Alexis López Ramírez, pasó a retiro en julio de 2014 cuando dejó la Comandancia del Ejército, pero lo colocó cerca, como secretario del Codena y secretario del Consejo de Estado.

Si en alguna institución a mi juicio Maduro logró establecer buenos canales de comunicación, es con las FAN. Creo que Chávez no tendría nada de que quejarse en este campo, de estar vivo.

Por lo demás, una mujer en el Ministerio del Interior refrescará la imagen de un ministerio cuya imagen se deterioró severamente por los eventos de febrero de 2014. Será interesante ver el toque femenino en una cartera ejercida exclusivamente por hombres y asociada a una tarea también masculina: reprimir. 

Otro elemento que ofrezco para apoyar esta hipótesis pesimista es la doble titularidad de Padrino López. Será Ministro de la Defensa y mantendrá, al menos en las primeras de cambio, su función como jefe del CEO.  

Este dato es interesante. Chávez fue muy celoso en separar lo operacional de lo administrativo (que fue lo que impulsó cambiar la Lofan en 2005), y él se colocó como la instancia de equilibrio en las FAN.

Maduro rompe con esto y coloca lo administrativo y lo operacional en manos de una persona, con lo que comunica varios mensajes: 1.-Que tiene plena confianza en la lealtad de las FAN y en la de Padrino López, 2.-Una señal para proseguir en los cambios que ocurren dentro de las FAN, que con Maduro han avanzado bastante (me atrevería a decir, a mayor velocidad que la que tenía cuando Chávez, y el corporativismo no carismático de Maduro ayuda a ese ritmo); y 3.-Que Maduro, al menos por ahora, no visualiza un oficial que pueda estar en la misma dinámica que Padrino y Meléndez.

En resumen, Padrino y Meléndez como cabeza de ministerios con poder de fuego, ofrecen a Maduro lealtad y capacidad para responder rápido en una probable situación de crisis. Y por eso se habla de hipótesis pesimista. El gobierno se coloca en posibles escenarios de violencia y tensión de alta intensidad. Si esto ocurre, hay que tener personas de lealtad comprobada, que no estén quemados, y que puedan hacer llave para responder rápidamente a los escenarios de tensión planteados, que seguramente veremos en 2015.

El tiempo dirá la validez de estas explicaciones. Solo agrego -para cerrar esta entrada- que compruebo de nuevo que Maduro no es el pelele que retrata el discurso opositor.

Por supuesto, es la opinión de un analista que no presume ni le interesa que crean que tiene burdel político, pero el tiempo favorece la opinión que no es un pelele.

En agosto de 2013, cuando asistía a reuniones con grandes políticos y gente de gran burdel político, era común escuchar que el general García Plaza sería el hombre fuerte del gobierno.

En esa época, era rutina escuchar los cuentos de quienes presumían del burdel político, el tengo un amigo que.....les decía que García Plaza carajeaba a los ministros, y por eso sería el hombre fuerte del régimen ¿Qué pasó? García Plaza cumplió su tarea. Hoy es exministro y oficial retirado.

Luego, el burdel político dijo que Maduro no podría con Giordani. Lo sacó del gabinete y lo criticó. En el interín, también se llevó a Navarro, otro de los históricos. Después se dijo que no movería a Ramírez porque era el hombre de los reales. Lo movió a Cancillería.

Luego, la corriente del burdel político afirmó que la disidencia del chavismo y Cabello le meterían las cabras en el corral a Maduro en el III Congreso del PSUV. El Congresó lo designó Presidente del PSUV, sin un voto en contra. 

Al mismo tiempo, se decía que el poder real lo tenía Rodríguez Torres. Que sería el candidato. También era el hombre fuerte del régimen. Fue destituido, con 15 días de descanso antes de tener "otra misión", según indicó Maduro.  

Veo que ahora las nuevas barajitas para probar que Maduro es un pelele son los disidentes del chavismo y los colectivos. Veremos.

En todo caso, mantengo mi hipótesis que Maduro lentamente construye su base y estructura de poder propia. Qué hará una vez que lo logre (creo que lo logrará), es una incertidumbre.

Puede optar por un socialismo moderado o por un capitalismo de Estado despótico, en la bonita expresión de Mark Lilla para referirse a la forma de gobierno que hoy tiene China. 

Hoy, la tendencia es hacia un capitalismo de Estado despótico a la venezolana. Es decir, con desorden.

Veremos. 

jueves, 23 de octubre de 2014

¿Somos así o son las circunstancias?




La corrupción es parte de nuestras vidas. Marca nuestra identidad como sociedad, con todo lo que eso suponga.

Gobiernos vienen, gobiernos pasan, y el tema sigue allí. Cada nuevo gobierno promete su cruzada contra la corrupción. La cruzada termina en nuevos casos de dolo. Hasta el próximo gobierno, que repite el ciclo.

Chávez y su movimiento cabalgaron en la corrupción de los gobiernos de AD-Copei, para ganar en 1998. Hoy, el gobierno socialista llevó la corrupción a niveles nunca conocidos previamente: la industrializó. Corrupción C. A

Escuchamos mayormente hablar de los grandes casos -como los "20 mil millones de dólares de Cadivi"- pero en esta entrada me quiero referir a lo que cada día leo más en la prensa: la corrupción cotidiana, esa que parece inofensiva, pequeña, que no tiene efectos. Aunque los tiene y cómo.

La corrupción cotidiana tampoco es nueva en la historia de Venezuela, tal vez se le percibía inofensiva, se convivía con ella -los regalitos o cosas por el estilo- la sociedad lo tolera y en cierto modo lo celebra, esa corrupción pequeña, como parte de la viveza del venezolano. Del venezolano sabrosón que hasta no hace mucho las elites modelaban como el prototipo al que uno debía aspirar si quería sentirse aceptado y reconocido en Venezuela. Uno aprende que la ley y los procedimientos son para los pendejos, y no seguir ese prototipo como modelo, equivale a ser visto como extraño, como alejado de ese venezolano sabrosón, lo que no te hará muy popular.

Al final, comportarse de acuerdo a las normas es una decisión personalísima, y quien la tome debe saber que se expone a ser un extraño en su propia sociedad. El discurso privilegia la norma, pero el modelaje refuerza la anomia ¿Por qué sorprenderse con los niveles de transgresión que vemos hoy, si eso es lo que se ha cosechado en años?  

No sé si las personas o las elites siguen pensando que el venezolano sabrosón sea el modelo a seguir, pero me parece que la corrupción cotidiana cada día invade más a la sociedad, aunque se tenga toda la vida conviviendo con ella.

Hace unas semanas escuchaba en YouTube el análisis del padre Arturo Sosa -exRector de la Universidad Católica del Táchira-  acerca del momento político nacional, y en su exposición, Sosa comentó cómo varias personas han incursionado en el bachaqueo en Táchira, como vía para redondear unos exiguos ingresos. Y gente con profesiones que llevan a pensar en comportamientos contrarios al contrabando: docentes.

Pero también son las verificaciones a personas sobre el uso adecuado a las divisas que reciben, que hace Cencoex. También, para el uso honesto del chip de gasolina.

Sin embargo, tres noticias ponen el tema, otra vez, como asunto de interés, ahora cuando muchos nos cuestionamos ya no la política venezolana, sino su constitución más dura: su cultura ¿De qué madera estamos hechos realmente? 

La primera, es la detención del subdirector del Hospital Victorino Santaella por contrabando de medicinas. La segunda, la línea del Estado Conviasa despidió a 103 trabajadores por estar vinculados en irregularidades con boletos y equipajes.

Una empresa aérea con cerca de 1.000 trabajadores, que el 10% de su plantilla haya sido despedido por irregularidades, pone a pensar. No solo por la viabilidad de la empresa en sí, sino por el clima de Venezuela. 

Finalmente, una noticia que seguramente -como todo lo importante en Venezuela- "pasará por debajo de la mesa": el anuncio de la cadena Farmatodo de racionar la compra de ciertos artículos ¿La razón?

La empresa afirmó que contrató a Datanálisis un estudio que reflejó que el 70% de los compradores de Farmatodo son revendedores. La reventa se sofisticó tanto, que el estudio identificó tres tipos de revendedores: los que compran para revender, los que compran para que otros revendan, y los que guardan cupos en las colas que -de acuerdo a Farmatodo- se hacen todas las mañanas cuando llegan los camiones de suministros a las distintas farmacias de la cadena. 

También el estudio reportó comportamientos violentos: los revendedores amenazaron y agredieron a los dependientes de las tiendas, por controlar la venta de productos escasos.

Se impone la lógica de la escasez: si un Atamel vale en lista 5,3 bolívares, pero el llamado blister de 10 se vende en 100 o 200 bolívares (la caja, entonces, cuesta en la economía de la escasez entre 200 a 400 bolívares), alguien se llena, y de forma fácil. Igual pudiera decirse con otras cosas también escasas: el dólar, los pasajes, repuestos, y casi todo. 

¿Qué nos pasa? ¿Siempre ha sido así y ahora es que uno se da cuenta, porque estos hechos son noticia? ¿Somos corruptos por naturaleza o son las circunstancias? Esta pregunta me interpela en estos momentos, y mi respuesta es la segunda opción.

Quienes leen este Blog pueden inferir que me ubico en el grupo que ve el vaso medio lleno y no medio vacío, cuando de Venezuela se trata. El pesimismo no me parece propio de quien aspira a servir a otros. Además, desde el punto de las ideas políticas, me huele a positivismo, por lo que, inevitablemente, se concluye en el gendarme necesario, que es lo que mucha gente busca en Venezuela, de ambos bandos

No estoy en el grupo que espera el colapso. No estoy esperando el desastre producto del default, de la decisión del Ciadi, de la baja del precio del petróleo, o lo que se escucha ahora: que no habrá Navidad, o que no habrá panetones, pan de jamón, alcaparras o aceitunas. Afortunadamente, ya aparecen en las panaderías de la calle. Caros, pero allí están; panetones, pan de jamón, y ya hay lugares donde ofrecen el tradicional plato navideño, sabroso almuerzo después de una jornada mañanera de trabajo, caminando por toda la ciudad. 

No estoy en el grupo que espera el peo que resuelva nuestros problemas, y no el trabajo constante. Apuesto a la política, no al desorden o al bochinche. 

Como soy cachilapo, no puedo darme el lujo de quejarme o ser pesimista. Siempre toca estar en las trincheras o en la línea de ensamblaje. Cuando estás allí, quejarte o esperar el peo no te ayuda a hacer tu trabajo o a solventar los miles de obstáculos que hay en la cotidianidad. En esos niveles, lo que ayuda es aportar soluciones, siempre ver las cosas con la mente tipo ¿Cómo se puede resolver esto? o, por lo menos, ¿Cómo reducir los efectos negativos o el sufrimiento de una persona o grupo?

Estar todo el tiempo a la espera de un peo para regenerarnos como sociedad y comenzar desde cero, puros, me resulta igual al discurso de las técnicas de la resistencia no violenta. Cosas de gente bien que tal vez los vio en algún viaje o en el cable, pero que en el fondo, no tiene problemas reales en la vida. Cuando hay problemas de verdad y estás solo, la queja o esperar el peo que cambie la vaina, realmente no ayudan para nada. 

A pesar que el tema de la corrupción ha tenido abordaje desde la academia como parte de nuestra historia e identidad, pienso que la mayoría de las personas en Venezuela son honestas.

Si bien no puedo generalizar, pero tengo vivencias que me hacen pensar lo anterior. Por ejemplo, por trabajo, me toca caminar mucho por la ciudad y en algunas zonas en las que transito con frecuencia, con el tiempo, conozco a quienes viven en la calle. 

A pesar del tiempo que nos conocemos, quienes piden algo, lo hacen no sin cierta resistencia. Lo hacen con pena. Me parece un indicador de esa honestidad. Así lo pienso porque mi rezonamiento es que si me tocara estar en una situación así, pediría sin pena. Reclamaría por qué las estructuras de la sociedad venezolana son intrínsecamente violentas (que lo son. Este es un país de amigos y para los amigos, para nadie más, tal vez por eso su violencia que se sintetiza en la terrorífica expresión, Tal cosa -educación salud, etc- es para todos, o no es para nadie). Sería violento en mis respuestas. En cambio, consigo lo contrario: modos y razones, a pesar de la adversidad personal. 

De manera que la explicación que tengo para este aumento que se registra en la corrupción cotidiana, son las circunstancias. La más importante, una economía desfasada y un sistema de controles que en una cultura de la viveza como la venezolana y del ser alguien al precio que sea, potencian las posibilidades para entrar en la corrupción. 

En un país normal, con una economía y controles decentes, muchas personas que se meten en actividades de corrupción cotidiana (las que no exculpo ni justifico, porque los individuos deciden qué hacer con su libertad, y pueden escoger tener una vida buena, que no sé si será una buena vida, pero para mi vale), posiblemente no lo hubiesen hecho. 

¿Pero si el dólar el gobierno lo fijó en 6,3 pero en la calle está en 100, y entes públicos y particulares ya enjugan su déficit por esta vía, qué puede impedir que alguien vaya y raspe su cupo? Es lo que se modela.  

Igual con el precio de las medicinas, comida, repuestos para autos, cemento, cabillas, todo regulado, pero cuyo valor es otro en el mercado real, no en el mercado de los planificadores, donde la escasez no existe. Todo es abundancia de recursos y del hombre nuevo

¿Es o no corrupción raspar el cupo? He escuchado discusiones en la que se dan argumentos a favor y en contra. En mi caso, pienso que es corrupción y engaño pero ¿Por qué privarle a una persona el ser alguien con la divisa, si ésta viene del petróleo, y dicen que el petróleo es mio? Además, esa viveza será admirada -de forma pública o secreta- y ya no seré el pendejo que debo matarme trabajando, para tener un nivel de vida más o menos ahí

Cuando me toca este tipo de discusiones, solo expreso mi opinión que es corrupción, pero hasta allí. Sin emitir juicios de valor hacia otras personas ¿Cómo hacerlo en un país donde el sistema de precios está sumamente averiado?

Las crisis como las que vive Venezuela promueven una mentalidad del tipo, Si no soy yo, es otro, así que aprovecho. Si no aprovecho el cupo, otro lo va a hacer. Si no aprovecho mis dólares de Cencoex, otro lo hará. Y así con todo.

Lo malo de todo esto es que nos convertimos en una sociedad de pícaros y mendicantes, y refuerza en el venezolano un atributo que ya lo caracteriza: creerse el mejor, por lo que el conflicto y no la cooperación, son más comunes hoy ¿Tal vez eso explica el clima de agresión que se percibe en la calle, cuando uno camina, y lo agresivo en que a veces uno está caminando?

También la corrupción cotidiana es otra forma de polarización, de división entre los venezolanos. Los que aprovecharon, porque son astutos, tienen la paciencia para eso, o menos escrúpulos o rollos. Los que no aprovecharon porque no quieren, porque no pueden, o porque el tema abre dilemas éticos y crea disonancia. Entre unos y otros hay resentimientos: los canastilleros de la crisis  que son exitosos o los conformistas que se acostumbran, que son fracasados, pero honestos. Una degradación de Ifigenia: la tensión entre los Alonso y los Leal. 

Que sea cotidiana, la corrupción también nos cambia. No es simplemente leyes y castigo, sino que ella cambia nuestra historia y nuestra manera de relacionarnos como comunidad. Y a nosotros mismos. Ya no se trata de la corrupción de los políticos; distinta, que puede construirse como algo extraño, alejado de mi, que preserva mi pureza porque es la corrupción de los poderosos.

Tampoco la cotidiana: ya no es el regalito o la botellita que se da en Navidad. Ya es algo más industrializado. Revender en Farmatodo supone el desarrollo de una tecnología: revendores, personas que hacen cola, movimiento de los camiones de carga de la empresa, horas, sitios para llevar lo comprado, cadenas de comercialización. Ya no es una botellita, ya eres parte de una estructura que te cambia como persona. Ya se cruzó una línea de la que es difícil regresar, por más Sundee o precios justos que se busque imponer vía decretos. 

Perdimos la inocencia que creíamos tener por no ser políticos. Tal vez alguien esté matando tigritos para parapetear el presupuesto familiar y, de repente, observa que el vecino cambió su estilo de vida de un día para otro raspando cupos. Ya no son los los políticos, sino gente como uno. Tu y tus tigres. Tu vecino, en cambio, se muda para su nueva casa...

Esa mezcla nos cambió como sociedad y no nos da la excusa para zafarnos del problema. Es gente como nosotros, que tal vez conocemos, que lo hace de forma regular. Allí están ¿La banalidad del mal? No. La banalidad de la corrupción.  

Que médicos y maestros -en teoría, actividades que deben tener como norte el servicio a otros- incursionen en este dolo muestra las contradicciones y tensiones de muchas personas ¿Cómo harán para manejar esas dos personalidades? Puede que en un clima laxo como el de la sociedad venezolana (no ahora, desde siempre, alejado de cualquier criterio de disciplina o procedimientos, porque aquí todo el mundo es arrecho), tal vez no importe, pero en el agregado social sí ¿Cómo esperar tener mejores ciudadanos si quienes deben modelar esos comportamientos no pueden por tener vidas paralelas

¿Cómo distinguir el país real del país corrupción? Sería interesante aproximar el PIB de las actividades ilegales, y compararlo con el PIB normal de la economía.

Ya no seremos los mismos, así se cambie de gobierno (que hay que cambiarlo), pero sí podemos tomar conciencia de lo que esta corrupción cotidiana representa, y apelar a la Venezuela honesta. No en el sentido de los buenos frente a los malos, sino en la capacidad para resistir las pruebas que un sistema con incentivos alrevés nos coloca diariamente.

Una vía es con el modelaje. Pero no el modelaje bobo de las elites (como la Patria boba), de muchas campañas de responsabilidad social. Me refiero el modelaje real, de personas concretas con puestos de liderazgo de cualquier tipo, pero concretos, y no el modelaje mediático de una cuña o de un calendario de responsabilidad social.

La sociedad venezolana es muy dada a hablar de modelaje. Ahora le toca ponerlo en práctica.

Otra vía es internalizar la auto-regulación con información, para que no nos regulen con una captahuella o cualquier otro mecanismo electrónico para racionar el consumo. El ajuste de los tarifas a los estacionamientos es un buen experimento.

Me ha tocado -hasta ahora- pagar tres tipos de tarifas, luego del ajuste hecho el día 20-10-14. Confieso que a pesar que soy socialdemócrata -es decir, la regulación del Estado no la veo como un coco, como las elites venezolanas, aunque para este grupo, una economía subsidiada bien vale un cuadro de Adam Smith o de Hayek en la oficina o en una sala de reuniones o de junta), la tarifa más alta que he pagado me molesta. Me gustaría una tarifa única. La incertidumbre de la tarifa no me agrada (es decir, el mercado).

Bien haría Anpage si le dice a sus afiliados que publiquen en un lugar visible de los estacionamientos, el tipo de estacionamiento que es (no sabía que hay tipos de estacionamientos), la cantidad de puestos que tiene, la empresa de seguros para los usuarios, y la tarifa que corresponde, de acuerdo a la resolución oficial.

Con información, uno podrá aceptar las bondades del mercado, pero a los arrecho venezolano, no y no. Como dice el refrán, a macho, macho y medio. Si así va a ser nuestra forma de relacionarlos como sociedad, no me gusta y lo evito, pero si no queda otra...será. 

Apuesto, entonces, a la Venezuela honesta. Muchas veces, temprano caminando para ir a alguna actividad de trabajo, veo a gente como uno, también para sus labores. Algunos con su cafecito. Otros con una arepa envuelta en papel de aluminio, dándole. Otros, comprando una empanada y un café en las famosas ventas de este alimento, en cavas de anime, en alguna esquina, con una malta. Otros con sus loncheras o una bolsa de panadería, con el tradicional cachito y un cuarto de jugo.  

No pienso que esas personas acepten la corrupción cotidiana como un destino inmodificable. Nadie puede aceptarlo. Reconocer que existe es el primer paso para superar esto con lo que ya no convivimos, sino que somos y nos transformó como personas y como sociedad, aunque no lo queramos aceptar.