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domingo, 24 de mayo de 2015

¿Es posible una "tercera vía"?



Las “terceras vías” –organizaciones que irrumpen con éxito entre dos bloques políticos importantes- en la historia de Venezuela no son nuevas.

Se recuerda la anécdota que se le atribuye a Petkoff al definir al MAS en tiempos de AD-Copei, “Como un Volkswagen entre dos gandolas”. En los 90, el MAS y LCR tuvieron roles de “terceras vías”, que perdieron por falta de visión y las mezquindades propias de la política venezolana.

A la hora de votar, también hay historia sobre la intención de voto hacia “independientes”. En enero de 2010 -8 meses antes de las parlamentarias de ese año- en IVAD, la intención de voto fue: 32,6% PSUV, 20,8% Unidad, 33,1% “candidatos independientes”, y 13,5% Ns/Nr.

Si la equivalencia es posible, ese 33% de independientes fue tragado por la polarización PSUV-Unidad porque el resultado del 26-9-10 fue: 48,14% PSUV, 47,2% Unidad, 3,14% PPT, y 1,47% Otros. Sumados PPT + Otros es 4,61 por cierto.

¿Será ese el destino de las “terceras vías” en las parlamentarias de 2015? No es tema de esta entrada, sino argumentar si una “tercera vía” es posible.

La respuesta es sí. En las municipales de 2013, las organizaciones no postuladas por la Unidad o el PSUV –aunque cercanas política o doctrinariamente a los dos grupos políticos- sumaron 1.273.703 votos o 11,6% de la torta electoral municipal, porcentaje pequeño, pero que llamó la atención en ese entonces, porque no fue esperado.

En una exposición que hice en un seminario de la UCAB el día 26-2-14, formulé la misma interrogante, con un sí tentativo como respuesta. Pregunté en ese foro, “¿Quién será el Beppe Grillo venezolano? ¿Tendremos en un futuro movimientos no partidistas formados por artistas, intelectuales, anclas, profetas, que compitan con éxito con las organizaciones políticas?”.

Los resultados de las primarias de la Unidad el día 17-5-15 y la encuesta de la UCAB/Delphos Percepciones ciudadanas del Sistema Electoral Venezolano, con campo 10 al 25 de abril de 2015 y una n = 1.200 entrevistas, me llevan a pensar que el sí como respuesta, hoy es consistente.

Por supuesto, que la posibilidad de una tercera vía exista en los datos es una cosa, pero que se concrete es otra. Y si se concreta, que lo haga de acuerdo a las expectativas de quienes la esperan, también es otro asunto.

Lo anterior, porque muchos se disputan la progenitura de la “tercera vía” debido a que el olfato político les dice que por allí hay una oportunidad política que no se ha llenado. Es la apuesta que hacen Marea Socialista, el MAS, el movimiento que encabeza Ricardo Sánchez, y el activismo que promueve Claudio Fermín.

Si me preguntan, diría que estos grupos no son “tercera vía” sino descontentos con los grupos más importantes (PSUV o Unidad) que buscan “su vía” para tener sus espacios de poder para influir y negociar, que es como se hace la política en Venezuela: abre un nicho aunque sea pequeño, y lo demás viene solo ¿La meta? en algunas de estas personas, no es la AN o promover a los "activistas de abajo", sino la mira está puesta en las presidenciales de 2018. 

También, muchas de las personas que buscan la “tercera vía” son conocidos y estuvieron en posiciones de poder para hacer los cambios que hoy reclaman como si nunca hubiesen tenido poder o influencia. Ahora a un gentío le da por decir que son "cachilapos", como si la sociedad no tuviera memoria de quiénes son o de las posiciones que ocuparon. 

Pero posiblemente para la sociedad sí son “tercera vía”. Venezuela es un país tan inercial, que tal vez lo que se entienda por “tercera vía” sea cualquier movimiento o persona que canalice la molestia que hay hacia la Unidad o hacia el PSUV, sea de gente nueva o menos nueva. Cualquiera que llene ese vacío, ya es el tan codiciado por muchos outsider.

También otro problema es el contenido de la “tercera vía”. Hoy, entendería por “tercera vía” una opción de ruptura con lo que hace la Unidad o el PSUV –sean en las versiones moderadas o extremas de cada uno- no solo en el plano del discurso o la retórica “atrapa públicos”, sino en la visión y en la práctica política.

Pero también lo anterior es otro problema. Posiblemente, la sociedad no quiera una ruptura sino que las “cosas se hagan mejor”. Tal vez quiera un socialismo más eficiente, menos autoritario y menos corrupto. O un gobierno de unidad con “las caras que le dicen algo al país” y un “gran acuerdo de elites” para que el sector privado pueda trabajar, con un populismo benefactor.

Ninguna de las dos versiones cuestionaría el fondo de la economía política nacional o la forma cómo se maneja el poder en el país. Tal vez Venezuela no tenga ganas de cuestionar su naturaleza productiva como sociedad, sino lograr que el ordeño de la renta sea algo más democrático hacia la base, y si por eso los grupos de la cúpula tienen un share algo mayor al resto, no es problema, porque hay una suerte de trickle down rentístico. Y todos felices.

Pero no sigamos más. La entrada es para aportar algunos datos que sugieren que una “tercera vía” sí es posible hoy. Cómo será, quiénes la encabezarán, cuáles serán sus propuestas, sus posibilidades reales, son temas para otra discusión.

Aunque el estudio de la UCAB/Delphos no aporta en la presentación oficial los famosos “tabulados” ni el wording original de las preguntas del cuestionario, algunas conjeturas se pueden hacer, con la salvedad que no tienen la fuerza que da hacerla con los “tabulados”. Tampoco voy a tocar todos los números que tiene el estudio de opinión, aunque provoca, pero haría la entrada demasiado larga y quizás aburrida para leer.

Veamos. La UCAB sugiere que ocurre un proceso de “despolarización”, aunque si se presta atención a las categorías de la misma encuesta, más bien luce un proceso de desafiliación que de “despolarización”.

Así, la presentación dice que el 44,9% del país son los “resteados” (con la MUD o con Maduro), pero el 55% son –uso esta categoría que no está en el estudio, pero para seguir la equivalencia con el discurso de la encuesta- los “no resteados”, pero no quiere decir que no tengan una posición, es decir, los números del estudio sugieren que “están polarizados” pero no hacia los polos que dominan. Es una “opinión cimarrona”, si se quiere.  

Así, del 55% un 25,3% opinó que “Todos los políticos son iguales”, un 16,4% es “chavista no madurista”, y un 13,3% es “oposición no MUD”. Destaca el dato que uno de cada 4 venezolano no ve diferencias entre los políticos criollos.

Mi hipótesis para esta configuración de los datos es que la opinión pública hoy es monopolizada por los extremos de “ambos bandos”, con todo su “arsenal” comunicacional: medios, “matriceros de opinión”, “operadores políticos”, “bajadores de líneas de opinión”, difusores, intelectuales, opinadores, gatekeepers y “vigilantes” (para ver si la gente “se porta bien” en la opinión; los "bozales" de los que habla el "Pollo" Brito para explicar por qué dejó el programa Portada's del canal 4); y las opiniones no extremas tienen una presencia marginal o residual, pero el precio que pagan los extremos por su dominio del mercado de la opinión es la desafiliación de la mayoría del país, que se convirtió en algo como una “opinión rebelde” frente a la “opinión correcta” que imponen los extremos en su monopolio opinático.

Otro dato que me impactó bastante es la proyección a futuro en la calidad de vida de los hijos.

No tengo hijos, pero la cifra es brutal y me dejó ver lo altísimo de las expectativas negativas que hay en la sociedad venezolana. Tal vez como soy optimista a pesar de lo duro de vivir en este país y marco distancia con las opiniones destructivas que son comunes en el habla cotidiana venezolana, esas expectativas no sean tan salientes para mi, pero constatar lo que uno intuye por olfato en un estudio, pega.

Así, 41% opinó que sus hijos van a vivir “igual de mal o peor” en el futuro. 18% dijo que “igual de mal”. Un 31% que vivirán mejor. 10% que vivirán “igual de bien”. Si se redondea, un 60% proyectó un futuro sombrío para sus hijos, y un 40% pronosticó un futuro amable para sus descendientes.

Esa percepción opaca sobre el futuro puede traducirse en frustración que a su vez se desplaza como agresión. Dos casos llamaron mi atención: el comportamiento anómico de vecinos que protestaron contra la inseguridad en Palo Verde el día 22-5-15, y la intensidad de las amenazas reportadas en el caso de la muerte de la mascota “Cotufa”, ocurrida en una clínica veterinaria en Caracas, el fin de semana del 17-5-15.

Escucho o leo con más frecuencia en personas prototipos “clase media” o en urbanizaciones “clase media”, las expresiones “Nos están matando” (sea la delincuencia o la inflación) y “Nos abandonaron” (todos los dirigentes, sean del gobierno o de la oposición), que comunican una percepción de abandono, de carencia de referentes, y de una gran vulnerabilidad (el "Nos").    

Finalmente, la intención de voto para las parlamentarias. Un 54,7% expresó claramente por cuál grupo político va a votar (Unidad o PSUV), pero un 45,3% manifestó otras opiniones: un 16,4% dijo que “no votaría por ninguno” (de la Unidad o del PSUV), un 8,2% que “no iría a votar”, y un 20,7% que “no sabe”.

Llama la atención el 16,4% que opinó que “no votaría por ninguno”. También parece existir una “intención de voto cimarrona”, con menos fuerza que la desafiliación a los bloques, pero no desdeñable: cerca de 1 de cada 5 venezolano dice que “no votaría por ninguno” (de la Unidad o del PSUV).

Ahora paso a comentar un dato de las primarias de la Unidad del día 17-5-15. Al igual que en la encuesta de la UCAB, sobre las primarias hay mucho qué analizar y tela que cortar, que escapa a esta entrada. Solo voy a comentar los datos obtenidos por los partidos de forma individual.

Una de las “matrices de opinión” de la noche del 17 fue que “los moderados ganaron y los radicales quedaron debilitados”, pero al ver los números individuales de los partidos, no parece ser así.

Reitero mis diferencias con “la salida”. Durante el tiempo en el cual formé parte la Secretaría Ejecutiva de la MUD, manifesté mis diferencias con esta opción para hacer política, e insistí en concentrarse en reformar la MUD a partir del "Informe Hospedales", seguir la ruta electoral, y prepararse para las elecciones a la AN (que hoy están a la vuelta de la esquina). Cuando salí de la Mesa, igualmente expresé mis diferencias con "la salida" (en este blog, por ejemplo). Hoy las reitero. Ahora bien, los números de los partidos individuales en las primarias del 17-5-15, sugieren que “la salida” salió bien en los votos.

Veamos. Efectivamente, PJ es el partido que obtuvo más sufragios (125.916), seguido de VP (116.371), pero la diferencia entre el primero y el segundo no es mucha. Es de 9.545 votos.

Sin embargo, PJ es un partido que nace como asociación civil en 1992 y como partido en 2000. Ha tenido dos candidatos presidenciales, votos nacionales, parlamentarios, gobernaciones, alcaldías, y poder político. Voluntad Popular como movimiento aparece en 2004, se presenta en 2009, y es reconocido por el CNE en 2011, y también tiene funcionarios electos, pero como partido es mucho más reciente que PJ.

Si existiera algo como una medida de la “energía política requerida” para lograr los votos, pudiera decirse que los sufragios de PJ requirieron más “energía política” que los votos de Voluntad Popular. PJ luce un partido en su madurez, y VP luce que está en su fase de crecimiento, con una pendiente más pronunciada que la de PJ, que parece de crecimiento más discreto o estable.  

Vente Venezuela es más reciente que VP. Su tuiter data de 2012 y el CNE negó su reconocimiento con ese nombre en mayo de 2015. No obstante, obtuvo 19.679 votos en las primarias del 17-5-15. Si se busca una medida de magnitud, Vente sacó casi el 40% de lo que lograron UNT y PV (47.793 y 49.812 votos respectivamente). No obstante, estos dos partidos tienen más tiempo de haber sido fundados –PV desde 1995 con ProCa y UNT desde 1999- y han tenido candidatos presidenciales, votos nacionales, y puestos políticos.

Para dar otra medida del potencial de estos dos movimientos políticos, tomo un par de resultados individuales de las primarias.

En el caso de VP, el circuito 2 de Táchira -7 municipios al oeste del estado- Gaby Arellano fue por VP y Wilfrido Tovar fue apoyado por todos los demás partidos. Arellano ganó cómoda con el 62,95% de los votos, a pesar que Tovar tuvo el respaldo de los demás partidos.

En el caso de Vente, el circuito 3 de Falcón –donde está la capital del estado- Vente postuló a José Amalio Graterol quien perdió ante Eliézer Sirit, pero por apenas 327 votos. Sirit es diputado por el estado, Secretario General de AD en ese estado, y fue apoyado por todos los partidos de la Unidad. Graterol le ganó a los candidatos de Copei y de LCR.

Escribo de los casos de VP y Vente porque se presentan como movimientos de ruptura. Si lo son o no, es tema para otra entrada –en lo personal, no son los movimientos con los que me identifico para una “tercera vía”- pero se presentan así, y en política como en psicología social, “percepciones son verdades”. Posiblemente sus votos tengan como motivos, entre otros, que son percibidos así por buena parte del electorado opositor, y por eso, su crecimiento. 

Hoy VP me luce en vías de ser un partido de masas, mientras Vente lo veo como un partido de cuadros y de notables. Si pueden mantener la pendiente de crecimiento o caen en lo que es tradicional en los políticos venezolanos que es sobre-estimar un éxito y en jugadas audaces, perderlo todo, el tiempo lo dirá. Tampoco es objeto de esta entrada evaluar este escenario.   

¿Se concretará una “tercera vía”? Pienso que sí, aunque quién o cuál organización será la protagonista o la cabeza de esa alternativa, es difícil pronosticarlo.

Tal vez sin darnos cuenta, la sociología electoral venezolana esté dando un giro de 180 grados. No creo que sea un regreso hacia el multipartidismo fragmentado que vivió Venezuela durante los primeros lustros del experimento democrático de 1958, ni tampoco el policlasismo que le dio cohesión a la sociedad venezolana.

Si los "Volkswagen" podrán sobrevivir con éxito a las "gandolas" y eventualmente adelantarlas, es lo que veremos en los próximos tiempos. 

sábado, 16 de mayo de 2015

La economía política de la dolarización


El anuncio de Ford que venderá carros en dólares, tal vez sea la clave para entender cómo se levanta una nueva estructura económico-social en Venezuela, profundamente distorsionada, pero tal vez acorde a la realidad de un país también profundamente distorsionado, lo que evita que decisiones osadas, pero que atenúen los desequilibrios, se tomen.

Maduro perdió varias oportunidades para ofrecer soluciones que hubiesen corregido o reducido los terribles desequilibrios económicos a los que los ciudadanos nos enfrentamos diariamente. Por ejemplo, baterías para carros de 3.900 “BsF” que se venden a 34 mil “BsF”. Un mundo económico irracional.

Pudo hacerlo en 2013. También hubo otro momento en diciembre de 2014. El último tren que Maduro dejó pasar fue durante el acto del 1-5-15, en donde pronunció un extraño discurso. 

Como ocurre con la crisis, a medida que pasa el tiempo para corregirla, toma vida propia y el retorno a lo normal se hace más difícil y más irreal, lejano para la imaginación de las personas. Por eso –desde el punto de vista de la psicología social- las personas “se acostumbran a la crisis”. Pensar en un futuro mejor, requiere de un titánico esfuerzo cognoscitivo y motivacional, que la mayoría no puede hacer –porque no quiere o no puede- y lo que da equilibrio a la auto estima para la vida diaria, es “acostumbrarse”.  

La noticia de Ford confirma lo que es evidente: que el gobierno necesita dólares. Que ya no hay. Los invirtieron, los botaron, los regalaron, o los robaron, pero se acabaron. Que la época de oro de Chávez ya pasó, y que el “Pacto de los dólares” se deshizo, y este anuncio posiblemente sea un esbozo sobre cómo será el “Pacto de los dólares” de Maduro, diferente al de Chávez.

Chávez entendió que la sociedad venezolana es consumidora intensiva de dólares e importaciones baratas y abundantes. Para lograr la aceptación política, había que permitir la captura de renta.  

Chávez atragantó al país de divisas y de cuanta cosa importada pudiera traer, las dos baratas –subsidiadas; ahh…qué tiempos aquellos del 2,60- lo que, por cierto, plantea un dilema ético de cierta protesta: por ejemplo, Maduro fue caceroleado desde apartamentos de venezolanos en Panamá, durante la Cumbre de las Américas…..pero muchos de esos apartamentos fueron comprados con el subsidio cambiario de Chávez (junto a la bonanza criolla por esas tierras). Que sus dueños los adquirieron con su “trabajo” y “a mi nadie me regaló nada”, no lo pongo en duda, pero esa prosperidad venezolana en Panamá (o en otra parte), fue posible desde el punto de vista de la economía política, por una lógica orientada a facilitar la captura de la renta para lograr la estabilidad y la aceptación política, que al final Chávez logró; “Presidente Chávez”, decían enérgicos muchos de quienes en 2002 le designaban despectivamente, “el Teniente coronel”.

Del famoso “70% de popularidad de Chávez” ¿Cuánta varianza pudiera atribuirse a los efectos del “Pacto de los dólares” en la sociedad, o todo fue “el carisma de Chávez” como nos dicen los analistas?

Aún en los momentos más difíciles de su Presidencia, Chávez respetó los mecanismos para capturar rentas, vía dólares e importaciones baratas. El control de cambios y de precios vinieron en 2003, pero luego del paro promovido por la oposición. Aún así, existió la permuta hasta 2010, que tal vez fue eliminada por una razón doctrinaria –el “efecto Giordani”- pero también por una razón política: Chávez percibió que los “boliburgueses” y sus asociados "no boliburgueses", tendrían mucho poder, y ese era el límite para Chávez. Era la época en la que todo el mundo tenía "agendado" un “almuerzo” con “Perucho” (Torres Ciliberto), o un “desayuno” con “Ricardo” (Fernández Berrueco), en algún buen hotel o restaurante de la ciudad, sitios desde donde también se maneja el poder en Venezuela.

Aún con todo eso, Chávez respetó los dólares. Incluso a sus adversarios más acérrimos, les quitó el poder político o la capacidad para tumbarlo, pero les dejó los dólares (por ejemplo, Cisneros), y fue solo al final de su tiempo en vida que atacó activos de adversarios (Cedeño o Mezerhane).

Maduro piensa de otra forma. No quiere dar dólares baratos a la sociedad. Quiere controlar todos los mecanismos para la captura de rentas. Todavía no sé los motivos para esto, si son doctrinarios o si es por necesidad (no hay dólares, luego, hay que cuidar los pocos que hay para mantener la estabilidad política).

La lógica de la economía política de Maduro tiene una vía distinta a la de Chávez: a éste, que los dólares salieran no parecía importarle mucho; era parte de la dinámica para lograr la aceptación política. Para Maduro, lo importante es que entren dólares, que se evidencia en su discurso sobre lo que llamó el “cadivismo”, término que mencionó en 2013, cuando solicitó su primera habilitante.

Así, me luce que el gobierno adelanta un experimento, cuyos efectos no percibo serán buenos. Es algo como, “Un país, tres economías”, que tiene la ventaja que no asume abiertamente lo que pasa –que va acorde con la ausencia de liderazgo que hay en Venezuela- y permite diluir sus consecuencias en una realidad muy cambiante, que es lo mismo que decir más imperceptibles. 

Algo como la “modernidad líquida” de Zygmunt Bauman. Los costos sociales de un ajuste también pueden ser “líquidos”, como lo vivimos en Venezuela. Una inflación que economistas cercanos al gobierno estiman en cerca de 7% mensual, se puede licuar en tres economías, y sus efectos se viven, pero no pueden nombrarse, construirse verbalmente, porque no existen; para empezar, no hay cifras oficiales acerca de la subida de los precios. Lo que no puede nombrarse, no existe, aunque se viva.

La primera economía es la que bosqueja el aviso de Ford: la economía en dólares, en la que va a reconfigurarse el “Pacto de los dólares”, versión Maduro.

La lógica de esta economía es como no hay dólares, tampoco confianza en la economía, ni el gobierno quiere dar dólares subsidiados, los precios de determinadas áreas se fijan en dólares, con lo que luce plausible que puedan venir algunas divisas, porque el incentivo puede ser que el producto se consiga. 

La prensa informó que Ford ya tiene cerca de 1.200 pedidos para carros en dólares. Aunque esos pedidos para la capacidad instalada –añade la prensa- representan un porcentaje pequeño, sugieren que hay un público con el poder de compra para adquirirlos, sea porque compró los dólares en Simadi o “el paralelo”, o los trajo de afuera para cerrar el negocio en el país. 

En los dos casos, hay capacidad para producir bolívares –la EcoSport al cambio Simadi de 198 “BsF” por dólar, cuesta más de 7 millones de “BsF”, más de 900 salarios mínimos ¿Cuántos en Venezuela con ingresos en bolívares pueden acceder a ese carro, el más económico de los ofertados?- o se tiene el patrimonio en divisas, que permite generar dólares o recibir intereses si tengo bonos de la república, por ejemplo, y con esos intereses, poder llevar una vida en Venezuela muy por encima del promedio nacional. Por ejemplo, si voy a una emergencia en una clínica, y me cuesta “BsF” 20 mil, esa cantidad al cambio de Simadi de 198 “BsF” por dólar, son 101 dólares ¿Eso es lo que costaría en EUA, en Miami, digamos? No creo.

Es aquí en donde puede darse la corrección en el “Pacto de los dólares” versión Maduro, que no tendrá el esplendor que tuvo el “Pacto de los dólares” con Chávez. Este decía, “Te regalo los dólares, pero aceptas que soy el titán, y me llamas Presidente Chávez, no Teniente coronel”. Maduro dice, “Me importa poco si me aceptas o si me llamas Presidente, tampoco te regalo dólares; es más, trae tu tus dólares o cómpralos sin subsidios”. Este es el “Pacto de los dólares”, versión Maduro.

Aunque chocante porque crea una especie de economía “VIP” frente a otras, esta versión del “Pacto de los dólares” puede funcionar para los sectores de la sociedad venezolana que ya dolarizaron sus precios de referencia, y cualquier precio en “BsF” automáticamente lo llevan a dólares, y casi siempre dicen, “En EUA costaría más, por lo que aquí es barato”. Legalizado ya un mercado cambiario fuera del oficial, estos sectores pueden traer sus divisas y llevar su vida en Venezuela con la referencia en el valor del dólar, y acceder con más facilidad a productos o servicios que son escasos.

La segunda economía es la economía del Estado, centrada principalmente en el Welfare state socialista y lo que representa como subsidios en términos del PIB. De acuerdo al economista Guillermo Ortega, estos subsidios montan el 15% del PIB, valor alto nos dice el economista, si se comparan, por ejemplo, con el subsidio a la gasolina que es del 3% del PIB, que cifras del gobierno consolidan en 12 mil millones de dólares. Es decir, el Estado de bienestar socialista representa 60 mil millones de dólares, aproximadamente. 

Es la economía de las misiones, del 6,3 y del 12, orientada a reducir los efectos de las distorsiones de la economía nacional en todos los públicos, aunque principalmente en los públicos populares –clases D y E- en los que el gobierno tiene importantes apoyos.

Es la economía referencia desde el punto de vista político. Es decir, si el gobierno tiene que sacrificar la economía en dólares o la economía en bolívares para mantener la estabilidad política en la economía del Estado, lo hará (ya lo hace), y desde esta economía política el debate del gobierno sobre Polar, por ejemplo, puede ser en estos términos ¿Tomar los canales de distribución de Polar será factor de estabilidad o de inestabilidad en la economía del Estado y sus efectos en los públicos E y D? Si es factor de estabilidad, los incentivos para alguna acción contra Polar son mayores. Si desestabiliza, mantener el status quo puede ser la opción principal del “árbol de decisiones” de la economía política de las expropiaciones.

La tercera economía es la economía en bolívares. Es la economía en la que las distorsiones se viven con más crudeza y rudeza, y es la “más liberal” si se quiere, en tanto es un “dejar hacer, dejar pasar” porque la variación de los precios de un mismo producto puede ser irracionalmente alta. La molestia social se concentra aquí.

Es la economía que afecta mayormente a la clase media, versión democrática-liberal, y a los demás grupos cuando salen de las otras dos economías. Por ejemplo, una persona que salga de comprar en PDVAL, camine dos cuadras, y entre a comprar el mismo producto en un automercado privado.

Es la economía de quienes viven de su salario, de sus honorarios profesionales, de quienes tienen un empleo fijo o son profesionales liberales; la economía de los maestros y de los profesores universitarios, por ejemplo.

La economía política aquí es la capacidad de organización y movilización que tengan los grupos afectados para obtener del Estado o del patrono privado, mejores ingresos o algún tipo de beneficio en los contratos colectivos.

Hace unas semanas, me entrevistó una periodista de Colombia para hablar sobre política. Una de sus preguntas fue a qué cosas les tengo miedo; mis miedos. Le respondí que mis miedos no son a la inseguridad o a la represión política. Sobre la primera, porque uno ya internalizó que sale de su casa “a su cuenta y riesgo”; en cuanto a la represión, por mi manera moderada de ser en lo político y por ser un cachilapo o “Don nadie”, no soy “blanco” apetecible para la violencia política, sea del gobierno o de otros sectores, más allá de las descalificaciones rutinarias provenientes de la gente “que sí tiene dignidad”.

A continuación, le dije que lo que sí me causa miedo es la conciencia de vivir en un país escindido, fragmentado, de compartimiento; de límites, de feudos, anclado en el pasado y en sus complejos; y dada la capacidad infinita para el resentimiento que tienen todos los grupos sociales venezolanos sin excepción, estar consciente cómo mi generación lucha para no ser tragada por esos resentimientos, para aportar al país y evitar el destino de ser una suerte de “muerto en vida”, que es un escenario muy real y cercano, en un país con fama de ser un "trapiche generacional" como es Venezuela. Le dije que pensar sobre eso sí me da miedo.

Pensar en estas tres economías refuerza en mí la idea del país fragmentado, de compartimientos con identidades rígidas. Algo como la Venezuela inmediata a la Independencia. Los héroes de uniforme regresaron victoriosos, y con pocas excepciones, “ganaron y cobraron” en grandes extensiones de tierra, que a su vez repartieron de forma jerárquica en lotes para hacer allí espacios feudales, definidos por la lealtad y la poca o nula movilidad social. Luego, vino la alianza con los “doctores” y la “gente bien” –la poca que dejó la guerra de Independencia- que en parte explica la lucha política de la Venezuela del Siglo XIX.

Aunque la historia no se repite tal cual; pero no sé, me luce que Venezuela es una sociedad cada vez más rígida, donde pequeños grupos son los que deciden el destino de Venezuela, sea “el alto gobierno” o las “familias reales socialistas”, o el G7, G5, G10, G4 o G-lo que sea, en la oposición, o grupos o personas de los nunca bien ponderados "poderes fácticos"; y al resto lo que nos queda es movernos lo mejor que podamos en la economía en donde uno se ubique, y repetir la “línea” que bajan los “operadores políticos”, para mostrar que me “estoy portando bien”, y ser uno más de la corriente o del rebaño de la opinión y del comportamiento.

Tener conciencia sobre esta realidad reafirma en mi la necesidad de pensar en un proyecto nacional integrador como manera de atenuar la conciencia de la exclusión, y afirmar mis valores socialdemócratas, en tanto un Welfare state para estos tiempos, no puede ser sectario ni tampoco un país se puede hacer exclusivamente con “mi grupo” o “mi tribu”, cual feudo venezolano del Siglo XIX.