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miércoles, 19 de diciembre de 2018

Elecciones de concejales: un primer análisis



El domingo 9-12-18 se realizaron elecciones para escoger a 4.900 concejales en 335 municipios del país. Estaban habilitados para votar 20.704.612 electores, y sólo acudieron a las mesas 5.673.063 votantes, de acuerdo a Tibisay Lucena. 

Estás elecciones son importantes no sólo porque se dan en el marco de un intenso conflicto político entre el gobierno y la oposición, sino porque ellas culminan todas las consultas para elegir a los poderes, que comenzaron con las regionales en octubre de 2017, las de alcalde en diciembre de ese año, las presidenciales y los CLE para mayo de 2018, y las municipales, que se efectuaron el domingo 9. Cabello indicó que el “camino electoral está despejado para los próximos dos años”. Al Aissami expresó que “se cierra el círculo virtuoso de elecciones populares”. 

Entonces, es pertinente el análisis de lo ocurrido el domingo 9 de diciembre ¿Qué pasó en las municipales? 

Si se ve desde el punto de vista cuantitativo, la abstención del 9-12-18 no es diferente a las registradas en elecciones similares como fueron las de 2000 y 2005. En la primera, la abstención fue de 76,3% y en 2005 llegó a 69,2% En 2018, Lucena anunció que la abstención fue de 72,6 por ciento. En las municipales de 2013 (las que incluyó alcaldes), la no participación fue de 41,6 por ciento. De manera que si se ve en los “fríos números”, la abstención del 9D no tuvo un comportamiento distinto a consultas parecidas en otras coyunturas políticas. 

Sin embargo, esto no es suficiente para explicar los resultados del 9-12-18. 

Para el gobierno los resultados significan que avanza en uno de sus objetivos más importantes: consolidar su “arquitectura del poder” en todo el país, de forma territorial y política. Aunque todavía no se han reportado cifras oficiales consolidadas, en las ofrecidas por Lucena, el PSUV sacó el 91% en listas y el 96% en los nominales. Ganó plazas importantes como Baruta y San Cristóbal. Si se toma como referencia lo sacado por el PSUV en 2013 –en alcaldías, no concejos municipales- para un Proxy, en ese entonces logró 48,7 por ciento. En 2005, fue el 38 por ciento de los concejos municipales, y en 2000, el 35,5 por ciento de los concejos. El diario Panorama comentó que entre octubre de 2017 y diciembre de 2018, se votaron 3.736 cargos principales. El PSUV logró 3.579 y la oposición 157 puestos. De acuerdo a Cabello, el PSUV superó el 60% de los votos en 206 municipios y en 19 estados. En 12 estados, pasó del 70% De acuerdo al presidente de la ANC, el PSUV sacó el 70% de los votos, que son 4 millones. Sus concejales son 47% mujeres y 75% son personas menores de 50 años. 

No obstante estas cifras importantes desde la lógica del poder, la movilización del gobierno cayó. Si bien 4 millones es un valor respetable, no fueron los 5 millones de votantes que el PSUV moviliza en promedio. Queda indagar los motivos para esta caída: crítica silenciosa de la militancia o una elección que los votantes no consideraron relevante. En todo caso, luce que la movilización del PSUV es contingente al tipo de elección y el momento en que la elección suceda. El PSUV se mueve en “bandas de votaciones”. 

Pero lo anterior no debe obviar el fondo de la estrategia del gobierno: avanza en levantar su arquitectura de poder, pero con rendimientos variables en cuanto a movilización, no así en lo que gana (de 50% en 2013 a 90% en 2018). Lo último es lo que le importa. Como afirma Cabello, “Espacio que la oposición deje, espacio que llenamos”. 

Si la cifra de Cabello es cierta, la oposición movilizó cerca de 1,7 millones de personas. Es una cifra respetable dado el estado de crisis dentro la oposición. No se ha dicho si esta cifra es de los partidos o de movimientos vecinales y sociales, los que en 2013 no tuvieron un mal desempeño. Ese año, obtuvieron cerca de 1,3 millones de votos. 

Lo fundamental en la oposición, más allá de “los que llaman a votar y los que llaman a no votar”, es que avanza en su ruta de fragmentación, de debilitamiento, a pesar de poseer una fuerza política propia. De una fuerza en votos de cerca del 50% en 2013, ahora tiene una presencia de poco más del 20 por ciento. El dirigente de AP Carlos Melo, informó que la oposición pasó de tener mayoría en 80 concejos municipales, a menos de 7. Pasó de 600 concejales a tener menos de 100. 

La oposición va en una lenta agonía, pero no se sabe si es preámbulo para el surgimiento de nuevas fuerzas –casualmente, el día después de las elecciones, Delsa Solórzano informó su renuncia a UNT- o sencillamente es la fragmentación política propia del “Escenario gomecista”: diversidad de fuerzas que quieren sacar a Maduro, pero ninguna con la fuerza política o la capacidad para lograrlo, pero allí están. Hoy parece ser lo último: la balcanización de las fuerzas políticas opositoras. 

Finalmente, la sociedad que habló con la abstención. Hay muchos motivos para abstenerse. Desde un gesto de rebeldía frente al gobierno para afirmar una identidad distinta, hasta sencillamente, que la gente no fue a votar porque consideró que no son elecciones importantes, como otras que concitan el interés del público. 

Pudiera aproximarse que lo que tienen en común todas las abstenciones es que la sociedad se autonomizó de la política; porque no “quiere ensuciarse las manos con el régimen” o, simplemente, no ve que la política sea algo relevante para su vida, y dada la hiperinflación, lo importante es sobrevivir, y eso no se logra en la política, porque ésta se cerró y se alejó del público. Se oligarquizó más, y sus “costos de entrada y permanencia” son altos, lo que la deja para pocas personas. El resto de la población, lleva su vida, al margen de la política, porque ésta no hace falta. No tiene eficacia, no cambia nada, y todos los políticos se perciben más o menos igual. Posiblemente por lo anterior, junto al hecho que el gobierno despojó a las instancias de sus competencias y capacidades, el público se alejó de la política. Algo como, “¿Para qué votar si eso no influye en mi sufrida vida?”. Por ejemplo, no hay transporte en una zona, pero abunda el día de las elecciones para llevar personas a votar, y esto puede ser interpretado por los residentes de esa zona, como una manifestación de cinismo, y el castigo es abstenerse. En otras palabras, la política no sirve a las comunidades, sino que se sirve de ellas para alcanzar objetivos de poder de grupos políticos. La respuesta es lo que se escucha en la calle, “estoy decepcionado con la política”. 

En resumen, el balance es que la situación política venezolana es demasiado compleja. Hay que reconstruir todo o mucho del entramado político, principalmente restaurar la eficacia de la política o que ésta responda a las demandas del público. Esto pasa por restituir competencias quitadas o debilitadas –desde la AN hasta las concejos municipales- volver a un “juego político normal” aunque sea conflictivo, que hoy no existe, sino lo que hay es un gobierno que gana espacios pero muy incompetente en la gestión; una oposición en tránsito hacia no se sabe dónde, y una sociedad que lleva su vida, al margen de la política. 

El gran reto es por dónde comenzar la reconstrucción de la política. El gobierno puede perdurar mucho tiempo en su pesado estado, y la sociedad podrá soportar el peso de la rutina política, como lo hace actualmente. La incógnita es por donde se reconfigura la oposición, con los “cuadernos de agravio” que cada grupo tiene frente a los demás y no le permite articular una estrategia en común o que cada movimiento pueda adelantar una estrategia propia en soledad. Una travesía en el desierto sin rumbo. 

Para el gobierno, los resultados del 9-12-18 no son una victoria pírrica en el sentido del costo pagado para tenerla. Pero es una victoria sin brillo, que sólo da control para un ejercicio básico del poder, no virtuoso. Maduro es competente para gestionar el poder. Si necesita estructuras para desarrollar su modelo de dominación, las consigue. Pero hasta allí. La gestión de Maduro es el “Ogro filantrópico” que habló Octavio Paz. Maduro acumula poder, pero no lo pone en movimiento. Todo cae en una pesada y en muchos casos, corrompida burocracia que no ofrece una gestión competente, que tiende a cerrarse cada vez más. 

La interrogante es hasta dónde puede durar la dualidad de un gobierno que controla y una sociedad que vive autonomizada de la política. Se prevé que estos dos mundos van a chocar. Tal vez el choque esté cerca, catalizado por la hiperinflación. 

El gobierno ganó ¿pero tanto poder lo estimulará a cambiar? La mayoría de la oposición no participó ¿podrá reconstruirse desde la nada? Las dos grandes preguntas que dejó el 9-12-18.

sábado, 8 de diciembre de 2018

¿Se estabiliza la crisis?



Aparecen nuevos estudios de opinión. Es importante analizarlos porque la opinión en Venezuela se basa mucho en lo que se dice en redes sociales. Si bien es una opinión importante porque comunica un clima del estado de la sociedad, se han descuidado los estudios de opinión pública porque las firmas encuestadoras y quienes analizamos sus datos hemos perdido su prestigio al no acertar en elecciones recientes, o se les percibe como parte de grupos para promover determinadas políticas. Por ejemplo, Datanálisis se vincula a Torino, y esta firma a Falcón; y Meganálisis al grupo de María C. Machado, por ejemplo.

Sin embargo, si bien las encuestas se han equivocado con frecuencia y sus directores no han explicado por qué los yerros, un punto a favor de los guarismos de opinión es que son representativos de la población venezolana. En teoría, si están bien hechos, así debe opinar en promedio acerca de un tema determinado, cualquier venezolano mayor de 18 años. Por eso es importante estudiarlas. Más allá del clima de opinión en redes sociales –que es importante como se dijo, pero no el único como parece- ¿Qué opina el venezolano acerca de lo que le ocurre y lo que pasa país?

Se hicieron públicos dos estudios de opinión pública.

El primero, es el Estudio de las Condiciones de Vida (Encovi), patrocinado por tres universidades: la USB, la UCAB, y la UCV. Como su nombre lo dice, aborda las condiciones de vida de las personas ¿Cómo evalúa sus condiciones de vida en diferentes áreas?

El estudio se hace desde 2014. Para este año, las entrevistas se realizaron entre julio y septiembre, con un total de 5.959 entrevistas.

El segundo estudio es el realizado por la firma Delphos que es un estudio normal de opinión pública que mide diferentes temas. El campo fue entre el 22 de octubre al 2 de noviembre de 2018, con un total de 1.200 entrevistas.

El estudio de Delphos confirma una conclusión que tengo luego de leer varios estudios de opinión: que hay una despolarización del país. Un 27,7% apoya al gobierno, un 31,4% a la oposición, y un 40,8% no se identifica con alguno de los dos grupos. El 28-9-18 los valores fueron: 29,3% 32,1% y 38,8% respectivamente. Hay cierta estabilidad en la auto definición política, con una discreta subida de los No identificados.
Esta despolarización en el tiempo da pie a bosquejar mi hipótesis sobre la “normalización” y estabilización de la crisis de Venezuela. La disminución de la identidad con el gobierno y con la oposición, puede ser porque la opinión es más realista o más humilde en sus expectativas. Aunque quiere un cambio de gobierno, y existe una disposición a activarse (un 42% consideró “conveniente” convocar acciones de calle), posiblemente todavía se está en la etapa en que las personas procesan, elaboran lo que ocurre en Venezuela, lo que sugiere que habrá un despertar en algún momento, pero no luce que sea ahora.
Por ejemplo, un 60% quiere que “surja un buen líder fuera del chavismo” pero….¿se hará el trabajo político para tenerlo? Y es aquí donde aparecen ciertas contradicciones en la opinión pública que pueden apoyar la hipótesis de la “normalización” de la crisis.

Dos datos de entrada. Un 69,1% opinó que su responsabilidad personal en los problemas el país, es ninguna o poca. Un 38,7% consideró que puede ocurrir un cambio de gobierno en Venezuela durante los próximos 12 meses, y un 36,9% que no ocurrirá. Si se mide la intensidad en que ese cambio es posible, un 41,8% opinó “nada posible” y un 29,2% que es “posible”. Se ve posible un cambio de gobierno, pero no hay mucha convicción en que ocurrirá. Esto puede estar asociado a otra interesante pregunta ¿Qué hacer en lo personal frente a la situación política? Un 25,4% expresó que “quedarse tranquilo y adaptarse”, un 34% “luchar sin correr muchos riesgos”, un 33% “luchar asumiendo los riesgos”, y un 7,5% “buscar la manera de irse del país”. Si se suman los que dicen adaptarse y luchar sin mayores riesgos, totalizan 59,4 por ciento. Uno de cada 3 quiere dar la pelea con los riesgos que implica. Esto puede estar vinculado con otro dato relevante ¿Qué hacer? Cuando se preguntó “¿Cuáles acciones deben tomar los ciudadanos para cambiar su situación?” Las tres primeras menciones fueron Votar 61,3% Protestar 34,4% y Armarse para luchar 17,1% Pero cuando se interroga sobre lo que la persona estaría dispuesta a hacer Votar pasó a 60,2% Protestar a 24,5% y Armarse para luchar a 11,5% Entre el deber ser y lo que la persona haría, protestar bajó 9,9% y Armarse para luchar cayó 5,6% mientras votar bajó 1,1 por ciento. La buena noticia es que el voto mantiene su centro como recurso para lograr el cambio político. La mala noticia, es que no se sabe si el voto se asume como conformismo –es la opción menos riesgosa- o la opinión pública ponderó que los métodos de lucha subversivos no funcionaron, y regresa al voto. Esto puede ser, porque al preguntar “cómo preferiría que se diera el cambio de gobierno”, un 48,8% afirmó elecciones frente al 16,6% de las alternativas subversivas (golpe, explosión social, intervención militar). Complementa que un 72,2 afirmó que un “nuevo gobierno” debe elegirse por elecciones.

Puede ser que la “normalización” de la crisis no sea conformismo, sino saber llevar la crisis, tal vez por los fracasos que la oposición tiene hasta ahora. Si esto es correcto, la “normalización” es una prueba de madurez de las personas, y estaría más acorde a la idea que caracteriza al venezolano, al menos recientemente: espera una elección clave para “echar la vaina”. Así fue con Pérez Jiménez en 1952 y 1957, así fue con AD-Copei en 1998, con Chávez en 2007, y con Maduro en 2015. El gran punto para la oposición sería, entonces ¿Cómo llegar a esa elección crítica? 
 
Los datos de Encovi revelan una situación de crisis relativamente estable entre 2017 y 2018, salvo en educación, empleo, y migración. Luce que lo peor pasó durante 2015-2016, pero ahora la crisis se estabiliza, y lo que se percibe ahora es una situación de precariedad en las condiciones de vida dentro de una “normalidad” que es de crisis. Por ejemplo, subió la no asistencia a clases por fallas en el transporte. La gente siente que sus condiciones son más precarias y se siente menos protegida ante un ambiente rudo, que se mantiene estable en su dureza. Por ejemplo, los hogares pobres “apenas” subieron dos puntos entre 2017 y 2018, al pasar de 46% al 48% Se dice “apenas”, si se contrasta con los pronósticos de inflación, como el del FMI que vaticina una subida de precios de 1.300.000 por ciento ¿No deberían ser más de dos puntos con una inflación que sobrepasa el millón por ciento? En cambio, la dimensión Estándar de vida pasó de 39% en 2017 a 43% en 2018, lo que apoya la idea que los hogares pobres no crecieron mucho, pero sí la precariedad dentro de la pobreza, lo que es grave.
  
La gente “metabolizó” la crisis, y como todavía hay “salida” –migrar- los que se quedan “lo toman con calma”. Pudiera decirse que la crisis se estabilizó. Es un dato importante porque el “esto no aguanta más” –objetivamente es así- se vive subjetivamente de otra forma, con sus implicaciones en la política

Si la hipótesis planteada es cierta ¿Cuáles pueden ser las consecuencias políticas, tanto para el país, el gobierno y la oposición?

Es importante aclarar que cuando se dice “normalizar” no significa que las personas estén bien, o que vean todo “normal”. Lo que se afirma es que la intensidad de la crisis se estabilizó, pero existe y es precaria en una situación que es estable. Soy pobre, pero dentro de mi pobreza, aumentó la vulnerabilidad.

Esto puede tener muchas consecuencias.

La primera, es que las personas se adapten de forma pasiva a la realidad, y sus expectativas bajen. Ya no es salir de la pobreza, sino no ser un “pobre precario”. Tal vez esto pueda explicar lo que halló Encovi sobre la presencia de los Claps. En 2017, un 69,2% reportó tener carné de la patria y recibir la caja del Clap. En 2018, la cifra subió a 87,9% Es decir, la caja y el carné llegan a casi la totalidad de los hogares de Venezuela. Una consecuencia es que aunque el gobierno no guste, hay conformismo. La crisis se puede llevar, con dureza, pero se lleva. Esto pudiera explicar la “tranquilidad” que se observa en el país, si se contrasta con Francia, donde hay protestas por el aumento de los combustibles, por ejemplo. Esta es una consecuencia pesimista: la sociedad se conforma y no tiene ganas de luchar.


Otra consecuencia es la optimista. En los números de Delphos, la crisis también se “normaliza”, pero parece que el ciudadano está en un proceso de reflexión, de análisis; posiblemente de evaluar qué ocurre y cómo lo afecta. No lo expresa porque reflexiona y porque no están los canales políticos para hacerlo. Es decir, si aparecen los canales políticos, es probable que el ciudadano se motive a cambiar las cosas. Hoy no parece ser el caso. Venezuela vive un reflujo, luego de años convulsos. Si esta “calma” será duradera en el tiempo, o un momento que dará paso al flujo -“la calma chicha”- es lo que puede ser el objeto de la “reflexión popular” en estos momentos.
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