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domingo, 25 de enero de 2015

El mensaje de Maduro



No quedé satisfecho con el mensaje de Maduro en la AN el día 21-1-15. Maduro desaprovechó una oportunidad de oro –imagino que tuvo buen rating, tenía la expectativa del regreso del viaje- para hablar al país y explicar lo que está en juego en estos momentos, como sociedad. Hizo amagos cuando afirmó que “el petróleo a 100 dólares el barril no volverá, no volverá”, pero en general, el mensaje pudo estar mejor estructurado, tanto en la forma como en el contenido.

Pero ese es Maduro. En la entrada El sacudón de Maduro, aproximaba una explicación para el “estilo Maduro” –lento, burocrático, incrementalista, y de ir tanteando el terreno- y pienso que la foto tomada a guasa en tuiter de Maduro mirando al mar en Argel en su viaje de enero de 2015, lo retrata muy bien en su personalidad: un individuo relajado –“ya vienen los anuncios, dejen los nervios”, dijo en su mensaje a la nación- pero al mismo tiempo, absorto en su mundo, y eso puede restarle velocidad y sensibilidad para tomar decisiones en tiempos de crisis. Está bien no “tener nervios”, pero no tenerlos tanto, lo aleja del “principio de la realidad”, su principal debilidad en cuanto a su personalidad, a mi modo de ver.

Ni siquiera las dos medidas importantes desde el punto de vista de las expectativas de ese día –ajuste del cambio y aumento del precio de la gasolina- pudo explicarlas de forma ordenada, clara, y precisa; sino de nuevo, “el estilo Maduro”, vueltas, vueltas, vueltas, y el miedo a que le digan “neoliberal”, para decir lo que pudo decir en pocas palabras ¿Trasladar el costo político a otros? A estas alturas, pensar así luce algo “naive”. Los números de las encuestas sugieren que esto no es posible, y más bien, no trasladar sino asumir la impopularidad, puede mejorar la imagen de Maduro. Hollande asumió la crisis luego del crimen de Charlie Hebdo. Subió su valoración. Obama asumió decisiones luego de las elecciones de mitad del período en las que no salió bien parado. Aumentó su aprobación, y le reconocen que es una persona “que lucha por lo que cree”.

En eso, Maduro piensa como un político tradicional de Venezuela (sea del gobierno o de la oposición): “déjame pasar agachao en la crisis y trasladar el costo político, para no afectar la popularidad, y en el momento preciso, aparezco para cobrar”. Esta lógica pienso ya no sirve en la Venezuela de hoy, o rinde poco.

Comencemos con lo más sencillo ¿Qué me gustó del mensaje? Dos cosas:

La primera, la construcción del pueblo como factor de paz, de contención, en frases como “el pueblo habló con la paz”, “el pueblo expresó X cosa”, y esa visión de una sociedad como factor de contención ante los excesos, es una buena construcción la que, por lo demás, me luce ajustada a la realidad, y que es una fortaleza del país a mantener, no erosionar. En ese sentido, la fortaleció.

Lo segundo, el llamado al diálogo, solo que el llamado ya es rutina, ya es inercial, porque va precedido de insultos o no se especifica la naturaleza del diálogo, de manera que queda como un llamado genérico, para cumplir con la retórica, pero sin un compromiso real.

Tal vez el gobierno y la oposición pudieran preguntar a Cuba y a los EUA cómo hicieron para llegar a dialogar, y a partir de eso, hacer un workshop en algún lugar fuera fe Venezuela (no lo avisen por favor), y ver si es posible avanzar en ese tema.

Tal como lo veo hoy, el tema del diálogo ya no es el momento o si lo apadrinan “personalidades”, sino qué se tiene para dialogar y los detalles del mismo. Como dice el dicho, “el diablo está en los detalles”. Y faltan muchos “detalles” para alejar a “los diablos” que trancan esta posibilidad.

Vamos a lo más complejo ¿Qué no me gustó? Veamos. En forma y fondo.

Forma.

El mensaje a la nación no pareció tener una estructura. Algo como “la memoria y cuenta”, y luego los anuncios o reflexiones. Fue de todo un poco, desorganizado.

El discurso arrancó con palabras que estimulan la polarización, lo que no fue un buen comienzo, porque pudo predisponer en contra del mensaje a muchas personas de forma innecesaria, como creo pasó. Es el mensaje a la nación, no un discurso a la asamblea del PSUV (aunque en las palabras de Maduro el 23-1-15, me pareció que el mensaje del 21 fue dirigido al público opficialista). Y abordó hechos que hoy polarizan con fuerza: febrero de 2014, pero solo habló de una parte de las víctimas, pero no de la otra parte de las víctimas, con lo que desaprovechó la oportunidad para ir poniendo las cosas en su lugar acerca de lo ocurrido durante esos meses, al menos en el plano del ánimo de la sociedad, para bajar tensiones (sobre el fondo planteado por Maduro, "la conspiración", lo abordo más adelante, en el fondo). Más bien, las inflamó.  

Tampoco fue una memoria y cuenta propiamente, y eso es una debilidad. Maduro tiene dos años en la Presidencia y ya se le evalúa mayormente por su gestión, y menos por ser “el hijo de Chávez” (en el público nacional; en el público oficialista, puede ser esta evaluación), por lo que pudo presentar hechos de su gestión.

El año que viene, llegará a la mitad de su lapso, por lo que ya tiene una gestión propia para evaluar, y ni siquiera o lo hizo poco, habló de la gestión propia, de sus iniciativas. Por ejemplo, en las FAN, tema en el que se puede decir que ya hay un estilo propio del gobierno de Maduro.

Llamó la atención que el tema de la seguridad no lo tocó, a pesar que su gobierno ha hecho más allí que el de Chávez (en mi opinión), y verlo con una perspectiva crítica a partir de los resultados obtenidos. También me llamó la atención la forma superficial como abordó su viaje a los países OPEP y No OPEP, dada la trascendencia de esta iniciativa (aunque el petróleo no llegue a 100 dólares como dijo), que pienso merece el apoyo de la sociedad, porque el petróleo es nuestro recurso principal, tanto para los que gobiernan hoy como para quienes quieren ser gobierno.

En el “plato fuerte” del gobierno –lo social- tampoco supo explicar medidas positivas como la tarjeta salud para los abuelitos. Quedó como una medida compensatoria más. Tampoco se extendió en las obras de infraestructura que se adelantan. Habló del Metro, pero el momento fue bueno para comentar, por ejemplo, la excavación de los túneles para la nueva vía a Vargas, que es una obra de envergadura, junto a otras que adelanta su gestión, o los autobuses –él como exchofer del Metrobus- para las nuevas líneas públicas que se inauguran en Venezuela. Ese chance también lo perdió.

Tampoco fue un mensaje auto-crítico, que le hubiese dado credibilidad a Maduro, que la tiene muy averiada. Más allá de la “Guerra económica” ¿Cuál es el “estado de la unión” de las empresas y sistemas de alimentos del gobierno? por ejemplo. Y ofrecer datos claros: trabajamos para en X numero de días resolver A, B, y C, y en tanto tiempo los “anaqueles estarán llenos”. La auto-crítica con argumentos, datos, no debilita, sino fortalece. Los políticos le tienen miedo a eso, y optan por los aplausos de los “amigos de la causa”, de la “república de amigos”, que tanto gusta a los políticos de cualquier laya, porque les da seguridad.  

No fue un discurso hecho para innovar. El gráfico en el Coeficiente Gini ya está trillado. Chávez también lo usó, y no se vio ganas de hacer algo diferente para mostrar los logros del gobierno. Tal vez la prepotencia del poder suponga que esos logros son tan buenos, que no pueden dejar de verse. No es así.

Se pudo ser más creativo. Por ejemplo, como hacen los presidentes de EUA en el SOTU –hablo de los EUA porque es probable que el ejemplo sea familiar para las personas- en vez de hablar de una “estadística fría” y ya trillada, pudo mostrar el “Gini de carne y hueso”.

Es decir, en vez de llevar las barras de consignas ruidosas y ya fastidiosas que llenan la AN, pudo llevar a una familia que pasó de un rancho a un apartamento de la GMVV. Pudo llevar al niño que fue operado en el Cardiológico Infantil, o a un profesional graduado de las universidades públicas nuevas. A una trabajadora de una fábrica del Estado que esté en producción. A unos pensionados, y en cada uno de estos ejemplo, relatar el antes, el después, y el futuro.  

Pienso que lo anterior hubiese sido más efectivo que volver a mostrar la lámina del Gini y volver a decir, “que los ministros vengan a la AN para debatir”. Ya eso no levanta, no invita. Ya sabemos que será un torneo de insultos, también rutinarios y fastidiosos.

Pareció un discurso plañidero, que no presentó un desafío al futuro, para energizar a la nación. Fue la queja y el desahogo en la que anda la sociedad venezolana desde hace por lo menos 30 años. Amargada porque ya no puede chuparle más a la renta petrolera. Se chuleó al petróleo, y hoy está molesta porque ya no lo puede chulear con la misma rentabilidad del pasado.

Por ejemplo, cuando Maduro comentó la afirmación de Obama en el SOTU que luego de 30 años, “somos libres del grillete petrolero extranjero”, al tener las importaciones de crudo en sus mínimos históricos. Ante esto –porque ese “Mensaje a García” de Obama también es para Venezuela- esperaría de Maduro un reto similar. Algo como, “Luego de 30 años, somos fuente confiable de petróleo para….” O algo más desafiante, “En 5 años, Venezuela será la principal fuente confiable de energía a los mercados emergentes”, o algo así. Pero nada porque no puede ofrecer un desafío así o de cualquier otro tipo. Solo la queja.  

Por supuesto, se me dirá para este ejemplo y los otros, que no se puede decir algo así, porque “todo está destruido”. Está bien, pero mi idea es destacar el sentido de la respuesta ante una realidad: EUA importa menos petróleo. La respuesta debió ser una nueva meta o reto para la sociedad venezolana, pero fue el “llantén” tradicional venezolano: “por culpa de”…..no soy lo que pude o podría ser. De aquí nuestro “por culpa de”. En este caso, el culpable es el fracking, junto al ladilloso documental del canal 8 de la persona que abre un grifo de agua, le pone fuego al chorro del “vital líquido”, y éste agarra candela, por culpa del fracking.

Un país que vive en la comodidad de “buscar un culpable”, y que le tiene culillo a los desafíos, que no sea desahogarse o tirar "cuatro gritos" y "para un peo".

Venezuela es una sociedad incapaz de construir una visión compartida, y está pendiente más de “lamer sus heridas” que de cerrarlas. Dejarlas abiertas para mantener el “rentismo emocional” para lo de siempre: evitar cambiar y chantajear a quienes quieren hacerlo. Ni “tirios ni troyanos” quieren ese cambio, más allá de los puestos del gobierno y del poder. De resto, para seguir en lo mismo.

Fondo.
  
Acerca del contenido del mensaje, me centro en los mensajes latentes del discurso. No en los mensajes manifiestos ni en los “anuncios económicos”, que han sido abordados por personas muy calificadas. Nada tendría que aportar allí.

En los contenidos, identifico 4 temas latentes en el mensaje de Maduro:

1.-“Se dañó la posibilidad de hacer una gestión de gobierno normal”
De sus palabras –no solo en este mensaje- me queda la impresión que Maduro pensó en 2013 que era posible algún tipo de relación con la oposición, para poder desarrollar una gestión de gobierno normal.

Su larga introducción en el mensaje dedicada a explicar su llamado al diálogo y el consecuente fracaso de ese llamado –“Me dijeron que el diálogo debía ser en cadena, está bien; que iban a hablar 14, está bien; que se incluyera al Papa; está bien; que viniera Unasur, está bien; y luego le dieron una patada a la mesa”- y la intensidad y molestia con que lo cuenta, sugiere no solo conciencia que la posibilidad de un buen gobierno se fue, y puede explicar su encono hacia la oposición, a la que considera no fue capaz de evitar esto a pesar que –desde su visión- “le abrí las puertas de Miraflores”.

Supone Maduro que la razón para este comportamiento no es solo “las órdenes del imperio”, sino un contenido que repite constantemente: “me subestimaron”, con lo que indica que es percibido como alguien que no es capaz. Esto, en algún sentido, lleva a que Maduro se pruebe contra sí mismo de forma permanente. Esto puede explicar la prepotencia que exhibe, aunque no tan fuerte como a mediados del año pasado.

En resumen, Maduro sabe que su gestión estará marcada de por vida por los años 2014 y 2015. Luce consciente que la gestión que quería es imposible, y solo queda la posibilidad de una gestión aceptable. Culpa de eso a la oposición, que lo subestima y no tomó en serio su deseo de una relación menos conflictiva.

El dramatismo de esta realidad que Maduro sabe, es la aprobación de él como Presidente. A mediados de 2013 estuvo en el 50 por ciento, luego bajó a los 40 y tantos, y se estabilizó allí, para caer producto de la crisis económica acicateada por “La salida”, a 20 puntos.

2.-“La oposición no sabe su papel y no es confiable”
Este no es un contenido exclusivamente de Maduro. Viene desde Chávez, pero en Maduro es recurrente y está vinculado al punto anterior: se quisiera una oposición que “sepa su papel”, que en el gobierno se ve como una oposición “que tenga aguante" así como los que hoy gobiernan lo hicieron durante los gobiernos de AD-Copei, y "tenga palabra".

Pero para el gobierno, esa identidad no existe porque no es confiable. En palabras de Cabello: “no tienen palabra”.

Desde la perspectiva del gobierno, el problema es ese: “Está bien, se acuerdan cosas con la oposición, lo que digan, pero quién compromete allí. Si no gusta ¿Podrán los políticos de la oposición aguantar el rechazo de los poderes fácticos, de un editorial, de unos tuits, de unos artículos de opinión?”. Y la respuesta es: “No, no lo aguantarían, por eso no saben su papel y no se puede confiar en su palabra”.

Es lo que personas del gobierno llaman “el telefonito”, para referirse a lo que para ellos son inconsistencias de la oposición: acuerdan unas cosas para a última hora, cambiar, luego que suena “el telefonito”.

3.-“El Welfare state chavista es nuestra marca”
Es un contenido central del discurso oficial. Cuando Chávez existía, pero estaba disperso, imagino por la cantidad de misiones. Con Maduro, en el lenguaje, se busca darle a esta dispersión un sentido de “Estado de bienestar”, que toma múltiples nombres como el “Sistema de protección social” (o de paz) u otros (“Base de misiones”).

A pesar que Maduro dejó ver esta idea, no fue capaz de dar un relato comprensivo de este “Estado de bienestar chavista”. Se limitó exclusivamente a las cifras tradicionales: Gini, reducción de pobreza, aumento del salario mínimo.

En este último, olvidó lo cualitativo para darle rostro humano a ese bienestar cuantitativo. Maduro solo habló que en 15 años, el salario mínimo registró 28 aumentos. Más nada.

Sin embargo, este contenido es todavía poderoso y me atrevería a decir que subestimado por la oposición.

Por ejemplo, las colas. Mi impresión por las reacciones a la marcha convocada por la Unidad el 24-1-15, es que muchos apostaron iría una multitud, percepción causada en parte por la opinión que intentan imponer los poderes fácticos –como opinión unánime- que “esto ya se acabó” y “que en las colas ya no se aguanta la situación”, por lo “pronto habrá un desenlace”. No parece ser así. Al menos ahora. Un buen diagnóstico es tan importante como organizar una marcha.

Digo lo anterior, porque al leer reseñas de corresponsales foráneos sobre las colas, se tiene otra percepción, distinta a la local, sesgada por los contenidos a favor el gobierno y si es en la oposición, llevar todo al extremo.

Ahora –especialmente en economía o vida cotidiana- complemento con las notas de medios foráneos, para tener una visión más densa o informada de los asuntos.

Por ejemplo, la nota de los corresponsales de Bloomberg Anatoly Kurmanaev y Andrew Rosati del 19-1-15, termina con lo siguiente:

“The opposition is also hampered by divisions between a strategy of gradual change supported by former presidential candidate Henrique Capriles and a campaign of civil disobedience advocated by the now jailed leader Leopoldo Lopez.
Celio Gomez, a retired telephone operator in Catia, is not interested in their arguments. Even in the current crisis, poor people still have more purchasing power than before Chavez, he said.
“The fear is not being able to buy enough’, said Gomez. ‘In 1989, the Caracazo, you couldn’t afford a thing. Back then it turned into chaos (subrayados míos).

Ese mayor poder de compra de los pobres hoy que en el pasado, es a lo que se refiere el “Welfare state chavista”, que trató de bosquejar Maduro en sus palabras.  Que el “purchase power” sea dinero inorgánico y no resultado de la productividad de los factores de producción, no le resta importancia política a la afirmación de los periodistas de Bloomberg.

4.-“El objetivo es romper el amor del pueblo con el chavismo”
Este es el punto coyuntural del discurso, pero que hace visible el objetivo principal del gobierno. Maduro expresó que, “Chávez nos dejó un encargo histórico: preservar la paz de la patria”.

En esta cita, está la nuez, lo que define al gobierno y sus acciones.  

Maduro dijo que hay nuevos intentos para derrocar a su gobierno. Esa noche, en su programa en VTV, Cabello habló de “La salida dos”.

Maduro en su mensaje mostró grabaciones de personas que hablaban de buscar “peo” en las colas, para “prender la vaina”.

En tuiter leí mensajes que decían que esas personas eran “habladores de pendejadas”, para despachar el problema de las grabaciones. No dudo que sean eso. Es más, si algún tema en Venezuela se presta para “hablar pendejadas”, es la política, tanto en la calle como en fastidiosas reuniones.

El punto es que esos “habladores de pendejadas” ya se hacen frecuentes y como reveló el caso Charlie Hebdo, no hace falta un ejército para acciones letales. Algún “lobo solitario” –término que usan ahora los estudiosos de la violencia política- puede crear una situación de inestabilidad política y miedo social.

El punto de fondo es que esos “habladores de pendejadas” contaminan –sea porque sus acciones así lo hagan o porque el gobierno fuerce a eso- las legítimas acciones de calle y protesta que adelanta la sociedad y la Mesa ¿Cómo evitar esa contaminación?

Es aquí donde no veo fuerza en la oposición, y en parte explica la inercia que hay en el país.

Los extremistas no pueden evitar la contaminación, porque el ambiente de inquisición que crearon, ya les “pasa factura” a ellos, sus creadores. Tal vez por eso, entre otros motivos, “el cuarteto de líderes” como los llaman –Capriles, Ledezma, López, y Machado- hayan decidido dialogar, porque el “monstruo” que vienen estimulando desde 2012, los está devorando. Ya no controlan el clima de opinión inquisidor que promovieron, y ahora se les revierte en su contra.

Tampoco controlan a los poderes fácticos, quienes hoy vuelven a la carga, con sus conspicuos voceros de siempre: Dieterich, Miquilena, Ugalde, entre otros. Los tres con el mensaje de siempre. El mismo de hace unos meses. De hace unos años. De hace……  

Los moderados, por su lado, están chantajeados porque los acusan y señalan públicamente de “colaboracionistas”, “débiles”, “Chamberlain”, “Petain”, “Quisling”, o que les retiren el saludo en la calle, y adoptan un bajo perfil, hacen concesiones al clima de opinión que hace ruido para mostrar “que se portan bien”, o envían “indirectas” en notas de prensa o artículos de opinión para marcar la diferencia con los extremistas, pero su posición pocas veces queda clara. Tampoco tienen fuerza para evitar esa contaminación.

Finalmente, no hay poderes de referencia, que sean contrapeso. Los intelectuales son uno, sean de academia o de opinión. Tampoco tienen fuerza para eso, y no se sabe si en algún momento en tiempos recientes, la tuvieron.

Cuando “la salida” de CAP en los 90, el papel de la intelligentzia venezolana tampoco fue brillante. Tal vez nuestros intelectuales actuales son buenos para escribir un sabroso artículo para el café del domingo, un tuit “inteligente”, o recibir y hacer “homenajes” con algún discurso para la ocasión, pero hasta allí.

De manera que hay un serio problema político ¿Cómo separar la calle de protesta legítima de la calle de aventura? Nadie está en capacidad de “ponerle la cascabel al gato”. Esto tranca todo, y está en el origen de la inercia y del hastío que se instaló en la política y sociedad venezolanas.

Así las cosas, se puede prever que en el corto plazo, lo que tengamos sea un gobierno que se blinda para que no lo tumben, una oposición que tratará de canalizar el descontento, sin control del “clima de inquisición” que creó y de los poderes fácticos que la influyen; y la gran interrogante: el pueblo, la sociedad, la gente ¿Cómo estarán procesando todo esto, más allá de lo que se dice en una cola?

Esta es la gran interrogante para el diagnóstico y la estrategia, a mi modo de ver.

Espero que la contención del pueblo nos ayude a llegar a la “bahía electoral” para que los electores opinen y den una nueva correlación política, que rompa la inercia, las ataduras, y los chantajes. Estos últimos, como casi todo en Venezuela, ya no intimidan sino fastidian.

En resumen, desde la forma, el mensaje de Maduro pudo estar mejor estructurado en la lógica de una memoria y cuenta. En el contenido, le faltó una buena dosis del “principio de la realidad”, que le hubiese dado mayor credibilidad al mensaje.    

sábado, 17 de enero de 2015

Calle



El tema de la calle regresó a la agenda de la Unidad. No es que no estuviera, sino que su estatus no estaba claro; “calle y voto”, “voto y calle”, “calle y más calle”, sugerían combinaciones, pero nunca se precisaron los detalles sobre cómo esas fórmulas se concretarían en la cotidianidad.

El asunto se activó luego que el martes 13-1-15, Capriles anunciara que ahora “es el momento” para las movilizaciones en la calle, vía que ratificó el día 14-1-15 con el término de “movilizaciones reivindicativas”.

A la luz de las reacciones en tuiter, no parece haber un problema de fondo o conceptual con la calle entre “salidistas” y “no salidistas”, sino que el asunto es más el tiempo, el famoso timing de la acción política, para empujar la llamada "transición". Para los primeros, la estrategia fue (o es) promover una crisis; para los segundos, que la crisis haga su trabajo.

Si hay discrepancias, será para definir cuándo las movilizaciones cuentan. 

Por el comunicado firmado por Machado, Ledezma, y López el día 14-1-15, para que “hoy sea el momento”, tuvo que ocurrir primero “otro momento” (febrero de 2014).

Pero no es lo que quiero abordar en la entrada. 

En mi caso, mantengo mi objeción a la calle, principalmente porque la dirigencia que las promueve (y ha promovido) esta opción, hasta ahora no ha mostrado capacidad para organizarla, menos para conducirla, y mucho menos para responsabilizarse por sus consecuencias, salvo excepciones.

Una cosa es buscar una crisis política (“la salida”) o que “la crisis haga su trabajo” (la visión de Capriles), y otra es organizar la calle para ser alternativa y ganar confianza en la sociedad.

Aclaro –aunque lo he tratado en otras entradas del Blog como Aspiraciones políticas para 2014 o ¿Hay salida?- que respeto la calle como espacio para la protestas ciudadana. Mucho más en la Venezuela de hoy, en la que hay razones para protestar. Este comportamiento, de paso, es beneficioso para la salud de un sistema político. 

Las protestas pueden ser factor de innovación social o político, o para conocer el estado de una sociedad. Por ejemplo, la protesta ocurrida el día 16-1-15 en una pollera en Barinas. Especialmente, los contenidos de las pancartas y carteles de los habitantes que rechazaron la presencia de la Sundee en el establecimiento avícola barinés, que muestran el fondo no siempre visible o que no atrae la atención a "analistas".  

Mi diferencia es con la calle como vía para sacar gobiernos, más allá del voto (aunque se haga la promesa que habrá elecciones, luego que la "transición" haga su trabajo de "reconstrucción nacional"), que me luce es la moda en Venezuela desde los 90. Desde esa fecha, Venezuela está en "permanente transición" (no se sabe hacia dónde, realmente, pero no pinta bien). 

Por supuesto, mi opinión es una “opinión teórica”, en la medida que sacar un gobierno desde la calle es un hecho, producto de una acciones y son cosas que escapan a las opiniones, sino que se hacen (y no se anuncian).

Gallegos fue tumbado en noviembre de 1948. La calle no habló por él, pero fue tumbado. Fue un hecho. Solo quedó la denuncia, la resistencia, y luego la organización en la Junta Patriótica. Tomó 10 años que la “opinión teórica” coincidiera con los hechos. Allí la calle habló, y lo hacía al menos desde noviembre de 1957, para emitir su palabra final el 23-1-58.

El 27 de febrero hizo visible el agotamiento del modelo de Punto Fijo, y como encanta decir a muchos, “fue el comienzo del fin”. Ocurrió, es un hecho.

Salvo Caldera y Velásquez, los presidentes de los 90 para acá, fueron sacados. Maduro está a prueba. Mi deseo es que su cambio ocurra a través del voto, pero nadie lo puede asegurar en estos momentos.

Este tipo de calle son momentos que se calibran, audacia, recursos, y no lo que se opine en cuanto al "deber ser". Es la lógica de la famosa expresión del Presidente Luis Herrera Campíns (1979-1984), Los militares son leales hasta que se alzan.

Lo anterior, también es otra razón para mi reserva hacia la calle: ofrece incentivos a los “aventureros” que pueden aprovechar la movilización de la sociedad, para “tirar una parada”. Si tienen éxito, gobernarán. Si no, es la sociedad asume el costo máximo (que algunos justificarán con el expediente del "sacrificio necesario, "el dolor para la libertad", etc).

A uno le quedará estar en desacuerdo con estas acciones de hecho, pero pasaron. Y ya, guste o no. Como sugiere Bobbio, la fuerza es fuente de derecho, pero el derecho regula la fuerza. Creo en lo último, y por eso la calle que favorezco es “la calle del voto”. 

En este sentido, no hay “tiempos perfectos”, sino prever las consecuencias de las acciones a partir de un diagnóstico, y decisiones oportunas.

Posiblemente “la calle del voto” no sea el sentimiento mayoritario en la oposición o, al menos, en la que forma e influye en la opinión pública, sino la idea de calle como espacio para una "transición" por "la angustia colectiva".

Esta semana, leí un artículo de Axel Capriles, que ejemplifica lo anterior. Dice el articulista de El Nacional que, “En el siglo XVIII, el pueblo de París, hambriento, sin pan, engañado repetidas veces, intentaba rebelarse sin lograrlo. El enjambre de mujeres que gritando y pidiendo pan desató la Revolución Francesa, no se movió de manera espontánea sino acicateado por dirigentes experimentados para excitar a las masas y llamar a la insurrección popular”.

La calle como excitación “de las masas” que es lo que realmente es la calle desde la perspectiva de la psicología de masas, y tal vez en mi caso, pida un imposible, que va en contra de los comportamientos colectivos: una calle racional (que es posible, desde el enfoque cognoscitivo de la psicología social para explicar los comportamientos colectivos), pero que no interesa a la mayoría.

Pero como la libertad de expresión se ve cuando se ejerce, creo en la “calle racional” (cercana a la “calle del voto”), y como el tema de las movilizaciones y la calle vuelve a la agenda, estimo que la calle requiere de precisiones.

Vería seis áreas para concretar la calle:  

1.-Definición de la calle ¿Cuál calle se va a adelantar? 
¿Es un tipo de calle o varias calles? ¿La calle de febrero de 1936, la de enero 1958, o la de noviembre de 1957? ¿La calle del Maidan de Ucrania o la calle de París de la marcha del 11-1-15? ¿La de los indignados de Madrid, la de Ferguson, o la de New York? ¿La calle de la Primavera Arabe, la de Solidaridad en Polonia, o la de Occupy Hong Kong o Wall Street? ¿La calle de plebiscito chileno de 1988, la calle argentina de 1983, luego de la derrota de los generales en Las Malvinas, o la del Muro de Berlín en 1989? ¿La calle de Venezuela de las marchas estudiantiles de los 80 o la calle de protesta de los 90? ¿La calle de 2002, la de 2004, o la de 2005? ¿La de la reforma a la constitución y del cierre de RCTV de 2007? ¿La calle de abril de 2013 o la de febrero de 2014?
Tan importante como hablar de calle y movilizaciones, es precisar cuál calle y cuál movilización.

En los “enfoques de calle” ¿Cuál? La calle típica de Venezuela: agitar para ver si “se prende el peo” para “ver qué pasa” o “para tirar la parada”.

¿Una calle más sofisticada que la anterior? Es decir, la calle de los “métodos no violentos”.

Después de ver la película “El mayordomo de la Casa Blanca” (la vi a mediados de 2014), pude entender la lógica de la acción no violenta. La escena de los chicos negros en la fuente de soda de blancos, y su comportamiento cuando eran agredidos, es la mejor imagen de lo que la teoría de la acción no violenta sugiere. Al menos, en lo que he estudiado sobre esos métodos. Después de 20 años de leer sobre eso, por fin lo entendí.  

Como estudiante apliqué algunos de esos métodos cuando me tocó ejercer puestos de representación estudiantil y hubo conflictos por la calidad docente, y una conclusión que tengo es que esos métodos requieren no solo una técnica sino una disposición, que no creo que en Venezuela tengamos. 

Esa disposición es una cierta humildad para poder aplicar estos métodos, que no son fáciles o inofensivos. Por ejemplo, en el Satyagraha de Gandhi, el sufrimiento es fuente de poder, pero el sufrimiento sobre quienes hacen la acción no violenta (Engler y Engler, 2015). 

No sé si una sociedad tan prepotente y “quítame esta pajita de encima” como la venezolana, esté dispuesta a pagar ese precio, y no opte por lo tradicional en Venezuela cuando hay diferencias, “los hombres maduros que se miran a los ojos para ofrecerse, de forma elegante, unos coñazos”.

Tal vez el futuro avance hacia los métodos no violentos. Un amago de eso –en la categoría de los métodos no violentos menos complejos- fue la buena idea de los chicos de la Unidad de ir a las colas con caramelos y agua, para compartirla con quienes hacían la cola en los mercados. Pero no todas las acciones no violentas son así. Algunas suponen dolor y sufrimiento. 

2.-Objetivos de la calle 
Estimo que esto será el tema de fondo para la Unidad, lo que puede unir o mantener las diferencias- ¿La calle para promover una crisis que avente a Maduro y su gobierno o la calle para explicar el “fracaso del modelo”? ¿La calle para mantener el apoyo de los más convencidos o "duros" de la oposición –cerca de un 25% en el Bloque opositor, de acuerdo al IVAD a octubre de 2014– o para “sumar a los descontentos”? ¿La calle para elevar el entendimiento de la sociedad sobre los problemas que vivimos o para alimentar la frustración por la dura vida que nos toca vivir, para ver si se moviliza? ¿La calle para una meta electoral, la “calle sin retorno”, o la “calle para la transición”? ¿La calle para generar confianza o para comunicar que el gobierno está “en fase terminal”? ¿La calle como espacio para el encuentro de la afectividad colectiva o para mostrar fuerza?

¿Qué se busca con la calle: es una actividad terminal –la calle como fin en sí misma- o tiene un propósito instrumental –la calle como medio para otro objetivo?

3.-Para quién va dirigida la calle 
¿La calle para las elites o para la sociedad? ¿La calle para abrir la puerta a los militares? ¿La calle para abrir la puerta a nuevos movimientos políticos y sociales que están en la sociedad? ¿La calle para los gatopardo o la calle para los innovadores? ¿La calle para grupos determinados –corporativismo- o la calle para la pluralidad de la sociedad?

4.-Tiempos de la calle 
¿Cuándo arranca la calle? Y lo más importante ¿Cuándo cumple sus objetivos? ¿Cuándo termina? ¿Cómo mantener la calle en los tiempos pensados? ¿Cuándo sustituir la calle si los hechos evolucionan hacia otra cosa? ¿Cómo administrar los tiempos de las acciones de calle?

5.-Acciones de la calle 
¿Se comienza con un gran acto o con actos pequeños? ¿Es la desobediencia civil en un establecimiento o, por ejemplo, la marcha de Selma a Montgomery de Luther king? ¿Es otra cosa, desobediencia civil, por ejemplo? ¿Una sola forma de expresar la calle o una pluralidad de formas?

6.-Responsables de la calle
¿Una persona o un equipo? Si todo sale bien, ya sabemos. Muchos serán “los padres del éxito”…..y todos querrán "anotarse a ganador", pero ¿y si sale mal o no de acuerdo a lo esperado? ¿Si la calle se desborda, lejos de la organización, qué se hace, quién “da la cara”?

Mi “calle” es la del voto. No veo posible combinar “calle y voto”. Los hechos de abril de 2013 y febrero de 2014 sugieren que esa combinación es complicada, y no se ha logrado. Tal vez, la coincidencia entre factores de la Unidad que se ve ahora en cuanto al tema de las movilizaciones, logre la combinación en los anuncios que la MUD ha prometido. 

Leía hace meses en Prodavinci un ensayo de Ana Teresa Torres en la que, entre otras cosas, escribía que no podía decir si el pueblo venezolano llevaba la democracia en su ADN. Que podía llevarlo como no poseerlo.

Pienso que sí lo lleva, y agrego, su mecanismo es el voto. Mi certeza sigue una cierta lógica popperiana, en el sentido que cada vez que esa certeza se “falsea”, se prueba la democracia, cuando hay motivos para derribar todo.

La sociedad venezolana ejerce un rol de contención frente a los excesos de las elites “de cualquier ralea”, y ese es su ADN democrático.

Hoy, pasa por su prueba más dura que puede anular ese ADN. Las carencias producto de las erradas políticas del gobierno, su obsesión con la planificación centralizada, y un discurso muy corrosivo en redes sociales sobre la política y, en particular, sobre el voto, que han generado un ambiente propicio al cinismo, la intolerancia, la burla, la inquisión.

Al final, mantengo mi opinión que los electores sufragarán a partir de evaluar la gestión, en este caso, de Maduro y su gobierno. Si no es buena, el voto no lo favorecerá. Como creo ocurrirá.    

Así, la calle que veo es explicativa. Se habla del “fracaso del modelo”, pero poco se dice del modelo a venir, más allá de consignas generales o “tripearse” lo que hace el gobierno, en el tono “sabrosón” y “sobrado” de formadores de opinión. Es en ese terreno, en la “calle explicativa”, donde la oposición ganará su status de alternativa confiable, más allá de ser oposición o ser escogida por ser “el menor de los dos males".

Esta calle suena fácil, pero no lo será, a medida que se desarrolle, porque es una calle de contraste, de interpelación, y eso choca no solo con muros individuales sino sociales. En crisis es más fácil buscar chivos expiatorios que explicar lo que está en juego en una sociedad, más allá "de la angustia colectiva". 

¿Llegó el momento, como dicen los “expertos”, de “resignificar” la “calle”?