Léeme en otro idioma

miércoles, 24 de junio de 2015

¿Cuál partido político?



Recientemente, algunos lectores del blog a quienes encuentro en la calle, me preguntan por qué no aventuro cuáles atributos debería tener una nueva organización política, tal vez estimulados por otros artículos del blog en los que comento la inercia, el conservatismo, y la poca innovación de la política y de la sociedad venezolana en general.

En el trabajo, también hay una inquietud similar, cuando el asunto se aborda entre compañeros de trabajo. Al final de la cháchara, queda la idea ¿cómo sería esa nueva organización, se puede hacer algo distinto en la Venezuela de hoy? con el tradicional final de las conversaciones de este tipo, "bueno, vamos a ver qué pasa". 

No sé si la repentina demanda por este tema responda a un sustrato social que se infieren de los datos de estudios de opinión recientes, algunos comentados en otras entradas del blog

La última encuesta en esta línea, los guarismos de Datanálisis –con campo entre el 18 al 30 de mayo de 2015 y N = 1.000 entrevistas- que invitan a una interpretación acerca de los resultados en la intención de voto. 

Una hipótesis de interpretación para mi sugerente, es el agotamiento de unas políticas –del gobierno y de la oposición- porque no trascienden las rutinas de la política venezolana (el insulto, el chantaje, la espectacularidad, la repetición de guiones y el coro, "verse el ombligo", pensar que "el mandao está hecho", por nombrar algunas), que muestran que si bien en lo electoral se mantiene la diferencia de 20 puntos a favor de la Unidad (aunque en mayo la diferencia es de 18,8% y en abril fue de 20,8%), ésta registró una caída de 5,7% en la intención de voto en apenas un mes (el gobierno igual aunque más discreta la baja, de 3,7%), y aumentaron en 5,4% y en 3,8% el “No votaría” y “Candidatos independientes”, respectivamente, para colocarse en dos dígitos bajos (11,9% y 10% que vienen de 6,5% y 6,2% en abril, respectivamente).

Tal vez estos números sean pasajeros y cambiarán luego del anuncio que las parlamentarias serán el 6-12-15, o revelan un fondo más estructural de cambios en el país frente a la política, que están allí, de fondo, que se perciben o "huelen" en la calle, pero no terminan de tomar forma o manifestarse claramente. Tiendo a inclinarme hacia la segunda opción.

Para responder a las preguntas de quienes leen el blog en la convicción que su inquietud no es pasajera sino que responde a una inconformidad con la política venezolana, se me ocurre lo siguiente, a partir de lo poco que conozco sobre lo que hacen o han hecho partidos políticos en Venezuela y en el mundo, sin que sea algo denso o exhaustivo. Son 7 atributos "los primeros que se vinieron a mi mente", cuando pensé en la pregunta:

1.-Un partido abierto y con participación popular en su fundación y formación. No se trata de un partido formado por un grupo de personas, y que de repente aparezca en público con programa, estatutos, organización, todo "llave en mano". De lo que se trata es que el grupo promotor seguramente tendrá todo eso listo, pero en vez de ser algo definitivo o dado al público sin más, se abra de cara al público. Por ejemplo, se pueden tener lineamientos doctrinarios, pero colgarlos en la web para tener una discusión o contraste en línea con el público, y ese documento se vaya haciendo con el aporte ciudadano. Así con las demás cosas. Usar la tecnología para un debate horizontal a partir de una creación inevitablemente “de arriba” -de los promotores- pero que es horizontal en virtud de la tecnología, para enriquecerla y que la innovación política sea colectiva.

2.-Un partido que no tenga dueños detrás y caras que gustan al frente, para comunicar una fachada aceptable, "porque eso es lo que quiere la gente".
Quienes promuevan esos partidos, pues esos son, y no ser fachada de políticos de la “vieja guardia” o “conocidos”, que están detrás, que no quieren aparecer porque intuyen la respuesta del público. Aquí la idea es que no haya “poderes detrás del trono”, solo integrantes en condiciones de igualdad, y que representan la doctrina del partido o sus tendencias, sean personas "nuevas" o "menos nuevas". Si quieren estar detrás, entonces es mejor formalizarlo. Algo como un "Consejo asesor", "Grupo de consulta", o una instancia clara y formal. 
Lo que se busca es que la relación de los actores puertas adentro sea transparente puertas afuera: no es solo "darle a la gente lo que quiere", sino que los actores políticos menos nuevos y las caras nuevas, tengan su espacio y sus roles establecidos, de manera de acabar con el cuento de los “payasos y los dueños del circo”, de muy grata aceptación en el mundo de poder venezolano, muy acostumbrado a las jerarquías y a las relaciones verticales y sectarias, a pesar que presume mucho de su “civilismo” frente al odioso “militarismo” que les quita el sueño.

3.-Un partido con una doctrina y que la explicite al público, que sea su eje, y pueda tomar posiciones con base en su doctrina.
Salvo episodios muy puntuales tipo #TodosSomosVinotinto, me luce que la Venezuela del futuro se construirá sobre las diferencias. Tal vez puedan existir algunos consensos mínimos para la sociedad –el que me gustaría, respetar la constitución, por ejemplo- pero la época de los “grandes consensos” para todo me parece lejana, y no sé si deseable en la Venezuela actual. 
Si esto es así, una doctrina ayudará a entender a la sociedad y al mismo tiempo ofrecerle una visión de país, de sus organizaciones, y de sus grupos.
También permitirá que el ciudadano pueda elegir realmente entre opciones que compitan entre sí y que en diversos temas seguramente tendrán posturas diferentes. Posiblemente en la Venezuela del futuro tampoco sea deseable los catch-all-parties o la ambigüedad doctrinaria con la justificación de capturar a los swing-voters.
En política no se excluyen los giros para captar a los votantes menos comprometidos -algo común en una elección- pero mi punto es que se parte de una posición, no de no tengo una o buscar alguna cómoda etiqueta para "pasar agachao" y evitar fijar una postura.  
Es el “policlasismo comprometido”. Hay que decidir y no siempre se puede complacer a todos, pero hay que argumentar por qué la sociedad en general se puede beneficiar de decisiones que tengan un sesgo doctrinario (por ejemplo, tener una clase media sólida beneficiará a toda Venezuela, y eso supone tomar decisiones para este sector y no otros, y eso habrá que explicarlo a la sociedad).
Ser de centro o “ni ni” no significa middle of the road o no tener opiniones. Ser moderado es algo más que perseguir ser "interesante" para los medios o pundits. Si una postura exige creatividad y densidad es ser moderado. Ser radical es sencillo y "popular": seguir la corriente, decir "vainas arrechas", y sentarte a esperar que los moderados te "vean con nerviosismo". Y listo ¡ya controlas a "la manada"! 
Ser moderado, por el contrario, demanda ir más allá de etiquetas y tener densidad porque debe argumentar mucho para explicar por qué no va con la corriente o por qué no dice "vainas arrechas". 
       
4.-Un partido moderno, innovador en su organización, estructura, y normas. Por ejemplo, los derechos de los militantes, o formas de vincularse al partido que no sean las tradicionales, y también redefinir lo que es ser militante de un partido.
No es solo el uso de la tecnologías –por ejemplo, MOOCs para la formación de los militantes o nubes con el acervo doctrinario del partido o sus posiciones en asuntos en diferentes momentos- sino en decisiones que minimicen la famosa “Ley de hierro de la oligarquía” de Michels (¿term limits para los puestos de dirección? ¿oficializar las tendencias internas en sus estatutos? por ejemplo).

5.-Un partido capaz de dar a la sociedad más allá de sus intereses y tener paciencia para el logro de sus objetivos. Que comunique que es capaz de criticar sus propias motivaciones. Que trascienda el tradicional "tenemos vocación de poder", que está bien, pero hoy no es suficiente; eso es Lenin 1.0, que comunica una sociedad patrimonial y lenta que todavía no supera la etapa del centralismo democrático.    
Puede ser desde optar por no competir electoralmente en una elección a pesar de lo apetitoso que pueda ser la perspectiva electoral para dedicarlo a la organización o para difundir su narrativa a la nación, lanzar candidaturas simbólicas pero para comunicar con esas figuras, cuál Venezuela se quiere; ser plataforma para la sociedad (que puede ser un oximoron en un contexto maquiavélico como el de hoy), o cosas más complejas como decidir el uso de métodos no violentos en un contexto político determinado. Lo importante es que la sociedad perciba a un partido que es capaz de cuestionar su propia estrategia, que es capaz de ser canal para que otros expresen sus cahiers de doléances; una organización con contenido, pero continente para otros, con la capacidad para que los intereses de quienes lo forman, se pongan a un lado para ser voz de otros.

6.-Un partido independiente de poderes fácticos que busquen su control o influir en su devenir, en sus posturas o acciones.
Tal vez una de las cosas más primitivas de Venezuela es que no hay algo como especialización funcional en política. Por supuesto, una democracia no es una fábrica o una unidad militar, sino un espacio plural, pero que tiene límites. Y esos limites orientan la acción de quienes hacen democracia. En nuestro país esos límites no están claros: por ejemplo, los políticos son encuestadores, éstos políticos, los asesores las dos cosas, y los poderes fácticos son todo al mismo tiempo. 
En lo social, que sea una genuina representación sociológica de un clivaje real que haya en Venezuela, no inventado -por ejemplo, un partido de clase media, sector estigmatizado en el discurso en "ambos bandos" o uno que promueva la organización de la franja de edad 25-40 años que es donde veo se siente más la intensidad de la crisis, no solo en Venezuela- con una narrativa propia de país, de su historia, de su momento actual, de su futuro.

7.-Un partido que no se deje acomplejar por el discurso dominante o las corrientes de opinión, y calle lo que piensa. Que sea capaz de decir lo que piensa con educación y saber el "cómo y el cuándo" del que habla el poeta Havel, pero que lo haga claramente. La consistencia y la coherencia es fundamental en la política (y en la vida), sin que eso implique negar que la vida también es cambio. Aquí la consistencia es ser consecuente con una propuesta y una acción en el tiempo, honesta y transparente, y evitar la comodidad de no comprometerse con afirmaciones tipo, “Hay que jugar en varios tableros” (seguro ¿pero cuál es el “tablero” preferente?), o cambiar en función de "hacia donde sople el viento de los aplausos".
Por ejemplo, si se cree en las elecciones como la vía ciudadana por excelencia; un principio para cambiar un gobierno “sin derramar sangre”, o un mecanismo para promover la innovación en la sociedad a través de mejores programas, pues hay que ser consecuentes con esa idea. No es, por ejemplo –como se observa en algunas personas- desmeritar a las elecciones como ocurrió en 2014, y hoy en 2015 “se tiran al piso” por los comicios. Ojalá que quienes lo hacen, mantengan esa posición cuando el viento no sople a favor, como pasa con frecuencia en la vida.    

En resumen, mi respuesta a los amigos que me preguntan, “¿Cómo debería ser ese partido nuevo?”, les diría que debe:
a.-Ser transparente y promover la participación interna y externa
b.-Ser auténtico
c.-Tener claridad en su doctrina, y expresarla en una narrativa
d.-Innovador en cuanto a su organización y estructuras
e.-Capaz de cuestionar, cuestionarse, y dar más allá de sus intereses
f.-Que tenga independencia de poderes fácticos, funcional y socialmente hablando
g.-Decir lo que piensa, así no sea “popular” hacerlo

lunes, 8 de junio de 2015

El "baremo Gandhi"


De la pluma del periodista Pedro García Otero, El Universal publicó el día 31-5-15, una entrevista al bisnieto de Gandhi, Tushar Gandhi, quien dirige la Fundación Mahatma Gandhi, y vino a Venezuela al estreno de una película que toca la cultura de la India desde la perspectiva de venezolanos.

Hay varias cosas qué comentar sobre la entrevista, pero me concentro en una, que me parece una lección para la Venezuela de hoy, en donde muchos dirigentes políticos exhiben, no la humildad y simplicidad de la que habló Bápu, sino impaciencia y arrogancia.

García Otero hace una aguda pregunta a Gandhi. Le interrogó sobre si la baja tasa de homicidios en la India se debe a que esa sociedad internalizó la no violencia que promovió su bisabuelo. Transcribo buena parte de la respuesta de Tushar Gandhi, porque encierra varios mensajes:

“(…)Mahatma entendió lo que le estaba faltando a India, a la sociedad de ese tiempo y lo asumió, sin compromisos; Gandhi no se antojó de ser un líder. Él hizo lo que pensó que la gente necesitaba. Muchas veces, los líderes hacen lo que quiere la gente, aunque sepan que está equivocada, porque no quieren perder su apoyo. Gandhi era un verdadero líder porque no estaba gobernado por sus seguidores. Cuando percibía que sus seguidores estaban equivocados, se detenía.
“En 1921, mientras predicaba la no violencia, hubo manifestaciones pacíficas, pero en un pueblo al Norte de India, sus seguidores atacaron una estación policial y mataron a todos los policías de esa estación.
“Bápu detuvo todas las manifestaciones. Todo el mundo cree, incluso hoy, que si no hubiera detenido las manifestaciones, India hubiera sido independiente al año siguiente, y la Independencia tardó otros 25 años. Gandhi señalaba que no quería la Independencia bajo los métodos equivocados. Para él, el método era tan importante como el resultado; el medio, tan importante como el fin.
“Muchos líderes encuentran atajos y hacen acuerdos, porque creen que lo importante es el fin; muchas veces, el fin es importante para ellos, no para la gente”.    

¡Cará…..Gandhi esperó un cuarto de siglo para lograr la independencia de India, cuando pudo lograrla en un año, pero no cedió a la tentación de los atajos, porque los medios son tan importantes como los fines!

Si Gandhi hubiese vivido en la Venezuela de hoy, seguro lo crucifican como “colaboracionista”, “Chamberlain”, o “beato”, y le hubiesen gritado que “Bolívar no esperó”. Indudablemente, no está entre los tipos “arrechos”, “burda e’zumbaos”, o del “malandreo”, prototipos políticos de la Venezuela actual y también del pasado. “En Venezuela la ignorancia nos hace audaces”, escribió Antonio Paredes. Y la cultura o sapiencia, no es precisamente lo que caracteriza a nuestras elites o grupos con poder.    

Por supuesto, no creo que Gandhi haya dicho “voy a esperar de forma pasiva” o haya pensado de antemano, “voy a esperar 25 años porque la independencia de la India se logrará solo con esperar”. Que no haya sido así, es lo que hace interesante la lucha de Gandhi y a él, como figura inspiradora en la lucha no violenta, que no es responder una agresión con una moneda asimétrica pero igual –como una barricada o guarimba- sino como plantea Luther King en su My Pilgrimage to Nonviolence (1958), la lucha no violenta.

Curiosamente, el significado de guarimba es refugio o guarida, mientras que la lucha no violenta no es “un refugio”, sino –al seguir otra vez al doctor King- es una resistencia tan vigorosa como la de quien usa la violencia, solo que se hace a través del amor y no de la rabia, del odio, de la frustración, o “de las facturas por cobrar”.

Seguramente a Gandhi le dijeron que “no se podía esperar” y que “la sociedad no aguantaba más”, pero el líder hindú sopesó el país independiente que quería su pueblo, y dio una muestra de ética de la responsabilidad. Pudo promover la independencia de la India en un lapso más corto ¿Pero a qué precio y –lo más relevante- cuáles consecuencias para el futuro?

La pregunta del colega García Otero al bisnieto de Gandhi sugiere que sopesó el futuro. Si esta asociación es válida, pudiéramos traerla a Venezuela y afirmar que “no saber detenerse” en el sentido gandhiano, puede explicar la subida de la violencia en Venezuela. Tal vez querer todo por la fuerza y ya, sea causa de la violencia delincuencial y pre-política o incipientemente política que hay en nuestro país, al modelar una lucha política violenta. Si así pasa en la política ¿Por qué un choro no va a repetir el patrón? Si el lenguaje político venezolano es tan degrarado ¿Debe sorprender el incremento de la violencia?

El sacerdote Alejandro Moreno sugiere que a partir de 1998, la violencia delincuencial en Venezuela toma una pendiente positiva ¿Crecimiento natural o modelaje del mundo político al mundo delincuencial?

Con su “saber detenerse”, Gandhi también muestra que “no saber esperar” es lo opuesto a la política. El promotor de la no violencia pudo “detenerse” 25 años porque confiaba en las capacidades y habilidades políticas del pueblo de la India, mientras avanzó y trabajó hacia una independencia con menos heridas políticas.

Cada país tiene su historia. La nuestra no es gandhiana. Más bien buena parte de ella está marcada por los atajos, las aventuras. Guerra, prisión, y destierro, como escribió Ramón J. Velásquez.

Pero la historia no tiene por qué repetirse igual. Puede ser diferente. Construir, convencer, hacer, ser alternativa, lo que supone visión, responsabilidad, trabajo, y no ceder al atajo o que este esfuerzo sea abortado por tirar una parada, la cual siempre será y tendrá una buena excusa de y para la historia.

La Venezuela de hoy no es la de Cipriano Castro, la de Gómez, o la Medina, aunque las elites se empeñen que sí, para repetir el mismo patrón: guerra, prisión, y destierro, o el atajo. El círculo vicioso una y otra vez. Círculo que fue roto por la apuesta institucional de 1958, pero que parece generar alergia no solo al gobierno, sino a varios en el mundo no gobierno. Para muchos es mejor el “país de” que “el país por”.

Lo que la entrevista al bisnieto de Gandhi me dejó es la idea del “país por”, como propiedad institucional y no de claques o grupos, lo que supone una paciencia institucional que no sé si la tengamos, dados más bien a procrastinar.

Otra figura del calibre de Gandhi, Nelson Mandela, tiene una idea similar. Veamos que dijo Madiba en sus Conversaciones conmigo mismo (2010):

“Por ejemplo, en la política, como sabes, hay temas muy delicados y la gente no suele estar dispuesta a adoptar un enfoque que no sea popular. Si la gente dice ‘debemos actuar’, muy poca gente dirá ‘¿tenemos los recursos?’ ‘¿estamos bien preparados?’ ‘¿estamos en condiciones de emprender esta acción?’ A algunos les gusta dar la impresión de ser combativos y, por tanto, no afrontan los problemas, sobre todo si se trata del tipo de problemas que van a quitarte popularidad. Para tener éxito en política tienes que confiar en tu pueblo, transmitirle tus puntos de vista y expresarlos con gran claridad, con mucha educación, con mucha tranquilidad, pero expresándolos, sin embargo, abiertamente”.

Mandela. Otro “beato” más, solo por preguntar a la gente que dice “vainas arrechas”, si tienen “con qué”.

Madiba sopesó los deseos con lo posible y las realidades, para tener una opinión que puede o no coincidir con lo que es popular o la popularidad.

Siempre he pensado que la “graduación” del liderazgo es cuando le toca ir contra la corriente –no por gusto- cuando es momento de ir contra lo que es popular o lo que “la gente quiere”. Cuando llegan ocasiones así, allí se ve la madera del liderazgo. Mientras se va con la corriente, todo es más fácil: aplausos, reconocimientos, apoyos, vivas, y pare usted de contar.

El “baremo Gandhi” no es que esté en contra de lo popular o que sugiera que hay “que esperar” porque sí, es que pesa lo anterior contra un fin mayor o más trascendente como puede ser la paz, la independencia, o la posibilidad de una nación integrada de cara al futuro, sin tantas heridas políticas. Me gusta el “baremo Gandhi”.

Cada país tiene sus problemas y sus momentos históricos que son únicos, pero la idea de evaluar métodos y resultados; medios y fines, son criterios universales, que trascienden casos particulares.

En Venezuela, nuestra tradición está alejada del “baremo Gandhi” salvo excepciones, como la segunda república liberal democrática, pero luego del doloroso aprendizaje que dejaron los excesos del “trienio adeco” y los intentos por derrocar a Pérez Jiménez mediante métodos “putschistas”, como se decía en la época. Pero un aprendizaje incompleto, como también lo muestran las heridas abiertas y todavía dolorosas, de la lucha armada de los 60.

Nuestra sociedad valora más “el tirar la parada” para ver qué pasa, el atajo porque es “de arrechos”. Las consecuencias de las aventuras no importan. Hoy, salvo excepciones, rara vez los promotores cargan con la responsabilidad si fracasa el lance. Si tiene éxito, sobran los “doctores” para escribir la primera proclama y el primer decreto del gobierno provisional o de transición, y otros preparan el estreno para el posible ministerio.  

Ese contraste entre métodos y resultados; entre medios y fines, no es común en nuestro país.

Creo que fue Augusto Mijares en Lo afirmativo venezolano, quien deja ver la tensión entre la aventura y la visión de nación, como dos caras de la moneda venezolana, para una síntesis que debe romper con “los conformistas y logreros que han privado en nuestra vida pública”.  

Me luce que en el futuro de Venezuela hará falta el “baremo Gandhi”. Si me atengo a lo que leo como noticias, la realidad es que partes del país están gobernadas por poderes fácticos. Me refiero en este caso a las bandas de la delincuencia organizada. Los casos recientes en San Vicente (Aragua) y la Cota 905 (Caracas), son dos ejemplos de esa realidad que está allí. Que tiene tiempo allí.

No llego a afirmar como se escucha ahora en círculos de opinión que Venezuela es “un Estado fallido”. En mi opinión no lo es. Tal vez Siria lo es: un territorio desmembrado, una población desplazada, y un poder disputado y que posiblemente no tenga una formalidad. Por ejemplo ¿Puede hablarse de unas FAN de Siria, como cuerpo cohesionado? No lo creo.

Más cerca de nosotros, está México. Hubo elecciones regionales, y más de una docena de candidatos fueron atacados o asesinados en estados dominados por los carteles. Buena parte del país fue militarizado. No escucho decir de los expertos que la nación azteca sea un “Estado fallido”.

Más que un concepto totalizante como “Estado fallido” –aunque popular en los círculos de la gente inteligente de Venezuela- me agrada más la propuesta de Guillermo O’Donnell (1993) sobre la “evaporación de la dimensión pública del Estado” que divide en tres colores: azul (alta presencia del Estado, territorial y funcional); verde (presencia territorial del Estado pero funcionalmente débil); y marrón (poco o nula presencia del Estado, territorial y funcionalmente), un país.

Me parece una propuesta más flexible y menos totalizante, que puede dar mejor cuenta de la realidad de una nación. Por ejemplo, territorialmente hablando ¿Cómo sería Venezuela? ¿Cuánto marrón o azul? Funcionalmente hablando ¿Cuáles son las instituciones marrones, cuáles las azules?

Por ejemplo, en Venezuela, los lugares dominados por alguna de las 70 mega bandas que registran los expertos en seguridad que hay en el país, son zonas marrones (ni está el Estado, ni funciona). El bachaqueo puede mostrar zonas verdes (el Estado está, pero no funciona). La presencia del Seniat, sugiere zonas azules (el Estado está y funciona).

Ampliar las zonas azules y reducir las zonas marrones va a requerir de un esfuerzo político que veo más cercano al “Baremo Gandhi” que a “tirar la parada” o la aventura, por lo frágil de la sociedad venezolana, a pesar que el venezolano tiene resiliencia, como sugieren los estudiosos de la psicología positiva de la Universidad Metropolitana. Agrego, una resiliencia también de dos caras: una positiva y otra negativa.  

El esfuerzo para ampliar la institucionalidad venezolana -reto que no puede postergarse más- supondrá no privatizar sino, más bien, estatizar al Estado, para que las relaciones sociales y el mercado puedan tener un sustento en la esfera de la sociedad civil o del pueblo.

Lo anterior supone que la cara que salga de la moneda que lanzó la historia, sea la cara de la visión de nación, para que la tensión de la que escribió Augusto Mijares, se resuelva en otro empuje creador de la sociedad venezolana, que mucha falta nos hace.