Léeme en otro idioma

martes, 1 de marzo de 2016

Trump o lo inútil del miedo para detenerlo



Sobre Donald Trump se ha dicho mucho, y todavía falta mucho por decir. Quiero abordar la arista sobre cómo se construye a Trump en buena parte de la opinión pública. Desde hace tiempo, me incomoda esa manera de construirlo. A veces leo un tuit y me provoca hacerle RT, pero desisto, para no reforzar algo con lo que no estoy de acuerdo: detener su ascenso al estimular miedo a lo que Trump significa, o pueda hacer si llega a la Casa Blanca. Es decir, las “jugadas de rutina” cuando aparecen figuras de ese tipo: que el miedo haga el trabajo que la política -y el liderazgo- no pudo o no quiere hacer. 

Hace unos días, tanto Felipe Calderón como Vicente Fox –quienes me parecen perdieron la agudeza política- compararon a Trump con Hitler. También, hace unos días, leí un tuit de The Economist, que titulaba un artículo, “Hay que detener a Donald Trump”. Finalmente, en Washington Post leí la preocupación de algunos sobrevivientes del Holocausto por lo que puede significar un triunfo del magnate pelirrojo. Estos ejemplos son apenas pocas noticias de muchas que tienen en común lo mismo: Trump es un peligro, hay que pararlo antes que sea demasiado tarde (ya parece que es tarde, gane o no gane la nominación republicana). 

Que ciudadanos que sobrevivieron a campos de concentración del nazismo manifiesten reservas con el millonario, debe ser observado con atención. Haber sobrevivido a una experiencia como el Holocausto, merece el mayor respeto. Pero que la opinión en general apele al miedo para tratar de detener a Trump, sí es cuestionable.

El miedo es de uso común en política, y más cuando se trata de competir por un puesto, sea del nivel que sea. Es un recurso favorito de la real politik, o cuando hay crisis y los grupos se sienten amenazados en su identidad. Sin embargo, cualquier psicólogo social o estratega político sabe que el miedo tiene que tener una medida perfecta para que sea eficaz. Poco miedo, trivializa; mucho miedo, paraliza ¿Cuál es esa medida? No es objeto de esta entrada responderlo, solo se quiere significar que el miedo supone una previa deliberación ética sobre su uso, pero si se está en el modo “El fin justifica los medios” -que es el modo actual- hay que tener una experticia profesional para saberlo dosificar y manejar, para que sea eficaz en el comportamiento que se quiere promover (una abstención hacia o una reacción en contra de).

En Venezuela se usó durante las elecciones de 1998 para tratar de detener el ascenso de Chávez. Está el famoso video del militar cuando fue a Cuba en 1994. Ese video lo pasaban a cada rato, en cada reunión política o para hablar del tema político. En ese entonces -y todavía- me pareció errado el framing de la campaña contra Chávez al ponerlo como representante del "comunismo", cosa a la que Chávez le dio la vuelta con la idea de cambio, que objetivó en la constituyente. De manera que cambió el clivaje a su favor: constituyente-comunismo, y en esto último metió a sus competidores. Su framing del comunismo fue "huele a naftalina" -que decía en ese entonces- justamente el sentimiento de la sociedad en ese entonces: AD y Copei, "huelen a naftalina, y por eso hay que cambiarlos". Hoy -17 años después- muchos descubren las "maravillas" de los urbanismos de la democracia 58-98 -tipo Menca de Leoni, por ejemplo- pero parece un poco tarde para eso. Oportuno era en 1998 o antes, para tratar de revertir el clivaje que Chávez construyó con éxito. Pero bueno, tratar ese "olvido" de la sociedad durante los 80 y 90, será objeto de otra entrada, en su momento.   

Pienso que construir a Trump con base en el miedo ha tenido el efecto contrario: lo hace crecer, y hoy parece una figura indetenible, justamente porque paralizó cualquier respuesta, porque titular tras titular, se habla del peligro que Trump representa, pero cada titular lo magnifica y lo hace casi invencible. Como una bola de nieve, la que además comienza a justificarse. 

Esa persona peligrosa comienza a ser comparada con los peligros que genera el sistema que Trump dice combatir, y para muchos, opera un relativismo moral: es mejor apoyar a Trump no importa si es peligroso, que a un sistema con estructuras peligrosas. Ese cierto placer para transgredir cuando la sociedad implosiona o pierde la confianza en ella misma, que se objetiviza en una persona (los demagogos, que aparecen) ¿El resultado? El mito se hace más fuerte, y hay una cierta sorpresa porque se percibe inevitable su éxito. De manera que en mi criterio, ya es un poco tarde para hablar “Hay que detener a Trump”. Afirmaciones así, creo que lo alimentan, y aseguraría que Trump está a gusto con ellas. Lo hace más objeto del deseo. Al fin y al cabo, el precandidato es hechura del sistema que hoy desafía. Que la sociedad norteamericana -y mundial- ahora quiera jugar el papel "de la gente decente horrorizada con los bárbaros que llegan al poder" (algo similar ocurre con Podemos en España, y pasó con Chávez en su momento), me luce que no lo apartará de la vía del poder (gane o pierda).

Aunque hoy hay una especie de "todo vale", por lo que se dice que no tiene sentido planificar o pensar porque, "cualquier cosa puede pasar", la verdad es que este enfoque no me convence para nada. Me parece empuja un contexto en donde figuras como Trump prosperan. Hay que tener una cierta capacidad para ver el futuro de una sociedad, y adelantarse. Fenómenos como el del millonario de NY, ocurren también por el desgaste de una sociedad. Raymond Aron lo describe muy bien en "El amanecer de la historia": la sociedad francesa estaba desgastada y erosionada como cuerpo social; sin ánimo, sin fuerza, cínica, la que "insconscientemente" clamaba por una figura fuerte. Hitler llenó esa necesidad, y Francia estaba derrotada e invadida antes que el dictador pisara suelo francés en 1940, y se instalara el famoso hotel Meurice. En otras palabras, Aron retrata a una sociedad cansada de vivir. No soportaba ya el peso de la vida. Quería escapar de ella.

Hace unos días leía a Mark Lilla sobre Francia. Comentaba una tesis de Oliver Roy para explicar los recientes ataques terroristas. Para Roy, la jihad no tiene nada que ver con las instituciones Musulmanas. Los ataques no fueron por la religión Musulmana, sino porque la jihad representa una "revuelta generacional nihilista". Tesis controversial la de Roy, pero sugerente para explicar la renuncia a la vida que pasa en varias partes del mundo. En Venezuela tenemos nuestro nihilismo: muchos a la "espera" de la "explosión social" o "el peo", que redima a la sociedad de todas sus culpas y penas, y la purifique, para comenzar de cero en la "reconstrucción", sin el otro, por supuesto, que es lo que se busca en el fondo.    

Por eso muchas veces evito hacer RT a cosas de Trump –aunque son noticia, y como periodista, debería hacerlo- para no alimentar al mito, pero al mismo tiempo, lo que hago no es suficiente para restarle fuerza. Simplemente, es no poner más nieve a la bola, que ya viene a toda velocidad ¿Cómo detenerla?

Aquí está el quid del asunto: hoy, los políticos son cualquier cosa menos políticos. Juegan a ser militares, son encuestadores –algunos, hasta son muestristas; saben de antemano el “tamaño de una muestra” para un estudio, y hacen cuestionarios- son analistas, publicistas, hacen jingles, también son creativos, y hasta artistas, pero en lo que deben mostrar excelencia, no lo hacen o revelan importantes limitaciones. En lo que los define, eso de hacer posible lo imposible, o esa dialéctica entre lo que existe y lo que se quiere que exista, no se esfuerzan mucho o no muestran mucho entusiasmo. 

El mismo discurso fabricado e inercial de siempre, con poco contenido, centrado en el sufrimiento del “pobre pueblo de mis desvelos”. Más nada. No logran transmitir la emoción de servir, o el coraje intelectual para ofrecer ideas o propuestas, a los "problemas de la gente". Solo se limitan a decir "lo malo que se pone la cosa", con el consecuente "desastre que se avecina". Hoy, si una persona quiere hacer carrera política o ser celebridad digital, solo tiene que anunciar "el inminente desastre", y adoptar el modo "Gente decente horrorizada con los bárbaros". Con eso es suficiente para una carrera política exitosa o célebre. 

Más que el miedo, creo que a un fenómeno como el de Trump se le enfrenta con lo que pudiera llamar un “contraste persuasivo”, en un tu a tu de contraste, que es más exigente y retador que decir, "Vienen los bárbaros". Es confrontarlo punto por punto, idea por idea, sin hacer mofa de él, dejarse intimidar, o negarlo (las soluciones de los extremistas las que, como siempre, hacen ruido y traen muchos likes pero son ineficaces).  

Por eso, me gustó parte del discurso de Hillary Clinton al ganar la primaria de Carolina del Norte el día 27-2-16, porque hizo eso: contrastó de forma persuasiva con los mensajes de Trump, y rompió con la construcción clásica del precandidato del GOP como “un peligro”. Cuando Trump dijo “Hay que levantar muros”, la Clinton afirmó “Hay que derribar muros”. Cuando Trump afirmó que “Hay que hacer de los EUA algo importante otra vez”, la Clinton argumentó que ya los “EUA son algo importante”, y un contrapunteo así. Me luce que ese discurso es más eficaz que apelar al miedo, y una prueba, es que esos mensajes de la demócrata tuvieron buena acogida en redes sociales, con buenos RT. Es un mensaje que confronta al de Trump, y no lo tradicional: el mensaje de quien va detrás, tratando de alcanzar el paso de Trump, o el mensaje del desesperado, que no sabe cómo abordar una figura así, y solo le queda el miedo para ver si lo detiene.

Ojalá este estilo persuasivo de la Clinton no sea sólo una respuesta a la alegría por haber ganado muy bien una primaria, y así romper el clima de opinión que coloca a la ex Secretaria de Estado como arropada por la ofensiva de Sanders, sino algo más duradero y estratégico. Si es así, creo que podremos dimensionar mejor el liderazgo de Donald Trump y hacerlo menos mito. 

domingo, 21 de febrero de 2016

Regionales o un acuerdo para gobernar


En la opinión del mundo unitario, se discute cuál fórmula constitucional para salir de Maduro y de su gobierno. No es un tema en el cual tenga mucho que decir, ya que mi posición todavía se mantiene, cual es respetar los lapsos de la carta magna, y hacer política en cada uno de ellos. En otras palabras, construirse como alternativa para ganar en las presidenciales de 2018, y crecer más en las regionales de 2016 y las municipales de 2017.

Ciertamente, Venezuela vive su peor momento –sólo la tasa de inflación de 2015 reportada por el BCV de 180,9% lo evidencia- y la responsabilidad mayor es del gobierno de Maduro, pero argumentos así también se dijeron en otros momentos de la historia del país. Basta una revisión hemerográfica de hace 20, 25, o 30 años, y hallaremos que los “titulares de ayer”, son los “titulares de hoy”, y muy probablemente, serán los “titulares de mañana”. Nuestro particular Corsi e Ricorsi. 

Mi punto no es negar lo grave del momento, el cual demanda soluciones, sino cuestionar “la” solución propuesta, que es cambiar gobiernos sin construir gobernanza o capacidad institucional para poder gobernar. Creo que 5 lustros son más que suficientes para abonar la tesis que las vías rápidas en política no funcionan. Al menos, para cambiar gobiernos.

Sin embargo, matizo mi afirmación anterior. La constitución de 1999 abre la posibilidad de cambiar gobiernos e, incluso, toda la estructura política, mediante una gana de mecanismos. Si se trata de evaluar un gobierno que se considera no lo hace bien, el revocatorio y los referendos en general, parecen ser los instrumentos adecuados para hacerlo. Si se trata de ampliar o proteger la carta magna, los instrumentos previstos en los títulos VIII y IX -enmienda, reforma- son los pertinentes. 

De hecho, en escenarios para 2016 que presenté en la Fundación Rómulo Betancourt el día 18-11-15, el revocatorio estaba previsto, en el escenario "Otra vez a consultar al pueblo".   

No obstante el matiz, mi planteamiento tiene un argumento. A CAP lo celebran hoy. Naím y Haussman hoy son llamados “Moisés” y “Ricardo”, pero no fue así en 1989-1993. A CAP lo sacrificaron, también “constitucionalmente”, faltando apenas 5 meses para las presidenciales de 1993. No solo fue sacrificado, también fue humillado. Tanto, que el Expresidente expresó una citada frase, “Hubiese preferido otra muerte”.

A Velásquez también lo quisieron sacar o promoverle crisis política –los “carros bomba”- a pesar de lo breve de su mandato (menos de un año).

Caldera tampoco se salvó. Ni siquiera se había “montado en la silla”, y destituyó al Ministro de la Defensa y varios “notables” implicados en un intento de golpe o algo parecido. Chávez también le pidió la renuncia. Hoy celebran los 100 años de Caldera y muchos desearían que estuviera vivo, pero durante su segundo gobierno, los rumores y la astrología lo mataron varias veces. Posiblemente, haya logrado algo de paz cuando hizo su versión del “Pacto de los dólares” a través de la Agenda Venezuela y la apertura petrolera en 1997. 

Llegó Chávez en 1999 de la mano de la mayoría de los electores y de poderes fácticos, los que hoy actúan como si nunca lo hubieran conocido o apoyado. Ese maridaje Chávez-poderes fácticos-notables duró desde 1999 hasta diciembre de 2001. Cada miércoles en su programa, Cabello les recuerda ese matrimonio, al leer las portadas lisonjeras de ciertos medios, y les espeta, “¿Pensaban que íbamos a trabajar para ustedes?”. A Chávez sus aliados lo tumbaron por dos días, y regresó el 13-4-02. De esa experiencia, Chávez se radicalizó y también se recuerda otra famosa expresión de un Expresidente, “El Chávez pendejo de 2002, se acabó”. Hizo honor a esa frase. 

Maduro arribó en abril de 2013. Desde ese momento, hasta la fecha de esta entrada en el blog, lo más que he escuchado es sobre su salida. Lo primero que oí fue la “tesis de los gobernadores”, la que hoy revive. Luego, la de los “hombres fuertes” quienes eran los que realmente mandaban. Después, la tesis del “compadre” (Cabello). Más tarde, la versión del “alto mando militar”. La siguiente, fue el plebiscito. Pasó después a “La Salida”. Le siguió la “hambruna” y la “crisis humanitaria”. Ahora la pelota está en el PSUV, partido que “tiene que ser parte de la solución”, y en las FAN, para sacar a Maduro. Y nos acercamos a marzo de 2016.

La salida de CAP en 1993 –la que inició esta “perversa ruleta política”- fue vendida como la gran manifestación de la “independencia de los poderes”, que marcaría una pauta de progreso e institucionalidad en el futuro de Venezuela. No sé si esa pauta sea el TSJ del presente.

Creo que de mayo de 1993 a marzo de 2016, el balance de esta política es francamente desastroso y costoso para Venezuela. Por supuesto, a nivel de las élites o los tomadores de decisiones, este costo no es alto, salvo excepciones, pero para el ciudadano ¿Cuánto ha sido y es el costo desde los 80? ¿Cuánto más quiere o puede pagar?

Una de mis hipótesis para explicar por qué una política con resultados tan negativos sigue luego de casi 25 años, es porque quienes la promueven, su mundo particular, su mundo de vida, se mantiene más o menos igual. Si eres del gobierno, tienes la protección que da ser del gobierno. Si eres de la oposición, tienes menos poder, pero tu vida más o menos sigue igual: no dejarás de ir a restaurantes por la crisis, ni tampoco te dejarán de entrevistar en los medios por la crisis. Si algo sale mal, posiblemente alguna universidad, ONG, u empresa, te ofrezca refugio, siempre y cuando seas alguien importante. Tal vez tengas alguna jubilación de una universidad, organización, o del parlamento. Es una vida prácticamente inelástica. Si al final del día, no estoy tan mal ¿Por qué abandonar esa política que me trae beneficios, que me mantiene en la política?

Curiosamente, en un país que habla mucho de política, varias decisiones que se toman se alejan de la política. Esta supone, trabajo, organización, persuasión, músculo social, es decir, tiempo. Walesa estuvo nuevamente en Venezuela. Aconsejó a la oposición construir una agenda sobre qué hacer. Estuvo en el país antes del “paro” de 2002. Advirtió el riesgo de tal acción. No tuvo suerte. No sé si ahora la tendrá. Conseja parecida ofreció el salvadoreño Joaquín Villalobos, muy citado por la “izquierda buena”, pero poco escuchado. Otro ícono reciente , Felipe González, también pronunció una célebre frase de un político: “El cementerio de los políticos, está lleno de impacientes”. No sé si la habrá dicho en sus últimas visitas a Venezuela.

Preferiría que la AN eche raíces en la sociedad. Que tenga músculo social e institucional. Que no agote toda su agenda legislativa y proyectos “bandera” en menos de un mes -tiene 5 años- sino que esas propuestas salgan del Hemiciclo y vayan a la calle. Que sean hechura de gente. Que se empotren en el alma del pueblo. Que los partidos hagan su trabajo de combinar y articular intereses. Que los parlamentarios se desarrollen como parlamentarios. Que se vinculen a sus circuitos, con sus votantes, con la tan citada calle. Que la “lucha intelectual” de la que habló Walesa, sea en propuestas con mayor densidad, para el público. En fin, el trabajo político que no tiene sustituto. Pero requiere de una condición que pocos desean: tiempo. “No hay tiempo”, se decía cuando CAP en 1993. “No puede quedarse 5 meses más, no tendremos país en diciembre (de 1993)”, fue la “línea” que “bajaron” los conspicuos voceros de ese entonces. Algunos, todavía siguen "bajando líneas" con la misma convicción como lo hicieron en 1993.    

Aunque mi perfil es moderado, viví mi "etapa caliente" con Chávez vivo, pero ya la pasé. No tuve que esperar a que el “padre controlador” ya no esté, para “desahogarme”. No tengo esa “disonancia cognitiva” que noto en muchas personas hacia su figura, después que falleció el 5-3-13. Como registros, quedan mis entradas en el blog (iniciado en marzo de 2007), mis tuits (iniciados en mayo de 2009), y mi presencia en medios de comunicación (con fuerza, a partir de 2005 a 2011). 

Gracias a Dios que pasé esa "etapa caliente", porque ahora mi mente y mis pensamientos están donde tienen que estar en este momento: ¿Cuáles instituciones políticas para metabolizar, masticar, digerir, tragar, deglutir, a un mal gobierno, a una mala oposición; o a un buen gobierno, a una buena oposición, y las personas que no están en esos poderes o no son dolientes directos de esos grupos, salgan lo menos aporreadas posible, y puedan llevar una vida buena? Eso es lo que reflexiono hoy ¿Cuáles instituciones para la gobernanza, con buenos o malos actores en el gobierno, en la oposición, y en la sociedad?

Aunque soy de los que piensa que hay que trabajar para las regionales de 2016, con la mente puesta en las presidenciales de 2018 como primera etapa que comienza en enero de 2019, el clima del “hay que hacer algo ya” y de “cuenta regresiva”, se instaló en la mente de la oposición. Estoy consciente que este análisis seguramente será visto como naïve, porque hay mucho en juego tanto nacional como fuera del país; carreras y prestigios políticos están en una apuesta que tiene fecha de vencimiento: como mucho, julio de 2016, pero una sugerencia, nunca cae mal.  

Aquí va: antes de hallar cualquier “vía constitucional”, parece imprescindible definir un acuerdo de gobierno que especifique claramente y con detalles el qué, el cómo, y con quiénes, para el gobierno que emerja, si las opciones para salir de Maduro y de su gobierno se concretan, y aquél sale.

No me refiero a las propuestas programáticas que se hacen durante una campaña, tampoco a enunciados generales o consignas. No aludo a planes de gobierno. Menos a catálogos de iniciativas, ni tampoco a un listado de cosas que se prometen hacer. Tampoco a acuerdos de arriba o de poderes fácticos (como el de “La Esmeralda”, en 2002, previo al 11-4-02). Me refiero a un plan con el mayor detalle posible, con reglas para proceder, y mecanismos para garantizar el cumplimiento de quienes lo firmen, porque me parece que habrá muchos actores desleales y free riders que lo suscribirán, para luego no cumplir con lo acordado.

Es la manera que veo para la tan esperada por muchos “transición” –yo estoy en otra cosa, en la alternancia en el poder como resultado de una elección- tenga viabilidad y no se venga al suelo, como creo que sucederá si se mantiene la actual manera de enfocar el tema del cambio de gobierno, que se ve como una panacea o que estará exento de riesgos o problemas. Claro, por supuesto, no faltará la consabida frase, “En el camino se enderezan las cargas, y como venga viniendo, iremos viendo”, para justificar la improvisación que nos caracteriza como sociedad.

Aunque puede ser parte de un proceso de debate natural que hay en la oposición, llama la atención a estas alturas del juego, la diversidad de propuestas para cambiar al gobierno, sin que se asome algún mecanismo o regla de discusión o decisión, para decidir cuál vía se seleccionará al final (o vías, como también está planteado). Se habla de enmienda, reforma, y revocatorio; enmienda y revocatorio; enmienda para los poderes; renuncia, y ahora se agregó otra opción: abandono del cargo. Se argumentará que en la oposición no hay “una línea”, y que su naturaleza es la diversidad, pero que al final –como siempre- se llegará a un consenso.

No dudo que sea así, pero con todo, no deja de sorprender que en un asunto tan importante, del cual se viene hablando desde 2013, todavía no exista una “hoja de ruta” unitaria que, al menos, plantee o bosqueje las reglas de decisión para tomar “la” decisión –al menos, formalmente hablando- con algún cronograma de ejecución.

Sin este acuerdo para gobernar, veo difícil que el tan esperado “gobierno de unidad nacional” –estoy en otra onda, aspiro un gobierno con un claro mandato, surgido de una elección presidencial, con los pesos y contrapesos que define la constitución- pueda sostenerse en el tiempo. Si para definir una vía constitucional hay tantos puntos de vista y algunos contradictorios, cómo será ejercer un gobierno sobre el cual caerán todas las expectativas del país –para eso se sacó al de Maduro- y con una luna de miel corta, dado que se esperarán respuestas rápidas a los problemas de Venezuela. 

Si se quieren dar respuestas veloces, eso sugiere un ajuste económico bastante profundo, que necesitará piso político ¿Con cuál, si ni siquiera se planteó qué hacer una vez llegado al gobierno, más allá de enunciados generales que “hay que acabar con la pobreza” o que “los anaqueles estén llenos”? ¿Con cuál alianza política, de verdad, verdad, se hará el “cambio”? Una cosa es sacar una mayoría en una elección, y otra tener una implantación orgánica como fuerza política en la sociedad. Es como confundir la falta de liquidez, con problemas de solvencia económica.

Me luce que en ese futuro gobierno, puede suceder como pasa ahora con el tema de las “vías constitucionales”: que habrá alianzas entre grupos dentro de la Unidad –como se ve ahora, “salidismo” y AD; PJ-Capriles-y tal vez Falcón, por otro lado- y campañas para gobernadores y para las presidenciales, aunque no se presenten así, para "no herir susceptibilidades". Podrán aparecer los grupos y sus dolientes ¿Cuál grupo de economistas para hacer el ajuste, a cuál poder o factor responderán? ¿Cómo se resolverá eso? ¿Cómo se abordará el tema de las grandes empresas del Estado? ¿El de la deuda, el de los recursos externos, etc? Y así tantas interrogantes. Pero bueno, aparecerá de nuevo, “Cuando llegue ese momento, veremos”. Elogio a la improvisación.

En un ambiente así, sin un acuerdo que una a las partes que compiten aunque estén en un paraguas unitario y que las obligue a ser consecuentes con ese compromiso, los beneficiarios finales y quienes seguramente llevarán la fulana “transición”, serán “al final del día”, los militares. No deja de ser también llamativo, que un discurso que enfatiza el “civilismo” por oposición a los “milicos”, pueda terminar, como dice el refrán, “cachicamo trabajando pa´lapa”. No sé si eso sea lo que "inconscientemente" busca la sociedad: que los militares la releven de las responsabilidades de ser civil, por lo exigente que será hacer los cambios y ajustes que demanda y ha pospuesto por décadas Venezuela, para avanzar y prosperar. 

En resumen: antes de definir la “vía constitucional”, hay un paso previo, muy importante: acordar de forma detallada, cómo serán las reglas institucionales para ese futuro gobierno que se busca, y qué hará, cómo lo hará, con quién lo hará, los tiempos para hacerlo, los mecanismos para manejar las diferencias, para garantizar el cumplimiento de los compromisos, y los criterios de decisión para los asuntos de Estado más relevantes. Sin esto, opino que no habrá "transición" viable. 

Regreso a mi opción. Trabajar en 2016 y 2017 con la meta puesta en las presidenciales de 2018, no nos salvará de nada ni es garantía de tener ese acuerdo para gobernar, pero sí ofrece tiempo para pensarlo y detallarlo, y no sea el resultado de una urgencia que reclama “esto ya no aguanta más”. Además, el trabajo político de verdad ofrece una implantación social que será la clave para la estabilidad de cualquier gobierno en el futuro. Y, de nuevo, hacerlo toma tiempo. Que la AN funcione, que al mismo tiempo se recuperen espacios regionales y municipales, que realmente te vincules con el país y no con los “sospechosos habituales” de siempre, ayudará a tejer una red política que servirá como amortiguador para un gobierno futuro –por vía electoral, en el tiempo que corresponda- que probablemente tenga que hacer un ajuste más profundo, para corregir los entuertos que hoy tiene la nación. 

Me luce que es la vía, no la más segura ni la más popular, pero sí la más sana y la de mayor fortaleza política, para que los gobiernos futuros puedan trabajar a favor de la prosperidad nacional, y tal vez ayude a darle entidad a la alternancia en el poder, principio fundamental de la democracia.     

miércoles, 17 de febrero de 2016

¿Camimpeg o cuál FAN para Venezuela?




En la Gaceta Oficial del 10-2-16, se informó sobre la creación de la Compañía Anónima Militar de Industrias Mineras, Petrolíferas, y de Gas (Camimpeg), con un objeto social sumamente amplio (artículo 3). El decreto que la formalizó tiene 12 artículos.

El anuncio generó controversia en medios y redes sociales por diversos motivos -un “golpe de Estado”, evidencia el “carácter militarista del régimen”, el precio que “paga Nicolás para que lo sostengan”, “hasta cuándo los milicos”, entre otros- pero mi desacuerdo con la creación de esta empresa apunta al lugar de esta organización en el entramado social venezolano ¿Qué sentido tiene promover una empresa así, la que prácticamente hará de todo a la luz de su razón social; una mega empresa, cuando hay otras instituciones públicas y privadas que ya lo hacen, y posiblemente mejor que una futura compañía militar, que duplicará esfuerzos y procedimientos?

La real politik responderá que es el juego de poder: apoyos y concesiones, o apoyos que las FAN cobran caro, para ser una suerte de Estado por encima del Estado, ni siquiera dentro. El juego de poder: quiero tu apoyo para seguir en el poder ¿qué pides a cambio? En el juego de concesiones, la política se desnaturaliza y se vacía, espacio que ocupan los militares.

Camimpeg sería la versión venezolana del Codelco y las FAN de Chile, por cierto, legado de Pinochet.

Una visión más antropológica diría que al ser las FAN una organización con una doctrina y capacidades, en un ambiente político polarizado y fracturado –no hay grandes organizaciones civiles y políticas en Venezuela, electorales sí hay- lo que resulta “natural”, entonces, es un corporativismo de las FAN. Se asumen como el cuerpo de la nación; los mejores exponentes del “Estado mágico” de Fernando Coronil. 

Así las cosas ¿Si ellas son el cuerpo social, por qué no habrían de tener una empresa en lo que define la identidad venezolana por armonía o por oposición: el petróleo y la minería? Las FAN cuidan nuestra esencia –la tesis que somos “un campo minero” o del “hotel” de Cabrujas- luego, tienen que proteger al petróleo y la minería. “Empotrarlas” socialmente en lo que somos.  

Las anteriores, no son mis cuestionamientos a Camimpeg. Son reparos de orden político y gerencial. Aclaro que no me molesta que los militares incursionen en áreas gerenciales o productivas. De hecho, muchas tecnologías y aplicaciones de amplio uso en el mundo civil, fueron pensadas o diseñadas en o para el mundo militar: el correo electrónico y el horno microondas, por ejemplo. Si esto se hace desde la conservadora y vetusta visión de las élites y grupos de poder venezolanos de una “empresa del Estado”, o desde concepciones más modernas como el husbandry State, es otro asunto, que escapa a esta entrada del blog, pero la tecnología civil y militar pueden complementarse para usos militares o civiles.

Otra razón para no cuestionar esa incursión militar en lo gerencial es que la defensa es un bien público, pero costoso, más si se asume que la paz es el mejor estado para la seguridad y defensa. Claro, para lo anterior, hay que tener unas FAN preparadas, equipadas, y con capacidad para responder ante situaciones que demanden su empleo, y aquí entra la clásica disyuntiva de los economistas (la primera vez que lo leí "de muchacho", lo hice en el libro Economics de Paul Samuelson): cañones o mantequilla.

Esta disyuntiva es vieja, pero lo nuevo es el contexto en donde se da, en específico, el contexto venezolano, con unas FAN cuya naturaleza –igual fue con Punto Fijo y con Pérez Jiménez- es equiparse ampliamente, con aparatos muy sofisticados, y todo eso requiere dinero. Bien pudiera nuestro Himno Nacional comenzar con “Primero muertos que sencillos”, porque Venezuela –y sus FAN- optó por un estilo de vida complicado y costoso, para nada sencillo y funcional, y eso cuesta mucho dinero, que en el pasado fue posible mediante grandes subsidios de economía política, que hoy no parecen viables ni deseables, por los “efectos secundarios” (y perversos), que padecemos todos en la actualidad.

Que las FAN tengan sus empresas y puedan generar ingresos o que exista un sector defensa público-privado que lo haga, puede ayudar a liberar recursos públicos para producir “más mantequilla” y “menos cañones”, vía gasto público. Pero este no es el diseño para Camimpeg. Es la misma lógica de Venezuela: creo una C. A. pero la alimento con recursos del Estado. 

Si se busca un productivo sector defensa ¿Por qué no ponerlas a competir, y que generen sus propios ingresos, o promover “incubadoras de empresas” que creo es la idea de la Fundación Murönto, ente adscrito a las FAN? Ya parece agotado eso de crear empresas con la lógica capitalista, pero alimentadas con recursos públicos. Que inicialmente sea así, puede ser, pero ¿Por qué no dar un tiempo para que estas empresas generen sus recursos, y se establezca en el decreto que las crea? Algo como, “Esta empresa recibirá recursos públicos durante los primeros 5 años de operaciones. Pasado ese lapso, la empresa deberá generar sus propios ingresos o cerrar conforme a la ley….”, o algo así. Urge romper la inercia de Venezuela.  

¿Quién produce y qué se produce? En la mayoría de los países del mundo, existe un sector defensa con  empresas públicas y privadas o con la lógica de una empresa privada (tal vez por esto, la gente conozca más la marca de fusiles AK, que una marca de neveras soviética o rusa). En Venezuela, la ruta es otra: empresas del Estado militares: de transporte, de construcción, agrícolas, y ahora esta nueva mega empresa para todo.

Existe la Fundación Murönto, la que acierta al identificar la ciencia, la tecnología, y la productividad como claves para tener una industria de la defensa, pero me luce que su actividad está en sus comienzos. Y la ciencia también cuesta bastante, con el agregado que requiere de mucho tiempo, de redes, de articulación entre centros de estudios, de investigación, situación que no caracteriza en mucho al mundo de la académico venezolano.

Así, llegamos a lo político. Puedo decir junto a Przeworski –sin su trayectoria o experiencia- que, “al final del día”, lo esencial de la política son los límites al poder y la alternancia. Lo demás, es lujo (“hombres virtuosos”, “buenos gobiernos”, “gobernantes honestos”, etc).

En el diseño institucional de los límites al poder en el decreto que crea Camimpeg, son muy débiles. Apenas que debe seguir los lineamientos “que dicte el Ejecutivo Nacional” (artículo 6), o la revisión de la Procuraduría General de la República (artículo 10). Más nada. Ningún control o “check and balance” político.

Todo lo anterior conduce a la visión de las FAN que como sociedad tenemos y podemos tener. Aunque en su momento Punto Fijo hizo por las FAN, al igual que el gobierno de Chávez y el de Maduro –las consecuencias políticas de cada uno, que es lo polémico, será para otra entrada o para los famosos debates- no siento que esas visiones recojan la complejidad de la Venezuela actual, país con puntos comunes pero con muchas fracturas. Me luce que las elites siguen viendo a Venezuela desde la cómoda posición que ofrecen doctrinas estáticas. 

Entre la idea de unas FAN como “mal necesario” –que domina la opinión opositora, a pesar que ha pasado mucho tiempo desde 1998, y bien pudieron reflexionar sobre las FAN de Punto Fijo, y cuál visión ahora- y la posición de unas FAN partidizadas –que domina el sentir del mundo oficialista, también ancladas en lo vetusto: Lenin- existe otro enfoque más moderno: unas FAN que no estén encerradas, pero que tampoco copen la escena. Que puedan deliberar en los asuntos de su competencia y en sus espacios; y con la autorización del poder civil, puedan hacerlo en la esfera pública, si corresponde. Que puedan adelantar sus emprendimientos, pero con una gerencia más dinámica y menos protegida, que haga contrapeso al corporativismo inherente al mundo militar, para evitar monopolios políticos. Esta visión trae otros problemas, que tampoco corresponde examinar en esta entrada.  

El decreto que crea Camimpeg, hace propicio deliberar ya sobre cuál tipo de FAN quiere la sociedad venezolana.                   

miércoles, 13 de enero de 2016

Conflicto TSJ-AN



El análisis del pulseo AN-TSJ que llegó a su máxima intensidad el día 12-1-16 y su resolución inicial el día 13-1-16, puede hacerse en dos niveles: institucional y político.

En el plano institucional, el conflicto y resolución inicial, pueden dejar una balance favorable, si aprendemos la lección.

Como argumenté en la entrada del blog “Instalación de la AN 2016-2021”, la pugnacidad y el conflicto buscan sus equilibrios, y se define el modo cómo el gobierno y la oposición se van a relacionar, ahora que la Unidad es mayoría dentro de uno de los poderes de la República, quizás el poder más importante, porque representa a todo el país.

De manera que este conflicto entró en esa gran dinámica de lo que podemos llamar la “tracción política”, y todo lo que contribuya a que la política fluya dentro de canales institucionales, es bienvenido.

La sesión de la AN del 13-1-16 transcurrió sin contratiempos, y la pugnacidad sucedió dentro de la dinámica parlamentaria (que muchas veces es pugnaz). Que el país pueda llevar sus conflictos –insisto: somos un país fracturado, y no una sociedad “unida”, pero “los malos nos dividieron; salgamos de los malos, y seremos felices”- es sano para el funcionamiento político de la nación. Que el conflicto político se haga agonal, no debe ser visto como una claudicación o “que la gente se acostumbró”.

En Letras Libres leí un provocador análisis sobre el “SOTU” que Obama ofreció el día 12-1-16. El último de su Presidencia. El análisis elogiaba a Obama porque su discurso estaba alejado del cálculo político, y más centrado en sus valores.

Esto lo tomo porque estimo que el objetivo político fundamental en la Venezuela de hoy, es lograr que el conflicto transcurra dentro de reglas. Reglas, además, que son inéditas. La situación política es otra. Esto puede parecer de Perogrullo, pero la paz en nuestro país tienes menos aliados de lo que parece. Es más fácil hablar de la paz, que hacer la paz. Por una razón política muy sencilla: si hay paz, si el país se normaliza en algo, eso implica que los adversarios se reconocen, y algunos grupos quieren que eso no ocurra, no solo porque sus proyectos son excluyentes, sino porque en esta crisis, han logrado un poder que no quieren ver disminuido.

Ver a una AN sesionando como lo hizo el 13-1-16 –la bancada de la oposición llevó su propuesta de ley acerca de la propiedad en los urbanismos de la GMVV; la bancada del GPP trajo los retratos de Bolívar y Chávez, para rechazar lo que consideran un agravio; o que se toquen temas necesarios como la situación de las universidades públicas- de forma normal, puede no gustar a cierto clima de opinión y factores de poder, porque supone diálogo y reconocimiento, así no se diga formalmente, y eso ayudará en el tiempo a reducir el incordio. Necesario, si como sociedad queremos avanzar.

De manera que es poco lo que se puede agregar o decir. Venezuela ganó institucionalmente al atajar el conflicto, y todo lo que sume a la “tracción política” para que tenga su propia dinámica –que será pugnaz- al menos en mi caso, lo apoyo. La paz bien lo vale, la paz completa, no la “paz de Pozo Salado” -que es la paz hacia donde ciertos actores políticos nos quieren llevar en el mejor de los casos- de la que escribió Caldera en su libro Los causahabientes.

El análisis político es más complicado, y tal vez más polémico, dependiendo de dónde se ubique la persona que lo lea. Trataré de ser lo menos controversial posible.

El punto político genera debate: en ausencia de contrapesos efectivos –el TSJ responde a los intereses del gobierno, las FAN participaron en un acto partidista del gobierno el día 7-1-16- ¿Tiene la oposición la fuerza para desafiar al gobierno o hacer su punto frente a la vulneración de la voluntad popular (sentencia del TSJ de fecha 11-1-16, por ejemplo)? No es si tiene el derecho a su favor, sino la fuerza ante una arbitrariedad. No es solo un asunto jurídico, sino de poder político.

De otro modo ¿El 6D se ganó una elección o fue el día en que “cayó el Palacio de Invierno”, el bunker del Führer, algo como que “Tachito” Somoza dejó el poder en Nicaragua, o fue un 23-1-58?

De otra forma: qué va mejor para los objetivos de la oposición ¿Buscar un conflicto cuyo desarrollo será incierto, o reforzar y avanzar en lo logrado el 6-12-15?

Me parece que la oposición se comportó hasta el 13-1-16 como si hubiese caído el bunker del Führer. Si ese era el caso, está bien –igual, yo no lo haría- tumbe todos los retratos y estatuas que quiera (como pasó en Venezuela, a la muerte de Gómez y a la caída de Pérez Jiménez).

Pero si lo que ocurrió es que se ganó una elección, muy importante, además ganada contra muchos obstáculos; y pasa lo que muchos llaman “transición” –tampoco creo que sea eso lo que suceda, pienso que el pueblo está en el “largo camino hacia la alternancia en el poder”, y al gobierno de Maduro lo veo como una “democracia delegativa” de tipo corporativa, para tomar prestada la expresión de O’Donnell- hay que comportarse, entonces, como en una “transición”. La primera regla en una “transición” es no fanfarronear. Hacerlo, tiene un costo político alto. Quien fanfarronea debe cumplir lo que dice. El que se siente amenazado, va a responder.

Por eso no me parecen oportunas las expresiones que si “el gobierno cambia o lo cambiamos”, “en 6 meses daremos una solución constitucional para la salida del gobierno”, “si el gobierno se convierte en un obstáculo, el pueblo lo cambiará”, porque son desafíos que activan la amenaza y la respuesta. Que el gobierno no necesita de excusas para cometer arbitrariedades, no es motivo para "ponerla de bombita". 

Más sencillo hubiese sido decir la misma noche del 6D “anunciamos que el próximo paso es una consulta de X tipo, para conocer la opinión del pueblo sobre la permanencia del gobierno”, o “la MUD se declara en sesión permanente para tratar este tema, y en una semana informaremos al país cuál vía para que el pueblo se pronuncie sobre la permanencia del gobierno”. Al menos, es algo claro. El mandato del 6D fue para tomar decisiones claras, no para seguir en la agonía política, que eran los escenarios intermedios (en los que estaban mis pronósticos; mayoría de votos para la MUD, mayoría mínina de escaños para el GPP). Los electores se obstinaron de la agonía política, y votaron por una situación política para decidir con claridad, sin tantas condicionantes, que si "cambias o te cambiamos".

No sé mucho de “transiciones”, pero de lo que sé o recuerdo, no hay nada como desafíos al gobierno que se quiere cambiar o que dejó el poder. La tan citada “transición española”, no recuerdo desafíos de Santiago Carrillo, por ejemplo. El comunista reconoció a la Monarquía y el PCE fue legalizado. Es decir, una negociación política. Que eran Carrillo y Suárez, dos políticos de nivel, bueno, perfecto. Veamos otros casos.  

También se habla mucho de la “transición chilena”. Está bien, Pinochet reconoció los resultados del plebiscito de 1988, y no se puso como el PSUV luego del 6D. Pero Pinochet se aseguró provisiones post-plebiscito para garantizar su poder: senador vitalicio y Comandante del Ejército, hasta 1998. No recuerdo que Aylwin o Frei lo hayan desafiado como Presidentes de la “transición”. No sé si dijeron, "En 6 meses, daremos una solución para que Pinochet deje de ser Comandante del Ejército". La sociedad chilena tuvo que lidiar con lo que representó el general, hasta su muerte en 2006 (todavía lidia con “su legado”).

Tampoco recuerdo que Mandela como Presidente haya desafiado al Apartheid. Perfecto, le tocó de contraparte un caballero como De Klerk, pero fue Mandela quien pidió dialogar, y lo hizo en 1985 en carta enviada a alguien no tan caballero, cuyo apodo era “El cocodrilo”: P. W. Botha.

En Venezuela, Betancourt gobernó con la constitución de la dictadura de 1953, entre 1959 y 1961. 

En un extraordinario libro publicado cuando Rómulo cumplió 50 años de vida política (en 1978), Multimagen de Rómulo –es un libro de poco texto, y muchas fotos de Rómulo en diferentes facetas- en la parte de su relación con las FAN, no aparece nada como un Betancourt que “si los milicos” o cosas de esas, sino a un Rómulo que se metió en la piel militar –saludando con aprecio a un Policía Naval, encaramándose enfluxado en un tanque, “esas vainas de Rómulo”; con la mirada de satisfacción y aprecio del tanquista- y por eso tal vez pasó del “odiado Betancourt” para las FAN de 1958, al respetado Comandante en Jefe de 1964, cuando recibió una emotiva despedida de su Casa Militar y de las FAN, a pesar que le tocó enfrentar 11 intentos armados para desalojarlo de “la silla”, algunos muy violentos como El Porteñazo (En 1962. Héctor Rondón de El Nacional ganó un Pulitzer, por la foto que le dio la vuelta al mundo, del Subteniente del Ejército Rivero Sanoja, agonizando en brazos del Padre Padilla, Capellán de la Basa Naval CA. A. Armario, en La Alcantarilla), y Betancourt no era "ninguna perita en almíbar".

Lo anterior es historia. Seguro. Pero hoy ocurre una “transición” en “vivo y directo”: Myanmar. El partido de Daw Suu –“La dama”, en la película; quien en 1992 recibió el Premio Simón Bolívar- ganó en noviembre de 2015 las elecciones parlamentarias de su país, con un valor cercano al que logró la MUD el 6-12-15: 57% y el 77% de los escaños del parlamento de Myanmar.

Hago seguimiento a esta “transición”, porque es interesante y porque el liderazgo de Daw Suu me parece se ajusta mejor a los retos del Siglo XXI.

Hasta donde he leído, no registro ningún desafío de Daw Suu a la poderosa “junta” de ese país. No dijo que había que cambiar el sistema parlamentario, por medio del cual los militares designan a dedo, el 25% del congreso de esa nación, por ejemplo. 

En Myanmar, hay algo como una "ANTV". A Daw Suu le preguntaron acerca de eso, y respondió sencillamente algo como, "Que la opinión esté toda concentrada en medios del Estado, no es bueno para la democracia".

Más bien, se reunió con los militares. Los mismos militares que asesinaron a tiros a su papá, los que la chantajearon con el cáncer terminal de su esposo, quienes le robaron la elección que ganó en 1990, quienes la encerraron entre 1988-2010, quienes promovieron que fuese inhabilitada de por vida –ella no puede ser Presidenta de su país, aunque gane- y quienes le fregaron la relación con sus hijos. Se reunieron. Créalo o no. Los rumores dicen que acordaron promover la “transición” en la nación asiática. El acuerdo –se dice- fue firmado sobre un billete de ese país.

Lo que quiero decir es que –al seguir la lógica de C. Schmitt- si se sigue la retórica de cierta oposición que plantea todo en términos suma cero, entonces, lo que hará política es la decisión para definir al “enemigo”. Así las cosas, solo queda actuar. Ni la sociedad venezolana, el gobierno o la oposición, tuvieron estómago entre el 11-12 de enero de 2016, para embarcarse en una crisis incierta. Tal vez el gobierno mostró algo más de riesgo, que tampoco debe sorprender. 

Quienes en redes sociales obstinadamente tratan de convencernos que "sí tienen estómago" frente al resto -nosotros, "los débiles"- no fueron capaces de ir más allá de escribir tuits. Ni siquiera pudieron organizar como un relámpago, un conversatorio para explicar por qué la sentencia no debía acatarse. Eso que muchas de esas personas, representan intereses muy poderosos. Por falta de recursos, no fue. 

Si no hay estómago para la distinción schmittiana “amigo-enemigo” ¿Para qué insistir en eso? ¿Sólo para complacer una opinión que lo quiere es manifestar su frustración por tantos agravios, en la espera mágica de la "crisis terminal" que produzca la también mágica "transición"? ¿Es esa la responsabilidad política, incluso en modo de Razón de Estado? ¿No se supone que no es para satisfacer agravios personales, sino razones de mayor vuelo, del Estado?

Los ejemplos previos muestran que una condición para una “transición” exitosa, es la humildad, es tragarse el orgullo. Algo difícil de hacer en una sociedad como la venezolana, acostumbrada a aplastar. Pero no seamos dramáticos: tal vez ser prepotentes, pero poco serios, hoy sea un factor de estabilidad para evitar hechos violentos. Ese sentido de supervivencia de las elites –al final, están muy bien, aún con una inflación de tres dígitos- que evita que “la sangre llegue al río”. Me gustaría que fuésemos más serios, menos fanfarrones, y más arriesgados cuando se trata de ser consecuentes con una decisión tomada, pero que no lo seamos, quizás sea mejor. Posiblemente, es lo que haga posible, a largo plazo, que nuestra sociedad pueda hacer las paces consigo misma.

Quizá la lección del 11-12 de enero de 2016 sea esa: desafiar y al mismo tiempo, pretender una “normalidad institucional”, no es posible. O es una, o es otra. A los venezolanos nos cuesta decidir, pero esta disyuntiva exige una decisión.

Que la oposición haya optado por desincorporar a los diputados de Amazonas, me parece una decisión prudente. No sé si sea buena o mala. No es una decisión con la que uno se alegre o no, aunque la hubiese tomado de estar en los zapatos de quienes dirigen la política de la oposición, pero en política, porque mantiene la majestad de la AN, y ofrece a los diputados que se desincorporan, maniobra política. Pero la reputación es importante, como saben los políticos profesionales.

Si al final se iba a aceptar la sentencia del TSJ ¿Por qué el desafío? Pudiste acatarla, y al mismo tiempo ser muy corajudo en tu parte jurídica, si fuerza era lo que había que mostrar, pero arriesgaste tu posición política en esa acción que todavía no tengo claro los beneficios. Pudiste, incluso, tener una acción para disuadir al gobierno o intentarlo.  

Por ejemplo, con el tema de “los retratos”, el esfuerzo de la oposición para dirigirse a las FAN, se vino al suelo. A lo mejor no interesa tener una política militar, bueno, está bien. Tampoco tengo claro el desafío en cuanto a su articulación. Por ejemplo, con la carta de Almagro, quien es un “check and balance”. Preferiría que no fuese así –que los venezolanos podamos resolver nuestras diferencias- pero ese contrapeso de la OEA hace falta, pero la carta de Almagro vino luego de lo que la AN dijo.     

Considero que el gobierno mostró mayor articulación y capacidad de respuesta que la oposición en este lance, y logró poner su punto (acatar la decisión del TSJ). En poco tiempo cuando salió la crisis el 11-1-16, puso a 4 figuras importantes a actuar de forma simultánea: en el ataque, Héctor Rodríguez; para presionar, a Cabello; y los “canales de comunicación” seguramente con Maduro: Istúriz y Cilia Flores. En cambio, la directiva de la AN dijo algo el 11, y lo volvió a hacer el 13-1-16.

Por cierto, llama la atención cómo Cabello atrae a los periodistas en la AN. Los "tacos" lo persiguen. Me luce que Cabello ya es nuestro "Donald Trump": siempre dirá o hará algo que será noticia.

El gran reto para la Unidad de cara al futuro, es ponerle límites al gobierno, porque éste se creerá triunfador y seguramente va a "cobrar" la decisión del TSJ del 11-1-16. El riesgo es ¿Si arriesgaste tu posición una vez, porqué no arriesgarla otra vez, si te vuelven a presionar? ¿Cuál es el límite?

La oposición brilla cuando toma el camino institucional, de las elecciones: fue muy competente para ganar el 6D, algunos de sus diputados relumbran en las sesiones, el pueblo los recibe con cariño, y muestran lo mejor de sí.

¿Qué eso supone ser “débil” o tener una “AN boba”? No, la AN debe cumplir con sus funciones, pero debe tener su hoja de ruta, y pensar su estrategia de forma responsable. Insisto en que la tarea de la nueva AN es ser cuerpo vivo, no un simple edificio, que la inercia no se la coma.

Que esa normalidad en el parlamento se retome –que será conflictiva- apuesto a que cae bien en la gente como uno: no es el Maidan o las tesis importadas de “la calle”, sino la "épica de la democracia": con el voto, otorgar el poder a un grupo político determinado para que haga su trabajo. Si la oposición se perfila como alternativa, me atrevería a apostar que el pueblo le dará el poder para ser gobierno en 2018 (o antes, si quienes empujan la tesis de la salida del gobierno antes de su lapso constitucional, que perfectamente pueden intentarlo en el marco de la carta magna, tienen éxito), sin drama, aunque las diferencias con el gobierno y el conflicto, seguirán en el nuevo gobierno.

Si las horas de tensión que vivimos entre el 11 y el 13 de enero de 2016, ayudan a que el conflicto tome cauces agonales y no existenciales, pueden ser una lección de política que nos ayude a crecer como comunidad. 

viernes, 8 de enero de 2016

Instalación de la AN 2016-2021



El día 5-1-16 se instaló la Asamblea Nacional para el lapso 2016-2021. Analizaré la instalación al seguir un sencillo esquema: a.-la instalación en sí; b.-las acciones de cada grupo político; c.-los temas de fondo de cada sector político; d.-los riesgos para cada bloque parlamentario; y e.-lo que faltó en la instalación.

La instalación. 

Me pareció buena. Aunque la noche antes rodaron las "bolas" que el 5 estallaría “la tercera guerra mundial” –aclaro: no estoy en el Grupo Catástrofe o Grupo Casandra- salvo incidentes muy lamentables con profesionales de la comunicación y algunos diputados, la instalación se concretó, con la dinámica propia de un parlamento con grupos que tienen posiciones diferentes: un conflicto dentro de lo aceptable.

Fue un acto republicano, en la medida que todos se igualaron en el hemiciclo, y lo democratizador de ese día, fue el trabajo de los periodistas, especialmente con los jefes del PSUV. Por ejemplo, Diosdado Cabello interrogado sobre diversos temas por los comunicadores, y en algún momento, un contrapunteo pugnaz, pero pienso que el funcionario público debe someterse a la libertad de expresión, y los periodistas, hacer preguntas difíciles para tener lo mejor del entrevistado. Por supuesto, hay formas de formas. El tira y encoje con Cabello lo aprecié como un momento igualador, donde una persona –por ejemplo, con el poder de Cabello- no está exento de preguntas incómodas, y responder como uno más. No aprecié bien la pregunta que se le hizo a Cilia Flores, “qué opina de los narcosobrinos”. No porque no haya que preguntarle eso –hay que hacerlo- sino por el estilo “sabrosón” de la pregunta. Entiendo que el “malandreo” y lo “sabrosón” es la moda y te “hace viral” –ya eres “una celebridad”- pero lo “cortés no quita lo valiente”. La pregunta se pudo formular mejor, y con más provecho periodístico.

La instalación arrancó puntual, poco después de las 11am, y terminó poco después de las 2pm. Sí extrañé la guardia militar que se estila para estos casos. Que la AN sea de mayoría de la MUD, no le quita majestad o importancia para no haber tenido la guardia el día de su instalación. A pesar que valoro a las FAN, aquí falló el alto mando y el mando civil.

El “acto de desagravio” de las FAN no es excusa –sin entrar en el fondo porque sería otra entrada- porque la instalación de la AN ocurrió antes de los hechos que generaron la reacción militar el 7-1-16.

Las acciones de cada bloque político. Comienzo con las del gobierno.

Hasta el momento, el gobierno aplica acciones de un bloque minoritario en el parlamento: tácticas dilatorias y obstruccionistas, de manera que los puntos se tranquen o se retrasen. El jefe del bloque –Héctor Rodríguez, en este caso- sube a cada rato para hablar con el Presidente de la AN, y cosas así. Hasta aquí, lo veo como parte de la dinámica pugnaz de un parlamento con ideas contrapuestas, que apunta a los famosos gridlocks, que pueden ocurrir en parlamentos muy idelogizados. Por ejemplo, el de los EUA, que ha llevado a que Obama, para evitar el proceso legislativo porque se tranca, usa con frecuencia las executive orders, como lo hizo al anunciar la política para reducir los asesinatos por armas de fuego, el día 5-1-16. 

Sin embargo, con el tema de los diputados de Amazonas y los “petitorios” hechos por el PSUV al TSJ el día 7-1-16 -la extraña tesis de la "reciprocidad en el desconocimiento"- las acciones del gobierno se colocan en otro nivel: de la pugnacidad política, se pasa a tratar de hacer irrelevante a la AN desde el punto de vista político, complicarle la vida, tratar de hacer de cualquier cosa un tema opinión pública, mientras trata de recuperar la ofensiva política con el cambio de gabinete, al que analizo no en blanco y negro, sino me parece que hay varios análisis en ese nuevo gabinete. Pienso que el cambio apunta a lo que puede llamarse "flexibilización muy administrada". El titular y sumario de la primera página de El Nacional y un artículo en Prodavinci los dos el 8-1-16, recogen y examinan bastante bien la lógica del nuevo gabinete.   

Diría, en dos platos, que Maduro busca recuperar la ofensiva política con el cambio de gabinete, y eso pasa porque la AN sea un espacio políticamente disminuido.

Desde este punto de vista, el reto de la directiva de la AN es evitar que la inercia se la coma. Así, Ramos Allup arrancó bien al llamar a sesiones el día siguiente, que ayuda a comunicar una disciplina de trabajo. El tiempo dirá cómo se acopla esa disciplina de trabajo. En otras palabras, que el clima de inercia, de brollo, no atrape a la nueva AN, y pierda de cara a los votantes, su simbología de cambio y su capacidad para la eficacia política y de políticas.

La oposición, en cambio, maneja acciones diferentes: en general, las acciones tienen como eje evitar caer en las provocaciones de la bancada del PSUV, y mostrar que es diferente en el ejercicio parlamentario. Esto se vio en la sesión del 6-1-16, la habilidad política con la que Ramos Allup manejó el tema de los diputados incorporados, cuando Héctor Rodríguez afirmó en cámara que habían votado, y Ramos le contestó que no estaban presentes y, en consecuencia, no votaron (el tema jurídico de las impugnaciones, es otra cosa. Si bien difiero de lo hecho por el PSUV, opino que la sentencia debe acatarse, y dar la pelea en lo jurídico, como explico más abajo).  

Los temas de fondo de cada grupo político.

En cuanto a la Unidad, desde el punto de vista político, el tema de fondo es el “cambio del modelo” o “la solución constitucional para la cesación del gobierno”.

Sobre el gobierno, su planteamiento de fondo es “la defensa de las conquistas sociales”, que se concreta en resaltar los distintos programas e iniciativas sociales que ha promovido el gobierno desde 1999.

Los retos para cada bancada parlamentaria. Observo dos desafíos para la Unidad, y uno para el PSUV.

Para la Unidad. 

El primero es cómo conciliar las dos agendas que en mi opinión se presentaron durante la instalación de la AN el día 5-1-16. Ramos Allup presentó la agenda política, Julio Borges la agenda parlamentaria y de políticas.

No es que las dos agendas se contradigan, pero el nivel de cada una es distinta. Ciertamente, política y economía están estrechamente vinculadas: para asignar recursos escasos, nos preguntamos cuál sociedad aspiramos. No obstante, no es lo mismo, por ejemplo, hablar de la propuesta de ley de producción nacional, que plantear que dentro de 6 meses habrá una “solución constitucional” para salir de Maduro y su gobierno. Hay relación, pero no precedencia. 

Si bien el nuevo mantra parece que será que “si no se resuelve lo político, no puede resolverse lo económico” –siempre el mismo juego: todo o nada, lo tomas o lo dejas, para encallejonar el debate y llevarlo a la conclusión que se espera: “es verdad, hay que sacar al gobierno”, y con eso, amarrar a las “ovejas”, a las “que se portan bien” y a las “descarriadas”- lo cierto es que adelantar objetivos tan ambiciosos en una sociedad con carencias de recursos de todo tipo, no solo va a ser difícil, sino va a generar tensión. Cómo se manejará esa tensión para evitar que esas metas no se cumplan o naufraguen en el camino, es uno de los retos de la bancada de la Unidad en la AN.

El segundo desafío es la relación AN-MUD, y si cada una tendrá su vida propia o se superponen. Antes del 6D, la MUD tenía sus espacios, su dinámica, pero luego del 6D, esto cambió. Principalmente, porque los integrantes de la instancia de decisión política de la Mesa -el llamado G4, aunque se comenta que ya es el G6- sus titulares son parlamentarios (Ramos Allup, Borges, Márquez, y Guevara; y AP y el movimiento de Guarulla), sino porque también la instancia de secretaría de la MUD –Cartaya- está igualmente en la AN, en la Secretaría de la Cámara.

¿Cómo harán para conciliar sus actividades parlamentarias con las de jefes políticos? En condiciones normales, esto no sería problema porque, justamente, es lo normal: jefes políticos son parlamentarios, pero la diferencia es que en el caso de la MUD, la instancia de decisión es pequeña –G4 o G6- y todos están en la AN.

Esta tensión fue visible en la rueda de prensa del día 8-1-16, dado que la rueda de prensa fue dada en la AN con Enrique Márquez, pero como Primer Vicepresidente de la AN y no como Presidente de UNT, y Jesús Torrealba, como Secretario de la MUD ¿Dónde termina la MUD y dónde comienza la AN, o dónde termina la AN y dónde comienza la MUD? Son límites políticos borrosos y que tal vez no tengan claridad, por lo que serán fuente de tensión ¿El G4 o G6 y la MUD formal se reunirán en la AN o mantendrá sus espacios fuera de la AN y su propia dinámica, y no será absorbida por la AN? No es lo mismo que los cuatro políticos del G4 interactúen como parlamentarios en la AN, que como titulares de una instancia partidista, en términos formales. Si es así, esto puede plantear interrogantes en cuanto a los límites. Por ejemplo, ¿La dirección del PSUV puede reunirse en los espacios de la AN, la del PCV, o la de Vente Venezuela, UNT o AD? ¿La AN es al mismo tiempo la sede de los partidos o alianzas políticas? Es como que si la sede de PSOE, por poner un ejemplo -Ferraz- estuviera en las Cortes. 

Lo anterior, sin examinar qué puede ser más eficaz desde el punto de vista de la "gerencia política" ¿La superposición de ambas instancias –AN y MUD- o que cada una tenga su espacio, y definan un mecanismo de relación política?

No sé si sea por las mismas razones que acabo de mencionar, pero Jesús Torrealba comentó en una entrevista  a AFP el 4-1-16, que la “Unidad debe reinventarse”. Si la correlación política cambió luego del 6D, así debería analizarse en la oposición, por lo que estimo oportuno lo planteado por Torrealba.

El reto del gobierno es cómo llevar el tema sobre la demanda su salida, y la realidad política de Venezuela.

Si bien el cambio de gabinete sugiere que el gobierno comienza a poner “un cable a tierra”, el discurso principal del PSUV y medios oficiales sigue igual. Parece que el 6D no ocurrió. Un contenido inelástico, que más bien lo coloca como un grupo político que no es capaz de sintonizarse con las expectativas del país, sino solo con el discurso oficial.

Aunque he expresado que no favorezco la salida del gobierno y sí el cumplimiento de los lapsos constitucionales para los cambios de gobierno (regionales, local, y nacional), que sectores lo formulen no debe ser visto con aprehensión, si se plantea desde los mecanismos que establece la constitución. Esta permite que se hable desde el revocatorio hasta una constituyente, y no debe verse como algo extraño o peligroso. El debate, más bien, es político ¿Conviene activar estos mecanismos? ¿Cuáles serán sus consecuencias? ¿Es el momento para hacerlo? ¿Qué piensan los ciudadanos?

Si están en la constitución, imagino que el constituyente los incluyó al ponderar que a un gobierno se le puede evaluar a mitad del período –un check and balance para un sistema presidencial- o que se puede cambiar una constitución, posiblemente al tener en mente que un sistema político puede perecer por tener una carta magna muy rígida. De manera que la constitución prevé mecanismos que incluyen la posibilidad que el gobierno cese antes de su mandato establecido por la propia carta magna.

Que Maduro y Tania Díaz hayan asomado que el gobierno, de ocurrir el revocatorio, lo asumirá, puede ayudarlo a llevar esta tensión, ya que se abre la posibilidad para que suceda. Que si el gobierno dice esto porque se lo “ordenaron los cubanos”, bueno, quedará para los runrunes y tuturunes, de tanto deleite y agrado en la sociedad venezolana.

El hecho que cuenta es si el gobierno mantiene lo dicho por Maduro y Díaz sobre el tema. Sabemos que el gobierno no se caracteriza por una consistencia en este tipo de promesas. Por ejemplo, firmó el acuerdo para aceptar los resultados el 6D, pero ahora argumenta para “desproclamar” a diputados, cuando en mi opinión, tiene derecho a impugnar, pero los diputados fueron electos, y en todo caso, debe irse a juicio y determinar no solo con grabaciones de llamadas, sino con evidencias de mayor peso, si procede repetir elecciones en las zonas impugnadas o no.

Finalmente, el ausente durante la instalación de la AN. La economía, sencillamente.

A pesar que se mencionó en los discursos, el tema no tuvo la entidad ni el espacio que requiere, dada su angustiosa relevancia para el país. Más se recuerdan las anécdotas de la instalación, que alguna idea económica –más allá de propuestas de leyes- porque, sencillamente, no hubo una.

No se aprovechó un momento de atención total del país en la AN, para plantear de manera didáctica y argumentada, los desafíos económicos y los compromisos que hará el legislativo, lo que ayudaría a bajar la incertidumbre y esa especie de gozo sádico con los rumores tipo "lo bueno es lo malo que esto se pone", que si "la hambruna" o la "crisis humanitaria" que vienen (y que varios desean, como profecía que se auto realiza o como prueba confirmatoria).

Esto puede poner de bulto algo que eventualmente puede ser preocupante: las prioridades post 6D para los políticos y la sociedad, divergen. No creo que sea así, pero si lo es más tarde, le restará fuerza a la AN a los ojos de la sociedad.

En síntesis, pese a que los pronósticos hoy no son los mejores -el inevitable "choque de trenes" o que "Maduro precipita el caos"- si tengo que apostar por algo, lo haría por vaticinar que lo que estamos viendo es que tanto el gobierno como la oposición se ajustan a un nuevo ambiente, a una nueva realidad política, y están en el aprendizaje para definir un nuevo patrón de pugnacidad, para manejar el conflicto, porque éste es y será inevitable. Nos acompañará por un largo tiempo. En otras palabras, se está en el aprendizaje para "regular la guerra", porque el "campo de batalla" cambió el 6D. 

Gobierno y oposición definen las reglas de las “trompadas estatutarias”, porque las reglas anteriores terminaron con los votos del 6D: ya el PSUV no tiene el control de la hegemonía o de la política, ni ya la Unidad se limita solo a crecer y a ganar espacios de forma progresiva. Hoy, es una relación entre iguales, y llegar al punto de equilibrio en esa relación de iguales que es conflictiva, es lo que estamos viendo ahora. Por eso vemos cosas insólitas.

Por ejemplo, el “acto de desagravio” de las FAN el día 7-1-16. Aunque un análisis de este “acto” sería una enjundiosa entrada, al mismo tiempo que expreso que no estoy en el Grupo Anti-FAN –que si los “milicos”, que si “envidio a Costa Rica porque no tiene ejército”, y frases afines- no me pareció correcto ese acto por varias razones, pero aquí destaco una importante: el tono del acto me lució como que las FAN se erigen como una corporación por encima de la sociedad que la creó y la mantiene con sus impuestos, y eso no es republicano ni democrático. Los principios esenciales de las FAN son “la obediencia, la disciplina, y la subordinación”. No cuestiono que los militares quieran expresar su molestia por lo que consideran un agravio -Bolívar es central en la formación militar venezolana, cosa que a los civiles les cuesta un poco entender o ven como algo cursi- pero se debe hacer por los canales correspondientes, sin tono de amenaza o actos que comuniquen "un regaño" a la sociedad y al mundo civil.

El acto del 7-1-16, pareció un acto no solo partidista en donde se involucró a las FAN, sino un ejercicio de intimidación a la sociedad y a la instancia que representa la soberanía del pueblo: la Asamblea Nacional. 

Otra cosa insólita es que una Sargento de la GN haya cuestionado acciones puntuales de nada más y nada menos el Presidente de la Asamblea Nacional de la República Bolivariana de Venezuela. Y no lo digo por la Sargento, la que en mi criterio actuó bien –pero hay que ver cómo fue el intercambio verbal, ya que el Presidente de la AN, al ser el titular de un poder electo, merece el respeto y trato acorde, aún si se excede en su comportamiento- porque no se le puede pedir a un profesional militar que anule su cadena mando porque sería anular su esencia. 

Si la cadena de mando gusta o no, si debe ser esa la cadena de mando, o si la sociedad no quiere tener unas FAN, es otra discusión, pero si tiene una, no puede anularse su principio fundamental. Una de las funciones que tiene la AN es la de autorizar el “empleo de misiones militares venezolanas en el exterior” (187.11), pero si se anula la esencia de una FAN ¿Cuál “misión militar” se va a autorizar, si es el caso? Además, son los políticos los que autorizan el empleo de las FAN -a través su Comandante en Jefe- pero si los políticos no entienden o tratan de vulnerar la cadena de mando ¿Cómo pretender tener unas FAN competentes para su misión? Hay que pensar un poco antes de hacer ciertas cosas porque como dice el dicho, "por hacer una gracia, puede salir una morisqueta".

Espero que estas “cosas insólitas” sean parte del aprendizaje, y éste sea corto –en teoría, se votó por la experiencia política- y cada grupo y persona asuma su rol y lo que va con el mismo, y también la majestad de los cargos. En criollo, que se den su puesto, que ganen en prestigio y autoridad.

Entiendo que esto tampoco será muy cool porque hay como un destape, ahora hay que ser iconoclasta o irreverente. No me molesta la irreverencia, pero si fuera menos pose o hartazgo, y más contenido o mensaje, bienvenida. Pero ¿La idea de votar no era recuperar la República y los límites al poder que encierra la noción liberal de la democracia?

Creo que volví a entender mal la cosa. Ni modo. Pero el 6 sentí satisfacción porque la AN se instaló. Ahora, a aportar para que pueda hacer su trabajo: legislar, controlar, y promover la participación ciudadana, las tres funciones que la constitución asigna al poder legislativo.