Léeme en otro idioma

lunes, 24 de agosto de 2015

Por un discurso civil



Quedará para lingüistas e historiadores rastrear cuándo se perdió el discurso civil en Venezuela –indagar, primero, si en verdad hubo uno- y se abrió la puerta a un discurso banal, tonto si se quiere, que hoy mutó a una versión amigo-enemigo, propia de la política tribal e identitaria como la que se hace en la Venezuela de hoy, y también en varias partes del mundo. La vigencia de la famosa frase que se dice pronunció un “insigne jurista” venezolano, “Para los amigos todo, para los enemigos nada, para los neutrales, la constitución y las leyes”, solo que la versión actual de esta viveza criolla encierra un mayor nivel de destructividad y exclusión que la frase original, que muestra que entre nosotros la institucionalidad ha sido una meta que no siempre se logró, y hoy parece estar nuevamente lejos.

En la época que las elites y buena parte de la sociedad civil farfullaban que Venezuela “no necesitaba políticos sino gerentes”, y el prototipo de la “gerencia exitosa” era Osmel Sousa –quien, de verdad, debería probar y lanzarse a algún cargo público, ahora que las misses están en el ojo de los políticos para hacer familia o pareja- Luis Castro Leiva, para criticar la recurrente banalización de la sociedad venezolana, acuñó la expresión “Osmelismo” al referirse a ese clima en el cual las elites de medios, parte de la ruidosa intelligentzia venezolana, y de los políticos, “compraron” la idea que había que quitarle al discurso sus contenidos políticos, doctrinarios, e institucionales para hacer uno light, que “subiera cerro”; discurso al que aplicaron todos sus prejuicios hacia lo popular, del que salió el “discurso del malandreo”. Todo el mundo era (¿todavía son?) “malandro” y la moda era “el malandreo”, reflejado en sketches cómicos o late shows, muy populares en el público “culto” de Venezuela.

Nada de darse un paseo por los estudiosos o conocedores de la lengua para crecer dentro de nuestras “buenas y malas palabras”, sino lo contrario, promover un discurso falsamente popular, que se hizo dominante, hasta el día de hoy.

Me parece que todo este clima de violencia y de incordio que vivimos en la actualidad puede indagarse en esa banalización del lenguaje y de lo que las cosas significan. Es como que el lenguaje después de tantos maltratos, tomó vida propia, y decidió vengarse de la sociedad que lo creó y hoy dice, “yo no fui”.

El caso Hergueta lo evidencia. Ahora todo es “descuartizaron”: la verdad, el país, las candidaturas, la billetera, el salario, y ponga usted la frase que vaya con “descuartizó”. Con esa “inocencia” y “joda” venezolana, siempre ausente de su propia maldad, que la proyecta en los “otros”: o es el “guión cubano” o es el “guión paramilitar”, pero los venezolanos nos sentimos exceptuados de hacer cosas horribles a pesar que las hacemos (y cada vez con escalofriante frecuencia). Es esa capacidad para desdoblarse y cometer el abuso, sin sentir responsabilidad, con una tranquilidad pasmosa, lo que el discurso banal ya no puede ocultar. En todo caso, su producto ahora es el cinismo, muy abundante en el país. 

Tal vez en la Venezuela “alegre, bonachona, inocente” que buscan los venezolanos que Leonardo Padrón encontró en el túnel del tiempo que es Panamá para los compatriotas, y que retrató en su columna en El Nacional del día 23-8-15, ese desdoblarse era inofensivo. Pero en una Venezuela con profundas diferencias que ya son estructurales, puede ser perjudicial. 

Sorprende leer en tuiter a muchos adoradores de la banalidad en el pasado, mostrarse hoy como “señores respetables e indignados” que esperan que en una cola “mientras sacan el pollo”, uno hable sobre Ayn Rand o Von Mises –por cierto, bienvenido el debate sobre estas personas, si ocurre- cuando pasaron toda su vida promoviendo la idea que un discurso con contenido no “sube cerro”, y que la aspiración para ser “popular” o “pueblo” se limitaba, por ejemplo, a comer empanadas mientras se esperaba el Encava o el Yuruani, bizcochos con Riko Malt, o una catalina con Frescolita. En la actualidad, estos cultores de la indiferencia en el pasado, le reclaman a las personas “por qué se acostumbran a las colas”.      

Posiblemente esta dura época que vivimos sea la oportunidad para recuperar un discurso civil. 

Cuando escribo discurso civil no me refiero a un discurso que niega o falsea lo popular, de etiqueta o algo así –aunque las formas siempre cuentan- me refiero básicamente a un discurso doctrinario que expresa posiciones. No es un discurso en contra de per se, sino a favor de o un discurso civil sobre un asunto, en el que se puede ser diferente y buscar la diferencia. Por ejemplo, el discurso civil no es un discurso contra lo militar o “los milicos” en la jerga de moda, sino un discurso civil sobre lo militar (que puede ser crítico de lo castrense). 

Tampoco es lo que en Venezuela se entiende por un “discurso de centro”, que es no tener posiciones en los asuntos, sino en cosas muy generales que igualmente son nada. 

Al principio, este discurso funciona bien, pero cuando llega el momento de las precisiones –que no pueden evitarse, en una sociedad con fracturas de todo tipo como la venezolana- falla porque evita el compromiso, en la lógica del discurso “atrapa todo”. Esto puede explicar por qué, al ver las encuestas, algunos políticos de oposición están estancados en los números. Varios arrancaron bien y subieron meteóricamente en el agrado o la evaluación positiva, pero luego se estancaron en sus valores. Me atrevería a conjeturar que la estabilidad ocurrió cuando evitaron fijar posición o hacer precisiones, algo que a los venezolanos nos cuesta un mundo, porque todavía seguimos chapados en la idea de “hoy por ti, mañana por mi”. 

Una cosa es ser de centro, y otra no tener una posición sobre un tema, para aparentar "estar en el medio". 

Ponerle contenido al discurso político ayudará mucho a manejar las diferencias en nuestra sociedad –a mi modo de ver, necesarias y no hay que temerles- de forma constructiva y realista. Somos “alegres, bonachones, inocentes”, pero podemos no serlo. Podemos ser implacablemente destructivos –como en efecto lo somos- y la pretendida “inocencia” que “así no somos” por los “otros que son malos”, ya no funciona, ante el peso de los hechos que hoy vemos. 

Tener conciencia de lo anterior puede ser el primer paso para recuperar un discurso civil.

domingo, 16 de agosto de 2015

Sociedades frágiles y crimen



La opinión dominante sobre el asesinato de Liana Aixa Hergueta ocurrido en Caracas el día 6-8-15, está centrada en mostrar que el "mal" está en "el otro lado". Para unos, "patriotas cooperantes infiltrados por el gobierno". Para otros, "asesinos que llegaron a los anillos de importantes figuras de la oposición". Cada grupo se percibe como integrado por los "buenos", para evitar que la auto-estima grupal e individual se resienta ante un crimen que nos confronta como sociedad, y que preferimos evadir con el cuento de los "buenos" y los "malos". 
  
Como psicólogo social, hago otra lectura sobre el hecho: lo vulnerable y frágil que pueden ser grupos y personas de una sociedad, lo que abre la puerta al crimen.

Cuando aparecieron las primeras informaciones sobre el caso, pensé en varias categorías que usa la psicología social para explicar la violencia y la agresión: me pasee por un tipo de "violencia hostil" -matar por gusto, digamos- y llegué a pensar que podía ser un caso de un "serial killer"..."Lo que nos faltaba", pensé en esos momentos, pero también posible: de acuerdo a Ultimas Noticias, 2014 tuvo en registro de 16 personas desmembradas en el país. Una cifra verdaderamente escalofriante.

A medida que la información fue más detallada, comencé a hacer una lectura rápida de los hechos y explicaciones contenidas en las informaciones. De esa rápida lectura, inferí que podíamos estar en presencia de un tipo de persona violenta que en la literatura psicosocial se llaman "predadores" ("predators", que están dentro de los TPA, trastornos de personalidad anti-social, tipos que se orientan más hacia la violencia instrumental, y menos a la terminal y hostil). 

Llegué a esa inferencia porque de las lecturas con la información disponible hasta el 14-8-15, me dio la impresión que de las víctimas, dos -mujeres- fueron "predadas" por estos asesinos y sus cómplices, pero no hubo denuncias. Tal vez fueron amenazadas. Posiblemente el miedo. Quizá la vergüenza impidió formalizar los abusos.

Eso que no hubiera denuncias, me golpeaba la cabeza ¿Por qué no hubo o si las hubo, por qué no se conocen? Por algún motivo que no recuerdo, lo conecté con los relatos sobre la "OLP" en edificios de la GMVV que he escuchado a oficiales de las FAN. Cuando los oí, me quedó la idea de un comportamiento pasivo, de someterse a los "más fuertes" en el caso de apartamentos tomados por grupos delictivos, y sus habitantes legales desplazados por la fuerza. Eso fue "metabolizado" y "normalizado" en esos edificios, y sabemos lo que eso significa en una sociedad tan conservadora como la venezolana: convivir. Estamos hablando -de acuerdo a la información del Ministerio del Interior- de más de 200 apartamentos recuperados, en donde familias fueron desplazadas a la fuerza. Una cifra importante, que trasciende un caso o pocos casos.

A partir de lo anterior, voy a lo macro de la sociedad: si algo demuestra el caso de la dama asesinada, es que el habla y la comunicación política desapareció de la conversación social en Venezuela, y se sustituyó por el discurso "del más fuerte", "del más arrecho", que se impone a la "tribu", recibe el aplauso y la legitimidad de los públicos, y lo domina o lo silencia: la "espiral del silencio", que opera con fuerza en Venezuela, en "ambos bandos", los que tienen connotados "gatekeepers" para influir en el qué se dice, cómo se dice, y quién lo dice. Este discurso parece que se trasladó a lo cotidiano, al día a día, en un clima de conformismo y obediencia "al más fuerte" (o vivo, avispao, audaz, y afines). Lo de las viviendas de la GMVV o el caso Hergueta parecen ser evidencias que apoyan esta idea. 

No hay lenguaje político, solo lenguaje de la fuerza o la viveza. Por ejemplo ¿Cómo muchos caracterizan al gobierno? Cabello como el "hombre fuerte del régimen" y "quien manda realmente" versus el débil Maduro ("Nicolás"), "quien no toma decisiones y es rehén de los milicos" ¿Y a la oposición? La "oposición arrecha", los que "tienen bolas" y son los "que van a arreglar este peo", frente a la oposición apaciguadora, ingenua, y "colaboracionista con el régimen".

Sobre este continuo, es el habla política venezolana. No es casual que buena parte del contenido hoy sea hablar de la "lealtad" (el gobierno) o "no nos van a traicionar" (la oposición), y cualquier contenido que se salga del continuo, se estigmatiza como "colaboracionista" (con algunos de los "dos bandos"). Eres de los "míos" o de los "otros", pero no hay "terceras vías", remachan respetados y muy citados voceros de la opinión venezolana. En un clima así ¿Por qué no habría violencia?
  
Regreso a lo micro, al caso Hergueta. En ambientes donde el discurso público que se hace cotidiano es "el más fuerte" y "los míos y los otros", son tierra fértil para que aparezcan "predadores" tipo Trejo y Pérez, junto a sus cómplices, acusados de matar a la señora Hergueta.

Toda esta "hipótesis de trabajo" que había pensado para el caso Hergueta, puede tener apoyo en una nota de El Nacional del día 15-8-15.

Allí, el texto reporta que hasta ahora ¡Siete personas! quieren denunciar a estos criminales y sus cómplices, luego que el caso se hizo público: ¡Siete personas! y si se suman las tres conocidas, totalizan 10 víctimas del dúo asesino y sus cómplices.

Algunas de las víctimas reaccionaron en contra de los criminales, y aunque sea una casualidad, caen en la "estadística de la obediencia" de la que se habla en psicología social a partir de los estudios sobre la obediencia de Stanley Milgran (1963): en promedio, de cada 10, 3 desobedecen y 7 obedecen.
  
¿Cómo explicarlo para el caso Hergueta, sobretodo que las denuncias no hayan tenido más voz si se hicieron o por qué no se realizaron? Me luce que Trejo, Pérez, y sus cómplices, lograron decodificar el "habla de la tribu" -que es la principal manera cómo las personas y "familias políticas" se relacionan hoy en Venezuela; la gente percibe al otro y verifica si "es de los míos" para entablar una relación- y la "infiltraron" con sus símbolos y significados. 

Como "predadores", identificaron a sus víctimas. Parece que buscaban mayormente mujeres, solas o que llevan su vida (es decir, pueden ser más vulnerables, algo que apetecen este tipo de criminales). Se relacionaban, lograban engancharlas en su juego (en psicología social, pensaría en una lógica cercana a la llamada "técnica con el pie en la puerta" para comprometer a las "presas"), las "depredaban", y luego las abandonaban, hasta la próxima víctima a "depredar".

Si Trejo, Pérez, y sus cómplices no asesinan a Liana Hergueta, estarían tranquilamente "depredando" a nuevas víctimas.......con el silencio de una sociedad encumbrada y prepotente, pero frágil y vulnerable como la venezolana. 

miércoles, 15 de julio de 2015

Bachilleres



Los tiempos que corren no son buenos para escuchar historias de personas que se quedan en Venezuela. Cada día, oigo que alguien se va o leo que algún “famoso” o “famosa”, decidió probar suerte en otros lares, con la coletilla del “Vuelvo en 10 minutos”, como los carteles que ponen en las tiendas cuando los dependientes salen a hacer alguna diligencia.

En quienes se quedan, llama la atención –en los más jóvenes- el sano optimismo con el que asumen su compromiso con Venezuela. No es lo normal, al menos en mi caso, acostumbrado a interactuar con personas desesperanzadas, quejonas, o negadas a escuchar cualquier contenido que discrepe de lo que quieren creer o de lo que quieren escuchar; esto último, muy común ahora.

Que los más jóvenes en lo que observo, no sigan este camino, es una señal promisoria, por la inmensa tarea que significa y significará hacer de Venezuela un lugar fraterno y amable para vivir, ante los desafíos que tenemos por delante, que van a requerir “menos ideología” –Papa dixit- y más “pies en la tierra”.

Ya van dos señales que me hacen pensar que las cosas no parecen seguir la línea pesimista de la opinión que domina el discurso público acerca del momento nacional.

La primera, hace como un mes, cuando asistí a la graduación de los profesionales de la ciencia política de la UCV. Mientras los docentes nos preparábamos para caminar hacia el Aula Magna, tres “nuevas” de la escuela de derecho comenzaron a echarme broma con el tema de los grados. Retorné las bromas, y les dije, “espero que me inviten a su graduación”, y allí comenzó una interesante conversa, ya que las chicas –dos apureñas y una caraqueña- también caminaron al Aula Magna.

En el trayecto, les pregunté cómo les iba en la UCV, si estaban contentas; qué les parecía la UCV, qué opinión tienen sobre la calidad docente, cómo hicieron para ingresar a la UCV, cómo visualizan su compromiso para servirle al país, y también charlamos sobre vegueros y vegueras intérpretes de la música llanera.

La cháchara me dejó un buen sabor. Las jóvenes transmitieron un sano optimismo, y entre risas y la espontaneidad juvenil, un compromiso con el país manifestado en el apego a la carrera que escogieron y a la UCV. Me quedé pensando sobre eso, por la “buena vibra” transmitida, que no observo mucho en mi día a día. Algo está cambiando producto de la crisis que no se ve o se siente en el mainstream del discurso o en las opiniones inteligentes, pensé.

Ese pensamiento regresó cuando leí el reportaje en la sección Siete Días de El Nacional del 5-7-15, titulado “Retrato de un promoción en crisis”.

Aunque el título no me parece el mejor por lo que dijeron los 20 bachilleres entrevistados, pudiera decir –si busco un “corte de cuenta”- que las “promociones están en crisis” desde los 80, cuando la inflación se montó en dos dígitos y allí se quedó. Tenemos más de 6 lustros de “promociones en crisis”, y ojala no tengamos que pasar 6 lustros más.

Los muchachos entrevistados por el impreso, con edades entre 16-19 años, de escuelas públicas y privadas, del oeste, del este, del norte, del sur de Caracas, me hicieron recordar la plática con las “nuevas” de Derecho, por el compromiso que sus palabras comunicaron. Buena señal.

Ese domingo 5 de julio, leí varios tuits sobre el trabajo de Siete Días, en el tono de “pobres muchachos”; tono tradicional y ya cansón, porque aquí todo se ve en el marco del “pobrecito o pobrecita”. Esa inseguridad estructural que es la otra cara de una sociedad tan prepotente y sobrada como la venezolana.

La percepción que dejaron en mi las 20 entrevistas es que no hay atisbos de resentimientos, quejas, o “facturas por cobrar”. Están en una edad en que eso no ocurre, es verdad, pero los jóvenes también están conscientes de la dificultades no solo del país, sino en sus familias, “No creo que aquí se pueda progresar” o “La situación puede mejorar, pero no sucederá pronto”, afirmaron. De los 20 muchachos, 10 expresaron que ya trabajan o que comenzarán a trabajar, porque “Me gustaría aportar algo para la casa” o “Siento que no todos aportamos lo que deberíamos”, expresaron.

Destacó con mucha fuerza la voluntad para quedarse en el país en la gran mayoría de las entrevistas (15 entrevistas), y en quienes expresaron su deseo de irse o de explorar la posibilidad (5 entrevistas), el motivo que más predomina es que la situación los obliga, “La escasez es lo que hace querer irme”, opinaron.

El tono de quienes quieren quedarse es de responsabilidad, compromiso –“Me siento preparada para estudiar en la UCV”- deber, de vincularse –“Sé que la crisis va a pasar”- no un tono estático de “estoy aquí” o “es lo que hay”.

Lejos del discurso dominante, algo se cocina en la sociedad, y es lo natural, porque las crisis traen cosas así: rupturas, revisiones, afirmaciones, creación, cambio, oportunidades, pero también pueden traer desesperanza y problemas.

Por el tono de los muchachos, pienso que será lo primero. Y en buena hora, para superar la carga de imposibilidad que traen las generaciones previas: la de los 60, “la generación perdida” (por la lucha armada). La de los 70, “la generación arrepentida” (porque no habló cuando la Gran Venezuela y los dólares baratos). La de los 80, “la generación víctima” (del “Viernes negro” de 1983 y sus secuelas), y así.

Es el deseo que las nuevas generaciones vengan con la carga de lo posible, para llamarlas en propiedad, “La generación del compromiso” (por la conciencia sobre los problemas de Venezuela), sea porque se quedan en Venezuela o porque decidieron hacer su vida en otros lugares del mundo.

miércoles, 8 de julio de 2015

Recomponer


Una situación que ya es parte de mi cotidianidad es que gente de la calle -algunos conocidos; la mayoría, desconocidos- se franquea con uno. Sea caminando por alguna calle o en algún lugar público; de repente, una persona se acerca y dice, “Su cara me parece conocida y....” o “A usted lo he visto en alguna parte y....” comienza la plática, generalmente sobre temas políticos o "la situación del país". Casi nunca es alguna postura en sentido positivo. Casi siempre es lo malo que está todo y lo peor que se pondrá. 

Si me dejo llevar por estos encuentros, mi conclusión es que algunas personas no tienen confianza en lo posible (ni en sí mismos), y poseen una gran indefensión en el presente. Diría que le tienen miedo al futuro. Viven anclados en el "éramos felices y no lo sabíamos" o "teníamos un gran destino, pero el imperio lo truncó. Mataron a Bolívar y a Sucre". El fracaso histórico como "arquetipo nacional", es lo que me dejan muchas de estas conversaciones "sobre la situación del país".   

Esto ya lo asumo como algo “normal” dentro de mi día a día. Algunos de estos encuentros buscan solo descargar el displacer que crea el momento actual y su carga de frustraciones, al objetivarlo en un politólogo o “analista”, cuya tarea también es ser una suerte de “pararrayos” de la insatisfacción, y ocurra la transferencia del afecto de la persona hacia uno. A veces la fuerza de esa transferencia es tal, que llego a la oficina o a mi casa incómodo y así paso todo el día, o varios días. Me chupan el optimismo. No obstante, hasta ahora, mantengo mi tradicional optimismo. 

Otros casos son conversaciones que me pegan mucho por el drama personal o profesional que encierran, en personas que no me ven solo como un politólogo para descargar un displacer, y "sentirse bien, descargados" de la bronca existencial que llevan, sino que profundizan más allá de la queja.

Una reciente, fue la de una señora propietaria de una cauchera importante. Soy testigo de su crecimiento, desde un modesto local al que iba cuando era estudiante universitario para cambiar o arreglar los cauchos de un Fiat 131 que tenía en ese entonces; hasta hoy, cuando ese pequeño local es una infraestructura importante, y ella y su familia, transmiten la imagen y son la Venezuela de inmigrantes que hizo un presente y un futuro. Gente de trabajo, como decimos aquí, que invitan al respeto. 

Un día, mientras hacía deporte, la veo y me echa su cuento: el promisorio futuro para su negocio es un presente plagado de incertidumbre, ansiedad, y desesperanza. Honestamente no supe qué decirle, más allá de recordarle sus raíces inmigrantes; de cómo progresaron con trabajo y constancia, que ella era ejemplo de eso, que apelara a esos atributos en estos momentos de desafíos, y que se mantuviera al frente de su "comando" -empresa- junto a su familia. Tiempos mejores siempre vendrán, pese al discurso del "nada sirve" o "lo bueno es lo malo que esto se pone", que dominan la opinión publicada de medios, pundits, o personas "que miran a los ojos".  

Mientras escuchaba el relato de esta señora, pensaba en cómo recomponer la relación política-empresarios que nunca ha sido fácil en la historia de Venezuela. Tal vez con Chávez-Maduro esas relaciones tocan su punto más bajo, pero no es que con AD-Copei eran "peritas en almíbar". 

Desde los “canastilleros” de la Guerra de Independencia hasta los modernos empresarios de hoy -para hablar de las actividades formales, porque el PIB de lo ilegal debe ser gigantesco- esa relación se caracteriza por la desconfianza y la recriminación mutua. Hay “paz” política-empresarios cuando es posible obtener un plusvalor de la renta petrolera, y que los costos se socialicen o un "óptimo paretiano" sea posible. Esto no impide que muchos hombres de empresa hagan fortuna de forma honesta y creen emprendimientos, pero aun con eso, una relación sólida con el mundo político no existe.

Se cita como indicador de lo anterior, cuando un Presidente de algún país viaja, lleva una buena cantidad de empresarios para hacer negocios. Los presidentes de Venezuela parecen ser la excepción: no llevan a empresarios o si lo hacen, en cantidades reducidas. No lo hacen porque hay desconfianza entre los dos, y tal vez porque no hay mucho que exportar.

¿Podremos algún día quienes creemos en un país “serio”, tener en condiciones de igualdad, una relación más densa entre el mundo político y el mundo empresarial? Que vaya más allá de unos empresarios que quieran ser poder fáctico y creerse su cuento que son los “grandes cacaos” que solo ven a Venezuela como una “vaca para el ordeño de la renta” y al país como cachilapos; y que también trascienda a unos políticos que solo piensan que los hombres de empresa los quieren controlar, que son “parásitos”, o solo financistas para pagarles sus campañas electorales o su costoso e ineficiente tren de vida.

Todo esto que acabo de escribir vino a mi mente cuando escuchaba a esta señora y su realidad: cómo verse sin desprecio y sin sentirse superior o humillado, con confianza, en una relación que realmente fluya y no sea instrumental como es ahora (y fue en el pasado, en buena medida). En definitiva, cómo recomponer la relación política-empresa.

II

“Sin divisas no hay arepas, margarina, o cerveza”, fue el contenido de una de las pancartas de los trabajadores de Polar, que mostraron en su “cadena humana” del día 3-7-15. En ella, se resume el drama no solo de Polar, sino del país: sin “divisas no hay paraíso”.

Lo que es lógico, porque somos una economía que comercia con otros países. Lo que parece menos lógico es la dependencia de las divisas para producir. Es la otra cara para recomponer la relación política-empresa: la productividad.

Polar es una gran empresa venezolana, como son muchas tan conocidas o menos conocidas; tan grandes o menos grandes que la marca del oso. Sin embargo, el reto se mantiene ¿Cómo insertar esas empresas en “círculos virtuosos” de la productividad, así sea Polar?

Todavía para nosotros la productividad es un foro con Michael Porter o algún gurú del tema, un libro del IESA, una actividad para socializar o celebrar el aniversario de Conindustria, Fedecámaras, o Fedeindustria, pero no un compromiso político ni de políticas públicas. La productividad es un discurso, no un compromiso de las elites. No lo es porque no creen en la productividad. Y no creen porque siempre "alguien paga las cuentas". 

¿Cuántas de nuestras exportaciones tienen “complejidad económica” en su manufactura o cuánto de las compras nacionales incorpora esa "complejidad"? No dudo que hay, pero no es suficiente ¿Cómo es la relación de la empresa –pública, mixta, social, o privada- con las universidades, por ejemplo? Hoy nuestras casas de estudio a nivel superior tienen problemas, pero sin ellas y su vínculo con la empresa -desde Polar hasta el emprendimiento popular- el futuro de la cauchera de la señora inmigrante de Portugal que con tanto esfuerzo levantó, dependerá de los ciclos de la economía venezolana: bonanza-derroche-ajuste-pobreza. 

Cada ajuste económico la hará más pobre -como a todos- el ajuste de Maduro es más fuerte que el de Chávez. El de Chávez, más fuerte que el de Caldera. El de Caldera, más fuerte que el de CAP. El de CAP, más fuerte que el de Luis Herrera. El de Luis Herrera, más fuerte que el de Betancourt. El de Betancourt, más fuerte que el de Medina. El de Medina, más fuerte que el de Gómez, por las causas que sean: guerras mundiales o incapacidad de la sociedad venezolana, la que tiene los "mejores economistas del mundo" según se jacta, pero vamos o tenemos 30 años con el índice inflacionario en dos dígitos (y parece que nos acercamos a los tres dígitos). 

De las tantas cosas pendientes que tiene Venezuela, esta es capital. Pasar del “Sin divisas no hay arepas, margarina, o cerveza” a “Con arepas, margarina, y cerveza bien hechas en Venezuela, hay divisas”.

En lenguaje político: no es la "república de amigos, conexiones, y relaciones" de AD-Copei, tampoco es la "república sectaria y rígida" del PSUV. Es, sencillamente, la República. Así, a secas. 

miércoles, 24 de junio de 2015

¿Cuál partido político?



Recientemente, algunos lectores del blog a quienes encuentro en la calle, me preguntan por qué no aventuro cuáles atributos debería tener una nueva organización política, tal vez estimulados por otros artículos del blog en los que comento la inercia, el conservatismo, y la poca innovación de la política y de la sociedad venezolana en general.

En el trabajo, también hay una inquietud similar, cuando el asunto se aborda entre compañeros de trabajo. Al final de la cháchara, queda la idea ¿cómo sería esa nueva organización, se puede hacer algo distinto en la Venezuela de hoy? con el tradicional final de las conversaciones de este tipo, "bueno, vamos a ver qué pasa". 

No sé si la repentina demanda por este tema responda a un sustrato social que se infieren de los datos de estudios de opinión recientes, algunos comentados en otras entradas del blog

La última encuesta en esta línea, los guarismos de Datanálisis –con campo entre el 18 al 30 de mayo de 2015 y N = 1.000 entrevistas- que invitan a una interpretación acerca de los resultados en la intención de voto. 

Una hipótesis de interpretación para mi sugerente, es el agotamiento de unas políticas –del gobierno y de la oposición- porque no trascienden las rutinas de la política venezolana (el insulto, el chantaje, la espectacularidad, la repetición de guiones y el coro, "verse el ombligo", pensar que "el mandao está hecho", por nombrar algunas), que muestran que si bien en lo electoral se mantiene la diferencia de 20 puntos a favor de la Unidad (aunque en mayo la diferencia es de 18,8% y en abril fue de 20,8%), ésta registró una caída de 5,7% en la intención de voto en apenas un mes (el gobierno igual aunque más discreta la baja, de 3,7%), y aumentaron en 5,4% y en 3,8% el “No votaría” y “Candidatos independientes”, respectivamente, para colocarse en dos dígitos bajos (11,9% y 10% que vienen de 6,5% y 6,2% en abril, respectivamente).

Tal vez estos números sean pasajeros y cambiarán luego del anuncio que las parlamentarias serán el 6-12-15, o revelan un fondo más estructural de cambios en el país frente a la política, que están allí, de fondo, que se perciben o "huelen" en la calle, pero no terminan de tomar forma o manifestarse claramente. Tiendo a inclinarme hacia la segunda opción.

Para responder a las preguntas de quienes leen el blog en la convicción que su inquietud no es pasajera sino que responde a una inconformidad con la política venezolana, se me ocurre lo siguiente, a partir de lo poco que conozco sobre lo que hacen o han hecho partidos políticos en Venezuela y en el mundo, sin que sea algo denso o exhaustivo. Son 7 atributos "los primeros que se vinieron a mi mente", cuando pensé en la pregunta:

1.-Un partido abierto y con participación popular en su fundación y formación. No se trata de un partido formado por un grupo de personas, y que de repente aparezca en público con programa, estatutos, organización, todo "llave en mano". De lo que se trata es que el grupo promotor seguramente tendrá todo eso listo, pero en vez de ser algo definitivo o dado al público sin más, se abra de cara al público. Por ejemplo, se pueden tener lineamientos doctrinarios, pero colgarlos en la web para tener una discusión o contraste en línea con el público, y ese documento se vaya haciendo con el aporte ciudadano. Así con las demás cosas. Usar la tecnología para un debate horizontal a partir de una creación inevitablemente “de arriba” -de los promotores- pero que es horizontal en virtud de la tecnología, para enriquecerla y que la innovación política sea colectiva.

2.-Un partido que no tenga dueños detrás y caras que gustan al frente, para comunicar una fachada aceptable, "porque eso es lo que quiere la gente".
Quienes promuevan esos partidos, pues esos son, y no ser fachada de políticos de la “vieja guardia” o “conocidos”, que están detrás, que no quieren aparecer porque intuyen la respuesta del público. Aquí la idea es que no haya “poderes detrás del trono”, solo integrantes en condiciones de igualdad, y que representan la doctrina del partido o sus tendencias, sean personas "nuevas" o "menos nuevas". Si quieren estar detrás, entonces es mejor formalizarlo. Algo como un "Consejo asesor", "Grupo de consulta", o una instancia clara y formal. 
Lo que se busca es que la relación de los actores puertas adentro sea transparente puertas afuera: no es solo "darle a la gente lo que quiere", sino que los actores políticos menos nuevos y las caras nuevas, tengan su espacio y sus roles establecidos, de manera de acabar con el cuento de los “payasos y los dueños del circo”, de muy grata aceptación en el mundo de poder venezolano, muy acostumbrado a las jerarquías y a las relaciones verticales y sectarias, a pesar que presume mucho de su “civilismo” frente al odioso “militarismo” que les quita el sueño.

3.-Un partido con una doctrina y que la explicite al público, que sea su eje, y pueda tomar posiciones con base en su doctrina.
Salvo episodios muy puntuales tipo #TodosSomosVinotinto, me luce que la Venezuela del futuro se construirá sobre las diferencias. Tal vez puedan existir algunos consensos mínimos para la sociedad –el que me gustaría, respetar la constitución, por ejemplo- pero la época de los “grandes consensos” para todo me parece lejana, y no sé si deseable en la Venezuela actual. 
Si esto es así, una doctrina ayudará a entender a la sociedad y al mismo tiempo ofrecerle una visión de país, de sus organizaciones, y de sus grupos.
También permitirá que el ciudadano pueda elegir realmente entre opciones que compitan entre sí y que en diversos temas seguramente tendrán posturas diferentes. Posiblemente en la Venezuela del futuro tampoco sea deseable los catch-all-parties o la ambigüedad doctrinaria con la justificación de capturar a los swing-voters.
En política no se excluyen los giros para captar a los votantes menos comprometidos -algo común en una elección- pero mi punto es que se parte de una posición, no de no tengo una o buscar alguna cómoda etiqueta para "pasar agachao" y evitar fijar una postura.  
Es el “policlasismo comprometido”. Hay que decidir y no siempre se puede complacer a todos, pero hay que argumentar por qué la sociedad en general se puede beneficiar de decisiones que tengan un sesgo doctrinario (por ejemplo, tener una clase media sólida beneficiará a toda Venezuela, y eso supone tomar decisiones para este sector y no otros, y eso habrá que explicarlo a la sociedad).
Ser de centro o “ni ni” no significa middle of the road o no tener opiniones. Ser moderado es algo más que perseguir ser "interesante" para los medios o pundits. Si una postura exige creatividad y densidad es ser moderado. Ser radical es sencillo y "popular": seguir la corriente, decir "vainas arrechas", y sentarte a esperar que los moderados te "vean con nerviosismo". Y listo ¡ya controlas a "la manada"! 
Ser moderado, por el contrario, demanda ir más allá de etiquetas y tener densidad porque debe argumentar mucho para explicar por qué no va con la corriente o por qué no dice "vainas arrechas". 
       
4.-Un partido moderno, innovador en su organización, estructura, y normas. Por ejemplo, los derechos de los militantes, o formas de vincularse al partido que no sean las tradicionales, y también redefinir lo que es ser militante de un partido.
No es solo el uso de la tecnologías –por ejemplo, MOOCs para la formación de los militantes o nubes con el acervo doctrinario del partido o sus posiciones en asuntos en diferentes momentos- sino en decisiones que minimicen la famosa “Ley de hierro de la oligarquía” de Michels (¿term limits para los puestos de dirección? ¿oficializar las tendencias internas en sus estatutos? por ejemplo).

5.-Un partido capaz de dar a la sociedad más allá de sus intereses y tener paciencia para el logro de sus objetivos. Que comunique que es capaz de criticar sus propias motivaciones. Que trascienda el tradicional "tenemos vocación de poder", que está bien, pero hoy no es suficiente; eso es Lenin 1.0, que comunica una sociedad patrimonial y lenta que todavía no supera la etapa del centralismo democrático.    
Puede ser desde optar por no competir electoralmente en una elección a pesar de lo apetitoso que pueda ser la perspectiva electoral para dedicarlo a la organización o para difundir su narrativa a la nación, lanzar candidaturas simbólicas pero para comunicar con esas figuras, cuál Venezuela se quiere; ser plataforma para la sociedad (que puede ser un oximoron en un contexto maquiavélico como el de hoy), o cosas más complejas como decidir el uso de métodos no violentos en un contexto político determinado. Lo importante es que la sociedad perciba a un partido que es capaz de cuestionar su propia estrategia, que es capaz de ser canal para que otros expresen sus cahiers de doléances; una organización con contenido, pero continente para otros, con la capacidad para que los intereses de quienes lo forman, se pongan a un lado para ser voz de otros.

6.-Un partido independiente de poderes fácticos que busquen su control o influir en su devenir, en sus posturas o acciones.
Tal vez una de las cosas más primitivas de Venezuela es que no hay algo como especialización funcional en política. Por supuesto, una democracia no es una fábrica o una unidad militar, sino un espacio plural, pero que tiene límites. Y esos limites orientan la acción de quienes hacen democracia. En nuestro país esos límites no están claros: por ejemplo, los políticos son encuestadores, éstos políticos, los asesores las dos cosas, y los poderes fácticos son todo al mismo tiempo. 
En lo social, que sea una genuina representación sociológica de un clivaje real que haya en Venezuela, no inventado -por ejemplo, un partido de clase media, sector estigmatizado en el discurso en "ambos bandos" o uno que promueva la organización de la franja de edad 25-40 años que es donde veo se siente más la intensidad de la crisis, no solo en Venezuela- con una narrativa propia de país, de su historia, de su momento actual, de su futuro.

7.-Un partido que no se deje acomplejar por el discurso dominante o las corrientes de opinión, y calle lo que piensa. Que sea capaz de decir lo que piensa con educación y saber el "cómo y el cuándo" del que habla el poeta Havel, pero que lo haga claramente. La consistencia y la coherencia es fundamental en la política (y en la vida), sin que eso implique negar que la vida también es cambio. Aquí la consistencia es ser consecuente con una propuesta y una acción en el tiempo, honesta y transparente, y evitar la comodidad de no comprometerse con afirmaciones tipo, “Hay que jugar en varios tableros” (seguro ¿pero cuál es el “tablero” preferente?), o cambiar en función de "hacia donde sople el viento de los aplausos".
Por ejemplo, si se cree en las elecciones como la vía ciudadana por excelencia; un principio para cambiar un gobierno “sin derramar sangre”, o un mecanismo para promover la innovación en la sociedad a través de mejores programas, pues hay que ser consecuentes con esa idea. No es, por ejemplo –como se observa en algunas personas- desmeritar a las elecciones como ocurrió en 2014, y hoy en 2015 “se tiran al piso” por los comicios. Ojalá que quienes lo hacen, mantengan esa posición cuando el viento no sople a favor, como pasa con frecuencia en la vida.    

En resumen, mi respuesta a los amigos que me preguntan, “¿Cómo debería ser ese partido nuevo?”, les diría que debe:
a.-Ser transparente y promover la participación interna y externa
b.-Ser auténtico
c.-Tener claridad en su doctrina, y expresarla en una narrativa
d.-Innovador en cuanto a su organización y estructuras
e.-Capaz de cuestionar, cuestionarse, y dar más allá de sus intereses
f.-Que tenga independencia de poderes fácticos, funcional y socialmente hablando
g.-Decir lo que piensa, así no sea “popular” hacerlo

lunes, 8 de junio de 2015

El "baremo Gandhi"


De la pluma del periodista Pedro García Otero, El Universal publicó el día 31-5-15, una entrevista al bisnieto de Gandhi, Tushar Gandhi, quien dirige la Fundación Mahatma Gandhi, y vino a Venezuela al estreno de una película que toca la cultura de la India desde la perspectiva de venezolanos.

Hay varias cosas qué comentar sobre la entrevista, pero me concentro en una, que me parece una lección para la Venezuela de hoy, en donde muchos dirigentes políticos exhiben, no la humildad y simplicidad de la que habló Bápu, sino impaciencia y arrogancia.

García Otero hace una aguda pregunta a Gandhi. Le interrogó sobre si la baja tasa de homicidios en la India se debe a que esa sociedad internalizó la no violencia que promovió su bisabuelo. Transcribo buena parte de la respuesta de Tushar Gandhi, porque encierra varios mensajes:

“(…)Mahatma entendió lo que le estaba faltando a India, a la sociedad de ese tiempo y lo asumió, sin compromisos; Gandhi no se antojó de ser un líder. Él hizo lo que pensó que la gente necesitaba. Muchas veces, los líderes hacen lo que quiere la gente, aunque sepan que está equivocada, porque no quieren perder su apoyo. Gandhi era un verdadero líder porque no estaba gobernado por sus seguidores. Cuando percibía que sus seguidores estaban equivocados, se detenía.
“En 1921, mientras predicaba la no violencia, hubo manifestaciones pacíficas, pero en un pueblo al Norte de India, sus seguidores atacaron una estación policial y mataron a todos los policías de esa estación.
“Bápu detuvo todas las manifestaciones. Todo el mundo cree, incluso hoy, que si no hubiera detenido las manifestaciones, India hubiera sido independiente al año siguiente, y la Independencia tardó otros 25 años. Gandhi señalaba que no quería la Independencia bajo los métodos equivocados. Para él, el método era tan importante como el resultado; el medio, tan importante como el fin.
“Muchos líderes encuentran atajos y hacen acuerdos, porque creen que lo importante es el fin; muchas veces, el fin es importante para ellos, no para la gente”.    

¡Cará…..Gandhi esperó un cuarto de siglo para lograr la independencia de India, cuando pudo lograrla en un año, pero no cedió a la tentación de los atajos, porque los medios son tan importantes como los fines!

Si Gandhi hubiese vivido en la Venezuela de hoy, seguro lo crucifican como “colaboracionista”, “Chamberlain”, o “beato”, y le hubiesen gritado que “Bolívar no esperó”. Indudablemente, no está entre los tipos “arrechos”, “burda e’zumbaos”, o del “malandreo”, prototipos políticos de la Venezuela actual y también del pasado. “En Venezuela la ignorancia nos hace audaces”, escribió Antonio Paredes. Y la cultura o sapiencia, no es precisamente lo que caracteriza a nuestras elites o grupos con poder.    

Por supuesto, no creo que Gandhi haya dicho “voy a esperar de forma pasiva” o haya pensado de antemano, “voy a esperar 25 años porque la independencia de la India se logrará solo con esperar”. Que no haya sido así, es lo que hace interesante la lucha de Gandhi y a él, como figura inspiradora en la lucha no violenta, que no es responder una agresión con una moneda asimétrica pero igual –como una barricada o guarimba- sino como plantea Luther King en su My Pilgrimage to Nonviolence (1958), la lucha no violenta.

Curiosamente, el significado de guarimba es refugio o guarida, mientras que la lucha no violenta no es “un refugio”, sino –al seguir otra vez al doctor King- es una resistencia tan vigorosa como la de quien usa la violencia, solo que se hace a través del amor y no de la rabia, del odio, de la frustración, o “de las facturas por cobrar”.

Seguramente a Gandhi le dijeron que “no se podía esperar” y que “la sociedad no aguantaba más”, pero el líder hindú sopesó el país independiente que quería su pueblo, y dio una muestra de ética de la responsabilidad. Pudo promover la independencia de la India en un lapso más corto ¿Pero a qué precio y –lo más relevante- cuáles consecuencias para el futuro?

La pregunta del colega García Otero al bisnieto de Gandhi sugiere que sopesó el futuro. Si esta asociación es válida, pudiéramos traerla a Venezuela y afirmar que “no saber detenerse” en el sentido gandhiano, puede explicar la subida de la violencia en Venezuela. Tal vez querer todo por la fuerza y ya, sea causa de la violencia delincuencial y pre-política o incipientemente política que hay en nuestro país, al modelar una lucha política violenta. Si así pasa en la política ¿Por qué un choro no va a repetir el patrón? Si el lenguaje político venezolano es tan degrarado ¿Debe sorprender el incremento de la violencia?

El sacerdote Alejandro Moreno sugiere que a partir de 1998, la violencia delincuencial en Venezuela toma una pendiente positiva ¿Crecimiento natural o modelaje del mundo político al mundo delincuencial?

Con su “saber detenerse”, Gandhi también muestra que “no saber esperar” es lo opuesto a la política. El promotor de la no violencia pudo “detenerse” 25 años porque confiaba en las capacidades y habilidades políticas del pueblo de la India, mientras avanzó y trabajó hacia una independencia con menos heridas políticas.

Cada país tiene su historia. La nuestra no es gandhiana. Más bien buena parte de ella está marcada por los atajos, las aventuras. Guerra, prisión, y destierro, como escribió Ramón J. Velásquez.

Pero la historia no tiene por qué repetirse igual. Puede ser diferente. Construir, convencer, hacer, ser alternativa, lo que supone visión, responsabilidad, trabajo, y no ceder al atajo o que este esfuerzo sea abortado por tirar una parada, la cual siempre será y tendrá una buena excusa de y para la historia.

La Venezuela de hoy no es la de Cipriano Castro, la de Gómez, o la Medina, aunque las elites se empeñen que sí, para repetir el mismo patrón: guerra, prisión, y destierro, o el atajo. El círculo vicioso una y otra vez. Círculo que fue roto por la apuesta institucional de 1958, pero que parece generar alergia no solo al gobierno, sino a varios en el mundo no gobierno. Para muchos es mejor el “país de” que “el país por”.

Lo que la entrevista al bisnieto de Gandhi me dejó es la idea del “país por”, como propiedad institucional y no de claques o grupos, lo que supone una paciencia institucional que no sé si la tengamos, dados más bien a procrastinar.

Otra figura del calibre de Gandhi, Nelson Mandela, tiene una idea similar. Veamos que dijo Madiba en sus Conversaciones conmigo mismo (2010):

“Por ejemplo, en la política, como sabes, hay temas muy delicados y la gente no suele estar dispuesta a adoptar un enfoque que no sea popular. Si la gente dice ‘debemos actuar’, muy poca gente dirá ‘¿tenemos los recursos?’ ‘¿estamos bien preparados?’ ‘¿estamos en condiciones de emprender esta acción?’ A algunos les gusta dar la impresión de ser combativos y, por tanto, no afrontan los problemas, sobre todo si se trata del tipo de problemas que van a quitarte popularidad. Para tener éxito en política tienes que confiar en tu pueblo, transmitirle tus puntos de vista y expresarlos con gran claridad, con mucha educación, con mucha tranquilidad, pero expresándolos, sin embargo, abiertamente”.

Mandela. Otro “beato” más, solo por preguntar a la gente que dice “vainas arrechas”, si tienen “con qué”.

Madiba sopesó los deseos con lo posible y las realidades, para tener una opinión que puede o no coincidir con lo que es popular o la popularidad.

Siempre he pensado que la “graduación” del liderazgo es cuando le toca ir contra la corriente –no por gusto- cuando es momento de ir contra lo que es popular o lo que “la gente quiere”. Cuando llegan ocasiones así, allí se ve la madera del liderazgo. Mientras se va con la corriente, todo es más fácil: aplausos, reconocimientos, apoyos, vivas, y pare usted de contar.

El “baremo Gandhi” no es que esté en contra de lo popular o que sugiera que hay “que esperar” porque sí, es que pesa lo anterior contra un fin mayor o más trascendente como puede ser la paz, la independencia, o la posibilidad de una nación integrada de cara al futuro, sin tantas heridas políticas. Me gusta el “baremo Gandhi”.

Cada país tiene sus problemas y sus momentos históricos que son únicos, pero la idea de evaluar métodos y resultados; medios y fines, son criterios universales, que trascienden casos particulares.

En Venezuela, nuestra tradición está alejada del “baremo Gandhi” salvo excepciones, como la segunda república liberal democrática, pero luego del doloroso aprendizaje que dejaron los excesos del “trienio adeco” y los intentos por derrocar a Pérez Jiménez mediante métodos “putschistas”, como se decía en la época. Pero un aprendizaje incompleto, como también lo muestran las heridas abiertas y todavía dolorosas, de la lucha armada de los 60.

Nuestra sociedad valora más “el tirar la parada” para ver qué pasa, el atajo porque es “de arrechos”. Las consecuencias de las aventuras no importan. Hoy, salvo excepciones, rara vez los promotores cargan con la responsabilidad si fracasa el lance. Si tiene éxito, sobran los “doctores” para escribir la primera proclama y el primer decreto del gobierno provisional o de transición, y otros preparan el estreno para el posible ministerio.  

Ese contraste entre métodos y resultados; entre medios y fines, no es común en nuestro país.

Creo que fue Augusto Mijares en Lo afirmativo venezolano, quien deja ver la tensión entre la aventura y la visión de nación, como dos caras de la moneda venezolana, para una síntesis que debe romper con “los conformistas y logreros que han privado en nuestra vida pública”.  

Me luce que en el futuro de Venezuela hará falta el “baremo Gandhi”. Si me atengo a lo que leo como noticias, la realidad es que partes del país están gobernadas por poderes fácticos. Me refiero en este caso a las bandas de la delincuencia organizada. Los casos recientes en San Vicente (Aragua) y la Cota 905 (Caracas), son dos ejemplos de esa realidad que está allí. Que tiene tiempo allí.

No llego a afirmar como se escucha ahora en círculos de opinión que Venezuela es “un Estado fallido”. En mi opinión no lo es. Tal vez Siria lo es: un territorio desmembrado, una población desplazada, y un poder disputado y que posiblemente no tenga una formalidad. Por ejemplo ¿Puede hablarse de unas FAN de Siria, como cuerpo cohesionado? No lo creo.

Más cerca de nosotros, está México. Hubo elecciones regionales, y más de una docena de candidatos fueron atacados o asesinados en estados dominados por los carteles. Buena parte del país fue militarizado. No escucho decir de los expertos que la nación azteca sea un “Estado fallido”.

Más que un concepto totalizante como “Estado fallido” –aunque popular en los círculos de la gente inteligente de Venezuela- me agrada más la propuesta de Guillermo O’Donnell (1993) sobre la “evaporación de la dimensión pública del Estado” que divide en tres colores: azul (alta presencia del Estado, territorial y funcional); verde (presencia territorial del Estado pero funcionalmente débil); y marrón (poco o nula presencia del Estado, territorial y funcionalmente), un país.

Me parece una propuesta más flexible y menos totalizante, que puede dar mejor cuenta de la realidad de una nación. Por ejemplo, territorialmente hablando ¿Cómo sería Venezuela? ¿Cuánto marrón o azul? Funcionalmente hablando ¿Cuáles son las instituciones marrones, cuáles las azules?

Por ejemplo, en Venezuela, los lugares dominados por alguna de las 70 mega bandas que registran los expertos en seguridad que hay en el país, son zonas marrones (ni está el Estado, ni funciona). El bachaqueo puede mostrar zonas verdes (el Estado está, pero no funciona). La presencia del Seniat, sugiere zonas azules (el Estado está y funciona).

Ampliar las zonas azules y reducir las zonas marrones va a requerir de un esfuerzo político que veo más cercano al “Baremo Gandhi” que a “tirar la parada” o la aventura, por lo frágil de la sociedad venezolana, a pesar que el venezolano tiene resiliencia, como sugieren los estudiosos de la psicología positiva de la Universidad Metropolitana. Agrego, una resiliencia también de dos caras: una positiva y otra negativa.  

El esfuerzo para ampliar la institucionalidad venezolana -reto que no puede postergarse más- supondrá no privatizar sino, más bien, estatizar al Estado, para que las relaciones sociales y el mercado puedan tener un sustento en la esfera de la sociedad civil o del pueblo.

Lo anterior supone que la cara que salga de la moneda que lanzó la historia, sea la cara de la visión de nación, para que la tensión de la que escribió Augusto Mijares, se resuelva en otro empuje creador de la sociedad venezolana, que mucha falta nos hace.

miércoles, 3 de junio de 2015

Otra vez con el voto



El valor del voto es tema frecuente en este blog. Para quienes como mi caso creemos en el sufragio como la posición para lograr concretar proyectos y visiones de país o para quienes lo ven como una disposición para canalizar la indignación y molestia, el estudio de la UCAB Percepciones ciudadanas del sistema electoral venezolano (N =1.200 entrevistas, campo del 10 al 25 de abril de 2015), tiene buenas y malas noticias, e interesantes desafíos que hacen mucha falta a un país tan inercial como es Venezuela. 

Comencemos por las malas. Es una: aumentó la desconfianza hacia el CNE. A la pregunta ¿Cuanta confianza tiene en el CNE?, las respuestas sumadas Poco + Nada totalizan 42% 56% y 64% en 2013, 2014, y 2015 respectivamente. En dos años, la desconfianza sumó casi 20 puntos.  

Además, la percepción es polarizada: el 75,1% de lo que el estudio llama “Resteados con Maduro” expresó “Mucha confianza” hacia el organismo electoral. En el polo opuesto, el 75,9% de los “Resteados con la MUD” manifestó “Ninguna confianza”. En otra pregunta, el 64,3% de los “Resteados con Maduro” opinó que el voto es secreto. En cambio, el 59,9% de los “Resteados con la MUD” afirmó que el voto no es secreto. “Houston, we have a problem”. 

En un país con un conflicto político que ya es existencial, una vía para abordarlo es tener una institución electoral que genere confianza, que hoy no existe. Estos números lo que sugieren es que cualquier elección en Venezuela será disputada porque los incentivos para no reconocer los resultados son muy altos –los públicos “resteados” que van a presionar para eso, y ya sabemos en Venezuela que son pocos y contados los "moderados" que se enfrentan a los "resteados"- y la única manera que parece visible para evitar esta pelea por los resutados, es que las victorias electorales sean por ventajas muy amplias o porque las partes en conflicto acuerden una reglas de relación electoral ad hoc, para cada elección.

La buena noticia es que el estudio registró un aumento en la valoración de ir a votar en elecciones organizadas por el CNE. En 2013, el 63% dijo que sí vale la pena hacerlo. En 2015, subió discretamente a 69 por ciento. Quienes opinaron que no vale la pena votar en comicios organizados por el CNE, pasaron de 33,7% a 31% en el mismo lapso.

Interesante es que en esta pregunta no hay polarización sino uniformidad. Un 90,8% de los “Resteados con Maduro” afirmó que sí vale la pena ir a votar en unas elecciones organizadas por el CNE. Un 81,6% de los “Resteados con la MUD” opinó igual. Unidos para valorar el voto, pero sus motivaciones para evaluar su eficacia son distintas y opuestas. Pero al menos hay un punto en común, con buenos porcentajes.  

Hay dos expresiones que recogió el estudio que seguramente no gustarán a los “arrechos” o “burda e’zumbaos”, que veo es la moda política ahora en Venezuela. Veamos:

Un 87% opinó que “Pase lo que pase, iré a votar en las elecciones de la Asamblea Nacional”. Y esta otra, lapidaria en cuanto a la percepción sobre cómo resolver las disputas o problemas políticos: un 85% manifestó que “Llegamos hasta aquí con el voto y saldremos de aquí con el voto”.

La primera frase, la certeza. La segunda frase, la convicción, que apoya la idea en la que creo: que el pueblo define al voto como su instrumento, su activo, su herramienta, su valor, o como se quiera definir, político por excelencia. El sufragio no es accesorio a la calle –como se quiere hacer ver- sino al revés: la calle es accesoria al voto. Que la primera influya a la segunda, ciertamente lo hace, pero la población privilegia la manifestación institucional y no pretoriana (aquí, la calle entendida no como la protesta organizada, sino como mecanismo para sacar gobiernos).

Es aquí donde tal vez esté la explicación del famoso “ADN democrático” del pueblo, del que se habla mucho. Pese a las provocaciones que a diario le toca enfrentar –que pudieran ser motivo para un conflicto civil- mantiene su convicción en el voto como una extensión de su vocación democrática. El discurso que busca disolver el sufragio o hacerlo irrelevante, no ha tenido éxito, a pesar que es un discurso poderoso.

Sin embargo, la buena noticia tiene sus límites. Hay una tensión entre querer votar y confianza en el CNE, que se resuelve en mantener la certeza de querer hacerlo, pero ¿Podrá mantenerse esa tensión en el tiempo? El estudio comenta que 3 de cada 10 afirmó que no vale la pena ir a votar en elecciones organizadas por el CNE. No es una cifra desdeñable o a la que hay que mirar con indiferencia o desgano.

Es aquí donde el optimismo tiene una limitación. Tal vez las cifras lo que muestran no sea certeza ni convicción, sino rutina. El voto también fue metabolizado por la inercia que oxida a la sociedad venezolana. Más que convicción, es un hábito, además nada costoso frente a la otra opción: cambiar un gobierno por métodos de fuerza (golpe, revolución, tumulto).

La tensión puede, entonces, explicarse así: no confío en el CNE, pero voto porque es una costumbre, que además evita el conflicto y salir de mi zona de confort.

Si es así, entonces, las elecciones no resuelven nada. Se vota, pero eso no cambiará la situación política, aunque afecte las correlaciones políticas. Así, se votó para la AN en 2010 pero nada cambió. Y se votará para la AN de 2015, pero nada cambiará. Es una rutina o, como diríamos en psicología social, un “mecanismo adaptativo” que evita un conflicto, pero todo lo demás será igual. El voto-confort o el voto-ineficaz

Si este es el escenario –que no hay que descartar para Venezuela; una sociedad que por afuera echará muchos chistes de béisbol o tendrá mucha chispa, pero por dentro, es una sociedad muy resentida, con muchas “facturas por cobrar” entre grupos- hay tres opciones: que el liderazgo marque la diferencia porque lo que no resuelve el voto, lo resuelve el liderazgo y las instituciones, lo que nos lleva a la calidad de ambos, pero no es tema de la entrada; que se mantenga la rutina y el “mecanismo adaptativo” del voto-confort; y, finalmente, que la representación social del voto cambie por la discusión y el debate en la opinión pública, y su imagen no sea la máquina, el dedo con tinta, o las “cajas”, sino otra imagen: el voto como rebelión y desobediencia, más allá de la abstención, los votos nulos, o los votos en blanco. Del voto-confort al voto-rebelión. 

Pero por lo pronto, para quienes defendemos la idea del voto como experiencia central, no accesoria a la calle, para ofrecer proyectos o cambiar gobiernos sin derramar sangre de gente común, nos entra un aire y una satisfacción al ver las cifras del estudio de la UCAB. La convicción del pueblo en el voto es fuerte, a pesar de los múltiples y poderosos intentos que se hacen para debilitar esa seguridad.

Una buena noticia, al menos.           

domingo, 24 de mayo de 2015

¿Es posible una "tercera vía"?



Las “terceras vías” –organizaciones que irrumpen con éxito entre dos bloques políticos importantes- en la historia de Venezuela no son nuevas.

Se recuerda la anécdota que se le atribuye a Petkoff al definir al MAS en tiempos de AD-Copei, “Como un Volkswagen entre dos gandolas”. En los 90, el MAS y LCR tuvieron roles de “terceras vías”, que perdieron por falta de visión y las mezquindades propias de la política venezolana.

A la hora de votar, también hay historia sobre la intención de voto hacia “independientes”. En enero de 2010 -8 meses antes de las parlamentarias de ese año- en IVAD, la intención de voto fue: 32,6% PSUV, 20,8% Unidad, 33,1% “candidatos independientes”, y 13,5% Ns/Nr.

Si la equivalencia es posible, ese 33% de independientes fue tragado por la polarización PSUV-Unidad porque el resultado del 26-9-10 fue: 48,14% PSUV, 47,2% Unidad, 3,14% PPT, y 1,47% Otros. Sumados PPT + Otros es 4,61 por cierto.

¿Será ese el destino de las “terceras vías” en las parlamentarias de 2015? No es tema de esta entrada, sino argumentar si una “tercera vía” es posible.

La respuesta es sí. En las municipales de 2013, las organizaciones no postuladas por la Unidad o el PSUV –aunque cercanas política o doctrinariamente a los dos grupos políticos- sumaron 1.273.703 votos o 11,6% de la torta electoral municipal, porcentaje pequeño, pero que llamó la atención en ese entonces, porque no fue esperado.

En una exposición que hice en un seminario de la UCAB el día 26-2-14, formulé la misma interrogante, con un sí tentativo como respuesta. Pregunté en ese foro, “¿Quién será el Beppe Grillo venezolano? ¿Tendremos en un futuro movimientos no partidistas formados por artistas, intelectuales, anclas, profetas, que compitan con éxito con las organizaciones políticas?”.

Los resultados de las primarias de la Unidad el día 17-5-15 y la encuesta de la UCAB/Delphos Percepciones ciudadanas del Sistema Electoral Venezolano, con campo 10 al 25 de abril de 2015 y una n = 1.200 entrevistas, me llevan a pensar que el sí como respuesta, hoy es consistente.

Por supuesto, que la posibilidad de una tercera vía exista en los datos es una cosa, pero que se concrete es otra. Y si se concreta, que lo haga de acuerdo a las expectativas de quienes la esperan, también es otro asunto.

Lo anterior, porque muchos se disputan la progenitura de la “tercera vía” debido a que el olfato político les dice que por allí hay una oportunidad política que no se ha llenado. Es la apuesta que hacen Marea Socialista, el MAS, el movimiento que encabeza Ricardo Sánchez, y el activismo que promueve Claudio Fermín.

Si me preguntan, diría que estos grupos no son “tercera vía” sino descontentos con los grupos más importantes (PSUV o Unidad) que buscan “su vía” para tener sus espacios de poder para influir y negociar, que es como se hace la política en Venezuela: abre un nicho aunque sea pequeño, y lo demás viene solo ¿La meta? en algunas de estas personas, no es la AN o promover a los "activistas de abajo", sino la mira está puesta en las presidenciales de 2018. 

También, muchas de las personas que buscan la “tercera vía” son conocidos y estuvieron en posiciones de poder para hacer los cambios que hoy reclaman como si nunca hubiesen tenido poder o influencia. Ahora a un gentío le da por decir que son "cachilapos", como si la sociedad no tuviera memoria de quiénes son o de las posiciones que ocuparon. 

Pero posiblemente para la sociedad sí son “tercera vía”. Venezuela es un país tan inercial, que tal vez lo que se entienda por “tercera vía” sea cualquier movimiento o persona que canalice la molestia que hay hacia la Unidad o hacia el PSUV, sea de gente nueva o menos nueva. Cualquiera que llene ese vacío, ya es el tan codiciado por muchos outsider.

También otro problema es el contenido de la “tercera vía”. Hoy, entendería por “tercera vía” una opción de ruptura con lo que hace la Unidad o el PSUV –sean en las versiones moderadas o extremas de cada uno- no solo en el plano del discurso o la retórica “atrapa públicos”, sino en la visión y en la práctica política.

Pero también lo anterior es otro problema. Posiblemente, la sociedad no quiera una ruptura sino que las “cosas se hagan mejor”. Tal vez quiera un socialismo más eficiente, menos autoritario y menos corrupto. O un gobierno de unidad con “las caras que le dicen algo al país” y un “gran acuerdo de elites” para que el sector privado pueda trabajar, con un populismo benefactor.

Ninguna de las dos versiones cuestionaría el fondo de la economía política nacional o la forma cómo se maneja el poder en el país. Tal vez Venezuela no tenga ganas de cuestionar su naturaleza productiva como sociedad, sino lograr que el ordeño de la renta sea algo más democrático hacia la base, y si por eso los grupos de la cúpula tienen un share algo mayor al resto, no es problema, porque hay una suerte de trickle down rentístico. Y todos felices.

Pero no sigamos más. La entrada es para aportar algunos datos que sugieren que una “tercera vía” sí es posible hoy. Cómo será, quiénes la encabezarán, cuáles serán sus propuestas, sus posibilidades reales, son temas para otra discusión.

Aunque el estudio de la UCAB/Delphos no aporta en la presentación oficial los famosos “tabulados” ni el wording original de las preguntas del cuestionario, algunas conjeturas se pueden hacer, con la salvedad que no tienen la fuerza que da hacerla con los “tabulados”. Tampoco voy a tocar todos los números que tiene el estudio de opinión, aunque provoca, pero haría la entrada demasiado larga y quizás aburrida para leer.

Veamos. La UCAB sugiere que ocurre un proceso de “despolarización”, aunque si se presta atención a las categorías de la misma encuesta, más bien luce un proceso de desafiliación que de “despolarización”.

Así, la presentación dice que el 44,9% del país son los “resteados” (con la MUD o con Maduro), pero el 55% son –uso esta categoría que no está en el estudio, pero para seguir la equivalencia con el discurso de la encuesta- los “no resteados”, pero no quiere decir que no tengan una posición, es decir, los números del estudio sugieren que “están polarizados” pero no hacia los polos que dominan. Es una “opinión cimarrona”, si se quiere.  

Así, del 55% un 25,3% opinó que “Todos los políticos son iguales”, un 16,4% es “chavista no madurista”, y un 13,3% es “oposición no MUD”. Destaca el dato que uno de cada 4 venezolano no ve diferencias entre los políticos criollos.

Mi hipótesis para esta configuración de los datos es que la opinión pública hoy es monopolizada por los extremos de “ambos bandos”, con todo su “arsenal” comunicacional: medios, “matriceros de opinión”, “operadores políticos”, “bajadores de líneas de opinión”, difusores, intelectuales, opinadores, gatekeepers y “vigilantes” (para ver si la gente “se porta bien” en la opinión; los "bozales" de los que habla el "Pollo" Brito para explicar por qué dejó el programa Portada's del canal 4); y las opiniones no extremas tienen una presencia marginal o residual, pero el precio que pagan los extremos por su dominio del mercado de la opinión es la desafiliación de la mayoría del país, que se convirtió en algo como una “opinión rebelde” frente a la “opinión correcta” que imponen los extremos en su monopolio opinático.

Otro dato que me impactó bastante es la proyección a futuro en la calidad de vida de los hijos.

No tengo hijos, pero la cifra es brutal y me dejó ver lo altísimo de las expectativas negativas que hay en la sociedad venezolana. Tal vez como soy optimista a pesar de lo duro de vivir en este país y marco distancia con las opiniones destructivas que son comunes en el habla cotidiana venezolana, esas expectativas no sean tan salientes para mi, pero constatar lo que uno intuye por olfato en un estudio, pega.

Así, 41% opinó que sus hijos van a vivir “igual de mal o peor” en el futuro. 18% dijo que “igual de mal”. Un 31% que vivirán mejor. 10% que vivirán “igual de bien”. Si se redondea, un 60% proyectó un futuro sombrío para sus hijos, y un 40% pronosticó un futuro amable para sus descendientes.

Esa percepción opaca sobre el futuro puede traducirse en frustración que a su vez se desplaza como agresión. Dos casos llamaron mi atención: el comportamiento anómico de vecinos que protestaron contra la inseguridad en Palo Verde el día 22-5-15, y la intensidad de las amenazas reportadas en el caso de la muerte de la mascota “Cotufa”, ocurrida en una clínica veterinaria en Caracas, el fin de semana del 17-5-15.

Escucho o leo con más frecuencia en personas prototipos “clase media” o en urbanizaciones “clase media”, las expresiones “Nos están matando” (sea la delincuencia o la inflación) y “Nos abandonaron” (todos los dirigentes, sean del gobierno o de la oposición), que comunican una percepción de abandono, de carencia de referentes, y de una gran vulnerabilidad (el "Nos").    

Finalmente, la intención de voto para las parlamentarias. Un 54,7% expresó claramente por cuál grupo político va a votar (Unidad o PSUV), pero un 45,3% manifestó otras opiniones: un 16,4% dijo que “no votaría por ninguno” (de la Unidad o del PSUV), un 8,2% que “no iría a votar”, y un 20,7% que “no sabe”.

Llama la atención el 16,4% que opinó que “no votaría por ninguno”. También parece existir una “intención de voto cimarrona”, con menos fuerza que la desafiliación a los bloques, pero no desdeñable: cerca de 1 de cada 5 venezolano dice que “no votaría por ninguno” (de la Unidad o del PSUV).

Ahora paso a comentar un dato de las primarias de la Unidad del día 17-5-15. Al igual que en la encuesta de la UCAB, sobre las primarias hay mucho qué analizar y tela que cortar, que escapa a esta entrada. Solo voy a comentar los datos obtenidos por los partidos de forma individual.

Una de las “matrices de opinión” de la noche del 17 fue que “los moderados ganaron y los radicales quedaron debilitados”, pero al ver los números individuales de los partidos, no parece ser así.

Reitero mis diferencias con “la salida”. Durante el tiempo en el cual formé parte la Secretaría Ejecutiva de la MUD, manifesté mis diferencias con esta opción para hacer política, e insistí en concentrarse en reformar la MUD a partir del "Informe Hospedales", seguir la ruta electoral, y prepararse para las elecciones a la AN (que hoy están a la vuelta de la esquina). Cuando salí de la Mesa, igualmente expresé mis diferencias con "la salida" (en este blog, por ejemplo). Hoy las reitero. Ahora bien, los números de los partidos individuales en las primarias del 17-5-15, sugieren que “la salida” salió bien en los votos.

Veamos. Efectivamente, PJ es el partido que obtuvo más sufragios (125.916), seguido de VP (116.371), pero la diferencia entre el primero y el segundo no es mucha. Es de 9.545 votos.

Sin embargo, PJ es un partido que nace como asociación civil en 1992 y como partido en 2000. Ha tenido dos candidatos presidenciales, votos nacionales, parlamentarios, gobernaciones, alcaldías, y poder político. Voluntad Popular como movimiento aparece en 2004, se presenta en 2009, y es reconocido por el CNE en 2011, y también tiene funcionarios electos, pero como partido es mucho más reciente que PJ.

Si existiera algo como una medida de la “energía política requerida” para lograr los votos, pudiera decirse que los sufragios de PJ requirieron más “energía política” que los votos de Voluntad Popular. PJ luce un partido en su madurez, y VP luce que está en su fase de crecimiento, con una pendiente más pronunciada que la de PJ, que parece de crecimiento más discreto o estable.  

Vente Venezuela es más reciente que VP. Su tuiter data de 2012 y el CNE negó su reconocimiento con ese nombre en mayo de 2015. No obstante, obtuvo 19.679 votos en las primarias del 17-5-15. Si se busca una medida de magnitud, Vente sacó casi el 40% de lo que lograron UNT y PV (47.793 y 49.812 votos respectivamente). No obstante, estos dos partidos tienen más tiempo de haber sido fundados –PV desde 1995 con ProCa y UNT desde 1999- y han tenido candidatos presidenciales, votos nacionales, y puestos políticos.

Para dar otra medida del potencial de estos dos movimientos políticos, tomo un par de resultados individuales de las primarias.

En el caso de VP, el circuito 2 de Táchira -7 municipios al oeste del estado- Gaby Arellano fue por VP y Wilfrido Tovar fue apoyado por todos los demás partidos. Arellano ganó cómoda con el 62,95% de los votos, a pesar que Tovar tuvo el respaldo de los demás partidos.

En el caso de Vente, el circuito 3 de Falcón –donde está la capital del estado- Vente postuló a José Amalio Graterol quien perdió ante Eliézer Sirit, pero por apenas 327 votos. Sirit es diputado por el estado, Secretario General de AD en ese estado, y fue apoyado por todos los partidos de la Unidad. Graterol le ganó a los candidatos de Copei y de LCR.

Escribo de los casos de VP y Vente porque se presentan como movimientos de ruptura. Si lo son o no, es tema para otra entrada –en lo personal, no son los movimientos con los que me identifico para una “tercera vía”- pero se presentan así, y en política como en psicología social, “percepciones son verdades”. Posiblemente sus votos tengan como motivos, entre otros, que son percibidos así por buena parte del electorado opositor, y por eso, su crecimiento. 

Hoy VP me luce en vías de ser un partido de masas, mientras Vente lo veo como un partido de cuadros y de notables. Si pueden mantener la pendiente de crecimiento o caen en lo que es tradicional en los políticos venezolanos que es sobre-estimar un éxito y en jugadas audaces, perderlo todo, el tiempo lo dirá. Tampoco es objeto de esta entrada evaluar este escenario.   

¿Se concretará una “tercera vía”? Pienso que sí, aunque quién o cuál organización será la protagonista o la cabeza de esa alternativa, es difícil pronosticarlo.

Tal vez sin darnos cuenta, la sociología electoral venezolana esté dando un giro de 180 grados. No creo que sea un regreso hacia el multipartidismo fragmentado que vivió Venezuela durante los primeros lustros del experimento democrático de 1958, ni tampoco el policlasismo que le dio cohesión a la sociedad venezolana.

Si los "Volkswagen" podrán sobrevivir con éxito a las "gandolas" y eventualmente adelantarlas, es lo que veremos en los próximos tiempos.