Léeme en otro idioma

viernes, 25 de diciembre de 2009

Caldera
Corresponderá a historiadores y politólogos, hacer un balance de la figura de Rafael Caldera Rodríguez (1916-2009), yaracuyano, político socialcristiano, quien gobernó a Venezuela en dos ocasiones (1969-1974 y 1994-1999).
En mi familia -por la parte socialcristiana, ya que la mayoría es socialdemócrata, y también hay comunistas- la figura del exPresidente siempre estuvo vinculada. Uno de mis tíos, el General de Brigada Juan Manuel Sucre Figarella, fue Jefe de la Casa Militar de Caldera, y luego, Comandante General del Ejército; ambos puestos los ejerció en el primer mandato del fundador de Copei.
En ese entonces, era un niño, y recuerdo que con un tono de auctoritas, uno escuchaba hablar en la familia del doctor Caldera y de la señora Caldera. Así, a secas: Caldera o doctor Caldera, expresado en un tono de respeto.
Su segundo mandato lo viví como adulto. En ese tiempo, mi tío Juan Manuel se hallaba enfermo -murió en 1996- y estaba hospitalizado en el Centro Médico. En una de esas visitas, conocí al doctor Caldera y a la señora Caldera.
¿Por dónde comenzar el balance?
El "primer gobierno" de Caldera se le recuerda, junto al de Betancourt (1959-1964) y al de Leoni (1964-1969), como uno de los tres gobiernos "serios" que tuvo Venezuela, luego de la caída de la dictadura el 23 de enero de 1958.
La visión convencional acerca de Punto Fijo tiende a hacer una periodización de los 40 años en dos etapas: una "buena", desde el comienzo del gobierno de Betancourt en 1959 hasta que Caldera entrega la Presidencia a Carlos Andrés Pérez, en marzo de 1974. Tres lustros de "buen gobierno".
Una segunda etapa, "mala", a partir del primer gobierno de Carlos Andrés Pérez (1974-1979) hasta que Caldera entrega la Presidencia a Chávez, en marzo de 1999.
Aunque no estoy de acuerdo con esta "periodización" entre una etapa "buena" y una etapa "mala" -esa clasificación de "buenos" y "malos" en política me disgusta, aunque gusta mucho a la gente; es una manera simple de ver la vida y, por lo tanto, atractiva- la usaremos.
El primer mandato de Caldera entró allí. Su gobierno cumplió con las reglas macroeconómicas que hicieron poisble la modernización de Venezuela desde los 50 a los tempranos 80, que describe muy bien Ricardo Haussman en un ensayo escrito en los 90, aunque otros economistas, como Leonor Filardo -también en los 90- argumentan que fue en el primer mandato del fundador de Convergencia, que una de esas reglas comenzó a transgredirse: el aumento del gasto por encima de los ingresos, regla que había sido usada por los gobierno previos (Betancourt y Leoni).
Sin embargo, en la representación social de los 40 años, el primer gobierno de Caldera es visto como un mandato "de los serios". Tal vez por eso la frustración que hoy genera la figura de Caldera en muchos: en su segundo mandato, el "hombre serio" se vino al suelo, no sólo por el contexto que le tocó enfrentar, sino por el perdón a Chávez, tema al que volveremos luego.
Lo cierto, es que la incongruencia entre el Caldera idealizado de los 70 y el mismo Caldera de los 90, no es aceptado por buena parte de la sociedad, y eso explica algunos comentarios muy acerbos hacia el ExMandatario, que se escuchan ahora, luego de morir.
No voy a ser original en destacar el principal acierto de Caldera en ese su primer período: la apertura política nacional e internacional, curiosamente de manos de un Presidente conservador, aunque con un marcado acento social en su discurso.
No fue Chávez el primero que habló en contra de las oligarquías -con la muerte del exPresidente, por casualidad, sale a flote cómo pesan los 10 años de Chávez y su desinformación o propaganda: muchos narradores de noticias o anclas, mostraron ciertas lagunas en la historia contemporánea de Venezuela, no justificable porque sean jóvenes, sino más bien, por esa laxitud venezolana de aceptar la historia según Chávez, entre los "malos" y los "buenos", aderezada por la frustración que genera el deteriorio del país; hasta Tal Cual tuvo que suprimir los comentarios en su portal web en la nota que hizo sobre Caldera por ser muy ofensivos, y eso me pone a pensar lo amargado y mezquinos que somos a veces los venezolanos, pese al hashtag de Twitter #queladilla; #queladilla la amargura y mezquindad de los venezolanos, se podría colocar- sino Caldera, quien se refería a ellas como "oligarquías económicas".
La diferencia entre Caldera y Chávez, es que el segundo es un dictador que ha creado nuevas oligarquías -comenzando por la de él y la de su familia- mientras que el primero luchó en contra de esas oligarquías con métodos democráticos. Como afirmó agudamente el comunicador Alfredo Meza en Twitter, Caldera fue el eterno candidato que nunca quiso quedarse con la Presidencia.
Se pudiera decir que Caldera hizo, a su modo, una Perestroika en la Venezuela de los 70: la pacificación.
Esa etapa de la historia fue dura. Muy dura. Tal vez no vista en su totalidad por la desinformación de Punto Fijo, y la distorsión que hoy hace el gobierno de ese momento. Como toda guerra, fue violenta, con bajas "de lado y lado", y con heridas, todavía abiertas, y visibles en muchos de los que hoy gobiernan. Una rabia que alimentan del odio, y que no es capaz de perdonar.
En un momento en que esa lucha estaba en su apogeo -derrotada política y militarmente- Caldera tuvo la sabiduría de darle una salida honorable, políticamente viable, como fue la llamada "pacificación". Caldera no tomó la vía de aplastar al adversario hasta su aniquilación total -lo que ahora hace Chávez con la oposición, y no tiene éxito- sino optó por una vía de paz: ofrecer garantías democráticas a cambio de renunciar al uso de la fuerza subversiva.
Tuvo éxito: muchas figuras de la izquierda tomaron el camino de la política. Personas de ese sector ocuparon cargos importantes, y hubo zonas "exclusivas" para estos señores: la cultura, la diplomacia, la universidad, aunque en esta última, la intervención a la UCV en 1970, es un peso político y moral muy grande para el ExPresidente.
Pero el país se institucionalizó. El PCV dejó de ser UPA, y se creó el MAS. Figuras de la izquierda entraron al Congreso Nacional, y la izquierda fue gobierno en algún sentido, con opciones importantes, y eso se reveló en las elecciones de gobernadores de 1989, 1992, y 1995, cuando figuras de esa orientación alcanzaron puestos y gobernaciones de peso. La Causa R llegó en un momento a ser una opción real de poder, que se perdió por la poca visión política de sus integrantes y la tradicional mezquindad de la polítiva venezolana, que gusta muchas veces dividir y restar, más que sumar o multiplicar. Algo parecido puede decirse del destino del MAS.
Fue un acierto esa política de amplitud -la democracia incluye, las dictaduras fragmentan, como vemos hoy con Chávez- y tuvo resultados políticos importantes.
Que la izquierda institucional no haya estado a la altura del país, y haya cedido su puesto a una izquierda stalinista, es otro asunto a analizar, pero del que no se puede responsabilizar a Caldera. Los políticos son responrables de sus actos. Deciden con la información que tienen, pero son responsables.
Hacia afuera, también operó una apertura. Con Caldera se fortalece la integración regional, y comienza la distensión con Cuba, China, y se reanudan relaciones diplomáticas con la extinta URSS. Al igual que otro conservador como Nixon, quien hizo una histórica visita a la China de Mao, Caldera también tuvo la audacia de acercarse a los adversarios políticos del país, en el marco de su política de "Solidaridad pluralista".
En su segundo mandato, el contexto político que le tocó a Caldera fue distinto. No era Punto Fijo en su etapa de expansión, de consolidación, de expectativa; sino la etapa de crisis, de cambios que la sociedad le pedía al sistema populista de conciliación de partidos (Rey).
Antes de analizar este segundo momento de Caldera en lo político, conviene ubicarlo en sus antecedentes: la segunda Presidencia de Carlos Andrés Pérez (1989-1993).
Con CAP ocurre la primera crisis importante dentro de Punto Fijo, que indicó el comienzo del fin. La crisis en el modelo de gobernabilidad era evidente.
A diferencia de Herrera y Lusinchi que no abordaron el problema de la hegemonía sino que aplicaron una política de contención que implicó la aplicación moderada (Herrera) a intensa (Lusinchi) de coerción para mantener el orden, Pérez buscó resolver el problema de la hegemonía a través de su oferta electoral, “El Gran Viraje”, pero no lo hizo políticamente, sino desde la dimensión técnica de las políticas públicas.
Pérez buscó crear una nueva correlación de poder en cuanto a políticas públicas se refiere, con el nombramiento de los llamados IESA boys, como nuevos iconos de los cambios, pero no promovió modificaciones políticas dentro de su partido, AD.
Pérez confió exclusivamente en la bondad de sus políticas y en que serían aceptadas por todos los actores sociales. No fue así. Pérez tampoco tuvo la sabiduría de construir para su gobierno una nueva correlación de fuerzas, que fuera más allá de los técnicos: incorporar a los actores políticos de la descentralización, a la sociedad, a los sectores modernizadores de AD y de otros partidos, a la nueva burguesía más capitalista y menos política que fue la que enfrentaron Herrera y Lusinchi, a los trabajadores con una definida identidad política, y al sector profesional e institucional de las Fuerzas Armadas, para crear una base política que permitiera darle viabilidad al programa de ajustes y vencer al sector conservador de la sociedad venezolana, principal perdedor del “Gran Viraje”, el cual comenzó a conspirar contra el gobierno.
A todo esto se agrega que muchas de las políticas de apertura tuvieron efectos no deseados: la apertura económica desarticuló la red social del Estado que alejó a los pobres del gobierno y los dejó sin un vínculo material y de identidad, en momentos en que más necesitaban de una política social del Estado; la entrada del capital internacional hizo que grupos locales con tradición fueran desplazados y que entraran actores internacionales pocos vinculados al país, y esto rompió el orden dentro del mundo empresarial, y una de sus consecuencias fue la lucha por el control de bancos importantes como el Banco de Venezuela y el Banco Consolidado.
De alguna manera, los empresarios leales al sistema –tipo Eugenio Mendoza y Diego Cisneros- fueron sustituidos por un nuevo tipo de actor: el empresario-político, que hacía dinero pero para desplazar o comprar a los actores políticos de Punto Fijo, y ser el verdadero poder, de forma directa. Orlando Castro es un buen ejemplo del tipo de empresario venezolano de los 90, que pueden denominarse mercantilistas-corporativos: la empresa como vehículo para el poder político, y repartirse “el lomito” del Estado venezolano. Finalmente, la descentralización también tuvo una consecuencia no deseada: rompió el tejido organizacional de los partidos, y fragmentó la fuerza política en diferentes caudillos regionales, que decidieron no atender líneas de partidos sino sus propias orientaciones.
El 27 de febrero de 1989 marca la aparición de la violencia colectiva, pero no estructurada y focalizada como la violencia política de los 60. Es la llamada “violencia loca”. La violencia se legitima como recurso para la lucha política y aquélla ya no se dirige contra un partido o gobierno particular, sino contra el propio sistema, como los intentos de golpe de 1992. La violencia se glorifica en los medios de comunicación social. En la novela Por estas calles de Ibsen Martínez (1992), el “señor de la etiqueta” –un precursor de los hoy llamados “grupos de exterminio”- se convirtió en el héroe a imitar. Una suerte de catarsis, pero contra el sistema político.
De alguna manera, Pérez cometió un severo error político: hizo un diagnóstico acertado del problema de la hegemonía, pero la solución no fue la correcta. En vez de aperturar –que era necesario si se quería reinventar a Punto Fijo- descentralizó, y se produjo tal fragmentación de poder, que estimuló una reacción de todos los sectores contra Pérez, al ser perdedores por los cambios económicos adelantados por su gobierno. Desde los más radicales, como los protagonistas de los golpes de 1992, hasta lo más conservadores, los llamados Notables, quienes hicieron de la conspiración una forma de hacer política, por cierto bastante alabada por la sociedad de entonces. Esto llevó al traste los esfuerzos de cambio, y al propio Pérez, desalojado del poder en mayo de 1993. Fue, para usar la expresión de Angel Bernardo Viso en Venezuela: Identidad y Ruptura (1983), el “Suicidio de una clase”.
El interinato de Ramón Velásquez (1993-1994) se caracterizó porque el enfrentamiento por la hegemonía fue más intenso. Se hizo más visible el deseo de sectores privados y políticos por desplazar a la elite de Punto Fijo. De alguna manera con la salida de Pérez, “se soltaron los demonios” para el control de la hegemonía del Estado y, definitivamente, Punto Fijo entró en crisis.
Del propio modelo emergieron diferentes candidaturas. Por una parte, el sector reformista, se agrupó alrededor de Rafael Caldera; mientras que los sectores “radicales” tuvieron dos candidatos: Andrés Velásquez, para un radicalismo más cercano a la izquierda, y Oswaldo Alvarez Paz, como una opción más vinculada a la derecha, a lo que se llamó “los sectores modernos del país”, cercanos a grupos económicos que de alguna manera buscaban el poder político desde 1983, pero que no querían nada con los actores políticos llamados “tradicionales”. La sociedad votó por el reformismo, que fue el catalizador para acelerar las acciones de los sectores “radicales de derecha”, evidentes en el gobierno de Rafael Caldera (1994-1999).
Antes de asumir la Presidencia, Caldera destituye al ministro de la Defensa, vicealmirante Radamés Muñoz Léon, lo que reveló que las diferencias en cuanto a la dirección de la hegemonía también estaban presentes en las Fuerzas Armadas, lo que más tarde se tradujo en la confianza a personas y no a la institución. Caldera, luego, nombra a su yerno Comandante General del Ejército, de manera de asegurar la lealtad de la fuerza más importante de las FAN.
Caldera tuvo el siguiente dilema: o cedía el poder al sector mercantilista-corporativo que eran actores políticos de hecho pero querían serlo de derecho, muy poderosos, con muchos recursos, o buscaba un acuerdo con los sectores tradicionales de Punto Fijo, para preservar el orden político.
De aquí la expresión que Caldera repetía constantemente, “En mis manos no se perderá la República”. El exPresidente no venía a resolver el problema de la hegemonía –no tenía los actores ni la capacidad para ello- sino a estabilizar al sistema político, luego de la traumática experiencia de las reformas durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez. Puede decirse que con Caldera se retoma la idea del “blindaje del Estado”, disminuida durante la administración de CAP, y comienza un proceso de recentralización del poder en manos del Estado.
Fue una época de conflicto político institucional, que llevó al uso de la amenaza y la coerción del Estado, con el propósito de reducir la capacidad de poder de los sectores privados y políticos que querían hacerse del poder del Estado, y desplazar a los actores de Punto Fijo. Caldera se enfrentó a poderes que representaron grupos de la banca, que tenían aspiraciones políticas, cuando ocurre la crisis bancaria en enero de 1994. Toma medidas como el control de precios y el control de cambios, y comienza la llamada militarización de la administración pública con el nombramiento de oficiales en el Minfra y la militarización del control del tráfico aéreo, por una huelga en este sector. Caldera amenazó “Con dar el palo a la lámpara” si el Congreso volvía a darle vigencia a las garantías suspendidas, decretada por el gobierno en 1995.
No obstante, las acciones tomadas por Caldera no fueron suficientes para traer la estabilidad buscada. El país no soportó la restricción económica y, para 1996, una crisis política estaba en puertas.
Eso, también, planteó a Caldera otro problema: la paz política en Venezuela cuesta mucho dinero. La estabilidad se logra mediante la redistribución de la renta petrolera a los “buscadores de renta”. El exPresidente respondió con una alianza con AD y el acercamiento a sectores reformistas más capitalistas, como Teodoro Petkoff, y logró un acuerdo con la tecnocracia petrolera, de manera de abordar la necesidad de dinero. La “Agenda Venezuela” y la apertura petrolera, se convirtieron a partir de 1996, en los mecanismos de contención para aplacar la conflictividad política. Caldera tuvo éxito y contuvo a los grupos mercantilistas-corporativos; por un lado, y a la conspiración de izquierda, liderada por Chávez, que buscaron tumbar a Ramón Velásquez y al propio Caldera. Salvó a la República, como dijo.
No obstante, Caldera sabía que el sistema necesitaba cambios mayores. Fue un propulsor de la reforma constitucional, intento que fue torpedeado por el establishment de la época, que hoy deben estar sumamente arrepentidos. De haberse concretado la reforma, Chávez y su gobierno tal vez serían historia o estuvieran bregando sus votos desde el Congreso o, en el peor de los casos, conspirando para dar otro golpe. La reforma hubiera catalizado un gran descontento, al precio de abrir el país a otros grupos políticos -como La Causa R- pero los grupos de poder optaron por cerrar el sistema. Pagaron un precio muy alto: el sistema lo desmanteló Chávez, y estos grupos están hoy muy debilitados.
Un punto que hay que reconocer tanto a Caldera como a CAP, es que no se pusieron por encima de la democracia. Caldera amenzó con darle "el palo a la lámpara" -no fue una expresión muy afortunada- pero no lo hizo. Pudo aprovechar la suspensión de garantías para erigirse en una especie de "Dictador romano" para salvar la República, pero no lo hizo. No se si el ExPresidente se lamentó de no haberlo hecho, pero muchos se lo habrán reclamado, pero el hecho es que dio un ejemplo de democracia: el respeto a límites. Deteriorados, ciertamente, pero límites al fin, que no violó como no lo hizo CAP, quien dijo una frase para la historia cuando lo sacaron en 1993, la cual revela ese apego, "Hubiera pereferido otra muerte".
Caldera cumplió con lo que ofreció en 1993: "en mis manos no se perderá la República", pero el país quería otra cosa: regresar a los 70. No al consumo que CAP no pudo dar -por eso se votó por él en 1988, para regresar a la "Gran Venezuela"- y al no cumplirse la fantasía del gasto, se quiso regresar a la Venezuela "austera y decente" del Primer Caldera, pero ya eso no era posible. Caldera, en verdad, no lo prometió. La gente votó por "la experiencia", por alguien que se consideró podía llevar a Venezuela a una estabilidad política. Y cumplió esa oferta. Si la gente no lo quiere reconocer ahora, es otro tema, pero no ofreció más nada durante su campaña de 1993. Y yo no voté por Caldera en esa elección. Voté por Claudio.
No obstante, ser Presidente en un país en decadencia, escindido, sin voluntad, y al mismo tiempo mantener formalidades democráticas, no es fácil. En momentos como esos, la sociedad a veces prefiere la ruptura, y por eso votó por Chávez. Pero ese balance se hará cuando a Chávez le toque rendir cuentas a la vida. Y no es ahora.
¿Cuál fue la principal debilidad de Caldera, a mi modo de ver? Le faltó grandeza. Algo que no cuadra en una persona calificada -y lo fue- como "intelectual".
Es difícil explicar esto. Por supuesto, hay atributos de personalidad que pueden dar cuenta de esa falta de grandeza -la necesidad de afecto; una persona huérfana como él- pero me concentro en los aspectos políticos para tratar de entender por qué los grandes políticos de Venezuela no dejaron escuela o liderazgos de reemplazo.
La fortaleza de la Generación del 28 fue la debilidad de las personas que integraron la Generación del 28 ¿Paradójico? Sí. Explico. Esa falta de grandeza es por la realidad en que esas personas vivieron: un país pobre, personalista, y dictatorial.
La idea de la estabilidad, la paz, el orden, definió a esa generación que vivió su niñez en un pobre país pobre, y sus padres, vivieron la realidad de las Guerras Civiles o la depauperación y tristeza del Siglo XIX venezolano.
La idea de construir un orden político estable fue el sine qua non de la generación de Caldera, y eso lo ejemplificó muy bien el Mandatario en un capítulo de Los Causahabientes; el capítulo de La Paz de Pozo Salado.
Tal vez ese objetivo de buscar un orden los llevó a no tener "descendencia política", porque eso significaba un personalismo transmutado. Rechazaron el personalismo de Gómez, por lo que no crearon descendientes, para no ser personalistas. Pero en ese tránsito, se conviertieron en conservadores. Se erigieron en una suerte de instancia final de decisión -el ejemplo de los senadores vitalicios que terciaban en la política diaria- que castró el relevo generacional. No querían tener descendientes, pero tampoco aceptaron que los "hijos" tuvieran su propia personalidad, y si algo caracteriza a la política venezolana, no es el parricidio -el asesinato de los padres- sino el filicidio -el asesinato de los hijos- y eso puede explicar por qué en Venezuela el cambio generacional es tan lento y difícil. Se prefiere matar a lo joven, para continuar con lo viejo.
Si Caldera se hubiera quedado en la "reserva", hubiera "coronado" su carrera política. En un país falto de instituciones, su voz hubiera sido ejemplo de autoridad. Debió asumir el riesgo de nuevas generaciones políticas -con sus aciertos y errores, como fue la suya- y haber servido de catalizador con la Venezuela conservadora, para darle forma a la Venezuela post-moderna.
En fin, que la falta de grandeza a mi juicio, se deriva de un conservatismo; de la idea que el país se iba a "alborotar" si se abría un poco la política a nuevos actores, incluso dentro de los partidos AD y Copei. El miedo a la inestabilidad pudo más que comprender al país que Caldera y su generación forjaron: moderno. En el fondo, nunca entendieron su principal obra política: sacar al país del atraso. El atraso se superó, pero siempre pensaron que el país podía regresar al atraso, y por eso no abrieron más. Paradójicamente, hoy estamos atrasados en lo político, con un actor que prometió abrir el sistema, y lo que hizo fue cerrarlo más, después de cambiar al elenco de protagonistas.
Sobre el sobreseimiento dado por Caldera a Chávez y a su grupo de golpistas, no lo critico, ni caigo ahora en externalizar y desplazar mi frustración, al culparlo de algo que el país le pidió.
¿Que fue un error? Claro que lo fue, y Caldera lo reconoce en su carta que dejó antes de morir, al pedir perdón. No debió ser fácil para él escribir esa palabra, pero indica que estaba consciente de lo que esa decisión tuvo, tiene, y tendrá en la vida nacional. Pero me parece cobarde de mucha gente asumir ahora el papel de víctimas, y responsabilizar a Caldera de un acto que todo el mundo le pidió ¿Por qué lo hizo?
Por dos razones. La primera -un error atribuible a Caldera- porque pensó que tal vez reviviría algo parecido a la "pacificación" de los 70. Pero no, una cosa fue "pacificar" a personas que con valor asumieron la lucha armada -un error, creo, pero asumieron su "barranco"- y otra sobreseer a una persona como Chávez, cuyo único mérito fue conspirar durante años, protegido por el "fuero militar". Quienes fueron a la guerrilla, lo hicieron con valor, pero nada de eso engalana a Chávez. La mejor evidencia es su comportamiento posterior. A Chávez le faltó el valor de muchos de los "pacificados" en los 70, y eso Caldera no lo vió. Sobreseyó a una persona sin estatura, cuya vocación principal es la de dictador. Si lo hubiese visto, no le da el perdón.
La segunda, porque el país se lo pidió. Hoy muchos se rasgan las vestiduras con esto, y dicen "no perdono a Caldera por lo que le hizo al país", pero olvidan deliberadamente que Caldera complació a sectores que pedían la liberación de Chávez. Y no eran pocos.
Por ejemplo, archienemigos de Chávez como Patricia Poleo, en ese entonces, eran abanderados de la liberación de Chávez, y lo hacían con la misma prepotencia con la que hoy lo rechazan. Igual su papá, Rafael Poleo.
Que el cálculo les haya salido mal, no es culpa de Caldera sino de todos los que pensaron que Chávez sería sólo un "muchacho de Sabaneta", al que ellos controlarían. Chávez les hizo creer eso -para mí, ese es el verdadero mérito de Chávez, junto a persistir, pero más nada, no tiene otras cosas que lo destaquen- y, al final, Chávez los desalojó del poder, como a muchos quienes creyeron en Chávez, y hoy rumian su frustración culpando a CAP y a Caldera de las decisiones que ellos tomaron.
Que en Venezuela tengamos elites mediocres, no es culpa de Caldera. Apostaron a Chávez, y se equivocaron. Ahora, me parece de muy mal gusto leer el Twitter cosas como, "no lo perdono por lo que hizo al país", para referirse a Caldera ¿Y los millones que votaron por Chávez, cuándo se van a responsabilizar de esa decisión?
Madurar no es sólo leer la página de sexo de Vanessa Davies en El Nacional, comprar Urbe Bikini, hablar de "mi pareja", ir a "El vino toma Caracas", o hablar de "temas de adultos". Madurar es asumir las responsabilidades por lo que se hace, y observo que, a pesar de 11 años de dictadura, todavía no maduramos completamente. Cuando leo estas opiniones acerca de Caldera, me entra una rabia, y pienso que nos merecemos al dictador que tenemos, y a su pandilla de ladrones.
Por supuesto, muchas otras cosas se pueden decir de Caldera. Haber construido un partido que fue referencia en el mundo socialcristiano como Copei, su participación en el diseño de las instituciones de Punto Fijo, su relación con Betancourt -que analizó en una conferencia de 1988, llamada La parábola vital de Rómulo Betancourt; parábola, casualmente, así comienza Caldera su carta que dejó antes de morir- su trabajo en el campo del derecho laboral, área en donde fue referencia; y algo que siempre me ha seducido de la generación de Betancourt, Caldera, Jóvito, etc: su estilo de vida sobrio y austero. Sin sobresaltos. Ese saber vivir y ese poder mirar a la gente en la cara cuando se deja el poder -luego de ser Presidente, Leoni iba al mercado con Doña Menca- en fin, el gesto republicano de la austeridad, que contrasta con el exceso y el boato de hoy, que se esconde en una falsa humildad.
Cuando murió mi tío Juan Manuel, en la funeraria, me sorprendió ver el carro del General Martín García Villasmil, quien fue a despedir al compañero de armas. Una verdadera "chalana". Si mal no recuerdo, un Ford 71 o 72, que manejaba 24 años después. Igual se puede decir del General Briceño Linares. Conducía otra "tarita". Mi tío Juan Manuel, poco antes, también manejaba un "catanare": un Dogde Dart 76.
En fin, que esas personas ocuparon puestos claves en momentos decisivos para el país, y con los años, uno los veía de lo más normal -aunque preocupados por el rumbo de la nación, que exteriorizaban con tristeza- tranquilos, sin excesos o lujos, sólo con la satisfacción por haber puesto su grano de arena al país ¿Cuántos generales pueden hoy exhibirse de la misma forma que lo hacían los generales Briceño Linares, García Villasmil, y Sucre Figarella? Creo que pocos. Con razón, en el Ejército -no se si de eso se habla ahora- se hablaba del "Grupo de los 8", ocho generales que eran ejemplo dentro de la fuerza, entre los que están los tres mencionados. Fue una generación hecha con una extraordinaria madera.
Ojalá si algún día me toca ocupar algún puesto o estar en una posición pública, cuando salga, pueda seguir el ejemplo que ellos dejaron, y hacer el mercado como siempre.
El tiempo colocará a Caldera en su justa dimensión. En mi caso, sin ser su admirador o haber votado por él, lo respeto como político: su perseverancia, su carácter, haber forjado la Venezuela moderna junto a otros, están por encima de sus errores, para mi. No lo culpo por haber sobreseído a Chávez. Si lo culpo de algo, es de haber sido muy conservador. Pero creyó en eso.
Mis condolencias a la familia Caldera Pietri por el fallecimiento del doctor Caldera. Me uno a las oraciones que piden descanso eterno para su alma. Valoro la decisión de su familia de no aceptar los honores como Jefe de Estado que le corresponden, por parte de este gobierno. Creo que el doctor Caldera no los hubiese querido tampoco.
-->

martes, 22 de diciembre de 2009

Así comienza 2010
Antes de cada proceso electoral, siempre se dice, “esta es la última oportunidad”, “ahora sí”, etc. Creo que, en esta ocasión, esta expresión es cierta, en el sentido que las rutas por las que puede caminar Venezuela ya son visibles: una dictadura “a la cubana”, con los condimentos autoritarios del Siglo XXI; o un cambio hacia una democracia que será incierta, con riesgos y amenazas por parte de quienes hoy detentan el poder.
El 26 de septiembre de 2010, son las elecciones para escoger a la nueva Asamblea Nacional que sustituirá a la vergonzosa cámara –con honrosas excepciones- que tiene el país desde diciembre de 2005. Vergüenza que tiene su origen en la disolución de los poderes que ha hecho y hace el gobierno, y en un garrafal error estratégico de la oposición, que fue no concurrir a las elecciones de diciembre de 2005, y mucho menos, haber asumido la abstención –si ese era el camino- de manera militante. La suma de estas dos causas, produjo un parlamento que pasará a la historia como uno de los peores y el más sumiso que haya tenido Venezuela.
El año 2010 va a ser un año de definiciones, que va a influir de manera determinante en el destino político del país.
¿Por qué? Por una parte, se tiene un gobierno resuelto en imponer su dictadura de corte comunista y burocrático, y el 2010 luce como el año en que el gobierno estima consolidarla, proceso que arrancó luego de la derrota de la reforma en 2007. Ya van dos años en donde se impone por la fuerza lo que no se logró por los votos, y el gobierno parece urgido en terminar de cerrar el círculo dictatorial.
Por otra parte, se tiene un país más crítico, más conciente del peligro que representa el gobierno, pero ese estado en la opinión pública, es lo que no termina de cuajar como alternativa política, que es el trabajo de la oposición y que realiza, pero muy lento.
Sin embargo, el gobierno sabe que una opinión pública crítica se manifestará en contra, tarde o temprano, y eso ocurre hoy, a cuentagotas. El apuro del gobierno es evitar que esa manifestación ocurra de forma masiva y los desaloje del poder, y lo hace clausurando la democracia. De aquí su atore por aprobar leyes, controlar cada vez más espacios de la sociedad, para tratar de evitar lo inevitable: que el país opte por un cambio. Que va a ocurrir, y el gobierno se anticipa a ese momento.
La estrategia de “quebrar” a la sociedad como lo anunció Cabello luego de la enmienda del 15F, no ha funcionado. Si nos atenemos a los “bloques políticos situacionales” de Seijas-IVAD en su estudio del 30 de noviembre, el “Bloque no oficialista” tiene una aceptación del 44% y el “Bloque oficialista”, una adhesión del 42 por ciento. No ha habido tal quiebre, y eso que el gobierno durante 2009, ha hecho de todo para tratar de romper la voluntad de cambio de una parte importante del país, y lograr su sumisión.
La preocupación es que a este 44 por ciento, comienza a sumarse sectores del país que ven que las cosas no marchan bien en el país. No significa que sean de oposición –no lo son en su gran mayoría, y tal vez no lleguen a serlo- pero comparten que el rumbo del país no es el mejor, y critican al gobierno. Se rompen los criterios convencionales de clasificación, y la idea que, por ejemplo, la clase popular es exclusiva del gobierno cede a realidades más complejas, en donde en este sector, hay preferencias políticas diversas. El chavismo puede ser la mayoría –cada vez más pírrica- pero no es ya hegemónico o único.
Ese ha sido el cambio más importante en el país desde 2006, y es lo que el gobierno trata de evitar. Que cuaje en una alternativa política, en fuerza política. Se puede aplicar en este caso la frase que utiliza el gobierno, “Lo viejo no termina de morir (el gobierno), y lo nuevo no termina de nacer (un cambio)”.
La estrategia de Chávez parece descansar en cuatro grandes líneas de acción, orientadas a evitar ese cambio.
La primera, a nivel internacional, es abrocharse a Irán, a Cuba, a la Alba; en tratar de polarizar con el tema del clima, en la creencia que eso va a salvar al gobierno, al tener “dolientes” internacionales que generen disuasión.
Al radicalizar, Chávez hace lo que mejor sabe hacer: chantajear. Algo como, “si no me aceptan, crearemos un caos mundial”. Así puede interpretarse la expresión del Presidente de Irán, de “ir juntos hasta el final”, cuando vino a Venezuela, o el regreso del cuento del “huele a azufre” para referirse a Obama, en la reciente Cumbre del Cambio Climático. También, el viaje relámpago a Cuba hecho por Chávez en noviembre. Sabe que viene un momento de inflexión, de giro, de cambio. En el fondo Chávez no se dirige al país; ni a la oposición, ni a los “chavistas moderados”, sino a los “chavistas radicales”, que quiere compactar.
El país tomó una dinámica que ya escapa a Chávez, a la oposición, y a los “ni-ni”, y esa dinámica es que se buscan nuevos horizontes. Chávez sabe eso, y su primera acción, es abrocharse internacionalmente para evitar cualquier sanción, acción, u opinión sobre su gobierno, al decir algo como, “el uranio de Irán también es mío. Tengo una bomba atómica virtual”. A esto se agrega, la mal llamada “V Internacional”, con lo que se espera sumar a partidos –se sumó, por ejemplo, el FMNL de El Salvador- para ponerle precio a cualquier llamado internacional al gobierno, cuando se plantee desconocer los resultados del 26S, si es el caso. Venezuela, junto a Cuba y Malí, votó en contra de las sanciones de la OAI a Irán por su programa nuclear. El apoyo a Irán que Chávez esperar cobrar cuando esté en aprietos. Igual hizo en Copenhage, al tratar de llevar la “voz de los pueblos del Sur”.
Chávez regresa a lo que era su estrategia internacional en 2005: apostar a una gran revuelta mundial. A un 27F global. La diferencia, es que su situación internacional hoy es más débil -Colombia, Honduras, un Piñera que ganó en la primera vuelta, un Serra en Brasil adelante en las encuestas, u Obama- y la opinión que Chávez tiene en la región es muy mala. Con decir que, de acuerdo a Latinobarómetro, Fidel Castro -quien tradicionalmente es muy mal visto en la región- tiene mejor evaluación quje Chávez.
Esta revuelta "de las multitudes" la argumentó Juan Barreto (El Nacional, día 26-11-09): la carta de los proletarios hoy son las multitudes, no la lucha de clases.
Con estas acciones, Chávez revela que ya no controla muchas variables, y que radicalizarse, es la opción que lo va a salvar, al tratar de chantajear al mundo.
Lo segundo, hacia lo interno, es aplicar la misma lógica con la que hace la milicia ¿Cuál es? Chávez desconfía de las FAN porque lo sacaron el 11 de abril. Ese miedo todavía lo tiene, y la forma que halló para bajarlo es crear a la milicia, y decirle a las FAN, “Si hacen otro 11 de abril, habrá enfrentamientos”, que es lo mismo que decir, “El Chávez pendejo de 2002 no existe”. Si se leen leyes o proyectos de leyes o acciones -LOT, consejos comunales, planificación, participación “popular”- la lógica es la misma. Promover una toma progresiva de la sociedad con cuerpos para-militares y para-estatales, para generar disuasión, al promover escenarios de conflictos.
Así, en la reforma a la Ley de Consejos Comunales –ahora es orgánica- se crean “comités de defensa integral”.
En el acto del día 28-11-09 con la Policía Nacional, Chávez indicó que este cuerpo debe tener una “ideología revolucionaria y socialista”, e instó al PSUV a crear “comités de defensa ciudadana”, que recuerdan a los CDR de Cuba. Se anunció que Freddy Bernal será el “enlace” entre el PSUV y esta policía del gobierno (El Nacional, día 29-11-09). Este diario (día 22-12-09), informó que las bases del PSUV tendrán peso a la hora de escoger a los funcionarios de la Policía Nacional.
Por eso el gobierno confisca más, y al mismo tiempo a lo que confisca, le mete su “cuerpo de combatientes” para decirle al país, “¿No quieren que Chávez siga mandando? Habrá enfrentamientos, entonces. Lo tienen que aguantar, aunque no les guste”, para lograr la sumisión del país por medio del temor al caos.
¿Busca el gobierno un escenario parecido al de 2002, con la diferencia que toma progresivamente a la sociedad?
Lo cierto, es que la estrategia parece orientada a crear una suerte de “sociedad paralela” que controle a la sociedad formal, al incorporar en las leyes figuras como “comités”, que en el fondo son aparatos de vigilancia del Estado. Ir cercando a la sociedad con un “muro de comités” que tengan un efecto disuasivo, y evite que se manifieste la protesta del país, y controlar los resultados electorales de 2010 y los demás. Así puede interpretarse el llamado que hace el PSUV a su militancia a que se integre a las milicias (El Nacional, día 24-11-09). Es meter al partido en todas las estructuras de la sociedad y del Estado.
En fin, es jugar con la amenaza de un conflicto nacional e internacional, si no se acepta la dominación de Chávez, con un “Estado paralelo” que controla y reprime a la sociedad.
Lo tercero, compactar la base de apoyo del gobierno. Esto da resultados, de acuerdo a los números de Seijas-Delphos (noviembre 2009). En general, la opinión del Bloque oficialista se compacta, y en algunos casos atrae a los “chavistas moderados”, aunque no siempre es así.
La idea de un Estado fuerte, sugiere que el chavismo se compacta y mejora dentro de su propia fuerza, pero no parece atraer a otros segmentos de la sociedad. Al contrario, si se compara con septiembre, aquellos segmentos que se vinculan a la oposición, se alejan del chavismo. Por ejemplo, en septiembre, el 20% de la clase AB se auto-definía como chavista. En noviembre, bajó al 14 por ciento. El 22% de esta clase decía pertenecer al PSUV en septiembre, pero en noviembre, la adhesión cayó al 10 por ciento (Seijas-Delphos, noviembre 2009). Los del Bloque oficialista culpan más “al pueblo” de los problemas del país en un 26% mientras que los del Bloque no oficialista lo responsabilizan en un 10,8 por ciento.
En Seijas-IVAD, se tiene que en los Bloques políticos estructurales (sin incluir la distribución de los No alineados), entre el estudio del 4 de noviembre y el estudio del 30 de noviembre de 2009, la separación entre los bloques Oficialista y No oficialista aumenta, a favor del gobierno. En noviembre 4, la distribución era 35% Oficialista, 23,5% No oficialista, y 41,5% No alineados. La diferencia entre los dos primeros fue del 11,5 por ciento. En el estudio del 30 de noviembre, la distribución fue 33,2% 21% y 45,8% respectivamente. La diferencia entre los dos bloques subió a 12,2% con una diferencia de 0,7% a favor del bloque oficialista entre el 4 y el 30 de noviembre.
En otras palabras, el gobierno se compacta en su base, la oposición se reduce un poco, y aumentan los no alineados. Esto cambia cuando se coloca las preferencias de los No alineados. Aquí los bloques se emparejan (los bloques políticos situacionales en Seijas-IVAD), lo que indica que los No alineados se mueven hacia el Bloque no oficialista preferentemente.
El público del Bloque no oficialista es mayormente Pro oposición (24,5%), mientras que en el Bloque oficialista, el público más grande es el Oficialista (33,2%). De nuevo, el gobierno compacta su base más convencida, al precio del alejamiento del “chavismo moderado”, mientras que la oposición crece en el segmento de los “opositores moderados”.
Pero en los Bloques situaciones y “pelo a pelo” –la base de cada uno- la del gobierno es más alta: 33,2% versus 19,6 por ciento. Una diferencia a favor del primero del 13,6 por ciento, que es lo que esta estrategia de radicalización del gobierno busca reforzar.
En resumen, compactación de las opiniones –más radicales en los “chavistas duros”- y externalización de los problemas en figuras como el pueblo, o las tesis sobre conspiraciones externas o internas, definen el momento actual del chavismo.
Esto puede impulsarse por la purga interna con los bancos, que aleja a grupos no chavistas del gobierno, pero que hacían negocios, y sólo queda espacio para los convencidos. Igualmente, el caso de la jueza Alfiuni, comunica un mensaje a la estructura del Estado: quien no ejecute las órdenes del poder, será severamente sancionado.
El propósito parece ser aglutinar la base del gobierno para la “tercera fase de la revolución” anunciada por Istúriz.
Los “motores” del gobierno parecen ser tres hoy: esta base del 33 por ciento, la estructura oficial de control y legalización de la dictadura (las dos “Luisas”, la Ortega Díaz y la Morales), y el aparato de los esbirros (sean las fuerzas oficiales y las para-oficiales, tipo Lina Ron o las bandas armadas).
La gran estrategia oficial parece ser construir una especie de “botón” que permita paralizar al país, cuando éste exprese su deseo de cambios, que vendrá ese momento, mediante un catalizador (una decisión del gobierno, las elecciones, una reacción interna de grupos del gobierno, o acciones exteriores como el conflicto con Colombia, Irán, con la advertencia que hizo Hillary Clinton la semana pasada; etc).
Este “botón” es el entramado legal que se construye y la represión, y Chávez espera tenerlo a punto para usarlo cuando el país se le encarate. Venezuela está entre el conformismo de Cuba o las protestas de Irán. Entre que la oposición sea purgada como hizo Fidel o se movilice como hace en Irán.
Finalmente –lo más reciente- es regresar al estilo comunicacional usado para la reforma de 2007. "Acciones populares” –por ejemplo, la inauguración de una “arepera socialista” el día 22-12-09, o nuevamente, la propuesta que quienes vivan alquilados deben ser propietarios del inmueble en donde viven, como propuso Barreto en 2005; o el teleférico gratis en navidad- que buscan mostrar un “rostro humano” del gobierno. Seguramente, en el calor de la campaña, Chávez sacará la nueva versión de "Por amor".......quiero ser dictador.........Y tal vez algunos le "compren el mensaje", pero no lo suficiente para revivir la gloria de 2006. Ese es su problema: está venido a menos. Sólo le queda, principalmente, la represión.
Al mismo tiempo, el gobierno coloca una apuesta alta al competir en el sector comercial, con el anuncio que tendrá venta de carros, de electrodomésticos, de tiendas; en fin, entrar al detal para “ganarle a la especulación”. Al menos, el plan luce ambicioso, y curiosamente y en negación con sus críticas al consumismo, el populismo se reinventa: de Misiones a bienes de consumo, como carros, TV, neveras, muebles, etc.
Un populismo, si se quiere, “focalizado”, lógica de los programa sociales del Consenso de Washington. Un gobierno que usa las prácticas del capitalismo en la creencia que lo va a acabar así. Quiere acabar con el consumo, impulsando un “consumo socialista”.
El populismo se reinventa, y ahora es “segmentado de acuerdo al target”, como una manera de compensar las carencias en políticas públicas generales y para todos, de un Estado que ya no tiene capacidad. Parece más fácil regalar una arepa que resolver el problema de la escasez de productos alimenticios o la inflación, que devora los ingresos de los sectores populares y medios.
Es más fácil regalar un carro, que tener un buen sistema de transporte público, que beneficie a todos por igual. Es más fácil dar un crédito al 6% que crear las condiciones para que la inversión prospere en el país, y que muchas PYME abran, y no cierren, como indican las cifras más nuevas del INE.
Esta parece ser la nueva etapa del gobierno “arepero”: populismo ya no “al mayor” –no hay para eso- sino “al detal”, para tratar de crear la ficción de bonanza, que en 2006 creó un barril a 120 dólares.
¿Y la unidad? El 2009 ha sido un año favorable para la unidad, aunque muchos no lo vean así.
Por una parte, aumentó su caudal de votos entre noviembre 2008 y febrero 2009, al pasar de 4,6 millones a 5,3 millones. También, se creó la Mesa de la unidad, que comunica que el tema de una oposición unida es importante. Esta instancia produjo lo que es uno de los mejores documentos políticos, que fue el comunicado del día 19-11-09 sobre las reglas de juego para la selección de los candidatos a la AN. Este comunicado, a su vez, se tradujo en unos reglamentos aprobados el día 9-12-09, tal como lo prometió la Mesa. Una buena señal en cuanto a consistencia y persistencia. Seriedad.
Finalmente, la oposición, si bien crece lentamente en la opinión pública, ha tenido más éxito en bajar la opinión negativa hacia ella. El desagrado baja más rápido que el agrado. Es algo, y muchos de los que expresaban opinión negativa, ahora son Ns/Nr. Queda el trabajo para convertirlos en opinión a favor, pero se detuvo la "hemorragia" de opinión pública negativa.
La oposición se percibe con menos desagrado, cierto, pero como dicen muchos expertos, “no capitaliza el descontento”.
En los estudios de Datos, se constató que entre septiembre y noviembre, la opinión negativa hacia la Mesa bajó 12 puntos, al pasar de 47 a 35 por ciento; también bajó la opinión negativa dos puntos (de 30 a 28%), y subieron los No sabe/No responde, que pasaron de 21 a 34 por ciento.
En Seijas-Delphos de noviembre, se halló algo parecido. Baja discretamente la opinión de quienes opinan que la oposición no es alternativa, pero suben los Ns/Nr.
Un 52,4% expresó que lo que hace la oposición no supone alternativa al gobierno. Un 23,9% dijo que sí. Cerca de uno de cada 4 dijo no saber. Con respecto a septiembre, la opinión que la oposición no es alternativa, bajó 3,3 por ciento. La opinión No sabe subió de 19,5% en julio a 23,4% en noviembre.
Sin embargo, lo que hacen los partidos de la oposición es lo que menos efectos positivos tiene sobre el país. Un 81,3% (Septiembre: 80,2%) dijo que “poco” o “nada”. Esta valoración en los partidos del gobierno es de 68,6% (Septiembre: 67,1 por ciento). Los dos aumentan entre septiembre y noviembre, aunque más los partidos de oposición. Esta tendencia viene creciendo desde julio en Seijas-Delphos.
La adhesión a los partidos de la oposición bajó entre el 4 y el 30 de noviembre. Para la primera fecha, la suma de todos los partidos de la unidad que lista Seijas-IVAD fue del 22,9%. El 30 de noviembre, la suma fue del 19,6 por ciento. Una baja del 3,3 por ciento. Los del gobierno también descienden, pero a una velocidad menor que la de los partidos de la unidad: 34,5% a 33,2% el 30 de noviembre, con una caída de 1,3 por ciento.
También en la intención de voto hay cambios que la Mesa debe analizar. En Seijas-IVAD, para noviembre 4, la intención era la siguiente: chavismo 32,4%, oposición 24,8%, independientes 31,2% y Ns/Nr 11,6 por ciento. En noviembre 30, la relación es la siguiente: 29,8%, 19,6%, 33,8%, y 16,8% respectivamente.
En tres semanas, la diferencia entre la intención de voto hacia el gobierno y hacia la oposición aumentó a favor del primero, al pasar de 7,6% a 10,2 por ciento. En ese lapso, la oposición perdió 5,2% de intención de voto, y el gobierno 2,6 por ciento. Aumentó ligeramente la intención hacia los independientes en 1,6% y la que subió más, fue Ns/Nr en 5,2 por ciento.
Una hipótesis tentativa es que la manera de hacer las cosas de la oposición que también emplea la Mesa y que es tradicional en aquél sector, que es “estar en silencio mientras se arma el rompecabezas” (en criollo, no inmiscuirse mucho en lo que pasa en el país, y dedicarse a construir las alianzas políticas para las elecciones, o una lógica que hay también, “hay que esperar a que maduren las condiciones, y eso ya pasa, y lo que hay que hacer es esperar”), parece que ya tocó techo.
Si la Mesa no revisa su posicionamiento estratégico, lo que puede ocurrir es una declinación en los valores comentados o, en el mejor de los casos, un estancamiento. La Mesa debe preocuparse cuando personas migran de la oposición a la condición de Ns/Nr. Lo más probable es que regresen a la oposición –Bloques políticos situacionales- pero pueden no hacerlo. Algo de esto pasó el 15F. Al final, los Ns/Nr se fueron con el Sí de forma mayoritaria, luego de un ir y venir hacia el No (en Seijas).
Ya la etapa de “hacer política sin meterse mucho en lo que pasa en el país”, parece haber finalizado, y se le demanda a la Mesa un cambio en la manera de hacer las cosas, porque la situación cambió. Se le pide más visión, compromiso, y liderazgo. La unidad es un objetivo muy importante y estratégico, pero ya no parece suficiente, dado el nivel que el gobierno ha impreso a la política hoy.
En fin ¿Dónde estamos al comienzo de 2010?
Ante un gobierno que avanza hacia una forma de gobierno autoritaria, sin ningún tipo de límites.
Una oposición que se articula lentamente, pero que todavía no se percibe como alternativa al modelo político vigente.
Y una sociedad cada vez más crítica hacia el gobierno, pero que no halla algún referente institucional al que otorgarle liderazgo.
El gobierno ya encontró su eje de acción, que es compactar a su base, y confiar en que el control institucional y represivo hagan la diferencia para ganar en 2010.
El escenario más probable es que lo refuercen. Aquí cabe todo, aunque hay que relativizar las opciones del gobierno.
Se espera una constituyente, pero no parece ser la primera opción, no sólo porque es riesgosa –hay que elegir a constituyentes- sino porque es más complicada, y el gobierno no la ha necesitado para agarrarse al país con un golpe de Estado en cámara lenta., como hace ahora. Eso les ha servido ¿Para qué arriesgarse, en un momento en que el país está moviéndose? Es probable, entonces y como lo revelan los hechos, que sigan con la “línea Carlos Escarrá”: seguir aprobando leyes como lo vienen haciendo para el control institucional, y dependiendo de los resultados, en 2013 preferiblemente, presentar una reforma constitucional que legitime la “República Bolivariana Socialista de Venezuela”.
Lo nuevo, es que hay que esperar actos y eventos muy simbólicos. Este es un gobierno que cree en brujos, la cábala, astrólogos, y demás especies, por lo que el aspecto mágico es esencial, y consideran que están en un momento estelar del “proceso”, por lo que querrán revivir el “espíritu de 2002”, para tomar fuerza. Si es así, esto supone que desde enero, Chávez hará actos simbólicos –el inicio del Año Bicentenario, o cosas por el estilo- y también anuncie “su declaración de guerra y el comienzo de la campaña admirable”, de manera de agarrar el ritmo desde el comienzo, como hizo en enero de 2002, con el “anuncio de la guerra” desde el Táchira. Los primeros días de enero de 2010 pueden traer actos de este tipo.
Ahora le toca jugar a la unidad. Creo que su acciones hasta ahora han sido exitosas, pero ya tocaron techo. Para ganar se requiere un cambio, y más compromiso. Un cambio que suponga involucrarse más con el país, y en arriesgar, si es el caso.
¿Qué hará la Mesa si no hay elecciones el 26S? ¿Qué hará la Mesa si se convoca una constituyente con “delegados corporativistas” (Fausto Masó, El Nacional, día 19-12-09)? ¿Qué hará la unidad si el gobierno “detiene preventivamente y por su seguridad” a integrantes de la Mesa? ¿Cómo va a reaccionar si el gobierno hace un blackout informativo el 26S?
Lo único que le queda a la Mesa, si hay un desconocimiento de los resultados o el famoso "golpe a la lámpara", es organizar una respuesta desde la calle, una respuesta internacional, y denunciar el desconocimiento. Pero para eso, hay que articular a muchos grupos sociales y de base, que hoy actúan por su cuenta. En otras palabras, hay que articular una respuesta para que cuando Chávez oprima el “botón” para apagar al país, no funcione y sea sólo click, click, click......
Nunca como antes, el destino del país está tan en juego como ahora. Tal vez 2010 no sea la última oportunidad, pero si será políticamente definidor y decisivo.
¡Feliz 2010!

viernes, 18 de septiembre de 2009

¿No es tiempo ya?
El Nacional en su mancheta del día 18-9-09, se mofa acertadamente de los 6 “Vicepresidentes” que Chávez nombró para un nuevo Consejo de Ministros a dos escalones. Sin embargo, la decisión de Chávez tiene un piquete político.
En mi análisis, es el segundo paso dentro de la campaña electoral que ya arrancó el gobierno, y que parece pasar desapercibida para el país.
El primer paso, fue la promulgación de la LOE, como un momento para “activar” lo que será la organización electoral del gobierno.
Todos tendemos a repetir aquellas acciones o estrategias que, en el pasado, hicieron posible resultados positivos. Chávez ahora hace esto.
A mi modo de ver, repite lo que considera le funcionó en 2008 y en 2009. En la primera fecha, a pesar de haber perdido 6 plazas importantes, y en la segunda, al margen que la oposición haya aumentado su caudal de votos. Pero en los números gruesos, el gobierno siente que ganó, y que lo hizo con una mezcla de represión –es un recuerdo para la vergüenza nacional cuando Chávez llamó a Rosales “desgraciado” cada dos minutos durante una hora, en su discurso en Zulia el día 12-10-09, o el llamado a “usar gas del bueno”, que ordenó a sus esbirros aplicar a los estudiantes, durante la campaña por el referéndum de febrero de 2009- campaña electoral, uso abusivo de los recursos del Estado, y Chávez como jefe de campaña. Para algunos “analistas”, esta es una fórmula victoriosa, y el gobierno parece que la repite.
La fase represiva el gobierno la arrancó con la aprobación de la LOE. Esta circunstancia ha permitido el despliegue y “puesta a punto” de la maquinaria represiva del gobierno.
Un dato curioso, es que esta maquinaria funciona a la perfección, y Chávez se ha alejado un tanto de las “órdenes represivas” –como en el pasado- y ya el aparato funciona aceitadamente. Primero, el señalamiento. Lo pueden hacer desde Mario Silva, Carrizález, El Aissami, o cualquier diputado. Este es la etapa de “fijación del blanco” (targeting). Luego, entran en acción los medios de comunicación del gobierno que deshumanizan al blanco y construyen una retórica para la agresión futura. Después, entran los “órganos de justicia” –de acuerdo al nivel o tipo de caso- como la Fiscalía y el TSJ, que son los que “legalizan la represión”. Finalmente, los cuerpos de seguridad, sean “formales”, como el coronel Benavides de la GN al mando de una montonera; o “informales”, que son los grupos de matones que tiene el gobierno para agredir a las personas en la calle. Ahora, se incorporó un actor nuevo: las prisiones, nuevas, para los presos políticos: El Rodeo, Yare III, La Planta.
Por ejemplo, ahora, la operación de targeting se está haciendo con Pérez Vivas, de la manera más sistemáticamente siniestra posible.
En el post Una clandestinidad post-moderna se argumentaba que vivimos una dictadura del Siglo XXI, y se ofrecieron algunos elementos para distinguirla de las dictaduras del Siglo XX. En la represión, también hay diferencias, aunque el objetivo es el mismo: obligar al conformismo de la sociedad ante un sistema opresivo.
En las dictaduras del Siglo XX, la represión era, si se quiere, “deductiva”: de lo general a lo particular. Los tanques en la calle, los arrestos en masa, el Estado de excepción, los estadios llenos de presos, los fusilamientos masivos. Eso “bajaba” a la sociedad, y llegaba a todos los grupos. Se logra el conformismo. En este caso, eran las “estadísticas del terror”: cuántos detenidos o cuántos fusilados, o “desaparecidos”.
Ahora, la cosa es diferente. La represión es “inductiva”: de lo particular a lo general. Se identifican “blancos”, y se hace de ellos casos ejemplarizantes, que son vistos por el resto de la sociedad, y el miedo “sube” a lo macro. Aquí también se logra el conformismo. En este caso, es el “micro-terror”, y no es cantidad, sino calidad ¿A quién inhabilitamos, sacamos del juego, o buscamos para hacer un caso ejemplarizante? Faltaría espacio para colocar los casos: los trabajadores de la Alcaldía Mayor, Richard Blanco, Julio César Vivas, los comisarios y agentes de la PM, Nixon Moreno. Y los últimos que entraron el targeting: Oscar Pérez –en Perú- Huizi Clavier –también afuera- Rafael Poleo –no está en el país- y pareciera que no ocurre nada: no hay tanques en la calle –tal vez en el futuro sí, y para eso la compra de tanques rusos Chávez posiblemente quiera revivir a la Hungría de 1956 o la Checoslovaquia de 1968- ni estadios llenos de presos. Lo que hay es un micro-terror que agota y asfixia, pero que se expande rápidamente a los sectores de elite. Menos en la gente, porque las marchas del día 22 de agosto y del 5 de septiembre, revelaron que la gente mantiene sus banderas. Y ese es un dato importante, pero tampoco hay que subestimar los efectos de este “micro-terror” en que se fundamenta la represión de las dictaduras del Siglo XXI.
Este primer paso se cumplió. Con más o menos éxito, pero se cumplió, porque el gobierno lo ve como una manera de definir “issues del antagonismo” que permitan la movilización. Quiso hacerlo con la educación al tratar de polarizar entre una “educación del pueblo” y una “educación de los ricos”, pero no hubo éxito. Al menos, el ausentismo escolar el día 16-9-09 fue alto –más del 80% reporta la prensa- y eso es una respuesta no sólo al temblor y a la lluvia del sábado, sino a que la gente está agotada del conflicto, y no quiere que la manipulen en una disputa que ya saben que no les trae beneficios, sino problemas. Sin embargo, me parece que todavía el gobierno cree que con antagonizar temas, moviliza. Luce entonces, que todo esto puede tener un fin más interno: la realización de “maniobras” que ejerciten a la maquinaria interna del gobierno, para el evento electoral.
Lo segundo, fue lo anunciado ayer por Chávez. No sería descabellado decir que el gobierno siente el peso de la ineficacia y de la incompetencia, y cree que se va a solucionar con otra “reestructuración” y designando a 6 “Vicepresidentes”. Lo importante no es esto, sino lo que el gobierno percibe: que las cosas no están funcionando. Al mismo tiempo, Chávez anunció que “ordenó” agilizar la entrega de divisas, y la colocación de nueva deuda interna. Por supuesto, como reconoce Maza Zavala (Unión Radio, día 18-9-09), la economía criolla es “movediza, inestable y vulnerable como se ha calificado en diferentes épocas porque depende altamente cada vez más de los precios del petróleo”.
Pero lo relevante es que el gobierno siente la urgencia de actuar, de hacer algo. La cotidianidad se lo come, y es evidente que hay una evaluación negativa hacia el gobierno en diferentes áreas de gestión.
No soy del grupo pesimista que sostiene que no hay nada que hacer, o de lo que ahora uno escucha, “Chávez subió en las encuestas”. No estoy tan seguro de eso. Los números que conozco del IVAD (Seijas), más bien revelan una opinión pública crítica hacia el gobierno y hacia Chávez. No estoy tan seguro que la fórmula exitosa del pasado, le sirva a Chávez ahora. Aún en un escenario en que los precios del petróleo suban.
Hay, más bien, un desencanto que en algunas cosas es estructural, y que por más que el gobierno intente hacer, la resultante será la misma: más control e ineficiencia. El problema no es de gestión, sino de ideas y de personas. Lo que hace puede darle al gobierno algún repunte coyuntural, pero no pareciera que eso se traduzca en beneficios estructurales más adelante. La historia del 60-40 o del 63-37 es eso, historia.
Sin embargo, 10 años no pasan en vano. Aunque creo que el gobierno no ha tenido éxito en “quebrar” –Cabello dixit- a la oposición, no hay que subestimarlo por la capacidad de recursos que tiene, y su sofisticación en la represión. No tanto por su capacidad de políticas públicas que está anulada por una concepción vetusta de la sociedad, y que más bien, apunta a una “metástasis de la burocracia” que tendrá como efecto más ineficiencia. No se está ante un “círculo virtuoso” de los que habla Peter Senge, sino ante un “círculo vicioso”, del que el gobierno no puede y no quiere salir.
Pero –se insiste- en que no hay que subestimar su capacidad para crear escenarios que puedan poner obstáculos a la unidad. Es el punto que quiero destacar.
Ahora se habla del tema de las elecciones y el rol de la Mesa de la Unidad en el tema. Artículos interesantes se han planteado, como los del periodista de El Universal Eugenio Martínez –quien cubre la fuente electoral y de política- en sendos artículos del día 6 y 10 de septiembre, junto a otros planteamientos. No obstante, el planteamiento de Martínez es el que considero más elaborado y acertado, y el cual comparto: ya es tiempo de abordar el tema electoral.
Se entiende que exista cierta restricción para hablar del mismo en la Mesa de la Unidad porque toca aspectos sensibles, aparte que se puede considerar inoportuno, pero hay que tocarlo.
No se si fue Tony Blair u otro político de prestigio, quien una vez dijo que en “política un año es poco tiempo”. Y eso es lo que queda para las elecciones de la AN –y eso que están las municipales antes- porque cuando se acabe septiembre y comience octubre, en el “Venezuelan way of life”, significa que entramos en el “tobogán de fin de año”. Ya comienza la navidad –salvo que el gobierno decida amargarla- y llegaremos a 2010, en un ambiente electoral, y mi lectura es que el gobierno se dedicará a la campaña durante todo el año, y tratará de agotar a la unidad con medidas en contra de gobernadores y alcaldes, mientras trata de ver si puede levantar las glorias del pasado con la inyección de gasto público, la entrega de divisas para activar a sectores deprimidos, y a tratar de crear un cierto clima que impulse a los no alineados a votar por el PSUV. De nuevo, tengo mis dudas en que esto vaya a funcionar como en el pasado, pero no hay que descartar que pueda operar especialmente si la economía mundial muestra signos de recuperación, y eso significa que el petróleo subirá.
No pido que ya se tenga a los candidatos. Sería absurdo. Los agotaría antes de tiempo. Se perdería la novedad y la frescura de toda campaña, pero sí creo que hay que comunicarle al país que el tema electoral interesa, junto a los otros que viene abordando la Mesa de la Unidad. Y hay dos vías para comunicar ese mensaje: a.-Ofrecer algo como una “hoja de ruta” sobre los pasos que se van a seguir, y cómo se va a discutir la selección de los candidatos. Algo como una propuesta del método para discutir el método de selección. Estimo que esto es lo importante ahora.
No tiene sentido –como argumenta Martínez en sus dos artículos- trabarse en una discusión entre los “únicos” y los “alianzistas”....porque a lo mejor se escoge una u otra....pero ¿Y los candidatos? Tal vez se tenga la tarjeta única o la alianza perfecta....pero sin los candidatos o con más aspirantes que puestos a elegir. Sería la torta.
Creo que en esta etapa hay que analizar todas las opciones con base en sus méritos, sin descartar ni cerrarse en nada. Alianza perfecta, tarjeta única, primarias, encuestas, consensos, combinaciones de algún otro mecanismo, nuevos métodos. Sin prejuicios, y cada quien tiene su propia visión de las cosas. La mía, la sugerí en el post ¿Tarjeta única o unidad y liderazgo? Pero creo que todos debemos abrirnos a explorar los méritos de cada opción, para inferir cuál es la que tiene más chance de ser la ganadora. Tengo mi idea, pero no me cierro a otras. Y puedo dejar de creer en lo que creo, si los méritos me convencen.
Ahora me invade un pragmatismo porque me convenzo cada vez más que en Venezuela gobierna una dictadura y que, entre chiste y chiste, los espacios de libertad se reducen cada vez más. Se “naturaliza” –en los términos de Martín Baró- cada vez más la opresión y la desigualdad política y social. Las elecciones en Venezuela todavía no son formalidades. Todavía la gente lo cree así –soy uno de ellos- pero también estoy consciente que esto no siempre va a ser así. Nunca nada es imposible, pero me atrevería a decir que las elecciones de 2010 y la de 2012 son vitales para que el gobierno tenga contrapeso y ocurra un cambio de administración. Después, no es que sea imposible, sino que será más difícil.
Ante este escenario, como decía Benedetto Croce, “la honradez política es la eficacia política”, por lo que el pragmatismo entra ¿Con cuál fórmula la oposición gana? Pero antes de esto –y es la propuesta- hay que discutir la forma en que se va a debatir cuál es la fórmula para ganar, y cómo seleccionar a los candidatos. En fin, que hay que debatir sobre las reglas del juego, y no sobre el juego mismo.
Lo segundo, es asumir una urgencia de tiempo. No es desesperarse, pero sí comunicar que el tiempo es importante, y se reconoce su importancia. El tiempo no es igual para Chávez o el gobierno. No sólo como medida, sino como noción social.
La unidad no puede tener la tranquilidad con que el gobierno se toma las cosas. La urgencia de la sociedad democrática es mayor. Los jerarcas del gobierno resolvieron su problema de la existencia, y no les preocupa dejar desempleados a personas de la radio o a productores en Táchira. Eso no les importa. Sí les interesa que la gente crea que le interesan las cosas. Pero ese es un lujo que no puede darse la gente de la unidad. Si para el gobierno un minuto son 60 segundos, para la mesa, deben ser 30 segundos.
En síntesis, que las acciones de Chávez sugieren que adelanta poco a poco el marco general de su campaña electoral que ya arrancó, pero que le dará forma en 2010. Por una parte, aplica la represión para poner restricciones a la sociedad democrática. Por el otro, busca revivir un clima que le fue favorable en otros momentos, pero que ahora no parece que tenga el mismo efecto.
La unidad va a sacar sus votos en las elecciones que vengan. Eso no parece dudarlo nadie, salvo que haya una gran operación de fraude tipo Irán o un desconocimiento al resultado electoral tipo Pérez Jiménez 1952. Sin embargo, saber esto no es motivo de alegría. En cualquier escenario, el proceso electoral va a ser muy difícil y exigente, y el tiempo pasa. Es momento que la Mesa de la Unidad toque el tema electoral, y se sugieren dos vías: a.-Discutir sobre las reglas de lo que se va a discutir; y b.-Sentido del tiempo.
Ya no es sólo cómo escoger a los candidatos, que tienen que ser 167 de unidad para todo el país, sino que ahora se añaden nuevas cosas: el “empaque” de esa plataforma, la maquinaria electoral, la campaña, el día de las elecciones, qué hacer cuando lleguen los resultados. En fin, diversos temas que por su magnitud, uno pensaría que un año es poco tiempo para tratarlos con la densidad que merecen.
Tal vez ya se esté tocando el tema en la Mesa de la Unidad, pero en la información pública, lo que aparece es otra cosa: que no se toca a fondo, y que hay diferencias entre “los partidos” y Leopoldo López. Si es así y esto se mantiene hasta las elecciones, no hay mucho que decir: gana el gobierno. Y si tiene éxito en 2012, mi apuesta es que Chávez regresará con la reforma de 2007, ahora con propuestas más radicales. El sentido de lo importante es clave en estos momentos.
Claro que los venezolanos somos reyes de la improvisación y siempre las cosas salen. Y nos sentimos muy orgullosos de dejar todo para el final. Por eso nos confiamos.
Pero cuando está en juego la libertad.....no sé si la improvisación o esperar hasta el final para decidir, sea la mejor respuesta.

domingo, 30 de agosto de 2009

Una clandestinidad post-moderna
Uno pensaría que en pleno Siglo XXI, el tema sería la ampliación de la democracia y de las libertades en Venezuela ¿Hacia cuáles áreas llevar la democracia? ¿Cuáles libertades para el país, en el Siglo XXI?
Sin embargo, el gobierno se empeña en viajar en el túnel del tiempo. La agresión institucional que desarrolla, nos lleva a 1952, a la dictadura de Pérez Jiménez, y a plantear si en el futuro, la lucha política en Venezuela será clandestina.

Entre otras cosas, me animó a escribir este post, un artículo de Alberto Barrera (El Nacional, día 30-8-09), en el que afirma que en Venezuela no hay una dictadura, pero tampoco una democracia. Es la segunda vez que lo dice en un artículo. “Ni chicha ni limonada”, o “Ni sí ni no, sino todo lo contrario”.

Discrepo de su punto de vista. Siento que hay un prurito de mucha gente en el país para decir que estamos en una dictadura. Lo que los frena más, es que les parece contradictorio hablar de una dictadura, pero al mismo tiempo reconocen que “hay libertad de expresión”. Barrera pide romper con los esquemas tradicionales, pero él debe comenzar a hacerlo, porque por tener esquemas tradicionales, es que dice que en Venezuela no hay una dictadura, pero tampoco una democracia. Si cuestionara sus esquemas, llegaría a la conclusión que sí hay una dictadura….pero del Siglo XXI.

El esquema tradicional de dictadura supone un golpe de Estado, una junta militar, toque de queda, un anuncio con música de cámara de fondo, suspensión de garantías, y la clausura de la libertad de expresión. Así, Venezuela no es una dictadura.

Pero así como los “golpes de Estado” del Siglo XXI son diferentes a los del Siglo XX –por ejemplo, Honduras, en donde ocurrió uno, y recibe a la OEA, y hay un diálogo- así pasa con las dictaduras. No entran en ese molde tradicional, porque sería imposible hacer una en el “mundo globalizado”. En Honduras hubo un golpe, pero no hay una dictadura. Y puede haber dictaduras, sin que ocurra un golpe. Es el caso de Venezuela.

El argumento que en “Venezuela no hay una dictadura”, me llevó a pensar ¿Cómo refutarlo, cuando no es posible decir que hay una dictadura con los esquemas convencionales?

A riesgo de ser simple o apresurado, creo que lo que caracteriza a una dictadura del Siglo XXI es que es en vivo, que es una suerte de reality, y por eso no se toma en serio. No parece que fuera una dictadura.

Todas las dictaduras actuales, se establecieron antes de Internet –Corea del Norte, Zimbabue, Cuba, Myanmmar, Irán, por ejemplo- o en los comienzos de Internet, como Belarús. Pero ninguna se ha desarrollado en la era de Internet. Venezuela es el primer caso, con proto-dictaduras como la de Nicaragua, Bolivia, o Ecuador.

Al ser una dictadura en la “era de la información”, debe adaptarse a ésta, y ser vista de manera distinta a sus “primos”, las dictaduras del Siglo XX. Y lo fundamental, es que se da como si no pasara, porque la información fluye, y por eso, nadie cree que ocurre, porque se aplica el esquema tradicional: en una dictadura, no hay libertad de expresión.
No obstante, Richard Blanco es un preso político del gobierno de Chávez, aunque lo hayamos visto declarar en un video-aficionado. Este muestra una normalidad que no es: declara, pero tendrá el mismo destino que todo preso político, del Siglo XX o del Siglo XXI: el silencio.

En las dictaduras del Siglo XXI, hay una “libertad de expresión virtual”, pero que no es real, como pasa en Venezuela: los periodistas agredidos de Ultimas Noticias, son ahora los agresores. Y los “testigos” para el caso de la Alcaldía Mayor, son los “trabajadores” de Avila TV. Una venganza, sin duda.

En esto, Venezuela no ha inventado nada. Sigue la misma receta que las dictaduras pre-Internet. Lo nuevo del caso criollo, es que la justificación de una dictadura se hace “en vivo y en directo”, y pareciera que entonces se está ante un debate; ante una situación en la que “no hay una democracia, pero tampoco hay una dictadura”. Un peligroso intermedio que por estar en el medio, no se atreve a ver la deriva autoritaria del gobierno. Se auto-censura, aunque no lo reconozca, porque en las dictaduras del Siglo XXI, la represión de la conciencia es el policía. Foucault realizado. Como no se reconoce, no se conoce, y luego no existe. Entonces, hay una libertad que no es libertad, pero tampoco opresión.

¿El resultado? un argumento circular y tautológico se desprende de quienes sugieren que no hay una dictadura en Venezuela.

Ciertamente, no hay una democracia, pero sí hay una dictadura, lo que pasa es que ésta se legitima cotidianamente, al banalizarse los significados y procedimientos de la democracia.
En las dictaduras tradicionales, los símbolos de la democracia se matan con un acto de fuerza. De aquí su impacto. Era brusco. En las dictaduras del Siglo XXI, la democracia no se mata de un solo jalón, sino cotidianamente. No hay brusquedad –sólo la sorpresa de lo televisado- sino agonía. La democracia agoniza, pero no muere. Es una eterna agonía.

En Venezuela hemos perdido no sólo calidad de vida, sino libertades. Pero esto no se siente, salvo que exista algún patrón de referencia, para comparar. Por eso, cuando alguien llega de viaje, sí reconoce que hay diferencias entre Venezuela y los demás países. Lo anormal caracterizaba a las dictaduras del Siglo XX. Lo aparente normal, define a las dictaduras del Siglo XXI.

Las últimas acciones del gobierno en contra del país, muestran esta normalidad de lo anormal. Una persecución orquestada, sistemática, perversa, agresiva; orientada a neutralizar a la dirigencia política y a aterrorizar a la sociedad.

Los discursos parecen, también, normales. Una persona tan triste como la Fiscal, Luisa Ortega Díaz, se da el lujo de dar dos discursos que bien pueden ser parte de una “enciclopedia mundial del fascismo”, al decir que los medios son “organizaciones criminales”, y quien reclame, “será encarcelado”.

Ambos discursos también se apoyan en el de Rafael Ramírez, acerca de “odiar a la oligarquía”, y al de un jefe de montonera –a lo que han reducido las FAN- como Benavides Torres, que sólo busca proteger un orden opresivo. Todo ocurre en “vivo y en directo”, y todos podemos criticar esas palabras. Yo lo hago, cuando me invitan a algún medio, pero no por eso creo que Venezuela vive una “semi-democracia”. No, vive una dictadura, y lo afirmo, porque ¿Cómo llamar a una forma de gobierno en donde el poder no tiene límites, y se apoya en la represión? ¿Cómo olvidar los gritos de las familias de los 11 trabajadores de la Alcaldía Mayor, cuando se enteraron de la detención de sus familiares; un grito desgarrador, propio de un gobierno de fuerza?

La banalidad que siempre dice, “es que antes eso pasaba”, ya no sirve. No pasó en los gobiernos democráticos –y cuando hubo excesos, se denunció, y funcionó una auto-corrección del sistema- y ahora pasa de la manera más normal posible. Todo como si fuera cotidiano. No hay ruptura, sino ignorancia de los límites; que en un mundo post-moderno, sencillamente no existen porque los límites son “modernos”, y por lo tanto repudiables. La modernidad hizo visibles a las dictaduras. La post-modernidad, las hace invisibles, y por eso son más letales, como pasa en Venezuela.

Tal vez esto explique por qué a los organismos internacionales se les hace difícil caracterizarlas. El golpe de Estado marcaba un límite visible. Hoy, no es el golpe, sino que la democracia pierde su significado y es sustituida por una mezcla de ilusiones, de espejismos, que aparentan una. Es lo que Chávez hace cotidianamente: anuncia la guerra adentro, pero afuera se comporta “normal” ¿Quién puede decir que es un dictador? Es sólo una “excentricidad venezolana”.

Por eso creo que Barrera Tryska está equivocado, y sí se puede decir que en “Venezuela hay una dictadura”, y si hay que aclarar algo, es que es del Siglo XXI ¿Y qué significa eso? Que no hay ruptura, sino normalidad.
Tanta, que Barrera Tryska se puede dar el lujo de decir que no hay una, al mismo tiempo que Chávez ordena enjuiciar a Pérez Vivas, y hay una “cacería en vivo” de Oscar Pérez. Lo grande del post-modernismo: los límites se desdibujan, y se salen de los marcos. Podemos jugar con ellos, así como una persona juega con su identidad hoy día. Se podría hacer un juego parecido al “¿Quién quiere ser millonario?”; algo como, “¿Quién quiere aparentar ser demócrata?”, con comodines y todo. La falta de precisión de la Carta Democrática es un comodín que vale 50 por ciento. Lo usan mucho los nuevos dictadores.

Las dictaduras del Siglo XXI se mimetizan, juegan con las formas de la democracia, aparentan ser, con la diferencia que usan la tecnología para aparentar.

¿Qué hacer? Ya que se asume una situación parecida a la de 1952 ¿Qué hizo la gente de ese entonces para lidiar con la dictadura; una del Siglo XX?

Por analogía, lo que hicieron puede servir a la oposición y al país, para definir estrategias de acción. Este es el esquema delineado por Leonardo Ruiz Pineda en el “Libro Negro” (1952), para enfrentarse a la dictadura:

1.-Lineamientos generales:

1.1.-Ser alternativa, “fuerza emancipadora” y “bandera de liberación”.

1.2.-Buscar una alianza de clases para la acción común: definir lo que es común para grandes sectores de la población.

1.3.-Mostrar los logros de lo hecho en el pasado, “solvencia nacionalista” y “republicanismo sincero”.

1.4.-No responder a la provocación, ni desviarse de los objetivos importantes. “Desarme emocional de la intemperancia y de la pugnacidad estéril”. Oponer la responsabilidad, “a la insensata provocación”, pero “predicar sin ánimo apaciguador”.

2.-Lineamientos políticos:

2.1.-Reajuste del partido. “Análisis sensato”. Estructurarlo como una organización de masas.

2.2.-Ensanchar las zonas de influencia del partido.

2.3.-Impedir la estabilidad del “régimen usurpador”.

2.4.-Creación de las bases para estructurar un poderoso movimiento anti-gubernamental “que precipite a la crisis el gobierno de la junta”. Coordinar fuerzas políticas diferentes.

2.5.-Sofocar “toda desviación terrorista o aventurera”.
2.6.-Agitar, organizar la opinión, tonificar el ánimo popular, y robustecer la naturaleza combativa. Fortalecer el corazón para la resistencia indefinida.

2.7.-Desenmascarar pretensiones de dominio absolutista del régimen, combatiendo sus maniobras de inmoralidad política, y denunciando el tráfico ilícito con los dineros de la nación.

2.8.-Orientar políticamente al pueblo y crearle conciencia sobre su destino democrático.

2.9.-Hacer propaganda.

2.10.-Ver al tiempo como lo que es: un factor adjetivo, “y nunca el determinante primero de los acontecimientos”.

De estos lineamientos, los aplicables, se pueden adaptar a la realidad de 2009, y pensar cómo desarrollarlos y aplicarlos. Ruiz Pineda dice que lo importante es organizarse y construir una base política importante, mientras se denuncia y se agita. Es decir, una contra-hegemonía en lo estratégico; y en lo táctico, la agitación y la denuncia sobre lo que ocurre a través de la propaganda.

También, se puede hablar de una “resistencia del Siglo XXI” que tenga dos premisas para luchar en contra de las dictaduras del Siglo XXI: a.-El uso de la tecnología en todas sus expresiones, para hacer rutinaria la resistencia; y b.-El estirar los límites tal como la hace la dictadura, pero no para eliminarlos, sino para mostrar por qué son necesarios. Al salir de los límites, mostrar que hay límites.

Con la política represiva iniciada por el gobierno a partir de la discusión de la LOE, muere una manera de hacer política, y arranca otra, más exigente porque las condiciones que el gobierno impone a la actividad política son de mayor violencia.

Lo anterior sugiere dejar de ver las cosas como se viene haciendo. Como si fuese un juego normal, de leyes o reglas. No es así más: el gobierno busca crear un contexto para “forzar” a la gente a que vote por el PSUV en 2010, y por Chávez en 2012, aunque no quiera. Está ya en campaña electoral, y la idea que algunos manejan en la mesa de la unidad de una constituyente, no es que no sea una posibilidad, pero su probabilidad es baja hoy.

En otras palabras, es momento para definir una estrategia y aferrarse a ella: ganar la AN, y ahora hay que darle contenido a esta meta, y prepararse para lo peor el día de las elecciones. Estas parecieran ser el punto en donde el descontento popular se va a expresar.

Mientras, los dirigentes de la mesa no deben dejar vacíos, porque cuando hay uno, el gobierno lo llena, y eso puede explicar la caída de 8 puntos en la valoración hacia la mesa, entre otras cosas, que registra el IVAD de junio a julio. Hay que mantener una capacidad de respuesta permanente, estar siempre en la opinión pública, no dormirse; siempre en la vanguardia, en el primer lugar para decir cosas. Esto más o menos se ve, pero falta más estructura.

La mesa debe canalizar la molestia y expectativas de la gente, de manera de ir construyendo las bases de la eficacia política que serán indispensables en 2010 y 2012.

En resumen, no dejar vacíos; actuar siempre, estar de primeros; todo con miras a que se perciba a la oposición como una alternativa no sólo programática, sino que tenga eficacia.

La gente demostró en la marcha del día 22-8-09, que está “resteá”. A pesar de la lluvia y de la agresión del gobierno, la gente se mantuvo y resistió, con serenidad. También, los argumentos para ir a la marcha fueron más elaborados, y muchos mejores que en el pasado. Hay convencimiento y hay molestia. La gente está clara y aguanta. No hay que perder esta energía, sino canalizarla. Es la tarea de los políticos y de la mesa.

Que la gente sienta que hay capacidad de respuesta, más allá de declarar; que las personas sientan que hay “gente a cargo”, en quienes se puede confiar, y controlar los posibles excesos que muchos querrán para las acciones de la oposición. En la marcha del día 22-8-09, esta tensión se observó. La mayoría de la gente quiere instituciones, pero también hay la tensión de quienes buscan una salida ya, tipo golpe. Esto no puede dejarse que crezca, y hay que asumir liderazgo, para que la solución electoral –y después se asumirá lo que venga- sea la preferente, y se comience a trabajar en este tema, porque el gobierno está en campaña.

Hay que declararse en emergencia y activarse, con una meta: la AN y la Presidencia, y lograrlo por los votos. Luego, se abren otros escenarios dependiendo de la reacción del gobierno, pero parece sin duda, que el factor catalizador será electoral.
Lo post-moderno, también, no sólo sirve para apuntalar dictaduras de nuevo cuño. Puede usarse para re-pensar la democracia.