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lunes, 8 de junio de 2015

El "baremo Gandhi"


De la pluma del periodista Pedro García Otero, El Universal publicó el día 31-5-15, una entrevista al bisnieto de Gandhi, Tushar Gandhi, quien dirige la Fundación Mahatma Gandhi, y vino a Venezuela al estreno de una película que toca la cultura de la India desde la perspectiva de venezolanos.

Hay varias cosas qué comentar sobre la entrevista, pero me concentro en una, que me parece una lección para la Venezuela de hoy, en donde muchos dirigentes políticos exhiben, no la humildad y simplicidad de la que habló Bápu, sino impaciencia y arrogancia.

García Otero hace una aguda pregunta a Gandhi. Le interrogó sobre si la baja tasa de homicidios en la India se debe a que esa sociedad internalizó la no violencia que promovió su bisabuelo. Transcribo buena parte de la respuesta de Tushar Gandhi, porque encierra varios mensajes:

“(…)Mahatma entendió lo que le estaba faltando a India, a la sociedad de ese tiempo y lo asumió, sin compromisos; Gandhi no se antojó de ser un líder. Él hizo lo que pensó que la gente necesitaba. Muchas veces, los líderes hacen lo que quiere la gente, aunque sepan que está equivocada, porque no quieren perder su apoyo. Gandhi era un verdadero líder porque no estaba gobernado por sus seguidores. Cuando percibía que sus seguidores estaban equivocados, se detenía.
“En 1921, mientras predicaba la no violencia, hubo manifestaciones pacíficas, pero en un pueblo al Norte de India, sus seguidores atacaron una estación policial y mataron a todos los policías de esa estación.
“Bápu detuvo todas las manifestaciones. Todo el mundo cree, incluso hoy, que si no hubiera detenido las manifestaciones, India hubiera sido independiente al año siguiente, y la Independencia tardó otros 25 años. Gandhi señalaba que no quería la Independencia bajo los métodos equivocados. Para él, el método era tan importante como el resultado; el medio, tan importante como el fin.
“Muchos líderes encuentran atajos y hacen acuerdos, porque creen que lo importante es el fin; muchas veces, el fin es importante para ellos, no para la gente”.    

¡Cará…..Gandhi esperó un cuarto de siglo para lograr la independencia de India, cuando pudo lograrla en un año, pero no cedió a la tentación de los atajos, porque los medios son tan importantes como los fines!

Si Gandhi hubiese vivido en la Venezuela de hoy, seguro lo crucifican como “colaboracionista”, “Chamberlain”, o “beato”, y le hubiesen gritado que “Bolívar no esperó”. Indudablemente, no está entre los tipos “arrechos”, “burda e’zumbaos”, o del “malandreo”, prototipos políticos de la Venezuela actual y también del pasado. “En Venezuela la ignorancia nos hace audaces”, escribió Antonio Paredes. Y la cultura o sapiencia, no es precisamente lo que caracteriza a nuestras elites o grupos con poder.    

Por supuesto, no creo que Gandhi haya dicho “voy a esperar de forma pasiva” o haya pensado de antemano, “voy a esperar 25 años porque la independencia de la India se logrará solo con esperar”. Que no haya sido así, es lo que hace interesante la lucha de Gandhi y a él, como figura inspiradora en la lucha no violenta, que no es responder una agresión con una moneda asimétrica pero igual –como una barricada o guarimba- sino como plantea Luther King en su My Pilgrimage to Nonviolence (1958), la lucha no violenta.

Curiosamente, el significado de guarimba es refugio o guarida, mientras que la lucha no violenta no es “un refugio”, sino –al seguir otra vez al doctor King- es una resistencia tan vigorosa como la de quien usa la violencia, solo que se hace a través del amor y no de la rabia, del odio, de la frustración, o “de las facturas por cobrar”.

Seguramente a Gandhi le dijeron que “no se podía esperar” y que “la sociedad no aguantaba más”, pero el líder hindú sopesó el país independiente que quería su pueblo, y dio una muestra de ética de la responsabilidad. Pudo promover la independencia de la India en un lapso más corto ¿Pero a qué precio y –lo más relevante- cuáles consecuencias para el futuro?

La pregunta del colega García Otero al bisnieto de Gandhi sugiere que sopesó el futuro. Si esta asociación es válida, pudiéramos traerla a Venezuela y afirmar que “no saber detenerse” en el sentido gandhiano, puede explicar la subida de la violencia en Venezuela. Tal vez querer todo por la fuerza y ya, sea causa de la violencia delincuencial y pre-política o incipientemente política que hay en nuestro país, al modelar una lucha política violenta. Si así pasa en la política ¿Por qué un choro no va a repetir el patrón? Si el lenguaje político venezolano es tan degrarado ¿Debe sorprender el incremento de la violencia?

El sacerdote Alejandro Moreno sugiere que a partir de 1998, la violencia delincuencial en Venezuela toma una pendiente positiva ¿Crecimiento natural o modelaje del mundo político al mundo delincuencial?

Con su “saber detenerse”, Gandhi también muestra que “no saber esperar” es lo opuesto a la política. El promotor de la no violencia pudo “detenerse” 25 años porque confiaba en las capacidades y habilidades políticas del pueblo de la India, mientras avanzó y trabajó hacia una independencia con menos heridas políticas.

Cada país tiene su historia. La nuestra no es gandhiana. Más bien buena parte de ella está marcada por los atajos, las aventuras. Guerra, prisión, y destierro, como escribió Ramón J. Velásquez.

Pero la historia no tiene por qué repetirse igual. Puede ser diferente. Construir, convencer, hacer, ser alternativa, lo que supone visión, responsabilidad, trabajo, y no ceder al atajo o que este esfuerzo sea abortado por tirar una parada, la cual siempre será y tendrá una buena excusa de y para la historia.

La Venezuela de hoy no es la de Cipriano Castro, la de Gómez, o la Medina, aunque las elites se empeñen que sí, para repetir el mismo patrón: guerra, prisión, y destierro, o el atajo. El círculo vicioso una y otra vez. Círculo que fue roto por la apuesta institucional de 1958, pero que parece generar alergia no solo al gobierno, sino a varios en el mundo no gobierno. Para muchos es mejor el “país de” que “el país por”.

Lo que la entrevista al bisnieto de Gandhi me dejó es la idea del “país por”, como propiedad institucional y no de claques o grupos, lo que supone una paciencia institucional que no sé si la tengamos, dados más bien a procrastinar.

Otra figura del calibre de Gandhi, Nelson Mandela, tiene una idea similar. Veamos que dijo Madiba en sus Conversaciones conmigo mismo (2010):

“Por ejemplo, en la política, como sabes, hay temas muy delicados y la gente no suele estar dispuesta a adoptar un enfoque que no sea popular. Si la gente dice ‘debemos actuar’, muy poca gente dirá ‘¿tenemos los recursos?’ ‘¿estamos bien preparados?’ ‘¿estamos en condiciones de emprender esta acción?’ A algunos les gusta dar la impresión de ser combativos y, por tanto, no afrontan los problemas, sobre todo si se trata del tipo de problemas que van a quitarte popularidad. Para tener éxito en política tienes que confiar en tu pueblo, transmitirle tus puntos de vista y expresarlos con gran claridad, con mucha educación, con mucha tranquilidad, pero expresándolos, sin embargo, abiertamente”.

Mandela. Otro “beato” más, solo por preguntar a la gente que dice “vainas arrechas”, si tienen “con qué”.

Madiba sopesó los deseos con lo posible y las realidades, para tener una opinión que puede o no coincidir con lo que es popular o la popularidad.

Siempre he pensado que la “graduación” del liderazgo es cuando le toca ir contra la corriente –no por gusto- cuando es momento de ir contra lo que es popular o lo que “la gente quiere”. Cuando llegan ocasiones así, allí se ve la madera del liderazgo. Mientras se va con la corriente, todo es más fácil: aplausos, reconocimientos, apoyos, vivas, y pare usted de contar.

El “baremo Gandhi” no es que esté en contra de lo popular o que sugiera que hay “que esperar” porque sí, es que pesa lo anterior contra un fin mayor o más trascendente como puede ser la paz, la independencia, o la posibilidad de una nación integrada de cara al futuro, sin tantas heridas políticas. Me gusta el “baremo Gandhi”.

Cada país tiene sus problemas y sus momentos históricos que son únicos, pero la idea de evaluar métodos y resultados; medios y fines, son criterios universales, que trascienden casos particulares.

En Venezuela, nuestra tradición está alejada del “baremo Gandhi” salvo excepciones, como la segunda república liberal democrática, pero luego del doloroso aprendizaje que dejaron los excesos del “trienio adeco” y los intentos por derrocar a Pérez Jiménez mediante métodos “putschistas”, como se decía en la época. Pero un aprendizaje incompleto, como también lo muestran las heridas abiertas y todavía dolorosas, de la lucha armada de los 60.

Nuestra sociedad valora más “el tirar la parada” para ver qué pasa, el atajo porque es “de arrechos”. Las consecuencias de las aventuras no importan. Hoy, salvo excepciones, rara vez los promotores cargan con la responsabilidad si fracasa el lance. Si tiene éxito, sobran los “doctores” para escribir la primera proclama y el primer decreto del gobierno provisional o de transición, y otros preparan el estreno para el posible ministerio.  

Ese contraste entre métodos y resultados; entre medios y fines, no es común en nuestro país.

Creo que fue Augusto Mijares en Lo afirmativo venezolano, quien deja ver la tensión entre la aventura y la visión de nación, como dos caras de la moneda venezolana, para una síntesis que debe romper con “los conformistas y logreros que han privado en nuestra vida pública”.  

Me luce que en el futuro de Venezuela hará falta el “baremo Gandhi”. Si me atengo a lo que leo como noticias, la realidad es que partes del país están gobernadas por poderes fácticos. Me refiero en este caso a las bandas de la delincuencia organizada. Los casos recientes en San Vicente (Aragua) y la Cota 905 (Caracas), son dos ejemplos de esa realidad que está allí. Que tiene tiempo allí.

No llego a afirmar como se escucha ahora en círculos de opinión que Venezuela es “un Estado fallido”. En mi opinión no lo es. Tal vez Siria lo es: un territorio desmembrado, una población desplazada, y un poder disputado y que posiblemente no tenga una formalidad. Por ejemplo ¿Puede hablarse de unas FAN de Siria, como cuerpo cohesionado? No lo creo.

Más cerca de nosotros, está México. Hubo elecciones regionales, y más de una docena de candidatos fueron atacados o asesinados en estados dominados por los carteles. Buena parte del país fue militarizado. No escucho decir de los expertos que la nación azteca sea un “Estado fallido”.

Más que un concepto totalizante como “Estado fallido” –aunque popular en los círculos de la gente inteligente de Venezuela- me agrada más la propuesta de Guillermo O’Donnell (1993) sobre la “evaporación de la dimensión pública del Estado” que divide en tres colores: azul (alta presencia del Estado, territorial y funcional); verde (presencia territorial del Estado pero funcionalmente débil); y marrón (poco o nula presencia del Estado, territorial y funcionalmente), un país.

Me parece una propuesta más flexible y menos totalizante, que puede dar mejor cuenta de la realidad de una nación. Por ejemplo, territorialmente hablando ¿Cómo sería Venezuela? ¿Cuánto marrón o azul? Funcionalmente hablando ¿Cuáles son las instituciones marrones, cuáles las azules?

Por ejemplo, en Venezuela, los lugares dominados por alguna de las 70 mega bandas que registran los expertos en seguridad que hay en el país, son zonas marrones (ni está el Estado, ni funciona). El bachaqueo puede mostrar zonas verdes (el Estado está, pero no funciona). La presencia del Seniat, sugiere zonas azules (el Estado está y funciona).

Ampliar las zonas azules y reducir las zonas marrones va a requerir de un esfuerzo político que veo más cercano al “Baremo Gandhi” que a “tirar la parada” o la aventura, por lo frágil de la sociedad venezolana, a pesar que el venezolano tiene resiliencia, como sugieren los estudiosos de la psicología positiva de la Universidad Metropolitana. Agrego, una resiliencia también de dos caras: una positiva y otra negativa.  

El esfuerzo para ampliar la institucionalidad venezolana -reto que no puede postergarse más- supondrá no privatizar sino, más bien, estatizar al Estado, para que las relaciones sociales y el mercado puedan tener un sustento en la esfera de la sociedad civil o del pueblo.

Lo anterior supone que la cara que salga de la moneda que lanzó la historia, sea la cara de la visión de nación, para que la tensión de la que escribió Augusto Mijares, se resuelva en otro empuje creador de la sociedad venezolana, que mucha falta nos hace.
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