Léeme en otro idioma

martes, 4 de marzo de 2008

La subversión se desnuda
Algunas de las personas que leen este blog, me recomiendan que lo actualice con mayor frecuencia. Me gustaría hacerlo. Sin embargo, escribir me cuesta. Envidio a muchos columnistas que escriben artículos semanales o quincenales, de alta calidad. En mi caso, puedo pasar horas para producir una línea, y semanas para llevar a texto las ideas. No resistiría hacer un artículo semanal o quincenal para un periódico. La escritura es un desafío permanente para mí, y en parte tomé la opción de tener un blog, para disciplinar el oficio de escribir, y hacerlo con mayor rapidez. Hasta ahora, no ha sido así. Escribo un artículo por mes, en promedio, y el blog apenas llega a 10 visitas por día. Tengo que mejorar.
Esto lo afirmo, porque los hechos en Venezuela tienen una velocidad descomunal. Habría que estar escribiendo las 24 horas del día para poder seguir el ritmo de los acontecimientos que suceden en el país. Cuando uno ya tiene un tema, de repente aparece otro asunto, que quita la atención a lo seleccionado previamente, y obliga a cambiar el tópico para, cuando se tiene la nueva idea, aparece otro hecho que cambia el tema, y así sucesivamente.

Quería escribir sobre el accidente aéreo en Mérida. Lo que pasó, me impactó mucho por lo trágico del suceso. Por quienes fallecieron: profesionales, personas que estaban en actividades de trabajo, gente que tenía una vida en desarrollo, seres humanos. En cuestión de minutos, se apagaron 46 voces que el país necesitaba.

Deseaba abordar este hecho, porque me molestó el tratamiento dado a la noticia: sólo se profundizó el aspecto humano del rescate de los fallecidos, de la vida de varias de las víctimas, y se asomaron algunas posibles causas del accidente. Nada más. Poco se dijo de un aspecto esencial ¿Por qué se están cayendo los aviones en Venezuela?

Esto no es nuevo, aunque la magnitud del accidente en Mérida sí lo es. Desde hace dos años aproximadamente, comenzaron a caer avionetas, y no se decía nada o no se profundizaba en los casos, más allá de la noticia. A nadie le llamó la atención estas caídas ¿La lógica de un avión es caerse o volar? Esto que parece obvio, no llamó la atención. Comenzó a ser de interés cuando el avión de una línea aérea desaparece en Los Roques en enero de 2008 con 24 personas a bordo, y todavía no ha sido hallado el artefacto ni tampoco los pasajeros. Aún así, lo que debió ocurrir, no ocurrió: abrir un escrutinio público sobre la seguridad aérea en el país ¿Funcionan bien los aeropuertos, las radio ayudas, los radares? ¿El INAC cumple su función de supervisión? ¿Cuál es la calidad de los pilotos en Venezuela? ¿Hacen cursos? ¿Se han ido muchos profesionales del aire del país? ¿Los dólares para los repuestos se otorgan o hay que canibalizar a las aeronaves, para que unas pocas vuelen? ¿Por qué las líneas aéreas del país siguen con los mismos aviones, cuando sus pares en la región tienen naves nuevas, incluso para vuelos domésticos? Estas son las preguntas que hubo que responder cuando se perdió el avión a Los Roques, y no se hizo. Se estrella otro en Mérida, y todavía no se responden. Todo se esconde en el lado humano de la tragedia que es muy importante, pero no es suficiente en un tema que interesa a todos y a todas. No es suficiente que el gobierno haya destituido al director del INAC –si lo hizo por esto, porque en este gobierno, nada se informa, y hay que hacer inferencias a partir de lo que sucede- o que la línea aérea del avión caído, “haya ofrecido toda la ayuda espiritual y psicológica a los familiares de las víctimas”. No es suficiente. En democracia, el escrutinio público es un privilegio de los ciudadanos y de las ciudadanas, no una concesión del caudillo o de los grupos de poder.

¿Tenía que haber ocurrido lo de Mérida, para que el tema interese? Este accidente no tuvo que ocurrir, y de aquí el impacto que me causó, y el dolor por las víctimas y sus familias.

Por mi trabajo, soy viajero más o menos frecuente dentro del país, y admito que desde hace tiempo percibo el deterioro en los aviones. La primera señal es al montarse. A la izquierda de la puerta de entrada, se halla la placa que identifica la nave. La mayoría de los aviones –al menos los DC 9- son de los 60 ¿Por qué? ¿Hasta cuándo van a seguir con el cuento de los dólares que no llegan, por lo que no se pueden comprar nuevos aviones (El Nacional, día 2-3-08)? Las líneas tienen como 20 años diciendo lo mismo. No hay excusa para no tener aviones nuevos, porque los pasajes no son económicos dentro del país.

Un vuelo Caracas-Maracaibo que dura 50 minutos, tiene un costo al cambio oficial, de cerca de $ 250. Un vuelo Miami-Nueva York que dura cerca de una hora y 50 minutos, se puede comprar en $ 180 ¿Y entonces? Lo cierto es que hay mucho de miserable en quienes dirigen las líneas aéreas del país, por su insensibilidad ante quienes se montan en aviones que ya no deben volar; y mucho de miserable también en el gobierno, por hacerse la vista gorda y no cumplir la supervisión que debe realizar.

El mejor recuerdo que se puede hacer para los 46 idos en el Páramo El Indio, es discutir de manera pública y crítica sobre la seguridad aérea del país, y no rasgarnos tanto las vestiduras, con manifestaciones de dolor. Venezuela es un país que llora mucho, pero soluciona poco. Lloramos a los muertos, pero no hacemos nada para evitar que la gente muera. Somos una sociedad que oculta sus carencias en un interminable catálogo de complejos. De actividad: motorizados, como se ve en casi todas las cuñas, quien no conozca al país y vea una publicidad, concluirá que en Venezuela todos son motorizados, hacedores de empanadas, o peloteros; racial: a veces pienso que la única razón por la que a mucha gente le gusta Obama en Venezuela, es para decirle a Chávez, “un negro ganó en el imperio, así que ¿Por qué no te callas?”; de clase: el himno nacional de la cultura nacional, “no tuve papá, nadie me quiso, surgí, ahora soy alguien, y tengo una Blazer"; y románticos: si no tiraste piedras o quemaste cauchos en el liceo o en la universidad, eres un pendejo, o la fantasía oculta de ser un “buen salvaje” que todavía hay en Venezuela, ser un guerrillero, el noble guerrillero que se opone a las rigideces de la vida moderna, esa suerte de escape de la vida que caracteriza mucho a nuestra sociedad. Venezuela es el país de “los comandantes”. Desde el “comandante” de Miraflores, hasta la “comandante” Ron y la “comandante” Manuit.

También, deseaba reflexionar sobre el tema educativo, a partir de una serie de trabajos que publicó El Nacional sobre el ingreso a las universidades, y la calidad de la educación en bachillerato.

Lo que reseña El Nacional debió –y debe- ser tema de un denso debate público, pero no lo fue. Más interés captó el show de Lina Ron. En concreto, El Nacional informó que en muchos liceos de Caracas, no hay profesores de matemática, física, y química, y que los estudiantes no ven esas materias, y para aprobar el año, se le pondera un promedio con el resto de las asignaturas que sí estudiaron. Es decir, la boleta dice que estudiaron matemáticas, pero realmente no fue así. Esto es sumamente grave.

A lo anterior, se agrega la inasistencia de los docentes a clases. No hay y tampoco vienen. Una situación muy delicada igualmente. Como profesor universitario, desde hace un año aproximadamente, he notado que las inasistencias de alumnos y profesores son altas. Tengo cursos de 25 o 30 alumnos, en los que 4 o 5 alumnos, pierden la materia por no venir a clases. Estamos hablando de cerca de 1/5 del total de cada curso que no aprueba por inasistencia, con todo y que las normas establecen que el estudiante puede faltar al 25% del total de actividades del semestre. Es decir, que las inasistencias sobrepasan el 25 por ciento.

Este asunto siempre ha estado presente en la docencia. Al menos, en mi caso es así, tal vez porque soy exigente con la asistencia a clases. Salvo la UNA, las demás universidades son presenciales y, como afirma un respetado profesor e investigador de la educación superior, Orlando Albornoz, lo mínimo que un docente universitario debe ofrecer, es dar sus clases. Por analogía, se extiende a los estudiantes: lo mínimo, es que asistan a sus clases, y no pasen del 25% de faltas a clase permitidas, salvo causas de fuerza mayor que puedan ocurrir. Sin embargo, esto se ha incrementado, incluyendo a profesores que no vienen o asisten poco durante el semestre, para estar al cierre de cada lapso, con el “corre-corre” de última hora para dar clases de recuperación y evaluar ¿Es esta la mejor forma de dar clases, de formar profesionales, y de hacer universidad?

El asunto de quiénes entran en una universidad es muy serio, y en nuestro país de eso no se habla. Cada alumno de educación superior –incluyendo las misiones- cuesta al mes cerca de 500 bolívares. El presupuesto de educación superior para este año, es de aproximadamente 10 millardos. Es decir, al cambio oficial, cerca de 5 mil millones de dólares. Esto es suficiente para, al menos, exigir lo mínimo en una universidad. La educación superior es un derecho, cierto, pero como todo derecho, exige también contraprestaciones. La más importante, tener un mínimo de rendimiento en la academia.

Lo que mostró El Nacional, que debió haber sido un tema de profundo escrutinio público, fue sólo una noticia, pero también hay preguntas que responder ¿Cuál es la calidad de los bachilleres que entran a las universidades? ¿No estarán las universidades, poco a poco, transformándose en niveladores del bachillerato, y su función de producir conocimiento cada día es menor? ¿Cuál es la calidad de los que egresan de las universidades? ¿Qué hacen las universidades y las autoridades para abordar el tema de la presencia de profesores en materias claves? ¿Por qué las autoridades han cohonestado una pérdida progresiva en la calidad y en los deberes a exigir tanto a los profesores y a los estudiantes? ¿Por qué se ha deteriorado la infraestructura de las universidades, en un momento en que el conocimiento es vital? Quien vaya a la UCV –Patrimonio Histórico de la Humanidad- verá como su planta se deteriora lenta pero progresivamente. De verdad, es triste cómo nos acostumbramos al deterioro y a lo degradado.

A esto, hay que agregarle un brillante descubrimiento del INE. Su director, Elías Eljuri, muy contento, informó que en Venezuela la tasa de desempleo es mayor en quienes tienen mayor nivel de estudio. Dijo Eljuri que el desempleo en los TSU es del 11% en los licenciados o ingenieros del 8% y entre quienes no llegaron a la educación superior, es apenas del 4 por ciento. En otras palabras, si quieres conseguir trabajo, mejor no estudies mucho.

En una sociedad en donde el conocimiento es lo que marca pasar la frontera del bienestar, en Venezuela nos parece que no, que es mejor no saber mucho. De nuevo, emerge el impulso conformista que parece caracterizar a la sociedad venezolana de estos tiempos: aceptar algo o poco, eso sí, envuelto en un discurso de grandeza.

Al mismo tiempo, Eljuri informó que el desempleo aumentó de diciembre de 2007 a enero de 2008 del 6,2% al 10,2% es decir, 4 puntos, pero que se explica porque “en diciembre hay mucho trabajo eventual, que luego desaparece en enero”. Surgen las preguntas ¿Qué clase de empleo estamos creando, entonces, para tener una subida nada más y nada menos que del 4 por ciento? Parece que empleos poco productivos, básicos. La sociedad de los vendedores y vendedoras –con todo el respeto que merecen- con sueldo mínimo, alguna comisión o “rebusque”, y el “cestaticket” ¿Y es posible un país desarrollado con sólo ese tipo de empleo? ¿Cómo haremos con Brasil, por ejemplo, o Colombia, que están desarrollando una importante manufactura que les abrirá las puertas del mundo? Pareciera que nuestra fantasía colectiva oculta es vivir de la renta. Apostar a que el petróleo se acabe, y nosotros ser los únicos que lo tienen, para que todo el planeta nos corteje, y no tener que trabajar más nunca. El problema, es que parece que la cosa no va a ser así. Al final, nos quedaremos con el dinero, pero sin riquezas, que son cosas diferentes, aunque en Venezuela las confundimos, y por eso mucho millonario, después está limpio.

Lo más probable es que estas preguntas se queden sin respuesta, y los titulares de prensa y los minutos de televisión, se los lleve algún chisme de Mario Silva, que recibirá amplia difusión y “análisis” por parte de los “analistas”.

En fin, son tantos y tan importantes los hechos que suceden en el país, que hace imposible poder agarrarlos a todos.

Hay algo de lo que hay que escribir y alertar. Poco a poco, emerge una realidad: estamos ante un “Estado subversivo”. El gobierno de Venezuela ha hecho de la subversión una política de Estado. Esto siempre se ha dicho. La diferencia ahora, es que salen las evidencias. Cada vez se nota más. Es un Estado que usa las instituciones, para acabar con las instituciones ¿Qué hacer frente a esta realidad? Es la interrogante de una realidad bizarra. Un gobierno que quiere que lo reconozcan institucionalmente y se le otorgue un trato formal, pero al mismo tiempo quiere acabar con la sociedad a la que le pide ese reconocimiento, mediante mecanismos informales que en público rechaza, pero que en privado acepta y usa. Un Estado que me cobra impuestos, para utilizarlos en mi contra. Es una relación tensa y difícil, pero que cada vez más se hace pública.

Chávez siempre se ha mofado de ser “un subversivo en Miraflores”, sin reparar en que su lenguaje ha construido realidades subversivas ¿Tendrá Chávez conciencia de lo que sus palabras implican? Siempre se le ha excusado con el motivo, “él es así, sólo lo dice para asustar”, pero esta excusa comienza a ser insuficiente.

En la teoría sobre la violencia y la agresión, se parte de un principio: la agresión comienza con el verbo. Antes de la golpiza luego de un accidente de tránsito, primero van los insultos entre los conductores. La violencia no se genera de manera espontánea, salvo los comportamientos colectivos de tipo multitudinario. Tiene supuestos y fundamentos, y la violencia colectiva supone un discurso de la degradación y la exclusión previas. La película Hotel Ruanda, muestra cómo desde una emisora de radio a través de un discurso prejuiciado, se puede promover un contexto que, en un momento determinado, catalice hacia comportamientos agresivos en contra de un grupo particular. No es que el medio por sí solo origine el hecho violento, pero sí crea las condiciones para que eso ocurra, disparado por variables situacionales que sirven de gatillo a la violencia. En otros términos, el discurso es la representación simbólica del arma, y sólo falta quien jale del gatillo para que la representación se convierta en realidad. Es cuando el discurso se transforma en hechos. Es lo que le pasa al discurso de Chávez en la actualidad.

Tal vez Rigoberto Lanz, quien en enjundiosos artículos en El Nacional intenta demostrar la existencia del “imperio” y de la “derecha” a partir del postmodernismo; en vez de hacer este esfuerzo inútil, bien pudiera darle unas clases a Chávez sobre el discurso, y explicarle que aquél construye realidades. Pudiera regalarle el libro de Umberto Eco, El péndulo de Foucault, para mostrarle cómo las criaturas retóricas se convierten en criaturas reales, y Chávez tome conciencia de su responsabilidad, que cada vez las demandas para que las asuma, se hacen mayores.

El primer hecho que demuestra la existencia del “Estado subversivo” fue la bomba colocada en Fedecámaras recientemente. Falleció la persona que la puso, y eso debe ser motivo de afligimiento por la pérdida de una vida. No obstante, los hechos se mantienen: una persona vinculada a cuerpos de seguridad del Estado, puso un artefacto explosivo en la sede de un gremio del país. De la misma forma, la prensa informó que fue filmado el momento de la colocación, y que esta persona llegó junto a funcionarios de seguridad en motos de un cuerpo policial. Además, tenía un carné de la PM, un radio del cuerpo, y un arma.

No es la primera vez que esto ocurre, pero ahora –con la desgracia de un fallecido- las pruebas quedaron. El gobierno intentó despachar el problema con la simpleza de que son “grupos anárquicos”, “grupos infiltrados por la CIA”, y realizó allanamientos para demostrar que no tiene vínculos con el hecho, que hasta llevó a que El Nacional comentara elogiosamente este comportamiento del gobierno en uno de sus editoriales. Pero las preguntas se mantienen ¿Cómo esa persona accedió a los equipos policiales? ¿Con quién se comunicó a través de esa radio? ¿En qué parte le fue expedido el carné, y quién lo autorizó? ¿De qué parque formaba parte la pistola que llevaba el fallecido? Rodríguez Chacín dijo que el carné de la persona ya estaba vencido ¿En qué parte está el oficio que indica eso, la fecha, y por qué medios fueron publicados los avisos previos a este suceso? ¿En cuál medio o medios se publicó esta notificación? ¿Qué se encontró en los allanamientos? ¿Se detuvo a alguien? ¿Qué información hay sobre el Frente Venceremos? ¿Qué diligencias previas antes de esta explosión hizo el gobierno, y la Fiscalía, en las otras detonaciones (AN, El Paraíso)?

Son interrogantes a las que se les ha “echado tierra” porque, ciertamente, pondrían al gobierno en una situación embarazosa: probarían que está implicado de manera directa o indirecta, en estas explosiones.

Una cosa curiosa que se observa en Venezuela, es que se ha creado un mecanismo de autocensura llamado “No hay que politizar el tema”. Es la respuesta favorita para evitar preguntas incómodas. Ante lo de Mérida y los cuestionamientos que se puedan hacer a las autoridades y a la línea, la respuesta es, “No hay que politizar ese tema”, y se genera como un gran consenso –la “Espiral del silencio” de Noelle-Neumann- en el que el tema no se trata, o se trata desde determinadas aristas: no se habla de mismos, se trata el lado humano para generar empatía con el público, y quien critique sea visto como “inhumano”; o se apela a los esquemas de contenido tradicionales, “No hay aviones nuevos, porque Cadivi no da los dólares” (antes era Recadi), con lo que el problema se diluye en causas no controlables por los responsables.

Con el tema de la bomba en Fedecámaras, pasa algo similar. Se reseñó el hecho, y ya no se habla más del mismo, “Porque no hay que politizar ese tema”, que implica hacer preguntas embarazosas que nadie quiere hacer, ni siquiera la oposición, porque significa poner al gobierno en el banquillo y, también, y es una razón a favor del silencio, si se descubre la verdad ¿Qué hacer? ¿Qué hacer si se descubre que uno duerme con alguien que lo quiere eliminar, pero no puede dejar la cama (cambiar de gobierno) o llamar a alguien para pedir ayuda (las instituciones)? A veces, lo mejor, es guardar silencio, no meterse en problemas, y conformarse. A veces, es la respuesta, hay que convivir con quien sabes tiene comportamientos censurables, porque no se puede hacer nada, y es mejor saludarlo que darle la espalda. Esa es, por ejemplo, la realidad en muchas zonas populares de Caracas: la gente tiene que convivir con la delincuencia porque ¿Qué puede hacer? Si intenta ir en su contra, es seguro que lo paguen con su vida, asesinato que no será investigado. La salida, entonces, es generar un mecanismo de evasión, que es la indiferencia o el conformismo, que se sublima en discursos justificatorios como el de “No hay que politizar ese tema” o “Vamos a ver” o “Hay que esperar para ver cómo están las cosas”, que se convierte en un lenguaje para sobrevivir ante la incapacidad para actuar.

Pero esto parece que llega a su fin. La muerte de Raúl Reyes, y cómo se ha venido desarrollando el caso, muestran que también el gobierno nacional tiene una cara subversiva hacia el exterior, que va a ser difícil que la esconda bajo la excusa, “Es mejor no politizar ese tema”, porque lo que se ve, es que “Sí se quiere politizar el tema”, tal vez no en Venezuela, pero sí fuera de Venezuela.

Quizás sea una interpretación sesgada de mi parte, pero la autojustificación para no profundizar en el tema dentro de Venezuela, aparece. En el programa matutino de César Miguel Rondón (día 4-3-08), entrevistó a Carlos Romero, y ya al cierre de la entrevista, Rondón le comenta las afirmaciones del jefe de la policía de Colombia, sobre la información que compromete a Venezuela y a Ecuador con las FARC, hallada en la computadora de Raúl Reyes, pero el tono de la pregunta a Romero fue irónico, como despreciando el hecho, adjetivando “La guerra de las laptops” o descalificando a la fuente, “Un alto funcionario del gobierno de Uribe, pero policía al fin”. En la tarde de ese día, en el programa de Ana Vaccarela y Jesús Rivero Bertorelli, le preguntaban al entrevistado –que no pude identificar, aunque me pareció que era Diego Arria- “Si una computadora podía sobrevivir a un ataque armado”, como desechando también la tesis de la información en la computadora ¿Qué le pasa al sentido crítico del periodismo venezolano?

El ataque del ejército de Colombia al campamento de las FARC en el que fallecieron 22 personas, puede ser analizado al separar la violación de la soberanía de un Estado (en este caso, Ecuador), del tema de las FARC. Son cosas diferentes, que buscan ser mezcladas por el gobierno de Venezuela. A partir de la soberanía, tapar el hecho FARC, de manera que se obvie en la esfera pública la discusión sobre este grupo violento y su relación con el gobierno de Hugo Chávez, y el debate se quede en el plano nacionalista y de la soberanía. De nuevo, se busca evitar hacer preguntas embarazosas y tocar puntos delicados, pero los hechos son tercos, como se dice popularmente.

Acerca del tema de la violación de la soberanía del suelo ecuatoriano, la posición de Ecuador de denunciar que Colombia entró en su territorio sin autorización, es válida. La resolución aprobada por la OEA el día 5-3-08, dice “Reafirmar el principio de que el territorio de un estado es inviolable y no puede ser objeto de ocupación militar ni de otras medidas de fuerza tomadas por otro estado, directa o indirectamente, cualquier fuera el motivo, aun de manera temporal”.

Acerca de las relaciones del gobierno nacional con las FARC, no es tan simple despacharlas con el argumento de que “no es posible que una computadora haya resistido al ataque” o la cómica de Rodríguez Chacín, “yo también tengo mi laptop”. Lo cierto es que el gobierno de Chávez fue puesto al descubierto, “lo pillaron”. El día del primer debate en la OEA, el Embajador de Colombia presentó datos y hechos que se pueden contrastar para determinar su veracidad, pero son datos y hechos. Tan es así, que la negativa de Insulza en analizar estas evidencias, revelan el peso de las mismas o el deseo de evitar problemas embarazosos a futuro.

El diario colombiano El Tiempo (www.eltiempo.com) tiene un anexo con 36 páginas de parte de los documentos encontrados a Reyes, que sugieren sólidas relaciones de las FARC con los gobiernos de Venezuela y de Ecuador ¿Montaje? Es posible, pero los antecedentes sugieren que hay que examinar la evidencia. Por ejemplo, en las primeras de cambio, Ecuador negó que Larrea tuviera contactos con las FARC. Luego, lo admitió, aunque afirmó que los contactos eran para “gestiones humanitarias”. Lo cierto es que el hecho fue reconocido. En lo que concierne a Venezuela, las relaciones con las FARC son más que evidentes. No sólo fue el saludo de “camaradas” de Rodríguez Chacín a las FARC cuando éstas entregaron a Consuelo y a Clara, junto al minuto de silencio que el gobierno ofreció a Raúl Reyes, sino que se reconoce que el gobierno envía dinero a otros países. Es el caso de la maleta de los 800 mil dólares.

Al principio, el gobierno negó la existencia de una maleta con dinero para la campaña de Cristina Kirchner, pero ahora, Maiónica y Kauffman se declararon culpables en los EE.UU, y admitieron que la maleta iba para Argentina. Por otra parte, el evadido Canchica Gómez, las informaciones indican que es militar activo de Venezuela, pero no se conocen declaraciones del alto mando militar corroborando o desmintiendo esta afirmación. También, está la maleta con una cantidad de dinero similar que fue llevada a Bolivia, lo que produjo un rechazo de la población, que lanzó piedras al avión venezolano que llevaba la maleta, y quien era el encargado de manejarla, estuvo a punto de ser linchado por la poblada.

En otras palabras, los antecedentes de Venezuela en cuanto a influir para tratar de subvertir gobiernos, tiene bases. Es lógico que la reacción de Chávez y del gobierno sea desestimar las denuncias y tratar de ridiculizarlas, para que no sean creídas por la población. Es posible, incluso, que el Gobierno de Colombia acepte dejar eso así, porque logró su objetivo: puso a Chávez al descubierto, y le comunicó, “estás pillao”, de manera que para el gobierno nacional, enviar maletas o influir la política de otro país será riesgoso, ya que de ser capturados de nuevo, es posible que la lenidad que hoy se observa hacia la realidad del Estado venezolano como agente subversivo dentro y fuera del país, se convierta en una sanción.
El tono de la resolución de la OEA es bajar la temperatura, por lo que el tema de la relación de las FARC con Venezuela y Ecuador, no se mencionó en la resolución. Para decirlo de otra forma, “se le echó tierrita al asunto”, y en la rueda de prensa Chávez-Correa del día 5-3-08, el primero afirmó que “ahora vendrán más informaciones”, como para curarse en salud y tratar de restar credibilidad a eventuales denuncias sobre los vínculos Chávez-FARC que en los documentos señalados, son sumamente graves, porque entre otras cosas, incluyen la posibilidad de negociar petróleo para financiar al grupo guerrillero.

Lo importante de todo esto es que Chávez y el gobierno quedaron al descubierto en sus relaciones con grupos subversivos, dentro y fuera de Venezuela. El gobierno está sentado en el banquillo. Ya no se trata de si las pruebas de una computadora valen o no, sino que el cúmulo de evidencias al menos indica que hay una relación fuerte entre las FARC y el Gobierno de Venezuela, no en términos de un canje humanitario, sino en términos de un proyecto político, que habrá que precisar sus alcances. Lo anterior, se desprende de una triste rueda de prensa del Alto Mando Militar el día 5-3-08, en la que el Ministro de la Defensa dijo que la “movilización no es en contra del pueblo de Colombia, sino en contra de los planes de expansión del imperio”.

A la luz de cómo se han venido desarrollando los hechos, lo que hizo Uribe fue poner a Chávez al descubierto. Ya no es importante si la OEA analiza las computadoras tomadas a Reyes, sino que ya todo el mundo sabe que el Gobierno de Venezuela mantiene vínculos con las FARC. De alguna manera, esto impone restricciones a Chávez. Así como el 2 de diciembre, los votantes le pusieron límites al intento del gobierno por controlar toda la sociedad; el 4 de marzo, en la OEA, se le puso límites a los intentos de Venezuela por subvertir la región. Al 2D, le siguió el 4M. Dos fechas que marcan un serio revés para los planes expansionistas del gobierno.

Sin embargo, esto no es suficiente. En el plano interno, todavía no se ha consolidado una alternativa al gobierno. La sociedad lo paró, pero hasta ahí. Lo más razonable que se puede esperar en estos momentos, es que se ofrezcan al país opciones electorales con perfil de victoria. Si la oposición logra ganar al menos 4 gobernaciones y 120 alcaldías, será un éxito. Si son más, mucho mejor en tanto se avanza en una estrategia de equilibrio de poderes, en un ambiente en donde el tejido institucional no funciona. Tanto la Presidenta del TSJ, como la Defensora del Pueblo, por ejemplo, avalan la opinión de Russian sobre las inhabilitaciones, y una integrante del CNE, Janeth Hernández, quien seguramente tendrá un reconocimiento por sus amplios conocimientos en derecho, acuñó un término para justificar las ilegales inhabilitaciones, que es que los señalados en la medida, “podrán ejercer sus derechos de manera restringida”. Brillante la señora o “doctora” Hernández.

En el plano externo es que se abre un nuevo desafío. Lo de la demanda de Uribe en contra de Chávez en la CPI, es mejor esperar a que ocurra –si efectivamente sucede- para opinar, ya que es un caso muy delicado. En todo caso, a Chávez los países le dirán “si quieres avasallar a los venezolanos y a las venezolanas, eso es un asunto del pueblo de Venezuela, si lo acepta o no; pero si quieres llevar tu dominación fuera de las fronteras del país, va a haber resistencia”. Tal vez no suceda nada con las evidencias de la relación de Chávez con las FARC, y sólo sirvan para contenerlo, aunque es prematuro hacer esta afirmación, dada la inicial determinación de Uribe de ir a la CPI.
Lo importante es que un Estado subversivo quedó al desnudo y el problema es ¿Cómo se convive con un Estado que usa las instituciones de la democracia y una Constitución democrática como la de 1999, para acabar con la sociedad venezolana y extenderse hacia otros países? Indudablemente, esto plantea una realidad bizarra para los nacionales de Venezuela. Salvo que se acepte la subversión como la manera acertada para vivir –que en algunos sectores puede ser visto así, y hay indicios de la fuerza del narcotráfico en Venezuela, con ramificaciones en grupos de poder, que indica que lo ilegal es una manera de vivir muy amplia en Venezuela, o Granda, quien estaba muy tranquilo en Venezuela, hasta que fue capturado en enero de 2005- lo cierto es que al gobierno de Chávez hay que exigirle precisiones: o es un gobierno democrático, o es un gobierno subversivo. Si es lo primero, tiene que jugar a la democracia, que es el equilibrio y la división de poderes; si es lo segundo, debe asumir su rol subversivo de inmediato. El debate que se vio en la OEA el día 4-3-08, sugiere que ya no son posibles las medias tintas, y que esa “extraña convivencia” entre un gobierno subversivo pero que quiere que se le trate como a un gobierno institucional, no es aceptable.

Para Chávez y su gobierno, llegó la hora de las definiciones. El verbo ya no exorciza a la realidad. La magia de la retórica perdió su encanto. Se acabó el discurso. Comenzó la realidad.

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