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martes, 6 de marzo de 2007

El tiempo de Un Nuevo Tiempo
El sábado 3 de marzo ocurrió la presentación formal del Comité Organizador del partido Un Nuevo Tiempo.
Enhorabuena, luego de tres meses de silencio y de apariciones esporádicas, pero sin la constancia que el trabajo político requiere. Más en los tiempos actuales de Venezuela, en donde las cosas suceden a una velocidad hiper-rápida. De enero a marzo, diversas cosas se han definido en el país. El silencio y la poca asertividad política de las alternativas al gobierno, resultan inexplicables.
Una debilidad importante de las opciones que compiten con el MVR, es su poca capacidad para sacar provecho a sus logros, a su fuerza. No usan las fortalezas que tienen y, en algún sentido, se dejan llevar por el juego del gobierno, quien es muy hábil en crear cortinas de humo o temas para llamar la atención.
La candidatura de Manuel Rosales tuvo éxito político el 3 de diciembre. Hoy se le critica por haber reconocido el triunfo de Hugo Chávez. Fue una acción política inteligente y valiente, porque el gobierno no esperaba ese comportamiento de Rosales. Esperaba el desconocimiento para actuar. Tanto era que lo esperaban, que antes de las elecciones hicieron una importante compra de plantas eléctricas, entre otras cosas. El gobierno buscaba el desconocimiento -hacia allá fue dirigida la provocación de Telesur de dar los resultados antes que el CNE- para actuar e ilegitimar a la oposición, de manera de tener una excusa para justificar sus acciones de control. Hay que imaginar lo que sería el país hoy, si el gobierno hubiera tenido éxito en sus expectativas y su estrategia de provocación. Si hoy la situación es compleja, en el escenario de desconocimiento, el gobierno ya hubiera estatizado todo, con el silencio del país y de la comunidad internacional. Esto, por supuesto, no es para consolarse frente a lo que pasa en Venezuela, que es muy grave. Pero, al menos, comienza a manifestarse un "derecho al pataleo" legítimo, que no hubiese sido posible de haberse materializado el desconocimiento el 3D. Hoy todos seríamos "magnicidas" para el gobierno.
El error de Rosales estuvo en no capitalizar esa acción inteligente y valiente. En no sacarle punta a su gesto democrático. Guardó silencio o tuvo una aparición irregular, hasta el sábado 3 de marzo. Tres meses exactos. En ese tiempo, lo que construyó durante la campaña electoral, se debilitó con fuerza, ya que ante las decisiones del gobierno, no hubo liderazgo para oponerse, salvo acciones aisladas.
No fue capaz de cuestionar el talante democrático de Chávez, pudiendo hacerlo él porque compitió contra el poder desigual del Estado. Quien más que Rosales para cuestionar las credenciales democráticas de Chávez. No lo hizo. El tiempo pasó. El gobierno se cree indestructible, y actores políticos como Podemos o Rangel se le adelantaron a Rosales, una vez que vieron un vacío político de descontento, aunque todavía es prematuro decir si le van a ganar la carrera al zuliano.
En este contexto de indefensión política de quienes no comparten el programa de Chávez, se agregó la división de Primero Justicia. Sin traumas visibles, pero con rupturas invisibles. Una de ellas es que una referencia política perdió fuerza, perdió entidad, en un enfrentamiento entre dos dirigentes cuya características más visibles fueron la arrogancia (Borges) y la inmadurez (López). Mientras Borges apuesta a una suerte de largo plazo tipo PAN, por lo que una separación de su partido no la estima relevante en el tiempo; López se enfrascó en el tema de las elecciones primarias -como si fuera algo novedoso en Venezuela- y en el nuevo "Rosebud" de la oposición: las llamadas "redes populares", suerte de demiurgo político de la que se esperan surjan las respuestas que hoy nadie tiene.
Esta fue la omisión de Rosales: mucha lentitud y cálculo político, no el reconocimiento a la victoria de Chávez. La política es sentido de la oportunidad, del momento, sagacidad, y, hoy, velocidad, más que cálculo político en el sentido de esperar a que a Chávez se le enreden las cosas para hacer algo. Hoy eso no va a funcionar en Venezuela. Hay que seguir, más bien, el olfato y "atreverse" a adelantar iniciativas políticas.
De manera que el lanzamiento de UNT fue oportuno, porque abre la posibilidad de superar las debilidades que quedaron luego del 3D. Esta presentación, además, fue favorecida por el contexto interno del chavecismo: diferencias en torno al PSUV, que han creado un clima de que las cosas en Venezuela comienzan a moverse. UNT entró en esa corriente y eso es un activo a su favor.
Pero no es suficiente. La sociedad será más exigente con UNT por su silencio de tres meses. El reto del partido es estar a la altura del momento nacional y abrirse a la sociedad que busca una alternativa a Chávez. Primero, a la sociedad opositora y, al menos no cuestionarla, a la sociedad del gobierno que comienza a distanciarse de éste.
Si Un Nuevo Tiempo es alternativa tiene que ser, de verdad, un partido de un nuevo tiempo. Esto va más allá de elecciones de base -que son importantes hoy en Venezuela, y lo sugiere el artículo 67 de la Constitución- pero la prueba de fuego estará en su organización -quiénes tienen el poder dentro del movimiento- y su plataforma programática, más allá de un libro con la ideología del partido -que seguramente lo tendrá- sino que esté dispuesto a aceptar tendencias internas, con matices en la visión de las grandes líneas del movimiento. En otras palabras, variedad en la unidad, y unidad en la variedad.
Finalmente, en cómo se comporte ante el gobierno. No puede hacerlo como un partido para tiempos normales. En la literatura de la ciencia política sobre los partidos, hoy se habla de los "partidos desafiantes" (López, 2005), caracterizados por ser organizaciones que compiten contra un status-quo, y que coagulan verdaderos intereses del país, con una representación efectiva. En otras palabras, que responden a hechos sociales y compitan contra el orden establecido. En 1998, el MVR, fue un partido desafiante. En 1941, lo fue AD. En los 70, lo fue el MAS. En los 90, La Causa R.
Los partidos desafiantes exitosos construyen identidades políticas claras y evitan "negociaciones" con el status-quo. Los partidos desafiantes que fracasan, no logran construir representaciones reales, como el M19 de Colombia, o entran dentro de un juego clientelar como el MAS con Caldera (1994-1999) o el comienzo del período de Hugo Chávez (1999-2001). En 2006, el MAS obtuvo 71.600 votos, muy lejos del partido naranja de los 90.
Más que redes populares o elecciones de base, la sabiduría de un partido hoy en Venezuela -en este caso UNT- está en precisar bien cuál representación va a ejercer y a quién va a representar -es decir, hay que analizar cuál es la nueva realidad social de Venezuela- y cómo lo va a hacer, que apunta a modos innovadores y "atrevidos" de hacer política ¿Será capaz de lograrlo? Una prueba serán las próximas elecciones regionales de 2008, y una corriente que puede tomar fuerza en el país: una nueva AN.
Dos cosas sugieren obstáculos para alcanzar este éxito: el Comité Organizador se vio conformado por personas de "más de lo mismo". Aunque se mostró unidad, la frescura de otras caras e ideas, fue muy limitada, y la mayoría de quienes están en el Comité Organizador responden a un aprendizaje político de otros tiempos. Eso lo captó la gente. En Aló Ciudadano (4-3-07), Gerardo Blyde, Alfonso Marquina, y William Ojeda, tuvieron que escuchar críticas muy directas de quienes llamaron al programa. La nota de Elvia Gómez (El Universal, día 4-3-07), sugiere también una crítica a que UNT estaba "desaparecido".
Hay que esperar para ver cómo queda conformado el partido una vez que el Comité Organizador haga su trabajo, en términos del poder de cada tendencia, que es lo que se conoce como la "coalición de poder interna", variable que hoy se usa para medir el nivel de innovación de un partido, y no tanto elecciones internas (porque pueden quedar siempre los mismos). El punto no es sólo cuántos votan, sino quiénes tienen el poder dentro del partido.
Lo segundo, es que UNT no va acorde a los tiempos del país. Prometer elecciones de base para dentro de un año y un congreso ideológico para dentro de seis meses, luce fuera de contexto en una sociedad donde una semana puede significar mucho tiempo. Se nota una estructura muy pesada, que sigue pasos "by the book", cuando debe ser capaz de construir su organización, su ideología, y hacer cosas novedosas, en corto tiempo.
No obstante, que se haya dado este paso y se asuma la organización política, es una señal interesante, porque es otra línea de movilización social, que es clave en un país que lo necesita urgentemente para retomar la política como actividad, hoy extraviada en el voluntarismo mágico de la construcción de la historia.
Arrancó el tiempo de Un Nuevo Tiempo, en un país que parece no tener más tiempo.
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