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domingo, 22 de febrero de 2015

Golpes bajos



Uno de los temas centrales en política es la relación entre medios y fines ¿Es válido usar medios cuestionables para el logro de un fin político que se considera válido? Imagino que esta pregunta vive de forma permanente en quienes hacen o piensan en política. No sé si para la filosofía política esta interrogante está saldada. No creo. Es una pregunta cuya respuesta depende del momento y de la situación en que se hace, y quién la haga. 

“El fin justifica los medios”, gana la carrera a la hora de responderla en la opinión pública. No estoy en ese grupo, sino en otro: “son los medios los que justifican los fines”.

Medios lícitos legitiman un fin como válido, y aportan lo que considero fundamental en política: la idea de límites. Con demarcaciones, se puede generar una dinámica entre actores políticos que es tensa, pero que construye tejido político y alimenta los criterios de una sociedad para juzgar la acción de sus políticos, sin el “todo vale”. Sin límites no hay noción para delimitar lo bueno o lo malo. La libertad tiene una cara de límites que la hacen tangible, en el sentido de evaluarla, de no hacerla neutra o indiferente ante una situación.

Por ejemplo, como psicólogo social, sigo el debate que hay ahora en la psicología de los EUA sobre el manual de la CIA para los “interrogatorios”, revelado al público por el Senado de los EUA en diciembre de 2014.

¿Y qué tiene que ver la psicología con esto? Resulta que dos psicólogos desarrollaron el manual para los “interrogatorios” de la CIA, a partir de un experimento famoso en psicología social de la década de los 60: la desesperanza aprendida.

A partir del estudio pionero iniciado por Martin Seligman –cuando Seligman se enteró que su estudio fue base para desarrollar el “manual”, envió un claro comunicado de rechazo a estos profesionales y sus prácticas- los dos psicólogos contratados por la CIA teorizaron que si se promovían condiciones para la desesperanza aprendida en los detenidos, los “interrogatorios” fluirían mejor ¿Y cómo se hace eso? Por ejemplo, no dejar dormir a un detenido en una condición de “no escape”. La “teoría del manual” asume que aprenderá la desesperanza y luego, no ofrecerá resistencia al “interrogatorio”.

Los profesionales fueron contratados por 181 millones de dólares para hacer el “manual”, y cobraron 81 millones de dólares, porque la administración Obama detuvo el “experimento” ¿181 millones justifican un “manual para interrogatorios”? ¿“Interrogar” a un detenido en una condición de desesperanza aprendida, hace el fin justificable?

Los memos del Departamento de Justicia y la Casa Blanca abordaron este asunto ¿Cuándo una tortura se justifica? Y, en consecuencia, los mensajes plantearon el asunto escabroso ¿Qué entender por tortura?

Los dos psicólogos están tranquilos. Uno, en redes sociales, colocó que se dedica al kayac y actividades al aire libre. No parece tener disonancia cognitiva por sus ideas y actos, y explica sus acciones porque los “fines” –la lucha contra el terrorismo en la emergencia del 9/11- “justificaron los medios”.

¿Es aceptable lo que hicieron los profesionales del comportamiento? Tal vez desde la perspectiva del “fin justifica los medios”, sí. Había que detener los ataques terroristas o sus amenazas, en un país en shock luego de los agresiones a las torres gemelas y al pentágono en septiembre de 2001. El fin –prevenir embestidas terroristas- “justificó” el uso de ese medio -“un manual para interrogatorios”- además, fundamentado conceptualmente con un estudio de larga tradición en psicología social (en mis clases, por ejemplo, explico el estudio).

En cambio, desde la perspectiva “son los medios los que justifican los fines”, no se valida. Medios no legítimos no justifican el fin, aunque sea sentido por la sociedad -en estudios de opinión en EUA, la tortura tiene importante apoyo de la opinión pública- la protección ante clear and present dangers. Si no ¿Cómo explicar la reacción en contra, si en los estudios de opinión la tortura goza de simpatías en el público norteamericano? 

Para la cuenta del par de psicólogos, el informe del Senado norteamericano mostró que los suplicios no generaron información valiosa para luchar contra el terrorismo ¿El “fin justificó los medios”?

Esta introducción, porque comento tres casos en los que identifico la lógica de “el fin justifica los medios”, que resultan –en mi opinión- golpes bajos.

El primero, el más conocido, la reunión en febrero de 2015 de funcionarios del gobierno de Maduro con representantes de empresas españolas en Venezuela, para –de acuerdo a diversas versiones de medios- amenazarlos con expropiar sus negocios, si no presionan a los impresos españoles –ABC y El País- críticos hacia el gobierno de Maduro.

Cualquier político o gobierno no puede tener la piel delicada. Un gobierno no se pertenece a sí mismo. Un político no tiene vida privada. Su vida –o de cualquier persona pública- ya no le pertenece, aunque la reclame para sí y para su familia. Es de la sociedad, y debe asumir que será estimada, reconocida, distorsionada, juzgada, valorada, o cuestionada ¿Qué debe aguantar todo lo que se dice sobre la persona o gobierno? No, pero hay vías para responder a los excesos de los medios, y amenazar no es uno de ellos. Y menos “por debajo de cuerda”.    

La crítica, así no guste, es necesaria en una democracia, y sana para cualquier gobierno o partido. Amenazar para prevenirla, no es un medio válido. Más bien, comunica un estilo pendenciero y gansteril.

Leí un tuit que sugería cuál sería el titular producto de la reunión, “Empresas españolas presionan a ABC y a El País, para que no critiquen al gobierno de Venezuela”.

Un titular que comunica un golpe bajo. Presionar a otros para que hagan el “trabajo sucio” que el gobierno no quiere o no puede hacer.

Cosas así no se hacen, a pesar que la línea editorial de un medio no agrade. Por ejemplo, no me simpatiza la línea editorial de ABC. Me parece que es parte importante del juego de los poderes fácticos, en la estrategia de producir una crisis política en Venezuela para la esperada por algunos, “transición”.

En años previos, fui contactado por ABC para entrevistas. La última vez fue el 23-1-12, y decidí no aceptar la entrevista, pero de allí a validar la acción de amenaza contra ese periódico para callarlo, no estoy de acuerdo.

El gobierno pudo optar por la respuesta directa al impreso para responder a lo que considera son “infamias”, pero no amenazar.

Que Calixto Ortega haya declarado para desmentir las amenazas a las compañías de España, indica que el gobierno sabe que una acción así es un golpe bajo. Ortega –según nota en Aporrea de fecha 19-2-15- dijo que es “falso de toda falsedad” la información, y que en la reunión, le dieron a los empresarios fotocopias de las notas publicadas, como “pruebas”, para ver si las compañías, “tratan de hacer algún aporte”.

Según Ortega, los impresos cuestionados por el gobierno han escrito el equivalente a 900 cuartillas de “falsedades e infamias”.

Un escenario para el gobierno ¿Cuál sería su reacción si aparece una noticia en los siguientes términos? “Vicepresidente de los EUA se reunió con directiva de Citgo para amenazarlos con expropiarlos si no presionan a Telesur para que cambie su cobertura crítica sobre el gobierno de los EUA”. O en términos de lo dicho por Ortega, “Vicepresidente de los EUA entregó a directiva de Citgo carpeta con fotocopias de falsedades e infamias de Telesur contra el gobierno de los EUA, para ver si Citgo puede hacer algún aporte”.    

El gobierno tiene derecho a defenderse, por supuesto, pero debe hacerlo cara a cara, con contra-argumentos que muestren su punto, pero no usando una práctica bastante cuestionable por lo ruin y cobarde que significa.

El segundo caso es con Empresas Polar. No debe ser un secreto para nadie que Polar, como todos en este país, cada quien en su área; pasa trabajo. En este blog he escrito sobre las señales de agotamiento que se observan en esta compañía. Indicadores que todos podemos exhibir, porque a todos la situación económica nos afecta, de una u otra manera. Polar no es la excepción, y aunque la publicidad de esta empresa la vende como una corporación perfecta, sabemos que Polar no lo puede todo, a pesar que aporta muchísimo a Venezuela. No es inmune a la crisis económica.  

Parte de los problemas que tiene la organización del oso es el hostigamiento del gobierno. El día 7-2-15, en nota de prensa publicada en el portal de Polar, se informó que 10 camiones de esta empresa fueron detenidos por la GN, de los cuales 6 fueron llevados a una distribuidora de alimentos de la Gobernación de Barinas.

En una respuesta tan débil como la dada por Ortega para el caso de los impresos españoles, el Secretario de Gobierno de Barinas, Antonio Albarrán –en nota de Globovisión el día 8-2-15- explicó que la toma de alimentos como tal no ocurrió, sino que algunos productos que llevaban los camiones ya Polar los había vendido a comercios de Barinas, y ellos solo los tomaron para “redistribuirlos”, pero ya no eran de Polar, sino habían sido comprados previamente por otros.

Volvamos a los escenarios, y hagamos uno con la lógica de Albarrán. En el portal de VTV aparece una nota así, “Marina de los Estados Unidos desvió 6 tanqueros petroleros venezolanos, porque el petróleo ya había sido vendido a refinerías de EUA, pero ante las amenazas del ISIS, el gobierno norteamericano va a ‘redistribuir’ el petróleo de los tanqueros, para atender la emergencia” ¿Cómo hubiese reaccionado el gobierno de Maduro?

La acción contra Polar es una forma de golpe bajo que alimenta la construcción negativa que el discurso del gobierno hace de Polar. Mejor hubiera sido comprarle directamente a la empresa los productos, y “redistribuirlos” si es el caso, antes que hostigarla o ponerla a pasar trabajo solo porque es Polar. No es necesario humillar o poner en tensión a una persona o grupo, para el logro de un fin. No "lo justifica". Un medio no humillante sí. 

El tercer caso es un golpe bajo contra Venezuela: el dibujo del caricaturista colombiano Vladoo. No cuestiono su derecho a usar la libertad de expresión o a mostrar las dificultades que vivimos en Venezuela. Es el derecho que le brinda la libertad de expresión. Pero también uso esa libertad para expresar mi desacuerdo a que lo haga caricaturizando los símbolos de un país en términos que degradan.

No sé si por la influencia del tiempo en las FAN, pero “la patria primero” y sus símbolos en lugar preferente. Hay muchas maneras para comunicar lo que pasa en Venezuela de forma dura, crítica –hace falta crítica en el país, ya que Venezuea es una “república de amigos” en "ambos bandos"- pero sin tocar lo que forma parte de nuestra identidad de forma deshonrosa.

Es como si a un caricaturista se le ocurriera, para dibujar la realidad del narcotráfico en Colombia, sustituir el cóndor de los Andes que adorna el escudo de la hermana república, por la “virgen de los sicarios”; y el cuerno, en vez de dar oro, vierte “polvo blanco”. Creo que esto –con sobrada razón- molestaría a los colombianos, pero se pudiera decir para justificarlo ¿Acaso Pablo Escobar fue un invento, una mentira, o un guión de Tom Clancy para una película con Harrison Ford?

No soy caricaturista o humorista, pero jamás se me ocurriría hacer algo así al pueblo hermano de Colombia, porque una descalificación lleva a otra, y a otra, y a otra....hasta que se desata la agresión, que pudo prevenirse con más responsabilidad y menos golpes bajos. 

Vladdo ha hecho caricaturas críticas hacia el gobierno y hacia Maduro, pero con la que hizo con el escudo de Venezuela, se le pasó la mano y le faltó visión, porque jugar con el escudo de Venezuela en un momento en que la tensión entre los dos países puede subir y algunos empujan aires nacionalistas para calentar los prejuicios que hay entre nuestros países, no pudiera decirse que es una acción inteligente, a pesar de la fama de sagaces que tienen los caricaturistas. Con ese dibujo, Vladdo mostró cualquier cosa menos sagacidad, lucidez, o agudeza.

Un Maquiavelo mal leído y una real politik mal digerida, ganan espacio en la política de Venezuela. La idea que “todo vale” para lograr un objetivo goza de buena salud en nuestra sociedad, a pesar que ideas así explican en parte por qué la política, los políticos, y los poderes fácticos de cualquier naturaleza, reciben amplio descrédito en Venezuela y en el mundo, y parece que no se dan cuenta.

En parte se debe a que la idea de límites –lo que da su razón de ser a la democracia- la hemos perdido.

¿Estos tres casos no sugieren que es momento para recuperar esa idea?
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