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viernes, 23 de febrero de 2007

Mecanismos de evasión
La "psicología de la obediencia" se considera como un área de importancia dentro de la psicología social ¿Por qué las personas obedecen en situaciones contrarias a los derechos humanos? ¿Por qué la gente normal puede cometer crímenes horrendos? Dos tesis intentan responder a esta pregunta. La primera, a partir del trabajo de Hannah Arendt, "Eichman en Jerusalén" (1961) y de Philip Zimbardo (1973), quienes sugieren que el contexto de grupo influencia los comportamientos crueles. Los individuos se hallan prisioneros de las normas sociales y las reproducen; "dales un rol, y verás como se comportan". Si el rol es ser torturador, se tendrán torturadores.
Una tesis más reciente (Reicher y Haslan, 2006), revela que el grupo influye, pero también las personas pueden resistirse, ya que la identidad grupal es flexible. Hay conformismo, pero también resistencia.
¿De qué depende que sea conformismo o resistencia? Dos variables influyen: la cultura de una sociedad -hay sociedades más abiertas y más cerradas, más tolerantes y menos tolerantes- y la "eficacia política". Si hay éxitos, esto refuerza la resistencia. Si no los hay, se refuerza el fracaso, que promueve el conformismo y la aceptación. Algo de esto último pudiera estar pasando en Venezuela.
¿Por qué? Muchos se quejan del silencio que hay en la sociedad venezolana ante determinados hechos que ocurren, que demandan movilización o respuestas en contra más contundentes.
Una vía tentativa para explicarlos es que, ante el fracaso de las alternativas al gobierno para mostrar organización y fuerza política, esto pavimentó el camino para que la sociedad acepte un modelo cada vez más autoritario. El golpe del 11 de abril y el paro, ambos en 2002, de acuerdo a esta visión, tuvieron efectos no esperados: ante estos dos descalabros, hoy muchos justifican la "mano dura" del gobierno con mayor fuerza que hace dos o tres años. Ante la imposibilidad de manejar el poder y ser alternativa, la respuesta es un comportamiento proclive al autoritarismo y al cinismo, que se ve con fuerza en la sociedad venezolana.
Esta incapacidad de ser poder genera sus propias justificaciones, y algunas de ellas se leen en la prensa, en la pluma de diferentes articulistas. Hay tres que resaltan:
1.-"En la 'IV república' también pasaba": todo tiene su referente en el pasado. Si hoy hay leyes draconianas para el sector alimentos, la respuesta es "pero eso también ocurrió en el gobierno de Jaime Lusinchi".
2.-"Los dos hablan mucha paja": tanto el gobierno como la oposición amplifican los temores, por lo que mejor es no prestar atención y ser "serenos y astutos". Es decir, ajustarse a la realidad. Al fin y al cabo ¿No se estatizó la CANTV al mejor estilo de Wall Street, con OPA incluida?
3.-"Puede ser verdad, pero de todas formas no va a pasar": aunque el experimento del "socialismo monolítico" (Maurice Duverger) sea una realidad, al final no se va a poder aplicar porque no hay condiciones para ello, "ves, cuando Chávez se dio cuenta que las cooperativas no podían hacer el viaducto a La Guaira, tuvo que llamar la empresa privada". Entonces, hay que apostar a la curva de aprendizaje del Jefe del Estado ¿Cuándo aprenderá todo lo que tiene que aprender? ¿En el 2021?
Los tres mecanismos descritos más bien evidencian el ajuste psicológico y político ante el fracaso de darle consistencia al poder de las alternativas al gobierno -que lo tienen, y mucho- y ocurre lo contrario: el conformismo, "y hay que echar pa´lante". Ciertamente, hay incertidumbre: muchas cosas pueden pasar, pero lo que no parece razonable es decir que, como al final el proyecto del gobierno no va a tener éxito, mejor es no hacer nada y esperar a que fracase -y sacar los dólares mientras se pueda. Es decir, la muy venezolana salida -la viveza criolla- de cohabitar, de moldearse a las circunstancias, y no innovar. Esto refuerza la idea que no hay salida posible en el país, sino sólo la suerte o esperar.
¿Cómo superar este estado? La misma teoría sugiere que lo primero es asumir el poder que se tiene, y desafiar lo que parece "normal". Cuando se tiene identidad, es que comienzan a verse las alternativas. Las tiranías aparecen no por exceso de poder sino, aunque no se crea, por la carencia de poder. Cuando los grupos no deciden usar el que tienen o fracasan en hacerlo. Más que lamentarse de las circunstancias
, hay que desafiar.
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