Léeme en otro idioma

miércoles, 14 de noviembre de 2012


Liderazgo
El mundo parece tener desafíos de todo tipo. Uno de ellos, es la frivolidad del liderazgo. El caso del affair del General David Petraeus es la guinda de la torta de una serie de casos que apuntan a que el liderazgo se concibe como una posición que da derechos adquiridos y no como una posición en la que hay que asumirse como portador de cambios o, al menos, como ejemplo para las personas o seguidores. En este tema, el viejo adagio de Nobleza obliga, sigue siendo válido. 
Hay casos sonados. El del ciclista Lance Armstrong, la cúpula que manda en China -los llamados "Príncipes"- y también hay en Venezuela. El caso de Juan Carlos Caldera es un buen ejemplo
¿Qué tienen en común estos ejemplos? Excluyendo el caso de China que es una estructura nepótica la que en nombre del socialismo, construyó una clase de privilegiados que es la dueña del país, los demás son individuos en posiciones de liderazgo. 
El New York Times reveló que la familia del Primer Ministro chino Wen Jiabao tiene una fortuna cercana a los 2.700 millones de dólares. O como los hijos de los jerarcas del Partido Comunista de China chocan Ferraris.
Algo de eso hay en Venezuela. Hace unos años, el hijo de un "Príncipe bolivariano" de PDVSA chocó un Lamborghini en Miami, y algún día se conocerán las fortunas de los "Príncipes bolivarianos" (y "Princesas") y sus familias, quienes en nombre de la "salvación del planeta" han salvado sus cuentas de ahorros, exiguas en 1998. 
Los otros tres casos -Petraeus, Armstrong, y Caldera; cada quien en su nivel- tienen como identidad que son personas que representaban ideas, valores, instituciones o las tres. Y los tres fallaron al no estar a la altura de lo que representaban. Es lo que llamo la frivolidad del liderazgo. En no asumirse como tal, sino en vivir del estereotipo actual del liderazgo (centrado solo en la "admiración de las masas") o de las "prerrogativas" del ejercicio del liderazgo. Es lo que hoy parece ocurrir. Nadie se quiere asumir, sino muchos consideran que llegar a la cúspide es el acceso al mundo de los privilegios. 
En tiempos tan ayunos de ejemplos y en donde la tecnología permite que la gente maneje mucha información -el problema con "Rosita" no es si es una chica "decente" (?) sino que su caso muestra cómo la justicia socialista no sirve para nada. Lo que modela es que si tienes una "palanca", puedes hacer lo que quieras; robar, matar, estafar, engañar; y por eso la violencia en Venezuela va en ascenso, porque lo que se modela es eso, mientras no te metas en política, tienes License to kill- es que es imperdonable que quienes tienen posiciones de liderazgo, fallen.
Lance Armstrong fue un líder deportivo y personal. Se recuerda como a comienzos del Siglo XXI, se hicieron famosas las pulseras de LiveStrong. Llevar una era un símbolo no solo de lucha sino de solidaridad. 
El ciclista no solo era ejemplo en el deporte sino en la lucha contra el cáncer. 
Armstrong atrajo muchos seguidores entre otras cosas porque modeló con el estereotipo del Iron man. El estereotipo del hombre indestructible, atractivo en una sociedad menos amigable como la de ahora y más solitaria, que no tiene el tejido social que ofreció el Estado de bienestar en el pasado. Un líder para la sociedad de Robinson o los concursos en donde había que "eliminar" a los concursantes que no rindieran. En definitiva, el líder para sociedades donde solo los más aptos sobreviven. 
Todo resultó una farsa. Recuerdo que hace semanas, al escuchar el programa de Ana Vaccarela y Jesús Rivero Bertorelli en KYS -un programa muy bueno, de paso- entrevistaban a un conocedor del deporte que habló de cosas interesantes sobre el caso Armstrong, pero mostró la contradicción: censuró acerbamente al ciclista, pero al mismo tiempo expresó "admirarlo" por lo que representó en un momento o, pienso, por los sueños de grandeza que Armstrong recreó en muchos. 
No solo el liderazgo es frívolo sino también los criterios para evaluarlo. En una época en donde la trampa "se normaliza" ¿Por qué no admirar a alguien que aunque haga trampa, llega a la cúspide? "El fin justifica los medios", dirán los maquiavelólogos que abundan.
El caso Petraeus todavía está en desarrollo, pero diría que el general cedió a la sensualidad del poder, tal vez por sus propias características de personalidad. Al leer su hoja de vida en West Point se concluye que el militar es un high achiever que combinó capacidad de trabajo con el olfato para estar en el sitio adecuado en el momento oportuno. Cuando la Guerra en Irak se estancó, apareció Petraeus con su propuesta del surge que ofreció una salida a Bush y que gustó a Obama. Lo demás, es historia conocida.
Los relatos que he leído del caso -mayormente del New York Times y de la web Politico- me dejan la impresión de un Petraeus con una apreciación muy elevada de sí mismo, una cierta arrogancia luego de ser llamado un American Hero -EUA es una sociedad del rule of law pero lo militar, el sentido del duty que representa muy bien este sector, tiene un peso importante- parece que dio paso a una vida social que tal vez nubló la percepción del general. 
En 2006 apareció Paula y los unió lo que ambos admiran: ser achievers. La hoja de vida de ella en West Point también muestra una persona competitiva -atributo que en una mujer se desarrolla dentro de una escuela militar, en donde el machismo se nota más que en el mundo civil- y su currículum civil también es muy bueno. Un general sobrado y una biógrafa sobrada. Tenían que estar juntos. 
Pienso que Petraeus olvidó que representaba el American Hero y su estima inflada lo llevó a ser frívolo al tener una relación con su biógrafa. 
No quiero caer en el juicio "moralista" -aunque estar casado durante 38 años genera obligaciones y un respeto a tu esposa e hijos cosa en la que también Petraeus falló- el General debió considerar las consecuencias de su relación con la Broadwell. La señora, sin duda, es un caramelito de 40 años -es bonita, luce de trato agradable y espontánea, y académicamente interesante- pero eso no excusa el fallo del General. 
Finalmente, el caso de Juan Carlos Caldera. Que haya ido a casa de Ruperti con una camisa con su nombre y a recibir una cantidad de dinero, revela no solo una ingenuidad -y arrogancia- gigantescas sino una tremenda irresponsabilidad, cuyas consecuencias todavía la Unidad paga. 
También me luce que Caldera sobre-estimó su imagen de sí mismo y se dejó encandilar por la frivolidad del mundo de los Ruperti. Como Petraeus, olvidó lo que representaba, pero las consecuencias están allí.
Una candidatura sobrevenida de Capriles en Miranda -a lo mejor si Caldera se hubiera mantenido como candidato de la Unidad hubiera ocurrido igualmente, pero la justificación para el regreso de Capriles hubiese sido más difícil, y creo que con el regreso de Capriles, Miranda ganará un buen Gobernador que será reelegido pero Venezuela perdió un líder político- y algo que se ve ahora, luego del 7 O.
Gente que piensa que entre el gobierno y la Unidad hay algún "acuerdo" secreto o que el gobierno compró a líderes de la Unidad porque cuando ven el video de Caldera y al mismo tiempo ven los abusos del gobierno en el CNE, llegan a la conclusión que "Hay algo encerrado, porque si Caldera era el representante de la Unidad ante el CNE ¿No hay algo allí?". Los más golpeados por el resultado, llegan a decir que "nos estafaron" y dan como razón, "Pero si Caldera era el representante de la Mesa ante el CNE"
Aunque esta asociación no es cierta y es lo que en psicología social llamamos "correlación ilusoria" -en cristiano, pegar cosas que no van pegadas- para mucha gente es cierto, porque les hace sentido, porque atan cabos sueltos uniendo cosas que no son, pero que da sentido, que "lucen lógicas". 
Cuando leí sobre el caso Petraeus vinieron a mi mente los casos Armstrong, Caldera, y en menor caso el de China.
Los tres no tuvieron conciencia de lo que representaban. El ciclista cedió a su propia grandeza, a ser más que un hombre, un súper hombre. Su ambición lo llevó a la caída. Los otros dos, a la sensualidad del poder. La frivolidad fue la caída de ambos. 
Ninguno de ellos se preguntó ¿Es válido lo que voy a hacer dado lo que represento? 
Nótese que no hago un juicio moral, porque al poner la afirmación en forma de pregunta, dejo la puerta abierta a que se realice el comportamiento cuestionado, pero a interpelar a la conciencia por eso; con lo que no busco al hombre perfecto, sino al hombre que interpela su conciencia, consciente de las tentaciones pero consciente de lo que representa.
Es decir "Paula me atrae, pero ¿Debo hacerlo? tengo 38 años de casado, la sociedad percibe en mi un modelo ¿El poder es para esto? ¿Es correcto con mi esposa e hijos? ¿No debo dar el ejemplo?". Es lo que me hubiera preguntado de ser Petraeus. 
"Me llamó Ruperti para ir a su casa ¿Debo ir? ¿Qué implicaciones tiene eso para la Unidad, dado que soy su representante ante el CNE? ¿Debo acercarme a alguien vinculado al gobierno como Ruperti? ¿No es mejor que informe a mi partido y pregunte a políticos con experiencia, cómo ven esto antes de tomar una decisión?". Es lo que me hubiera preguntado de ser Caldera. 
En un tiempo en que el liderazgo está rodeado de flashes, cámaras y es algo cercano a una portada en Vogue, Hola, o alguna revista para el target premium, tener presente una cierta analogía de la "ética de la responsabilidad" de Weber con el liderazgo, no vendría mal.
Publicar un comentario