Léeme en otro idioma

sábado, 29 de junio de 2013

Mandela
No recuerdo cuando comencé a hablar de Nelson Rolihlahla -palabra que, en el dialecto Xhosa de la tribu de Madiba, significa "busca problemas"- Mandela (1918), o cuando escuché acerca de este freedom fighter como Madiba llama a quienes luchaban por la igualdad racial y la libertad en Sudáfrica, en su libro Long Walk to Freedom (1994).
Creo que fue durante un programa que pasaron en Vale TV cuando oí hablar sobre Mandela, los juicios de Rivonia (1962-1964) -en los que Mandela fue condenado el 12-6-1964 a cadena perpetua, situación en la que estuvo 27 años- y la justificación que el futuro Nobel de la Paz 1993, premio que compartió con Frederick de Klerk, hizo sobre la violencia política -desde la Liga Juvenil del CNA fue partidario de un cambio de tácticas hacia el Apartheid y promovió un movimiento guerrillero llamado Umkhonto we Sizwe que nació en 1961, que significa Lanza de la nación; y expresó que Is the oppressor who defines the nature of the struggle; in the end, we would have no alternative but to resort to an armed resistance- algo que puede lucir disonante y efectivamente lo es, en tanto  Mandela justificó la violencia política -sobre objetivos que no causaran víctimas; mayormente actos de sabotaje y no terroristas- pero en ese programa de Vale TV se comentó sobre el Mandela rebelde que entró en la cárcel al Mandela más sosegado -si cabe la expresión- que se desarrolló en prisión, que se manifestó a su salida el 11 de febrero de 1990, y que es uno de los atributos que más se le reconoce: el no dejarse controlar por el rencor, el no tener resentimientos, a pesar que pasó casi toda su vida preso por promover la libertad. 
O fue preparando el tema de liderazgo para la clase de psicología social. Creo haber leído en Political Psychology un trabajo acerca de los liderazgos transformadores, y se ponía como ejemplo de un liderazgo exitoso el de Mandela. 
Me quedó de Mandela lo que seguramente a todos les queda: la de un señor que pasó 27 años en una prisión, en la lucha por la igualdad racial y la libertad en su país, y que salió de prisión sin resentimientos. Un señor que unió a un país dividido o que le dio un sentio de unidad, que se ve en la película Invictus (2009).
En 2010, mi hermano me regaló su autobiografía Long Walk to Freedom (1994) y en diciembre de 2011, mis hermanos me regalaron Confesiones conmigo mismo (2011).
Muchas cosas se dirán sobre Mandela en estos momentos en que es noticia por su situación de salud. 
Comparto las mías, a partir de la lectura de sus dos libros. Las tomo como sugerencias importantes para quienes hacen política. Trato de usarlas en mi modesta actividad política dentro de la Unidad. 
En la medida de lo posible, las comentaré con pequeñas referencias a la política venezolana en general.
Mandela me dejó 6 lecciones políticas:
1.-La formalidad, el respeto, y el buen uso del lenguaje, son fundamentales
De su primer libro, me quedó la importancia de las formalidades, a pesar de lo duro que pueda ser una situación. Las formas son importantes, no te rebajan, no te hacen menos valiente, o pendejo como es la creencia en Venezuela. 
Durante los juicios de Rivonia, a pesar que fueron los que lo llevaron a pasar cerca de 30 años en la cárcel, Mandela destacaba y usaba las formalidades durante el juicio e incluso -como abogado- respetó el protocolo del juicio, a pesar que fueron juicios políticos. 
En su statement para su defensa -un documento histórico, pronunciado el 20-4-1964- nunca dejó de dirigirse a los jueces que lo condenarían con My Lord y, a veces, I beg your pardon, My Lord. O asistir a los juicios con traje y corbata, como ocurrió en los Juicios por Traición durante 1956. 
No deja esto de ser importante, porque la formalidad mantiene un clima de calma, de auto respeto y de respeto hacia la situación, que conduce a un clima político de control, de seguridad y de afirmación. 
Tal vez este estilo formal tiene su origen en el estilo de liderazgo que Mandela aprendió de su casa real Thembu, al observar al regente y su corte. Dice Mandela, As a leader, I have always followed the principles I first saw demonstrated by the regent at the Great Place. I have always endeavored to listen to what each and every person in a discussion had to say before venturing my own opinion. Oftentimes, my own opinion will simply represent a consensus of what I heard in the discussion. I always remember the regent's axiom: a leader, he said, is like a shepherd. He stays behind the flock, letting the most nimble go out ahead, whereupon the others follow, not realizing that all along they are being directed from behind.
No es poco, si se compara con Venezuela, en donde la formalidad no solo es para el disimulo -como argumentó Cabrujas en el Estado del disimulo- sino que conscientemente es rechazada para mantener un clima político tirante, acerbo, el cual promueve un ambiente de tensión permanente. 
Una conclusión al ver el caso de Havel, Mandela o de Aung San Suu Kyi, quienes tienen -tuvieron, en Havel- un lenguaje de tono respetuoso, es que son personas que tuvieron realmente problemas políticos (represión, persecución, violencia, y de verdad; supieron el costo de hacer política y lo incorporaron a su aprendizaje, sin bulla o despecho). Tener problemas de verdad, obliga a un lenguaje responsable. 
Contrasta con nuestro lenguaje político en Venezuela: sin límites, muy de bocones, que muestra una sociedad que realmente problemas no tiene y que, con sus altas y bajas, ha vivido y vive bien. Prefiero pensar que es esto para explicarme nuestra ligereza verbal, a que somos una sociedad irresponsable.  
Pudiera decirse en este punto que lo que te hace arrecho no es el tono del lenguaje sino el dominio que tengas del mismo, en cuanto a su forma y contenido. Es lo que Mandela logró. 
En otro momento, Albert Camus -citado en el trabajo de Guillermo Sucre, La libertad Sancho de Montaigne a nuestros días (2013)- lo dijo, La modestia es saludable para la república en todas las ocasiones.
2.-La responsabilidad política
Mandela no eludió sus responsabilidades políticas cuando tuvo que enfrentarlas. No las diluyó en un colectivo cuando las cosas se pusieron feas, colocó sus fallas en otros, buscó chivos expiatorios, trapos rojos, o se limitó a decir que la gente lo quería en las encuestas.  
No se dejó atrapar por la policía en los momentos de clandestinidad -el primer deber de un luchador por la libertad es que no te atrapen, dijo en Long Walk to Freedom- pero una vez capturado, asumió la defensa en su juicio.
Se desprende de lo hecho por Mandela que la responsabilidad tiene dos vías.
Por una parte, la de anticipar, la de saber lo que se hace, y prever las consecuencias políticas de una acción. 
La violencia política fue asumida por el CNA de forma consciente. Mandela fue uno de los promotores, y no fue fácil llegar a la aceptación de esta forma de lucha. Al mismo tiempo, una vez decidida, no fue desarrollada al azar, sino que supuso un plan, una manera de adelantarla. La violencia controlada por la política.  
En Long Walk to Freedom Mandela detalla cómo fue ese tránsito, y cómo se planificó la violencia política y, dentro de lo grave de una decisión así, que aquélla tuviera consecuencias mínimas.
Una acción en mi opinión censurable -la violencia política- pero Mandela en su texto no la deja así, no es simplemente la violencia política por la violencia política porque hay que mostrar que se es arrecho o vengar los agravios al orgullo, sino que hay un examen detallado sobre el por qué usarla, cómo emplearla, y las consecuencias que tendría su uso. 
La conclusión que saco a partir de la reflexión que hace Mandela es que la violencia política no es una decisión, sino una situación a la que se llega no queriendo llegar. Una situación de hecho que aparece, pero que no es la primera opción y se prefería que no lo fuera.
El Partido Nacional asumió el poder Sudáfrica en 1948 y arrancó el Apartheid, pero la violencia política se decidió 13 años después. Es decir, no fue la primera decisión, a pesar de la exclusión racial y política que arrancó en 1948. Fue un proceso político, en el que se exploraron opciones, se debatió el tema, se evaluaron experiencias. No fue una decisión a la ligera, siguiendo un manual político, o tomada para complacer a las masas que pedían bolas y ovarios.
Así lo ve Mandela una vez que arrancó la resistencia armada, The killing of civilians was a tragic accident, and I felt a profound horror at the death toll. But as disturbed as I was by these casualties, I knew that such accidents were the inevitable consequence of the decision to embark on a military struggle. Human fallibility is always a part of war, and the price for it is always high. It was precisely because we knew that such incidents would occur that our decision to take up arms had been so grave and reluctant. But as Oliver said at the time of the bombing, the armed struggle was imposed upon us by the violence of the apartheid regime. 
Hubo un punto de inflexión que apoyó la decisión de promover la violencia política: la Masacre de Sharpeville (21-3-1960), en donde fueron acribilladas 69 personas y un balance de 186 heridos.  
En Venezuela, un razonamiento similar lo expresó Leonardo Ruiz Pineda en la introducción del Libro Negro (1952) acerca de la oportunidad del putchismo, que bien pudiera ser una lectura para los tiempos actuales del país. 
Por otra parte, la responsabilidad cimienta el liderazgo y la credibilidad. Tal vez por eso Mandela tiene el conocimiento y respeto que alcanzó, porque políticamente no tuvo mucha actividad, si se toma en cuenta que estuvo preso durante 27 años. No podía hacer nada desde la cárcel, o muy poco, más allá de ser un símbolo o ícono. 
No fueron sus acciones en la cárcel, sino cómo la asumió, lo que hizo antes de ser encerrado, y lo que hizo después, luego de salir -el aprendizaje que tuvo durante el encierro- lo que empinó la credibilidad y el liderazgo de Mandela.
Prever, hacer, y asumir, las bases de la responsabilidad política en Mandela.  
3.-El control de las emociones
En Long Walk to Freedom me sorprendió mucho esto. Me llamó la atención y diría que Mandela se enorgullecía de poder controlar sus emociones. Diría que es algo central de su personalidad y de su forma de hacer política. Quizás lo exageró, a mi modo de ver, y una fortaleza la convirtió en debilidad creyendo que la hacía fortaleza.  
Tal vez cuando fue capturado el 5-8-1962 (volvería a ser libre en 1990), fue una de las pocas veces en las que Mandela mostró alguna emoción, I realized I was not prepared for the reality of capture and confinement. I was upset and agitated, dijo en Long Walk to Freedom. 
Puede ser por la dureza del momento político que le tocó vivir; para no mostrar debilidad ante el sistema opresivo del Apartheid, la necesidad de controlar las emociones. El adversario era de cuidado, y ser emotivo podía ser una debilidad, y Mandela no quería caer en ella. 
Control no significa arrogancia. También fue una manera de llevar la cárcel.  Pasar cerca de 3 décadas en prisión, y unos cuantos años en una cantera picando piedra, para mantener la estabilidad mental, para no dejarse atrapar por el vacío que supone ser un preso político, supongo que el control de las emociones es clave. Y para el auto respeto que ayuda a sobrevivir en condiciones de encierro. 
Mandela cuenta muchas anécdotas en este asunto. En una, comenta que Prison not only robs you of your freedom, it attemps to take away your identity. 
En 1962, nuevo como preso en una de las tantas cárceles por las que pasó hasta 1990, Mandela quiso mostrar su orgullo y exigió comer y vestirse como quería. Le dijeron que sí, pero que eso implicaba que estaría aislado en prisión. Aceptó:
For the next few weeks, I was completely and utterly isolated pero....After a time in solitary, I relished the company even of the insects in my cell, and found myself on the verge of initiating conversations with a cockroach ¿Conclusión? After a few weeks, I was ready to swallow my pride and tell Colonel Jacobs that I would trade my long trousers for some company. 
Para que la vida en prisión tuviese sentido, Mandela hizo de la lucha por mejores condiciones, una constante, a pesar de la resistencia inicial que esto ocasionó en sus compañeros de celda quienes decían que no tenía sentido luchas por cosas menores, sino que había que cambiar todo, que había que modificar las condiciones del sistema político.  
En algunos momentos de su encierro, Mandela relata que fueron duros, con guardias no siempre respetuosos o las condiciones de encierro bastante duras. Por ejemplo, su hijo fallece estando Mandela en prisión y le negaron la posibilidad de ir a su encierro. Igual con su esposa Winnie Mandela, pasaron cerca de 18 años para que Mandela pudiera agarrarle la mano, ya que se comunicaban a través de un cristal que no permitía el contacto. 
Aún en estas situaciones, Mandela no perdía la calma y en el caso de los malos tratos, seguía el procedimiento: se quejaba mediante una carta, hacía sus solicitudes (como la de asistir al entierro de su hijo), todo dentro de la formalidad, pero de forma constante. 
Exigía mejores condiciones en la prisión, pero con formalidad, sin desesperarse, y teniendo una meta, un objetivo. Así llevó 27 años de encierro. 
4.-No ser tan perfecto
Vinculado al punto anterior. Pienso que Mandela se dio cuenta que en Long Walk to Freedom comunicó a una persona muy perfecta, que ni en momentos tan duros como la muerte de su hijo o de su mamá, perdió el control de las emociones o expresó algún dolor. No porque no lo sintiera, sino porque el control de las emociones tal vez fue el recurso para mantener la esperanza una vez preso, y en los momentos más difíciles de la prisión en Robben Island.
Pero tanta perfección lo aleja de lo humano y ese error sobresale en su autobiografía de 1994.
La enmienda vino en su segundo libro Confesiones conmigo mismo (2011). El error del libro de 1994 se corrige en el texto de 2011.  
Allí, Mandela nos muestra una realidad más humana, centrada fundamentalmente en el dilema que un luchador político de su calibre debe enfrentar ¿Cómo equilibrar la relación entre la política y la familia?
Mandela tuvo una vida independiente desde que se fugó de su tribu cuando se le quiso casar con una persona que no quería, siguiendo las tradiciones de la casa real Thembu a la que Mandela pertenece. Huyó de un matrimonio obligado. Se fue a Johannesburgo. Trabajó allí como vigilante en una mina. Estudió derecho e hizo su vida profesional con éxito -tuvo carro, su propio bufete de abogados- antes que la política lo llamara.
Su madre enviudó cuando Mandela tenía 9 años. La escapada de Mandela fue un punto de no retorno en y a su vida familiar. 
Esa tensión se nota en su autobiografía de 1994: el llamado de la madre viuda, sola, que necesitaba del hijo que estaba lejos, en la política. Llamada que no fue atendida. La tensa relación con su primera esposa, Nancy, quien deseaba a un Mandela como hombre de la casa, con una vida normal. Imposible, ya Madiba tenía un rol estelar en el CNA. Tampoco pudo ver crecer a sus hijos. Uno de ellos falleció en un accidente de tránsito durante su encierro. Igual su madre. 
Su segunda esposa Winnie, también le tocó una vida dura por ser la esposa  Mandela: hostigada, vigilada, acusada, y también encarcelada en varios momentos. 
Todo esto generó tensión y disonancia en una persona que estaba en política y luego, encerrado, pero que tenía familia. 
Mandela manejó esta tensión en su primer libro expresando un control total de las emociones que no es bueno, que lo aleja de las personas comunes y que hace su liderazgo impracticable. Lo corrigió en el segundo libro, porque es importante no esconder el dilema. La política tiene costos personales altos, en democracias o en formas de gobierno no democráticas. Mandela pagó un alto precio en este sentido -igual que Aung San en Birmania- y eso generó tensión. Tal vez hubiese querido llevar una vida familiar -que no es una mala vida, a pesar que se desdeña de ella desde el poder- y pienso que lo logró con su tercera esposa Graca. 
Es valioso poner este dilema al descubierto. No se habla mucho sobre eso o se ve poco importante: la política debe estar por encima de la familia. Muchas veces es así, pero el costo es alto ¿Cómo lograr que la política y la familia estén al mismo nivel?
Mandela reflexionó acerca de eso y mi opinión es que el dilema no tiene una solución, ni siquiera paretiana. Son excluyentes, al menos mientras no se llega al poder. Una vez allí, puede fluir, si es que fluye. 
Obama es otro caso en este sentido: en su libro The Audacity of Hope (2006), Obama cuenta las dificultades de la vida familiar con Michelle, sus hijas, y el tenso equilibrio con la política.  
Pero también es la personalidad de Mandela: no hacer de las debilidades que tenemos como personas o proyectos de vida (la política, que a veces supone poner lo familiar a un lado), un tema o un punto de no avance. Es algo que se lleva, pero que no debe obstaculizar. 
En su autobiografía de 1994 relató como personas muy famosas del CNA en la lucha por la igualdad racial y la libertad, en los juicios realizados por el gobierno del Apartheid, ofrecieron testimonios pro gobierno para sorpresa de Mandela y todos, quienes no esperaban eso de personas tan prestigiosas. Pero cosas así suceden en gobiernos autoritarios.
La reacción de Mandela no fue la burla, la crítica, la rabia, frustración, jugar a la víctima o al engañado, hablar de colaboracionistas  o  la República de Vichy o Petain, sino un silencio, una discreción ante quienes por alguna razón sucumbieron ante las presiones de los gobiernos autoritarios. 
Un silencio que revela que no somos perfectos, que muestra la debilidad humana y que todos podemos caer, y entre esos, también los arrechos y arrechas, pueden caer en el momento menos esperado. Que no hay que burlarse de quienes caen, así sea en contra de uno. 
No ser tan perfecto para mostrar lo humano; los dilemas de la política, que se viven mayormente en la vida personal y que no salen o se habla de ellos, son importantes para hablar de liderazgo. 
5.-La organización es muy, muy importante
La representación social que hay de Mandela es que es un símbolo de la libertad, alguien como alejado de las cosas mundanas de la política. Una suerte de santo político, impoluto, sin fallas, y que todo lo hizo solo, por su extraordinario liderazgo. El súper hombre de Carlyle.   
Nada más alejado de la realidad.
Mandela es un símbolo, pero fue un convencido y experto organizador político y de trabajo en equipo. Sin la organización política que promovió junto a otros, Mandela no sería Mandela, ni la lucha contra el Apartheid hubiese tenido éxito.
No solo comprendió que la lucha por la libertad requiere una organización política y social importante -toda su vida política hasta que fue detenido en 1962 estuvo dedicada a organizar- sino que no es la tarea de una sola persona, a pesar que se cree que Mandela lo hizo todo solo. 
Es el símbolo -por su estilo de liderazgo, por su personalidad- pero un símbolo colectivo, producto de la organización y de la presencia de otras personas de igual calibre político como Walter Sisulu y Oliver Tambo, entre otros relevantes, figuras en la lucha contra el Apartheid.
La lucha política no es la tarea de uno solo, por más capaz que sea, sino una tarea de muchos. Así lo relata Mandela:
Powerful grassroots political movements were being formed inside the country that had firm links to the ANC, the principal one being the United Democratic Front, of which I was named a patron. The UDF had been created to coordinate protest against the new apartheid constitution in 1983, and the first elections to the segregated tricameral Parliament in 1984. The UDF soon blossomed into a powerful organization that united over six hundred anti-apartheid organizations -trade unions, community groups, church groups, student associations.  
Importante lección para Venezuela, sociedad que espera un Mesías -una parte del país se decepcionó con Chávez, esperaban un Mesías bueno o no comunista- y su decepción no la transforma en proyecto colectivo sino en la búsqueda de un nuevo Mesías, preferiblemente que tenga uniforme, ahora empujado con más fuerza porque Maduro no es Chávez. El padre castrador que fue Chávez para muchos, ya no están, pero la necesidad de un padre todavía existe en muchos.  
Walter Sisulu (1912-2003) también fue condenado a prisión junto a Mandela. Fueron compañeros en prisión y seguramente esto también ayudó a la estabilidad de Mandela durante el encierro. 
No estaba solo y con Sisulu tuvo siempre al compañero y amigo, especialmente con el paso de los años, porque a prisión entraron nuevas generaciones de luchadores políticos, muchos de los cuales Mandela no conocía -y estos jóvenes tampoco a Mandela- y que eran personas comprometidas con la violencia política que Mandela para ese entonces no apoyaba, pero eran personas jóvenes, distintas, encarceladas en los 80, con otra manera de ver las cosas, distintas a Mandela, que pudo manejar la tensión del cambio generacional que ocurrió en la cárcel, no solo por su liderazgo sino porque compartía con pares como Walter Sisulu. No estaba solo en el cambio generacional, y éste no lo arropó, y fue porque tuvo apoyo, compañía.
Otro personaje importante para Mandela fue Oliver Tambo (1917-1993). Persona clave para la lucha contra el Apartheid, quien desde el exterior organizó la acción internacional del CNA.
Finalmente, el Chief Albert Lutuli (1898-1967) quien como Presidente del CNA tuvo una conducta de lucha digna cuando comenzaron los años duros del Apartheid (a partir de 1948). Fue un ejemplo para Mandela.  
Todos contemporáneos con Mandela, y todos aportaron a la lucha por la libertad. Sin ellos, Mandela no sería Mandela, y éste lo reconoce así. No se ve como un héroe, ni ícono de algo -igual pasa con Daw Suu en Birmania- sino como un integrante de un movimiento, de muchos. 
Incluso, con sus adversarios, también la organización contó, no solo por los efectos (obligar al Apartheid a negociar) sino porque hubo la altura para conversar. 
El 4-7-89 Mandela tuvo un encuentro con el Presidente de Sudáfrica para ese entonces, el temido P. W. Botha (1916-2006) conocido como die Groot Krokodil en afrikáans que significa el Gran Cocodrilo. 
Ese encuentro marcó el punto de no retorno para la apertura y la eliminación del Apartheid. 
Mandela no se puso que si no se reuniría o que asistir al encuentro sería parte de una maniobra, que no negociaría principios, a la que no le haría el juego o que hay que estimular las divisiones dentro del oficialismo de Sudáfrica -en ese entonces, se decía que Botha y De Klerk tenían una pelea a muerte, como hoy se dice que la tienen Cabello y Maduro- o cosas de esas que se ven aquí en Venezuela, sino asistió como político, a pesar de las reservas que había en la directiva del CNA. 
Dijo que I was tense about seeing Mr. Botha and I had heard many accounts of his ferocious temper pero en su estilo formal, pidió un traje y una corbata para ir al encuentro y aconsejó, In every meeting with an adversary, one must make sure one has conveyed precisely the impression one intends to. 
Igual con Frederik de Klerk (1936), quien asumió la Presidencia de Sudáfrica el 2-2-1990, luego de la salida de Botha.
El 13-12-89 Mandela y de Klerk se reunieron y Mandela comentó que From the first I noticed that Mr. de Klerk listened to what I have to say. This was a novel experience. National Party leaders generally heard what they wanted to hear in discussions with black leaders, but Mr. de Klerk seemed to be making and attempt to truly understand. 
Puede sonar contradictorio, pero los adversarios también hicieron de Mandela lo que es hoy, y eso es clave. Una negociación política supone dos partes pero, más importante, la voluntad para conversar, sin complejos o pendientes de las encuestas o de la reacción de las gradas. 
Ciertamente, las condiciones económicas nada buenas de Sudáfrica en ese entonces, obligaron al gobierno a adelantar cambios, tímidos con Botha, amplios con de Klerk, pero hubo interlocutores que actuaron con claridad: Mandela, quien desde 1985 pedía negociaciones con el gobierno; y de Klerk, con quien compartió el Premio Nobel de la paz en 1993. 
También, sin de Klerk y las conversaciones políticas, Mandela no sería Mandela.
6.-No ceder al resentimiento
Esto es por lo que se conoce a Mandela en el mundo: por no tener resentimientos al salir de prisión. 
Destaco que fue una decisión que Mandela tomó. Pudo tomar otra, la de mantener el resentimiento, la de pasar factura, la de odiar, que siempre es la más fácil y es la primera opción.  
Lo que hace a Mandela un líder reconocido y respetado es que teniendo el poder para decidir la venganza, optó por la conciliación aún en conocimiento que eso no era suficiente, que apenas era un paso, importante, pero un paso que cambiaría todo When I walked out of prison, that was my mission, to liberate the oppressed and the oppressor both. Some say that has now been achieved. But I know that this is not the case. The truth is that we are not yet free; we have merely achieved the freedom to be free, the right not to be oppressed. We have no taken the final step of our journey, but the first step on a longer and even more difficult road.
En la misma línea, Daw Suu en Burma opina igual. Casualidad de dos líderes que les tocó vivir situaciones parecidas en contextos diferentes. Dice la birmana:
That´s never an end to the road to democracy. So the process of democratization is one without and end as such, in fact is a march to several goals at the same time. We have learned that independence from foreign power is not enough, we need to be independent from our own weaknesses. This is why we need to understand that shaping our own destiny requires not just a sense of purpose but also a sense of responsibility and duty. I think the most important thing in politics is to be permanently grounded in common sense.
Mandela decidió política y moralmente cuando tuvo que decidir sobre sus resentimientos al salir de prisión, y es lo importante. Es lo que hace a su liderazgo diferente, porque se salió de lo tradicional: la venganza y acumular el poder para su servicio -tampoco, como Rómulo Betancourt en Venezuela, optó por quedares en el poder, pudiendo hacerlo- o para su grupo. Tenía un buen motivo personal y colectivo para vengarse: 27 años de encierro y la opresión del pueblo negro de Sudáfrica. No lo hizo y es el principal ejemplo que deja para la humanidad.
Hasta a políticos de envergadura como Clinton, esta acción de Mandela los impresionó, seguramente porque no es lo usual en la política, y menos en sociedades divididas como la venezolana, en las que las cuentas por cobrar y las facturas a entregar, abundan ¿Qué le impresionó a Clinton? 
I said, 'Madiba, I know you did a great thing inviting your jailers to your inauguration, but didn't you really hate those who imprisoned you?' He replied, 'Of course I did, for many years. They took the best years of my life. They abused me physically and mentally. I didn't get to see my children grow up. I hated them. Then one day when I was working in the quarry, hammering the rocks, I realized that they had already taken everything except my mind and my heart. Those they could not take without my permission. I decided not to give them away'. Then he looked at me, smiled, and said, 'And neither should you'.
After I caught my breath, I asked him another question, 'When you were walking out of prison for the last time, didn't you feel the hatred rise up in you again?', 'Yes', he said, 'for a moment I did. Then I thought to myself, 'They have had me for twenty-seven years. If I keep hating them, they will still have me. I wanted to be free, and so I let it go'. He smiled again. This time he didn't have to say, 'And so should you'.
Con su decisión, Mandela enseñó que del odio no sale nada bueno. 
Sudáfrica sigue teniendo problemas como país, algunos de ellos graves. Mandela no hizo milagros cuando fue Presidente, pero sí comunicó que los cambios requieren compromiso, visión a largo plazo, y consistencia. 
La política es efímera, las cosas pasan, como todo; lo que se hace, lo que se deja de hacer. Lo que hizo Mandela fue en un momento que pasó, pero lo valioso es que ese momento tuvo y tiene influencia en los otros momentos, no solo en su país sino en el mundo. Todo pasa, pero cómo decides en el momento, influye en lo que viene, en los próximos momentos. Tal vez el sentido común del que habla Daw Suu, explica la diferencia para que ese momento perdure o sea un mal recuerdo de la historia.  
Hace días, almorzaba en Da Guido con el escritor Guillermo Sucre Figarella. Nos pusimos a hablar sobre el odio en la política.  
Hablamos de Karl Popper, sus reflexiones luego de la caída del muro de Berlín en 1989, y sus opiniones acerca del odio, producto de la participación de Popper cuando joven, en el partido comunista de Austria.
La conversa estaba buena, y llegamos a José Rafael Pocaterra y sus Memorias de un venezolano en decadencia (1927). 
A la muerte de Gómez en 1935, Pocaterra regresa a Venezuela y va a la tumba de Gómez. Lo perdona, como una manera de simbolizar que el odio, resentimiento, frustración que esa dictadura produjo, la dejó ir. 54 años después, Mandela hizo algo parecido con el Apartheid, lo dejó ir, para cerrar 10 mil días de prisión y poder avanzar en la vida sin resentimientos. Let it go, pueden ser las palabras que marquen el rumbo de un país dividido: hacia su crecimiento o hacia su deterioro. 
En la Venezuela de 2013 hace faltan gestos como los de Pocaterra o Mandela: let it go, bien pudiera ser una consigna nacional, para que la sociedad venezolana avance, hoy detenida por sus complejos y resentimientos, que hacen que sus avances sean circulares. Estamos en 2013, pero se parece a 2002, pero también a 1992, pero también a 1908, pero también a.....un país que va en círculos, incapaz de hacer su propio let it go
Al momento de escribir esta entrada, se informa sobre una mejora de Mandela, dentro del estado crítico de su salud, a sus 94 años.
Escribí esta entrada como un reconocimiento a su trayectoria como persona y como político. Su grandeza es que respondió diferente a cómo lo hacemos la mayoría de las personas, ante situaciones desafiantes y no se sintió superior por eso. Usó su libertad. Por eso su ejemplo no es solo político sino moral.  
Considero que para la Venezuela de hoy, él y Daw Suu son modelos de líderes a seguir, por la situación que enfrentaron y por la que pasa nuestro país hoy.
Por supuesto, Venezuela hallará su camino para la lucha por la libertad. Cada época y país tiene su dinámica, y lo que ayudó a Mandela y ayuda a Daw Suu tal vez no sea útil en Venezuela.
No por eso, sus casos -el de Mandela, objeto de esta entrada- dejan de ser importantes. Enfrentaron y enfrentan realidades poco democráticas, y lograron cambios. Algo hay que aprender de ellos.
Mandela ejemplifica el liderazgo del Siglo XX y Daw Suu el liderazgo del Siglo XXI -ella enfatiza la responsabilidad, la educación, y la no violencia, a partir de Gandhi- para enfrentar gobiernos  no democráticos. 
Personas que supieron y saben decir let it go y tal vez por eso tienen el reconocimiento mundial y de sus países. 
Dieron el primer paso, que no es fácil ni el único, como lo muestra la vida de Mandela.
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