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viernes, 17 de octubre de 2014

¿Incipiente teléfono rojo?



Me alegré al conocer que las bancadas de la Unidad y del PSUV en la AN, llegaron el día 14-10-14 a un acuerdo para designar a los integrantes del Comité de Postulaciones Electorales. 

Aunque el riesgo que la designación de las vacantes en el CNE la haga el TSJ todavía existe, hoy la decisión está en el campo de la AN. Es decir, en el espacio político por excelencia, del cual se espera podamos ser testigos sobre cómo se haga la selección, los debates, los criterios para escoger a los aspirantes, que es lo que fundamenta mi satisfacción, porque de haber ido al TSJ, caería en una suerte de caja negra de la que conoceremos la decisión final, pero no los procesos.

En la AN, la posibilidad que la pugnacidad política para la designación de los rectores que sustituirán a los que tienen su lapso vencido sea transparente, es mayor. Tratar de retomar cierta normalidad política, aunque sea pugnaz, hará bien a la salud institucional de Venezuela.

En un país donde mostrar satisfacción es poco menos que un agravio o apostar a la normalización choca contra el trabajo de muchos que apuestan al colapso (aunque de la boca para afuera lo niegan), alegrarse por esta noticia no es ingenuo. 

No lo es porque se pudo ir al TSJ. Dos veces Cabello dijo, como sugiriendo ese resultado, el que ríe de último, ríe mejor ¿Qué pudo haber ocurrido para que no se diera el escenario más esperado? (con lo que, de nuevo, la política sorprende, y no es "domesticable", como es el deseo de muchos).

Me luce que la incertidumbre motivó a las dos bancadas a preferir que el juego se mantuviera en la AN, para tener mayor certeza de los resultados. Una vez fuera de la AN la facultad para designar a los nuevos rectores ¿Quién influye en el proceso? Tanto el PSUV como la Unidad pierden en un escenario TSJ. Ganan los actores del gobierno o de la Unidad que actúan por su cuenta. Los "agentes libres" o "agentes con agendas propias", sean individuales o grupales. 

En la AN, la influencia de estos "agentes libres" será menor o puede ser del conocimiento público. 

También pudo influir un cierto sentido de lo institucional en un contexto el cual, como dijo Freddy Bernal a Quinto Día el 17-10-14, aquí puede ocurrir cualquier cosa, porque si la selección queda en el TSJ, el mensaje político que se envía a la sociedad es de fracaso, tanto para el PSUV como para la Unidad.

Para el PSUV y específicamente para Cabello, el mensaje es que ni siquiera pudo lograr los acuerdos para que una decisión de ese calibre quedara en el poder que preside, el poder legislativo. Para la Unidad, que ni siquiera pudo lograr o hacer esfuerzos para que la escogencia quedara en la instancia legislativa, lo que contribuiría a reducir la desconfianza del público opositor en el CNE. 

Si la escogencia se hace aceptablemente bien por parte de la AN, el CNE renovado tendrá una mayor legitimidad que el actual, y eso será fundamental para las próximas elecciones, sean del nivel que sean. 

Esta decisión también puede traer que se establezca algún canal de comunicación formal entre el gobierno y la Unidad, que hace falta. 

Seguramente, contactos entre personas de uno y otro grupo ya existen, pero lo que no hay es un canal formal, regular, con interlocutores aceptados por las partes, para llevar los mensajes e intereses de un grupo a otro grupo. 

El resultado de un canal formal es la confianza. La confianza es la base del reconocimiento. El reconocimiento, el piso para el diálogo.

Tal vez cuando se plantea que hay que retomar el diálogo que naufragó en abril de 2014, la forma de hacerlo no es la mejor. No lo es porque el contexto para dialogar ha sido deslegitimado por un discurso extremista (mayormente en la opinión publicada de la oposición), en la que esta posibilidad se niega de forma automática.

Cuando ocurrió la libertad con condiciones de Simonovis, en la entrada de este Blog, Libertad para Simonovis, expresé mi poco optimismo que ese gesto pudiera ayudar a retomar un diálogo Unidad-gobierno, por el clima destructivo de la opinión publicada en Venezuela. 

Pero también hay motivos políticos para que un diálogo hoy sea ineficaz ¿De qué se dialoga? ¿Quién es capaz de comprometer y mantener promesas? ¿Qué puede llevar cada parte a una mesa para conversar?

No hay estructuras políticas, sean partidos u organizaciones, capaces de aguantar la presión de una opinión destructiva que torpedea cualquier esfuerzo para institucionalizar. Mucho menos hay liderazgos para eso. A los dirigentes solo les queda hablar de la derecha o de patear calle, que es lo que los públicos de ambos bandos quieren escuchar. Todavía estamos en la etapa del desahogo. Hasta nuevo aviso.  

De manera que plantear hoy el diálogo como se hizo en abril de 2014 es inúltil, porque no hay condiciones para ello. 

Ahora hay que reconstruir el tejido político para que el diálogo sea viable. Una vía es a través de acciones y gestos en la micropolítica, como el consenso logrado para la designación del Comité de Postulaciones Electorales. 

Fue un consenso al que la faltó más pulitura política, pero es un gran avance dentro del estancamiento e inercia que vive la política venezolana de hoy. 

Que si la paridad debe o no debe ser el criterio, no me quita el sueño. Venezuela es un país de paridades o cuotas, en todos los ámbitos. Ese rasgarse las vestiduras de la sociedad venezolana en cosas que practica, es hipócrita.

La paridad es una realidad política, y no es lo relevante ahora. Lo importante será la calidad de las deliberaciones del comité y de la AN, al momento de seleccionar y de escoger a los rectores. 

Espero se pueda retomar algo de política en este proceso de selección, porque ya se nos ha olvidado lo que es, y la hemos sustituido por un discurso de bocones, cargado de agravios, y de facturas por cobrar, que es lo que abunda en Venezuela.

Bienvenido ese gesto de institucionalización política del martes 14 de octubre de 2014. Como se dice en la calle, esperemos se repita
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