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domingo, 25 de enero de 2015

El mensaje de Maduro



No quedé satisfecho con el mensaje de Maduro en la AN el día 21-1-15. Maduro desaprovechó una oportunidad de oro –imagino que tuvo buen rating, tenía la expectativa del regreso del viaje- para hablar al país y explicar lo que está en juego en estos momentos, como sociedad. Hizo amagos cuando afirmó que “el petróleo a 100 dólares el barril no volverá, no volverá”, pero en general, el mensaje pudo estar mejor estructurado, tanto en la forma como en el contenido.

Pero ese es Maduro. En la entrada El sacudón de Maduro, aproximaba una explicación para el “estilo Maduro” –lento, burocrático, incrementalista, y de ir tanteando el terreno- y pienso que la foto tomada a guasa en tuiter de Maduro mirando al mar en Argel en su viaje de enero de 2015, lo retrata muy bien en su personalidad: un individuo relajado –“ya vienen los anuncios, dejen los nervios”, dijo en su mensaje a la nación- pero al mismo tiempo, absorto en su mundo, y eso puede restarle velocidad y sensibilidad para tomar decisiones en tiempos de crisis. Está bien no “tener nervios”, pero no tenerlos tanto, lo aleja del “principio de la realidad”, su principal debilidad en cuanto a su personalidad, a mi modo de ver.

Ni siquiera las dos medidas importantes desde el punto de vista de las expectativas de ese día –ajuste del cambio y aumento del precio de la gasolina- pudo explicarlas de forma ordenada, clara, y precisa; sino de nuevo, “el estilo Maduro”, vueltas, vueltas, vueltas, y el miedo a que le digan “neoliberal”, para decir lo que pudo decir en pocas palabras ¿Trasladar el costo político a otros? A estas alturas, pensar así luce algo “naive”. Los números de las encuestas sugieren que esto no es posible, y más bien, no trasladar sino asumir la impopularidad, puede mejorar la imagen de Maduro. Hollande asumió la crisis luego del crimen de Charlie Hebdo. Subió su valoración. Obama asumió decisiones luego de las elecciones de mitad del período en las que no salió bien parado. Aumentó su aprobación, y le reconocen que es una persona “que lucha por lo que cree”.

En eso, Maduro piensa como un político tradicional de Venezuela (sea del gobierno o de la oposición): “déjame pasar agachao en la crisis y trasladar el costo político, para no afectar la popularidad, y en el momento preciso, aparezco para cobrar”. Esta lógica pienso ya no sirve en la Venezuela de hoy, o rinde poco.

Comencemos con lo más sencillo ¿Qué me gustó del mensaje? Dos cosas:

La primera, la construcción del pueblo como factor de paz, de contención, en frases como “el pueblo habló con la paz”, “el pueblo expresó X cosa”, y esa visión de una sociedad como factor de contención ante los excesos, es una buena construcción la que, por lo demás, me luce ajustada a la realidad, y que es una fortaleza del país a mantener, no erosionar. En ese sentido, la fortaleció.

Lo segundo, el llamado al diálogo, solo que el llamado ya es rutina, ya es inercial, porque va precedido de insultos o no se especifica la naturaleza del diálogo, de manera que queda como un llamado genérico, para cumplir con la retórica, pero sin un compromiso real.

Tal vez el gobierno y la oposición pudieran preguntar a Cuba y a los EUA cómo hicieron para llegar a dialogar, y a partir de eso, hacer un workshop en algún lugar fuera fe Venezuela (no lo avisen por favor), y ver si es posible avanzar en ese tema.

Tal como lo veo hoy, el tema del diálogo ya no es el momento o si lo apadrinan “personalidades”, sino qué se tiene para dialogar y los detalles del mismo. Como dice el dicho, “el diablo está en los detalles”. Y faltan muchos “detalles” para alejar a “los diablos” que trancan esta posibilidad.

Vamos a lo más complejo ¿Qué no me gustó? Veamos. En forma y fondo.

Forma.

El mensaje a la nación no pareció tener una estructura. Algo como “la memoria y cuenta”, y luego los anuncios o reflexiones. Fue de todo un poco, desorganizado.

El discurso arrancó con palabras que estimulan la polarización, lo que no fue un buen comienzo, porque pudo predisponer en contra del mensaje a muchas personas de forma innecesaria, como creo pasó. Es el mensaje a la nación, no un discurso a la asamblea del PSUV (aunque en las palabras de Maduro el 23-1-15, me pareció que el mensaje del 21 fue dirigido al público opficialista). Y abordó hechos que hoy polarizan con fuerza: febrero de 2014, pero solo habló de una parte de las víctimas, pero no de la otra parte de las víctimas, con lo que desaprovechó la oportunidad para ir poniendo las cosas en su lugar acerca de lo ocurrido durante esos meses, al menos en el plano del ánimo de la sociedad, para bajar tensiones (sobre el fondo planteado por Maduro, "la conspiración", lo abordo más adelante, en el fondo). Más bien, las inflamó.  

Tampoco fue una memoria y cuenta propiamente, y eso es una debilidad. Maduro tiene dos años en la Presidencia y ya se le evalúa mayormente por su gestión, y menos por ser “el hijo de Chávez” (en el público nacional; en el público oficialista, puede ser esta evaluación), por lo que pudo presentar hechos de su gestión.

El año que viene, llegará a la mitad de su lapso, por lo que ya tiene una gestión propia para evaluar, y ni siquiera o lo hizo poco, habló de la gestión propia, de sus iniciativas. Por ejemplo, en las FAN, tema en el que se puede decir que ya hay un estilo propio del gobierno de Maduro.

Llamó la atención que el tema de la seguridad no lo tocó, a pesar que su gobierno ha hecho más allí que el de Chávez (en mi opinión), y verlo con una perspectiva crítica a partir de los resultados obtenidos. También me llamó la atención la forma superficial como abordó su viaje a los países OPEP y No OPEP, dada la trascendencia de esta iniciativa (aunque el petróleo no llegue a 100 dólares como dijo), que pienso merece el apoyo de la sociedad, porque el petróleo es nuestro recurso principal, tanto para los que gobiernan hoy como para quienes quieren ser gobierno.

En el “plato fuerte” del gobierno –lo social- tampoco supo explicar medidas positivas como la tarjeta salud para los abuelitos. Quedó como una medida compensatoria más. Tampoco se extendió en las obras de infraestructura que se adelantan. Habló del Metro, pero el momento fue bueno para comentar, por ejemplo, la excavación de los túneles para la nueva vía a Vargas, que es una obra de envergadura, junto a otras que adelanta su gestión, o los autobuses –él como exchofer del Metrobus- para las nuevas líneas públicas que se inauguran en Venezuela. Ese chance también lo perdió.

Tampoco fue un mensaje auto-crítico, que le hubiese dado credibilidad a Maduro, que la tiene muy averiada. Más allá de la “Guerra económica” ¿Cuál es el “estado de la unión” de las empresas y sistemas de alimentos del gobierno? por ejemplo. Y ofrecer datos claros: trabajamos para en X numero de días resolver A, B, y C, y en tanto tiempo los “anaqueles estarán llenos”. La auto-crítica con argumentos, datos, no debilita, sino fortalece. Los políticos le tienen miedo a eso, y optan por los aplausos de los “amigos de la causa”, de la “república de amigos”, que tanto gusta a los políticos de cualquier laya, porque les da seguridad.  

No fue un discurso hecho para innovar. El gráfico en el Coeficiente Gini ya está trillado. Chávez también lo usó, y no se vio ganas de hacer algo diferente para mostrar los logros del gobierno. Tal vez la prepotencia del poder suponga que esos logros son tan buenos, que no pueden dejar de verse. No es así.

Se pudo ser más creativo. Por ejemplo, como hacen los presidentes de EUA en el SOTU –hablo de los EUA porque es probable que el ejemplo sea familiar para las personas- en vez de hablar de una “estadística fría” y ya trillada, pudo mostrar el “Gini de carne y hueso”.

Es decir, en vez de llevar las barras de consignas ruidosas y ya fastidiosas que llenan la AN, pudo llevar a una familia que pasó de un rancho a un apartamento de la GMVV. Pudo llevar al niño que fue operado en el Cardiológico Infantil, o a un profesional graduado de las universidades públicas nuevas. A una trabajadora de una fábrica del Estado que esté en producción. A unos pensionados, y en cada uno de estos ejemplo, relatar el antes, el después, y el futuro.  

Pienso que lo anterior hubiese sido más efectivo que volver a mostrar la lámina del Gini y volver a decir, “que los ministros vengan a la AN para debatir”. Ya eso no levanta, no invita. Ya sabemos que será un torneo de insultos, también rutinarios y fastidiosos.

Pareció un discurso plañidero, que no presentó un desafío al futuro, para energizar a la nación. Fue la queja y el desahogo en la que anda la sociedad venezolana desde hace por lo menos 30 años. Amargada porque ya no puede chuparle más a la renta petrolera. Se chuleó al petróleo, y hoy está molesta porque ya no lo puede chulear con la misma rentabilidad del pasado.

Por ejemplo, cuando Maduro comentó la afirmación de Obama en el SOTU que luego de 30 años, “somos libres del grillete petrolero extranjero”, al tener las importaciones de crudo en sus mínimos históricos. Ante esto –porque ese “Mensaje a García” de Obama también es para Venezuela- esperaría de Maduro un reto similar. Algo como, “Luego de 30 años, somos fuente confiable de petróleo para….” O algo más desafiante, “En 5 años, Venezuela será la principal fuente confiable de energía a los mercados emergentes”, o algo así. Pero nada porque no puede ofrecer un desafío así o de cualquier otro tipo. Solo la queja.  

Por supuesto, se me dirá para este ejemplo y los otros, que no se puede decir algo así, porque “todo está destruido”. Está bien, pero mi idea es destacar el sentido de la respuesta ante una realidad: EUA importa menos petróleo. La respuesta debió ser una nueva meta o reto para la sociedad venezolana, pero fue el “llantén” tradicional venezolano: “por culpa de”…..no soy lo que pude o podría ser. De aquí nuestro “por culpa de”. En este caso, el culpable es el fracking, junto al ladilloso documental del canal 8 de la persona que abre un grifo de agua, le pone fuego al chorro del “vital líquido”, y éste agarra candela, por culpa del fracking.

Un país que vive en la comodidad de “buscar un culpable”, y que le tiene culillo a los desafíos, que no sea desahogarse o tirar "cuatro gritos" y "para un peo".

Venezuela es una sociedad incapaz de construir una visión compartida, y está pendiente más de “lamer sus heridas” que de cerrarlas. Dejarlas abiertas para mantener el “rentismo emocional” para lo de siempre: evitar cambiar y chantajear a quienes quieren hacerlo. Ni “tirios ni troyanos” quieren ese cambio, más allá de los puestos del gobierno y del poder. De resto, para seguir en lo mismo.

Fondo.
  
Acerca del contenido del mensaje, me centro en los mensajes latentes del discurso. No en los mensajes manifiestos ni en los “anuncios económicos”, que han sido abordados por personas muy calificadas. Nada tendría que aportar allí.

En los contenidos, identifico 4 temas latentes en el mensaje de Maduro:

1.-“Se dañó la posibilidad de hacer una gestión de gobierno normal”
De sus palabras –no solo en este mensaje- me queda la impresión que Maduro pensó en 2013 que era posible algún tipo de relación con la oposición, para poder desarrollar una gestión de gobierno normal.

Su larga introducción en el mensaje dedicada a explicar su llamado al diálogo y el consecuente fracaso de ese llamado –“Me dijeron que el diálogo debía ser en cadena, está bien; que iban a hablar 14, está bien; que se incluyera al Papa; está bien; que viniera Unasur, está bien; y luego le dieron una patada a la mesa”- y la intensidad y molestia con que lo cuenta, sugiere no solo conciencia que la posibilidad de un buen gobierno se fue, y puede explicar su encono hacia la oposición, a la que considera no fue capaz de evitar esto a pesar que –desde su visión- “le abrí las puertas de Miraflores”.

Supone Maduro que la razón para este comportamiento no es solo “las órdenes del imperio”, sino un contenido que repite constantemente: “me subestimaron”, con lo que indica que es percibido como alguien que no es capaz. Esto, en algún sentido, lleva a que Maduro se pruebe contra sí mismo de forma permanente. Esto puede explicar la prepotencia que exhibe, aunque no tan fuerte como a mediados del año pasado.

En resumen, Maduro sabe que su gestión estará marcada de por vida por los años 2014 y 2015. Luce consciente que la gestión que quería es imposible, y solo queda la posibilidad de una gestión aceptable. Culpa de eso a la oposición, que lo subestima y no tomó en serio su deseo de una relación menos conflictiva.

El dramatismo de esta realidad que Maduro sabe, es la aprobación de él como Presidente. A mediados de 2013 estuvo en el 50 por ciento, luego bajó a los 40 y tantos, y se estabilizó allí, para caer producto de la crisis económica acicateada por “La salida”, a 20 puntos.

2.-“La oposición no sabe su papel y no es confiable”
Este no es un contenido exclusivamente de Maduro. Viene desde Chávez, pero en Maduro es recurrente y está vinculado al punto anterior: se quisiera una oposición que “sepa su papel”, que en el gobierno se ve como una oposición “que tenga aguante" así como los que hoy gobiernan lo hicieron durante los gobiernos de AD-Copei, y "tenga palabra".

Pero para el gobierno, esa identidad no existe porque no es confiable. En palabras de Cabello: “no tienen palabra”.

Desde la perspectiva del gobierno, el problema es ese: “Está bien, se acuerdan cosas con la oposición, lo que digan, pero quién compromete allí. Si no gusta ¿Podrán los políticos de la oposición aguantar el rechazo de los poderes fácticos, de un editorial, de unos tuits, de unos artículos de opinión?”. Y la respuesta es: “No, no lo aguantarían, por eso no saben su papel y no se puede confiar en su palabra”.

Es lo que personas del gobierno llaman “el telefonito”, para referirse a lo que para ellos son inconsistencias de la oposición: acuerdan unas cosas para a última hora, cambiar, luego que suena “el telefonito”.

3.-“El Welfare state chavista es nuestra marca”
Es un contenido central del discurso oficial. Cuando Chávez existía, pero estaba disperso, imagino por la cantidad de misiones. Con Maduro, en el lenguaje, se busca darle a esta dispersión un sentido de “Estado de bienestar”, que toma múltiples nombres como el “Sistema de protección social” (o de paz) u otros (“Base de misiones”).

A pesar que Maduro dejó ver esta idea, no fue capaz de dar un relato comprensivo de este “Estado de bienestar chavista”. Se limitó exclusivamente a las cifras tradicionales: Gini, reducción de pobreza, aumento del salario mínimo.

En este último, olvidó lo cualitativo para darle rostro humano a ese bienestar cuantitativo. Maduro solo habló que en 15 años, el salario mínimo registró 28 aumentos. Más nada.

Sin embargo, este contenido es todavía poderoso y me atrevería a decir que subestimado por la oposición.

Por ejemplo, las colas. Mi impresión por las reacciones a la marcha convocada por la Unidad el 24-1-15, es que muchos apostaron iría una multitud, percepción causada en parte por la opinión que intentan imponer los poderes fácticos –como opinión unánime- que “esto ya se acabó” y “que en las colas ya no se aguanta la situación”, por lo “pronto habrá un desenlace”. No parece ser así. Al menos ahora. Un buen diagnóstico es tan importante como organizar una marcha.

Digo lo anterior, porque al leer reseñas de corresponsales foráneos sobre las colas, se tiene otra percepción, distinta a la local, sesgada por los contenidos a favor el gobierno y si es en la oposición, llevar todo al extremo.

Ahora –especialmente en economía o vida cotidiana- complemento con las notas de medios foráneos, para tener una visión más densa o informada de los asuntos.

Por ejemplo, la nota de los corresponsales de Bloomberg Anatoly Kurmanaev y Andrew Rosati del 19-1-15, termina con lo siguiente:

“The opposition is also hampered by divisions between a strategy of gradual change supported by former presidential candidate Henrique Capriles and a campaign of civil disobedience advocated by the now jailed leader Leopoldo Lopez.
Celio Gomez, a retired telephone operator in Catia, is not interested in their arguments. Even in the current crisis, poor people still have more purchasing power than before Chavez, he said.
“The fear is not being able to buy enough’, said Gomez. ‘In 1989, the Caracazo, you couldn’t afford a thing. Back then it turned into chaos (subrayados míos).

Ese mayor poder de compra de los pobres hoy que en el pasado, es a lo que se refiere el “Welfare state chavista”, que trató de bosquejar Maduro en sus palabras.  Que el “purchase power” sea dinero inorgánico y no resultado de la productividad de los factores de producción, no le resta importancia política a la afirmación de los periodistas de Bloomberg.

4.-“El objetivo es romper el amor del pueblo con el chavismo”
Este es el punto coyuntural del discurso, pero que hace visible el objetivo principal del gobierno. Maduro expresó que, “Chávez nos dejó un encargo histórico: preservar la paz de la patria”.

En esta cita, está la nuez, lo que define al gobierno y sus acciones.  

Maduro dijo que hay nuevos intentos para derrocar a su gobierno. Esa noche, en su programa en VTV, Cabello habló de “La salida dos”.

Maduro en su mensaje mostró grabaciones de personas que hablaban de buscar “peo” en las colas, para “prender la vaina”.

En tuiter leí mensajes que decían que esas personas eran “habladores de pendejadas”, para despachar el problema de las grabaciones. No dudo que sean eso. Es más, si algún tema en Venezuela se presta para “hablar pendejadas”, es la política, tanto en la calle como en fastidiosas reuniones.

El punto es que esos “habladores de pendejadas” ya se hacen frecuentes y como reveló el caso Charlie Hebdo, no hace falta un ejército para acciones letales. Algún “lobo solitario” –término que usan ahora los estudiosos de la violencia política- puede crear una situación de inestabilidad política y miedo social.

El punto de fondo es que esos “habladores de pendejadas” contaminan –sea porque sus acciones así lo hagan o porque el gobierno fuerce a eso- las legítimas acciones de calle y protesta que adelanta la sociedad y la Mesa ¿Cómo evitar esa contaminación?

Es aquí donde no veo fuerza en la oposición, y en parte explica la inercia que hay en el país.

Los extremistas no pueden evitar la contaminación, porque el ambiente de inquisición que crearon, ya les “pasa factura” a ellos, sus creadores. Tal vez por eso, entre otros motivos, “el cuarteto de líderes” como los llaman –Capriles, Ledezma, López, y Machado- hayan decidido dialogar, porque el “monstruo” que vienen estimulando desde 2012, los está devorando. Ya no controlan el clima de opinión inquisidor que promovieron, y ahora se les revierte en su contra.

Tampoco controlan a los poderes fácticos, quienes hoy vuelven a la carga, con sus conspicuos voceros de siempre: Dieterich, Miquilena, Ugalde, entre otros. Los tres con el mensaje de siempre. El mismo de hace unos meses. De hace unos años. De hace……  

Los moderados, por su lado, están chantajeados porque los acusan y señalan públicamente de “colaboracionistas”, “débiles”, “Chamberlain”, “Petain”, “Quisling”, o que les retiren el saludo en la calle, y adoptan un bajo perfil, hacen concesiones al clima de opinión que hace ruido para mostrar “que se portan bien”, o envían “indirectas” en notas de prensa o artículos de opinión para marcar la diferencia con los extremistas, pero su posición pocas veces queda clara. Tampoco tienen fuerza para evitar esa contaminación.

Finalmente, no hay poderes de referencia, que sean contrapeso. Los intelectuales son uno, sean de academia o de opinión. Tampoco tienen fuerza para eso, y no se sabe si en algún momento en tiempos recientes, la tuvieron.

Cuando “la salida” de CAP en los 90, el papel de la intelligentzia venezolana tampoco fue brillante. Tal vez nuestros intelectuales actuales son buenos para escribir un sabroso artículo para el café del domingo, un tuit “inteligente”, o recibir y hacer “homenajes” con algún discurso para la ocasión, pero hasta allí.

De manera que hay un serio problema político ¿Cómo separar la calle de protesta legítima de la calle de aventura? Nadie está en capacidad de “ponerle la cascabel al gato”. Esto tranca todo, y está en el origen de la inercia y del hastío que se instaló en la política y sociedad venezolanas.

Así las cosas, se puede prever que en el corto plazo, lo que tengamos sea un gobierno que se blinda para que no lo tumben, una oposición que tratará de canalizar el descontento, sin control del “clima de inquisición” que creó y de los poderes fácticos que la influyen; y la gran interrogante: el pueblo, la sociedad, la gente ¿Cómo estarán procesando todo esto, más allá de lo que se dice en una cola?

Esta es la gran interrogante para el diagnóstico y la estrategia, a mi modo de ver.

Espero que la contención del pueblo nos ayude a llegar a la “bahía electoral” para que los electores opinen y den una nueva correlación política, que rompa la inercia, las ataduras, y los chantajes. Estos últimos, como casi todo en Venezuela, ya no intimidan sino fastidian.

En resumen, desde la forma, el mensaje de Maduro pudo estar mejor estructurado en la lógica de una memoria y cuenta. En el contenido, le faltó una buena dosis del “principio de la realidad”, que le hubiese dado mayor credibilidad al mensaje.    
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