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jueves, 7 de mayo de 2015

House of Cards



Terminé de ver la tercera temporada de House of Cards de Netflix. No hay duda que el drama atrapa. Vi los 13 capítulos en una semana (también ayudado por el racionamiento de agua y que no consigo la batería para el carro, situaciones que me obligan a llegar temprano a casa), y ya estoy a la espera de la cuarta temporada ¿La espigada Claire pedirá el divorcio a Francis? ¿Se caerá la tiranía de Urderwood? ¿Remy seguirá fuera de la política? ¿Podrá Stamper seguir siendo un autómata, obsesionado con probar su lealtad a Frank? ¿Resolverá Jackie Sharp quién es Jackie Sharp? ¿Dumbar logrará alienar a los votantes, al apelar a su frustración, para recortar a Underwood?

No sé de TV o cine, pero el guión de la tercera temporada me parece bien trabajado y escrito. Esta temporada me gustó más que las dos primeras, las que me parecieron algo forzadas desde el punto de vista político. Todo le salió bien a Frank Underwood; para todo tenía un plan, todo lo que quería lo obtuvo. No sé si la fortuna sea tan generosa así, incluso con Frank Underwood, cuyo rápido ascenso a la oficina oval fue la trama de las sesiones uno y dos.

La etapa tres cambió el eje del relato de la serie. Ya no son las situaciones, sino los personajes y sus dramas shakesperianos, como corresponde a una personalidad política que se respete. Personalidades complejas, con miserias y grandezas, con una gran ambición, que hace que nunca sean personajes definitivos. Cambian, se transforman, pero como la energía, no se destruyen, y a diferencia de la energía, crean. Esa complejidad interior de los personajes es el centro de la tercera temporada de House of Cards. Underwood habló menos a la cámara, como pasó en las temporadas iniciales. Comenta menos, porque no es en off, en un tiempo que se detiene, ahora es él actuando. La cámara le habla a él, para verlo en acción, no haciendo una reflexión maquiavélica con el tiempo detenido.

Underwood se convirtió en un pequeño tirano tratando de salvar su reino, porque la tercera temporada cerró con un Frank victorioso en la primaria de Iowa, pero su pequeña tiranía comienza a hacer aguas. Esta vez, la fortuna no fue generosa con el muchacho de Carolina del Sur.

Pero las alternativas a Underwood no parecen ser mejores. Heather Dumbar también calza en el prototipo de tirano. Su aspereza aumenta a la misma velocidad que la campaña presidencial, con un rostro inexpresivo, duro, sin humor, sin vida –su familia es desconocida, aunque la tiene, a diferencia de Jackie Sharp, en la que su vida familiar forma parte de la trama- asume que encarna la constitución norteamericana, y un destino manifiesto para ser Presidenta de los EUA. Dumbar nació para ser Presidenta.

Frente al corrupto de Underwood, ella se presenta como la salvadora que apela a la frustración de los ciudadanos con la política, a pesar de haber nacido en “cuna de oro”; “We have to put limits on the executive bonuses” y “We have to raise the minimum wage”, son sus gritos de batalla.

Entre el tirano que quiere quedarse en la Casa Blanca y la tirana de la "dignidad", está Jackie Sharp. Quiere ser maquiavélica; está en una posición que la obliga a hacerlo y pudiera hacerlo, pero sus dudas sobre su verdadera naturaleza como persona, hacen que al final sea manipulable por todos: su esposo, Frank, Dumbar, las circunstancias. Jackie quiere ser algo que no puede ser. A diferencia de Remy Danton –su verdadero amor- no tiene la fuerza de voluntad ni el carácter –aunque está un puesto de poder- para ser lo que ella quiere ser. Al final, siempre cede y casi siempre pierde. Queda entre dos fuegos, no satisfecha, pero sin la fuerza para imponerse o disuadir a la implacable Dumbar o al despiadado Underwood. Jackie Sharp ¿Esposa, amante, congresswoman, o pieza manipulable dentro de un engranaje político? Tal vez ni la propia Jackie lo sepa, y por eso su tensión existencial.

La temporada tres culminó con la ida de Claire, “Te dejo Francis”, fueron sus escuetas palabras. Claire siempre ha sido una bóveda de emociones, a prueba de todo. Su vida un misterio; el aborto, ¿fue una escort VIP?; su diario, el tesoro que guardó Stamper y que usó para regresar al cobijo de Underwood, como prueba máxima de lealtad al jefe, ya que Dumbar estaba dispuesta a pagar por el diario para hacer campaña sucia contra Frank.

Esa bóveda explotó en la tercera temporada. Francis y Claire no solo son esposos, son una partnership -el cigarrito que fuman juntos, luego de la jornada de trabajo, ya en casa- algo como “Francis & Claire Co” o “Underwood LLC”. Cada quien tiene su rol dentro de la división del trabajo para llegar a la Casa Blanca. Los dos se necesitan mutuamente para reforzar su seguridad y darse fuerzas. Los dos exploran con los límites, como el “menage à trois” con Meechum, en la temporada dos.

En esa exploración por los límites, está quién lleva los pantalones en la partnership, cuando increpa a Frank para que le haga el amor con una dosis de masoquismo. 

Claire siempre tuvo la certeza que gracias a ella, Francis llegó a la cúspide, pero Underwood había logrado mantener esa emoción de Claire bajo control, y tal vez pensó que al nombrarla Embajadora de los EUA en la ONU, esa emoción sería invisible. Fue al revés.

El corto tiempo de Claire como diplomática fue suficiente para remover y abrir esa bóveda ¿La llave? El activista Michael Corrigan, preso en Rusia por defender el matrimonio y los derechos homosexuales.

Underwood y el Presidente de Rusia, Petrov, negociaron la liberación de Corrigan, a cambio de importantes concesiones de Frank y unas palabras que Corrigan debió decir, benevolentes hacia Petrov, otro tirano quien, al menos, lo reconoce.

Claire le comunica a Corrigan la noticia que será liberado, pero debe decir ese discurso. Corrigan se niega. Es un activista, no es un político; no quiere ser famoso ni ser un símbolo. Asume su fatum con aplomo. Su matrimonio con otro hombre no funcionó, pero se siente llamado a dar el ejemplo de lucha por los derechos de la comunidad gay.

Claire, acostumbrada a imponerse, le dice que ella no se irá de prisión sin él. Insiste e insiste. Frank logra nuevos términos con Petrov, y cuando Claire pensaba que Corrigan estaba convencido por el nuevo arreglo, se queda dormida en la prisión. Corrigan, atrapado entre la presión de Claire y su conciencia de activista, se suicida con un pañuelo de Claire, quien no se dio cuenta, y lo supo cuando la despertaron al día siguiente.

¿Cómo es eso que alguien muera por sus convicciones, si la política es negociar? El aplomo sereno de Corrigan, quien asumió su destino al ver la muerte como liberación, le movió el piso a Claire, quien se descargó en la rueda de prensa de Underwood con Petrov para anunciar el acuerdo sobre el Valle del Jordan, incidente diplomático que agrió la recién conquistada amistad Francis-Petrov, que venía de un punto bajo.

En Claire hay algo parecido a Jackie Sharp. Hay algo en ellas que les dice, “Tienes que ser otra persona”, pero no pueden. La ambición –Claire- o la debilidad de carácter –Jackie- hacen imposible que esa “otra persona” se realice. En el pasado, también la conciencia de Claire fue interpelada, pero al final, la ambición pudo más que esa “otra persona”.

La llegada del escritor Yates para escribir el libro sobre Frank y “América Trabaja”, fue otro factor que catalizó la bóveda de emociones de Claire. Al principio, Claire no gustaba del escritor. Luego, cambió al despertarse en ella la idea que “Gracias a mí, Francis es lo que es”. Tomó conciencia de eso al leer el primer capítulo del libro de Yates. Eso desató la ambición interna de Claire, y puso de relieve el cinismo en que estaba la relación entre la rubia madura y el Presidente de los EUA, a partir de la designación de Claire como Embajadora, cuya gestión no fue exitosa. Tan fracaso fue, que Petrov -quien ve a Claire con los ojos de quien quiere solo satisfacción sexual con una madura acuerpada- humilla a Frank al pedirle la cabeza de su esposa fuera de la ONU, a cambio de algunas concesiones diplomáticas rusas.   

Se dio entre Claire y Francis algo como un “juego de tronos” metafórico y discursivo, en la que Claire reclamó a Frank su preeminencia, su rol como ductora política. Ella es el origen de la causa, pero Francis le quitó su “trono”. También la manipuló. Hizo creer a Claire y se hizo creer, que ella tenía cualidades para ser diplomática, pero al fracasar el plan para el Valle del Jordán, tomó el control de la diplomacia, pero sin la conciencia que la persistencia de su esposa fue la causa del fracaso. La humillación de Petrov le abrió los ojos al decirle que dejó de ser político para obnubilarse con las supuestas capacidades de Claire. Ella sabe que salió de la ONU por eso. Quedó al descubierto a los ojos de Frank. No hay paridad en la partnership. Ahora es Francis Solo

Los dos se refuerzan, pero el talento político es de Underwood, y si Claire lo hizo Presidente, ya no importa. También Claire puede ser expendable, si de salvar el trono se trata. 

Pero en el equipo de Frank también hay borrasca. Los staffers también viven su drama, y en el estilo de la serie, hay dos extremos con un punto medio.

En un extremo, está Seth. Es el profesional leal, pero by the book. Su gestualidad algo encorvada sugiere que es tímido. Tiene aspiraciones, se presenta ante Frank y le dice que quiere ser Chief of Staff, pero espera que Frank note sus cualidades, su currículum, y no parece dispuesto a trabar lucha o a mostrarle a Frank por qué debe ser el jefe del gabinete; mostrar “ser avispado”, algo que encanta a los políticos. La personalidad de Seth bien pudiera sintetizarse en Keep it professional.

En el otro extremo está Stamper. Es un personaje complejo desde el punto de vista psicológico. En apariencia sencillo –flaco pero de contextura fuerte, facciones duras, inexpresivo, y leal al jefe- su drama es profundo. El problema de Stamper es que no sabe amar, tal vez producto de una crianza muy rígida, de la que dan cuenta las facciones de su rostro y de la distante relación con su hermano.

En Stamper todo es tan automático, que no puede –y posiblemente no quiera- amar. En la serie, ha tenido bonitas novias, pero para Stamper, hacer el amor es también algo mecánico, de allí la fugacidad de sus mujeres, salvo Rachel Posner.  

Su hermano lo quiere, es quien lo ha acompañado en la lenta recuperación de su salud, pero es incapaz de corresponder el amor de su hermano, más allá de tener dos fotos de sus sobrinos en la puerta de la nevera. Stamper tiene conciencia de ello, pero la dureza de su personalidad no lo deja emanciparse. Resiente del abandono de Francis y Claire durante su estancia en el hospital, a pesar que velaron por él durante su convalescencia. Por supuesto, se preocuparon como se preocupa la gente con poder; “Que a Stamper no le falte nada”, pero Stamper lo que quiere es la aceptación de Frank no como leal subalterno, sino en paridad como persona ¿El padre que Stamper no tuvo? A pesar de conocer casi todos los secretos de Underwood, Stamper no ve lo esencial de Frank: no tiene amigos y en política, no acepta relaciones de paridad. El es el boss. Indiscutible. No es "el papá que no tuve".  

No es que Stamper le dispute la autoridad a Underwood. Jamás. Solo quiere que Francis lo vea de otro modo, que éste reconozca la lealtad a toda prueba de Stamper, que es lo más preciado que un staffer le puede dar a un político: su conciencia. Stamper la hipotecó a Underwood. 

Esa lealtad no correspondida en un trato más cercano, lleva a que Stamper tenga una obsesión con probar su lealtad hacia Underwood, en busca de una imposible aceptación. Solo en la tercera temporada, Stamper llamó a Underwood “Frank”, y apenas una vez, de resto "Sir". Tal vez el catalizador del drama de Stamper es un razonamiento como, “Mato y miento por ti ¿Todavía debo dirigirme a ti como Sir”?

Pero hay otro amor no correspondido en Stamper. Es Rachel Posner, la hooker que sabe mucho, y que Stamper debe ocultar. En el interín, ocurre con Rachel un proceso parecido al de Stamper con Frank, pero al revés. Stamper la ve con los ojos del protector, pero se enamora; pero no es un amor libre, sino para controlarla. Stamper es un controlador; es la persona que te dice, “Conmigo no pasarás trabajo, pero vigilo tus pasos”.

El buscó la aceptación de Rachel desde la posición de un controlador, así como busca la aceptación de Frank, pero desde la posición de subalterno. Frank es el padre indiferente hacia Stamper, y él quiere ser para Rachel, el padre castrador, para sentir tal vez que su vida tiene sentido. Que lo automático también puede ser humano y hermoso. Imposible. 

Rachel encaja en el estereotipo de la belleza norteamericana: algo rellenita en la cintura y de cara bonita –a pesar de la palidez de su piel- y no quiere control. En la temporada dos, agrede a Stamper para huir de este obsesivo y mecánico controlador, para escapar de una vida y buscar otra vida, que no logrará por Stamper. Este la busca. La secuestra para matarla. La deja ir. Se arrepiente. Regresa. La mata. Allí terminaron los sueños de Rachel; “O eres mía o no serás de nadie”.

Como Meechum, quien en esta tercera temporada tiene un papel muy discreto, Stamper vive para y por Underwood. Casi pudiera decir como Meechum que “I will take a bullet” por Francis.  

Entre Seth y Stamper está Remy Danton. Otro carácter complejo e interesante. En la temporada uno y dos, Danton fue un cabildero, también haciendo méritos en el “arte maquiavélico” que lo llevó a Jefe de Gabinete de Underwood.

Pero en Remy hay una evolución: de cabildero que viste bien y maneja carros costosos –símbolo de su integración al sistema, ya que es negro- pasó a una persona que tiene conciencia de su opresión, la que es doble. Es posible que esa conciencia haya nacido de su amor hacia Jackie, ya que los dos se complementan. La inseguridad de Jackie, refuerza las certezas de Remy. La relación entre los dos es tensa, pero una “tensión creativa” si se quiere; los dos chocan sus miedos, temores, y certezas. Todavía no sabemos que saldrá del choque de la tesis y la antítesis, en una síntesis.

Remy se sabe doblemente oprimido. Por una parte, toma conciencia de la discriminación por ser negro. En un capítulo, Remy debe llevar de vuelta a un poder fáctico que habló con Underwood en un viaje, para buscar su apoyo electoral. Remy maneja, y en el trayecto habla con el poder fáctico sobre política. Este le responde sin inmutarse, “No acostumbro a tratar temas políticos con choferes”. Ese impacto inicial fue reforzado cuando Remy es detenido por la policía por ir a exceso de velocidad, manejando un costoso Cadillac. Remy discute con los agentes. Les dice que es “alguien”, pero los agentes le responden que deben verificar. Uno de los policías es negro como Remy. En la discusión, éste busca algo en el saco, y los agentes se abalanzan sobre él, al creer que sería un arma de fuego lo que sacaría de su impecable traje. “Hermano”, le dice Danton al oficial negro. “No soy tu hermano”, le contesta el policía afronorteamericano. Suficiente para que Remy tomara conciencia de lo que ya intuía: si es negro con trajes costosos en un Cadillac, es un chofer que un "hermano" negro -el policía- no reconoce como tal.

Pero a la opresión racial, se agrega la opresión política. Remy resiente el trato despótico de Frank hacia el staff. Posiblemente, porque Remy viene de afuera, y venir de afuera e ir al mundo político, la primera baja es la libertad. El trato rudo de Urderwood a Jackie Sharp, llevó a que Remy le reclamara al Presidente, nuevamente, pero en términos más fuertes. Como resultado, Danton renunció a ser Jefe de Gabinete, pero tampoco quiere trabajar en la campaña de su amor, Jackie Sharp. Sabe que esa mezcla es peligrosa, prefiere buscar otros aires, y su novel espíritu subversivo hasta ahora se mantiene intacto.

De los caracteres de la tercera etapa, los que más me agradan son los de Remy y Rachel: concientes de las desigualdades sociales o del poder, pero sin entregarse o ceder a la lealtad total hacia el poder; buscando una mejor vida o mejor trato; contestatarios con el poder y no simples “Yes Sir” de cara a los políticos, como exclusiva vía para ascender y “ser alguien en la vida”; pero pagaron y pagan un precio alto: Rachel es asesinada por Stamper, y Remy está fuera de la política, en un futuro incierto, del cuál seguramente sabremos en la cuarta etapa.

La incipiente tiranía de Underwood no parece tener checks and balances institucionales. Es lo que deja ver la trama. El Senado interpela a Claire antes de ser embajadora y no pasa la prueba, pero al final, Frank la nombra. Los jefes parlamentarios parecen de la “vieja escuela”, no acostumbrados a lidiar con personas como Underwood más allá de decirle “no haga esto porque lo bloquearemos”, y entre los dos parece existir una subestimación y rechazo mutuos.

La justicia tampoco hace contrapeso. El magistrado Jacobs –quien parece representar el voto conciente de las decisiones judiciales- le informa a Dumbar que se va a retirar, porque su Alzheimer avanza…..tal vez se quiera metaforizar con el trastorno de Jacobs que la justicia perdió su memoria para hacer contrapeso a los excesos de Frank.

La prensa es importante en la serie. Es el verdadero check and balance que tiene Francis, pero Underwood ha logrado “meterla en cintura”, con métodos sumamente cuestionables para evitar que la prensa descubra y comunique al público el fiasco que es Frank, y todos sus trucos y actos criminales (el asesinato del representante Russo, en la primera temporada).

En la primera temporada de la serie, una periodista que quiere hacer carrera –y la fama le costó la vida- Zoe Barnes intuye que Frank es el responsable de la muerte de Russo. Underwood sabe que Barnes está tras su pista y la mata, al lanzarla a un tren del metro que llega a la estación en la que acordaron encontrarse.

Ayla Sayyad reemplaza a Barnes, y es la periodista que hace preguntas difíciles a Underwood, que colmaron la paciencia de Seth, quien decide quitarle sus credenciales de reportera adscrita a la Casa Blanca, porque "hacer preguntas difíciles a mi jefe y ponerlo en apuros para responder, no es profesional", hubiera dicho Seth. 

Sayyad es sustituida por Kate Baldwin, quien diagnóstico bien la situación de Underwood: escribe un reportaje y usa la palabra tirano. A su editor, le pareció un reportaje con más opinión que facts. No sale publicado (por los momentos, parece).

Pero a Baldwin le quedó la curiosidad para profundizar en los manejos de Frank –los fondos de FEMA para AmWorks- pero el escritor Thomas Yates entró en su vida, nada planeado, pero la personalidad de Yates la sedujo.

Yates es una mezcla de voyerista y gigolo del poder, y un insider de los Underwood –por el libro que escribe, que le da acceso preferencial para hablar con Frank- y Baldwin queda atrapada por ese personaje con una historia misteriosa –aunque también abusado sexualmente- que la seduce con su tenue voz. Pero en la seducción, la curiosidad de Baldwin por los manejos de Frank, queda neutralizada. Se acuesta con Yates, y la crítica periodística quedó sepultada en sábanas blancas donde yacen los amantes que creen que la seducción es la mejor forma para obtener lo que creen es la verdad sobre los Underwood.

Hay un personaje también con un final triste. Gavin, el geek que desafiaba al sistema craqueando la Internet, y al final termina como patriota cooperante del FBI. Gavin localiza a Rachel presionado por Stamper, y huye a Venezuela, a Puerto La Cruz –la escena parece muy estereotipada sobre cómo somos “los latinos”, un punto no a favor de la serie- para evitar revelar a Stamper la ubicación de la pelirroja. Stamper vuela a Venezuela, encuentra a Gavin, lo golpea, y obtiene la información. “Si le avisas a Rachel, estás muerto”, le dice.

Gavin es el ego, la prepotencia fanfarrona que al final se rinde ante el poder, y forzado o no, hace lo que le dicen. Del soberbio genio de la informática, lo que queda es una persona temerosa, que es chantajeada por las agencias de seguridad de los EUA. El mensaje que transmite Gavin es: "mira lo que te pasa si te metes con nosotros".    

Finalmente, está el pueblo…Ah, el pueblo, ese por el cual los políticos de todas partes dicen desvivirse, "patear calle", "comer popular", y que no duermen, preocupados por “los problemas de la gente”.

De nuevo, la trama de la serie nos ofrece tres visiones del pueblo norteamericano. En común, las tres comunican la vida dura del ciudadano promedio, pero con ilusiones para tener una mejor situación. En un caso, la ilusión es trágica. No hay afluencia en sus vidas. No hay carros costosos, trajes de firma, decoraciones minimalistas, o smart kitchens –como las de los Underwood, Stamper, o Jackie- que comunican lo boyante de su pertenencia al poder político. Los políticos son “alguien” (aunque reclaman que “vienen de abajo”), frente a los "Don nadie" del pueblo. En éste, hay confusión, melancolía, e ilusión, cada uno retratado en los tres prototipos del pueblo que muestra la trama de House of Cards.  

En la tercera temporada –a diferencia de las previas- el pueblo tiene una presencia fugaz, en sus tres personajes: la votante que Claire visita, Rachel, y Freddy.

La electora que Claire visita para asegurar su voto, impacta por la frialdad con la que dijo algunas cosas. Claire llega a su casa, y le pregunta por el apoyo a Frank –en teoría, era una casa de una “votante por Underwood segura”- pero, sorpresa, la joven mamá le dice que no, que no le gusta Underwood. Claire, sorprendida, le pide que la deje entrar, sin cámaras, sin medios, para charlar.

Allí Claire observó una de las caras del pueblo de los EUA: una madre joven, casada pero no feliz con su marido, a quien parece gustarle echar “su canita al aire”, atareada con una bebé que le consume tiempo, y la mamá comunica en su rostro confusión, agotamiento, e indiferencia.

Sin inmutarse, la madre que no quiere votar por Frank, sugiere a Claire que puede asfixiar a su bebé, “y todo terminaría”. Es decir, se acabaría la tensión de la vida. La mamá quiere escapar de una vida tensa y no feliz, fantaseando con la muerte de su hija. Buscar la vida destruyendo su vida.

Impactada por lo que escuchó, Claire abandona la casa. La joven madre le dice que votaría por Frank; que no sabe; que a lo mejor no va a votar, confusión que caracteriza a la clase media en problemas de los EUA: jóvenes, la vida es angustia, y alienados con los políticos ¿Swing voters o alienated voters?

Pero también puede ser una crítica dura con un ejemplo criminal, a la lejanía de la clase política del pueblo. Claire bajó de sus alturas para hablar con una persona que no tiene poder, y lo que encontró fue una señora atareada con una hija, y un hogar con un ambiente tenso. En el poder hay tensión, pero no privaciones materiales, que es lo que había en esa casa y Claire no lo aguantó. Moraleja: una cosa es hablar sobre “los problemas de la gente”, y otra distinta, “vivir los problemas de la gente”.

En el otro extremo de este continuo, está Rachel Posner, de quien hablé cuando abordé la figura de Stamper.

Rachel también quiere otra vida. Tanto, que se cambia el nombre, consigue una nueva identidad. Ya no se llama Rachel, sino Cassie.

A diferencia de la madre visitada por Claire, Rachel quiere una mejor vida, mediante el trabajo. No quiere emanciparse a través de la muerte, sino del esfuerzo. Labora en dos partes, en una, suda en varios turnos; vive en una pensión muy modesta, y no tiene vida social, salvo un puntual contacto con inmigrantes de México. Solo vive para trabajar, con la meta de reunir para comprarse un carro e irse a un sitio tranquilo, tipo cabaña rodeada de pinos. Otro deseo de escapar de la vida, pero a través del trabajo, del esfuerzo, de la disciplina. Rachel no completó su sueño, como dije, porque Stamper la mató. 

Finalmente, Freddy. Viejo amigo de Frank, exdueño de un restaurant de costillitas, al que Underwood iba a comer y a salirse del rol de parlamentario y luego vicepresidente, para ser él y para contarle algunas cuitas a Freddy.

Pero Freddy vende el restaurant, ya famoso porque se sabe que Francis come allí, pero gastó el dinero en el hijo, quien tiene problemas legales. Se queda en la calle, y en la tercera temporada aparece Freddy en la cola para inscribirse en AmWorks. Es 4 de julio. Es de noche. El cielo se ilumina con los fuegos artificiales que celebran la independencia de los EUA, y Freddy mira al cielo pintado de bengalas, con rostro de quien vuelve a ratificar la ilusión del pobre en la propuesta de empleo que le hace un político. Como la madre que visitó Claire y Rachel, Freddy también quiere otra vida, una mejor vida, pero a través de una ilusión en el gobierno o, al menos, en lo que el gobierno pueda ofrecer.

Aunque Freddy quiere algo mejor, es realista. Sabe donde está parado, política y socialmente hablando. Sabe que no “será alguien en la vida”, que seguirá (y morirá) en la parte baja del escalón de la sociedad. En cierto modo, la construcción de Freddy es la del receptor, la de la persona pobre que recibe beneficios o políticas del gobierno. No es Rachel quien quiere una mejor vida matándose en el trabajo o la mamá que  visitó Claire, preocupada por la hipoteca de la casa; Freddy quiere trabajar, pero con la ilusión que “sus” políticos se preocupan por él.

Con todo, Freddy está claro sobre su lugar en la escala social. Underwood invita a Freddy y a su nieto a que lo visiten en la Casa Blanca. Frank le dice al nieto de Freddy, “Tú serás Presidente de los EUA”. El nieto se ilusiona, y al terminar la reunión y salir de la oficina de Underwood, Freddy le dice al nieto, “Tu nunca vas a ser presidente” (luego, no te ilusiones, no es nuestra liga, la política no es para gente como nosotros, meros “receptores” de policies).     

¿Por qué el éxito de House of Cards, a pesar que es una serie para Internet? 

No es la primera serie que muestra dramas políticos, maquiavélicos o cínicos. En los 80, la BBC transmitió Yes, Prime Minister. También está la versión inglesa de House of Cards, anterior a la de Netflix. Pero igualmente está The West Wing. En cine, tenemos a Dave, con Kevin Kline y Sigourney Weaver, también de los 90.

Igualmente hubo series parientes de House of Cards, en cuanto al drama por el poder, el dinero, ser importante: Dinastía o Dallas.

¿Cómo explicar el paso de la política si se quiere zanahoria que muestra Dave, a la política realista y despiadada de House of Cards? Dave termina con un nuevo comienzo. House of Cards cierra con un derrumbe, o una apertura hacia otro momento, pero dramático, cuál cámara subjetiva de sus protagonistas. De la esperanza en Dave a la pérdida de la ilusión de House of Cards.

La respuesta la ofrece el creador de la serie, Beau Willimon. La revista Politico lo colocó entre los 50 influyentes en la política de los EUA, en una era de “gridlock and dysfunction”. Por allí van los tiros para explicar el éxito de House of Cards.

También me luce que la serie puede ser una manera de expresar la frustración con las expectativas que generó Obama, no tanto por las ejecutorias de Obama, sino porque el sistema parece rechazar cualquier cambio, a pesar de la constancia del Presidente de los EUA. Obama apeló a los valores durante su campaña, “Yes we can”. El sistema responde, “Don´t mess with me. You will not win”.

No es que Obama no haya hecho o logrado cambios, pero queda la percepción que pudo haber hecho más y Obama comunica ciesta frustración por eso. Si fue por su causa –jugó con las reglas, aunque luego de las elecciones de mitad del período, apuró el paso con poderes ejecutivos- o por los obstáculos institucionales, será objeto de discusión por los analistas, ahora o luego. Así ¿La serie fantasea sobre cómo sería un gobierno y la política si las reglas se llevan al extremo? (lo que hace Frank, pero ¿que debió hacer Obama, para no sentirse frustrado hoy?). 
  
Willimon dijo que él no es cínico ante la política. Que Underwood es optimista, que promueve el progreso, es una persona en movimiento. Tal vez, entonces, lo que plantea Willimon en su serie es una nueva lectura de Maquiavelo a través de un drama. Si Underwood logra que las cosas se hagan en un ambiente que parece no “querer hacer nada”, es una lógica parecida a la que usó Maquiavelo para escribir el Príncipe ¿Qué debe hacer un Príncipe para tener éxito en un ambiente político convulsionado? Ser como Underwood, pero ¿éste es Agatocles o el Duque Valentino?

Willimon dejar ver que el problema que dramatiza su serie en los EUA no es solo de ese país. En muchas partes, la pregunta se hace: cómo gobernar con gobernanza. Esto puede explicar porqué se hacen reformas electorales ahora en Chile o Italia, que buscan construir mayorías para gobernar con estabilidad o superar pasados para tener gobernanza futura, o la promesa de campaña de Hillary Clinton de ir contra los poderes fácticos, y así debilitar la era del “gridlock and dysfunction”, como caracteriza la revista Politico el hoy político de los EUA ¿Y mientras tanto, qué hacemos? Llamemos a Maquiavelo o a….¡Damas y caballeros…..Frank Underwood, El sí hace que las cosas se hagan!

En Venezuela, los Underwood criollos tendrían como eslogan para la campaña, "Underwood, tu resuelve" (así, dicho en burda e´zumbao, para mostrar que eres arrecho, y no un "borrego" expresión que escucho te dicen si no estás en una cola maldiciendo la situación).

¿Cómo puede ser la cuarta temporada? La tercera cerró con suspenso, con incertidumbre. 

Uno de los papeles de El Federalista dice We are not Angels. Sí, lo sabemos. Los personajes de la trama de Willimon no son ángeles. Lo prueban una y otra vez. 

Si se trata de la lógica de la gobernanza, entonces la cuarta etapa puede ser el paso de Maquiavelo a los equilibrios, a los límites al poder, que es la esencia de la constitución de los EUA. Tal vez Underwood reciba algo de esta medicina contra los excesos de su poder, lo que además, puede hacer un buen guión para una nueva temporada de la serie. 

No aspiro para la cuarta algo zanahoria como Dave, pero sí a que los personajes de House of Cards sean algo más que no-ángeles. 
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