Léeme en otro idioma

domingo, 26 de abril de 2015

García Plaza


Lo que recuerdo del general Hebert García Plaza es que ocupó puestos importantes en el gobierno de Maduro, y el cuento del televisor, cuando el famoso “Dakazo”, hecho al que “notables pundits” atribuyen que el gobierno haya ganado en las municipales de diciembre de 2013.

El general estaba en la tienda, y en un “pase”, contó como en su casa había una TV que con mucho esfuerzo su papá llevó a su hogar, en contraste con la voracidad del “capitalismo” que quería que el pueblo no tuviese su aparato de fantasías. Todo envuelto en el tono paternalista y populista, que tanto agrada a los políticos venezolanos, del gobierno o de la oposición; jóvenes o menos jóvenes; socialistas, de centro, o liberales. 

Una de las mayores frustraciones de las elites venezolanas es que pasaron toda su vida construyendo y legitimando el discurso de “venezolano vivo” porque era “popular” –la famosa valla de una “importante marca de cerveza” que estimulaba la viveza al afirmar que es “mejor pedir perdón a pedir permiso”; el “venezolano sobrao que se las sabe todas, y si no, las inventa”- y hoy se quejan de forma amarga, porque la gente en las colas no se rebela. Construyeron un “Pedroso” como prototipo del ser venezolano, pero ahora quieren en las colas a Camus o Ayn Rand. Tarde para ese “réquiem por la dignidad” de ciertas elites.

El caso García Plaza puede ser el primero que indique tensiones y entropías –y eventuales rupturas- propias del (y en el) gobierno de Maduro, y no como consecuencia directa del “legado de Chávez”.

Giordani, Navarro, Ana Elisa Osorio, o “Marea”, son casos heredados de Chávez, cuya génesis no es original en el gobierno de Maduro. Son rupturas porque no se cumplieron las expectativas que estos grupos o personas tenían de Maduro como gobernante, al compararlo con Chávez y los intereses políticos de estos grupos o personas.

El caso de García Plaza es distinto. No solo es un militar de alto rango sino que fue promovido por Maduro. No recuerdo que García Plaza haya ocupado posiciones tan sonoras cuando Chávez. Me luce que el general es hechura de este gobierno, a  diferencia de Giordani, Navarro, y otros, creación de Chávez.

¿Por qué García Plaza y por qué ahora? Muchas hipótesis pueden aventurarse. Desde la que tiene más aceptación en el mundo opositor: las diferencias dentro del gobierno entre los “ismos” que pugnan por el poder o "el botín"; que sea una genuina manifestación de lucha contra la corrupción del gobierno (a lo Xi Jinping en China); una reacción del gobierno por el engaño que hizo el general al "alto gobierno"; una acción netamente electoral; una reacción a las sanciones de Obama; o la razón esbozada por García Plaza: que él sería el “chinito de Recadi” para distraer u ocultar casos más gruesos de corrupción dentro del gobierno, y así proteger a determinados grupos.

Hasta el momento, no se registran reacciones del gobierno ante el caso o a las afirmaciones del general, ofrecidas en la entrevista que le hizo la periodista Sebastiana Barráez, publicada en Quinto Día, en su edición semanal del día 24-4-15.

García Plaza expresó –“tajantemente”, dice la periodista- no confiar en la justicia venezolana, cosa que no es un descubrimiento, sí la forma “tajante” en que lo manifestó el exministro, que refuerza el descrédito que tiene la justicia venezolana, puertas adentro y puertas afuera.

Lo segundo, es que no dejó bien parado ni al gobierno ni a Maduro. Con éste último, mi impresión es que García Plaza no sugiere sea ladrón o algo por el estilo, pero sí una persona influenciable, que se deja envolver por climas de opinión, proclive al aislamiento.

Todavía no se conoce la versión de Maduro sobre este caso, pero en el recuento del general, queda la idea de un Presidente que no habló con su ministro cara a cara, sino el “silencio administrativo” que ya es costumbre en la política venezolana, cuando se trata de alejar personas, pero el efecto es contrario: no se “queda bien”, sino ahonda la distancia.

Cuando García Plaza dejó de ser ministro, se intuyó que algo había, porque su caída fue tan meteórica como su ascenso, pero Maduro optó por algo parecido a lo que Al Aissami hizo con Isea, a pedido de Chávez: el “silencio administrativo” para que nadie se enterara de lo que realmente pasó.

El poder tiene este tipo de situaciones –recientemente, algo similar se vio con la renuncia de la Directora del Servicio Secreto de la Presidencia de los EUA, por un escándalo con agentes de ese servicio en Colombia- pero destaca que en Venezuela la capacidad de control y rendición de cuentas es nula, y lo público es algo patrimonial; “vainas del poder que se resuelven entre hombres”, pero a la luz de lo que pasa en Venezuela, “el remedio es peor que la enfermedad” ¿Cuántas personas más habrá alejado Maduro de sus círculos, que ahora será un indicador para evaluar las dinámicas de poder dentro del gobierno?

La entrevista me dejó la idea que no solo la oposición, sino también el gobierno, tiene sus “poderes fácticos”, de naturaleza distinta a los de la oposición. En ésta, son en su mayoría grupos con dinero -u otras formas de poder, medios, por ejemplo- que influyen, “notables”, o formadores de opinión dentro de las “caras que le dicen algo al país”, como se dice en ese sector de la sociedad; mientras que en el gobierno, parece que son mayormente grupos nacidos al calor de actividades ilegales de diverso tipo vinculadas al Estado (corrupción, “bachaqueo”, delincuencia organizada).

Hay un país formal, que aparece en medios y redes sociales, está organizado, se manifiesta vía Estado o sociedad; pero hay otro informal, que no ha sido designado por el voto de la sociedad, ni tampoco rinde cuentas o está sometido a control y al imperio de la ley.

La percepción es que ese país cada vez crece más y se impone al país formal, sea del gobierno o de la oposición. Las decisiones de estos dos grupos parecen estar influenciadas por el país informal y de poderes fácticos, que nadie ve, que no tienen una representación organizacional definida, que en muchos casos no tienen rostro, pero cuyas decisiones se sienten, influyen, y en muchos casos han cambiado nuestras vidas y preferencias.

Desde el plano de la psicología social, las crisis como la que vive nuestro país producen situaciones propicias para las “teorías de la conspiración” y sus efectos en el “síndrome post autoritario” (o totalitario, de acuerdo al grado), y tal vez esto explique la percepción que hay sobre esos dos mundos, y el clima de desconfianza que se observa en la sociedad.

No es que Venezuela haya sido un ejemplo de formalidad –nunca lo ha sido, pero en algunos momentos buscó acercar lo informal a lo formal- pero la entrevista del general me creó una percepción de un país que tiene dos vidas, y que el poder real, verdadero, y concreto no está en el país formal. Muy al contrario, las instituciones formales lucen como un juego de niños ante las instituciones de ese otro país.

Posiblemente esto de cuenta sobre la paranoia de la sociedad y al mismo tiempo la inercia, ese ambiente estático pegajoso y agotador, porque intuitivamente sabemos que el poder formal no va a cambiar nada, que es una puesta en escena “para ingleses ver”, pero que el poder real está en otra parte, y lo que genera ese “locus de control externo” es que nadie ha visto ese poder, nos lo representamos (“el bachaqueo”, “la banda de los enanos”, por ejemplo), pero formalmente no existe, aunque influye en nuestra vida cotidiana y a veces –parece que cada vez con mayor frecuencia- la deciden. Sabemos que existen, aunque no sabemos dónde ubicarlos, lo que también abona al clima de agravios que también se respira en la cotidianidad venezolana. Agravios que representan la impotencia por no poder cambiar las cosas. 

Es lo que pensé luego de leer la entrevista de Barráez a García Plaza. Ya no se trata del Estado como Ogro filantrópico del que habló Octavio Paz, sino en Venezuela pasamos ese nivel y creamos otra cosa: un Monstruo egoísta que se devora al Ogro filantrópico, que ya es mucho decir. Pero el Leviatán que escucho pedir en diversos lugares ¿Será ya suficiente y será la solución?   

miércoles, 15 de abril de 2015

La Cumbre



Aunque para buena parte de la opinión pública la Cumbre de las Américas celebrada en Panamá los días 9 y 10 de abril de 2015, fue “histórica”, “por fin todos juntos”, y el tradicional “por primera vez…..”, mi balance es regular. No quedé satisfecho.

Por un lado, celebro la reunión de los 35 países del hemisferio, y el comienzo de la normalización de las relaciones Cuba-EUA, que tomará tiempo, tal como expresaron Raúl Castro y Obama.

Pero por otro lado, me pareció una Cumbre desordenada, sin foco, ni siquiera en el tema del encuentro (la equidad). No tanto porque algunos mandatarios hayan excedido el tiempo para hablar –que refuerza el estereotipo de los hispanos como personas que son “buenos conversadores” y no se ajustan a normas para hablar, “se encadenan”- sino porque muchos de los discursos mostraron poca preparación, sin objetivos claros, y se mantuvo el “memorial de agravios” hacia los EUA. Salvo puntuales excepciones en los mensajes, no fue una Cumbre con visión de futuro. Fue una Cumbre para el Desahogo.   

Que la moda ahora sea desahogarse, quejarse, porque no hemos encontrado un sustituto al modelo liberal o al Estado de bienestar, o un socialismo viable, está bien. Se entiende la aprehensión hacia el futuro y la inseguridad del presente que tienen las personas. Que hay que decirse las cosas porque, como sugiere Lorde, “son muchas las tiranías tragadas día a día” en el pasado, se comprende, pero ese tono de “quejas y reclamos” parece gastado. Fastidioso. Si se quiere igualdad, hay que abandonar el tono plañidero, y decir lo que haya que decir con claridad y sin prepotencia. A los EUA hay que decirle varias cosas, pero hubiese preferido un tono distinto, menos quejoso y resentido, propio de países que quieren igualdad en las relaciones y que “aman la historia”, como expresaron varios mandatarios.

El “memorial de agravios” justificado fue el de Raúl Castro. También espero que pronto el pueblo de Cuba pueda presentar su “memorial de agravios” a los Castro. Será muy interesante escucharlo. 

No me gustó que Obama se haya ido de la sesión cuando hablaron varios presidentes. Le restó estatura a él, y no debió hacerlo. No era difícil pronosticar que recibiría un “memorial de agravios” por lo que no habría sorpresas en ese punto. Haberse quedado para escucharlo, le hubiese dado fuerza y autoridad a Obama frente a sus pares de la región. Sí me gustó el reconocimiento de Obama a “capítulos oscuros” sobre los derechos humanos que involucran a los EUA. Es un gesto valiente, que ojala sea imitado por políticos de los EUA y por los de acá, dados la mayor de las veces a no reconocer, “porque mi orgullo primero”.   

No escuché todas las palabras de los mandatarios. Sé que hubo otras actividades como la Cumbre Empresarial y la Cumbre de los Pueblos, pero sólo atajé una “muestra” como del 20 por ciento de la plenaria de los gobernantes. Tal vez mi opinión esté incompleta, pero como se dice, “la primera impresión es lo que cuenta”, y de las intervenciones que escuché, ninguna me agradó particularmente.

Mis necesidades existenciales de hoy son futuro, construir, avanzar, pensar un mejor país (y mundo), pero escuchar un “llantén” de personas que tienen poder…bueno, no fue la mejor impresión….si eso pasa con los poderosos ¿Qué quedará para los cachilapos?

La intervención que menos me agradó fue la de Cristina Kirchner. Me transmitió que estar en el poder mucho tiempo no es bueno. Las personas pierden el sentido del contexto y de las proporciones. No sé si Kirchner hablaba hacia sus pares o hacía un monólogo con los lugares comunes de siempre (el problema de las drogas no es la producción sino el consumo, etc, que se repiten en cada Cumbre).

La de Raúl Castro me pareció interesante desde el punto de vista político, por las anécdotas y opiniones acerca de la revolución cubana, desde la perspectiva de un Castro que no es Fidel.

Las palabras del Presidente de Guatemala, Otto Pérez, en un tono concreto y sin tanta queja al felicitar el acercamiento de Cuba y los EUA porque simboliza –junto al diálogo del gobierno de Colombia con las FARC que se lleva a cabo en Cuba- el fin de la Guerra Fría, me pareció un enfoque interesante; en esa sencillez verbal, me comunicó que si en alguna parte de la región se vivió con mayor intensidad la Guerra Fría, fue en Centroamérica, y el deseo de salir de ella, pero la historia tiene sus tiempos. Un día pueden ser 10 años, y una década un siglo.

Mientras lo escuchaba, pensaba en el “tiempo de la historia” y lo fuerte que debieron ser esos años para esos países; en contraste, Venezuela tuvo una mejor vida que decidió “mandar al carajo” y, no conforme con eso, escogió el camino político más largo y doloroso para superar los retos que tiene toda sociedad. Me quedó un sabor malo que esos países quieren salir de la Guerra Fría. Nosotros, queremos entrar. Pero este es el camino que escogimos, y no hay regreso. Tal vez la experiencia centroamericana –incluso los “mensajes entre líneas” que envió Castro- nos de luces para transitar esa ruta con el menor costo posible, y no tener que decir algo parecido a lo de Otto Pérez en la Cumbre de las Américas de 2070.

Las palabras de Maduro no me gustaron. No porque esté a favor de la orden ejecutiva de Obama –en otras entradas de este blog he escrito mi rechazo a esa decisión- sino porque comunicó que no fue preparado para esa cita. O si se preparó, la estrategia fue errada o el ambiente lo descolocó (tal vez el discurso de Raúl Castro, que imagino en los socialistas debió y debe producir alguna disonancia, especialmente cuando dijo “Obama es un hombre honesto” porque “nombró la soga en casa del ahorcado”).  

No sé si se confió en las firmas recogidas, del apoyo de gobiernos de la región, o Maduro solo habló para “los chavistas”, o como buen político venezolano, las encuestas se le fueron a la cabeza porque varios encuestadores han dicho que Maduro subió por la orden ejecutiva Obama, y algunos que aumentó “estadísticamente de forma significativa”, pero si se comparan las palabras de Maduro en la Cumbre de Panamá con las que dijo en la Asamblea General de la ONU en 2014, su desempeño fue pobre en la primera.

Dos razones que explican el bajo desempeño en Panamá.

La primera, Maduro no halló un equilibrio entre acercarse a Obama y criticarlo. El no ha definido su relación con Obama, y esa indefinición se notó en sus palabras. Se observó tensión conflictiva, en un lenguaje provocador, pero contradictorio con su objetivo: acercarse a Obama, que parece ser su objetivo, a veces manifiesto, a veces latente.

Aunque lo quería y quiere, Maduro hizo imposible el encuentro con el Presidente de los EUA en mejores términos: cuando Obama afirmó antes de la Cumbre que Venezuela no es una amenaza para los EUA posiblemente enviando una señal de distención, Maduro la interpretó como una señal de debilidad y lejos de atajarla, la desaprovechó con el cuento de “No confío en Obama”, el cuento que "los asesores lo engañan", y la bufa amenaza tradicional de Venezuela de “yo sé quién le dijo a Obama, no me hagan hablar”. Ese momento de distensión, lo tiró por la borda en un tris.

Lo alejó todavía más por la forma cómo expuso su visita a El Chorillo, al presentarla como un desafío a Obama. Así, era esperable que Obama no le prestara atención. Le faltó más estrategia a Maduro. Está bien que haya ido a El Chorrillo –es uno de los “capítulos oscuros” de los EUA- pero tener más visión, ser menos acomplejado; por ejemplo, ir a El Chorrillo, pero reservarse la opinión para el encuentro con Obama, y decir algo como, “Le planteé al Presidente Obama la deuda que los EUA tienen con El Chorrillo, el pueblo de Panamá, y los pueblos de América por ese capítulo oscuro, y le formulé ….” O algo por el estilo.

Pero algo así es improbable. Los líderes venezolanos están presionados por los públicos extremos, que piden más y más radicalismo, y temen no dar señales de fuerza, por miedo a que les digan “traidores” o “colaboracionistas”, de manera que todo lo que hacen es para complacer al público extremo que debe ser –de acuerdo a los Bloques políticos de Seijas en 2014- el 50% de la población, aunque eso los hunda más o los aleje de lo que realmente quieren.

Los políticos venezolanos de cualquier laya escogieron complacer a los extremos y sacrificar a los moderados. Es una decisión válida, pero con consecuencias. Una, las contradicciones entre radicalizar y normalizar, vistas en el discurso de Maduro hacia Obama que lejos de acercarlo, lo alejaron, aunque no quiere eso.

La segunda razón, me parece que Maduro mostró sus cartas muy rápido en el “póker” con Obama. Debió mostrar una cara tipo “Tengo confianza”, relajada, y jugar su partida tranquilo. Pero su discurso a ratos parecía implorar a Obama para que lo atendiese y se reuniera con él.

Ni siquiera pudo colocarse como el portavoz de la región –eso requiere de altura y olvidarse de los extremos- la que manifestó apoyo a Venezuela para derogar la orden ejecutiva, tal como se expresó en la Cumbre, sino optó por ser uno más que también dice le “vainas arrechas” a los EUA.  

El efecto fue el contario: mostró muy rápido su objetivo -derogar la orden ejecutiva y conversar con Obama- pero sin hacerse esperar y, además, molesto. Tan rápido dejó al descubierto su posición, que los EUA lo captaron e inmediatamente, la Jacobson dio una declaración afirmando que la orden ejecutiva no sería derogada.

El juego poco sereno de Maduro no logró nada más allá de lo que ya había conseguido –el apoyo de los países de la región y movilizar a su base en Venezuela- y quedó la sensación que se iría sin nada…..de repente, cuando esa idea estaba en la información, se anunció el encuentro Maduro-Obama, que comunicó que, al menos, no se fue sin nada en las manos, pero pudo irse con más.

Creo que Maduro está consciente que su papel en esta Cumbre no fue el mejor. Cuando salió la información del encuentro con Obama, Maduro indicó que le dijo al mandatario de los EUA que él no es antiestadounidense, sino un revolucionario que quiere la paz.

Pero cuando Maduro regresó a Venezuela el día 13-4-15, cambió la versión e indicó que le dijo a Obama los mismos 4 puntos que le expresó a Thomas Shannon, versión que ratificó en su programa del día 14-4-15, y el tono de su mensaje en el programa, fue recuperar el espacio perdido en la Cumbre, con señales de disonancia por lo vivido allá (cuando pidió a la gente que opinara por tuiter y Facebook sobre la Cumbre y qué hacer con los EUA, algo que no acostumbra a hacer en su programa, aunque si las leyó, no escuché las respuestas de las personas).

Explico este cambio porque intuyo que Maduro sabe que no lo hizo bien en la Cumbre, y necesita comunicar en Venezuela que en Panamá hubo victoria y no un revés.

En síntesis, una Cumbre “histórica” por la foto Castro-Obama, pero que sirvió de desahogo; y que tal vez inicie algo como la “diplomacia focalizada”: reuniones bilaterales y cada país logrará acuerdos u objetivos políticos, como pareció aquí: el inicio de la normalización en las relaciones Cuba-EUA, que tendrá efectos en la región y en el mundo, pero es algo entre Cuba y los EUA.

Que no haya habido Declaración final porque no hubo consenso en uno o varios puntos (solo el 3% según Daniel Ortega), revela el punto muerto o lento de las relaciones, más allá de los lugares comunes que se dicen en cumbres. Hay desahogo, pero no construcción en conjunto. Si hubo, fue focalizada o bilateral.  

No sé si en las otras intervenciones que no vi, hubo algo como una discusión entre los países acerca de las medidas o teorías de políticas públicas para, por ejemplo, promover la equidad en los países. Ese era el tema de la Cumbre, la equidad ¿Se habló de ella?

Para Venezuela, el gobierno (y el país de forma indirecta), tendrá (y tendremos) que aprender a vivir con la orden ejecutiva y si lo que buscaba Maduro era una relativa distensión con los EUA no lo logró en los términos que quería, más allá de hacer saber a Obama el rechazo mayoritario a la orden ejecutiva, como lo expresó la Primera Ministra de Trinidad y Tobago, al afirmar que de 35 países allí, 33 no estaban de acuerdo con la decisión de Obama.

Considero que el gobierno agotó su estrategia de cohesión por la vía del nacionalismo -aunque queda la incógnita de las aguas venezolanas en la diferencia con Guyana o el nuevo escarceo verbal con España- y le queda reflexionar si sigue una “ruta Castro 2015” o una “ruta Castro 1962”.

Será para otro momento escribir acerca de esto.    

viernes, 10 de abril de 2015

Una nueva oportunidad



El desarrollo de los eventos internacionales en los que Venezuela está involucrada, toma un giro interesante. Nuevamente, puede abrirse una oportunidad para la política como innovación, algo que no se hace en Venezuela desde por lo menos 2012. Ojalá no la desperdiciemos.

Por una parte, se formalizó el Grupo de ExJefes de Estado y de Gobierno sobre Venezuela, quienes el día 9-4-15 presentaron un documento llamado Declaración de Panamá, en cual tiene dos puntos importantes a mi manera de ver.

El primero, que los problemas que afectan a los venezolanos y venezolanas no admiten “sino soluciones negociadas”. La “radicalización” o la “capitulación” que persiguen los grupos “que representan la dignidad” en “ambos bandos”, no parece viable, aunque posible, pero a un precio que sus promotores no están dispuestos a pagar (¿Que lo siga pagando la sociedad, como ha sido hasta ahora?).

Lo segundo –al margen de si la propuesta de los exmandatarios es políticamente factible- la promoción de un contexto en donde las elecciones parlamentarias tengan mayores niveles de equidad y competencia.

Por otra parte, la forma cómo se desarrolla la tensión con los EUA, también tomó una ruta interesante con la visita de Thomas Shannon a Caracas.

El punto no es si Shannon vino “por petición del gobierno de Maduro”. Si es así, el gobierno de los EUA aceptó que viniera. Si no fue así, el gobierno de Venezuela aceptó que Shannon viniera ¿Conclusión? Que los dos gobiernos quieren hablar, al margen de quién llamó a quién. Obama afirmó “estar listo para el diálogo directo”, que era una petición del Gobierno de Venezuela.  

Obama mantiene el punto de señalar el autoritarismo del gobierno de Maduro, pero rectificó en la expresión que Venezuela es una “amenaza” para los EUA. Maduro –más cauto, en su estilo incrementalista- saludó las declaraciones del Presidente de los EUA, y parece que se abre una zona de diálogo posible. Al momento de escribir esta entrada, una posible reunión Maduro-Obama en Panamá, es solo una especulación o “run-runes”. Me gustaría que se diera.

Cuando escribo que el desarrollo de los hechos abre una oportunidad para hacer política de innovación, es que la sociedad venezolana –y sus políticos- se olvidaron de hacer política, más allá de los formatos tradicionales (reuniones, muchas fastidiosas; “patear calle”, mantener los equilibrios entre las facciones que están “Cada quien en lo suyo”; y complacer a los públicos de los extremos); hoy en Venezuela se hace política de quién aguanta más, en la idea que quien gane, se lo llevará todo. 

Tal vez los Exjefes de Estado y de Gobierno, y Shannon nos están diciendo que la política no es solo conservación o aguante, sino innovación, que las soluciones se construyen y no hay que esperar a “tiempos perfectos”, “estallidos sociales”, o algún tipo de "Dakazo", para lograr cambiar un estado de cosas.

La oportunidad que se abre es que la sociedad venezolana se reencuentre con la política, porque hoy no quiere reconciliarse, atrapada en sus miedos y prejuicios para mantener una ficticia certeza sobre quiénes son los “buenos” y los “malos”.

La política en la Venezuela de hoy es la trinchera, el marcaje, y la estigmatización. Los “empresarios del miedo” son los que cosechan ganancias, como los “canastilleros” durante la Guerra de la Independencia, al precio de hundir una sociedad.

A ratos, la sociedad venezolana me parece que prefiere morir a cambiar ¿Realmente la sociedad venezolana quiere cambiar? Esta pregunta me asalta desde 2010, cuando me di cuenta que no quiere cambiar. Su aspiración es una actualización del “Pacto de los dólares” y que “mi tribu” gobierne; pero seguir con su carga de prejuicios y lugares comunes.

Muestra este tipo de política -que es nuestra realidad y por eso, qué bueno que pasó, verse en el espejo ayuda- el episodio en Ciudad de Panamá entre Lilian Tintori y Yendri Velásquez el día 9-4-15. La trinchera, el marcaje, y la estigmatización en evidencia: tus muertos, mis muertos; tus presos, mis presos; tu dolor, mi dolor; te reconocen, a mi no me reconocen; en fin, “nosotros” versus “ellos”, categorización que ya tiene su propia dinámica y de la que no será fácil salir. 

A pesar del tiempo, las heridas del gobierno militar de Pinochet siguen en la conciencia de Chile. Hoy, las heridas de la Guerra Civil retumban la conciencia en España. Nuestras heridas producto de la "lucha armada" de los 60, rompieron la idea de una Venezuela sin diferencias. La cicatrización en política toma tiempo, y no siempre cicatriza bien, como prueban Chile, España, y Venezuela. 

Ojalá la oportunidad que se abre no se pierda, para que la sociedad venezolana y sus políticos, se reencuentren con la política y podamos abordar el "nosotros" versus "ellos", pesada carga que hace imposible una política de innovación, de cambio, y de reencuentro.  

domingo, 5 de abril de 2015

Jacobson




Desde su declaración en mayo de 2014 que personas de la oposición solicitaron al gobierno de los EUA no aplicar sanciones a funcionarios del gobierno de Maduro, la Secretaria de Estado adjunta para Asuntos del Hemisferio Occidental, Roberta Jacobson, constituye todo un caso para el análisis político.

Por un lado, Jacobson es bastante consistente en lo que dice de mayo de 2014 a la fecha, al menos en el tema Venezuela, diálogo gobierno-oposición, y sanciones.

Pero por otro lado, sus declaraciones me lucen frívolas en el sentido que no parece consciente de las consecuencias que sus palabras producen. No sé si sea candidez, que sea presuntuosa, o si como funcionaria pública está obligada por juramento a decir lo que dice, pero la señora Roberta encaja en el estereotipo del policy maker de cualquier gobierno norteamericano, que asume que una decisión ejecutiva tiene un poder autogenerativo, sin tomar en cuenta las particularidades del contexto al que esa decisión apunta, y mucho menos hacer el trabajo diplomático de explicarla.

¿Cándida, presuntuosa, o una persona fuera de contexto? Las "tres caras" que percibo de la señora Jacobson. 

El día 3-4-15 la diplomática norteamericana afirmó que está “decepcionada” porque “No hubo más países que defendieran que (las sanciones) no eran para dañar a los venezolanos o al gobierno venezolano en su conjunto”, sino contra funcionarios específicos del gobierno de Maduro.

Es en este punto donde la forma de pensar de la Jacobson me genera dudas ¿En verdad esperaba una reacción distinta? ¿Hizo el trabajo diplomático detallado para explicar su posición, y evitar la "decepción"?

No lo pregunto por la razón mayoritaria en la opinión pública venezolana; que “el gobierno de Chávez y ahora Maduro, compró a todos los países de la región” –los venezolanos somos tan prepotentes, que creemos podemos comprar todo y que todo el mundo tiene un precio- sino porque en sus palabras, la funcionaria del Departamento de Estado deja ver que las sanciones producirían un efecto político por sí solas, una vez que a juicio de Jacobson, no había más nada que hacer, fracasado el diálogo gobierno-oposición y el creciente autoritarismo del gobierno de Maduro.

Si el objetivo era penalizar el naufragio del diálogo de abril de 2014  ¿Las sanciones contra funcionarios particulares ayudarían a retomarlo o a visualizarlo?

No parece, si nos atenemos al programa de radio de Obama el día 4-4-15, en el cual explicó el marco del acuerdo con Irán para evitar que este país se haga de un arma nuclear. Obama expuso que el acuerdo era la mejor opción, y dejó ver los efectos limitados o nulos de las sanciones a la nación persa, porque pese a las sanciones, “Irán logró avances en materia nuclear”, dijo el mandatario de los EUA.

¿Qué podría decir un gobierno de la región en el caso venezolano? ¿“Apoyamos las sanciones contra 7 funcionarios del gobierno de Maduro, para preservar los derechos humanos y la transparencia en el uso de los dineros públicos”? Hubiese sido un dime y diretes de quién “puede lanzar la primera piedra”, y el receptor inicial de las críticas hubiesen sido los EUA, país que no vive su mejor momento en materia de derechos humanos dentro de su territorio, y uno de los promotores de la ley de sanciones contra funcionarios de Maduro (Robert Menéndez), hoy es acusado de corrupción por su propia cámara (el Senado).

Otras naciones hubiesen aplicado el refrán, “Si ves las barbas de tu vecino arder…”, con una probable respuesta contraria a la esperada por Jacobson. Por ejemplo, México, país donde hay violaciones a los derechos humanos desde el Estado, la “narcopolítica” tiene espacios, y el poder se hace sentir en los medios (el despido de Carmen Aristegui).

El diálogo de abril de 2014 en Venezuela murió por falta de apoyo interno, porque no tuvo dolientes en la sociedad –me cuento entre sus pocos dolientes- más allá de la noche del 10-4-14, que fue no diálogo sino un desahogo, al que muchos le han sacado provecho político, pero más nada.

El punto es ¿Cómo hacer que el diálogo tenga dolientes, más allá de la formalidad que “en política se dialoga” y lugares comunes de este tipo? Si en abril de 2014 el diálogo tuvo adversarios, hoy se han multiplicado. Y un diálogo también tiene un contexto, una atmósfera, que hoy no existe en  Venezuela. El gobierno se siente sobrado, que "remonta la cuesta"; y la oposición no tiene fuerza política para decir, “quiero o no quiero diálogo”, y también se siente "sobrada" porque "en la intención de voto para las parlamentarias, lleva 33% de ventaja al gobierno". 

De esta incapacidad para salir de la inercia política, lo que queda es el desgaste y la “supervivencia del más apto”, que es el día a día de la cotidianidad y de la política. También la sociedad está como el mundo político, "Cada quien en lo suyo". 

Insisto en un punto planteado en otras entadas del blog: tal vez el país quiere paz, normalidad, institucionalidad; pero quienes forman la opinión pública junto a públicos "desmoralizados" y decepcionados, previenen que ese deseo se cumpla al apelar al chantaje del “colaboracionismo” o de la “traición”, lo que paraliza cualquier iniciativa, porque no hay verdaderos liderazgos políticos sino gente que escribe, habla, y “patea calle” sabroso, y eso está bien, pero para el problema político de fondo de Venezuela, esos atributos no son suficientes.

Por ejemplo, Luther King tomó a Hegel, Nietzsche, y Kant, para “darle una vuelta” a la lucha por los derechos civiles en los EUA ¿Cuántos políticos venezolanos pudieran responder de forma convincente a la pregunta: qué leen y qué han leído, más allá de las citas de libros que algún cachilapo les escribe?

Para un diálogo político se necesita nivel. No percibo ese nivel hoy en Venezuela. No hay fuerza política, ni tampoco contenido o densidad política.   

¿Cómo romper el deadlock político venezolano? Es el punto ¿Ayudan las sanciones a eso? No apostaría a que sí. En un país como Venezuela donde lo que importa es el quién y no el qué –para que algo exista, tiene que nombrarlo “alguien conocido”; si no, no existe- ¿Las sanciones a 7 “ilustres desconocidos” -figuras medias, del engranaje chavista- van a generar algo como quiere la Jacobson, además, de forma automática? No creo, más allá de a los 7 sancionados. Tal vez esto explique la decepción de la señora Jacobson.

Lo que queda es lo que han dicho la mayoría de organismos internacionales: el diálogo Venezuela-EUA, y la Cumbre de las Américas puede ayudar a esa meta, al bajar los costos del “honor mancillado” para las partes dada la presencia de muchos interlocutores –en la lógica de lo que sugiere Ricardo Lagos- y que ese encuentro inicial tenga como uno de sus objetivos plantearse cómo promover una atmósfera de diálogo político en Venezuela, luego de las elecciones parlamentarias, que pueda superar la inercia y el chantaje político.

Es el margen de maniobra político que percibo hoy. Aunque la construcción en el discurso que se nota para esta cumbre es que se espera un “buen show” –la política como espectáculo, consecuencia de la decepción con la política- confío en que se pueda lograr algún avance político para canalizar la tensión Venezuela-EUA, más allá del esperado por muchos “buen show”.  

La señora Jacobson bien pudiera seguir lo dicho por Obama en el programa de radio para hablar sobre el acuerdo con Irán, “La diplomacia es un trabajo minucioso. El éxito no está garantizado, y (…)nada está acordado hasta que todo esté acordado”.

Minuciosidad es lo que le falta a la Jacobson. Si fuese más minuciosa como diplomática, seguro se decepcionaría menos.